Preludio

Capítulo 2.

Daba vueltas como desesperado, le había enviado a Yaten una carta, siempre entendió que esas cosas tardan meses o hasta incluso ¡años! Porque el último paradero que tenía de él era que estaba en Prusia con Luna. Volteó a ver a Neherenia que seguía descansando plácidamente, todo su pelo negruzco le caía coquetamente en su cuerpo desnudo. Respiraba frenéticamente aunque realmente ya no tenía respiración… se rió con sarcasmo para sus adentros. ¿Cuánto tiempo había pasado recluido? Observó la mini destrucción tanto afuera como dentro de la cabaña, sonrió de lado. Neherenia aparentaba respirar pero dormía plácidamente. Se puso su ropa anticuada, su camisa de seda con unos horribles holanes en el pecho se acomodó las mangas, después se puso el horrible pero carísimo saco azul marino que al final se dividía en dos la parte trasera y acababan en picos, se puso unas mallas blancas y después un pantalón ajustado rojo que le llegaba casi a unos cuantos centímetros debajo de las rodillas y unas zapatillas negras y anticuadas para la fecha en la que ya se encontraba.

Dejó la peluca blanca siempre pensó que esas cosas eran absurdas e idiotas. Caminó con sumo cuidado entre los árboles rotos y volteó para ver su morada se rió de que estaba casi en su totalidad destruida, sonrió y siguió su camino. Pasó con cuidado ¿qué era su vida?, ¿quién era él? Amaba con locura a Neherenia pero ¿por qué demonios a veces se sentía de esa manera? Era tan borrosa su vida ya, por más que se devanaba los sesos no lograba comprender que es lo que le había pasado, bueno, prácticamente le debía a Neherenia ¡todo! Llegó a un riachuelo y para su humor negro se veía reflejado. A veces realmente se preguntaba si era cierto todo lo que decían de ellos, si fuese eso cierto ¿sería capaz de algún día entrar a las puertas del Cielo?, ¿Serían hijos del ángel caído? Aunque siempre se reía de esas cosas a veces no dudaba de ellas y eso le perturbaba. Pero desde hacía unas semanas la idea le venía rondando, tenía que pensar solo, tenía que regresar a su lugar de origen aunque había casi jurado en aquella entonces que nunca podría volver, era lo suficientemente listo para no amortiguarse con recuerdos humanos estúpidos.

Se sentó cómodamente en el fresco y abundante pasto, y vio como todos esos malditos animales podían encajar con sus parejas pero a él le faltaba algo ¿qué podría ser? Sabía que lo mejor sería decirle las cosas a Neherenia que se marcharía y que sería solo y que la buscaría cuando fuese adecuada la situación, sabía que lo tomaría mal porque según él, la tradición era por costumbre nunca separase de la pareja y aunque tratases no podrías porque no querrías, pero él no sentía eso ¿realmente algo estaba mal en él? Y si así fuese ¿qué era? Pero fuese lo que fuese algo le decía, le clamaba que tenía que ir de regreso a Gran Bretaña y eso es lo que haría pero solo, no tenía la menor idea cómo persuadir a Neherenia de eso, pero ocuparía la fuerza si fuese necesaria. Rió por verse demasiado malvado, aunque lo pensaba detenidamente los sacerdotes tenían razón en algo y es que él; era un monstruo. Olió el aroma a incienso con un poco de árbol y unas risitas agudas y suaves que para oído humano no podrían ser escuchados.

- Neherenia… - susurró coqueto –. Mi saiai – habló sexy.

- Mi querido Seiya – se acercó a él abrazándolo por detrás –. Oh cuán realmente te amo mi aikouka.

Neherenia sólo tenía una especie de cobija de piel de osos que cubría su cuerpo nada más, se inclinó un poco hacía Seiya y recostó su cabeza con una suavidad perfecta en su hombro. Le encantó verse reflejada en el riachuelo de esa forma tierna y divertida. No había mujer más dichosa y hermosa que ella, y si es que había alguien más bonita simplemente la mataba era su naturaleza y aunque ella sabía que era un engendro del mal no le importaba ¿qué era Dios? Cuando Él la había abandonado desde hace muchísimo tiempo, ¿dónde estaba Él? Cuando mataba a diestra y siniestra, se consideraba atea en toda la extensión de la palabra si realmente existía un Dios, la castigaría en la otra vida…por supuesto si es que llegaba a la otra vida que lo veía completamente lejano y absurdo.

- Mi Neherenia – susurró Seiya haciendo que Neherenia lo mirara de reojo.

- Seiya… ¿por qué te marchaste de esa forma tan repentina? – preguntó extrañada y en un acto reflejo lo abrazó más temiendo que se fuera de su agarre.

- No quería despertarte te veías tan linda dormida que no quise perturbar tus bellos sueños, saiai – sonrió.

- No importa – ronroneó –. De cualquier forma soñaba contigo.

Hubo unos momentos de silenció y Neherenia empezó a besar lentamente el frío e inigualable cuello de Seiya, de vez en cuando lo mordía con suavidad, mientras que Seiya gemía levemente pero no obstante su mente estaba dividida en dos pese al gran erotismo que siempre daba Neherenia hacía con él. Neherenia lo tiró grácilmente al pasto húmedo ensuciando levemente el traje caro de él. Sin embargó Seiya hacía las cosas con un poco de monotonía, tenía que irse aunque no tenía la menor idea en que parte se encontraba pero hallaría el lugar eso era pan comido. Neherenia gruñó molesta y la burbuja de pensamientos de Seiya se rompió para su sorpresa Neherenia se encontraba a un metro de distancia de él y su camisa y saco se hallaban alborotados, fue un infructuoso día sin sexo y sin la pasión de Neherenia pero eso ya no le importaba no por ahora.

- ¿Qué demonios te ocurre Seiya? – Dijo molesta - ¿Acaso…? – se atragantó con sus palabras sin darle coherencia a sus preguntas su aikouka, su aikouka él nunca podría.

- No seas tonta – guiñó el ojo y se acercó a ella –. Nunca te engañaría sabes que eso sería traición aunque… - rodó los ojos –, ¿habría algún ser más linda que tú, mi amada Neherenia? – acarició su delicada mejilla.

- Por supuesto que no – abrió un poco más las aletas de la nariz y sonrió lascivamente –. Aunque no me engañas – musitó –, algo te ocurre.

- Quiero regresar a mi hogar – comentó serio y las aletas de su nariz también se abrieron un poco más y alzó levemente el cuello, observó a Neherenia divertida pero asintió con un ligero cabezazo a lo que quería hacer –. Pero, mi saiai, quiero ir solo, realmente debo Neherenia.

- Pero Seiya – protestó, acercándose a él, arrastrándose –. No me pidas eso, tengo que ir a donde tú vayas, no quiero sufrir, si no estoy a tu lado me siento como si me muriese.

- Necesito hacer esto solo, me siento perdido además – la besó, y Neherenia volvió agarrar la nuca de Seiya con ferocidad para darle un beso más salvaje - ¿Crees que me pueda enamorar de una persona que no seas tú?

Neherenia dudo, después suspiró – Por supuesto que no y por el leve instante que vea eso, la mataré – Seiya rió y Neherenia se maravilló –. Esta bien – finalmente aceptó –. Pero iré por ti en el plazo de un mes quizás.

- No estaré ahí mucho tiempo, cómo si alguien me importara en ese lugar estúpido, lo siento por Rubeus pero le va muy bien, al menos creo que es último que he sabido que cuida el hogar – besó la frente y se paró del pasto –. Me esta empezando a dar hambre, saiai.

- A mi también, la comida ya va a estar lista mi aikouka – dijo sarcástica, y de nueva cuenta se acomodó la cobija hecha de piel de oso y un poco vacilante se acercó al riachuelo, y empezó a mojarse su pelo negruzco con el agua. Dos hombres llegaron un poco abatidos y sin percatarse de la presencia de Neherenia como enfermos y adictos empezaron a tomar agua a borbotones, hasta que uno, un chico que no pasaba de los veinte años alzó la vista, era delgado y fornido, su pelo era color bronce y llevaba puesto una ropa totalmente diferente a la que ya estaba acostumbrada ver Neherenia pero eso no le importó, el chico de tez blanca le dio un codazo a su acompañante quien era robusto y no pasaba de los cuarenta, su pelo era negro y sus ojos verdes, su tez era bronceada y llevaba un sombrero algo extraño. Neherenia los vio y se quitó la cobija sin ningún pudor delante de los extraños.

- Pro…profesor – tartamudeó el chico joven.

