Kenshin, un chico en dificultades.
Acto tres
Un alma torturada.
La princesa del bosque se sentó bajo el frondoso árbol lleno de manzanas verdes y suspiró. Lo hacía porque su corazón se sentía triste.
-Tengo todo un castillo a mi servicio, mis padres son los reyes. Pero me falta mi querido amigo Fukio. ¿Dónde estará?-
En eso se acercó un conejito blanco y preguntó a la princesa.
-¿En verdad extrañáis a tu amigo?-
-Si.- respondió ella. -Yo lo echo mucho de menos.
-Pero ha pasado mucho tiempo desde que os visteis por última vez.-
-¿Le queréis?- preguntó un viejo sabio que apareció portando un báculo.
-Lo quiero mucho. Quiero volver a jugar con él en el bosque, en los pasillos del castillo.-dijo la princesa.
-¿Y por qué vienes precisamente aquí a desahogar tu pena?.- inquirió el sabio.
-Porque bajo este árbol me siento bien.- respondíó la bella princesa de vestido blanco, lleno de vuelitos y una coronita en la cabeza.
-¿Ves?- dijo repentinamente el viejo al árbol.- A pesar del tiempo no has sido olvidado. Hadas del bosque, devuélvanle a este amigo su apariencia de príncipe.-
¿Príncipe?
Misao, que miraba atentamente la obra infantil en la que participaba su hijo menor, Soujiro, comprendió de pronto que ella sólo había hecho un disfraz de árbol, pero no de príncipe. Su pequeño hijo quedaría desnudo ante la gente… y… ¿Por qué Souji no le dijo que era el Príncipe Encantado?
-Tranquila.- Dijo Tenshi, su hijo mayor sentado junto a ella.- La abuela le hizo el disfraz. Souji quería darte una sorpresa.-
Misao de pronto reparó en Aoshi que, grabando toda la obra, sonreía. ¿Acaso él también estaba al tanto del papel de su hijo? Se relajó. Vivía con tres hombres, un poco torpes para darles sorpresas, pero muy lindos.
Las hadas acabaron de quitar el disfraz de árbol de Souji, o el príncipe Fukio, dejando ver a un chicuelo hermoso, con una coronita también en la cabeza. De inmediato abrazó a la princesa, pero no todo sería felicidad. Pronto llegaría un emisario del rey, diciéndoles que el rey había sido capturado por la bruja malvada y el dragón, asi que corrieron a su rescate.
Kaoru miró de reojo a Kenshin, que se acostaba listo para dormir. Ella, un poco nerviosa, pasó saliva ante la expectativa de pasar su primera noche con él, compartiendo cuarto.
-¿No te acuestas?- Preguntó Kenshin.- Ya es muy tarde. Además, ya has trabajado bastante por hoy en lo de tu tesis y no olvides que has viajado y todo eso. Dale un descanso a tu cuerpo y mañana te sentirás mejor.-
Para él era fácil decirlo, pero para ella…
Se sentía tan tensa como una cuerda de guitarra.
Definitivamente le gustaba más Kenshin cuando era niño. No la ponía tan nerviosa como este nuevo Kenshin que le secaba la boca con sólo mirarlo.
-Kaoru, reacciona.- dijo Tenshi repentinamente al lado de ella.- Ve a cambiarte de una vez para dormir…
Nuevamente en menos de dos minutos, Kaoru pasó saliva hacia su garganta apretada.
-Tienes razón.- Logró decir.- Voy a… ponerme el pijama.-
La joven se escabulló al cuarto de baño y una vez allí se concedió que se sentía muy cansada. Tantas emociones en el día le estaban pasando la cuenta, pero más allá de eso, la tensión también.
Se quedó un rato sentada en el WC luego que terminó de orinar, con la cara apoyada en sus manos, restregándosela por unos segundos. Luego que terminó, recordó hacer sonar la tapa como le había indicado Tenshi que hacían los hombres y de inmediato largó la cadena.
