Kenshin, un chico en apuros

Acto cinco

Un chico guapo


Kaoru se sentía coqueta y femenina, ataviada con un vaporoso vestido azul índigo. Sentada en la terraza de una cafetería, bebiendo un jugo frutal, le echó una mirada furtiva a su acompañante y le gustó lo que vio.

-Eres muy guapo.- le dijo y Kenshin por toda respuesta sonrió.

Cuando abrió los ojos nuevamente ya era de mañana. Ella no traía su vestido maravilloso y en vez de eso, portaba un horrible pijama de varón.

-¡Maldita sea!- dijo enfadada repentinamente, sentándose en la cama y plantando los pies en el suelo. Kenshin, sentado ante su notebook en el escritorio se carcajeó.

-Eres un tipo extraño, Nobuhiro. Primero te ríes feliz, en sueños, y luego despiertas hecho un demonio.-

-¿Dije algo?- preguntó Kaoru con premura, recordando el matiz del sueño que había tenido.

-Si dijiste algo, no te entendí nada. Sólo un "jshdeocswj", pero créeme, tu cara brillaba de felicidad. Quizá soñabas con Yoshida Eri.-

Kaoru se pasó una mano por el corto cabello negro de su peluca.

-Seguramente.-

Se levantó para ir a cepillarse lo dientes y a la vuelta, se encontró a Kenshin aún frente a su notebook, pero se veía muy serio y pensativo. Preguntó sin pensar.

-¿Pasa algo?.-

Kenshin no respondió de inmediato y Kaoru se acercó a la pantalla. El pelirrojo se encontraba revisando "Facebook", donde lo invitaban nuevamente a un reencuentro de ex alumnos de secundaria que sería ese fin de semana.

-Vaya, una fiesta.- comentó Kaoru, recordando el grato momento que había vivido unos meses atrás, al reunirse con sus amigas de instituto.- ¿Por qué no vas? Lo pasarás bien.-

-No lo creo. Esa no fue una buena época para mí.-

-Pero… - Kaoru intentó animarlo.- ¡Vamos, ha pasado el tiempo, ya eres todo un hombre! Nadie se meterá contigo y si alguien lo hace, yo le daré una tunda de aquellas, ya lo verás.-

Kenshin se quedó mirando fijamente a Nobuhiro por unos segundos y de pronto, sin mediar aviso, se largó a reir, dejando a la chica en el más absoluto de los desconciertos.

-¿En verdad harías eso?- preguntó Kenshin de muy buen humor.

-¡Claro que si! ¿Qué no me crees?-

Las facciones del pelirrojo se suavizaron y quedó relajado.

-Claro que te creo. Pero… - de pronto Kenshin tuvo una idea.- En vista de todo lo que harías por mí en tal situación, supongo que no te molestará acompañarme a ese encuentro. Es en Niigata y disfrutaremos de las aguas termales*.-

-¿Acompañarte?-

La cara que puso Nobuhiro ante la invitación era muy graciosa para Kenshin.

-Para serte sincero, no me siento motivado a ir porque no la pasé bien en la escuela. Para serte más sincero aún… guardo mucho rencor en mí hacia algunas personas. Sin embargo, hay un par de compañeros de quienes siento deseos de saber qué ha sido de sus vidas. Si me acompañas, creo que será más grato para mí. Y como último punto, este fin de semana lejos de nuestras tesis nos ayudarán a memorizar los diálogos de nuestros personajes. -

-Pero… - Kaoru no estaba muy animada a ir a unos baños termales, porque era contraproducente para su identidad de varón.- Dijiste que esta semana iríamos a tu restaurante.-

-Prometo llevarte la semana que sigue y hacer lo que estimes conveniente. Incluso, creo que podemos ir el martes por la mañana, ya que tengo unas horas libres. ¿Qué dices? ¿Me acompañas?.-


-Oh, Tenshi, dime, ¿Cómo fue que terminé en esta situación?-

El fantasma miraba a Kaoru completamente desvalida, intentando decidir por una chaqueta de montaña de varón que le quedara. Más allá, en la misma tienda, Kenshin consultaba por unos poderosos lentes de sol con filtro UV.