- Arthur – tragó saliva duramente mientras veían que Neherenia delicadamente se metía al riachuelo.

- Parece una ninfa – habló casi en susurros.

- Se…señorita – tosió el profesor y trató de acercase a ella, Neherenia volteó su mirada y una carga eléctrica profundizo todo el cuerpo, tenía ganas de huir su racionalidad le clamaba huir pero su deseo lo retenía –. Soy…soy el profesor O'Conell de la Universidad de Oxford y él – señaló al chico con la boca abierta –. Es Michael, mi ayudante, estamos buscando…pues uhm…estamos un poco perdidos ¿sabe?

- Profesor O'Conell – sonrió Neherenia y salió del otro lado del riachuelo completamente desnuda, se agarró su pelo mojado y lo exprimió con sumo cuidado –. Sé que están perdidos, pero no creo que sea la persona indicada para ayudarlos y realmente – se acercó al joven llamado Arthur y le acarició la cara –, es una pena todo esto pero creo que ustedes nos ayudaran más a nosotros de lo que yo podría a ayudarle a ustedes.

- ¿A ustedes? – Preguntó extrañado el profesor y Neherenia observó que el profesor tenía la frente perlada – No…no entiendo lo que me quiere decir señorita.

- Pronto lo verá – le susurró seductoramente, besando su cuello dulcemente –. Querido aikouka, mi Seiya, el desayuno esta servido.

Arthur sacó un arma, y apuntó tembloroso a lo que se movía del otro lado - ¿Quién anda ahí? – Volteó a ver a su profesor quien seguía petrificado – No nos maté, no hemos hecho nada.

- No es nada personal jovencito – le susurró el segundo hombre quien supuso era el tal Seiya –. Simplemente que se toparon en el lugar y momento equivocado.

- ¿Cómo llego hasta aquí? ¿Quiénes son? Dios – empezó a rezar el joven Arthur al ver a Seiya, malditamente bello, Seiya le sonrió y mostró su dentadura perfecta, no había nada extraño en ello y Neherenia se rió.

- Es el mismo protocolo – le sonrió –. Siempre nos dicen lo mismo y siempre le ruegan a ese Dios, pero… ¿dónde está Dios ahora? – encogió de hombros y el muchacho le disparó a Seiya en un ataqué de nerviosismo, Neherenia lo fulminó y Arthur sintió casi que iba a desmayarse, el profesor lo veía en un trance - ¿Qué demonios hiciste humano?

- Lo…lo siento yo… - tiró el arma horrorizado, pero para su sorpresa Seiya se levantó.

- Mira lo que hiciste – Arthur soltó un grito y Neherenia había soltado un 'oh, oh' –. Es un traje caro.

- Se lo voy a pagar, pero por favor no me maté – agachó la cabeza.

- Ahora es personal – sonrió Seiya y miró a Neherenia quien asintió -. Realmente pensábamos dejarte ir pero ahora manchaste el traje de pólvora y sangre que estaba almacenando mi cuerpo – chasqueó la lengua.

- No se juega con la comida aikouka – hizo un puchero Neherenia y Seiya asintió, el profesor se encontraba horrorizado por tal acto, estaba shockeado, se había bloqueado.

Y finalmente Arthur se tapó su cara y lo ultimó que escuchó fue el sonido gutural de ambos, el grito horrorizado que salía del doctor y del de su propia garganta.

///o///

Serena despertó cansada y fastidiada. El libro de Cumbres Borrascosas se encontraba a su lado con las hojas levantadas. Tocaron la puerta pero ella no prestó atención, todo le había regresado a su mente y la traidora de Minako se casaría hoy, ¡hoy! La luz de la ventana era brillosa pese a estar detrás de las cortinas. Hubo otro golpe fuerte y seco pero también lo pasó de largo. Se sentía triste porque a final de cuentas simplemente en horas ella estaría sola en la mansión, y en unas cuantas horas tenía que pretender estar feliz en la fiesta, si podía, iba a estar en las partes importantes para desaparecer en la gran mayoría de la fabulosa velada.

Tocaron de nueva cuenta la puerta y ella exasperaba gritó - ¿Qué?

- Señorita, me va a dejar pasar o ¿no? – la melosa voz de Rei hizo que Serena suspirará y de un cajón que se hallaba cerca de la mesa sacará una llave bañada en oro, la metió en la cerradura y abrió a una Rei ceñuda – Una señorita como usted no debe encerrarse.

- Si, lo sé – desvió la mirada –. Pero no quería que me siguieran molestando.

- Pero Señorita Serena – Rei le indicó que se fuera a sentar a su cama, mientras ella sacaba con sumo cuidado un vestido color rosa pardo - ¿No lo dirá por su hermana Minako?

- Pues sí – dijo fastidiada –. Ayer quería interrumpir en mi lectura y explicarme algo ¿qué me tiene que explicar? Todas están felices de su boda pero ¿por qué no tuvo la decencia de decirme todo esta barahúnda?

- Señorita – sonrió Rei – ¿No estará…? Cómo decirlo – cerró las puertas del ropero puso en la cama todo, y Serena la miraba expectante - ¿Celosa?

- ¿Cómo? – Serena abrió los ojos como platos, se ruborizó y bajó la vista sin querer ver los ojos de la doncella – Por supuesto que no… es sólo el hecho que no me dijo, usted no comprende el hecho realmente.

- Si que lo entiendo – sonrió mientras le ayudaba a ajustarle el corsé y un gemido le salía por la boca de Serena –. Es comprensible que usted siente un lindo vínculo hacía con la señorita Minako, pero en serio eso es lo que siente a lo que me refiero… - se agachó para agarrar la crinolina y se la acomodó ajustándola en la cintura –, digo, su hermana siempre amó al señorito Shusikawa y ya está en la edad de estar con un hombre, ¿no será un poco egoísta en su pensamiento? – acomodó el vestido rosa pardo, acomodó el escote de Serena.

- ¿Piensas que soy egoísta? – musitó mientras sentía como Rei le hacía unos coquetos bucles y un chongo de arreglado difícil y Rei pretendía no prestarle atención.

¿Realmente era egoísta? Y si eso fuese realmente cierto entonces… oh, no, no, Serena sabía de antemano que no podría tenerle celos de su propia hermana era absurdo e ilógico, pero eso también quería decir que ella ya se había dado cuenta de que quizás era egoísta y lo que más quería era oh… sus ojos se abrieron de sorpresa – Rei sólo contesta, mi hermana me odia a lo que me refiero sólo supongamos que estoy celosa y eso – Rei la miró ansiosa y ella agarró los guantes blancos que se hallaban a su lado, ni siquiera se había percatado que los hubiese puesto eso –. Mina, entonces Mina no me lo dijo porqué no… ¿por qué no quería que le echara a perder su boda?

Rei tocó el hombro de su futura dueña y sonrió tristemente – Creo que es lo más probable señorita, es sólo lo que yo pensaría aunque quién sabe – encogió de hombros y empezó a caminar hacía la puerta de la habitación –. La esperan para desayunar, señorita. No se tarde porque tenemos que ir al corazón de la ciudad para comprar el nuevo vestido que utilizará – cerró la puerta tras de ella no sin antes soltar una risita burlona.

Serena se quedó pasmada ante la ocurrencia, ella arruinaría la boda, en qué momento se le habría pasado por la mente a su hermana semejante cosa, ella era una señorita a mucha honra y además de eso ¿cómo podría tenerle envidia a su propia hermana? Respiró agitadamente, los bucles le caían en sus hombros y arrugó un poco el vestido. Era una molestia, y le irritaba pensarlo. ¿Rei tendría razón? De cualquier manera estaba dispuesta a ver como se darían las cosas ahora que esto se le había revelado. Suspiró, se abanicó con la mano y con la barbilla alzada giró el pomo para salir a desayunar.

Caminó con pasos cortitos y elegantes, se entrecruzaba los dedos y si era cierto ¿cómo podría seguir adelanté? De repente sintió como la respiración se le agitaba, bajó las escaleras y se detuvo a la mitad. Lo cierto de todo esto es que Mina y ella eran muy unidas, pero se cuestionó ¿qué era lo que realmente le molestaba? Se devanó los sesos para encontrar una solución coherente y finalmente entendió que quizás si le tenía celos a su hermana muy dentro de ella le hacía pensar eso, le gustaría encontrar a un hombre quien la corteje y que por supuesto ella lo amase ¿podría Serena encontrar alguien así? Desvió esa fatal revelación de su mente y bajó con mucho más parsimonia las escaleras.

