Este capítulo esta dedicado a: Primeramente que a nadie a Marlene K., después al grandioso equipo que es PLAP, a Caroone en serio, a parte de que la historia es casi toda tuya, ah no, también un capítulo en especial xD, después mi querida amiga pérfida (no pongas esa cara ¬¬) Miss-Odango recuerda que mi lindo esposo sólo me ama a mí ¡a nadie más!, a Hazuki, quien siempre me entiende y apoya cuando Marisin anda cerca con nuestros esposos y a la loquita de Indo K., con quien siempre me paso lindos ratos y ahh como olvidar mis arranques con el cuchillo jeje n.n digo cof, cof, ha Johanna Lindsey que sé que jamás lo leerá pero ella me ha visto ver de una forma diferente el romance ¡chicas, las quiero mucho!



El retorno y la unión

Capítulo 3.

Diamante Black nunca creyó sentirse de esa manera tan vivo, tan joven de nuevo, había idealizado ese día tan horriblemente mal. Él era un hombre de negocios y como tal tenía que ver las diferentes salidas que esto le llevaría pero sin embargo comprendió que la vida era completamente diferente. Porque después de todo al idealizar su desastroso romance, creyó que su lado oscuro se pondría pero también supo que en ese momento que pese a que ella no conocía a su prospecto estaba con un orgullo de señorita que le tomó de sobremanera. Y realmente todo le que le había dicho a su futura esposa era completamente cierto, le daría todo lo que ella realmente quisiera porque desde que la vio risueña y toda menudita, con bondad, le daba un aire de una calidez sorprendente y fue cuando supo que no sabía cómo ó cuándo pero ella era la elegida, ella debía de ser la madre de sus hijos.

Su corazón se había paralizado cuando se la había encontrado en la biblioteca, la última vez que la había visto fue hace dos años, y lamentaba enormemente no haber podido estar a su lado cuando fue a Alemania, para que así ella se acostumbrara a su presencia, pero su negocio en Alemania peligraba y él quería darle todo lo que su futuro esposa quisiera, quería que se sintiera en paz y tranquila que hallará en él un hombre cariñoso, bondadoso y pasivo y no un cruel dictador del machismo, porque su amor era demasiado grande para darle penas tan fuerte al único ser que realmente ama. Pero verla antes del anuncio con su perfecto cuerpo color lechoso ¡la reconoció!, no podría olvidar ese aroma tan característico de ella, ese pelo rubio sedoso y bien acomodado, la finura de sus vestidos, ese sonrojo que le provocó ¡Dios! Pensó que iba a morirse ahí mismo.

Deseó haberla besado impetuosamente dos veces en su vida, ¡dos veces en su vida! Qué va, quería hacerlo así hasta que la muerte los separará hacerla suya siempre, porque él sería el primero y el único oh, sí de eso no había otra manera, sonrió satisfecho ante lo ocurrido, en serio que realmente la vida traía cosas tan extrañas, casi se llevaban su alma al averno cuando vio a Serena correr a paso veloz y su sonrisa encantadora se le desfiguró completamente, había escuchado a su madre excusarse por el extraño comportamiento de su hija, pero eso a él le era indiferente, entonces… su mente se había acelerado por causa de la adrenalina y el mal trago que le había nublado sus pensamientos al ver a una Serena corriendo, huyendo, porque entonces… eso quería decir que ¡ella estaba enamorado de otro! Y… ¡no! Si eso era cierto lo mandaría a matar ¡Lo mataría!

Se había levantado con rapidez sin siquiera escuchar lo que todos empezaban a murmurar, porque su corazón palpitaba desembocado, ¿quién había enamorado a su doncella? Su damisela corría sumamente rápido pensó que lo abandonaría, y eso le causaría una tristeza, pero si había otro… si lo había… encrispó sus manos de pura rabia contenida, nunca lo dejaría y si era alguien importante de la burguesía para eso existían los "inesperados accidentes" ¿no? Y fue cuando la vio llorando y para su sorpresa leía el libro que él le había comprado horas antes y eso realmente lo reconfortó pero le extrañó a la vez, y cual sería su alegría que ella le correspondía ¡Por Dios!, ¿podría haber un hombre mucho más feliz que él?, una vez más quiso besarla tan impetuosamente como se dejará pero estoicamente se controló, quería que todo fuera tranquilo y pausado, quería que fuera maravilloso, oh cuán realmente la deseaba y al verla con ese peinado casi salvaje oh, pero en las lágrimas derramadas ya no había tristeza en su terso rostro había felicidad, y fue cuando comprendió que no había otro estúpido enamorado de ella, porque por alguna extraña razón ella también, ella podría o hasta posiblemente lo amaba lo vio en sus ojos, en su voz.

La vio de reojo, mientras bebía un poco de vino, y un coronel amigo del difunto padre de su futura esposa le hablaba de Darwin, realmente no le ponía atención, Serena se había disculpado enormemente y él la había ayudado, estaban comiendo y su compromiso no se había anunciado aún, ya no le importaba mucho el tiempo cuando ella también lo quería, se había cambiado de vestido a uno mucho más precioso y más escotado que el otro y oh, ese aroma de lilas que siempre desprendía su cuerpo le volvía loco. Platicaba animosamente con su hermana, ya era muy noche pero su madre no le decía nada a su hija porque su hermana pronto la dejaría y porque quería que estuviese todo el tiempo y compensara con su futuro nuero.

- Realmente la teoría de Darwin me tiene sin palabras, señor Black, a lo que me refiero ¿se da cuenta?, lo de la evolución – rió con diversión, el coronel que se encontraba del lado derecho de él, rechoncho de cuerpo y de muy baja estatura, con bigote hirsuto color café y unos ojos expresivos color azul, Diamante sólo se limitaba a asentir muy esporádicamente daba su expresión al famoso y dicho tema, porque realmente si le importaba pero ¿realmente no le importaba a la gente que quería estar con su novia en estos momentos?

