Conociéndonos

Capítulo 6

Cuando regresó junto con el mayordomo no se pudo salvar de una reprimenda indiscutible, recordaba la vista de su madre, le chispeaban los ojos de furia, le había dicho que era una irresponsable por haber dejado a sus invitados así, que era una imprudente por haberse ido ¡sola! Había recalcado eso hasta al fastidio, había visto a Rei que agachaba la cabeza sin echarse ninguna culpa y tampoco ella lo hizo, así habían quedado.

Y por primera en vez en toda su vida, Serena Tsukino no se arrepintió de sus actos.

Sonrió grandemente mostrando sus dientes perlados y una sonrisa maravillosa, sabía que no estaba bien, ya que Diamante se había marchado no hacía mucho…pero en verdad se sentía encantada. En su cuarto bailó al son de una música imaginaria de su cabeza, imaginó que tocaba el piano y que el duque Seiya estaba a su lado guiándola, había sido una aventura de las más maravillosas del mundo, jamás había desobedecido a nadie y menos aún se había arrepentido de sus actos.

Tocaron la puerta de su cuarto, aún bailando Serena se dirigió a abrirla. Rei estaba parada enfrente de ella, mirándola con desdén, Serena lo malinterpretó agarrándola de la mano y bailando con ella.

— ¡Ah Rei! — Habló con suavidad — Siempre estaré eternamente agradecida por esto…

— ¿En serio? — Enarcó su fina ceja, mientras daban vueltas por el inmenso cuarto.

— ¡Por supuesto que sí! — Soltó un grito agudo.

— Calla, tu madre puede escucharnos — comentó con fastidio.

— Tienes razón, suelo ser demasiado gritona a veces… ¡pero tú no sabes!

Rei suspiró y se alejó con cautela de ella, ¿por qué no podía haberse caído de algún barranco? ¿Pedía mucho? Que su blanco y querido cuello se hubiese quebrado así sin más, lo demás sería más fácil aún. Pero no, allí estaba ella, dando vueltas como enamoradiza… además era idiota, ella no podía estar enamorada, estaba engatusada de ese esnob de cuarta, tampoco le había contado nada de nada, bueno, no es como si tuviese bastante tiempo, ya que su madre la había regañado, cuando lo vio venirse con aquél mayordomo que se hacía llamar Rubeus casi se había escandalizado y por unos momentos, había hecho una sonrisa retorcida, qué mejor castigo que una reputación asquerosa, Rei sabía que eso era una muerte dolorosa, muertas en vida, sin embargo el mayordomo había sido demasiado accesible y por lo tanto asegurar que la señorita estaba tal cual, intacta de su queridísimo orgullo.

— ¿No somos amigas? — Dulcificó su voz, Serena dejó de dar piruetas mientras miraba a Rei con ojos cálidos.

— ¡Por supuesto Rei! ¿Ocurre algo malo? — Serena se acercó a ella preocupada.

— En lo absoluto…simplemente que me siento una inútil — susurró y se fue a sentar en la cama de dosel de Serena.

— ¡No digas eso! — Serena rápidamente se acercó a ella — ¿Por qué lo dices?

— Perdóneme en verdad…sonará quizás demasiado tonto pero nunca en toda mi vida había tenido una amiga como lo es usted… y a mí me gustaría saber el motivo de su felicidad — sonrió débilmente, bajando la vista, su cabello negro brillaba espectacularmente a la luz de los rayos de la noche —. Claro, si usted no lo desea contar… — habló cantarinamente burlona.

Serena suspiró y la miró — Conocí al duque — habló con suavidad y en susurros.

— ¿A cuál duque? — Rei alzó la vista visiblemente interesada.

— Al duque de aquél castillo — Serena juntó sus dedos.

— ¿Acaso tú…?

— ¡No! — Chilló Serena — Pensé que era un lugar abandonado… pero no es así, ellos viven o al menos él vive, pensé que todo estaban muertos como lo había dicho mi madre.

— ¿Quiénes?

— Los Kou — su voz sonó algo lúgubre, quien fue opacada por la risa de Rei.

— Pero ellos están muertos…en realidad creo que la persona de allí te quería chantajear.

Serena se quedó callada y bajó la vista, quizás Rei tenía la razón, ¿pero por qué nunca salía esa persona? Y si en realidad no fuese aquél Kou, ¿quién era? No creo que se haya metido al castillo sólo para robar algo le decía que ese muchacho joven no le mentía.

— No — aseguró Serena más para sí misma que para Rei — Su manera, no todos conocen la etiqueta y no es cualquiera…simplemente se siente.

Rei hizo un mohín — Se puede ser buen actor.

— Se puede — le dio un poco de razón — Pero su manera, su porte, su habla…es raro.Tiene un aura difícil de explicar.

