Nota aclaratoria: Bien, queridas… en esta parte del capítulo me encantaría que cuando Seiya y Serena toquen el piano escuchen la música Estudio la menor Op 25 Noº11 del increíble Chopin para que así puedan imaginar la melodía de cualquier manera, les dejo el link para todas aquellas flojas (como yo xD) para que abran una ventana nueva, peguen la url y acomoden los espacios: http: // www. youtube. com/ watch? v=JjDDcqjGBpY
Notas musicales
Capítulo 5.
Después de todo, haber estado ahí, justamente en el castillo que era su tormento no le ayudaba en nada, prácticamente se la pasaba afuera sembrando el caos y la incertidumbre por el lugar, siempre sonreía de lado. Todos los humanos eran unos ignorantes y estúpidos aunque ha decir verdad él había descuidado demasiado su torpeza aquella noche…después de haber dejado a Emma todo había comenzado. Recargó el codo en la ventana, estaba amaneciendo…respiró como de antaño. Después de haber acabado con el trabajito que prácticamente la prostituta tenía que hacerle. Muchas mujeres lo miraban de reojo mientras se ponía ese ridículo sombrero agachando la cabeza como prófugo y tapándose con la gabardina su perfecto cuerpo.
Se regodeó y se chupó sus colmillos, mientras esperaba con dulzura el chillido de alguien, el lloriqueó de una mujer… Aún la sangre sabía dulce pero no exquisita, había fruncido la nariz, sabía que mientras más impuras menos dulce sabían, pero no podía alimentarse de vírgenes. Finalmente se sembró el caos, estaba parado a unos cuantos pasos de donde estaba el cuarto que había compartido de Emma, una mujer robusta con muchas joyas falsas y vulgares profirió un grito tan desgarrador, cerró los ojos recordando su vida humana y eso lo estremeció. ¡Tan débil, patético e ingenuo era! Pero no más, ya no. La mujer robusta se había tapado la boca, pese a la lejanía escuchaba con toda claridad decir "muerta, muerta, ella lo está"
Cinco mujeres agitadas se acercaron a el lugar, pasando a lado de Seiya como si no fuese más que la simple pared, otras más gritaron, algunos otros salieron con camisa desabrochadas, mujeres con los senos descubiertos preocupadas porque algo malo pasará. Ahí estaba Emma tal cual Seiya la había dejado. Con los ojos casi desbordándose de sus cuencas, la muy maldita había dado batalla, rasguñándole su perfecta cara, Neherenia le había enseñado que no se tenía que ver indulgente si la comida tampoco lo era, aunque poco le importaba que lo rasguñara de cualquier manera su cuerpo se regeneraba. Había utilizado todo el dolor posible, jadeaba Emma podrían haber pensado los externos que era de placer, pero no era así. La había dejado tendida, desnuda con sangre alrededor de su cuello, había hecho mal y lo sabía, pero no iba a lamer esa sangre amarga más, había hecho su sonrisa y le había aventado un bono extra de libras a la prostituta.
— Se lo merecía esa perra — escuchó decir a una mujer cruzándose de brazos, era linda sin duda para la gente humana, voluptuosa con pelo negro demasiado oscuro y piel de un moreno increíble.
— ¿Pero qué dices, Jenny? — Contestó otra meneando la cabeza pálida — Esto es horrible, ya no estamos segura más aquí ¿quién habrá hecho esto?
— ¿Cuándo hemos estado seguras en esta mugrosa pocilga? — frunció el ceño Jenny puso una mano en el hombre de su compañera — Amanda, quién quiera que haya hecho esto le estoy agradecida, esa perra nos humillaba, todo se paga en esta vida ¿no te han dicho eso? — Dijo con sorna — Bueno, cariño la madrugada es algo corta ya y necesito el dinero — dijo sin darle más importancia.
Seiya sonrió y salió del lugar.
La luz del sol en sus ojos le molestaba un poco. Cuando había salido, el caos había reinado pronto en pocas horas —al menos en esa parte— se sabía de la trágica muerte de Emma, ¿cómo actuaría la gente? Sonrió en la tranquilidad de su castillo, hasta que ese infernal aroma volvió a inundarle las aletas de su nariz, ese estúpido listón. Le mareaba, lo volvió loco y un salvaje, ¿podría encontrar a la dueña? Una parte de él quería saciarse, drogarse para toda la eternidad, otra parte le daba curiosidad, jamás le había pasado algo semejante a eso, como salvaje sus colmillos salían al olerlo, temblaba de la excitación. Tenía que hallar a la dueña, cueste lo que cueste y tenía que empezar hoy.
— Amo, ¿son ciertos los rumores? — escuchó la voz temblorosa de Rubeus, Seiya no se movió de su lugar.
— No sé a qué te refieras — dijo divertido haciendo una sonrisa de lado.
— Lo de…—hubo un silencio, Seiya casi echaba a reírse, el nerviosismos de la voz de su criado le daba gracia — Mató ¿a la señorita Emma?
— ¡Ja! — Llevó la otra mano que estaba desocupada a su cintura, sin quitar la vista de la ventana — Emma era todo, pero no una señorita Rubeus que por cierto — frunció el ceño —, de muy mal gusto si me dejan opinar.
— Amo — Rubeus se restregó las manos, no estaba bien, nada estaba bien ahora —. La gente ha empezado a hablar, dicen de un asesino amo, yo no quiero…
— ¿No quieres? — Gruñó Seiya mirando a Rubeus paralizado, escuchaba el latido de su corazón acelerándole rápidamente — Tú no me mandas, criado. He sido indulgente contigo, mi hermano Yaten ha sido indulgente con tu familia y todos los tuyos a pesar de todo lo que nos ha pasado. En cualquier momento Rubeus — Seiya se acercó al criado gatunamente, agarró su cuello y con delicadeza lo movió al lado izquierdo —. Tu vida dejará de existir si yo así lo deseo, no tienes qué decirme qué hacer o qué no hacer. Yo decido qué hacer con la mucha vida que tengo ¿quedó claro? — susurró.
— S…sí amo, perdone mi atrevimiento sólo me preocupaba por…
— Rubeus, tengo la suficiente edad para saber que no te preocupabas por mi — con la yema del dedo acarició el cuello de su criado, sería tan fácil romperle el cuello, drenarlo y matarlo tortuosamente ¿a quién le importaría un simple criado? Que quién sabe si alguien supiese de él, pero escuchaba la voz de Yaten hace años, sonrió y bufó —. Increíble que mi hermano es quien te salve.