Se lavó la cara y se cambió de ropa. Sintió la tentación de quitarse el sostén deportivo que le aplastaba el busto, pero ella solía moverse por las noches. Si se destapaba por la mañana quedaría en evidencia. Suspiró nuevamente un poco frustrada.
-Misao pretende que Kenshin me lleve a vivir con él. Si así lo hace, exigiré un cuarto aparte para dormir como me venga en gana.- dijo en voz baja mirándose al espejo.
Al salir del lugar, se topó con Kenshin sentado en la cama, mirando pensativamente la foto que tenía enmarcada sobre su velador. ¡Kaoru no podía creerlo!
-¿Es tu hermana?- preguntó Kaoru a la par que se acostaba en su cama.- Disculpa, pero reparé en esa foto cuando llegué. Tiene muchos años.-
Kenshin no la miró, pero sonrió.
-No, no es mi hermana. Es… un sueño que tuve alguna vez.-
-¿Un sueño? ¿Se les puede tomar fotos?- preguntó Kaoru con cierta ligereza. Kenshin ahora si dirigió hacia ella una mirada que guardaba algo de reproche, haciendo que la joven se hundiera en su almohada.-Lo… lo siento, no era mi intención ofenderte pero… es que tú respondiste algo que sonó un poco extraño.-
Kenshin regresó su atención a la foto.
-Fue… una niña que conocí. Duró poco más de medio año. Ella era tan… tan… especial.-
-Hablas de ella en tiempo pasado.- le hizo notar Kaoru tomando una revista deportiva que tenía sobre su velador para disimular un poco su nerviosismo.- ¿Acaso murió?-
-No. Está viva. Pero no la he vuelto a ver en mucho tiempo.
Kaoru tenía miles de preguntas que hacerle sobre ese aspecto. Un guiño de Tenshi a los pies de su cama le hizo enseguida morderse la lengua y sólo decir:
-Ya veo.-
Sonriendo quedo, Kenshin dejó la fotografía de vuelta en su sitio.
-Voy a dormir.-
Kaoru se apresuró en cerrar su revista.
-Entonces no te molesto.- Hizo ademán de apagar su lámpara.
-No, no es necesario. Yo… - por primera vez en ese día, Kenshin se notó un poco incómodo.- … no me molesta dormir con la luz encendida. -
-De todos modos tengo mucho sueño.- reconoció Kaoru.- Mejor la apago y así dormimos los dos.-
Por un momento Kenshin pareció dispuesto a decir algo, pero se arrepintió. Kaoru pronto dejó el cuarto a oscuras y contra lo que ella misma creía, se durmió casi en cuanto cerró los ojos. Pero su descanso no duraría mucho. Despertó tras oír jadeos y murmullos. Encendió la luz y notó que Kenshin, con la cara brillante del sudor, se retorcía en su cama.
-¿Una pesadilla?- se preguntó Kaoru al mirarlo. Kenshin decía palabras ininteligibles y parecía, por su expresión, que suplicaba y estaba sufriendo.
La joven recordó, posterior a la muerte de Sayo, una noche en que su mamá estaba teniendo una pesadilla atroz. El padre había tenido que ausentarse esa noche y por eso Kaoru, tras despertar a su madre, la abrazó y recibió todo su llanto en el hombro que le dio de apoyo. Tal vez por eso se sentó en la cama de Kenshin y lo movió, hablándole suave, instándole a que despertara.
Kenshin abrió los ojos de golpe, y miró en rededor como si de pronto no reconociera donde estaba. Miró a Nobuhiro, su compañero de cuarto, la lámpara que les daba luz y el cielo del cuarto. Entonces se sentó, muy incómodo.
-Lamento haberte molestado.- dijo en voz baja. Kaoru sólo deseó acariciar su rostro y decirle que todo estaría bien, que ella lo cuidaría, pero los hombres no hacían eso. Podía verse gay y Tenshi le había advertido mucho sobre eso.