— ¿Te gustó? — Soltó mordaz.

Serena se sobresaltó y la miró espantada — ¡Oh, no! ¡Nada de eso! Amo enteramente a mi queridísimo Diamante…me da curiosidad.

Rei soltó un sonido burlesco, ajá… ¿y luego? Pensó Rei, en realidad le exasperaba era demasiado tonta para que ella comprendiera que no era simple curiosidad eso… No creía que un tipo desconocido la engañara tan fácilmente si eran buenas amigas en verdad, era prudente decirle que era un timador, aunque bueno si lo pensaba con detenimiento se lo había dicho ¿la convertía en su amiga? Esperaba enmendar eso después. Serena se levantó mientras empezaba a dar piruetas nuevamente, Rei tampoco creía que Serena pudiese engañar a ese Diamante… ¿o sí? Tampoco conocía a ese tal duque pero…

— ¿Te gustaría verlo? — Comentó directamente, yendo al grano.

— ¿Cómo dices? — Los orbes azules de Serena se iluminaron, algo que ni ella misma notó — ¿Hablas en serio?

— Demasiado en serio — habló pausado y lento — ¿Acaso eso no hacen las amigas?

Serena lo meditó un poco — ¿Qué tipo de visita le haría?

— Casuales por supuesto… ¿dejaríamos que tu reputación se arruinara? No soy capaz de eso, me importas demasiado — sonrió de lado.

— ¿Casuales? Te refieres a encontrarlo en el parque y así, ¿no es así?

— Por supuesto, yo me encargaría de eso completamente, nada me gustaría que verte feliz todo este tiempo ya que tu futuro marido se marchó, dejándote sola… y abandonada.

— Claro, claro — afirmó empezando a dar vueltas alrededor de la inmensa sala de cuarto, finalmente se paró con mucho abrupto y abrazó a Rei con demasiada efusividad — ¡Oh, te lo agradezco tanto! No sé qué haría sin ti.

Confundida, Rei le dio ligeras palmaditas en la espalda a modo de cierta emoción — Posiblemente mueras sin mí — comentó a modo de burla.

La mejor cualidad de Rei era su sonrisa sincera, de muchos sentimientos, y esa sonrisa sincera de maldad era franca. En realidad la más natural que le había salido, ya que las cartas que se le habían puesto eran de las más sencillas y barajar con ellas lo eran aún más, quien quiera que fuese ese duque le ayudaría, estaba segura que era un buen actor lo sabía sin duda, ¿el duque Kou? ¿Era una broma absurda? Quizás si corría con la suficiente suerte podría tener un plan mucho mejor y pactar algo con el señor misterioso. No sería mala idea después de todo eso, por primera vez le agradaba la idea de que un "noble" le ayudara. Sólo era cuestión de tiempo y dinero…eso era todo, lo demás saldría tranquilo, una infidelidad para empezar no sonaba del todo mal.

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— Amo, ¿se encuentra bien? — Habló titubeante, el mayordomo lo miraba asombrado, desde que a temprana hora le pidiera que le comprara ropa, se asustó, él nunca hacía eso, aunque esa chiquilla que había dejado en la noche era un enigma y fastidio, deseaba decirle que cerrara el pico ayer en la noche.

— ¿Por qué no abría de estarlo? — Se miró en el espejo, su reflejo era preciso, un clon de él sin la delicadeza de hablar, su cuello de terciopelo le caía graciosamente en su cuerpo atlético, las solapas de seda bailaban en cada muñeca de las manos, dándole un aura misteriosa, la corbata de gran nudo, se cernía orgullosa en su cuello y su pantalón largo oscuro se le pegaba a sus piernas macizas — ¿Huelo a muerto? — Olió sus ropas, y se echó a reír ante su chiste negro, Rubeus soltó una risa fingida que Seiya pasó de largo — Al menos huelo a ¿nuevo? — Comentó ligeramente dubitativo al no describir ese hecho.

— ¡Por supuesto! Huele como a todos los demás — Aseguró con vehemencia Rubeus.

Seiya se miraba indeciso, se había probado tantas ropas una tras otras, podría decir que despedía sudor pero tampoco era el caso, sólo algunos cabellos finamente se habían desacomodado. Se sentía raro, le atraía la atención esa Serena Tsukino por todo, quería estar de seguro de todo, aunque él nunca cometía error alguno eso era seguro. Sonrió de lado, al descubrir que el sol no estaría tan brilloso como en días anteriores agradecía ese hecho a las estaciones del año. Le excitaba tanto el sólo hecho de tocar nuevamente ese cuello terso y blanco, aunque ya sabía cómo cuidarse de esa maldita baratija de plata que pendía en su jugoso cuello.

