Kenshin, un chico en dificultades.

Acto uno

Por Kenshin

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-¿Qué pasa, mamá?-

Misao, que llevaba media hora parada en la ventana, mirando el jardín, reparó en los azules ojos de su hijo de once años puestos sobre ella.

Era un niño hermoso, sin duda como su padre, y algo alto para su edad. Casi alcanzaba a Misao en estatura.

-Nada, Tenshi.-

El chicuelo la miró curioso por algunos segundos. Luego repuso:

-Voy a jugar béisbol con los muchachos.-

-¿Acabaste tu tarea?-

-Claro que si, mami.-

Misao miró a su hijo especulativamente.

-Regresa temprano, ¿si?-

-Está bien, mamá.-

En cuanto el muchacho salió, Misao sintió un tirón en su pantalón de tela. Miró hacia abajo con una sonrisa.

-¿Qué te pasa, Souji?-

El pequeño de seis años arrastraba tras de si un bate de béisbol demasiado grande para él.

-Quiero ir con Tenshi.-

La madre suspiró.

-No puedes, mi amor… - comenzó, agachándose para quedar a la altura del pequeño.- … porque él va con sus amigos, que son grandes como él y ya se ha ido. Además, debemos terminar tu disfraz de árbol.-

La cara del niño se iluminó.

-Quiero ser un árbol de manzanas rojas.-

Misao pestañeó un par de veces de la impresión. Cuando pensaba que Soujiro se largaría a llorar por no ir con el hermano, le ponía una cara de felicidad y le hablaba de manzanas. ¿Cómo se hacían manzanas para un árbol de disfraz? Lo mejor sería preguntarle a la madre de Aoshi, que vivía en la casa del lado.

-Desde luego que tendrá todas las manzanas que quieras, pero ahora ve a lavarte la cara. Iremos a hacerle una visita a la abuela.-

-Siiiiiiiiiiiiiiiiii, ¡¡¡¡¡a la abuela!!!!.- dijo el chico extasiado, levantando las manos y corriendo alrededor de la mesa.- ¡Me gusta ir a ver a la abuela, porque cuando estás con ella, siempre sonríes.-

La mujer, que metía en una bolsa enorme lo que llevaba avanzado del disfraz de su hijo, lo miró interrogante.

-¿Por qué dices eso?-

Soujiro era un pequeño ligeramente regordete, de cabellos castaños que despedían frecuentemente reflejos rojizos, haciéndole pensar a Misao en Kenshin, su hermano.

-Porque con ella hablas, se cuentan cosas y se ríen. Pasa lo mismo cuando estás con papá. Pero cuando estás sola te pones triste y miras mucho rato por esa ventana. Tenshi dice que si somos buenos, sonreirás siempre, pero por más que lo intentamos, parece que no resulta.-

Corriendo ágilmente, el chico se dirigió al cuarto de baño, dejando a Misao perpleja. Tanto así, que tuvo que sentarse.

Tiempo atrás su suegra le había dicho que cuando una mujer tiene hijos, las paredes de la casa se llenaban de ojos y oídos. "Ellos siempre te estarán observando aunque no los notes, para aprender de ti. Por eso debes poner atención en lo que les enseñas".

-Pero no puedo estar feliz cuando mi querido hermano está lejos, pasándola mal y rechazando mi ayuda. - dijo en voz baja regresando a su ventana, desde donde miraba un rosal que Kenshin plantó en una de sus última visitas, muchos años atrás. Un rosal que hacía tres años no daba rosas.- ¿Cómo puedo traerte de vuelta? Estoy seguro que si pudieras ver a Kaoru, y volver a este lugar… acá fuiste feliz, y yo también lo he sido.-

-Mami… -

Misao de inmediato esbozó una sonrisa al voltear a ver a su hijo, quien no sólo se había lavado la cara, donde unos resplandecientes ojos verdes chispeaban de emoción. También se había peinado el cabello a su manera, dejándose una graciosa raya en medio… y un revoltijo de mechones más atrás.

-Eres imposible… - le dijo al niño guiándolo de nuevo al cuarto de baño y aguantando sus ganas de reír. En cuanto le ordenó los cabellos un poco con las manos, declaró triunfante.- !Ahora iremos a confeccionar el mejor disfraz de árbol del mundo!-

-¡¡Sí!!.- Gritó Souji. Sin duda no sólo la apariencia, también el carácter apasionado los había heredado de su madre.

Sin embargo, al dar dos pasos fuera de la casa, Misao recordó que había dejado los hilos, las agujas y la silicona líquida en una bolsa sobre una mesita junto a "su ventana".

-Adelántate, yo vendré pronto.- Le dijo a su hijo. Al incorporarse vio a Setsuna sonriéndole desde la puerta de su casa.- ¡Olvidé unas cosas… voy enseguida!.-

Mientras Souji recorría el caminito que unía las dos casas corriendo hacia los brazos de su amorosa abuela, Misao tomaba las cosas que le hacían falta, sin poder evitar mirar nuevamente el rosal. Suspirando, se sobó los brazos. De pronto había comenzado a hacer mucho frío.

-Será una corriente de aire.- se dijo. Eso, hasta que dio un par de pasos hacia la puerta, topándose con unos ojos azules que la miraban llenos de risa.

-Hola, preciosura. Guau, los años te quedan de maravillas.-

Blanca como un papel e inmóvil por la sorpresa, la joven mujer de treinta años miró atentamente a aquella copia de Aoshi doce años más joven, cuya vida se apagó al poco tiempo de conocerse.