Rubeus apretó los ojos, era verdad, no le interesaba en lo absoluto Seiya, le aterrorizaba podría ser uno de los hijos del averno, inclusive que su descarado hermano Yaten fueran indulgente con él, sabía que estaban malditos los Kous estaban tocados por el demonio. Sintió como todo su cuerpo se relajó cuando Seiya lo tocaba ¿qué demonios le pasaba a su cuerpo? Con ese simple rocé se sentía impotente, vulnerable…dócil. ¿Así era sentirse tocado por alguien venido del averno? Finalmente sintió su cuerpo rígido, tembloroso. Su amo había dejado de tocarlo, había dejado de ser su títere.
— Iré a hacer unos deberes Rubeus.
— Pero es de día señor pensé que los de su…— divagó ¿exactamente qué era él?, o más bien ¿qué era esa cosa? —, linaje no podían salir en la mañana.
— Ciertamente — dijo tranquilamente mientras abría la puerta del Gran Salón —. Pero los débiles no salen en el día, por supuesto que yo no soy débil, aunque ciertamente he de admitir para mi disgusto — hizo una mueca de fastidio —. Que no puedo estar tanto en el sol.
— ¿Por qué? — soltó de improvisto Rubeus.
— Eso no te incumbe Rubeus — frunció el ceño —. Regresaré en la noche, tengo asuntos qué hacer y no quiero desperdiciarlo aquí, está época es diferente, la mujeres más voluptuosas ¿lo habías notado ya? — rió y salió del lugar dejando a Rubeus temeroso.
Era cierto, el sol le fastidiaba, gruñó por esa debilidad tonta y salió del castillo sin haberse cambiado las ropas, de cualquier manera no olía mal. Necesitaba buscar a la dueña del listón, quería saber quién era con mucha, mucha urgencia.
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Se había encerrado, ¿por qué todos se comportaban de esa manera? ¡Maldición! Odiaba el nuevo mundo, odiaba al yankee ese, odiaba a Hank González, odiaba a los negocios y ¡maldita sea! También odiaba a Diamante Black. Cuando se sentía más sola todos la abandonaban, Mina se iba a España, ahora por quién sabe cuánto tiempo su querido Diamante también se iba, era una ¡injustica! Y tenía todo el derecho de enojarse de esa manera, odiaba que le dijera que se olvidara de comportarse como una niña malcriada. No había podido haber dormido bien. Serena se había enclaustrada en su cuarto.
Se había prometido no llorar, se había prometido no importarle que Diamante se largaba al Nuevo Mundo, pero su dolor interno era fuerte, cuando escuchó los cascos de los caballos que anunciaban la partida de Diamante no lo pudo soportar más, corrió a la puerta y cuando iba a punto de mover la perilla se detuvo, ¡no! ¡No tenían que verla de esa manera! Se dejó caer duramente en el piso y lloró rompiendo lo que había con trabajos había ideado su mente… sola, estaba ahora sola. Su madre ya no importaba, su hermana no estaba. Por un momento había querido dejar el matrimonio de lado pero ¿eso no la estaba convirtiendo en una egoísta? ¡Malditas historias románticas! ¡Maldita sea el día en que escuchaba a la odiosa Rini! Que el amor era lo mejor sin importar nada… tenía dudas, ¿por qué Diamante se había ido? ¿Por qué no había mandado a otro o que ese mexicano haya arreglado algo? ¿Acaso ella no era importante? ¿Era más importante su estúpido negocio?
Le aterraba eso, pero… él es su amor de sus sueños ¿no es así? Se supone que no tenía porque dudar ni ponerse ansiosa por semejante tonterías que su mente pensaba. Si las cosas no eran horribles en el Nuevo Mundo, Diamante podría regresar en un mes… pero si las cosas se ponían peores ¿cuándo regresaría? No quería irse al Nuevo Mundo, esos malditos salvajes que habían arruinado su vida. Pero ¿si esos bastardos yankees querían muerto a su Diamante? La idea le aterraba y prefirió ignorándola culpándolo de nuevo por no haber enviado a otra persona.
— Hija — escuchó la voz de su madre, tranquila, constante —. Me preguntaba si querías despedirte de tu futuro esposo — vaciló unos segundos.
Serena alzó la vista, estaba sentada, en una silla mirando como apenas el sol salía. Había tratado de dormir pero había sido en vano y dedicó su tiempo en pensar, y en sacar tantas cosas absurdas y molestas, culpando a Diamante y a todos con quienes querían separarlos tan pronto. ¿Quería realmente despedirse de Diamante en esos momentos? No, esa era su respuesta mental que se auto-dijo cuando su madre le había dicho, sus ojos se cerraron secos e hinchados.
— No, madre — dijo con algo de amargura —. Debe de estar lo suficientemente ocupado arreglando sus cosas como para dignarse en despedirse de mi, además que hace mucho frio para despedirlo en el puerto.
— Serena — gruñó su madre — ¿Estás consciente de lo que estás diciendo?
— Estoy lo suficientemente consciente de lo que digo y hago en este momento madre, además estoy cansada como para ir a despedirlo.
— Serena Tsukino — escuchó como el pomo se movía y le agradecía a Mina que se haya robado la copia de llaves de la ama de casa — ¡Ábreme la puerta en este momento! ¿Qué te has creído en encerrarte?
— En nadie madre, sólo quiero descansar, estar con mi soledad — dijo tristemente, después alzó la vista con ironía como si su madre estuviese enfrente de ella —. El señor Black debe de estar lo suficientemente ocupado para venir a despedirse de mí ¿no lo crees?
— Hija — escuchó como su madre tosía —. Sabemos que esto salió de improvisto, y debes de entender que un hombre tiene que hacer acto de sus responsabilidades en el negocio, no me gustaría que estuvieses en la pobreza además ¿puedes creer en lo que la sociedad diría? Siendo tú una Tsukino.
Sociedad… había aprendido a lidiar con ella y con su madre, había siempre reñido con Mina porque ella siempre odiaba esa parte, diciendo que era algo estúpido. Ahora la entendía un poco más, ¿la sociedad hacía que Diamante se fuese? Era estúpido y extraño, si bien tenía miedo de casarse, miedo de intimidar con él, quería que la cortejara pero fervientemente en esa noche que había pensado seriamente dedujo que quizás tendría toda su vida para conocerlo a fondo y quizás así no dudaría en sus actos.
— Señora — escuchó la voz de Rei, después todo fue un susurró para Serena.
— Increíble — carraspeó su madre —. Hazle decir inmediatamente que bajará rápido, Rei.
— Como ordené, señora.
— Eres tan caprichosa hija — comentó en reproche entre divertida y molesta —. El señor Black se ha tomado la molestia de venir exclusivamente para despedirse de ti, ayer no diste una buena impresión, si te hubieses quedado sabrías cómo yo que lo dejaste con una cara compungida después de tu horrible enclaustramiento.