-Oye… hem… no te preocupes.- dijo Kaoru palmeándole el hombro.- Yo… estoy acostumbrado a estas cosas. Además, te ves muy mal. Mejor ve al baño, serénate y lávate la cara. Luego, si lo deseas, hablamos de tu pesadilla o de lo que tú quieras. Incluso… sólo acuéstate e intenta dormir otra vez.-
Kenshin miró a su compañero unos momentos y se fue al baño, siguiendo su consejo. Este Nobuhiro era una cosa realmente especial. En general, quienes le habían tocado como compañeros de cuarto no eran muy sensibles hacia su problema nocturno. Lo miraban feo cuando lograban despertarlo, haciéndole los consabidos reproches de "estaba a punto de tirarme a Ayako en el sueño y lo estropeaste" hasta los "¿Cómo pretendes que me vaya bien en el examen si no me dejas dormir?"
Una vez, incluso, un compañero le había arrojado agua a la cara para despertarlo. Todo mojado, Kenshin se resfrió esa noche.
Pero Nobuhiro había sido muy amable con él. Cuando volvió al cuarto, éste ojeaba nuevamente su revista de deportes.
-¿Te sientes mejor?- preguntó Kaoru realmente preocupada.
-Si. Lamento…-
-Deja de lamentar.- lo cortó Kaoru inmediatamente.- Esas son cosas de la mente… de cosas que nos pasan o a las que tememos que no se pueden controlar mientras duermes y sueñas. Por mí no te preocupes. Está todo bien… pero si vuelves a decir que lo lamentas, tendré que golpearte.-
Kenshin le sonrió a su compañero. Estaba sentado en la cama, pero con los pies aún en las pantuflas. "En realidad tiene unas piernas bonitas", pensó Kaoru que las admiraba por lo que dejaba ver el pantalón corto. Pronto apartó la vista. No le latía que los hombres miraran piernas de otros hombres.
-Te gusta el deporte.- dijo Kenshin por decir algo. -¿Practicas alguno?
-Béisbol.- respondió Kaoru.- Una vez intenté kenjutsu porque me gustaba mucho el… -Kaoru se atajó a tiempo, porque le iba a contar que entró a ese curso por el superior que estaba de comérselo, pero en fin.- Bueno, te seré sincero, entré por una chica que me gustaba. Pronto descubrí que para ese tipo de cosas hay que ir por un interés real y deserté. Pero el béisbol, amigo, es lo mío. Donde me pongas funciono bien. Y a ti… ¿te gusta algún deporte en especial?
Kenshin no estaba interesado en hablar de deporte. En vez de eso, preguntó.
-¿Conociste a alguien que tenía pesadillas?-
-Si.- respondió Kaoru con cautela. Después de todo, ella le había contado toda su vida a Kenshin a través de sus cartas y no sabía hasta que punto, en su papel de Nobuhiro, le podía decir la verdad sobre ella. Había llegado la hora de mentir un poco.- Tengo un hermano. Un hermano mayor. Tenía pesadillas a causa de… de una vez que cayó a un pozo y tardaron un par de días en sacarlo. Tampoco toleraba la oscuridad, o los espacios pequeños. Supongo que esas cosas lo devolvían al pozo.-
-Probablemente. Entonces… tú lo ayudabas.
-Claro que si. Soy su hermano, para eso estoy. Los hermanos compartimos nuestras vidas desde que tenemos uso de memoria y tenemos un origen común. Debemos apoyarnos.-
Kenshin pensó en Misao y su sonrisa. En Misao y Aoshi, en el pequeño Tenshi… en Souji, a quien no veía desde que era un bebé.
-Eres muy noble, Nobuhiro, pero si deseas pedir un traslado de cuarto, comprenderé que estás en tu derecho. No lo tomaré a mal.-
-¿Te sucede acaso, muy a menudo esto?-
No respondió, pero Kenshin lo miró significativamente. A Kaoru se le encogió el corazón. ¿Por qué si el rector decía que Kenshin era un hombre exitoso, éste parecía a punto de derrumbarse?