-¡Tenshi!.-

El aludido sonrió como siempre lo hacía, mientras los ojos de Misao se llenaban de lágrimas.

-Pero no llores, mujer, no te queda bien… - empezó a decir el fantasma. -En realidad, siempre te han quedado mejor las sonrisas. Y sé que mi hermano se ha esmerado en proporcionártelas.-

A través de su breve llanto, Misao esbozó una sonrisa tímida al principio y resplandeciente una vez asimiló que aquel amigo de otros tiempos estaba con ella.

-No lo puedo creer… tú… Tenshi…-

Suspirando, el fantasma sonrió.

-Yo también me alegro mucho de verte Misao. Y lo que más me alegra es que puedas verme y escucharme tú a mí.-

-Pero… -Misao no sabía si llorar o reír de la emoción y sus expresiones faciales cambiaban constantemente.- … ¿Qué haces aquí?.-

-Pues… digamos que tú y yo compartimos una preocupación. Por eso he venido. No puedo descansar en paz sabiendo que el que fue mi mejor amigo está en dificultades… lo he ido a ver ayer en la noche… hum, atribuciones que tenemos algunos fantasmas de movernos de sitio, pero Kenshin no me ha visto ni me ha oído. Creo que incluso pensó que mi voz era su conciencia o algo así. Me ignoró por completo. Y eso que seguí todo el protocolo para hacerme ver. -

-Ya veo… - musitó Misao mirando inconscientemente hacia su ventana.- En realidad… cuando he estado con él hace algunos días, me ha parecido estar tratando con otra persona, no con mi hermano.- suspiró.- Yo… me siento responsable en parte, por todo esto. He sido tan feliz con mi vida, que me ha sido muy fácil creer en las alegres palabras de Kenshin cada vez que hablábamos por teléfono o me escribía cartas o mails. Si hubiese estado más atenta de él… si hubiésemos pasado más tiempo juntos en sus vacaciones o si lo hubiese ido a ver más seguido… -

-Misao, no te culpes por esas cosas. Conociendo a Kenshin, es muy posible que te haya ocultado sus problemas deliberadamente. Quizá, ni aunque hayas hecho esas cosas que dices te hubieras dado cuenta. Lo que nos debe ocupar ahora es sacarlo de su depresión y ver que se sienta mejor.-

-Le ofrecí ayuda para mudarse a esta ciudad, pero me rechazó de inmediato. Dijo que su vida estaba allá, donde está. Hemos discutido mucho al respecto, pero no entiende razones. Está obsesionado con la idea de salir solo de sus problemas. Y eso me duele porque… él me ayudó mucho siempre y… y… -

No pudo seguir porque un nudo en la garganta se le formó. Tenshi se acercó a ella y a su manera, le acarició la cabeza, como si aún fuera esa muchachuela de dieciocho años.

-Cálmate, recuerda que mi madre y mi sobrino te esperan para ponerle manzanas al árbol. Respira hondo y visualiza a tu hijo disfrazado.-

Misao obedeció, sintiendo la calma fluir por sus venas.

-Preciosa, me quedaré una temporada viendo lo de Kenshin. Ahora mismo estoy tratando de pensar en algo que me haga llegar hasta él. Estoy seguro que si yo pudiera hablarle… si él pudiera escucharme podríamos sacar algo en limpio de todo esto. Incluso podría convencerlo de venirse contigo.-

-Pero dices que no te escucha…-

-Ese es un problema serio. Es como aquella vez, con Aoshi. Estaba tan metido en su propio dolor, en sus propios temas, que no podía oírme, porque su corazón estaba cerrado. Gracias a ti y a Kenshin él pudo oírme de nuevo, y me ha escuchado cada vez que conversamos y él cree que sueña. -

Misao recordó esos amaneceres en que Aoshi, sonriendo, la despertaba para contarle que había soñado con su hermano y que le veía muy feliz.

-"Debe estar en el paraíso"- le decía.

-El problema es que no quiere escuchar a ninguno de los dos. - observó Misao.

Tenshi bufó de la desesperación. Era cierto. Misao tampoco podía llegar a Kenshin.

-Escucha, muñeca… por ahora vamos a ver lo de Souji. Quizá algo se me ocurra para ayudar a Kenshin.-

Ante esas palabras, el corazón de Misao tembló ligeramente, como un avecilla que se acomoda para recibir mejor los cálidos rayos del sol en una mañana fría.

-Sé que vamos a encontrar el modo.- dijo, saliendo de la casa con una sonrisa y las cosas que le faltaban para terminar el árbol de manzanas.

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Kaoru corría con todo su corazón, esforzándose en llegar a la base. Por el rabillo del ojo notó que uno de los jugadores recibía la pelota en el guante y se aprestaba a lanzársela a su compañero de equipo. Entonces se decidió… la base estaba a un par de metros. Debía hacer una barrida.

Levantando una polvareda de aquellas, la joven arrastró su grácil cuerpo en el tierral, alcanzando con sus pies la base. En cuanto se hubo detenido, raspándose los codos, la pelota llegó al jugador que aguardaba en aquella posición.

Luego de un silencio sepulcral en el campo de juego, los muchachos que miraban empezaron a celebrar. Gracias a Kaoru, su equipo se ponía a la cabeza.