Serena se encontraba platicando animosamente con su hermana, la mirada que Diamante la brindaba le encantaba pero también le incomodaba un poco, era una mirada diferente al de su sueño pero era él, no sabía cómo pero era él. Su forma de expresarse tan dulce y querido, después de haberse disculpado por la vergüenza que había causado a la familia y después de la cara de su madre de asesina respiró hondo y comentó lo cuán equivocada estaba por el mal entendido que todo había causado, los presentes primero la habían observado con miradas extrañas y uno que otro murmuraba que era una señorita muy impetuosa pero después de unos tensos segundos la gente se echó a reír por el vestido y peinado desaliñado por su piel llena de tierra y reparó entonces que realmente no se veía apropiada y ¡gracias a Dios¡, que su vestido era demasiado grande que no se dieron cuenta que estaba descalza.

- Pero en serio no te sientes mareada Sere – sonrió pícaramente Mina.

- ¿Mareada? Por supuesto que no, y más si mi querida hermana ha tomado ya tres copas de vino – dijo un poco enojada.

- No Sere, no, esto no es nada para mí – rió su hermana, mientras su esposo la miraba de vez en cuando y ella le sonreía –. Pero no es el vino lo que… espera… ¿sólo has tomado media copa de vino? – dijo sorprendida y Serena asintió – Si que se me pasa el tiempo sumamente rápido, no, pero no, como te decía no es el vino si no – bajó la voz un poco más –, sobre Diamante Black, la verdad es que nuestra madre ya me había… - Serena arqueó las cejas un poco disgustada – No, no me digas nada, sólo me mencionó que tenías un nuevo pretendiente ¿acaso no recuerdas que te dije que había una sorpresa?

- Si pero… - suspiró - ¿Pero por qué no tuviste la decencia de no decirme absolutamente nada?

- Hermanita para qué decirte cuando era una sorpresa, y la verdad es que pensé que te iba cortejar y esas cosas, como a mi me pasó con mi adorado Malachite, y si no te agradaba o nuestra madre no lo aprobaba bueno estaba la segunda opción – bebió más vino –, aunque pensándolo bien no hay otra segunda opción, pero bueno realmente me partió el alma saber que el prometido posiblemente lo aborrecías el chico misterioso de ojos azules de tu sueño ¡resultó ser el vanagloriado señor Black!, aunque es extraño todo, pareciera como si algo malo se aproximara ¿no lo crees?

- ¿A qué te refieres Mina? – Comentó Serena seria, mientras le daba un micro sorbo a su copa - ¿Piensas que Black es malo?

- No Black no, ¿sabes? – sonrió – Al señor Black siempre pensé que le gustabas se le veía a leguas pero como viajaba mucho pensé que había desistido o hasta casado cuando se marchó a Alemania, pero lo que quiero decir es que todo esto de tu anuncio de matrimonio es demasiado rápido – Mina la miró fijamente mientras agarraba las manos de Serena enguantadas –. Algo, algo no me cuadra con todo esto, supongo que esa arpía de Rei le ha de estar aconsejando mal.

- Mina no digas esas cosas tan horribles de Rei – la miró ceñuda –. Bueno es cierto que las cosas son tan… drásticas pero eso no quiere decir que Rei le haya dicho a nuestra madre esas cosas, ella misma me dijo que no tenía la menor idea, sabía lo mismo que tú.

- ¡Ja! Júramelo – dijo sarcástica –. Pero estoy segura que pese a que Rei ha estado con nosotras mucho tiempo ella no me agrada y pensar que será doncella tuya, deberías de venderla.

- ¡Mina! No puedes ser tan cruel, ella no es mala ya lo dije es muy buena y me quedaré con ella porque… bueno porque realmente ha estado con nosotras mucho tiempo y creo que la considero una amiga.

- Es que Sere es la verdad, yo presiento que… - el mayordomo la miró y ella entregó su copa –. Mejor tráigame la botella – Serena iba a decirle algo pero ella habló para callarla –. Black es una persona sumamente tranquila, y él hará todo lo que tu pides, pero nuestra madre así sin más le dio tu mano algo se tiene nuestra madre… - el mayordomo regresó con la botella de vino y lo puso en la fina mesa – Gracias, pero enserio siempre me ha dado mala espina y con lo de nuestro padre no creo que haya sido un accidente porque…

- Mina esto es suficiente – dijo Serena entre dientes –. Yo no quiero recordar eso, ¡jamás!

- Lo siento olvidé que… bueno tú… mejor me quedó callada – sonrió avergonzada.

Era cierto lo de su futuro anunciamiento y su casamiento propiamente dicho, pero lo cierto es que Serena sabía que su madre estaba enferma y no sabía si era demasiado grave para que tomará decisiones así tan rápidas. No podría decirle a Mina que su madre se hacía la fuerte. Serena observó a su madre toser y a Rei brindándole un té, y suspiró temerosa, no podía decirle a su hermana lo que le había dicho Rei después de todo mañana marcharía a su perfecta Luna de Miel, y odiaba que su hermana le recordará la muerte de su padre, simplemente no era algo lindo y grato de recordar, de por sí lo único que se acordaba era que fue de noche, una sombra, un sonido en seco al pie del escalón y la nada, porque se había desmayado y fue cuando supo que su padre había muerto. Le habían dicho a su familia el galeno quien había tomado la autopsia de su padre que sus fuerzas se habían ido hasta que perdió la consciencia y fue su fatal muerte.

Meneó la cabeza creyendo así olvidar lo poco que la hacía sentirse tan miserable y traumada. Porque después de todo, ella debería de sentirse feliz, que de hecho se sentía feliz, el chico de la biblioteca iba a ser su futuro esposo, el príncipe azul de sus sueños estaría con la princesa, realmente eso es todo lo que importaba, lo que realmente le importaba, no le diría nada a su hermana, no quería preocuparla por banalidades del destino, ella se marcharía, tendría una linda familia en España y si Diamante así lo deseara la iría a visitar con toda la frecuencia que ella y su futuro esposo podrían.

