Raro, raro, raro... Pero es el final y ya sólo queda el epílogo. Sólo se trataba de atar cabos y no dejar "hilos sueltos"


ROAD TO NOWHERE

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Capítulo XIV

"El rostro de las hilanderas"

Los tres hombres avanzaron por el pasillo, el ángel y el gigante con recelo, siguiendo al de la chaqueta de piel que lo hacía con indiferencia. Los tres estaban atrapados y lo sabían, sólo había una opción, llegar hasta ellas… Llegar hasta nosotras.

Los hemos traído a los tres aunque sólo necesitábamos a uno, pero el uno es terco, enreda nuestra labor y aunque los nudos dan belleza al tapiz y su hilo es fuerte y tenaz, también lo llenan de agujeros.

La trenza está rota hermanas, falta un pedazo porque no quieres intercalar la hebra perdida, y las otras dos partes se retuercen y anudan buscando la que falta. Esta parte del tapiz está incompleta, la labor está sucia, estropeada, llena de agujeros. Falta un ovillo, dorado, hermoso, pero difícil de alisar.

Sabíamos que el tapiz se estropearía, si no están todos sus hilos, pierde matices hermanas. Si no están todos los hilos, carece de consistencia y es mejor comenzarlo de nuevo. Pero el trabajo ha sido tan grande, tan enorme, el tapiz es tan bello…

Podemos arreglarlo, empezar de nuevo no es opción, lo queremos así, con sus nudos, con su colorido, con sus hilos brillantes y sus hilos manchados. Podemos entretejer de nuevo el que falta, entre todos los demás.

Los humanos entran en la sala del tapiz, sólo que uno es humano y no lo es porque su interior carece de hilo, porque su hilo ya forma parte del tapiz y no tiene continuación, y lo que brota de él ahora es sólo luz, porque no es humano.

Sólo que otro es un humano incompleto, su hilo está sucio, por eso lo pusimos al borde del tapiz, para que no manchase los demás, quizás no debimos hacerlo, quizás debió continuar en el centro del tapiz, dando color, poniendo contraste entre tanto brillo.

El tercero tiene lo que queremos, el nexo, lo que mantendrá unida nuestra labor. ¿Por qué le dejamos ir con él? Creímos que nuestra labor era indestructible, que un solo hilo no desmontaría el tapiz, no un hilo tan poco maleable, tan lleno de nudos.

"Danos ese hilo humano, debe formar parte del tapiz"

Pero ya no es el hilo que se llevó el humano, también está sucio, ha perdido brillo, ha perdido un trozo que no podremos enmendar, se queda corto, no encaja, ¿Habrá que rehacer el tapiz después de todo?

Hermanas continuad la labor, enhebrad el hilo en esa aguja, debe volver a su lugar en el tapiz, no dejéis que se vaya al borde y se anude con ese otro que está tan manchado.

SAM

La voz no le salía del cuerpo ante la imagen que tenía ante él. Podría decir que el alma no le llegaba a la boca, pero sería una ironía ¿no?

La sala era inmensa, por lo que podía ver, diría que hasta infinita. Las paredes de mármol negro se abrían a sus lados perdiéndose en todas direcciones. El suelo no se veía bajo sus pies, cientos de miles de millones de pedazos de hilo, lo cubrían impidiendo que llegasen siquiera a sentir su dureza.

Y en el centro, tan grande que no podía abarcarlo ni con la imaginación, estaba el tapiz. Era bello, era imposiblemente bello, parecía tejido de luz, de risas, de dolor, parecía… era indescriptible. Pero mirándolo era como volver a tener alma por un momento.

Ellas llegaron, los rodearon a los tres sin apenas darse cuenta. Ellas cogieron a Dean, tirando de sus brazos, empujándole junto al tapiz. Cortando todo intento tanto de él como de Castiel, de ir junto al rubio cazador.

No lo habían sacado de la habitación, podía verlo aún, lejos, muy lejos. Rodeado por ellas. Quiso correr a su lado cuando vio cómo se arrojaban sobre él, cuando vio cómo su hermano se resistía y ellas lo sujetaban en el aire tirando de él como si fuesen a convertirlo en el hilo que se había llevado, el ovillo que aún tenía Sam en el bolsillo.

- ¡Basta! – gritó, y su grito se multiplico por mil, por cien mil, en aquella bóveda infinita - ¡Lo tengo yo!

Una mano huesuda, descarnada, putrefacta, se extendió ante él abierta "Dánoslo Sam Winchester, tú tienes tu propio hilo, éste no te pertenece" Atemorizado, sacó el ovillo y lo puso sobre aquella mano.

Dean cayó a sus pies, encogido, desnudo, con el cuerpo surcado de extraños arañazos y finos cortes, como si realmente hubiesen comenzado a convertir su cuerpo en hilo. Incluso sin alma, pudo sentir piedad por su hermano.

Castiel le dejó su gabardina. Lo tapó con ella y lo alzó en sus brazos. Iba a sacarlo de allí. Pero no había pasillo, no podían abandonar la enorme sala.

- Sígueme Sam

El ángel se dirigió directamente al tapiz. Estaba lejos, más lejos aún de lo que había imaginado, sabía que se movían por que la pared se quedaba tras él, cada vez más lejos, pero el tapiz seguía igual. Tras lo que creyó una eternidad tuvo que parar a descansar, su hermano pesaba entre sus brazos.

CASTIEL

Sabía que la única oportunidad que tenían para salir era que las hilanderas los devolvieran a la habitación del motel. Sam le estaba sorprendiendo, pese a no tener alma, el muchacho cuidaba de su maltrecho hermano sin plantearse por un segundo abandonarlo en aquel desierto de hebras de vidas.