-¿Te cuesta descansar bien? -
Kenshin, con los brazos apoyados en las piernas y las manos juntas, asintió. Kaoru enterró las uñas en el colchón, detrás de ella, para no tentarse de abrazarlo. Lo miró y por un momento sintió que era la primera vez que Kenshin hablaba de eso con alguien.
-Oye amigo, te ayudaré en todo lo que pueda. Mira… a veces estas situaciones son causadas por estrés. Si es tu caso, cuenta conmigo para lo que sea que te ayude a sentir más tranquilo. Hagamos cosas divertidas cuando haya tiempo libre. Yo no conozco esta ciudad. Enséñame lo que hay en ella… miremos chicas…- añadió Kaoru luego de un breve titubeo.- En fin, disfrutemos de estos días de verano.-
Cuando Kenshin le devolvió la mirada, Kaoru sintió como si el sol hubiera salido sólo en ese cuarto. El pelirrojo se notaba realmente aliviado.
-Muy bien. Como tú digas. Empleemos el fin de semana para ello, si no estás muy ocupado con lo de tu tesis.-
-Mi tesis va bien.- Mintió Kaoru, quien se preguntó cómo lo haría para terminar su proyecto, ayudar a Kenshin y no ser descubierta en el intento. Además, debía mantener la mascarada frente a sus padres también, y quizás sus hermanas.
Un bostezo llamó su atención. Con cara de angelito, Kenshin se metió de vuelta entre las sábanas. Kaoru hizo lo propio. Cuando el pelirrojo quiso apagar la luz, Kaoru repuso:
-No te preocupes por eso. No me molesta dormir con la luz encendida.-
Rato más tarde, en sueños, Kenshin sonreía. Su tierna Kaoru corría hacia sus brazos, y aunque él era grande y ella pequeña, cuando se abrazaron él volvió a ser un chico. Y durante todo el resto del sueño, jugaron a cosas de niños.
-Kaneda Nobuhiro.-
Kaoru abrió lentamente los ojos. Pero los cerró nuevamente y siguió durmiendo.
-¡Kaneda Nobuhiro!-
Ahora si la joven estuvo segura de que no se trataba de un sueño. Alguien la llamaba por ese nombre y se sentó de sopetón en la cama. Se encontró con el rector de pie ante ella y con unos papeles en la mano.
Automáticamente se llevó una mano a la peluca que usaba, comprobando que estaba en su lugar.
-Diga… ¿pasa algo?- preguntó, intentando que su voz sonara normal.
-Espero que usted me aclare un par de cosas.-
Tenshi, que apareció de pronto, reparó en que los papeles que traía el rector eran de la universidad en la que había estudiado Kaoru.
-Ahora sí que estamos fritos.- dijo al oído de la joven.
-Esta mañana hablé con el encargado del Departamento de Nutrición de su universidad y me dicen que no hay ningún Kaneda Nobuhiro inscrito con ellos. Ni ningún egresado con ese nombre. Dado que no he podido contactar con Aoshi esta mañana, deseo saber de su boca a qué se debe esto, y qué tipo de persona es usted. Si la respuesta no es satisfactoria, lo haré sacar de mi plantel en el acto.-
Al verse acorralada, Kaoru miró hacia la cama del lado. Milagrosamente estaba vacía y hasta tendida.
Volvió su atención al rector, que miraba otros papeles.
-De hecho, desde su supuesta universidad, sólo han enviado una petición de traslado y ayuda temática, y es para una joven de apellido Kamiya. Usted dista mucho de ser una joven, señor Kaneda.-
-No hay tiempo para estar inventando mentiras, Kaoru. Dile la verdad.-dijo Tenshi a su lado.
-Pero… -
-Fisgonearé en el pasillo y te aviso si viene Kenshin. Dile la verdad al rector y suplícale para que te deje quedar.-
-No puedo hacer eso.- dijo Kaoru mirando fijo al rector.