- Sere, realmente no mentías cuando decías que el señor Black me caería estupendamente – sonrió Mina, rompiendo la burbuja de pensamientos de Serena –. Se me hacía una persona dedicada y hasta machista, pero cuando lo describiste bueno, sencillamente, sería mi hombre ideal sino fuera que Malachite fue primero y que pese a que mi esposo muestra una forma seria oh no, corazones vemos, caras ni las conocemos ¿no Sere?

- Puede ser… - echó a reír – Pero es caras vemos corazones no sabemos, no sabrás decir bien los dichos de la gente, pero sí ¿por qué no? Además que tu esposo se parece al señor Black, lástima que esta enamorado de mí y yo de él.

- Qué rápido pasa nuestra niñez – meneó la cabeza sonriendo.

- Señorita Serena – Serena alzó la vista y por muy extraña situación pudo ver por vez primera a su cuñado, su corazón le retumbaba, si bien cada que venía a la mansión lo veía pero casi siempre estaba con su hermana y ella se encerraba con su institutriz de música pero verlo tan cerca sin esa careta de seriedad con esa sonrisa franca, oh que lindo se veía –. Me tendré que llevar a mi esposa ya es muy tarde y marcharemos mañana, así que se la robaré.

- Oh sí, sí – medio sonrió Serena mientras Mina se paraba y Malachite le tendía su mano - ¿Te irás muy temprano?

- Así es Serena, mi esposo quiere llevarme a un lugar diferente tu sabes, pero te prometo escribirte y… - se agachó con disimulo – Te trataré de decir con lujo de detalle – Mina se percató que su esposo le había escuchado, Serena se ruborizó y Mina se limitó a carraspear –. El lugar en donde me llevara mi amado esposo.

- ¡Claro, claro! – Apresuró a decir Serena mientras un sentimiento sumamente extraño para ella pasaba por su espina dorsal – Espero verte, sí, tendré que despedirme de ti, cuídamela mucho señor Shusikawa.

- Claro que si, señorita pero por favor – sonrió levemente –, deje las formalidades para antes ahora también soy tu hermano político, sólo dime Malachite aquí entre nos – susurró –, me hace sentir un poco viejo el apellido.

Serena soltó una risita mientras con su mano se tapaba la boca – Que cosas dices… - divagó y Malachite la instó a que estaban en completa confianza – Malachite.

Su hermana se despidió y más propiamente y delicadamente le dijo que al menos cuando pudiese dadas las circunstancias le diría a donde había sido la Luna de Miel. Serena había asentido aunque no comprendía porque lo había hecho, y fue así como los perdió entre la fiesta de la boda de su hermana y alcanzó a distinguir el vestido impresionante de la ahora señora Sushikawa perderse entre el gentío que se hallaba en las escaleras. Suspiró hoy era el ultimo día que su hermana pasaba en la mansión Tsukino, aunque posiblemente sonrió irónicamente ya no se llamaría más Tsukino, ahora sería Black ¿seguiría la mansión identificándose con la media Luna? De momento se encontraba sola y esa soledad le agradó, vio disimuladamente a su futuro esposo y este mucho más inteligente la pilló mirándole, se regañó para sus adentros.

Entonces Diamante rechazó el champagne que le brindaba un mayordomo y con gentileza se acercaba a su prometida, a su esposa que aún no se decía el anuncio, pero ¿a quien le importaba? Serena se puso nerviosa, una cosa es que sentía lindo estar con Diamante pero tenerlo tan cerca, susurrándole lo mucho que ansiaba estar a su lado le aterraba y no era en si el hecho que no le gustaba, era en si que le atemorizaba no saber que decir ante eso ¿cómo le hacía su hermana? Mientras estaban de regreso a la mansión Diamante no le había quitado la vista de encima y eso le ponía nerviosa.

Diamante sonrió y una señora algo rechoncha al parecer lo había retenido aunque Serena sabía perfectamente que su Diamante la hubiese podido disuadir, ¿podía decirle algo a Diamante? ¿Cómo si fuese de su propiedad? La idea le agradó pero ¿estaba correcto decirle algo como eso? Diamante platicó al parecer animosamente con la señora rechoncha y ambos voltearon a verla cosa que a Serena no le agradaba, ya que aún era una señorita y que aún no estaba "lista para cortejos" se ruborizó inmediatamente. Entonces escuchó como otra persona sin pedirle el permiso se sentó a su lado, eso no le agradó hasta que vio ese vestido perfecto, el pelo, ahora que lo notaba un poco opaco y sin brillo, la piel que la tenía poco bronceada cuando la había visto ahora se le veía amarillenta, alzó la vista y ahí la veía a su lado con su cara maternal, más tranquila después de su estúpido percance que ella misma había hecho, su cara se veía un poco más delgada y los ojos hundidos, sin duda su madre estaba demasiado enferma ¿por qué no lo había notado antes? Por supuesto que tonta era, estaba encerrada en el Convento y sólo reñía con su hermana y con ella hasta que Rei le había dicho lo enferma que estaba. ¿Estaría sufriendo tanto? Suspiró resignada al saber que por más que le llegase a preguntar sabía que jamás le diría y le regresó la sonrisa tranquilamente.

- Es un joven espectacular ¿no lo crees hija? – sonrió mientras tomaba finamente el vino, Serena se ruborizó y miró a Diamante aún platicando con la señora regordeta.

- S-si – tartamudeó sin quitar de vista a Diamante, ¿qué podía decir? Lo cierto es que sólo se acordaba de él en la biblioteca Mina le había perjurado que ya tenían tiempo de visitar la mansión y que ella misma había pensado que quería algo con ella, pero Mina se había percatado que quería a su hermana, en esos momento ¿el señor Black no era tan importante? Se horrorizó de tan solo siquiera pensar en ello.

- Oh querida – tosió y la miró –. Realmente, pensé que me ibas a odiar por esto hija.