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!, ¡Lo hice, lo hice!.- dijo, levantando los brazos mugrosos y haciendo el símbolo de la victoria con las manos. Al acercarse a Tenshi, le palmeó el hombro, dejándole una marca de tierra en su polera béisbolera.- Ahora contamos contigo. Da tu mejor batazo.-

Tenshi, acomodándose la gorra, se puso en posición para esperar la pelota que a toda velocidad iría hacia él. Concentrado, le dio con toda su fuerza y la pelota salió disparada a varios metros.

Minutos más tarde, se tomaba unos refrescos junto a sus amigos y Kaoru, que los había invitado para celebrar el triunfo.

-Jajaja, ya se ve que somos los mejores, muchachos. Incluso he pensado que podríamos formar un equipo en toda ley. Yo sería su entrenadora, claro está… -

Los muchachos se rieron un poco de la ocurrencia de la joven de veinticinco años. Tenshi, sonriente y con la cara un poco sucia, observó:

-Tú eres muy buena y no estás en ningún equipo formal.-

Aquellas palabras descolocaron un poco a Kaoru. Pero muy poco. Sonrió arrebatadoramente.

-Eso es porque nadie me ha descubierto aún, pero yo te he descubierto a ti, a Hisashi, a Tenma…-

La pequeña hermana de Kaoru, de unos diez años, sonrió entusiasmada.

-Sólo quiero ser tan buena como mi hermana mayor.-

Kaoru rió de buena gana.

-No necesitas desearlo, porque ya lo eres. Tenma, eres de las mejores lanzadoras que he conocido.-

-¡¡¡Yupi!!!-

-Nos la hemos pasado muy bien, pero ahora debemos regresar a casa. Hemos de ayudar a mamá a terminar el disfraz para Sayuki.-dijo la joven a su hermana menor.

-¡Muy bien!-

El grupo de infantes, comandado por Kaoru, salió del local para ir cada quien a su hogar. Tenshi se fue con las muchachas, ya que vivían a poca distancia. El chico iba muy pensativo y Kaoru no dejó de notarlo.

-¿Pasa algo?-

Tenshi miró a Kaoru un momento y recordó que ella conocía a su madre desde hacía muchos años. Tal vez lo pudiera ayudar.

-Es mamá.-

-¿Misao?… ¿Le pasa algo?… -

-No… es decir… - el chico no sabía cómo empezar y empezó a darle vueltas al bate y a tocarse la gorra.- Lo que pasa es que en estos días la he visto triste. Le he preguntado que tiene pero me dice que nada. Con mi hermano hemos intentado portarnos muy bien pero ella sigue igual.-

A Kaoru le extrañó la confesión del muchacho, ya que por lo general, Misao era muy activa y alegre. Pensaba en eso cuando Tenma habló.

-A veces mi mamá se pone así. Yo la veo triste pero ella dice que no le pasa nada. Pero con Kaoru y Sayuki sabemos que es porque extraña a nuestra hermanita Sayo. Quizá tu mamá extraña a alguien también.-

Kaoru se emocionó con las palabras de su hermana menor y la sencillez de su lógica. Pero trató de ocultarlo. Ella también extrañaba mucho a Sayo.

-¿Qué mi mamá extraña a alguien?- dijo Tenshi al aire, haciéndose la pregunta más hacia él mismo. -Pero que yo sepa… -

-Tal vez extraña a Kenshin.- dijo Kaoru un poco seria.

-¿Kenshin?… ¿El tío Kenshin? Pero si lo vio hace unos días.-

-Cuando yo era niña, Kenshin y Misao eran muy unidos. Quizá, aunque ella lo ha visto hace poco, lo extraña.-

Tenshi se imaginó que se separaba de Soujiro. No le gustó la idea.

-Tienen razón después de todo. Mamá debe estar extrañando al tío… -

Kaoru pensó que no era la única, pero Tenma interrumpió sus pensamientos.

-Si tu mamá extraña a su hermano, dile que lo invite a visitarla.-

"Dirá que no", quiso decir Kaoru, pero no se atrevió a decirlo frente a los niños.

-Creo que ella ya lo invitó. La escuché que se lo comentaba a mi padre… ahora que lo pienso desde entonces que la he visto triste.-

-Entonces invítalo tú. Dile que no se puede negar… ¡invítalo a la obra de teatro donde aparecerá Souji!… dile que si falta él se pondrá triste. No le puede hacer eso a su sobrino. Hazlo sentir mal y vendrá.-

Mirando al cielo, Kaoru pensó en lo chantjistas que podían llegar a ser los niños… pero ella misma alguna vez fue así. Recordó las muchas cosas que le prometió a Kenshin para que viniera a verla al tiempo de separarse. Al principio le resultó, pero después ya no.

-Tienes razón, Tenma. Eso haré. Le llamaré desde el teléfono de papá y lo obligaré a que venga.-

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-Lo siento, Tenshi, pero no puedo ir. Tengo un examen ese día y no puedo faltar.-

-Pero Souji… -

-Souji lo hará muy bien, no te preocupes. Será el mejor principe que se haya visto en una obra.-

-Él no actuará si no vienes, tío.-

Kenshin, que repasaba una presentación que había preparado, soltó el mouse de su computador y se abocó al niño.

-Créeme que actuará de todos modos. No te preocupes. Él no me extrañará.-

Tenshi, que a esas alturas ya estaba mosqueado con las negativas de su fugitivo tío, estalló.

-¡Claro que no te extrañará si no te conoce! ¡Ni yo te conozco!… viniste hace tanto tiempo la última vez que ya ni te recuerdo… ¿y sabes qué más?… ¡Te odio, porque por tu culpa mi mamá está triste! ¡Ojala no existieras!-

Dicho eso, Tenshi cortó la comunicación golpeando la bocina con el aparato telefónico. Enrabiado, tenía los ojos llenos de lágrimas.