El corazón de Serena dio un vuelco, entonces si le importaba a Diamante y pensar que ella estaba pensando en lo peor, de ahora en adelante tendría que pensar siempre en su felicidad. Si Diamante había venido era por algo no tenía porqué hacerlo esperar. Se levantó y se miró en el espejo reparando por primera vez en su vida que le importaba su apariencia y que no era tan linda en ese momento. Tenía los ojos rojos por haber llorado, unas ligeras ojeras apenas se veían debajo de sus ojos, la nariz roja y su pelo largo y rubio estaba algo enmarañado. Lucía la misma ropa que ayer.
— No puedo salir mamá — dijo algo afligida —. No estoy digna…
—Tonterías Serena, Diamante Black no tiene el tiempo ¿planeas no verlo a su partida?
Serena tragó saliva duramente, era cierto. No lo vería por algo de tiempo y si la amaba como él decía entonces no importaba como se vería en ese momento, sacó la llave copia y abrió la puerta. Miró a su madre con ojos cansados pero mirada conciliadora — Mi pequeña hija — susurró acariciándole la mejilla. Trataba de comprender el enojo que tenía su hija —. Todo estará mejor, sígueme debe de estar en la puerta principal — Serena asintió nerviosa —. No lo detengas del tiempo necesario Serena.
Bajaron las majestuosas escaleras. Y ahí lo vio Serena, incluso mucho antes de saber que estaba recargado en una de las inmensas puertas blancas de su casa, podía oler su aroma, desde el libro sabía dónde estaba. Trastabilló tontamente mientras se agarraba duro del barandal, se miró en el barandal chapado de oro. Y frunció el ceño, se veía horrible pero cuando Diamante regresará de nueva cuenta ella se vería mil veces mejor, maldita era su suerte que la última vez que la viera fuese de esa manera. Cuando bajó en su totalidad de las escaleras quería echarse a llorar, retenerlo más tiempo, no sabía la razón pero era así, quería que las personas que querían se quedaran a su lado, hablándole, susurrándole, abrazándole. Su madre hablaba con Diamante, él sonreía cansado, miraba de reojo a Serena. La quijada de Serena tembló, se veía tan masculino, tenía una pose refinada, sus cabellos platinados jugaban su frente de una manera provocadora.
— Mi hija finalmente bajó de las escaleras — sonrió su madre acercándose a Serena y trayéndola hacía la puerta principal —. Hija no hagas esperar al señor Diamante Black — Serena asintió sin quitarle la vista a Diamante —. Señor Black, le deseó mucho éxito y buena suerte en su incursión al Nuevo Mundo — Diamante dio una cabezada en seco aprobando lo que le había dicho.
Serenity suspiró y profirió marcharse del lugar no sin llevarse con ella a Rei.
Diamante miró ansioso a Serena. Y lamentaba enormemente su partida, apretó el puño al tan solo pensarlo, estúpido Mallory. Serena seguía mirándolo, codificándolo, y supo que había llorado, la nariz, los ojos hinchados y las mejillas estaban rosados. Un sentimiento extraño lo embargó, se sentía culpable, él había jurado jamás lastimarla y sin embargo ya estaba rompiendo el pacto, aunque tampoco podía llevársela al Nuevo Mundo, no sin antes que ella pasará a ser la Señora Black propiamente dicho. Por otra parte se sentía orgulloso, ¡Serena lloraba por él! Podría ser masoquismo y quizás un poco insano de su parte pero se regodeaba mucho al saber que cuando se fuera Serena estaría para él, por siempre…
Era extraño pensar…por siempre estarían juntos, envejecerían, tendría cientos de nietos e hijos. Porque esa era la prueba que necesitaba, Serena estaría completamente para él y él prometería jamás defraudarla, si ella siempre le amaba sería el esposo más indulgente, dejándola mimar hasta que sus vidas se apagaran juntas y los sepultaran juntos. Veía furia en los ojos de Serena, triztesa. Observó que ligeramente el labio de Serena temblaba, tocó su mejilla suavemente, y ella finalmente bajó la vista y con tranquilidad innata se restregó su varonil mano con su mejilla suave.
Serena lo olía, sentía como ese tacto tan simple era efímero e intimo. Llevó sus dos manos para tocar la mano que yacía en su mejilla — Mi señor — susurró, finalmente abrió los ojos, le ardían pero no iba a llorar, no iba a dejar que se viera de esa manera —. Perdóname — apenas susurró, pero Diamante la escuchó claramente, sorprendido —. Siento que me vea de esta manera, siento haberme comportado de esa manera ayer por la noche, siento que… — Serena soltó un gemido. Había sido abrazada repentinamente, su cabeza descansaba casi perfectamente en su hombro, temblaron sus piernas y Diamante la abrazó más, acariciándole su cabello enmarañado. Serena se sorprendió ¿por qué hacía eso?
— Señorita Tsukino — susurró en la oreja de Serena, Serena lo miró de reojo sin poder ver absolutamente nada de la expresión que hacia su futuro marido —. No sabes cuánto te voy a extrañar, y no tienes que temer por el cómo te veas, te ves tan perfecta. Tu pelo de esa manera, soy yo señorita quien se tiene que disculpar, yo me prometí no hacerte daño y eso estoy haciendo, quisiera estar así, abrazado a ti para siempre — Diamante tembló suavemente y después se separó de Serena, descansando sus poderosas y masculinas manos en los hombros delicados y blancuzcos de Serena —. Perdóname por no haber resuelto esto desde un principio y promete que cuando regrese estarás esperando por mi, no tardaré mucho mi señorita — Diamante subió lentamente tocando de la manera más sensual posible las clavículas suaves de su prometida, rozándole seductoramente el cuello, fue agachándose suavemente hasta quedar a unos cuentos centímetros de Serena, rozando sus narices. Serena gimió suavemente y por acto reflejo cerró los ojos. Sonrió Diamante, tan linda, inocente sería su señora —. Te amo — Serena se estremeció, abrió los ojos estupefacta ¿por qué esas palabras la tomaban de esa manera?
Pero no pudo chistar más su mente, la fragancia de Diamante la noqueó y la beso muy impetuosamente. Abrió su boca saboreando la fragancia de su futuro esposo. Diamante la atrajo más hacia él profundizando el beso. Hasta que finalmente Serena fue consciente de en dónde estaban besándose de una manera salvaje. 'Estás en casa' se dijo a si misma reprochándose, separó a Diamante no sabiendo muy bien de que si lo estaba haciendo de una manera correcta. Diamante la miró ansiosa, indiscutiblemente sabía que no lo había separado de la manera correcta y que muy posiblemente ahora que lo meditaba había roto la magia de ese beso tan abruptamente. Serena sonrió tímidamente y con la mirada le recordó que se hallaban en su casa y que obviamente aún seguía siendo una señorita de honor.