- ¡Oh no! No, no, no – meneó rápidamente la cabeza y la miró con ternura ¿por cuánto estaría pasando su madre? Si tan sólo su madre le dijera lo cuan enfermaba se encontrara sólo así quizás no sea tan así - ¿Cómo podría odiarte?

- Hija, lo vi en tus ojos en el comedor, lo vi en tu determinación – sonrió levemente pero con tranquilidad –. Me sorprendió que mi tímida hija tomara esa determinación, sé que he cometido errores – Serena iba a protestar pero su madre con un movimiento de mano la hizo callar sutilmente –. No hija, soy ya una señora grande y sin ganas de la vida…

- ¡No diga eso madre! – dijo alarmada, ¿cómo no se había dado cuenta? Quizás su madre le había dolido en demasía la muerte horrible de su padre por eso creía que ya no era tan importante la vida – Madre pero si estas joven – recalcó y era cierto, todos lo sabían, a pesar de todo y de todos los pretendientes que la acechaban después de haber quedado viuda y que a ella por supuesto odiaba ya que pensaba que eran unos buitres pero algunos eran dignos de ella pero su madre los rechazaba a todos y seguía muy obstinadamente el luto, ¿se habría enfermado desde que su padre murió? Era lo más probable.

- ¿Joven? – Rió divertida mientras Rei se acercó a su madre entregándole un té – No ahora Hino – Serena alzó la cejas incrédula, Rei por su parte hizo una mueca al escuchar su apellido –. Rei, estoy hablando con mi hija creo que no es prudente que me tome – divagó mientras veía profundamente a su doncella –… el té.

- Señora, insisto – dijo tercamente mientras le acercaba el té, Serena alcanzó a percibir que no era el simple té verde o negro con limón que siempre tomaba, el aroma le llegaba de muchas hierbas o algo más ¿qué podría ser?

- De acuerdo – Serenity agarró la fina taza y Rei sonrió y se retiró sin más.

- ¿Por qué tanta insistencia de Rei en el té mamá? – Serena observó a su madre con una cara un poco de tristeza y dejó a un lado la copa de vino para sorber el té.

- Es que últimamente no me he sentido bien – sonrió y Serena le regreso el gesto aunque no muy convencida de lo que había hecho era una sonrisa feliz – He querido suponer que es lo de la boda de tu hermana y lo de anuncio que supongo que se dará en breve ya que como sabrás la comida la cancelé a medio cocinar me encontraba nerviosa porque pensé que te marcharías, ya que temí que te hubieses enamorado de otro señorito, pero bueno no importa.

- ¿Enamorada de otro señorito? – Dijo contrariada – Pero si madre… sólo… no conozco a nadie – encogió de hombros viendo inverosímil la idea… aunque… sonrió divertida… ¿valdría el chico de sus sueños? Solamente eso si es que se contaba como un señorito y que posiblemente ya se había materializado y se encontraba frente a sus ojos ahora con una copa de vino viéndola de reojo.

- Es que no lo sé hija, ya me estará fallando mi intuición femenina, pero el señor Black pensó exactamente lo mismo que yo por eso sin titubear fue rumbo a ti, ese joven te ama como no tienes idea hija, por eso osé en darle tu mano a en matrimonio y le recé a Dios para que todo marchará espléndidamente aunque mi juicio se había nublado un poco y pensé que nuestro salvador nos había abandonado.

- Entienda madre – bajó la vista revolviéndose los guantes –. Me aterroricé, le tenía un poco de envidia a mi hermana, ella tuvo su propio cortejo y al tan solo pensar que yo me iba a volver la ya prometida, me aterroricé, porque ¿qué tal si él no era el indicado? Pensé que si lo aceptaba ya que me había dicho que me amaba con el tiempo lo querría pero ¿por qué precisamente yo?

- Tu hermana y sus deseos liberales ¿verdad? – Asintió con vergüenza – No, esta bien, que tal si tu hermana hace una nueva revolución de las cosas, siempre me ha gustado que sean liberales conoces como era tu padre que en los cielos descanse y siempre las vio como sus querubines cuando en realidad las dos eran unos demonios – Serena se echó a reír –. Y también me conoces a mí, nunca les dijimos que una mujer debe de ser sumisa, afortunadamente se toparon con unos padres muy considerados, pero conscientes de las reglas de sociedad.

- Por eso mismo madre, comprendí la situación y la verdad – meditó Serena ¿qué ya había conocido a Diamante? Tenía ganas de decirlo eso a su madre, aunque ella sabía que se conocían de hecho le había sorprendido que los dos se encontraran muy tranquilos, al menos eso fue lo que dio a entender su madre –. Yo… yo… conocía a Diamante – finalmente se decidió a decirle y a verla a los ojos su madre dejó el té ya terminado.

- Eso ya lo sé Sere, ¿no pensabas que tu madre te iba a dejar al mejor postor o sí? Yo también lo conocía a la perfección, sé que es un hombre demasiado poderoso, le ha servido a la reina Victoria y por si eso fue poco, tiene una empresa de textiles, le va muy bien a los Black hija, son muy ricos y respetados…

- ¡Vaya! – se asombró Serena lo cierto de todo es que no tenía ni la más mínima idea de lo que realmente hacía el señor Black, sí, en efecto había escuchado de él a voces pero no le recordaba y ni le interesaba… claro hasta ahora.

- Pero aún no son tan respetados como los Kou.

- ¿Los Kou? – comentó extrañada, nunca los había escuchado mencionar, si es que eran tan respetados como su madre le decía, posiblemente los conocía y no se acordaba de ellos.

- Si hija, si los conociéramos posiblemente te hubiera dado en matrimonio con alguno de ellos – suspiró, entonces Serena comprendió que los Kou eran mucho más importantes aún inclusive que toda la gente que se hallaba en su hogar –. No, quise decir si aún estuvieran aquí.

- ¿A qué te refieres madre? Se marcharon al… - susurró - ¿Nuevo Mundo?