- Señorita – la mucama le sonrió y ella le regresó el gesto –. La señora la espera, espero que tenga un buen día.

- Gracias, Emily – asintió ella –. También que pases un buen día.

Caminó por un pasillo condecorado con todo lo que su padre trabajaba, su padre era una linda persona, era odioso recordar el pasado y más traumante escuchar a toda esa gente cuando decían que 'Los Tsukinos tenían una maldición' desechó la idea tan rápido como le vino. Los cuadros de generación de generaciones yacía ahí con esa sonrisa fría o algunos picara. Llegó finalmente llegó a la gran y majestuosa puerta del comedor, el mayordomo estaba atentó a Serena quien le abrió la puerta y él se adelantó para darle la silla y acomodarla. Mina comía en silencio y su madre también, le sirvieron la sopa. Su vista se poso en su madre y luego en Mina era poco usual que Mina no hablara, aunque no eran buenos modales hablar en la mesa y ella sabía de antemano que Mina fue exclusivamente hecha para romperlas todas.

- Cuando acabes de desayunar Serena – su madre hizo un ademán a una sirvienta para que trajera leche y jugo –. Quiero que partas a la ciudad para que compres tu vestido lo más rápido posible ¿de acuerdo?

- Si madre – contestó, suspiró y se quedó viendo a Mina, hasta que ella alzó la vista mientras tomaba el poco de jugo que estaban sirviendo y acto seguido frunció el ceño.

- ¿Por qué te me quedas viendo? ¿Te parezco graciosa?

- Minako – aseveró la madre.

- ¿Por qué no estas hablando? – comentó Serena con también ceño fruncido.

- A la señorita le molesta que no este hablando – habló con ironía –. Pues creo qué por si no te enteraste hermanita hoy me caso – dijo entre dientes.

- Minako, no seas descarada con tu hermana – Serenity fulminó a Mina.

- ¿Sabes qué, madre? – se limpió con la servilleta las orillas de boca, se levantó de golpe de la mesa su cara estaba puesta en su madre pero la vista estaba fija en Serena – Se me quitó el apetito.

- Ah – soltó Serena y gruñó –. Come hermanita, no queremos que tu boda la pases mal ¿cierto?

- Serena… - musitó un poco dolida Mina.

- ¿Cierto? – La atajó – Te prometo comer para no arruinar boda – rompió contacto visual con ella y enfurecida se puso a comer ya ahora el plato fuerte.

- Haz lo que te plazca – dijo entre dientes pero sumamente dolida –. Madre con su permiso – Serenity asintió y Mina se marchó dando un portazo a la puerta.

Serena se sobresaltó por el portazo, pero reprimió las lágrimas en su garganta. Entonces lo supo, Mina realmente se encontraba ofendida por el simple hecho que ella se iba a presentar en su boda, por eso no le había dicho y ella que la había creído su hermana, su amiga y su confidente. Sintió como su madre la escudriñaba con la mirada pero eso no le importó agarró un pan recién hecho y se dispuso a comerlo. ¿En qué momento habrá pensado eso? ¿No se suponía que era lo que quería? Un retortijón inundó su estómago. Rei tenía razón en todo esto, ¿podría realmente sentirse egoísta y celosa? Quizás todo este tiempo sólo había tratado de ponerse una careta. Esto hizo sentirse mucho más peor, era una maldita egoísta, enferma y cruel hermana. Se decía ella misma querer la felicidad de su propia hermana pero, no era cierto.

Serena se hundió más en sus burbujeantes y lastimeros pensamientos. Serenity suspiró, había pensado que la intromisión de su hija mayor en el cuarto de su pequeña Serena había servido en aclarar todo esto pero lejos de ayudar había empeorado, no quería ver a sus hijas peleadas de esa forma banal y tonta. Observó que sólo Serena hacía migajas a su pan. Había creído por un instante que la loca idea de que Mina se casaría sería lo mejor, pero también comprendió que su hija quizás se sentía sola por el hecho que de ahora en adelante se quedaría sola en la mansión hasta las próximas vacaciones para entrar al Convento, suspiró y creyó que era mejor decirle a su pequeña hija que este día no sólo era importante para su hermana sino también para ella, ya que conocería a su quizás nuevo prometido. Recordaba cuando lo vio y fue cuando supo que él era el indicado de cuidar de su testaruda hija, dejaría que la cortejara. Serena la observó y su madre sonrió.

- Serena no sé que haya pasado entre tú y tu hermana – escuchó en suspiro de fastidio y continuó –. Pero, sólo espero que no le arruines…

- ¡Oh, mamá! – Cruzó de brazos – Si, lo admito madre, no puedo sentirme un poco acomplejada por el hecho de que mi hermana se va a casar, y sé también que Mina no quiera que asista pero por favor, no quiero que también me regañes.

- ¿Acomplejada? ¿Minako no quiere que asistas? – Abrió los ojos sorprendida – Minako se siente muy mal por el hecho de que ustedes tienen un vinculo muy fuerte y porque honestamente – bebió café –. Ella marchará a España con su futuro esposo, no sé en que momento tu juicio se nubló Serena – le brillaron los ojos a Serena y su madre alcanzó su mano para tranquilizarla –. Esta noche te presentaré a un señorito muy respetable y creo que te acordaras de él, me preguntó por ti no hace mucho, y le di toda mi aprobación para que te corteje.

- Pero madre – preguntó extrañada - ¿Por qué no me dijiste nada?, me hubiese gustado saber quién es el señorito, ¿qué tal si lo detesto?, me gustaría realmente emparejar como mi hermana y su esposo por amor – se mordió el labio inferior –. Dices, ¿dices que lo conozco no es así?, ¿quién es?

- Es una sorpresa, mi niña – frotó con cariño la mano de su hija y le sonrió –. Yo también espero lo mismo, porque su compromiso va ha ser muy pronto, no quiero que ninguna de mis hijas esté sola, quiero que un hombre las proteja eso me gustaría a mi y por supuesto eso le hubiese gustado a tu querido padre – tosió y sorbió más café.

- ¿Madre? – Alzó la ceja Serena – A mi también me gustaría, pero estoy en desacuerdo contigo, no me casaré con alguien que no me agrade, es enfermizo tener todavía esa mentalidad, también estoy en discordancia ¿por qué estas hablando de esa manera, madre? Pareciera como si pronto te murieras ¿hay algo que no has dicho?

- Serena – aseveró la madre – ¡Eso es un desacato lo que acabas de decir! Soy tu madre y ejerzo un poder sobre ti, no me importa si te agrada o no la idea pero te casarás con él, lo estimaras, te cortejará, tendrán su fiesta de compromiso, para final casarse, él es digno de ti y también de la familia, te protegerá y no habrá un no por respuesta, tu hermana aceptó al Sir, con honra y respeto así que de igual manera te casarás con él, y con respecto al tema de mi salud, no es de tu incumbencia, estoy perfectamente bien – Serena quitó el agarré de su madre bruscamente.

- Entonces – se levantó y sus pupilas le temblaron pero serenamente respiró –. Ahora veo con toda claridad como es el mundo de mi hermana y su odio hacía la sociedad. Me casaré con el señorito y dejaré que me corteje aunque no lo conozca – se acercó a la puerta y ella más rápido que el mayordomo la abrió –. Aceptaré estar con él, eres mi madre y harás lo que me dictes pero mi único consuelo de todo esto es que si de alguna manera no me gusta el señorito caerá en ti el peso de que seré infeliz el resto de mi vida sólo porque mi padre que en paz descanse lo quiere y tu también – tragó duramente saliva –. Ahora con su permiso madre, iré con Rei a la ciudad a buscar un vestido digno para el señorito que me presentaran hoy.

- Serena… - musitó su madre acomplejada después de ver como el bucle ondulaba tras cerrar la puerta ¿por qué tenía que ser Serena de esa forma? Había pensado que la idea le alegraría y que se en contentaría con su hija mayor pero las cosas habían salido mal, pero aunque la idea no le gustase quería ver a su hija con un hombre protegiéndola porque quizás ya no le quedaba mucho tiempo, volvió a sorber su café y tosió secamente. Aunque recayese el peso de una infeliz vida, sabía que él era la persona más adecuada y que si era posible él daría su alma al mismísimo diablo con tal de cuidar de su hija. Porque al menos uno de los dos estaba completamente enamorado. Su hija no perecería más al menos no al lado de él, era su único consuelo que le quedaba. Porque a pesar de llevarle diez años de ventaja a su hija, él siempre la había amado, ahora lo quiera o no su hija él sería su futuro nuero.