— Tiempo de irme — suspiró Diamante —. Señorita Serena ¿puedo pedirle un favor? — Serena frunció levemente las cejas pero asintió — Quiero que siempre cargues el anillo de compromiso — Serena lo miró sin comprender — ¡Oh! No lo tomes a mal, simplemente que… conoces a los hombres, a pesar de que saben que estás prometida siempre fastidian.
— Entiendo — Diamante le dio un beso en la frente de Serena —. De cualquier manera no podría separarme de ellos — aseguró con firmeza —. No sé si estoy un poco…bueno no sé si sea diferente pero ¿podrás creer que el collar que me diste huele a ti? — dijo ruborizada.
— Por supuesto que huele a mí, mi señorita — dijo altivo —. El collar tiene mi propio aroma — Serena lo miró confundida y Diamante ensanchó una sonrisa —. Como dije aquél día ese collar ha pasado por innumerables generaciones de Black, se tenía la creencia que el hombre tenía que rociar en el collar su esencia, por supuesto que es una manera literal de ver las cosas, ¿por qué se hacía eso? Para ahuyentar a los malos espíritus y más que nada ahuyentar a los hombres que acechaban a nuestras amadas — Diamante tosió —. Sé que suena muy infantil, pero en efecto ese collar tiene mi aroma, por supuesto que nunca comprendí eso del que mi abuelo decía "captan tu aroma niño, no sólo terrenal, cada uno tiene un aroma especial y único, que no se te olvidé eso cuando se lo des a la futura señora Black" — imitó la voz de un anciano y Serena rió divertida —. Ahora que lo pienso tampoco quiero que te separes de él, quiero que ese collar te aleje de las malas cosas — sonrió y se acercó al lacayo —. Al puerto, Serena te voy a extrañar, prometo, juró que no tardaré más de lo debido — le mandó un beso imaginario.
Serena salió cuidadosamente del marco de la gran puerta. Perdiendo de vista a Diamante y a su carruaje cuando doblaron en una esquina. Dio un gran y profundo respiro, era oficial y no había vuelta atrás estaba sola ahora, su labio tembló pero se mordió suavemente queriendo así apaciguar el temblor. Se llevó una mano temblorosa a su collar de media luna negra invertida y aspiró el aroma de Diamante. Su madre llegó a su lado tocándole un hombro transmitiéndole su compresión — Madre ¿puedo pedirte un favor?
— De qué se trata esta vez, Serena — dijo afable.
— Quiero ver detalladamente el collar que me dio el señor Black, me ha dado curiosidad — pudo ver que su madre asentía con la cabeza y ella alzaba su enmarañada cabellera rubia, finalmente escuchó un "click" y su madre le entregó el collar.
— Muy refinado el collar — dijo por encima del hombro de su hija —. No sabría decir qué clase de piedra es, pero los bordes son plata, pensé que ocuparían oro.
Serena miró el collar detenidamente, la piedra era lisa, brillante, en su contorno se hallaba delineado de plata, inclusive el collar era de plata, la parte trasera del collar se encontraba con ligeras grietas, quizás por el pasar de los años, aunque descubrió que se encontraba algo escrito, entrecerró los ojos acercándose la piedra pero sea lo que haya sido parecía que jamás iba a descubrir el secreto, las letras estaba borrosas y algunas talladas. Le daba curiosidad cómo Diamante pondría su aroma en el collar y que estuviese aún impregnado ¿sería mágico el collar? No veía algún orificio visible por el cual pudiesen meter algún líquido en él más sin embargo no se confió en el absoluto cuando Diamante regresará del Nuevo Mundo ella se encargaría de preguntarle el funcionamiento de esté y la historia detrás dé. Serena le regresó el collar a su madre.
— Impresionantes regalos del Señor Black — comentó mientras volvía a poner el fino collar en el cuello de su hija —. Y más aún que son objetos invaluables, los Black han estado tantos años en Londres.
— Lo sé madre — Sonrió —. Espero que no tarde mucho el señor Black, ahora que estoy sola y no sé qué hacer…
— Hablando de eso hija — Serenity abrazó a su hija por el hombro y empezaron a caminar para meterse a su mansión —. He notado lo mucho que te ha afectado la partido de Mina pero aún así sé que con el Señor Black las cosas estarían estables, desgraciadamente tuvo que marchar y te conozco lo suficiente para saber que… — tosió secamente.
— ¿Mamá estás bien? — Serena miró a su madre espantada — ¡Voy por un criado!
Serena echó a correr y en el pasillo halló a Rei. Rei se encontraba de espaldas a ella pretendiendo no haberla visto haciendo como si estuviese arreglando las flores hasta que sintió como Serena la jalaba bruscamente, estuvo casi segura que le hubiese quitado la mano de un manotazo suspiró profundamente y sonrió con cinismo sin importarle que en los ojos de Serena se percibía el horror — ¿Puedo ayudarle en algo, señorita Tsukino?
— Es mamá, Rei, no sé qué ha pasado pero se ha puesto a toser secamente, se ha puesto roja y aspira aire como si necesitara mucho aire en sus pulmones — dijo casi histérica.
Rei mostró una cara de espantó — Tráiganla inmediatamente — un criado miró a Rei pero sin más tuvo que pararse, John odiaba a Rei, la odiaba porque sabía que ella era mala, mala para él mismo, mala para la familia que había trabajado por generaciones — ¡John! Ayuda a la señorita Tsukino con su madre — dijo altanera, saboreando el poco poder que tenía hacía los criados, a sus subordinados. John la miró furioso, chispas de sus ojos cafés salían — ¿Por qué te me quedas viendo, jardinero? ¿Acaso no es has escuchado lo que te he ordenado? La señora se podría morir.
— Si, señorita Rei — dijo barriendo las palabras.
— En un momento los alcanzó traeré el té, llévenla a la sala — Rei salió corriendo, con una sonrisa radiante en los labios. Gritándoles a esos subordinados que se topaban en su camino lo que tenían que hacer, tenía que apurarse, aún no era el momento adecuado, tenía que pretender que le importaba mucho lo que le pasara a esa estúpida familia. Llegó a las cocinas exigiendo el típico té para la señora. Tan fácil era decir que era medicina. Agarró el té y se excuso que ella personalmente se lo llevaría a la señora. No sin antes echar la medicina que Rei sabía que necesitaba, el polvo bien revuelto entre el té. Había sido fácil engañarla diciendo que la textura era un poco diferente por la dichosa medicina. ¿Cuánto tiempo? Siempre se preguntaba y se anhelaba.
Llegó a la sala disfrazando su cara con una de preocupación ya llegaría el día…en que cada uno de ellos pagarían por lo que le habían hecho, todo sería tan lento y tortuoso. Serenity estaba tosiendo descontroladamente sus ojos lloraban, Serena gemía de dolor no sabiendo qué pasaba y Rei finalmente puso su cara preocupada — Señora ¿por qué no tomó su medicina cuándo se lo pedí? — le acercó la taza de té y Serenity la tomó con vehemencia para después fulminar a Rei por el resbalón de sus palabras.