- Oh hija – dijo exclamando casi horrorizada - ¿Cómo crees que los Kou se irían al Nuevo Mundo? Son contados los burgueses que van a ese lugar, aunque mi futuro yerno tiene fábricas allá – su hija la miró sin comprender nada de lo que decía y Serenity rió levemente –. Ellos ya no importan es una lastima lo que les ocurrió.

- ¿Fue algo malo? – sin saberlo les dio un poco de lástima.

- Muy malo querida, pero no hablemos de ellos ahora, ya lo escucharas por la gente – asintió temiendo por los señoritos Kou –. Pero estoy segura que el señor Black te hará sentir exactamente como la mismísima princesa, hasta la reina Victoria te tendrá envidia por su amor.

Serena rió dudaba mucho que su amor se igualara como el amor que su reina le sintió a su ya fallecido esposo Alberto de Saxe-Coburg-Gotha, aunque ella no estuvo en esas fechas ya que aún no había nacido. Su madre y también su abuela habían dicho lo mucho que la nación había sufrido por la perdida de esposo y de toda Bretaña ese tema era muy delicado de tocar y por demás casi sagrado cuando se hablaban del amor que se tenían. Por eso un amor casi en su totalidad del como había tenido la reina lo dudaba… y aunque después de saber lo que pasó no le gustaría aunque quién sabe ese si era un amor puro el de la 'viuda de Windsor'

Un mayordomo se acercó a Serenity y le susurró algo que Serena no alcanzó a escuchar, su madre la miró y sonrió, se paró suavemente de su asiento pensó que se iba a marchar o que alguien inesperado había venido pero entonces miró a los músicos que tocaban sin cesar una pieza que Serena no reconoció pero sabía que era el toque del maestre Vivaldi, su madre hizo un ademán con las manos indicando así el cierre por unos momentos de la alocada música que con tanto énfasis y entusiasmo tocaban los interpretes. Toda la gente por consecuencia voltearon a la dueña aún legitima de la mansión, Serena se sintió juzgada al ver a la gente, sintió que cada vez su cuerpo se estremecía y se encogía.

- Señores, me comenta mi mayordomo que la cena ya esta concretada, es cuestión que tomen la gentileza de acompañarnos y aunque mi hija no se encuentra ya con nosotros, los invito a comer en mi casa ya que también es su casa – Serenity sonrió mientras la gente sonreía complacida sin duda los invitados ya se morían literalmente de hambre –. A parte hay otra cuestión que tengo que informar de suma importancia para mi familia.

Serena alzó la vista un poco turbada y con un ligero sonrojo en las mejillas, la garganta le dolía y el corazón le palpitaba con fuerza, de un momento a otro se mareó. Diamante había desaparecido de su vista se restregó las manos tallándoselas debido a los guantes que tenía, ¿qué tal si arruinaba todo? Todo en su mente estaba ya tan confuso viendo como uno a uno los invitados gustosos se sentaban en los lugares, la servidumbre ponía el festín y el aroma de la comida en vez de abrirle el apetito le había dado un poco de asco, entonces reparó en el lugar que se encontraba, era el centro de atención, ¡diablos!, se maldijo. Quería huir y cambiar de lugar lo más pronto posible pero era demasiado tarde porque al parecer en toda la periferia que veía los asientos se estaban ocupando ya.

- Tranquila, tranquila – susurró su madre reconfortantemente a su hija desesperada.

Serena asintió nerviosa ¿tranquilidad? Lo dudaba, ¡maldición! Tenían una casi descomunal mesa y… y… ella muy torpemente se había quedado ahí en una de las sillas principales, ya que como hermana de Mina teóricamente se tenía que haber sentado en un lugar no tan importante pero su madre había insistido en que las hermanas se tenían que sentar cercas. Su madre le dijo que se recorriera de asiento ya que estaba ella muy mal ubicada casi protestaba y sintió como la mandíbula caía de sorpresa pero a regañadientes tuvo que sutilmente y con delicadeza sentarse en el lugar ¿es que acaso su madre no entendía que quería pasar inadvertida? Sentía como todos la miraban, sintió como alguien se sentó a su lado, y tragó saliva duramente, deseó en esos momentos no haber dejado el abanico en su cuarto porque lo necesitaba con mucha urgencia.

- Siento que todos me miran – musitó Diamante mientras bajaba sutilmente su mano izquierda y entrelazaba sus dedos con los de Serena.

- Me miran a mí – corrigió Serena, mientras apretaba suavemente la mano de su futuro prometido.

Diamante no le contestó porque un señor que no supo identificar entablaba una conversación muy aristócratamente con él. ¡Oh no! Sentía que se iba a casar, estaba en el lugar de su hermana y Diamante en el lugar de Malachite, eso la hizo ponerse más nerviosa, un mayordomo de facciones toscas le sirvió crema, para su mala suerte era de unas espinacas muy potentes, ¿sobreviviría? Se preguntaba constantemente, con cuidado sorbió la crema y manchó el mantel, se regañó para sus adentros, sus modales se entorpecían a cada platillo nuevo que traían. No quitaba Diamante la mano de ella, Serena sentía que era su soporte por alguna extraña razón.

- Señores con anterioridad he dicho que tengo algo que contar – Serenity carraspeó y Serena casi se desmaya si es que Diamante no le apretaba la mano para que su alma regresara a su cuerpo –. Una noticia tan importante y digna de mencionar en esta sutil y bellísima fiesta. Por favor señor Black –Serenity miró a Diamante y este asintió y soltó suavemente el agarré de su mano con el de Serena y se levantó, algunos lo miraban extrañados y otros enojados – El señor Black, hoy será parte de nuestra ancestral familia, gentilmente pidió la mano de mi hija quien por supuesto gustosa acepté.