Tenía ganas de gritar ¿cómo podría su madre casarle?, ¿por qué con Mina hubo tiempo? Era enfermizo la idea, ¿quién podría pedir su mano?, ahora lo veía todo muchísimo más claro, ¡por supuesto! Su madre siempre le preocupaba lo que dijese la gente de la sociedad ¡diablos! Ella quien era una buena chica, hasta podría presumir que mejor que su hermana, le pasaba esto. La cara se le puso roja del coraje, ¡podría ser cualquier hombre! Y lo peor de todo es que lo más probable es en la misma fiesta de la boda de su hermana es que dirían a todos sobre la noticia del compromiso y después qué. Después se vería su vida arruinada, necesitaba a su hermana, oh, cuán realmente la necesitaba, ¿cómo podrían dejarla con un hombre a su suerte? Sólo porque quizás era un hombre rico o digno de la familia pero ¿cómo saber si es digno de ella? Preferiría mil veces a casarse con un hombre pobre pero a sabiendas que lo amaba, realmente lo preferiría. Se detuvo en seco al llegar a la puerta principal, si tan solo tuviese el corazón lleno de maldad no le importaría y se casaría por dinero, pero no era así, al vivir con su hermana se había hecho de ideales y también de una mente abierta y aventurera a pesar de ser un poco más recatada que su hermana.

Rei se encontraba en la puerta principal, con un sombrero blanco y otro sombrero en mano, adornado con unas lindas flores. Serena caminó vacilante, quería huir y echar a correr lo más rápido que sus pies pudiesen permitirle porque al aceptar el sombrero aceptaba su destino, un destino del cual estaba segura se arrepentiría, si no lo aceptaba podría huir, podría ser libre, por supuesto si es que alcanzaba a correr todo el jardín antes de que uno de las jardineros viese su fatal huida. Rei frunció el ceño, era ahora o nunca lo que tendría que hacer y en esos momentos de necesidad recordó muy tontamente cuando su hermana por vez primera conocía a lo que sería su futuro esposo, Mina lo odiaba y no era en si el hecho de que era diez años mayor que ella simplemente porque no lo conocía. Recordó eso, pero al recordarlo hizo que diera un paso más, esto era absurdo, lo era realmente, porque ella tuvo demasiado tiempo y ella, ella qué, sólo una miserable noche y tendría toda su miserable vida para que le agradase, ese día Mina había dicho que lo haría y no por la sociedad sino por ella, por el hecho de que si no le gustaba podría marcharse y no hacer enfermar a papá ni a mamá, por supuesto que para su suerte ella le gustó. Respiró y fue cuando comprendió que no podría huir, así eran las cosas, y así serían.

- Señorita tomé – Rei le ofreció el sombrero y Serena se lo puso, un hombre robusto con cara cuadrada y unos anteojos sumamente vergonzosos, pelo negro y tez bronceada las esperaba en el carro.

- Señorita Serena – le abrió con gentileza la puerta el hombro y aunque si hubiese sido en otro momento Serena se hubiese sentido sumamente feliz por subirse por vez primera a un carro, pero en vez de ello se sintió más miserable, lo vio como su carroza hacía su perdición, suspiró y con una sonrisa fingida le dirigió al cochero –. Dama.

Rei se metió con sumo cuidado, y no pudo evitar volver a sacar otra sonrisita. Serena la pasó de largo, dieron unas cuantas vueltas para al final salir de la mansión. ¿Qué podría hacer ahora?, se retorcía las mangas, y lo que veía por la ventana escasamente ayudaba, las visiones de jóvenes amantes eso era algo que jamás probaría; el dulce amor, siempre fue buena, pero en algo era es que tenía que casarse con alguien digno que no la dejaría en la calle, ni le pasaría nada, eso era el único consuelo que le quedaba. Su madre se comportaba de una manera demasiado extraña que no entendía muy bien, también tenía que hacer la paces con su hermana, había comprendido que Mina no la odiaba, era lo más probable que ni se hubiese dado cuenta de que ella le tenía un poco de envidia por todo esto, quizás si se quedaba con su futuro esposo le daría el permiso de ir a visitar a su hermana en España. Suspiró hondamente.

- Señorita Serena ¿qué ocurre? – Rei le alzó la barbilla gentilmente – Perdoné mi intromisión de esa manera y de al saber que de alguna manera por mi se ha puesto a pensar más adentro.

- No es nada de eso Rei – suspiró y sus ojos se anegaron de lágrimas –. Gracias a ti que me he entendido más, sólo a ti te confiaré esto porque no tengo a mi hermana para confiarle cosas y creo que después de que se vaya a ti siempre te he visto como una segunda amiga y hermana.

- Me halaga tanto, señorita – Rei le quitó con sumo cuidado sus lágrimas y la observó detenidamente –. Su madre realmente ha querido que usted y yo seamos amigas, sé que su hermana no le simpatizó y eso realmente me pone triste, me alegra saber enormemente que me ve como su hermana, y yo a usted señorita la veo como una hermana y una hija, aunque sé que no soy mucho más grande que usted siempre la he visto de esa manera desde que muy gentilmente fue usted la única señorita quien me ayudó en esta grandiosa mansión, así que tendrá a una mujer para llorarle sus penas y estaré aquí para ayudarle en lo que mis servicios de dama de compañía puedan otorgarle.

- ¡Oh, querida Rei! – Serena se acercó a ella con sumo cuidado de no maltratar su vestido – Esta noche mi madre dijo…mi madre dijo que me iba a comprometer con un señorito ¡que ni siquiera conozco! Mi madre se ha comportado de una manera tan extraña, pero asumí aceptar esa petición de mi querida madre hacía con el señorito, creo que en muy poco tiempo me casaré con él.

- Conque eso era – susurró –. La señora se comportaba de una manera extraña últimamente señorita, no entendía mucho sobre sus platicas que ella misma se hacía sobre su futuro, también sobre un señorito que pedía su mano desde hace ya mucho tiempo…

- ¿Sabe quién es? – por unos segundos Serena se imaginó que Rei posiblemente sabía quien era el hombre que estaría ligada para toda su vida.

- Lo siento señorita, para mi también es un gran misterio, tengo tantos nombres de hombres que han pedido su mano, pero sinceramente no sabría a quien tendría la señora en mente – hubo un momento de confusión en la cara de Serena pero Rei continuó hablando –. Pero sean quien sea ese hombre señorita me gustaría que le hiciera caso a su madre ya que ha estado muy delicada de salud, probablemente esa sea la causa para la cual la señora tomé esas medidas precipitadas.

- ¡¿Cómo?! – Serena casi se atragantaba con lo dicho por la dama de compañía de su madre – Mi madre nunca ha dado mención de semejante cosa ¿cómo sabes Rei, que mi madre está enferma? Eso no puede ser, mi madre no puede estar enferma siempre…

- Siempre se ve demasiado fuerte oh… - musitó –, creo que hablé de más, señorita. Pero no sabía que la señora no le había comentado sobre ello, sobre que estaba sumamente delicada.

- ¡Por supuesto que no! – Dijo algo ceñuda – Se lo haré saber, ¿cómo nos pudo haber ocultado semejante cosa?

- Oh, no, no – dijo un poco alarmada Rei –. Si la señora se entera que le comenté esto, no podrá perdonármelo, y me echará. Realmente no quiere eso para mí ¿verdad? Usted siempre ha sido tan buena conmigo señorita, por qué somos amigas ¿no es así? Yo la considero así.

- Por supuesto Rei – sonó la nariz –. Será nuestro secreto, si tan solo mi madre hubiese dicho esto ¿Mina lo sabe? – Rei negó con la cabeza – No importa mejor que no lo sepa porque no estará bien que toda la noche y realmente me importa mucho que mi hermana se vaya sin ninguna preocupación para su luna de miel.

- Me alegra que tenga ese pensamiento – el carro se detuvo sin haberse percatado que finalmente habían llegado al corazón de la ciudad –. Señorita Serena, creo que simpatizaremos más rápido de lo que haya pensado.

- ¿A qué se refiere con eso?

- Nada, nada, hablé demasiado alto – el hombre robusto abrió la puerta con cuidado y ayudó a bajar a Rei y a Serena con cuidado –. Andy espéranos aquí, mientras que iré con la señorita Serena a comprar un vestido – Andy dio un cabezazo en seco y se reclinó en el carro –. Señorita yo me encargaré personalmente sobre su nuevo vestuario, ya que nada más me gustaría que este día sea vea linda para su futuro prometido ya que al menos tengo en mente quienes son los futuros candidatos, pero no se separé de mí.