-Debes hacerlo para permanecer aquí. Seguramente vas a necesitar tu credencial de biblioteca para acceder a la de acá, y en ella sale tu nombre y tu foto. No sé por qué mi hermano no pensó en eso cuando habló con su amigo.-
Una ráfaga de viento pasó por el lado del rector, que cerró la puerta tras él, dejando a los guardias fuera del cuarto. Kaoru entonces apartó las frazadas con cuidado de si y se puso de pie.
-Veo que Aoshi no le explicó del todo la situación.- comenzó Kaoru un poco nerviosa. Tenshi le había dicho que no mintiera y que era necesario quedarse.- Y supongo que es natural, tomando en cuenta que llevamos tanto tiempo de amistad entre nuestras familias. Tal vez no quería exponerme demasiado... Y Kenshin necesita un compañero.-
-Explíquese.- dijo Mishida muy seriamente.
-Pues verá… tal vez esto…- dijo Kaoru, empezando a emplear su tono normal de voz.-… esto le ayude a aclararse las cosas.
La joven le pasó toda la documentación que poseía. En aquella salía su cara sonriente y femenina.
-¡Usted es Kaoru Kamiya!- exclamó el rector sorprendido al notar la evidentes similitudes que tenían los rostros frente a él.- Pero… ¿Por qué se traviste? ¿Por qué esto? ¿Acaso es usted novia de Makimashi? ¡Ahora veo el que haya sólo una cama deshecha!-
A Kaoru se le subieron los colores al rostro al imaginar lo que pasaba por la cabeza del señor Mishida, que ya estaba abriendo la puerta para hacer entrar a los guardias y sacarla del dormitorio.
-¡No es lo que usted se imagina!- Dijo Kaoru, arrojándose contra la puerta y apoyándose en ella.- Lo que pasa es que yo…. Yo…-
-¡Señorita, si usted es lesbiana, de todos modos este dormitorio no es lugar para usted.!-
-¡No se trata de eso! ¡¡Yo necesito disfrazarme y Makimashi no sabe nada de esto!! ¡Por favor, déjeme explicarle!-
-¿Se trata de la carrera entonces? Ya pasaron los tiempos en que las mujeres debían travestirse si querían estudiar.-
-¡No es eso! Pasa… pasa…- suspiró. -Por favor, tome asiento en mi escritorio. Le narraré toda la historia pero por favor, no me interrumpa hasta el final.-
Mishida asintió e hizo caso. Alrededor de veinte minutos después salió del cuarto con los guardias siguiéndole los pasos. Adentro en tanto, Kaoru sonrió aliviada mientras se metía a la ducha. El rector guardaría su secreto.
En el momento en que Sanosuke Sagara vio entrar por la puerta a la que sería su socia en eso de la banquetería, Misao Makimashi, supo que iba a tener problemas.
La luna era hermosa, las flores eran hermosas y siguiendo el orden, Misao lo era. No sólo su apariencia frágil y su mirada de ángel. También eran agradables para él su risa, su voz, su modo de llamarlo "Sagara" muy formal. A su mente llegó la imagen de una chicuela flacucha, hermana del gordito pelirrojo, pero esta que tenía en frente de él, revisando sus apuntes era toda una mujer.
Más que eso. Era toda una hembra.
-Entonces, creo que para abaratar costos, puedo ir personalmente a buscar los manteles y las flores para hacer los arreglos. Pero en cuanto a frutas y verduras debe acompañarme, Sagara. Yo de esas cosas tengo un conocimiento básico con respecto al que tendrá usted.-
-Me parece todo eso muy bien.- concedió Sanosuke.