Las chicas miraron a Serena con desdén, los chicos veían con furiosos ojos a Diamante, pero este les regresó la sonrisa más feliz y cínica que pudo hacer – Así es, yo Diamante Black – dijo con arrogancia quería dejar en claro que por supuesto Serena nunca estuvo como partido, sabía que todos aquellos jovencitos eran muy imbéciles como para hacerle frente a él –. Siempre me ha gustado la integridad con que el señor Tsukino quien Dios lo lleva en su infinita gloria ha llevado a ser parte de nuestra familia, a pesar que no es todavía parte de la nuestra y tanto como yo no soy parte de la suya, por eso querida gente, Serena Tsukino será mi prometida.

Hubo unos momentos de silencio, Serenity pensó que su hija se había arrepentido. Diamante creyó que algún inepto iba a serle frente, lo miraban con todo el rencor posible y las mujeres a él no le importaba en lo absoluto la única mujer que quería estaba a su lado y aunque infinidad de personas importantes quizás inclusive que la familia misma con la que se iba a relacionar, lo querían como yerno él lo negaba con mucha cortesía, él sólo tenía ojos para su Serena, ¿qué podían hacer esas señoritas? Nada, absolutamente nada, quizás llorar, además que quedarían mal ante la sociedad. Serena por su parte se quedó estática, nunca había visto en su vida tantas personas reunidas que le tenían odio y que la querían ¿tan distraída era? Abrió la boca pero no tuvo la menor idea que decir, su hermana horas antes le había dicho que las palabras para dirigirse con la gente era tan sencillas y cuando la vio en aquella entonces aceptando a su ahora esposo le creyó pero… ¡eso no era cierto! Su mente estaba en total y completamente en vacío. Entonces se paró de su asiento, los ojos inquisidores se posaban en ella, tanto tiempo en el Convento Saint Peter no había funcionado porque había olvidado todo.

- Mi hija esta nerviosa – sonrió Serenity un poco nerviosa, quiso ver a su hija y regañarle con la pura mirada pero desistió porque quizás la espantaría y saldría corriendo esta vez de la mansión.

Serena escuchó la respiración de Diamante, y eso le alteró ¿no se suponía que le tenían que salir las frases del amor tan fluidamente? Entonces comprendió que todo lo que decían los demás era una mentira no tenía ni las más remota idea, en la Biblia no hablaban de frases del amor, y los libros que había leído románticos nunca decían tales cosas, frunció el ceño, tenía que leer más historias románticas.

- Lo siento mucho – respondió débilmente, ¿qué más tenía que decir? – Pero me he quedado sin habla porque… - bajó la vista y vio el champagne de Diamante y lo sorbió apresuradamente, ¡qué tonta! Se regañó si se mostraba nerviosa ahora si se le notaba más además… ¿qué demonios había hecho? Le rezaba a Dios que el ligero alcohol de la champagne no le surtiera efecto porque era su primera bebida alcohólica y ¡era la copa de Diamante!, y lo había sorbido apresuradamente, ¡qué tonta! Se regañó si se mostraba nerviosa ahora si se le notaba más además… ¿qué demonios había hecho? Le rezaba a Dios que el ligero alcohol de la champagne no le surtiera un efecto rápido – Porque no me esperaba esto, sí, mi madre me dio una grandiosa sorpresa, para mi también lo es, pero no tanto porque en efecto el hombre que se encuentra a mi lado es la persona con la que siempre he soñado así que la idea del compromiso me ha maravillado.

- Eso es muy poco tiempo, ¿cómo puede haber compromiso? – Murmuró un joven pelirrojo – Es tonto, ¡ni siquiera se ha hecho lo propio! – Serenity sonrió entre nerviosa, enojada y con acongoja, Diamante lo miró furioso, iba a empezar a hablar pero Serena escuchó cosas incoherentes, ella tranquilizó a Diamante y miró al joven angelicalmente.

- Señorito, tiene toda la absoluta razón pero… - miró a su madre y después al chico – Ese es el protocolo pero no cree usted suficiente el hecho que he conocido a Diamante hace mucho tiempo y que él ha mostrado un riguroso interés hacía mi persona – el chico iba a protestar pero Serena creyó oportuno hablar primero porque supuso lo que iba a decir –. Quizás se refiera en la época en que el señor Black tuvo que viajar ¿no es así? Pero temo que confesar que el señor Black tuvo contacto con mis familiares – sonrió felizmente y Diamante se sorprendió levemente al igual que su madre, hasta ella misma lo sintió, nunca se imaginaba que podría ser una mentirosa innata y le agradó –. Por eso, dado que mi madre esta aún de luto no quiso causar tanto revuelo por el cortejo del señor Black, pero por eso creímos más conveniente hacerlo aunque nunca creí que sería este día.

El chico pelirrojo iba a abrir la boca para protestar pero el chico se sintió en una especie de consejo ya que algunos lo miraron con cara de frustración ya que la señorita ya se había explicado y era compresible, por la muerte del señor Tsukino. Quiso salir del lugar pero como caballero se quedó ahí viendo a su princesa en las garras del monstruo.

- Dadas las consecuencias y que este mal entendido se aclaró – prosiguió Serena tranquilamente, se volteó a ver a Diamante y lo miró con un brillo inquietante en los ojos –. Nada me hace más feliz aparte de que mi hermana se casó que hoy sea tu prometida, y que en un futuro sea parte de tu familia y tú de la mía.

- No hay más – susurró Diamante emocionado y sacó una caja rectangular, se lo dio a Serena quien lo abrió enfrente de los presentes –. Eran de mi madre, el hermano mayor debe de seguir con la costumbre ¿me hace el honor señorita? – Serena asintió y Diamante pasó seductoramente sus manos por el cuello de Serena, le puso el collar que tenía el emblema característico de los Black, la media Luna hacía abajo, muchos habían pensado que eran enemigos de los Tsukinos pero no era así. El collar estaba lleno de diamantes color negro – Ahora para terminar – dijo sonriente sacó la ya tan famosa cajita redondeada color vino, el anillo de compromiso era igual que el collar, le quitó con perfecta suavidad el guante y se lo puso en el dedo anular Serenity creyó que su futuro yerno le iba a doler la boca de tanto sonreír. Diamante atrajo a Serena a su pecho –. Te amo – susurró.