Ni siquiera había cenado nada por la noche, no había tocado nada de sangre, eso podía debilitarlo lo sabía pero estaba ansioso, deseoso por todo, si era quién él pensaba la venganza se cernía tan fresca y cerca — El bastón — anunció alargando su mano.

Rubeus lo miraba extrañado, como si el demonio tramara algo muy atroz de lo que un simple humano como él pudiese comprender, sin pensarlo dos veces le acercó el bastón negro, brillaba. Seiya se sonrió a sí mismo en el espejo, practicando diferentes poses — Soy perfecto — afirmó, desvió la vista y miró a su lacayo — Iremos a la Mansión Tsukino — tronó los dedos — El carruaje.

Nada parecía más genial que eso, una paseada al lado de Lady Serena, su última cabalgata a decir verdad, sacó de su saco el pañuelo y volvió a oler ese néctar como si fuese su droga personal, dándole valentía. Se sentía emocionado, aparte de la dulce venganza, se sentía poderos y guapo, más poderoso aún que la propia Neherenia, podía acabar con varios neófitos de un santiamén. Cuando escuchó el crujido de la puerta, caminó lento y pausado hacia la gran puerta. Era raro, porque en general le habían enseñado no sentir nada y estaba seguro que hacía ya bastante años que no sentía nada, salvo deseos hacía Neherenia. Y esta vez se sentía nervioso, demasiado para su disgusto.

Miró al sol y sus dientes afilados salieron sin pensarlo, Rubeus lo miró y quiso agarrar su crucifijo, rezarle el Ave María y todos los cánticos cristianos que supiese, sus ojos con una chispa malévola miraban el carruaje. Abrió la pequeña puertecilla del carruaje, era de madera maciza, salió una escalerilla para apoyar su perfecto pie en ella, le agradaban los lujos, y dentro del carruaje se veía a leguas sus peculiares gustos, el sillón estaba acojinado con plumas de animal, de piel blanca, los cojines con hilo de oro y seda al tacto, todo estaba bañado alrededor de oro en cada esquina y cuatro caballos pura sangre negros se disponían a hacer caso al lacayo de Rubeus. Cuando se subió al lugar sonrió de lado.

— ¿Cómo me verá la gente? — Habló para sí mismo, mientras escuchaba el grito de Rubeus dándole las órdenes a los caballos. Porque era bien sabida la leyenda de ellos… le agradaba escucharlas, ver cada vez como la historia se volvía más y más fantasiosa y hasta cierto punto agradable — Humanos ingenuos — se burló amargamente, nadie sabía la verdad salvo Neherenia, hubiese querido que la presuntuosa leyenda que decía fuese la real, era más tranquila, o al menos… más entretenida nadie sufría tanto. La que me más le agradaba era aquella en donde decían que uno de sus hermanos se había vuelto loco matando a todos en la noche y que al darse cuenta de su horror, hizo una hoguera quemándose a sí mismo y a sus padres, y que, como sus hermanos habían desaparecido no teniendo una sepultura cristiana rondaba el lugar de tristeza, agonía y rencor.

No se cansaría de contar todas las leyendas del lugar pero esa le agradaba más, al menos no había un romance idiota de por medio, al menos nadie le había herido y sabía quién había sido el causante de todo eso. Lo cierto o no, es que no se acordaba de muchas cosas, Neherenia le había dicho que tenía que olvidar su vida pasada y así lo había tratado de hacer. Tampoco iba a mentir sobre quién era… muerto (o como sea que estuviese) siempre sería el orgulloso cuarto duque de Buckingham y Normanby; Seiya Kou. Que la gente especulase lo que quisiera, le venía como un puñado sentimentalismo enfermo.

Si pudiese decir que estaba sudando probablemente lo diría, pero no era el caso. Estaba más ansioso e incluso podría atreverse a decir que estaba más anheloso que cuando la primera vez que probó sangre. Excitado, podría ser la palabra casi perfecta para describir el momento, nunca creyó que las cosas salieran así de simples y sencillas, que una de sus víctimas viniera a él, que aquél aroma endrogante se parara en la planta carnívora. Observó por la ventana el bosque y se hundió más en el asiento de cuero. Aunque había dicho que olvidaría las cosas pasadas, no podía, y le dolía saber que aún había una pisca de humanidad en él. Porque, si no era así ¿por qué se seguía empeñando en la venganza? La deseaba más que a nada en el mundo, esa bastarda tenía que pagar y si estaba ya muerta, sus congéneres tenían que pagar. Porque aún recordaba el dolor, la humillación, y él, tan ingenuo y estúpido como solía serlo en su vida humana, apretó el puño y afortunadamente, suspiró ya no era más una persona asquerosa.