-Debemos tener todo listo para la noche y tenemos poco tiempo. ¿Necesita que contrate un ayudante de cocina para usted?-
-Sería bueno, pero que sea un conocido tuyo que cuente con tu confianza, Misao. No me gusta trabajar con cualquiera en mi cocina. Y otra cosa. No seas tan formal conmigo. Nos conocemos desde hace años. -
-Lo siento.- dijo Misao un poco sonrojada de repente.- Debe ser la fuerza de la costumbre, quizá. Tú eras amigo de Kenshin, y te fuiste a estudiar con él.
Por un momento Sanosuke se incomodó con el recuerdo.
-Eso fue hace mucho tiempo. -
-Nunca supe por qué ustedes siguieron caminos diferentes.- dijo Misao tachando las tareas que ya había completado de su agenda.- Pensé que finalmente pondrían un restaurante juntos o algo así.-
Los verdes ojos de Misao se posaron en los castaños de Sanosuke por un momento que a él le pareció una eternidad. Desvió la mirada.
-Las cosas no siempre salen como uno lo espera. Además, ahora trabajaré contigo si lo de este evento nos sale bien.-
-Claro que saldrá bien. Ten fe.- repuso Misao. -Tú y yo somos de edades similares, ¿no es así?-
-Si, eso creo… -respondió Sanosuke algo mareado con el perfume de la joven mujer.- Creo que eres mayor que yo por unos meses.-
Se atajó para no preguntarle qué tipo de perfume se ponía.
¿Por qué no se habría fijado antes en ella? Ya había pasado demasiado tiempo y encima, era la esposa de Shinomori, el hombre que había creído en él y le daba una oportunidad.
-Nos vemos dentro de unos minutos en el estacionamiento de la empresa.- dijo Misao saliendo del cuarto.- Iré a ponerme algo más cómodo para ir de compras.-
Sanosuke la admiró mientras caminaba, de espaldas a él. Linda espalda, talle perfecto, lindo trasero, lindas piernas. La falda y la chaquetita entallada, además de los tacos le daban una elegancia…
Un tac-tac-tac se escuchó por un rato en la enorme cocina de la empresa Shinomori. Era como si con la sartén que tenía a mano, Sanosuke aplastara los malos pensamientos que había en su cabeza.
Nobuhiro era un chico tan agradable, que había dos más alrededor de él. Yukishiro, compañero de clases de Kenshin y otros dos más.
Sin embargo, en cuanto lo divisó, Nobuhiro dejó de lado su conversación con Yukishiro, y despidiéndose cortésmente de él, fue al encuentro del pelirrojo, caminando tranquilo con las manos en los bolsillos.
-Hola, Kenshin. ¿Qué tal?-
-Bien.- repuso el aludido. - Todo marcha perfectamente.
-Genial.-
Kenshin miró de reojo a Nobuhiro que le dio un mordisco a una barra de chocolate. Carraspeó un poco para aclararse la garganta.
-Escuché que… que el rector fue a nuestro cuarto. Iba con unos guardias. ¿Pasó algo?-
La sonrisa de Nobuhiro desapareció por un momento, pero apareció muy pronto y tragó el delicioso bocado.
-Un problema con mi hoja de anotaciones. Mandaron la de un compañero cuyo nombre se escribe muy similar al mío. Se arregló con mi identificación y la pertinente llamada a mi universidad.- contestó Kaoru tranquila. Era la coartada que había convenido con el rector.
-Me parece bien.- dijo Kenshin más calmado.
-De todos modos, supongo que sigue en pie la invitación de ayudarme en mi tesis usando tu restaurante como base, ¿no?-
-Cuenta con ello, Nobuhiro. Sé… - Kenshin se detuvo, mirando a Nobuhiro de frente.- Sé que nos conocemos de hace poco y que eres menor que yo. Sin embargo… por alguna razón, siento que puedo confiar en ti.-
Kaoru sonrió. Sin pensarlo le dio un pedazo de su barra.