— ¿Qué quiere decir Rei, madre? — dijo Serena ansiosa, quería que su madre le dijese la gravedad del asunto del que ella ya se encontraba enterada.
— Por supuesto que nada — logró susurrar, la voz sonaba frágil y rasposa —. A veces Rei no sabe ni de lo que habla — dijo con arrogancia.
Rei sonrió, pero más que sonrisa parecía como si estuviese oliendo a algo asqueroso.
— ¿Y ese ataque de tos, madre? — comentó con suspicacia Serena.
— Un ataque de tos que sin duda, con un buen vaso de agua me hubiese compuesto también — tosió por última vez raspando su garganta, suspiró y finalmente cuando creyó que había regresado a su estado normal habló: —La platica en la que habíamos retomado con anterioridad Serena, he decidido que hoy tengamos una reunión.
— ¡¿Reunión?! — Dijo enojada, olvidando por unos momentos que su madre estaba la borde de estar ahogada por una enfermedad que no se dignaba a decirle — Lo siento, pero no creo que sea lo más apropiado…
— Si lo es, Serena — dijo seria —. Te conozco hija, y sé que te encerrarás — Serena iba a protestar pero su madre la acalló con un ademán de su mano derecha —. Te recuerdo que sigues viviendo en mi casa y sigues siendo mi responsabilidad, cuando estés casada con el señor Black no podré hacer nada mientras tanto así se hará quiero que te arregles bien y luzcas presentable, necesitas distraerte el resto del día y de los otros tantos que faltan, además ya no puedes objetar nada, las pocas invitaciones que he enviado para está noche deben de estar ya en la mitad de la gente que creí adecuada para ti.
— ¿Adecuada? — Serena se paró del piso, visiblemente ofendida — ¿Cuánta es poca gente para ti madre?
— Es algo sencillo, además que deberías de agradecerme hija, sé que ahora me ves como la mala del cuento y que sólo quiero fastidiarte pero lo hago por tu bien, son gente que sé que te hará bien. Unas ciento cincuenta o quizás doscientas vendrán ya que todo esto es demasiado rápido — se llevó una mano al mentón pensativa.
— ¡Por Dios madre! — gruñó Serena.
— Rei, ayúdala a que no cometa ninguna tontería en su fiesta, tengo que arreglar las cosas para la noche ¿entendido?
— Si, señora — dio una cabezada en seco —. Acompáñame a su alcoba, señorita Tsukino.
Serena simplemente no lo podía creer ¿por qué su madre estaba haciendo eso? Quería privacidad, pero tampoco es que se fuese a recluir para siempre a que llegase Diamante. Ahora tenía que ir a la fiesta que su madre hizo en su grandioso honor a su soledad. Rei la miraba de reojo sin decir nada, hasta que llegaron al cuarto de ella.
— Sé lo mucho que aborrece eso, Serena — dijo tratando de reconfortarla Rei —. Desgraciadamente no se puede hacer mucho cuando alguien con más poder está por encima de un subordinado como en este momento se encuentra usted.
— Tiene razón — suspiró —. Y no culpo a mi madre, con eso de su enfermedad que no se digna a decirme qué realmente tiene, Rei usted aún… — Rei negó con la cabeza — Si, supuse que aún no sepa bien de la enfermedad de mi madre ¡qué testaruda llega a hacer en ocasiones!
— Sólo quiere protegerla, Serena — sonrió tranquilizadoramente. Serena caminó hasta la ventana —. Sé que a veces esas fiestas pueden ser aburridas pero…
— Rei — susurró Serena, mirando el castillo — ¿Sabes de quién es esa residencia?
Rei la miró confundida y se acercó a la ventana mirando lo que veía Serena, el castillo era grandísimo y no estaba tan lejos de la residencia de los Tsukino, verlo en la mañana parecía un cuento de hadas pero estaba segura que verlo en la noche aterraría a quien se le acercase — Los dueños son los fallecidos señores Kous, actualmente trabaja un mayordomo ahí.
— ¿Y todo es para él? — Dijo extrañada Serena sin quitar la vista del castillo — ¿Cómo puede un mayordomo ser dueño de semejante castillo?
— Por supuesto que no es de él — comentó ofendida Rei — ¿Cómo puedes pensar que alguien de poca educación sea dueño de un castillo? De cualquier manera no se sabe mucho del castillo, todos sabemos que la familia Kou nunca dio descendencia después de ese trágico acontecimiento.
Serena se mordió el labio inferior, le atraía el castillo a pesar de que la primera vez que lo había visto le había dado un miedo lo cierto es que en ese momento estaba enojada. Ahora lo veía interesante, mágico — Me gustaría ir a visitarlo.
— ¿Qué te gustaría…? — Rei cayó abruptamente — Una señorita… menos… su madre — decía incoherencias estúpidas, su mente trabajaba a mil por hora hasta que finalmente las ideas se acomodaron —. Creo que podría ayudarla.
Serena volteó a verla, sumamente emocionada — ¿Hablas en serio Rei? Pero ¿cómo podrías? Mamá jamás me dejaría ir al castillo, ¡ni siquiera si fuese contigo o acompañantes!
— ¿No somos amigas? — Dijo con un tono ofendida, Serena asintió — No hay nada que su amiga no pueda hacer, ahora vamos Serena, deja de ver el castillo que ya tendrás tiempo de apreciarlo y sola…
— ¿Sola? — La miro sin comprender.
— Vamos, ya eres una mujer grande, ¿no querías ver el castillo? — Serena asintió nerviosa — Además que la única oportunidad y por la cual puedo hacer está treta sin levantar sospechas, es menester que lo haga ¿o no quiere ver ese castillo? Puede que sea la única oportunidad que tiene — dijo melosa, mientras la miraba con pena.
— Tienes razón puede ser la última vez que tenga esta oportunidad, de acuerdo sea cuales sean las formas en la cuál hoy vaya al castillo, aceptaré y ahora entiendo que tengo que hacer feliz a mamá para no levantar sospechas — dijo pensativa.
— Veo que está entendiendo sumamente rápido Serena — sonrió y se encaminó hacia el gran clóset —. Confié en mí.
Se volteó y miró fríamente el vestido rosa pálido. Por su imprudencia quizás Serena jamás regresaría y un terrible accidente tendría ¿quién lo sabría? Ella sería la desentendida y que había escuchado a la Señorita Tsukino hablar sobre el castillo. Podría tentar el destino y si el destino se apiadaba de ella, sólo quedaría la odiosa madre. De no ser así, le fastidiaría el hecho pero aún el tiempo no estaba tras de ella, aún había el tiempo — Confié en mí — volvió a susurrar venenosamente.
