Se que con este capítulo os voy a decepcionar mucho, aunque intenté advertirlo. Si, soy una escritora pésima y debería haberlo dejado aquí porque con éste la trama está completa, pero...
Como soy así de rara, aquí va...
ROAD TO NOWHERE
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Capítulo XIII
"La decisión correcta"
DEAN
No podía creerlo, Sam, Sammy, frente a él, con su alma intacta. Puede que la hubiese pifiado con el hechizo, pero no se arrepentía de haberlo realizado, ¡por Dios que no se arrepentía! Y no sólo eso, tenía la oportunidad, si jugaba bien sus cartas, de recuperar a su padre.
El arcángel parecía evaluar sus intenciones. Él hacía lo mismo a la inversa, porque su experiencia con ángeles y demás seres celestiales (y ahí apenas podía excluir a Castiel) no era demasiado alentadora, por decirlo suavemente.
- Bien, Dean, ¿qué puedo ofrecerte?
- ¿perdón? – el rubio cazador se había distraído, su hermano había bostezado de agotamiento restregándose los ojos en un gesto que no había visto desde que lo perdiera en aquel viejo cementerio de Lawrence.
- Necesito que aceptes, así que ¿qué puedo hacer para convencerte? – gruñó el piloto del cuerpo de John
- Deja a Sam al margen, resucita a mi padre y libera a mi hermano Adam, y lo haré
- ¿Seguro que no es una trampa Dean? Si me traicionas lo pagarás muy caro – amenazó Miguel – tú y los tuyos
- Si mi familia está a salvo podrás hacer lo que quieras conmigo – y no estaba bromeando, ni echándose ningún farol – es lo único que me interesa
- Pero Dean – ahí estaba, el motivo por el que se lo había jugado todo, negándose a aceptar su decisión – no estás hablando en serio
- No he hablado más en serio en mi puta vida – y no le daba ningún miedo hacer lo que había dicho, porque era por lo que había luchado toda su vida.
No le iban a echar atrás ni el gesto horrorizado de su hermano ni la expresión adusta y disconforme de Cass.
SAM
No podía creerlo, después de todo lo que habían pasado, eludiendo a Miguel y a Lucifer, ahora Dean iba a acceder a ser su recipiente. Iba a aceptar que Miguel lo poseyera para matar al diablo.
- Te recuerdo hermano que los dos están con Adam en la caja, así que no se cómo… - Mierda, había hablado demasiado
- ¿En la caja? – Miguel se acercó, tanto que era incómodo e intimidante – explícame eso Sam Winchester
Su hermano, como un resorte se colocó a su lado y Castiel se unió a ellos. "Estás demasiado cerca" le advirtió poco amistosamente Dean al arcángel.
Miguel ni se inmutó. "Estoy esperando esa explicación"
- Las dos realidades siguen conectadas – el de la gabardina parecía confuso – por eso aún tiene alma Sam y por eso tu puedes poseer el cuerpo de John, pero hemos vuelto al mundo dónde Dean hizo el hechizo, al existir él, el Apocalipsis no es el que recuerdas Miguel, en esta realidad estás encerrado con Lucifer en la caja de Azrael. Esta no es tu realidad, debes volver.
- Se como abrir esa caja – El arcángel seguía en sus trece
- ¡No lo entiendes! ¡Si haces eso lo que temíamos que podía provocar el chico lo estarás provocando tú! – le gritó Castiel antes de salir despedido por los aires.
El de la gabardina cayó de pie sobre una de las camas de la habitación, preparado para luchar, o más bien, para esquivar el siguiente golpe.
- ¡Quietos! ¡Mierda! – el pecoso se exasperaba por momentos – ¡hablemos como personas civilizadas! ¡joder!
- ¿Quién fue? ¿quién me encerró?
- Yo
- No Sammy, fue él solito, con su afán de luchar a costa de lo que fuera – la mano de John Winchester se cerró como un cepo alrededor del cuello de su hermano, impidiéndole continuar hablando
- Suéltale, por favor – suplicó el castaño al ver cómo el rubio se quedaba sin aire rápidamente – por favor
El arcángel soltó a Dean que cayó de rodillas llevándose la mano al cuello dónde la marca de los dedos de la criatura destacaban violáceas sobre la palidez de su piel, el pecoso tosió por la falta de aire, rechazándole cuando quiso ayudarlo, pero ese era su hermano, no es que lo hiciera con mala intención, es que era casi como un acto reflejo.
- Gracias Miguel – la intimidatoria mirada de los ojos castaños de John Winchester no le detuvo en la explicación que creía que debía al poderoso ser – En esta realidad, Dean y yo debíamos ser tu envase y el de Lucifer, según las profecías, debíamos enfrentarnos a muerte. Nos negamos, y encontramos otra forma de detener el Apocalipsis. Encerrando a Lucifer en la prisión de Muerte. Tú apareciste en un mal momento y caíste en ella también
CASTIEL
¿Ahora qué? Se bajó de la cama y volvió junto a los hermanos. Miguel estaba intentando comprender, intentando decidir si los mataba o los dejaba con vida. Era su hermano, eso era innegable, pero los dos humanos también lo eran según sus leyes, y además eran sus amigos.
- ¿Qué vas a hacer Miguel? – preguntó con respeto
- ¿Qué puedo hacer Castiel? Estoy atrapado
- Puedo hacer que vuelvas – Sam Winchester sonrió tristemente – puedo cortar la conexión que une las dos realidades, entonces tú, con el cuerpo de mi padre, y mi alma volveríais a vuestra propia realidad, y todo habría acabado
- No, ¡joder! ¡no! ¡maldito niñato del demonio! ¡no me vas a hacer eso! – todos se volvieron hacia el cazador que fuera de sí, increpó a su hermano - ¡no puedes hacerme eso maldita sea! ¡si lo haces me vuelo la tapa de los sesos! ¡te lo juro Sammy!