Podía olerlo, aún pese a que no había aire, todo el bosque apestaba a ella. Sus recuerdos le giraron en su mente y soltó una risa macabra. No sabía cómo hacerlos sufrir, pero sería lenta. Y dejaría lo mejor para el final.

El camino estaba más empedrado, y el traqueteo que le ocasionaba le fastidiaba, asomó su cabecita por la ventana. Estaba tal cual la mansión, sólo que adecuada a la nueva época, el jardín estaba maravilloso pese a ser otoño, podía escuchar la fuente, una grande y poderosa reja les impedía el paso. El carruaje se detuvo, no se inmutó en salir, en cambió escuchó como Rubeus bajaba. Se chupó sus labios algo expectante, hasta que por fin, le abrieron la puertecilla y bajó muy modestamente del lugar. Se había vuelto nublado el día, sus sentidos le decían que había encontrado el paraíso y su retorcida alma bailó al vals de la victoria que estaba ya tan próxima.

Una señora regordeta los miró, su mirada se posó primero en Rubeus, quien lo miró con desconfía, hizo un mohín, ni siquiera se acercó a la puerta como siempre hacía de costumbre.

— ¿Les puedo ayudar en algo? — Se escuchó hosca.

Rubeus entrecerró los ojos, frunciendo las cejas molesto, pero Seiya se adelantó, la señora lo miró con nerviosísimo y él sonrió internamente. Siempre tenía ese efecto en todos, lo atraían y al mismo tiempo lo repudiaban, suponía que era el conocido sexto sentido o la cordura que les decían que corriesen lo más pronto posible de allí.

— Deseo ser presentando ante Lady Serena Tsukino — su voz melosa y su sonrisa retorcidamente sexy hizo que movería las comisuras de los labios de la criada y que se acercara unos cuantos pasos más hacía las rejas.

— Lo siento — bajó la mirada — Pero la señorita Tsukino salió y es probable que regrese por la noche.

Seiya enarcó sus cejas y bufó — Sería tan amable de decirme dónde localizarla, es de suma importancia.

— Lo siento, señor, pero tampoco sé a dónde marchó, aunque… — divagó algo confundida — Su madre se encuentra en la Mansión, si así le apetece será un honor ser anunciado ante la señora Tsukino.

El cuarto duque lo meditó, ¿podría ser ella? O inclusive se podría encontrar con la zorra esa. De ser así ¿qué pasaría? Lo más probable es que tuviese que matar a todos, no había de más, y tampoco quería que todo fuese aburrido, quería ver sangre sí, pero lenta para saborearla, todo estaba servido en bandeja de plata y eso, era lo que menos quería.

— No hace falta — sonrió — La que me interesa es Lady Serena, ¿sabe guardar secretos no es así?

La regordeta mujer lo miró hipnotizada, su instinto le imploraba huir pero su cuerpo le decía que permaneciese allí, era a todas leguas un personaje misterioso, por fin, después de aclararse la garganta pudo contestarle — Así es, señor.

Seiya se acercó más a las rejas, él era una serpiente y lo sabía, le encantaba tener ese efecto en todas, sin ninguna excepción — Esta charla nunca ocurrió, y no le diga a nadie sobre mi cordial y pequeña visita ¿de acuerdo?

En un impulso, la criada se acercó a él, extasiada, rozó su mano con la de él, soltando un ligero gemido — ¡Por supuesto! Juro que no hablaré de usted a nadie.

Alzó las cejas y sin decir un adiós le señaló a Rubeus que se tenían que marchar — ¡Qué pérdida de tiempo! — Rubeus se acercó e inmediatamente le abrió la puerta — Quiero ir al parque, al final de cuentas hoy no veré a Lady Serena…

— ¿Al parque? — Habló con asombro, ¿el abominable señor planeaba salir en una tarde poco convencional? ¿Qué se supone que tenía que significar todo aquello? No era persona que podía salir y su pequeña vida tranquila tendría un fin porque el amo quería salir ¿qué les diría a la gente? Estaba seguro que les diría que era si más ni menos el mugroso ese duque que ya había muerto hace muchos años atrás. Y de cualquier manera tampoco creía que la gente les creyera semejante cosa…nadie podría vivir tanto tiempo y seguir estando joven, podrían pensar que quería llamar la atención.