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Esa noche, Serena estaba bostezando más que aliviarle la fase de su soledad, se dormía. Estaba segura que su madre lo había hecho para animarla, pero todas esas amistades (si es que se le podían decir de esa manera) eran tan falsas, aburridas y cínicas. No había jóvenes para bailar era fiesta de mujeres, y señores de la edad de su madre, las jóvenes que estaban ahí siempre le sonreían pero sabía de antemano que susurraban a sus espaldas. Les tenían envidia, y ella lo sabía y le molestaba, porque ellas querían ser la esposa Black, porque ella había salido de la nada literalmente y había embrujado a Diamante Black cuando prácticamente había sido diferente, su madre había dicho que se divirtiera con sus apropiadas amistadas ¡apropiadas! ¡Con un cuerno! ¿Cómo podían ser apropiadas? Cuando la miraban desdeñosamente.
Sentada en el sillón, con su abanico chino dándose aire cuando no lo necesitaba mirando perezosamente la oscura noche. Su madre se había puesto a jugar el póker. Hasta que finalmente divisó a Rei, ella le indicó que se acercará y Serena hizo lo propio. Escuchando el murmullo de las jóvenes celosas, diciendo hasta las más descabelladas ideas que Diamante se había ido por su culpa, casi se abalanzaba como animal salvaje pero se contuvo apretando siempre el abanico, ¡Dios! Si no tuviese el abanico no sabía qué podría pasar. Rei la condujo hacia la puerta principal, estando completamente a solas escuchando a lo lejos el sonido de la música.
— Ahora es el momento indicado, su madre está jugando el póker y las demás señoritas ya las entretendré ya tengo cómo excusarla, Serena.
Serena sonrió amigablemente — ¡Me salvaste en el momento oportuno! Realmente no podía soportar más esos rumores — Rei asintió y le entregó un chal blanco de lana gruesa.
— No se quede más de lo estipulado y recuerde que nadie la vea, Serena — endureció las facciones pretendiendo preocupación —. Estos lugares son muy peligros creo que lo mejor sería…
— ¡Para nada, Rei! —se acomodó el chal bien entre su pelo recogido sencillamente en un peinado de rodete con caireles a los lados — No sé si pueda salir a ver el castillo en otra ocasión, estaré completamente segura conozco estas tierras como la palma de mi mano — alzó el mentón orgullosa.
— Tanto que no conocías el castillo — susurró para si misma en un tono burlón —. De acuerdo, suerte en su incursión, recuerde como le dije no se pase más del tiempo estipulado y de ser preferible regrese de inmediato — Serena asintió, abrió la puerta y la cerro detrás de ella —. Me sorprendo de mi mismo cinismo — dijo en un estado de alegría macabro.
Serena estaba emocionada, se sentía en una aventura increíble, era cierto que tenía miedo, pero estaba completamente segura que se la pasaría increíblemente mejor en esa aventura nocturna que la fiesta que le crispaba los nervios. Hacía frío sin duda, pero aún sus manos no lo sentían ni tampoco su pecho, su vestido rosa pálido empezaba arrastrarse por el pasto, hasta que salió después de diez minutos de la propiedad de su casa. Había sido todo tan fácil y nadie se había percatado de su huída. ¿Qué pensaría Diamante en estos momentos? ¿Estaría bien? ¿En qué parte del mar se hallaría?
Suspiró, ya no le faltaba mucho para llegar al castillo, ¿sería un castillo sacado de los cuentos de hadas? ¿Sería un castillo que tuviese fantasmas? Se dio cuenta que sus finos zapatos se habían manchado y que muy posiblemente ya no podrían arreglarse, su vestido estaba manchado de tierra también pero no le importaba. Se estaba percatando que le gustaban las aventuras.
Finalmente se acercó al inmenso castillo rodeado por una gran muralla de piedras ¿por qué nunca se había percatado de semejante finca? Observó en él una inmensa argolla, labrada toscamente con un león horrible, agarró con sus dos manos la argolla de metal y está rechinó ensuciándole sus pulcros guantes que eso poco le importó a Serena. Un frío gélido recorrió su nuca e inconscientemente tocó el collar de los Black. Espero lo que creyó suficiente creyendo que se veía tonta no sabiendo a quién esperar, cuando finalmente la puerta se abrió dejando ver a un pelirrojo con ojos entrecerrados, se veía molesto, frunció los labios fastidiado.
— ¿Qué desea? — gruñó.
— Yo… — Serena titubeó — Quería conocer el castillo.
— No es un maldito museo, señorita — dijo con evidente sorna —. Lárguese, no es bueno que una señorita ande sola por los bosques.
— Sé perfectamente cuidarme sola, señor — dijo altiva y el señor pelirrojo rió divertido.
— No lo dudo, pero lárguese y no regrese, esto como le dije no es un maldito museo.
— No quiero irme, arriesgué mucho para venir hasta aquí para que usted, señor me corra ¿es su propiedad?
— No.
— El mayordomo entonces — suspiró —. Exijo que se le comunique mi llegada al dueño del castillo.
— El dueño no está y aunque lo estuviese dudo mucho que le importé — Rubeus sonrió, era cierto, no había encontrado una víctima para su odioso amo infernal, no estaría mal que esa niña quien quiera que fuese sirviera para saciar el apetito de su amo, además ella se había ofrecido —. Señorita, perdone mi rudeza — abrió la puerta un poco más —. He sido un ermitaño mucho tiempo que la gente siempre se ha mostrado agresiva conmigo, pase señorita, pase, no creo que el amo tarde mucho.
Serena sonrió radiantemente — Yo también siento ponerme pesada ahí — Rubeus se sorprendió ¿alguien le decía perdón? —. De cualquier manera me alegro enormemente que me hayas dejado pasar… — divagó.
— Rubeus, señorita, siempre a sus órdenes.
Serena asintió sin decir más. A pesar de que era de noche quedó anonadada por la grandeza, poder, historia que cernían detrás de ese castillo. Sintió que caminaba por horas lo que supuso era el jardín principal del castillo, finalmente se detuvieron ambos en otra puerta inmensamente grande de madera con alrededores de hierro. Cuando Rubeus accionó una polea para bajar la puerta en forma vertical la puerta, Serena quedó sin palabras.
— Es algo viejo el castillo señorita — se excusó Rubeus —. Han tratado de siempre ambientarlo a la época, pero últimamente los nuevos amos no tienen el tiempo suficiente para hacer esto.
Serena asintió mientras caminaba, mirando la parte principal de este. Estaba oscuro, olía a humedad, no podía distinguir con toda claridad qué se hallaban en los rincones o las innumerables pinturas que eran testigos que ella, una mujer, estaba pisando por primera vez en mucho tiempo ese gran lugar —. Tengo dos preguntas, Rubeus — el pelirrojo se situó a su lado y asintió —. La primera, ¿cómo escuchó? Me refiero, dudo que la argolla de metal tenga sonido hasta aquí.