MIGUEL
Lo comprendió, de repente como una revelación. Supo que en efecto aquel era su auténtico envase, y supo que no podría permanecer en esa realidad sin acabar con toda la creación. Podía volver, pero no como quería el otro cazador.
Detuvo el tiempo para que ni Sam ni Castiel pudiesen interferir ni interrumpir su negociación con Dean Winchester.
- El trato ha cambiado cazador, aceptas ser mi envase, y vuelves conmigo a esa otra realidad y yo resucito a tu padre y le digo cómo puede sacar las almas de Sam y de Adam de la caja
- No
- Quieres a tu familia unida, ¿qué tiene de malo mi proposición? – preguntó al rebelde humano
- ¿Qué hay de ti? También estás dentro de esa caja – el irritante pecoso no creería que se había olvidado de ese detalle, pero realmente lo había hecho
- Tu hermano me va a hacer volver, lo sabes. Cuando lo haga, su alma me acompañará en el viaje de vuelta, y tú no quieres eso, si me acompañas dejaré a tu padre aquí para que intente recuperar su alma y la de ese otro hermano y tú, cuando derrote a Lucifer, podrás reunirte con el Sam de esa otra realidad
- Yo… - podía ver cómo la duda se apoderaba del ánimo del humano – está bien
SAM
Supo enseguida que Dean aceptaría la proposición del arcángel, no lo iba a permitir. Aunque todo saliera a la perfección, esa decisión implicaba que volvería a perder a su hermano y esa vez sin vuelta atrás. Estaba decidido, él también había tomado su decisión y por muy dolorosa que fuera, era la decisión correcta.
- Miguel … - dijo su hermano precipitando la situación
Con su navaja cortó el trozo de hilo atado a su muñeca y acto seguido le prendió fuego. La habitación se iluminó como si una bomba de luz hubiese estallado allí dentro.
Al desaparecer el fortísimo resplandor, Miguel había desaparecido, y algo más había desaparecido con él, algo dentro de él, el miedo, el dolor, las dudas… el amor. No lo echaba de menos, así era más fuerte.
Castiel no dijo nada, sin ningún reproche hacia él se acercó a Dean que seguía en el suelo, deplorablemente hundido. "Es lo que el Sam con alma quería, y el que no la tiene está totalmente de acuerdo" le dijo en un intento de ser lo que el mayor necesitaba.
Su hermano miró al ángel, indiferente. Aunque aceptó su ayuda y se levantó.
- ¿estás bien Dean? – le preguntó, su hermano estaba demasiado tranquilo para su gusto
- Si
- ¿Quieres que nos tomemos un par de días de vacaciones? – podía hacerlo, él era su único nexo de unión con el mundo, con las personas, podía cuidar de él.
- No hace falta, estoy bien
El castaño se dio por satisfecho, todo estaba como tenía que estar.
CASTIEL
Podía percibirlo, sordo, frío, paralizante. En cada gesto o palabra del mayor de los Winchester. Cómo podía hablar o respirar siquiera con eso dentro era algo que no alcanzaba a comprender. Por eso no se había ido aún, porque esperaba la explosión del cazador de un momento a otro.
Sam le preguntó si se quedaría un poco más con ellos. A pesar de volver a ser el autómata de días atrás, el joven era capaz de darse cuenta de que su hermano no estaba bien. "Estaré con vosotros todo el tiempo que pueda"
Dean comenzó a hacer su equipaje, dobló los pantalones, las camisas, despacio, concentrado, las fue guardando en el bolso como si fuera una tarea tan complicada que requiriese toda su atención. Su hermano hizo ademán de ayudarle para que se diera prisa pero el ángel le avisó con un gesto que no lo interrumpiera. Porque lo que requería toda la atención del mayor no era guardar la ropa sino cada mínimo gesto, cada respiración.
- ¿El Impala estará en Dakota? – el castaño había sacado su portátil y navegaba por un servidor de noticias nacionales sobre crímenes y sucesos.
- No creo – el ángel desconectó un poco del mayor, y se acercó al muchacho – probablemente está dónde lo estuviera cuando… ¿Dean?
La bolsa con la ropa estaba sobre la cama, la de las armas en la otra cama estaba abierta. El baño. Se apareció dentro justo a punto de retirar el nacarado revólver de la sien del cazador e impedir que cumpliera su advertencia de apenas un par de horas antes.
- ¡¿QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO? – le gritó mientras Sam abría la puerta de una patada
- ¡Castiel! – el chico sin alma estaba asustado, no era difícil darse cuenta de lo que el ángel acababa de evitar
- Dejadme en paz, sólo… dejadme en paz
- No puedes suicidarte Dean, irás al infierno si lo haces, y sabes cómo es, venga hermano, ¿te vas a rendir ahora? – Castiel hubiese querido que Sam Winchester no hubiese hablado así, porque la desesperación que había llevado a su hermano a poner ese revólver en su cabeza, se extendió por la habitación como un velo oscuro y asfixiante.
Lo medio sostuvo medio arrastró hasta el dormitorio con la ayuda del menor pero la oscuridad seguía allí, a su alrededor. No estaban en el motel, enormes columnas de mármol negro se elevaban cientos, miles de metros sosteniendo un techo invisible, bordeando un pasillo de apenas dos metros de ancho, fuera del cual no había nada.
- Es el templo – musitó el rubio
- ¿El templo? ¿qué templo? – preguntó
- El de las hilanderas ¿verdad? – Sam echó un vistazo alrededor, sus cambiantes ojos le taladraron como si quisieran preguntar algo - ¿qué hacemos aquí?