A su lado, Soujiro, disfrazado de árbol, lo miraba también a punto de echarse a llorar.

-Entonces este año tampoco lo voy a conocer… -

Tenshi, adoptando postura de hermano mayor, se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

-No te debería importar. Después de todo es un egoísta que sólo piensa en él. Por mí que se pudra.-

-Y yo que le quería dar la sorpresa a mamá.- dijo Souji realmente triste.- El traje de príncipe que me hizo la abuela a escondidas quedó muy bonito.-

-Mamá no necesita de ese hermano malo que tiene.- dijo Tenshi muy convencido.- Por eso, nosotros debemos hacerla muy feliz, para que no piense en él. Y sin duda será muy feliz cuando vea que tú en realidad eres el príncipe encantado del árbol.-

-Tía Megumi también vendrá.-

-Dijo que allí estaría, grabándote con una cámara. Y el abuelo Kenjiro dijo que por nada se lo perdía.-

Souji se puso contento con la idea, olvidando lo de Kenshin. Pero sólo por un momento.

-Tía Megumi es muy buena, siempre nos visita, y está junto a papá. Ella es una buena hermana.-

Tenshi pensó un poco.

-Kaoru, la hermana mayor de Tenma también es estupenda. Siempre acompaña a su hermana a los juegos, y nos compra cosas. Es muy simpática y sabe jugar a casi todo. -

Los hermanos se quedaron pensado un poco.

-Souji… - dijo Tenshi de pronto.- Quiero que prometamos una cosa. Que nosotros seremos unidos siempre, como papá y la tía Megumi. Como Kaoru y Tenma.-

-Muy bien.- dijo Soujiro muy solemne.- Yo te prometo que siempre estaré junto a ti.-

-Y yo junto a ti.- repuso Tenshi, uniendo su mano con la pequeña de Soujiro.- Y también prometamos que haremos feliz a mamá. Ella es muy buena, pero tiene mala suerte. No tiene unos papás y ahora tampoco tiene hermano. Está sola y sólo nos tiene a nosotros.-

-¡¡¡¡¡¡¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, la haremos feliz!!!!!!!!!-

-¿A quién harán feliz mi par de tesoros?- preguntó Misao entrando al cuarto con algunas manzanas de tela rellenas con algodón que había acabado de hacer para pegarlas a la espuma verde que rodeaba la cara de su hijo, como si del follaje de un árbol se tratara.

-A ti.- dijo Souji abrazando a su madre.- Te haremos feliz para que no te sientas solita.-

Emocionada, Misao se dejó abrazar por sus dos hijos, sintiendo la máxima alegría por tenerlos, ignorante de que habían hecho el intento de traerle de vuelta a Kenshin.

Pero quien sí estaba al tanto de aquello era Tenshi, el fantasma, que había mirado entretenido a sus sobrinos actuar. Sonriendo contento, pensó que sin duda Misao era muy afortunada por tenerlos. Y que Kenshin se estaba perdiendo de ese par de ángeles.

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La empresa publicitaria de Aoshi iba en crecimiento, y aunque Misao no trabajaba en ella, sin duda parte del éxito de su marido se debía a su trabajo como anfitriona.

Cuando Misao terminó la escuela, cerca de los veinte años, había aprendido a leer y escribir, que era lo que más quería. Pero Tenshi era un bebé y ella tuvo que prestarle toda su atención. Por eso, a pesar de que Aoshi le ofreció ayudarla a seguir con sus estudios, ella se dio cuenta de que adoraba a su hijo y que no quería perderse ni un minuto de él.

-No seré como mi madre, que nos abandonó por sus intereses personales. Además, Aoshi… estoy segura de que algo habrá que yo pueda hacer y que te pueda servir de ayuda.-

La oportunidad se dio unos meses después, cuando Aoshi fue invitado a comer donde un posible inversionista. Misao, que no tenía muchos modales, se esmeró en portarse bien para no avergonzar a su marido. Al fin de la velada, Aoshi cerró su trato y quedó muy contento, pero Misao no pudo olvidar los nervios que pasó.

-Quiero aprender modales.- Le dijo esa noche a Aoshi, al acostarse.

-No los necesitas.- dijo el joven, metiéndose a la cama.

-La mujer de tu inversionista es muy educada y fue agradable. Me hizo sentir cómoda a pesar de mis nervios. Me gustaría aprender a hacer eso. Tal vez un día tú también quieras invitar a alguien a casa y yo no quiero hacerte pasar un mal rato. Más que mal… yo me crié en la calle y sólo se de puños, de motores y esas cosas. Ni siquiera tengo tema de conversación, aparte de nuestro hijo.-

A la semana siguiente Misao empezaba su entrenamiento, a cargo de mamá Setsuna, Megumi y Saori. Aprendió a cocinar delicias, preparar un menu y planificar una cena. Aprendió modales, mejoró su modo de vestir para esas ocasiones y al cabo de un tiempo ya estaba bien pulida. Sus amables maestras le enseñaron todo lo que sabían, cuidando de no cambiar la personalidad de la joven, porque así la querían mucho. Al poco tiempo, Aoshi se vio obligado por cortesía a invitar a cenar a casa a un cliente potencial y éste quedó encantado con Misao y así empezó todo. Grandes negocios se hicieron en el comedor de esa casa gracias al encanto y dedicación de Misao.