— ¿Me cuestionas? — Hizo un mohín. Odiaba que lo cuestionaran y le hicieran preguntas insistentemente nadie se lo había hecho ni siquiera Neherenia, tenían un vínculo pero cada quién hacía lo que le apetecía y ¿acaso él le cuestionaba eso? Tenía prudencia por Yaten… pero él era raro; su hermano, siempre había sido más odioso que él, inclusive lo tachaba de tonto y sepa que quien quiera que esté en los cielos (si es que había alguien) de humano fue demasiado narcisista, demasiado detestable y él era el típico humano que en todos confiaba, algo mujeriego pero digno al final de cuentas y verlo con esa vampira… le daba un poco de envidia, había cambiado, tenían un vínculo impresionante y eso le había atemorizado, sabía que con su pareja no lo tenía pero ¿por qué? ¿Qué se sentía? ¿Qué le pasaba? Cuando los vio, parecían uno solo, no los odiaba pero le molestaba eso, algo que pese a los muchos años nunca pudo lograr con Neherenia. Por eso, le había mandado una carta a su hermano que aún no había sido contestada.

— No amo, jamás lo haría — cabizbajo lo miró a los pies, mientras abría la puertecilla, preguntándose por cuánto tiempo tendría que seguir soportando esa cosa.

No le gustaba para nada como había empezado las cosas, finalmente se dijo a sí mismo que tenía que comer en la noche, no podría soportar otra noche más sin su suculenta comida.

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Era tarde y ya había almorzado, de repente le había apetecido salir a caminar en el parque… algo le había dicho que tenía que estar en ese preciso lugar, no era un día muy concurrido por lo que pudo ver. Le había dicho a su madre que si las acompañaba pero se excusó diciendo que estaba cansada y era cierto. Serena pudo notar que era una mentira a medias, cualquiera que sea esa enfermedad que tenía se la estaba comiendo viva y ella no podía hacer nada para ayudarla. También necesitaba despejar su mente del nuevo amigo que había conocido y de la partida de su enamorado.

Siempre le había agradado ese parque, la pureza que se respiraba era impresionante, en cada esquina había un árbol cónico, algunos pinos, y tantas flores que daban ganas de aventarse y rodar entre ellas. Finalmente junto con Rei, se detuvo en un asiento de fierro color azul, con esquinas doradas. ¿Por cuánto tiempo se marcharía Diamante? No le gustaba, se miró el anillo y tocó inconscientemente el collar.

Rei miró a Serena y rodó lo ojos, ¡qué desperdició de tiempo! Podía hacer más cosas, pero a Serena le apetecía salir y por lo que veía, fantasear en cosas rosas como siempre. Sabía que las cosas eran lentas pero se empezaba a cansar, ¿quién sería ese tal duque? Tenía que averiguarlo para poder llevar a cabo su plan lo más rápido posible, cuando se percató, había una sombra en donde ellas estaban sentadas. Vislumbró dos hombres, uno era demasiado apuesto, el otro era sencillo… sumiso, le cayó mal a simple vista. El hombre apuesto de pelo negro miraba a Serena, con una sonrisa satisfecha, inclusive podía afirmar que la buscaba, pero descartó a no ser que… Se giró, como siempre Serena ni lo había notado. Tonta pensó Rei, mientras le daba un ligero codazo mientras ponía una cara amable.

Serena miró a Rei incrédula, después al joven enfrente de ellas. Inmediatamente Serena sonrió, sus ojos se abrieron como platos y se ruborizó — Vuestra alteza.

Rei miró incrédula al hombre que ponía una cara de asco al escuchar esa mención nobiliaria. Después soltó una risa — Señor Kou, Lady Serena, ¿puedo sentarme?

Serena sonrió nerviosa — ¡Oh! ¿No le apetece caminar? Yo… nunca pensé que lo vería tan… pronto.

Rei frunció las cejas… ¿Él era el supuesto Seiya Kou? Es cierto, hablaba diferente, no parecía ni siquiera de por los alrededores y no mentía Serena al decirle que se veía su porte. Algo de él le decía que no se acercara más, pero también le decía que algo raro había allí. Si hubiese sido buena amiga, probablemente le hubiese dicho que se largaran de allí pero no lo hizo.

— ¡Sería todo un placer! — Seiya se inclinó, brindando su regazo para que ella pudiese agarrarlo — ¿Acaso viene sola?

— ¡Oh no! — Agarró el regazo de su brazo y miró a Rei — La había olvidado por completo, ella es mi doncella… Rei Hino.

Rei se levantó con tranquilidad riendo como tonta — Señor Seiya Kou — dijo Rei, Seiya alzó las cejas.

— ¿Me conoce? — Rei lo miró de reojo y se apretó la lengua por haber cometido tan garrafal error, sin embargo no se atrevió a hablar. Seiya se encogió de hombros — No importa, él es Rubeus… mi siervo — agregó — Conózcanse que yo conoceré a su dueña.

Rei apretó los labios ¿quién demonios se creía ese imbécil para tratarla de esa manera? Pero se tranquilizó al verlos juntos… posiblemente le ayudaría en su venganza y después le haría pagar por eso, a ella no se le olvidaría eso. Miró a Rubeus y sonrió — ¿Siempre es así? — Extrañamente le cayó bien, pese a que primera instancia lucía idiota.