Serena sintió un hormigueo en el estómago, sintió el peso del anillo que se hallaba en su desnuda mano, escuchaba a la lejos los aplausos de la gente que a decir verdad la gran mayoría ni siquiera conocía ahora su mundo se había sólo centrado en Diamante y en ella. Por unos segundos se atemorizó de abrazarlo pero ¿por qué dudar cuando era tu prometido? Lo estrechó también, al menos creía que a pesar de todo, aunque creyó que lo odiaría lo cierto es que ella jamás podría odiar a nadie y ahora que estaba completamente segura que él era el chico que con tanto tiempo había soñado.

No cabía ni la menor duda en ella. Serena se sentía enamorada.

- Yo también, te amo – susurró tímidamente.

Diamante resopló fascinado, esta noche era tan perfecta, demasiado perfecta para ser real pensó.

///o///

Tantas semanas, días, horas, ¿a quién demonios le importaba el tiempo? A él por supuesto que no. Su saiai le había dicho que su hogar se hallaba al sur, era una buena rastreadora, pero todo esto lo tenía que hacer solo. Completamente solo, tanto tiempo que no había visitado su horripilante hogar. Le dio tanta gracia su otro yo, todas las mujeres eran unas desgraciadas.

Se sintió transportado en aquellas épocas en donde la cortejaba, pero mientras esos lindos recuerdos que le pasaban por la mente los quitó con fiereza rompiendo un árbol que se hallaba en su paso, eran recuerdos tan absurdos ahora que lo meditaba muy bien, porque de ser así él no hubiese tenido esa tan mala suerte.

Olía cada vez con toda la claridad a la gente ese aroma tan dulce y que para los demás humanos era salado. La lluvia había sido tan impresionante unas horas antes pero ahora sólo se reducía a unas gotas gruesas que posiblemente para la gente normal fastidiaba por no dejar la vista con toda claridad, pero para él era una especie de purificación que le daba Dios, él siempre se había criado un poco religioso, sonrió irónico 'Y pensar lo que tanto se temía pasó' pensó divertido.

Neherenia se había marchado más hacia lo que ella decía que era el norte, pero de igual manera le creyó, ¿cómo no creerle? Se detuvo de súbito, escuchando ahora sí en sus oídos perfectamente desarrollados a la gente, el bombeo de sus vitalidades, estaba a unos cuantos pasos del pueblo, de la villa, del condado, de su casa. Sonrió retorcidamente, si hubiese habido alguna persona cerca, hubiese jurado haber visto el mismísimo ángel ante sus ojos, el cuerpo perfecto ante tan pálida tez hermosa, el agua caía rápidamente por su cuerpo y su cara dándole un ápice de sagrado, pero si lo hubiesen mirado con tanta admiración como la gente hacia hubiesen visto a la luz de la noche esos ojos rojos que parecían de demonio y esa sonrisa tan sepulcralmente maldita. El horror y el miedo los hubiera paralizado.

Dio un paso, una ola de dolor le punzó en su cuerpo, ¡desgraciadas cosas humanas! Le daba rabia pensar que todavía tenía esas cosas en su mente, teóricamente ya era un ser perfecto ¿por qué le pasaban cosas de seres imperfectos? El lugar no era uno que le atraía recuerdos ni buenos ni malos pero el aroma sí, cuando su padre le había enseñado a montar y le había dicho en esa entonces que cuando estuviese con una mujer sentiría una conexión tan fuerte que moriría si algo pasara con la conexión y él muy estúpidamente creyó que esa conexión le había pasado… claro que era muy idiota e ingenuo en esa entonces. ¡Quién iba a pensar! Que él sería el monstruo que la gente temía en su época.

'Por fin' el lugar era de mala calaña, la gente era de muy bajos mundos unos lo miraban atemorizados y otros con caras de pocos amigos, las prostitutas se le insinuaban con descaro diciéndole lo bien que se la pasarían no lo dudó, sabía que tan bien se la pasarían pero no por lo que ellas creían, siguió su camino, tranquilo pese a las gotas aún que caían, las luces alumbraban muy pobremente el bajo mundo pero él tenía ojos muy desarrollados. Su casa estaba en los mejores puestos, un poco a la fueras del típico lugar burgués, sus ancestros así lo habían querido por ser de la nobleza. Casi no había gente y caminó un poco más rápido llegaría en minutos, se percató que su ropa estaba un poco pasada de moda ¿cuánto tiempo habría pasado?

¿Su casa se vería igual? Y lo cierto es que aún no tenía respuesta de su hermano Yaten, y no tenía la menor idea de que había sido de su otro hermano, esperaba sin muchas ansias que Yaten le dijera que había sido de él. Entró a las espesuras del bosque, se detuvo en seco, y vio que a kilómetros de ahí había otra casa, otra mansión, apretó la mandíbula, en esa estúpida mansión estaba ella, o quizás ya estaba vieja, aunque no olió su aroma lo atribuyó a que se revolvía con el aroma a barro, a tierra mojada y a plantas, se dirigió más del otro extremo, y ahí vio como los muros se alzaban, él siempre creyó que su casa era una especie de fortaleza.

No recordaba donde se encontraba la casa y ni tampoco si se hallaba en buenas condiciones, saltó sin ninguna dificultad todo el muro que era de su propiedad. Ahí lo vio entre la llovía, su casa, su castillo, lo demás ya no le importaba, sintió un escalofrió al voltear del lado derecho y saber que ahí había un peñasco, meneó la cabeza tratando de sacar de su mente la imagen de alguien aventándose. Caminó decidido hacía la puerta principal y una ola de recuerdos confusos lo abrumó ¿por qué seguía sintiendo esas cosas? Era tonto, demasiado tonto para su gusto. No tenía llaves ni nada, ¿qué se supone que tenía que hacer ahora?, ¿romper la puerta?, ¿tocar el aro de fierro? Se movió incómodo al no saber que hacer, finalmente resopló y optó por tocar el aro, no iba a derribar su propia puerta.