Esa noche, mientras Aoshi veía a sus hijos jugar y a Misao haciendo un arreglo de flores para regalárselo a Setsuna en su cumpleaños, tuvo una idea.

-¿No te gustaría hacer de esto que sabes, un trabajo?-

-¿Ehh?- Misao le miró sin entender.

-Mi amor, no quiero que me lo tomes a mal.- dijo Aoshi acercándose a ella y tomándola por los hombros.- Te he visto en casa, esmerándote por atendernos a los chicos y a mi… y tú… te estás dejando de lado. No estás viviendo tu vida, sino la nuestra.-

-Pero esto me gusta.- repuso la mujer.

-Yo sé que te gusta pero, Misao… no eres tu mamá. Eres mil veces mejor que ella. Además… tengo una propuesta interesante que hacerte.

-Tú dirás.- dijo Misao, buscando refugio entre los brazos de su marido quien se había sentado en el piso para quedar a su altura, ya que ella estaba arrodillada sobre un cojín.

-Hace unos días que terminamos el contrato con la banquetería a la que le confío mis reuniones y fiestas, por un asunto de que no llegamos a un acuerdo económico. Por otro lado, Sanosuke me ha dado una tarjeta, ofreciéndome sus servicios de chef, ya que quiere independizarse. -

-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?-

-Pues que no me sirve tener un chef solo. Necesito a alguien que se preocupe de conseguir personal para ordenar mesas, sillas, que vea lo de los arreglos florales, el menú, el salón… en fin, todo lo relacionado a una fiesta. Y tú tienes experiencia de sobra.-

-No lo creo… -

-Piénsalo, Misao… trabaja para mi empresa y yo te pagaré por ello. Creo que si te asocias con Sanosuke, algo bueno puede salir de todo esto.-

Sonriendo, Misao pensó que tal vez lo que le proponía Aoshi no fuera algo tan descabellado. Después de todo, debía reconocer que a veces se aburría en casa. En eso, al mirar hacia la puerta, vio a Tenshi, el fantasma, haciéndole un guiño.

Separándose pesadamente de Aoshi, Misao se excusó diciendo que tenía algo en la cocina y se escabulló emocionada, pensando que estaba cerca de vivir una aventura.

-Hice el último intento hace un par de minutos y nada. Kenshin no me escucha.- declaró Tenshi.- Aproveché que estaba mirando un álbum de fotos y dijo mi nombre. Aproveché de acercarme y hablarle.-

"-No puedes seguir aquí… es que no puedes. Kenshin, necesitas reconocer tu problema y volver a casa. Nadie te juzgará… -

-Me gustaría tanto regresar a casa pero Tenshi… no puedo. Tengo que terminar mis estudios… este es el último año… queda tan poco para ser lo que quiero ser… ya verás que Souji me reconocerá al verme y estará orgulloso de mi… -"

Misao puso cara de no entender.

-Estaba hablando contigo, ¿no?-

-Claro que no. Es decir, yo pensé que me había escuchado, pero al parecer el Tenshi al que se refería era tu hijo. Tu hijo lo llamó esta tarde para que viniera a ver la obra de teatro de Souji y Kenshin se excusó. Quizá más tarde se sintió mal y por eso dijo eso. Que yo me apareciera fue coincidencia. Le seguí hablando, pero no me escuchó.-

Misao suspiró.

-¿Y entonces?-

-El asunto es el siguiente. No me escucha a mí, ni a ti y ahora tampoco a tu hijo.- dijo Tenshi. -Debe haber otra persona a la que Kenshin haya querido mucho.-

-Está Kaoru.- dijo Misao revolviendo una sopa.- Pero a ella no la quiere ver.-

Los ojos de Tenshi se iluminaron.

-¿Kaoru, dices?-

-Desde luego. Recuerda que esa temporada que Kenshin vivió aquí fueron muy amigos. Y Kaoru… ella siempre pregunta por él. Incluso hasta hace un tiempo le escribía cartas.-

-Vaya chica. Es muy leal.-

-A mi me daba un poco de vergüenza cuando ella me preguntaba si Kenshin le había escrito algo a ella, porque no era así. En cierta ocasión, Kojiro y Tomoe tuvieron que viajar largo tiempo y pensaron en mudarse a ese lugar. Pero Kaoru no quiso irse porque dijo que si Kenshin regresaba no la iba a encontrar. Vivió con nosotros un tiempo hasta que sus padres volvieron.-

-Entonces tal vez ella sea la chica ideal. Debemos ir a verla ahora mismo.-

-¿Ahora?- dijo Misao mirando su sopa caliente.

-Claro que si. No sé, inventa algo… -

-Ehh… pues… - Misao trató de inventar una excusa pero ninguna acudió a su mente. En eso Aoshi entró a la cocina y la miró. -Ehh… Aoshi yo… jeje… debo… -

Ante el nerviosismo de la joven, Aoshi le tomó una mano.

-¿Tú no cambias, verdad? Cada vez que te juntas con este patán algo pasa y optas por decirme una mentira.-

Tenshi y Misao se miraron entre si. Luego Tenshi reparó en que Aoshi le miraba directamente.

-También te puedo ver, ¿recuerdas?. Y escuchar. Llevo un rato entretenido escuchando como traman salvar a Kenshin de sí mismo.-

La seriedad de Aoshi desapareció, dejando ver una brillante sonrisa, a la que Tenshi contribuyó.

-Si no fuera porque estás muerto, te mandaba un puñetazo por andar tramando con mi mujer a escondidas.- le dijo Aoshi.