— Si se refiere a odioso, señorita Hino lo es — asintió y sonrió Rubeus — ¿También lo es…?

No hubo necesidad de terminar la sentencia — Insoportable — mencionó, bueno… no era fea y necesitaba más información del supuesto duque Seiya, así que se giró hacía Rubeus mientras empezaron a caminar conforme, sus amos lo hacían y le sonrió de una manera coqueta — Entonces Rubeus… ¿cuándo volvió el duque Seiya Kou?

Serena se sentía nerviosa, desde que lo había visto tocando el piano, aún cuando no era de noche se sentía invadida por un sentimiento extraño aunque le atribuyó a su mera curiosidad. Se sentía tranquila cuando vio que Rei y Rubeus habían ya entablado plática.

— Lady Serena, por lo que veo usted le gusta mucho la música.

Serena asintió, quería preguntarle algo como ¿no que estaban muertos? Pero se calló en cambio miró el piso — Mamá solía darme clases con una tutora demasiado gritona — apretó las cejas — Aunque nunca fui buena, a mi papá… a mi papá le gustaba vernos tocar algún instrumento.

— ¿Verlos? ¿Tiene hermanas?

— Una — Serena sonrió a medias — Ya se casó, ahora vive en España.

Seiya se calló, era cierto que quería venganza pero con tanta gente se sentía nervioso ¿qué le pasaba? Entrecerró los ojos eso no era normal, ¿flaqueaba? ¿Por qué? ¿Por qué la veía indefensa? Era una Tsukino y con eso era más que necesario, bajó su mirada en su cuello, ¿y si la mataba en ese momento? No pensó que sería más difícil de lo que había creído, ese collar seguía justo allí, en su lechoso cuello. Gruñó y maldijo al collar.

— ¿Puedo preguntarle quién le dio el collar? En realidad es muy hermoso.

— ¡Oh! — Se tocó el collar y se sonrojó — Una persona muy importante para mí.

Seiya frunció las cejas algo molesto — ¿Sabe lo que significa el collar?

— En realidad… no sé mucho, ¿sabe? Duque Kou, es especial… me cuida de todo mal.

— Tonterías — acuñó — Nada es poderoso… al menos no tanto — se corrigió.

Nuevamente otro momento de silencio. Serena sentía que le latía el corazón a mil por hora, sentía una experiencia nueva, no era como si estuviese engañando a Diamante, más bien era como si tuviese un nuevo amigo al cual confiar las cosas. Seiya bufó, se sorprendió al saber que la doncella de Serena se encontraba interesado en su persona, y le molestó saber aún más que Rubeus le daba información… ese bastardo infeliz.

— No lo sé — encogió de hombros — Pero confió en que lo es.

— La verdad es que no me interesan ese tipo de cosas — se burló, hubo un aire que le hizo sentirse agotado, quería drenar su sangre y el sol lo empezaba a cansar.

— ¿Por qué no? — Comentó con curiosidad — El amor es la cosa más maravillosa del mundo, lo más preciado que una mujer y un hombre comparten.

— Y la más dolorosa, te arrepientes en segundos el amor no es para siempre — Lo dijo más para sí mismo que para ella en realidad.

— Probablemente — asintió — Pero la vida sería aburrida ¿no lo crees Duque Seiya Kou? Me refiero, estar siempre amargado no es bueno para la salud, yo viví rodeada de amor y de amor viviré.

Seiya quiso reír ante tanta ingenuidad — De amor no se vive Lady Serena, me supongo que su madre y toda su descendencia debió de ser felices con sus maridos.

— En realidad, si — después Serena meditó — Aunque la abuela, amaba mucho al abuelo… no sé, bueno en realidad la abuela miraba mucho su castillo, bueno no sé pensaba que la abuela estaba enamorado de algunos de ellos y se murieron.

— ¿La abuela? — Seiya enarcó las cejas — ¿Y no están muertos los de mi castillo?

Serena rió con evidente gracia — ¡Evidentemente que no Duque Seiya Kou! ¿A caso usted no es algún descendiente?

— ¿Qué le hace pensar eso? — Sonrió mostrando sus dientes perlados y hermosos.

— Es imposible y de ser que vivieran estarían demasiado viejos — Serena palmeó el hombre de Seiya, quien él la miró atónito — ¡Oh perdóneme! — Agachó la cabeza, mordiéndose los labios.

En cambio él soltó una sonrisa divertida, extrañamente ella la hacía ponerse tranquilo, gruñó. ¡Mierda, esto no estaba bien! Se llevó su mano a su boca y se la restregó, tratando de pensar con claridad — Es tarde — acotó, tenía que salir de ahí.