-Yo también en ti. Pareces un gran tipo. En serio.- repuso la chica riendo amistosamente. El viento mecía los rojizos cabellos del pelirrojo y ella lo encontró más guapo que nunca. Y era tan amable. ¿Cómo era posible que alguien que parecía un ángel sufriera tanto por quién sabe qué cosas?- Vamos, come un poco de dulce.-
Kenshin no quería aceptar la golosina, pero no quiso que Nobuhiro se sintiera rechazado. Se metió el pedacito de chocolate en la boca y aunque sabía a gloria, pasó raspando su garganta apretada. Nobuhiro le habló.
-Oye, pero no olvides que el fin de semana tenemos una salida. Muéstrame un lugar divertido.-
-Tenlo por seguro. Ahora vamos a ver lo de la proyección de tu tesis. Necesitamos delimitar el tiempo que tomará cada acción.-
Nobuhiro asintió y luego de oír unos gritos, llegó hasta sus pies una pelota de béisbol. Unos jóvenes se acercaron para recuperarla.
Pero Kaoru no lo pensó demasiado. Tomando la pelota, la lanzó con perfección hasta donde estaban ellos. Asombrados, los chicos corrieron hacia ella para preguntarle quién era y si estaba interesado en ser parte del equipo.
Kaoru amaba ese deporte pero, si entraba al equipo, Kenshin tarde o temprano se enteraría de quién era ella y no podía permitirse ese error. Le dijo a sus nuevos admiradores que tenía una lesión en la rodilla y que de momento, no podía jugar formalmente.
Kenshin miró a su nuevo amigo desenvolverse con simpatía y gracia entre el montón de jugadores. Todos querían saber de su procedencia y sus capacidades. Era en realidad Nobuhiro, un imán para los demás, un muchacho especial.
Pero él, Kenshin Makimashi no lo era. Y estaba bien, no le tenía rencor o envidia al joven por eso.
O tal vez si. Si pudiera ser posible, le gustaría tener un poco de la chispa de Nobuhiro.
De todos modos él no era así. Era más bien callado, tímido. Kenshin se dio la media vuelta y emprendió el camino de regreso a su habitación, donde leería algo antes de descansar. Su bolso cruzado le pesaba un poco y es que estaba a reventar de apuntes y fotocopias. Tenía un examen el lunes, pero le había prometido un paseo a su nuevo amigo. Debía ponerse pronto a estudiar.
De pronto deseó que Nobuhiro se desembarazara de una vez del grupo y lo acompañara. Fue un sentimiento tan repentino y fuerte que lo asustó un poco, pero no lo podía evitar.
-¿Así que te toca dormir en el cuarto del ermitaño?- preguntó una chica a Kaoru.
-Hem… si.-
-¿Y no te asusta? Es un poco raro.-
-¿Raro?-
-Claro que si.- repuso esta vez un muchacho de mechas tiesas y rojizas, aunque teñidas.- Dicen que le pasó algo terrible. La mujer que amaba murió en sus brazos cuando cursaba el primer año en esta escuela y desde entonces quedó así.-
-Dicen que para olvidarla estudia todo el día, que a veces ni duerme.-
-Yo he intentado acercarme a él. ¡Es tan atractivo!.- Repuso Sakumi, una rubia graciosa y sexi. -Pero nada. No me toma en cuenta.-
-Pero ustedes, ¿Cómo saben eso?-
-Todo el mundo sabe lo que le pasó a tu compañero de cuarto. Pregúntale a los de cursos más grandes, ellos conocen bien la historia porque estaban aquí cuando pasó.- dijo Sakumi nuevamente.
-Lo tendré en cuenta. Pero ahora debo retirarme. Tengo un informe que redactar.- dijo Kaoru con premura y se alejó del grupo. Tenshi apareció junto a ella y Kaoru de inmediato se puso el manos libres.
-¿Qué diablos fue todo eso?- preguntó el fantasma.- ¿Cómo es posible que Kenshin haya pasado por un episodio espantoso y Misao no sepa de ello?-
-Tómatelo con más calma, Tenshi. No te apresures. En todas las universidades hay leyendas con respecto a algo o alguien.-
-Pero algo me dice que esta puede tener algo de cierto. Kenshin está muy triste todo el tiempo. Tal vez en verdad se enamoró y vivió una tragedia. Quizá eso explique en parte lo de su bu…- el fantasma se atajó a tiempo. Kaoru lo miraba de reojo.