— Observadora es usted señorita — tosió y le señaló una campana —. El amo Taiki, era un gran científico, no sé con exactitud cómo funciona el sonido, sólo estoy seguro que cada que alguien toca la argolla un mecanismo oculto viene hasta el castillo tocando la fuerte campana, es una gran desgracia cuando gente viene en la noche y no lo digo por usted señorita.
Serena miró la campana y comprendió que debía ser molestoso escuchar eso en la noche — Debe de tener un mecanismo para desconectarse.
— Es lo más probable pero sólo el amo Taiki sabía el secreto.
— Comprendo — desvió la vista —. Mi segunda pregunta y espero que no le moleste ¿sería tan amable de mostrarme la sala de música? Siempre me ha dado curiosidad.
Rubeus alzó la mirada confundido e iba a decirle que no pensaba mostrarle más el castillo hasta que llegará su amo, pero era una linda chica, lástima del destino que tendría 'Lo tomaré como su última voluntad' pensó para si mismo, porque por muy bonita que fuese aquella señorita o era su cuello o el de ella, e irremediablemente prefería que fuese el cuello de ella — No es ninguna molestia, señorita. Acompáñeme.
Caminaron por pasillos que Serena no supo identificar, la oscuridad era inmensa ¿cómo podía ver Rubeus dentro de esta densa oscuridad? Aunque claro, él estaba familiarizado desde que nació con ese gran castillo. Rubeus de su pantalón de sastre marino barato sacó un manojo de llaves, abriendo unas puertas blancas grandes y lisas — Hemos llegado, señorita — entró en la habitación prendiendo una lámpara de queroseno, alumbrando el lugar.
Serena quedó maravillada, ¡no era ni la octava parte de su sala de música! Era tan inmensa y empolvada, había una chimenea del lado izquierdo, arriba estaba un cuadro de una señora que no pudo distinguir bien, las cortinas estaban en algunas partes hechas jirones grisáceas, no supo de qué color eran realmente, estaba estratégicamente puesta una estupenda mesita para tomar el té con finos acabados, un sillón cubierto con una manta blanca, en cada esquina se hallaba una lámpara de aceite viejas pero aristócratas y en la esquina cerca del gran ventanal un piano negro de cola empolvado. Serena caminó rápidamente hacia al piano.
No es que fuese muy buena con la música pero le fascinaba el piano, siempre trataba arduamente tocarlo. Con su guante limpió el piano de cola y quedó anonadada.
— ¡Por Dios! — Susurró pero Rubeus la escuchó claramente — Es un Imperial edición de lujo… ¡Bösendorfer! — La voz de Serena tembló y miró a Rubeus con ojos suplicantes como si él fuese el dueño del piano negro de cola — ¿Sería mucho pedir poder tocarlo?
— Señorita, todo está empolvado, y su vestido se podría arruinar.
— ¡No me importa! Por un Bösendorfer vale la pena — Rubeus asintió y Serena se relamió los labios ¡oh! Cuánto tiempo había pedido a su madre exactamente ese piano de cola, por supuesto que el de ella era de la misma marca pero ella quería el Imperial del señor Ignaz Bösendorfer había hecho sólo cuatro pianos ilimitados, desgraciadamente ella jamás había dado con ellos, pero tenerlo ahí, en frente de ella. Con su otro guante limpió levemente el cojín de la silla. Tenía que tratar de tocar el piano, levantó la tapa superior, regresó para tocar una tecla y después se regresó al bastidor ajustando las cuerdas. Rubeus la miraba interesado, hasta que Serena empezó a tocar unos segundos lo que ella había practicado siempre.
Hasta que el sonido de la campana resonó. Serena no pudo seguir la tonada rápida que le seguía y que era sumamente complicada para ella. Rubeus salió — Debe de ser el amo, señorita, aguardé — Serena asintió.
Rubeus salió del lugar, era extraño que el infernal amo toque la argolla cuando él jamás entraba de esa manera tan civilizada. Después de que hubo caminado diez pasos, Seiya se apareció ante él, tan cínico, tan apuesto, lo envidiaba, aparte de ese odioso título tenía la fuerza y el poder — Amo, hay una visi…
La voz de Rubeus se vio apagada por el sonido suave del piano — Yo no accedí para una…— Seiya se estremeció su mano derecha empezó a temblar descontroladamente —. Vete Rubeus, me haré cargo personalmente de esta peculiar visita — Rubeus asintió, qué lástima por aquella joven linda, su vida acabaría tan pronto.
La música del piano cesó, Seiya escuchó un gruñido. Sigilosamente caminó sin ser visto por aquella muchacha rubia, el olor lo traía hipnotizado, loco, sediento, de repente sintió como aquél listón palpitaba en su chaqueta. Sus colmillos salieron sin que él fuese consciente de haberle dicho a su mente de hacerlo, la quijada le temblaba, era ella, no había duda. Había venido, su presa había venido. Escuchó el resoplido de la mujer, todo el cuerpo de Seiya se convulsionó excitado, era un aroma tan perfecto, tenía que matarla, drenarla en ese momento. La música empezó de nueva cuenta suave y pausada hasta que ella trastabilló con el sonido rompiendo la magia de su propia música — Mi lady — dijo roncamente Seiya, los ojos le brillaban y los dientes regresaron a su estado normal —. Rubeus me acaba de decir que tenemos una peculiar visita.
Serena se sobresaltó, buscando con la mirada la voz de su acompañante — Siento si lo he molestado con mi presencia más de lo debido, señor.
— Vuestras visitas no son molestia para mí, mi lady — Seiya se acercó a la joven rubia, exquisita, era lo único que su mente decía —. He escuchado que está tocando una melodía.
— Así es señor — dijo nerviosa Serena, era tan increíblemente apuesto y seductor, pero le daba un poco de escalofríos aquél brillo de los ojos, era de un azul perfecto casi como los de su sueño…casi porque sabía que Diamante era el de sus sueños, le daba escalofríos como la miraba y aquél tono rojizo que no sabía si era su imaginación. Aquél hombre también le hablaba de una manera extraña, casi antigua.
— Por favor mi lady, continué no quiero parecer un inconveniente en su música.
— Es que… — Serena se ruborizó — No estoy muy familiarizada con esa melodía, sinceramente señor creo que…
— Mi lady, toqué que si no puede yo seré vuestro maestro, al menos trataré de serlo.
Serena tragó y empezó de nueva cuenta la pieza musical, nerviosa hasta que temblaron sus dedos cuando supo que empezaba la rapidez de la música.