- Por supuesto, Rei – habló pausadamente.

Pasaron a varias tiendas, todas completamente aburridas. Se recargó en uno de los vitrales esperando a Rei, se había negado profundamente entrar, la cabeza le daba vueltas y estaba sumamente aburrida por todo lo ocurrido. ¿Cómo su madre podría mentirle?, la idea le hizo pensar que su madre realmente estaba mucho peor de lo que ella se pudiese imaginar para llevar acabo todo esto lo más rápido posible. Le agradaba saber que al menos Rei era su amiga en todo esto y que al menos podría confiar en ella al haberle dicho todo esto, no fallaría y no le diría nada a su madre ni mucho menos a su hermana. ¿Cómo podría ser su nuevo prometido? Su madre había dicho que lo conocía pero como bien sabía ella conocía a muchos hombres y también muchos habían pedido su mano, ¿su madre habrá hecho buena elección? Suspiró y volteó al darse cuenta que se encontraba en una biblioteca. Se asomó en la otra vitrina quien Rei tenía sus manos ya en jarras y gritaba a diestra y siniestra por la incompetencia de la mujer, Serena ladeó una sonrisa y se metió en la biblioteca.

Si bien era un poco mal visto que una mujer se metiera en la biblioteca pero una de sus pasiones era la lectura. Se escabulló de miradas indeseadas y se metió en la pura literatura oh, cómo le encantaban todas esas historias mágicas, para su suerte el pasillo se encontraba vació, si podría manejar un poco a Rei podría implorarle que le comprase un libro. Encontró en una de las estanterías un libro que nunca pensó que podría ver; Christabel. Volteó de un lado para otro y pescó el libro aterrada de que algún empleado o peor que una mujer chismosa hablará sobre su entrada a la biblioteca sola, eso daría para habladurías en su familia y mala reputación. Se sentía una ladrona, se llevó el libro a su pecho y volvió a reiterar si había una mirada o algún indicio de chismes pero no era así. Llegó a la esquina del estante y sacó el libro.

- Oh, sólo por este libro, parezco una ladrona – caminó sin darse cuenta por donde iba sólo meneaba el libro - ¿Cómo me podría sentir como usurpadora? ¡Sólo es un libro! ¿Cómo haré para que me lo compren? ¡Es poesía pura! ¿Acaso es malo que una mujer lea poesía? – Sonrió de lado al ver que después de todo al haber vivido con Mina le había afectado de alguna manera sus pensamientos – Sólo es Christabel, sólo es ¡oh! – Iba casi a caer cuando unos fuertes y delicados brazos la sujetaron – Muchas, muchas gracias – alzó la vista y vio a un hombre más alto que ella, y de lo que estaba segura es que no trabajaba en la biblioteca.

- ¿Se encuentra bien, señorita?

- Si, si – tartamudeó –. Fue enteramente mi culpa, no veía por donde caminaba y luego… - se detuvo abruptamente y bajó la vista, ¿qué demonios estaba haciendo? Había, no, ¡ni siquiera había planeado nada!, su reputación se había desmoronado, la había visto un hombre ¡sola!, lo único sano en esto es que después de todo no lo conocía así que estaba segura que no era del lugar.

- Fue culpa mía no de usted – bajó la vista y sus ojos azules se posaron en el libro que firmemente apretaba la mujer a su pecho - ¡Vaya! ¿Le gusta la lectura?

- ¡Oh!, ¿esto? – le mostró el libro de Christabel, se mordió el labio inferior, ¡estaba perdida!

- ¿Por qué no contestas a mi pregunta? – Serena siguió con la mirada clavada en el piso – Christabel, es una lectura extraña para una señorita de sociedad, ¿no lo cree?

- Por supuesto que no señor – lo miró un poco ruborizada, su cara era tersa y clara, su traje negro y ¡oh!, esos ojos azules que entonaban y lo hacían ver tan angelical y tranquilo –. Temo confesar que la lectura es algo digno de leer y Christabel sólo es una lectura diferente sería el termino adecuado para esta poesía. Un amor extraño si me lo llegase a preguntar.

- Me alegro que piense de esa manera – sonrió y Serena le regresó una mirada de contrariedad –. Hoy, un amigo de la familia tendrá un evento, sólo será importante por una cosa que pienso omitirle, también escapé señorita, odio comprar trajes nuevos, me hubiese encantado acompañar a mi sirviente pero temó que con la señorita con la que voy a estar no sé si sea de su agrado ¿sabe? – tosió y volteó con sumo cuidado a ambo lados – A mi también me gusta la lectura – le enseñó la reconocidísima lectura Macbeth –. Y yo no omitiría a nadie ¡ni siquiera a la mujeres!, sobre la linda imaginación.

- ¡Vaya! – Serena suspiró más relajada y rió por debajo – Su esposa debe de ser afortunada por tener a un lindo esposo como usted señor.

- No soy casado, señorita.

- ¡Oh! Realmente siento mi intromisión, espero que encuentre una mujer digna de usted, realmente la mujer con quien llegué a casarse será una suerte, es muy raro que algún hombre acepté eso – su respiración se agitaba y trató de calmarse ¡diablos! Se tenía que encontrar con un hombre de esa calaña, si tan solo él fuese un candidato, no dudaría.

- Créame que ya la encontré – caminaron rumbo al cajero, Serena se sintió nerviosa, ¡estaba caminando al lado de un hombre! Y al parecer no era un hombre del montón, sino con ideales diferentes, era apuesto, y esa voz áspera y varonil, ¡oh! Qué lastima y mala suerte tenía - ¿Va a comprar el libro, señorita?

- ¿Cómo? – no se había dado cuenta que se había traído el libro, y miró de reojo y aún Rei no salía de la tienda de ropas, ¡qué calamidad!, ¡qué pena! Se había embobado tanto en la persona que no se había dado cuenta que ya estaban al pie con el cajero – Es que…no tengo dinero conmigo, mi dama de compañía no esta ¿se acuerda? – susurró.

Él sólo se limitó a sonreír – Pagaré el libro de la señorita – comentó al empleado y Serena trató de oponerse, ¡oh, que suavidad tenía en su piel clara! –. Por favor, insisto señorita, no me haga quedar mal, es un obsequio.

¿Era un obsequio? No le pudo objetar nada porque sus palabras le habían tomado por sorpresa, ¿por qué ese hombre se comportaba de esa forma?, ¿sería así con todas las mujeres? El corazón de Serena se empezó a acelerar, ¿él podría ser único?, ¿qué tal si sólo era un caza-fortunas? El hombre pagó y le entregó el libro a Serena. Su sonrisa era única, le regresó el gesto y pronto comprendió que era demasiado pequeña, que seguía siendo una niña, él podría haber sido su primer amor y ahora estaría al borde del casamiento, la idea le entristeció de sobremanera. La acongoja que ya ningún hombre podría cortejarla, de que había aceptado su triste destino. No pudo más que suspirar, y el hombre lo notó.

Llegaron a la puerta donde un gallardo cochero esperaba al hombre misterioso, a su posible primer amor, al primer hombre que aceptaba los ideales. Tenía ganas de abrazarlo y decirle que no la dejará que pese a que sólo se conocieron unos cuantos segundos, minutos, sabía que él era mejor candidato que el que le esperaba. Pero sería una descortesía tonta. El hombre la observaba y no pudo soltar un suspiró con sumo cuidado para que nadie los viese apretó gentilmente la mano de Serena, al contacto con la piel de ella, una energía electrizante había surgido dentro de ellos.

- Señorita, no preguntaré cuál es su sufrimiento, pero espero que… - agarró la mano que había apretado cariñosamente y la llevó hacía su boca y la besó dulcemente.

- ¿Cuánto tiempo estarás aquí? – Susurró Serena antes de que su interlocutor terminará lo que iba a decir – Ojalá y lo vuelva a ver – habló resignada, era lo único que aspiraba con él.

El hombre abrió los ojos con un poco de escepticismo y agarró delicadamente un bucle de la joven rubia, era tan sedoso su pelo, cada vez que se sonrojaba le agradaba enormemente, acarició suavemente la mano enguantada de Serena, el gallardo cochero le entregó el sombrero a su amo y este le sonrió de nueva cuenta a Serena – Sé que nos volveremos a ver, con su permiso, señorita.