Ni siquiera cuando se sentó en medio de la nada, dejó de sujetar el cuerpo de su hermano. Quiso curar las heridas del mayor, pero su poder no llegaba hasta allí, allí no era más que un humano más.

- Dejadme en paz – musitó suavemente el Winchester mayor – dejadme aquí, iros

- Si no paras de decir estupideces te doy una paliza – amenazó su hermano

- Vale, pues entonces mátame

Castiel no lo entendía, podía notar que Sam tampoco. ¿Qué mierda tenía Dean Winchester en el cerebro? ¿Serrín?

DEAN

Podía ver el tapiz. Los fuertes brazos de Sam le impedían mirarlo hasta perderse y olvidar quien era. La irritante presencia del ángel le impedía dejarse ir hasta no ser nada. Podía cerrar los ojos, pero entonces lo vería, el rostro de las mujeres sin rostro, tan oscuro como la noche cerrada, tan vacío como sus esperanzas, tan inquietante como la suma de todos sus temores.

Quería que su hermano lo soltara y lo dejara allí, en medio de la nada, para poder desaparecer y olvidar. Sólo olvidar, sólo…

Duele hermanas, no podemos quedárnoslo, devolvámoslo, aún queda tapiz que tejer, tenemos trabajo, devolvámoslos. Este no es el sitio de los humanos, nadie debe contemplar el tapiz entero.

"Humano, vete, vuelve a tu vida"

- ¡No! No – sollozó, no podía, no podía otra vez - ¡Usad otro hilo! ¡Usad otro…!

"Humano, tú no decides, nosotras no decidimos. El tapiz está hecho y no está acabado, debemos tejerlo, todos, necesitamos todos los hilos, no debes alterar la estructura del mundo. Debes volver"

- No, no quiero, no quiero – se daba asco a sí mismo, sabía que tendría que parecer algo penoso y patético, pero le daba igual

"Contempla mi rostro, el tiempo es inmutable y dúctil, el espacio es finito e interminable, nuestra labor se extiende más allá de tu débil comprensión. Tu hilo es fuerte, aún formará parte del tapiz, aún creará más nudos intentando interrumpir su simetría, enlazándose a otros hilos sin poder cruzarse con ellos eternamente.

Lo sabes humano, sabes que es así, que tu lucha es inútil. No vas a dejarla y eso dará belleza al tapiz. Formas parte de él y aunque no quieras, seguirás formando parte de él, y seguirás luchando"

CASTIEL

Trató de levantar al pecoso, que protestaba como un niño, tercamente, como si alguien le estuviese hablando. La mirada fija más allá de ellos, más allá de la oscuridad que los rodeaba.

Ya no estaban en el templo. Sam arrastró a su hermano hasta la cama. Dean aún temblaba, se quedó quieto, encogido bajo la manta de cortesía del motel, con que el menor lo había cubierto. Los cortes y arañazos de su cabeza iban desapareciendo, imaginó que el resto también.

Los tres permanecían en silencio. El ángel hizo ademán de acelerar el proceso de curación pero el castaño le detuvo. "Dejemos que lo haga por sí solo, va bastante rápido, dejémosle descansar"

- Tengo que irme Sam, si tienes algún problema, si…

- Te llamaré si te necesitamos

Tenía que irse, pero no solo porque tenía mucho que hacer en el cielo, necesitaba…

- Vigílale Sam, aún no se ha rendido aunque parezca lo contrario, va a seguir intentándolo

- ¿Recuperar mi alma o suicidarse?

- No descartaría ninguna de las dos opciones

SAM

Castiel había desaparecido en medio de su habitual batir de alas. Recogió las armas y las guardó a buen recaudo en el maletero del Impala. Vigilaría a su hermano, cuidaría de él. Podía fingir interés, era bueno en ello, podía ser sensible por un rato, porque hasta alguien como él se daba cuenta de que el rubio lo necesitaba.

Se acercó a la cama. "Dean, no sigas intentándolo, así no, es inútil". El bulto bajo la manta no se movió. "Por favor, hermano, ¿necesitas algo? ¿Quieres que te consiga algo de beber o de comer? Puedo traerte tarta, una buena tarta helada de whisky ¿qué te parece?"

- No, gracias

- Venga Dean – le destapó la cabeza – parece que ya no tienes heridas

- Estoy sano y feliz – ironizó su hermano

- ¿Quieres hablar de ello?

- No

- Dean – no quería presionarle pero, no podía permitirse el lujo de confiarse de nuevo y que volviera a ponerse una pistola en la cabeza, lo necesitaba, su hermano era lo más parecido a un alma o una conciencia y ya que la suya era inservible…

- ¿Cómo era? – la pregunta le pilló por sorpresa

- ¿Qué?

- Yo no lo vi, no lo recuerdo, pero ¿Papá estaba vivo? ¿Cómo era? ¿Cómo te sentiste con alma Sam?

No tenía que haberle contestado, incluso mientras le contaba todo lo que había sucedido en esa otra realidad, sin esconder absolutamente nada, sabía que no tenía que hacerlo, que era un error.

Habló sin parar hasta bien entrada la madrugada, Dean se levantó, se duchó, con una vieja camiseta sobre sus tejanos más desgastados se sentó en la cama y le dejó terminar su relato sin interrumpir ni una sola vez.

- ¿hubieses preferido que no lo hubiera intentado? ¿Borrarías esos recuerdos Sammy? – sólo le llamaba así cuando olvidaba que no tenía alma, cuando lo sentía como su hermano.

- No – por eso fue sincero – no los borraría, pero si hubiese sabido lo que planeabas no te habría dejado hacerlo

- No voy a parar Sam, no pararé hasta que lo consiga.

- Entonces no podré dejar de vigilarte.