-Bah…- dijo Tenshi.- Hablar con ella es más divertido. Además, está mucho más guapa que tú. Y ya sabes… yo me veo muy joven, con mis veintisiempre… -

Aoshi rió y luego bajó un poco la vista, abrazando a Misao y apoyándose en un mueble de cocina.

-Si me permiten opinar, después de todo, también algo conozco a Kenshin, es que no se pueden meter en sus decisiones. No lo podrán convencer de volver a esta ciudad. Además, hasta donde yo sé, la bulimia no es algo que se quite diciéndole que está mal. Y sobre su actitud… pues que Kenshin tiene el mismo problemita que Misao. Siente que nadie puede quererlo por lo que es, asi que se esfuerza en lograr metas que él cree, le darán aquello que necesita para ser amado. Kenshin está acabando de estudiar una carrera y está muy metido en eso.-

-Y entonces, genio, ¿qué propones?- dijo Misao, mirando hacia arriba la cara de su esposo.

-Creo que yo una vez pasé por un proceso similar de cabezonería y ustedes lo resolvieron metiendo en mi casa a esta señorita que me volvió un poco loco. Pero lo hicieron disfrazándola de hombre.-

-Oye, espera, eso no fue idea mía, fue a Misao a quien se le ocurrió.- empezó Tenshi a defenderse.

-Sea de quien sea la idea… el punto es que en Misao encontré a un amigo, a alguien de confianza… creo que tal vez Kenshin necesita un poco de eso. Alguien que lo pueda apoyar, que lo pueda querer tal como es, que pueda hablar con él… Si le quieren mandar a Kaoru, bien por ustedes, pero Kenshin posiblemente se esconda y la mande de regreso con el corazón hecho añicos. Pero si le mandan a un muchacho… -

-Aoshi… -dijo Misao extrañada.- No estarás insinuando que Kaoru debería… -

-Resultó contigo.-

-Eso fue otra cosa. Yo no tenía intenciones de ayudarte ni nada, sólo de cumplir la última voluntad de Tenshi y… -

-Pero dio resultado. Además, tú misma has dicho que Kaoru es muy leal… es perfecta para hacerlo. Ella podría cuidarlo, estar con él y ser su amigo.-

-No le podemos pedir que se disfrace… quizá ella desee ver a Kenshin como la mujer que es, abrazarlo, darle besitos… -

-Misao, la situación es esta.- dijo Aoshi muy serio. - Hace años que esos dos no se ven, pero a ti y a mi nos consta que se echan de menos. Lo que pasa es que Kenshin no quiere que Kaoru lo vea antes de no se qué cosa que tiene planeada.-

-¿Y… ?-

-Te aseguro que aunque se toparan en la calle, Kenshin no podría reconocer a Kaoru, porque ella, de ser una niña flacucha y sin gracia ha pasado a ser una muchacha con un poco más de gracia. Puedes mandársela sin decirle que es Kaoru y no se dará cuenta, pero mándasela como hombre. ¡Menos se lo imaginará! Además, es el momento para hacerlo, porque Kenshin está en un cuarto que tiene una vacante. A Kenshin le queda este mes de clases y el próximo. Si Kaoru se hace su "amigo" en ese tiempo, podrá seguir en contacto con él para cuando Kenshin acabe la universidad y siga con su tesis. Y podrá ayudarle a superar su depresión y de paso, mantenernos informados.-

-Pero no podemos pedirle a Kaoru… - comenzó a decir Misao hasta que vio la expresión de Tenshi. Sin duda estaba de acuerdo con Aoshi.- No creo… -

-Misao… - empezó a decir el fantasma.- … de alguna manera lo que propone mi hermano es descabellado, pero tiene su sentido. Debemos enviar a Kaoru disfrazada de muchacho.-

-¡Pero acaso!… - Misao bajó el tono de voz al recordar que cerca estaban sus hijos.- ¿Pero acaso se volvieron locos?-

-Contigo resultó.- repuso Tenshi.- Además, yo le haría caso a un sujeto que sabe de estrategias publicitarias. -

Aoshi se paró muy derecho, lleno de orgullo.

-Desde luego.-

Misao suspiró, dándose por vencida.

-Supongo que no perdemos nada preguntándole a Kaoru.- concedió.

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-Asi que le contaste toda nuestra historia a Aoshi.-

-Claro que si. Es mi marido, ¿no?-

Tenshi flotando miraba hacia el cielo. Era maravilloso verlo desde abajo, todo tapizado de estrellas.

-¿Sabes, Misao?, he pensado en que si me aparezco a Kaoru y ella logra verme, sería genial. Podría instruirla sobre algunos aspectos… ¿Te parece una buena idea?-

-Mientras no la mates del susto… - respondió Misao un poco cansada.

Kaoru alquilaba un departamentito cerca de la casa de sus padres, de modo que siempre estaba al pendiente de ellos y de sus hermanas menores. Por eso, a pesar de que no vivían juntas, sus hermanas la querían mucho.

Esa noche Kaoru planificaba los pasos a seguir de su tesis cuando sintió que llamaban a su puerta. Intrigada, descubrió a Misao.

-Hola, Kaoru.-

-Hola, Misao… hem…-

-¿Puedo hablar contigo?-

-Claro, pasa, pasa por favor.- respondió la joven ataviada con una bata de baño. - Hem… disculpa un poco el desorden, es que he estado atareada con lo de mi tesis desde que me peleé con mi grupo y decidí hacerla sola.-

-No te preocupes.-

-Entonces, tú dirás.- dijo Kaoru sentándose con las piernas cruzadas sobre un cojín enorme. Misao optó por tomar asiento en un mullido sillón rojo.