El hombre se subió a un carruaje y sin siquiera voltear, desapareció entre la gente. Serena sentía que todo su ser se desplomaba, que el corazón se le iba a salir de su pecho, sintió un calor perpetrar todo su cuerpo. Bajó la vista y halló el libro, su regalo, de su extraño. '¡Oh qué tonta!' Se regañó para sus adentros '¡Ni siquiera le pregunté su nombre!' Le dolió pensar que quizás su primer amor, su primer encuentro de cerca con un hombre había sido completamente infructífero, ¡no sabía su nombre!, ¿algún día podrá verlo?, pero aunque lo viera sabría que sería demasiado tarde, porque estaría casada con quién sabe. Su locura, su recuerdo, era su beso cálido y gentil como si quisiera darle un cariño, como si aquel hombre la conociera, se agarró la mano enguantada y la tocó, aún seguía sintiendo su aroma. Olió el libro y también su aroma estaba impregnada en él.

Escuchó detrás de ella un sonido siseante y fue cuando vio a Rei con Andy. Y fue cuando entró en la realidad, una realidad que la perturbó. No era demasiado fuerte, era un poco torpe, no podía casarse con alguien a quien no amaba y que no recordaba ver. Su realidad la abrumó, al ver a Rei con su vestido, se imaginó su futuro, su futuro esposo, su futura familia, ¿podría soportarlo? Lo dudaba. Se apretó más el libro queriendo así que su aroma jamás se fuera, que él no era parte de su imaginación y que todo esto era una pesadilla. Rei miraba hacía donde su hombre misterioso se había marchado, bufó molesta y después poso sus ojos en una Serena ida.

- Señorita – se acercó a ella y le dio el vestido a Andy, la abrazó con cuidado - ¿Qué ocurre, señorita? Venga, ya es tarde, regresemos al carro.

Ambas regresaron al carro. Andy les abrió la puerta y ambas se metieron. Rei observaba a Serena inquietante, Serena apretaba el libro y fue cuando Rei se dio cuenta del libro, se lo arrebató con cuidado para que Serena no malinterpretara las cosas. Serena estaba expectante a la cara de Rei por dicho obsequio – Un libro… Christabel – musitó, eso no estaba bien, le arruinaba sus planes enteramente al ver a ese señorito con Serena lo supo, supo quien era. Eso arruinaría lo que había estado llevando todos estos años. Le repugnaba ver la cara de Serena como si estuviese enamorada '¡Absurdo! No se puede enamorar de él, no pensé que él fuera el candidato, Serenity lo tenía muy guardado, esto cambia todo, sólo aceleraré el proceso de su querida madre' pensó un poco más calmada –. Y bien, señorita – dijo con un deje de autoridad.

- No le diga a mi madre que vi a un hombre antes del futuro compromiso – dijo alterada, mientras desviaba la vista hacía el libro –. Haré lo que me pida, por favor.

- Interesante elección de palabras, señorita – sonrió y le regresó el libro –. No tengo la menor idea quien se lo dio pero no quiero preguntar, ¿éramos amigas no es así?, su secreto está a salvo conmigo.

- ¡Oh, queridísima Rei! Creo que estaré en deuda con usted sobre esto, sobre el libro, sobre él – musitó cada vez más bajo y no pudo evitar echar a llorar, Rei rodó los ojos fastidiada –. Me siento tan mal, tan encerrada ¡casarme!, ¿por qué ese señor no puede tratar de cortejarme? Soy tan desdichada.

Rei la escuchaba fastidiada, tenía que actuar rápido, la llorona hija de Serenity podría enamorarse de él, no podría permitir eso, no ahora que había llegado demasiado lejos. ¡¿Por qué tenía que ser siempre así esa niña?! 'Si tan sólo supieras Serena, que tu hermana se salvó…semejante mocosa', pensó agriamente. Rei se encontraba fastidiada de trabajar con los Tsukinos desde que ella tenía diez años. Había pasado ¡Quince años de su miserable existencia! Con esos prepotentes riquillos. Pero oh, desde que llegó se había dado cuenta de los lujos en los que vivían, oh, sí, ella no pasaría por nada y el simple hecho de saber que se había hecho su dinero tan fácilmente. Le daba una gracia e ironía saber que la gente tonta podría confiar en alguien tan cercano. Finalmente sonrió fingidamente tratando de complacer y aplacar los lloriqueos de su futura dueña.

- No se acongojé sobre su futuro, mi querida niña – la atrajo más hacía su pecho –. Shh, shh, ya no lloré, verá que la suerte le sonreirá.

- Ojalá, amiga Rei, me he sentido tan perdida.

- Créame cuando le digo que su suerte cambiará, ahora descansé – la acunó pacíficamente –. Y para bien de todos – sonrió avariciosamente.

- Eso espero, ya no quiero sufrir por un amor no deseado, ni por mi madre ahora que se me ha revelado que está enferma – bostezó y se agarró más a Rei y al libro.

- Y no sufrirá, me encargaré que usted no sufra, oh, no sabe cuánto tiempo esperé por todo esto – le acariciaba tiernamente el pelo –. Descansé hasta la mansión, señorita, porque ahora velaré por usted, porque al menos su sufrimiento no será tan lastimero.

Serena no escuchó lo ultimó presa del sueño sucumbió, quería dejar la realidad, quería ser participé en sus sueños, donde siempre el bellaco y hermoso hombre la salvaba, con esos ojos azules perfectos, pese a que medio veía su figura, eran esos ojos azules los que cada vez que dormía aparecían en sus sueños, él era; su caballero perfecto.

///o///

Era ya noche, su vestido guinda con azul se arrastraba por todo su cuarto, realmente no le agradaba el vestido. Era un poco vulgar, el peinado que por horas le habían hecho le hacía pensar que se veía ridícula. Acentuaba su cuerpo, su lechosa piel le hacía dar un aspecto más grande con el vestido puesto. Era hampón de la parte trasera, tenía un escote un poco prominente, sus guantes pulcramente blancos irritaba tan solo de mirarlos. Sentía que iba a desmayarse el corsé estaba sumamente apretado, ¿acaso estaba todo fríamente calculado? ¿Para hacerla ver un cuerpo mucho más estilizado? Se echó perfume con olor a rosas, agarró su bolsita y echó en ella el libro que su extraño le había comprado, era lo único con lo cual podría sobrevivir. Le daba terror saber que en cualquier momento podría llegar su futuro novio, o posiblemente ¡ya se encontraba ahí! Suspiró, inhaló, exhaló. Abrió la puerta de su cuarto y se dirigió al cuarto de Mina. No había tenido el tiempo de hablar con ella desde que había llegado, sólo una sacada de lengua por parte de ella y nada más.

Sabía que estaba sumamente ocupada pero no le importaba porque mañana sería su luna de miel y se marcharía. Tocó tres veces la puerta y nadie le contestó. Se retorció los guantes nerviosa y volvió a tratar. Se escucharon unos pasos y finalmente una Mina nerviosa le abrió la puerta, alzó la ceja e inspeccionó a Serena, quien se puso de los mil colores, Mina sonrió y caminó hacía su tocador.

- Pasa, pasa arruina bodas – y se sentó sólo para verse.

- Oye Mina – Serena caminó a paso veloz y se sentó en la cama de su hermana por unos segundos se sintió fuera de lugar - ¿Cómo sabes lo de arruina bodas?

- Madre lo dijo – suspiró.

- Ya veo, Mina vine a…

- No es necesario – la atajó viendo su rostro de decepción de Serena –. Ojalá fuese ese Joseph o ese Hindley para soltarte improperios o llevarte a rezar por mentir muy descaradamente – hubo unos segundo de silencio y después Mina se echó a reír.

- Oye, esas fueron las palabras exactas que te dije – sonrió tímidamente Serena.

- Lo sé, lo sé – Mina la observaba por el espejo todavía –. Sólo que se me hizo divertido, sabes que no tienes que pedirme disculpas, la única con derecho esa soy yo por no ver bien lo que ocurría entre nosotras.

- No digas eso Mina – habló tranquilamente y después soltó una risita –. Deja de verte en el espejo, lo gastaras – sonrió y por vez primera se dio cuenta, que llevaba el vestido blanco, con unas joyas que supo que eran de su futuro esposo, el anillo que había pertenecido a su abuela. Unos coquetos caireles le caían por las orejas, fue cuando se dio cuenta que Mina, su Mina había desaparecido, no le había puesto tanta atención al vestido. Pero esta vez era diferente, esta vez ya no era una señorita, era una mujer adulta, sería su hermana pero con cambios.