— ¡En serio le pido una disculpa! — Serena se mordió el labio inferior — ¿Qué le parece una cena en mi casa? Así conoce a mi mamá, por favor — Casi podía sentir en sus ojos lágrimas que se mantenían para no salir.

— Lady Serena, no es tu culpa… recordé cosas eso es todo — sonrió con tranquilidad — Acepto encantado su comida — se agachó a besar su mano izquierda y asombrado vio una sortija — ¿Está casada?

— Eso — susurró, quitándole la mano — No, pero lo estaré — se lamentaba al decir eso, ¿afectaría su relación?

— Entiendo — bajó la vista y se acercó a ella hasta quedar frente a ella — ¿Cree que aún tengo alguna oportunidad con usted?

Serena se quedó muda, caminó hacía su carruaje, Edward lo abrió. Miró a Rei despedirse con coquetería de Rubeus y se subió al transporte — Quizás — fue lo que se le ocurrió decir, dándose cuenta de su error se subió al carruaje — Le mandaré algún mensaje mañana para que nos visite cuando guste.

¿Qué demonios había dicho? Pensó Serena ensimismada en sus pensamientos. Rei la miró alzando las cejas pero no dijo nada… algo de ese supuesto Duque la ponía nerviosa y lo que le había dicho Rubeus la hacía ponerse aún más perturbada de lo que ya estaba. Bueno aunque… de lo que estaba segura era que él buscaba venganza y le ayudaría en todo eso.

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Cuando llegó a su castillo Seiya se mostró iracundo, los ojos le brillaban de un tono rojo en su totalidad, Rubeus se asustó demasiado. Tiró las sillas, haciéndolas añicos.

— Pensé que usted… — Rubeus retorció sus dedos — Pensé que la señorita Tsukino…

— ¿Qué? — Seiya gritó furioso, se acercó a Rubeus, él ni siquiera pudo explicar en lo que él era y estaba seguro que esa cosa no era de este mundo — ¿Qué la iba a matar? — Se llevó sus manos a la cabeza y gritó frustrado, ¿qué demonios le había pasado? ¿Por qué se estaba comportando de esa manera? Hace apenas se había fijado una meta — ¡Y tú! ¡Grandísimo idiota! Diciéndole a esa doncella que me vengaría de la familia en la que ella trabaja — Lo agarró de la solapa y lo llevó a la fría pared. Mostró sus colmillos, y sus ojos inyectados de un rojo carmesí, sus facciones se volvieron más duras.

— Amo — Gimió Rubeus — ¿Acaso no escuchó que ella también se iba a vengar? — Sintió como el cuarto Duque Seiya relajaba sus músculos, no quitándole esa feroz mirada y sonrió de puro miedo — Si se alían ella y…

Soltó una carcajada, lo bajó con dureza — ¡No me alió con humanos! Con asquerosos humanos… — apretó la quijada — Tengo hambre — no dijo más, volteándose a la ventana.

Rubeus con algo de trabajo se levantó. Estaba empapado de sudor, le temblaban sus articulaciones — Enseguida le traigo de comer, amo — se inclinó y salió con algo de renguera, había sudado frío Rubeus y una vez más volvía a vivir para contarlo.

Mientras tanto, Seiya jaló el alto cortinero, molestó. Observó la Mansión Tsukino con una mueca, rompió un jarrón de antigüedad, ¿por qué le pasaba todo esto? ¿Por qué le había molestado que estuviera prometida? ¿Por qué? ¿Y por qué antes no lo había sentido? Meditó y descubrió que no la había visto en realidad… sólo había sido meros instintos ¿qué tenía qué hacer para sacar de nuevo esos instintos? Lo cierto es que le daba curiosidad. No todo estaba perdido, no por nada llevaba con ese rencor hacía esa familia por más de cien años… y si al menos no podía matar a todos, podía hacerlos sufrir en su vida terrenal. Y de repente se sintió de un mejor estado de ánimo.


¡Hola! X)

En realidad, lo sé… soy un asco, así de fácil. Más de un año sin actualizar esta historia ¿pero qué tal, eh? ¡Actualizo Bella Traición! ¿Qué no? Jajaja, no ya en serio, la mitad de la historia la llevaba escrita desde hace un año pero la otra mitad la reescribía y la reescribía y no me gustó, después le perdí el hilo a la historia. La tuve que volver a releer toda para darme una idea.