-Iré… - dijo Misao un poco insegura sobre lo que iba a proponer.- … directo al grano. Necesito que viajes para acercarte a Kenshin y si es posible, vivir con él.-

-¿Ehh?-

Miles de imágenes del pasado acudieron a la mente de Kaoru. Recordó las noches de películas y pizza con su amiguito. Pero pronto cayó en cuenta de que habían pasado muchos años y ella ya no era una niña.

Ante su silencio, Misao, un poco nerviosa trató de convencerla.

-Sé que es muy repentino pedírtelo así sin más, pero es que ya no sé a quién recurrir. A mí no me escucha, ni a mis hijos, y yo no puedo viajar para estar con él todo el tiempo. Él tampoco quiere venir y… -

-Necesitamos que nos ayudes tú.- dijo Tenshi, dejándose ver. Al verlo aparecerse así de pronto, la joven casi se desmayó, pero como no lo hizo…

¡¡¡QUÉ ERES TÚ!!!- gritó Kaoru asustada.

-¿Un fantasma, que no lo ves?… pero no hay tiempo que perder. Eres la única que puede ayudarlo y Misao me ha dado su autorización.-

-¿Misao?… ¿De qué hablas? Misao, esta es una mala broma, ¿no?- de pronto Kaoru no entendía nada de nada. Quizá se había quedado dormida mientras hacía su planificación y ahora estaba soñando. Pero la mano de Misao tomando las suyas se sentía muy real.

-Escúchame, por favor… -

La joven de largo cabello negro miró a Kaoru con sus impresionantes ojos verdes.

-No es ninguna broma ni Tenshi producto de ningún efecto. Pensamos en ti porque eres la única que pudo ver más allá de la apariencia de mi hermano cuando era gordo. Fuiste su única amiga, la única persona por la que él hubiera dado la vida. Por eso… por eso… nos tienes que ayudar.

-¿Pero qué le pasa a Kenshin?.- preguntó Kaoru un poco asustada, olvidando que había un fantasma o algo así en su casa. Misao negó con la cabeza.

-No te puedo dar detalles porque él me lo ha prohibido pero en este momento pasa por una profunda depresión y está muy confundido. Tú debes ir al campus para sacarlo de eso.-

-¡Pero por qué no me dijiste antes que Kenshin estaba en problemas!- la joven de inmediato preparó su bolso de viaje bajo la atenta y sorprendida mirada de Misao y Tenshi.- Me voy esta misma noche a donde digas. Me inscribiré en su universidad y entonces… -

El espectro, que había pasado a segundo plano, carraspeó para llamar su atención.

-Kenshin está en una universidad mixta, pero duerme en un edificio sólo de varones. Si quieres ayudarlo tendrás que acercarte y si quieres hacerlo, no podrás ir de mujer… -

-Pero… pero yo soy mujer y no sé cómo… -

-Claro que sabes cómo.- dijo Misao, pasándole una enorme gorra de béisbol que había por ahí. - Si yo pude engañar a Aoshi por unos meses, tú podrás llegar más lejos aún. Aoshi está de acuerdo, moverá sus influencias… contamos con la ventaja de que Kenshin no te ha visto en años y eso hará más difícil que te reconozca. Si vas como un hombre, él no podrá reconocerte, podrá acercarse a ti y ser tu amigo. Y tú lo podrás ayudar.

-No, no… eso está mal.- dijo Kaoru dejando de lado su bolso.- No debemos engañarlo. Se sentirá mal si lo descubre y… -

-Kenshin no quiere verte, Kaoru. Dice que siente vergüenza que lo veas en ese estado. Pero necesita urgentemente un amigo. Por eso hemos pensado que puedes ir tú, disfrazada de hombre. Tú quieres bien a mi hermano, por eso sé que no le harías daño y lo cuidarías.-

-Pero eso de disfrazarme de hombre… ¿quieres que viva con Kenshin y no le diga quien soy?-

-Así debe ser.-

-Pero… -

-Ya te hemos dado las razones, Kaoru.- dijo Tenshi.- Si tú puedes verme y oírme, es que tienes un corazón capaz de producir milagros. Por eso confiamos en ti… Kenshin te necesita cerca, pero no puede saber que eres tú.-

Kaoru necesitó de unos minutos para asimilar la información. Luego reparó en Tenshi.

-Yo a ti te conozco… tú eres como el señor Aoshi pero en jovencito… -

Tenshi sonrió.

-Soy el fantasma de su hermano gemelo. Tenshi. ¿Lo recuerdas? A veces nos topábamos en la tienda de revistas. Yo compraba unas sobre motos y tú ibas por tus historietas.-

Kaoru puso cara de sorpresa.

-¡Ahora si te recuerdo! El joven Tenshi… siempre andaba coqueteando. Una vez le coqueteó a mi mamá antes de saber que estaba casada. Y mi padre, que aún caminaba, casi lo golpeó.

Tenshi sonrió ante el recuerdo y Misao decidió intervenir.

-Kaoru, entonces, ¿estás dispuesta?-

La joven pensaba que en ese día y en esa noche nada podía ser mas surreal. Ella hablando con Misao y un fantasma de vestirse de macho para rescatar a un hombre que no quería verla ni en pintura. Y sin embargo, a pesar de la tesis que tenía que terminar, de sus inseguridades y de todo lo que podía salir mal, de antemano ya tenía una respuesta.