-¿Lo de su "bu" qué?- preguntó suspicaz.
-No te lo puedo decir. Misao me dijo que Kenshin no quería que tú supieras de eso.-
-Pues quiera o no quiera Kenshin, me voy a tener que enterar. ¿Cómo puedo ayudarlo si no sé que tiene?.-
El fantasma sopesó la idea.
-Bulimia.- dijo al cabo de un rato. - Kenshin a veces siente necesidad de darse verdaderos atracones, luego vomita todo cuanto comió y hasta ayuna a veces por varios días. Misao piensa que como sufrió de pequeño a causa de su talla, intenta evitar todo eso. No come dulces, pero cuando lo hace… -
-¡Oh, por Kami!- exclamó Kaoru echando a correr.- Le di un chocolate. Por su expresión noté que no quería, pero lo tomó igual.-
En su cuarto, a solas, Kenshin se quitaba la ropa para ponerse el pijama. Sería más cómodo andar así por la habitación.
Pensó en el chocolate que le dio Nobuhiro. Aun sentía que le quemaba la garganta y el pecho. Debería eliminarlo de su cuerpo, antes que hiciera daño. Cuando él era un chico, comía muchos, miles de esos. Aún mantenía el sabor del chocolate en su boca y lo asqueaba.
¿Todavía estaría Nobuhiro hablando con sus nuevos camaradas? ¿A qué hora regresaría? ¿Le tocaría dormir solo esta noche?
¿Por qué estaba pensando en esas cosas? ¿Cómo era posible que ese joven le obsesionara de esa manera? De pronto sentía que quería contarle sus cosas, abrirle su mundo, pero eso no era sano, ¿o si?
¿Qué le estaba pasando con Nobuhiro?
¿Sería cierto lo que le dijeron esos muchachos muchos años atrás? ¿Que a la larga sería gay?.
Kenshin se pasó las manos por la cabeza repetidamente. Una nausea hizo su aparición, y luego otra, y otra. Necesitaba vomitar, deshacerse del chocolate y de esos pensamientos. Se levantó de la cama y de pronto Nobuhiro hizo su aparición.
-Lamento el retraso, estos chicos no entienden que uno tiene responsabilidades. ¿Me ayudas?-
Se notaba, por su respiración agitada, que Nobuhiro había corrido para alcanzarlo. Y eso agradó de tal modo a Kenshin que sacudió la cabeza riendo quedo sin poder evitarlo.
-¿No me ayudarás?-
Kenshin volvió a la realidad al notar la preocupación en los ojos de Nobuhiro, sin imaginar que era por él y no por la tesis.
-Claro que si. Es decir… disculpa, estaba distraído.-
Nobuhiro se sentó en el escritorio y Kenshin acercó una silla. Las ganas de vomitar se le habían pasado y de repente todo volvía a estar tranquilo. Todo muy en paz.
Fin acto tres
Un alma torturada.
Diciembre 19, 2009.
Notas de autora
Hola!!!
Después de más de medio año decidí retomar. El ritmo de trabajo ha sido frenético y pienso con nostalgia en mi época universitaria, cuando no tenía internet y decía no tener tiempo. Pero lo tenía, porque aún podía escribir en mis ratos libres.
En fin…
No quiero prometer nada, pero al menos ya he seguido con un capítulo nuevo de Kenshin y sus aventuras. Próximamente hablaré de qué fue lo que le ha pasado a Kenshin, asi que paciencia.
Quiero darle mis máximos respetos a quien tendrá un hijo. Me alegré mucho por ti y espero que las cosas vayan bien :D pronto te escribiré de vuelta.
Besitos a todos y todas. Nos leemos!!
Blankaoru.