Bueno, desglosando los hechos… ¿Serena? Bueno no hay mucho de qué hablar, ¿qué si le gustó Seiya? ¡Sí! ¿Nunca les ha pasado? Que te gusta una persona sin siquiera conocerla bien… es como que la vibra que emana lo que uno le empieza a gustar. ¿Seiya Kou, enamorado? Tan así como llamarlo de esa manera no, él está con su plan original, y no es que no la pueda atacar porque sea Tsukino y blah, blah, si quiere la puede chupar jajaja, ¿por qué se siente de esa manera? Pasa lo mismo con Serena alguna conexión medio rara en el destino que te asusta, te pone ansioso y no sabes lo que pasa, bueno pues… eso le pasa a Seiya. Rei y Rubeus ¿algún romance? No creo, creo que Rei es una persona en esta historia demasiado centrada en lo que desea y sabe lo que tiene por eso lo utiliza a su favor.

Temo decir que no sé cuando vuelva a actualizar, ojalá y prontito, pero no sé, mi mente (por alguna extraña razón) se enfrascó en Bella Traición, pero si aseguro que no la dejo ;)

Gracias por sus hermosos reviews a:

Indo K, Kokoro Lust, Seiya-Moon, Kawaii Bitchy, Leonor de Eboli, Loyda Astrid, mayen89, So Bunny e Hikariadi.

SerenaySeiya; ¡Yo tampoco conocía Chopin! Y con el twitter creo que pasó mi momento de locura, aunque lo sigo viendo, me enfoco más en el facebook. A mí me cae bien Rei, y si la odia. ¿Crees que fue la madre de Serena? El collar tiene plata pero otro poder claro, que eso se verá más adelante. Y perdón por la tardanza.

Bulmita su: ¡Demasiado hombre Diamante jajaja! Yo lo imagino machista, no tanto en sí… es posesivo en realidad. Con Rei te darás cuenta que es más cercana a la familia (y no me refiero a que trabajé allí jaja) espero que sigamos viviendo después del 12/12/12 xD

Princess Bunny Kou; ¡Qué bueno! Ahora que lo medito, acá Seiya no es tan gigoló, es más vengativo. Bueno tan fríamente calculado no, pero algo jojo. Rubeus si le tiene envidia a Seiya, digo ¿quién no? ¡Semejante hombre! Jajaja, no le da miedo y curiosidad. Yaten no tiene papel relevante en la historia en sí, y perdón por la tardanza. ¡Sí Bella Traición! ¡Ojalá y lo leas! Y los dramiones son esporádicos.

Serenalucy; Espero que tu también te encuentres muy bien, ¡yo también opino lo mismo en hacerla solamente suya! Muajaja, perdona por la tardanza y un tarde ¡viva México!

Usagi Kou; Eso de fríamente calculado me sonó malévolo, pero bueno investigué bastante y no les puede cambiar el apellido, en esa época solían casarse con primos lejanos para seguir manteniendo el apellido.

Te amO Seiya; ¿Metroflog uh? ¿Es demasiado oscuro Seiya? ¡Chan! Pues sigo esperando que ya sea de verdad que me leas –broma-

Kousagi-san: Me dio risa donde dices calamidad jaja, y si, en efecto, se la quiere chupar xD. No te preocupes y perdona la demora.

Paty; ¡Bingo! Pero shh. Perdona la demora y si Neherenia saldrá… a su momento.

xXx: Ojalá y te paseas más seguido que ya hay buenas escritoras por aquí :) ¡Ja! ¿Personajillo Rubeus? Seeh, me gusta mucho tu análisis. Y es cierto, ya no recordaba que le gustaba la sangre virgen ¡oops!

Stars; Jajaja ¿Obsesionarme yo? ¿Qué es eso? Ahorita ya no ando obsesionada ¿sirve? Oh, lo siento por poner Hiatus pero en realidad simplemente la historia se congeló. ¿Quién sabe, qué? ¿Qué Serena sea ingenua? ¡Lo es! xD ¡Fb sirve! Yo tampoco le veo la gracia con Ron, ni mucho menos con Severus ¿la gente está enferma, o qué?

Darien lover: ¡Gracias!

Sakurita; ¿En serio no te dejaba abrir el link? Uhm… ¡qué raro! Jajaja, si se puede, antes solían casarse con los primos lejanos para mantener el apellido de la familia =) perdón por la tardanza.

Marlen K; Bueno, sé que es horrible, yo también me molesto cuando no actualizan las que me gustan y tienes razón en decirme que debería de darle algunos minutos diarios a la escritura, pero no es tan sencillo como lo describes, aún cuando tengo el trama completo de la historia hay fugas y bloques de escritora, a veces desearía ponerles cómo va la historia y empezar a escribir desde allí, pero no es así. Y sé que si me sigues leyendo me odiarás al saber que actualizo después, pero creo que más que nada es el hecho de seguir con a la historia y ser "constante."

Sandymxn; ¡No la abandono así sin más! La dejo para lo mejor xD Y tengo piedad :) ¡espero que te guste!

Sepan en serio disculparme por mi horroroso retraso.

DEJEN REVIEWS :D

●๋•Ashαмєd●๋•