-Yo por Kenshin haría cualquier cosa. Realmente lo haría…-

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Fin acto uno

Por Kenshin

Junio 13, 2009.

Notas de autora.

Hola!!!

Apurada, como siempre, pero feliz.

Traté ayer de subir la historia, pero la página no me dejó, asi que tuve que resignarme a hacerlo hoy día. De todos modos tengo un poco de tiempo, porque estoy esperando que un pollo que tengo se acabe de descongelar para meterlo al horno.

Como ven, ha aparecido por completo la nueva familia de Misao. Y como ven, ¡ella ya tiene dos hijos! Tenshi y Soujiro. De todos modos, el nombre de Soujiro lo tomé porque el diminutivo, "Souji", me pareció muy lindo. No es que este Souji vaya a tener habilidades de espadachin y sonría todo el tiempo aunque no se sienta feliz. Nada que ver.

Como que en este episodio han salido más los personajes "secundarios" que el propio protagonista que fue mencionado por ahí. Pero es que necesitaba echar a andar la máquina de los complot para que Kaoru se pusiera en camino pronto y veamos que cosas suceden con el pelirrojo. Por lo demás, me gustó mucho describir a Kaoru. Como ven, su familia también ha crecido y ella misma se comporta como una niña más, cosa necesaria para ayudar a Kenshin con sus problemas.

En lo personal, lo que más me ha gustado fue escribir sobre la familia de Misao. Debe ser porque yo misma estoy en ese proceso... antes, cuando era jovencita como muchas de ustedes que leen, me emocionaban los lemons y los romances, porque era algo que estaba experimentando recién. Ahora casada, con un sobrino de cuatro meses y aún con toda una vida por delante, hay temas que me llegan más. De todos modos, como escribo también para ustedes, procuraré dosificar mis gustos personales con los romances, enredos y esas cosas que tanto nos gustan.

Les quiero dejar un beso enrome para todas y todos, pero como comprenderán, mis saludos se extienden con especial cariño y agradecimiento a quienes se tomaron la molestia de dejarme un comentario sobre el episodio anterior:

Arashi Shinomori: Muchas gracias por escribirme y cierto que yo también espero poder verte pronto. De hecho... espero que algún día puedas venir a conocer mi casa. Es bastante colorinche, aunque aún estoy en proceso de pintado (realmente era una casa bastante vieja y descuidad cuando la compré) Sobre lo de Kenshin depresivo y bulímico, era la idea original desde que terminé el fic de Misao, por cosas de las que ya se enteraran más adelante y que a mi me parecen motivos bastante lógicos. Un besote.

Kirei-Bell: A mucha gente le costó imaginarse un Kenshin regordete, pero como tú misma dijiste, cuando crece es mucho más parecido a la imagen que tenemos de Kenshin en toda ley, hasta con una cicatriz en la cara. Sobre la mudanza, aún hay cosas que no he logrado acomodar porque parte de mi casa está en reconstrucción (o corro el riesgo de que se me caiga encima) De todos modos, me impresionó tu experiencia en mudanzas.

Gabyhyatt: No creo que la madre de Kenshin se haya quedado en la miseria, pero aparecerá nuevamente.

dark_shadow: Ya verás a Kaoru disfrazada como corresponde. Un abrazo.

Andy: Hace tiempo mi esposo me comentó que yo le empecé a gustar cuando tenía doce años él. O sea, que yo tendría unos diez. Creo yo que cuando un niño se enamora, no lo hace como un adulto, sino de un modo mucho más tierno. No está interesado en besar a cada rato a esa persona, pero si a estar con ella y jugar y pasarla bien. Yo creo que es un amor muy puro que con el tiempo, puede evolucionar si se mantiene ese sentimiento e interés. Por eso, Kenshin quiere a Kaoru de una manera dulce, porque se siente bien en su compañía. Y sin embargo, se obliga a si mismo a abandonar sus afectos para ir en la busca de una meta muy particular. Espero mantenga tu interés el desarrollo del tema. Un abrazo.

Sakura K de Shinomori: Y vaya que quita tiempo la vida de casada para dedicarse a los hobbies, pero creo que estoy aprendiendo a administrar mi tiempo para dejarle a los fanfics y a la navegada por internet. Espero que puedas desestresarte y bueno, unas vacaciones no nos vendrían mal, ¿verdad? Cariños.

Pauli: Besitos.

DarkAny: Muchas gracias por tus felicitaciones y espero onerme las pilas para continuar este nuevo proyecto que como bien dices, esperó mucho años para ver la luz. Besitos.

Haro kzoids: Las actualizaciones, como dices, son la parte más dura. Desde luego, porque a veces yo prometo actualizar en ciertas fechas y luego compruebo que me cuesta mucho, y me estreso. ¡Realmente lo hago! De todos modos, quiero dar mi mejor esfuerzo como siempre. Gracias por acompañarme desde hace tiempo. Un besote.

Kagome_kaoru: Parte de las depresiones no se llevan, porque las personas creen que pueden superarlas con fuerza de voluntad. Y aunque algo hay de cierto en ello, lo mejor es estar medicado por un especialista y tomarse el asunto en serio. En fin, ya descubriremos de qué modo Kenshin ha vivido estos últimos años alejado de su familia. Un beso grande y nos leemos pronto.

Y ahora, mis queridas lectoras, las dejo, porque me tengo que ir a cocinar. ¡Las quiero un chorro!