Tardaron unos minutos en abrir, se sentía extraño, sabía que él estaría al tanto del castillo, de lo que realmente pasó de lo que era él, ¿lo abandonaría?, ¿trataría de matarlo? Aunque la mayor parte del castillo él no estaría para verlo todavía le daba miedo. Un chico de cabellos rosas le abrió. Al principio lo había visto ceñudo y Seiya casi juraba que iba a gritarles a los guardias ¿por qué había guardias? Pero Seiya se metió muy impetuosamente al fin y al cabo era su casa ¿no?

Pero el chico no dijo nada estaba atónito ahí parado, viendo como escurría el agua y empapaba el lugar. Seiya observó el lugar y supo que todo seguía igual, frío y oscuro con un poco de polvo en las cosas que no necesitaba, miró al chico que se encontraba restregándose las manos sin el habla.

- Rubeus, tenía ganas de venir a la casa – dijo con simpleza Seiya.

- Oh sí, sí, amo – se pasó su mano por la boca –. No- no sabía que supiera mi nombre, ha pasado tantos años amo, es la primera vez que le conozco.

- Me dijo Yaten.

- Oh sí el amo Yaten ha pasado por aquí – Seiya frunció el ceño instándole a que dijera cuando fue la ultima vez que había pasado por aquí –. Bueno amo… fue… hace como cinco años si no me equivoco.

- De acuerdo – el lugar era inmenso de hecho en su vida jamás había tenido el tiempo de ver todo lo que el castillo tenía.

- Amo ¿no desea cambiarse de ropa?

Seiya rió a carcajadas ¿cambiarse de ropas? Ese hombre era gracioso, ni siquiera sentía nada de frío ¿acaso pensaba que se iba a morir de pulmonía? Pero no lo negaba su preocupación le había sumado puntos. Rubeus se hallaba nervioso – Claro, claro, tráigame ropa seca.

Rubeus asintió respetuosamente y Seiya se dirigió a la sala, era inmensamente grande, había residuos de polvo pero no como creyó, supuso que Yaten en su última visita había hecho de las suyas. Se tumbó en un sillón cerca de la chimenea que se hallaba prendida, miró de soslayo la pintura que se hallaba finamente decorada de oro, abajo la plaquita que sabía a la perfección en qué época y qué era lo que decía, decidió no limpiarla. 'Éramos tan felices' pensó al pasar sus dedos en la pintura. Rubeus carraspeó y Seiya de inmediato adoptó la posición de sarcasmo y superioridad, absolutamente nadie tenía que verlo flaquear.

- Amo, sus ropas – le entregó unas ropas demasiado extrañas, rió divertido, pero de igual manera se las puso sin ningún tipo de pudor se desvistió en frente de su sirviente - ¿Algo más? – Seiya asintió.

Se abrochó la camisa fina y se dirigió a la ventana en donde arrugó la frente y la nariz al ver a lo lejos esa mansión asquerosa, recordaba como se escapaba para verla, pero la muy maldita… - Tengo hambre – Rubeus no supo contestar –. Tráeme algo de comer.

Rubeus se quedó pensativo ¿traerle comida? ¡Eso era una locura! – S-si, amo – dijo aturdido, mientras salía de la inmensa sala, tragó saliva esperanzado de encontrar a la comida, él era joven y quería seguir con vida pensó desesperado.

Seiya no quitaba la vista de la mansión los recuerdos le dolían, pero no más, para eso había venido, para olvidar, porque ahora había regresado al castillo, a su casa.

Continuará…


¡Hola! :D

Bueno chicas, después de haberme recuperado del horrible sabor que es el plagio, por que ¡oh, sí! Es tan enfermo, me plagiaron no una sino ¡dos estúpidas veces! ¬¬ Y fue está historia y Hermosa mentira, por eso agradezco a todos quienes me ayudaron a dejarles mensajes a la tipa esa grr ¬¬

Por otra parte ya que se me pasó el mal sabor porque casi le iba a decir a la tipa de lo que se iba a morir, la verdad no esperaba muchos reviews a decir verdad, pero n.n soy tan inmensamente feliz, por cada review rejuvenezco muajaja xD (yo y mis loqueras)

Verán amigas, el porqué me tardé en subir este capítulo fue porque les iba a presumir el concierto que teóricamente iba a ser hoy con mis amados The Rasmus, lo triste es que acabo de llegar del Auditorio Nacional y ¡lo cancelaron! T.T Estoy tan triste, no saben cuanto tristeza siento…lo cancelaron a minutos de empezar…ya que aquí ha estado una epidemia donde han decretado a nivel nacional que todo estará cerrado, teatros, conciertos hasta nuevo aviso, todo por culpa de un cerdo, jodido animal, nunca pensé que podía odiar a un animal pero es así…lo peor es que The Rasmus ya no regresará hasta en un espacio que tengan ¡¡No lo puedo creer!! ¡¡Lo esperábamos desde hace tres años!! Me encuentro de luto, aunque debo de agradecer a mi amiga Eli que ella mueve todo para hacerme sentir feliz ;) ¿qué haría sin ti? Siempre te preocupas por esta cabezota que soy desde hace ya muchos años.

Así que suficiente de haberles aburrido con mi tristeza que es muy grande realmente, deseaba ver con tantas ansias a mi Ylönen u.u así que espero que hayan gustado de este capítulo que yo sencillamente no tengo los ánimos para nada más…

Gracias a:

Indo K., Patty Ramírez de Chiba, Stars, Bulmita su, Veronick, Paty, fjfh, Kousagi-san, Miss-Odango, SerenaySeiya, Erill Cullen, Rossa, BichitaKou, Caroone, Edith, Marlene K., XxX, Sakurita, Darien lover, Princess Bunny Kou, Serenalucy, Leonor de Éboli, Usagi de Kou y Loyda Astrid.

¡Dejen sus reviews!

●๋•Ashαмєd●๋•