- Más bien, él me gasta a mí – rió y se volteó a ver a Serena –. Es sólo que quería recordarme de esta manera, recordar que aquí crecí y que aquí pasé tantas cosas contigo, Sere. Y me siento tan desahuciada porque esta noche todo lo que hicimos en todos estos años se irán, ya no te veré con frecuencia y cuando lo hagamos será para vernos las arrugas y tomar té a las cinco y hablar sobre nuestros hijos que son unos malcriados – suspiró –. Realmente me gusta todo esto y era lo que siempre deseé, pero quería verme por última vez, ver a la pequeña Mina.

- Mina – susurró Serena –. Siempre serás, la Minako loca y con esos ideales quién sabe y eres tu la que empiezas a inculcarle a las mujeres sobre que deben de tener derechos – rió –. Pero nada más me hace feliz que tu felicidad, eso es todo lo que importa y que la pequeña Minako pasó una linda niñez con la torpe de Serena.

- ¡Ay, Sere! – Mina reprimió lágrimas – A veces dices cosas tan interesantes y no lloró porque costó trabajo maquillarme – ambas se echaron a reír –. Ahora bien, basta por un momento de la Minako vieja, ahora hablemos de ti, Sere. ¿Van a anunciar tu compromiso? – Alzó la ceja incrédula – Mira quien es la traidora, ¡por supuesto a la vieja Minako no le dices nada!

- Mina no digas eso – suspiró más y se hundió más en la cama –. Me acabo de enterar ni siquiera lo conozco – habló tristemente y Mina se fue a sentar a su lado –. Me siento tan miserable, hoy conocí a un hombre tan perfecto, con esos ojos azules.

- ¿Los mismos ojos azules de tu sueño?

- Así es, o al menos eso creo, ¡te encantaría!, es igual que tú, me compró un libro – de su bolsita le enseñó el libro y Mina sonrió emocionada –. Pero desgraciadamente anunciaran mi compromiso, no me creo capaz de soportar todo esto, sonará estúpido pero… - rió irónicamente –, pero en realidad me agrada el señor pese a sólo conocerlo esta tarde.

- Oh hermana no sabes cuán realmente lo siento – la abrazó fuertemente –. Harás lo que tu creas hacer, no porque nuestra madre lo dicté lo harás, sé que te dije que aceptaría esas cosas cuando supe quien era mi prometido y lo odiaba, en realidad lo odiaba mucho y él a mi pero no era así, es extraño y no te juzgaré que por una tarde encontraste al hombre misterioso porque es así el amor, sale de una manera extraña y difícil. Ten valor Sere, sé que harás lo que dicté tu corazón.

- ¡Minako! – Susurró y ambas soltaron unas lagrimitas de tristeza, de felicidad – Te voy a extrañar tanto, haré lo que esté en mi razonamiento, pero suficiente de tristezas, es tu boda y tú eres la estrella del evento.

- Lo sé – ambas se pararon –. Tuviste que regresarme a la realidad de las cosas, señora Shusikawa, nada mal ¿verdad? – Abrieron la puerta y su madre se encontraba con una sonrisa maternal y a lado se encontraba Rei –. Lo único que lamentó por ti es que te tenías que quedar con esa fastidiosa de Rei, me da mala espina.

- No digas eso, no es mala persona Rei, tu fuiste la mala con ella – Mina miró a Rei ceñuda y no le contestó a su hermana.

- ¡Hijas! Ambas se ven tan hermosas esta noche si su padre viviese estaría tan orgulloso de ustedes – Mina y Serena sonrieron y Serenity se acercó a su hija menor –. Serena, tu futuro prometido se encuentra ya entre la multitud – tosió secamente y prosiguió –. Está tan ansioso por su anunció, se hará en la comida después del baile de los esposos de gloria y prosperidad, te ves tan linda para él.

- Por supuesto – procuró no hacer una mueca.

- Minako, acompáñame, te daré introducción a la sociedad británica tu tío George te escoltará ya que tiene el derecho por ser el hermano de tu padre – Mina asintió y le sonrió a su hermana –. Rei, sígueme. Toda esta noche tendré para ti mucho trabajo.

- Si señora – dijo sin pesadez pero soltando una ligera mueca.

Tenía demasiado miedo de bajar, ¿qué iba a ser en esta situación? Escuchó la voz de su madre hablando sobre Mina y Malachite. Toda la familia estaba ahí abajo, todos. De repente sintió vértigo. Se bajó con sumo cuidado de no ver a nadie entre la multitud, veía a señores disfrutando de la fiesta. ¡Diablos!, ¿qué iba a hacer?, ¿cómo saber quién era?, llegó un poco tambaleante hacía una parte de la entrada la música empezó, cómo le encantaba esa pieza Canon in D Observó a su hermana bailar muy grácilmente. Era un sueño echó realidad. Se sentía mareada realmente no estaba preparada para esto, era mucho para ella. Se recargó en la pálida y fría pared, quería ser un bicho y desaparecer.

- Señorita Serena, ¿se encuentra bien? – un hombre no mayor de los treinta se acercó para darle agua, Serena se espantó y sin decirle palabra se alejó de él – Que niña tan extraña.

Estaba pálida, ¿cómo saber…? ¿Cómo…? ¿Por qué…? Todos eran sospechosos, no quería toparse con él, no estaba mentalmente preparada. Nuevamente la realidad le abrumó, la sinfonía aún no acababa pero su hermana ya se encontraba platicando con personas importantes, se hallaba tan lejos. Encontró un lugar un poco agrietado justo en donde su cuerpo cabía perfectamente, se escondería eso era todo. Sacó con pesadez el libro y olió su aroma, su elixir hacía la irracionalidad, las manos le temblaban, ¡esto era una cruel pesadilla!, y si… ¿y si ya la había visto? Estaría perdida, aunque podría refutar que no lo conocía, el sonido cambio a otra sinfonía que también conocía era lo que alguna vez había escuchado decir el Brandenburg Concerto a su hermana, a Mina siempre le encantaban todo lo referente al siglo XVIII el sonido era tranquilo, su refugio también lo era. ¿La estarían buscando?

No supo cuanto tiempo paso aún oliendo su salida al mundo irracional, a su escape emocional. Sólo escuchaba vez tras vez como la pequeña orquesta cambiaban de música. Se tranquilizaba perfectamente hasta que escuchó la voz de su hermana que decía que no sabía a donde se encontraba ella, ¡demonios! Ya había pasado el tiempo suficiente para empezar el banquete, el maldito banquete, no saldría, si la encontraban fingiría demencia. Pero escuchó cada vez más la voz de su hermana, estaba irrevocablemente perdida.

- ¡Serena! – Habló en susurros - ¿Estas…?

- No, no estoy muy bien, sé que el banquete ya debe de estar – con dificultad salió de su escondite –. No me digas nada Mina, haré lo que deba de hacer.

Mina no objetó nada, todos la vieron tranquilamente y Mina la excusó diciendo que estaba bailando por ahí. Mina caminó a lado de su perfecto esposo, su pelo plateado largo y brillante, sus ojos de un azul algo intimidantes, su porte temerario pero al ver a Mina todo ese porte parecía sólo una actuación, por unos segundos Serena pudo asegurar que la cara dura de su cuñado era tierna y denotaba una felicidad. Su descubrimiento la perturbó, su hermana era feliz, su hermana era completamente feliz. Las manos le empezaron a tiritar, las pupilas le temblaron mientras observaba a cada hombre sentado, viéndola, con unos brillos que no supo explicar, la palidez regresó a su rostro y casi juraba escuchar a su madre decir qué si se encontraba bien, pero no estaba segura ya que no la vio moverse, tenía ganas de vomitar y lo descubrió, era una cobarde. No estaba bien lo que estaba haciendo, no era feliz con lo que hacía y la voz de su hermana diciéndole que hiciera lo que dictará su corazón la convenció, porque lo ultimo que vio fue a los invitados sorprendidos, a su madre con la cara ceñuda y a su hermana asintiendo porque echó a correr lo más rápido que pudo.

La garganta le dolía, era una cobarde, una vergüenza para la familia, eso era. Aventó las zapatillas que no la dejaban correr en libertad, el peinado le pesaba y también se lo deshizo nunca le había gustado y si por ella hubiese sido se quitaría el horrible vestido. Vio la fuente y echó a correr temiendo que algún sirviente de su madre la estuviese buscando, empezó a llorar amargamente por no ser la chica fuerte, se cayó en el pasto torpemente y se volvió a levantar ¡era una tonta! Ahora la familia estaría en una mala reputación, el pecho le dolía. Sacó el libro de su hombre misterioso y tiró el bolso que sólo le golpeaba el vientre. Sin más cayó rendida cerca de un árbol, el corsé literalmente la estaba matando lentamente no la dejaba respirar. Era una tonta ¿cómo se pudo encariñar con un hombre desconocido? ¿Era tanto su desesperación por el hombre de sus sueños? Pero esos ojos azules zafiros eran tan perfectos que podría contemplarlos para toda la eternidad. Lloró bajó el árbol, cayendo las tibias lágrimas sobre la pasta del libro.