— He escuchado esa música hace dos semanas, mi lady — la voz del señor chocó en la oreja de Serena, hipnotizada por su aroma, hasta que finalmente descubrió que aquél señor, no era del todo un señor, se veía más joven quizás que Diamante, su pelo negruzco resaltaba su palidez innata con esa coleta que le sentaba increíblemente bien, tenía un collar en forma de cruz, se alzó las mangas.
— Señor, no conozco su nombre — dijo Serena tocándole delicadamente el brazo suave y frío.
— Seiya Kou, cuarto duque de Buckingham y Normanby, mi lady sería una pena que usted no se presente.
— Duque — susurró —. Vuestra alteza, es un honor conocerlo — meditó '¿Kou? Eso había dicho ¿no es así? ¿No todos estaban muertos?' pensó extrañada —. Serena Tsukino, vuestra alteza.
Seiya apretó la quijada y dio fuertemente a las teclas agudas del piano — Sería tan amable de decirme Seiya, lady Serena, no me agrada el termino de vuestra alteza — gruñó molestó, hasta que finalmente una ventisca de quién sabe donde entró abriéndole el ya casi olvidado aroma de ella, tembló cerrando los ojos. Y finalmente se puso a tocar la pieza de piano sólo para ella. Serena lo miró maravillada, se veía tan tranquilo tocando la música de Chopin de esa manera increíble. Hasta que terminó elegantemente — ¿Por qué no lo intenta Lady Serena? — Subió la ceja altaneramente — La reto.
Serena frunció el ceño y empezó a tocar la melodía, increíblemente el sonido empezaba a fluir con ella. Seiya se levantó cuidadosamente del sillón poniéndose detrás de Serena. Agarró los hombros desnudos de ella, sintió como Serena se tensaba — Tranquila, lady Serena sienta la música y podrá hacer maravillas — Seiya bajó la cabeza y acercó sus labios a la oreja de Serena rozándole —. Siga tocando de esa manera ¿ve que es tan sencillo?
Serena se ruborizó ¿por qué? Se decía a si misma ¿Por qué seguía tocando ahí como una marioneta? Sabía que estaba haciendo mal pero ¡por todos los demonios! Le encantaba lo que hacía el señor Seiya, un calor le recorrió su cuerpo cuando Seiya besó su cuello moviéndolo ligeramente hacia la derecha. Seiya besó el lóbulo de su oreja mientras la tonada seguía, Serena soltó un gemido. Seiya no supo porqué se excitaba tanto con aquella mujer, de seguro tendría que odiarla, era una Tsukino y eso jamás podría olvidarlo, las heridas aún no cerraban tenía que vengarse y la oportunidad había salido esplendida. Además que ese aroma no lo hacía pensar claramente, bajó el dedo meñique a la conexión del cuello y el pecho y le ardió, bajó la mirada horrorizado — Plata — susurró, se acercó más al cuello mientras Serena seguía tocando sin detenerse, sus ojos se ensombrecieron e hicieron que arrugara la nariz ¿cómo no había podido oler esa peste de aroma? — El aroma es horrible.
Se alejó de Serena frustrado, cuando la melodía por fin terminó.
— Señor Kou nunca pensé que podría tocar esa melodía — dijo nerviosa, recordando lo que había pasado minutos antes, queriéndolo borrar de su mente —. Fue un placer conocerlo y saber que la familia Kou aún sigue con vida, por desgracia tengo que marcharme antes de que noten mi ausencia.
— Lady Serena, le he dicho que me llamé Seiya — Agarró a Serena de los hombros, y se extrañaba enormemente ¿por qué ese aroma no le llegaba a la nariz ahora? ¿De dónde provenía el aroma? Tendría que tener más cuidado con el collar ya que tenía plata, salieron del lugar y Rubeus miró sorprendido como la mujer aún seguía con vida. Dios está vez la había ayudado pensó asombrado —. Rubeus haz el favor de acompañar a lady Serena hasta su casa como ella te lo indiqué — Rubeus asintió.
— Nunca podría llamarle por su nombre, lo siento — comentó apenada —. Señor Kou, ¿podremos volver a vernos?
Seiya sonrió mostrando sus perfectos dientes — No hay ninguna dudo de ello lady Serena — Serena la regresó el gesto y se encaminó con Rubeus hacía la salida —. Nos veremos hasta que drené la última gota de tu sangre Lady Serena… —hizo una mueca recordando — Tsukino.
¡Hola! :D
¡Actualicé wiii! ¿Cómo ven la historia? Yo quiero un Seiya así, (aunque me drené el maldito) pero quiero uno así muajaja.
Ahh, perdonen el retraso, pero sigo tan obsesionado aún con los Dramione que ¡gosh! No puedo parar de leer, escribir y demás, pero justo el viernes colgué por teléfono y vi el teléfono de mi cuarto la fecha y dije "Quiero subir capítulo porque pronto será o9/o9/o9" Jajaja la verdad es que quería ver en mi cuadrito ese número cabalístico xD (y escuché en la radio que hoy se iba a "acabar" el mundo, yo pensé que era en el 2012 y que hoy era el día Beatles, ya no sé nada jaja)
Ahora, soy una obsesionada twittermaníaca, si chicas así es, es mi vicio, twitteó desde mi PC, desde mi celular, algunas ya las pasé al lado oscuro muajaja, ojalá y se animen a hacer su Twitter y de ser así me pongan cuál es su twitter para hablarnos…ahí siempre pongo mis estupideces y cuando actualizaré, sería genial empezar una comunidad de ello por medio de eso, cof, cof.
Y ando bien feliz ya que tendré mis clases de violín :D cuando pueda tocar Prelude de una forma decente me youtube-subiré bueno si alguien me explica cómo se hace eso. Mi canal de youtube sólo lo utilizo para agregar a favoritos y comentar como lunática xD.
Otra cosa más que me hace tan feliz son los reviews o.O ¡No me jodan esta vez! (la honestidad y buenas palabras ante todo) Ya pasó la historia de los 100 reviews, qué paciencia me tienen para seguir leyéndome lo digo en serio, creo que si yo fuera una lectora la botaría jaja, actualizo cada chorro mil años.
Me adelantó jaja, deseando a todas mis compatriotas un ¡Viva México! (15, 16 de septiembre día de la independencia) y ¡bah! Para las que tampoco son de mi país también ¿por qué no? ¡Viva México, cabronas… y cabrones (por si las dudas xD)!
Agradeciendo a:
Bulmita su, Loyda Astrid, Serenalucy, Te AmO SeiYa, Kousagi-san, Miss-Odango. Leonor de Éboli, Caroone, Paty, Princess Bunny Kou, SerenaySeiya, Kokoro Lust, Indo K., Usagi de Kou, BichitaKou, XxX, Stars, Darien Lover, Marlen K, ¿Kawaii Bitchy?, Rossa, Edith…
Dejen reviews…quiero saber si les gustó Seiya :)
●๋•Ashαмєd●๋•