Sabía que estaba cerca de la salida, si aún le quedaba las fuerzas y si todavía no la encontraban saldría corriendo, huiría para siempre sobre esta maldita responsabilidad, no era fuerte, no lo era. Abrió el libro y empezó a leer para si misma, su único consuelo por ser tan tonta. Sabía que el amor podría llegar de una manera extraña e inusual, pero ella sabía que era él, su forma de mirar era idéntica a su sueño, era él quien siempre la acunaba por toda la eternidad en su regazó, en donde él era su otra mitad, su alma y su cuerpo le pertenecían, no sabía cómo pero lo buscaría. La lectura se volvió más agresiva, pero no le importó porque al menos todos estaban felices de alguna forma, y ella también lo haría, el libro no era de un grosor grande dado que era una poesía. Suspiró un poco agitada, la garganta aún le dolía.

- Cuando vean, percibí una brillante serpiente verde enredada alrededor del cuello y las alas, verde como las hierbas en las que yacía, próxima a la paloma cuya cabeza doblaba y con la paloma sus giros y forcejeos hinchaba su cuello tanto como ella… – susurró las casi ultimas líneas del extraño amor calló por unos segundos porque había escuchado el tronido de una rama.

- …Desperté. Era la hora de la medianoche, el reloj resonaba en la torre – habló un hombre terminando así el poema de Christabel, que a simple vista no se podría describir, la oscuridad lo ocultaba perfectamente. Serena dio un respingo.

¡Había sido descubierta! Alguien la había seguido y ese alguien se sabía de memoria el poema de Christabel. La idea le turbó '¡Esa voz!' pensó desesperadamente, ¡era imposible! Se decía a ella misma, contuvo el aliento por unos segundos y ahora un poco temeraria alzó la vista, esos ojos azules tan penetrantes la miraban ansiosos, ¡una locura!, el hombre se dejó caer de rodillas en seco y Serena sonrió emocionada.

- ¡Oh, por Dios! Dios mío, eres el hombre de la biblioteca, ¡no puedo creerlo! – Gritó algo eufórica - ¿Cómo llegó aquí?

- Señorita – le sonrió el hombre –. Le comenté que tenía un evento ¿lo recuerda? – Serena asintió con lágrimas de felicidad en los ojos – Pues bien, era este.

- Su nombre – demandó Serena desesperada –. Dígamelo por favor, lo necesito.

- Tanto tiempo soñé que las cosas se dieran de esta forma, me hace demasiado feliz – le acarició la mejilla tiernamente el hombre y le quitó con sumo cuidado las tibias y saladas lágrimas –. Diamante Black.

- ¡Diamante Black! – sonrió emocionada y lo abrazó feliz, pero la felicidad no le duró lo suficiente, ¡se iba a comprometer! Pero…pero Diamante estaba con ella ahora, su hombre de ojos azules, con su hermoso y sedoso pelo plateado, estaba con ella, pero ¿qué hacía él ahí? – Oh lo siento, señor Black, pero mi comportamiento no estuvo bien – se separó tranquilamente dándose el lujo de respirar su aroma –. Esta noche darán mi anuncio con una persona que ni siquiera conozco, no querría pedirle que nos fugáramos porque apenas me acaba de conocer y no es bueno eso, siendo usted Diamante Black – Diamante echó a reír y Serena ceñuda lo miró –. Señor no le veo lo gracioso.

- Mi querida Serena – se acercó más a ella –. Yo soy tu anunció, yo pedí tu mano, yo me quiero casar contigo.

- ¿Usted? – dijo emocionada.

- Si mi amada Serena – volvió acariciar su terso rostro, podría estar así por la eternidad –. Yo seré tu futuro esposo.

Continuará…


¡Hola! :D

Oh, no lo pude evitar dejarlo ahí jeje. Diamante, Diamante creo que ni se nota que estimo mucho al personaje. Creo que es el personaje más indicado para este fanfic, sé que me dirán y esta tipa cuál se tomó por poner a Serena tan enamoradiza, pues bien fue la Coca-Cola jaja xD No ya en serio, ella ya tenía su sueño, estamos en la época del verdadero y puro amor por eso se enfrascó en el "chico de ojos color azul intenso" y ciegamente cree que es Diamante. Veremos si es cierto todo esto… aunque creo que no falta ya ni pensarlo.

Pasando a Seiya uhm, ¡ahora sí! creo que ni tan secreto es ¿verdad? Lo que realmente son. Me imagino a Seiya un poco más uhm ¿cómo expresar? ¿Salvaje? Por decirlo así, ya que ha estado viviendo recluido por su pasado, pero creo que después de mucho tiempo (¡qué si no pasó tiempo!, ya lo verán jeje o al menos se dan idea por la ropa que vistió) cree que es momento de olvidar sus recuerdos humanos dolorosos, seguirá siendo el mismo y encantador Seiya que me imagino que es; vanidoso, lindo, coqueto, risueño ah lindo ¿no? Y qué onda con Neherenia, aparecerá amigas mías, de momento no, pero lo hará oh, sí.

¿Qué onda con Rei? Bueno otra parte fundamental de las cosas, ya se ven las cosas claras, al menos un poco pese a ser sólo el segundo capítulo pero como todo vil y cruel personaje algo oculta con la familia Tsukino y no es el hecho del puro dinero que al parecer le frustra oh, no, un oscuro secreto se encierra en ese vinculo. La elegí como mala porque no sé siempre la vi muy fastidiosa, no me caí mal, nada de eso, sólo que nunca la entendí eso es todo y su forma de ser le queda a la historia, al menos mi perspectiva de ver las cosas n.n

Ahora sé que se preguntaron ¿qué demonios es saiai y aikouka? Pues bien Saiai significa; amada, querida y Aikouka; amante. ¡No pude evitarlo! Lo saqué de una historia de Dragon Ball Z (otras de mis pasiones) se llama Ward de LavenderGoddessV (La protegida en la traducción), de ahí salieron cosas en japonés si es que llego a poner más cosas, me encantó la historia cuando salió…en fin basta de aburrirlas con un trauma ;)

¿Qué demonios es Christabel? Bueno es un poema escrito por Samuel Taylor Coleridge, se los recomiendo mucho si algún día desean leer una historia de amor vampírica, pero no es la típica historia. Es de una vampiresa que se enamora de una mujer humana y la vampiresa se convierte en el difunto amor de la mujer humana y bueno… n.n mejor léanla si así lo desean, a mi en lo personal me gusto por su narración y lo diferente.

Muchas gracias por sus reviews que me inspiran enormemente a seguir ya saben que es mi paga de escritora n.n Así que gracias a:

Bulmita Su (no soy una desgraciada quizás un poco :P me importas así que espérate una sorpresa jeje), Paty (sucia jajá, no creo que haya mucho lemmon no sé muy bien), Kousagi-san (Wow pues no sé qué decirte me honrarías mucho o//o), Miss-Odango, Koraima (gracias por tu review gracias), Caroone, Erill Cullen, Sakurita, Edith, Bichitakou, Veronick, SerenaySeiya (me ha pasado u.u), XxX, Rossa e Indo K.

P.D Sé que nada que ver pero estoy taaaaan emocionada ¡¡¡¡Oh Kami!!!! ¡¡¡THE RASMUS!!! mis musas (son hombres :P), mi hit, mis inspiraciones, mis desvelos, mis horas de formadas y lindas filas, me abrieron a conocer amigas igual (e inclusive peor) de locas que yo n.n, las veces que quedaba sorda, en fin… ¡¡Vienen a México!! O sea ¡Wow! Vienen a mi país y estoy tan emocionada T.T pero soy taaaaan miserablemente pobre T.T, no sé cómo chicas pero sólo me he perdido un miserable concierto este no será el segundo, lo siento es que estoy taaaaan emocionada ¡qué asco! Es el otro mes…yo… pueden enviarme dinero aceptó de todo, euros, dólares, libras, quetzales, pesos de todos, yenes T.T 'I died in my dreams, what's that supposed to mean? Got lost in the fire, I died in my dreams reaching out for your hand, my fatal desire' ¡Quiero verlos! T.T

Dejen Reviews n.n

●๋•Ashαмєd●๋