-Al menos ha sido conciente de que no traías ropa de montaña y se ha ofrecido a pagarte la chaqueta.-

-Ese no es el problema, tonto.- dijo Kaoru hablando como siempre, disimulando con el manos libres.- Dijo que iríamos a las aguas termales. ¿Qué hago si se le ocurre ir a bañarse? ¡No me puedo bañar con él! -

-Vamos, no te lo tomes tan a la tremenda. Si Kenshin quiere bañarse, pues dile que ya lo alcanzas y desapareces. Cuando te pregunte el por qué, le respondes que recibiste una llamada de tu mamacita.-

Kaoru quedó impresionada con la simple manera de arreglar las cosas propuesta por Tenshi.

-¿Ya decidiste?- De pronto su amigo apareció tras ella.

Kaoru miró a Kenshin sin saber qué responderle cuando la voz de Tenshi acudió a su ayuda.

-La negra con rayas rojas en las mangas.-

-Pero es horrible.- susurró Kaoru.

-¿Qué?- preguntó Kenshin. Kaoru abrió la boca para decir algo nuevamente, y Tenshi le habló.

-Los hombres no tardamos tanto en elegir ropa. La chaqueta negra es la mejor. Es la que yo hubiera elegido.-

Tenshi tenía razón. Ella estaba tardando demasiado en elegir una prenda de vestir en circunstancias en que no podía darse ese lujo. Sonriendo, tomó la prenda sintética que le indicó Tenshi.

-Tienes buen gusto.- dijo Kenshin alabando la elección.- Encontré unos lentes que podrían interesarte.-

-¿Pero es necesario que lleve lentes de alta montaña?-

-Desde luego. Hice mis averiguaciones y al parecer, queda mucha nieve en el lugar al que iremos. No creo que quieras sufrir de radiación en tus ojos.-

-Creo que deberías preocuparte más de los tuyos.- consideró Kaoru.- Después de todo, son mucho más claros que los míos. Son como… ¿son de color violeta, no?

"Como los de Kenshin", pensó Kenshin, recordando la voz de Kaoru entusiasmada ante su parecido físico con un héroe que ella tenía. De alguna forma, algo tenía este muchacho que se la recordaba.

Sonrió y pagó las compras de Nobuhiro. Luego regresaron a su cuarto en la universidad, ya que en la tarde tenían ensayo de la obra de teatro.


Nobuhiro corría el riesgo de ser la mejor Julieta que Kenshin hubiera tenido el gusto de conocer. No sólo se aprendía los diálogos a una velocidad impresionante, también su actuación era muy buena. Desde luego, había que recordar que había representado esa misma obra hacía un par de meses… y que él no podía distraerse pensando en esas cosas, porque tenía mucho de Romeo que memorizar.

Pero por alguna razón se sentía feliz de haber encontrado a tan buen partner, y decidió hacer una llamada a su hermana Misao.

-¿Te pasa algo?- contestó ella muy alarmada. Kenshin solo rió suavemente.

-Quería hablar contigo.-

Misao bajó el tono de alarma.

-Hem… lo siento. Es que como nunca llamas, pensé que tal vez… -

-No pasa nada, Misao. Estoy muy bien.-

Misao, que miraba a sus hijos llegar de la escuela, se sintió más tranquila. ¿Era idea suya o la voz de Kenshin sonaba muy calmada?

¿Sería ese el efecto que tenía Kaoru sobre él? Hacía años que no le escuchaba hablar así. Incluso no recordaba la última vez que su hermano le había dicho que estaba bien.

-¿Será que habrás conocido a alguien?- inquirió Misao de buen ánimo. Esto puso en guardia a Kenshin mientras Misao continuaba. - ¿Algún nuevo amigo, o una mujer?

Dentro del dormitorio, Nobuhiro terminaba de cerrar la maleta que llevaría a Niigata, metiendo antes el libreto de Julieta. Kenshin se relajó. No tenía nada de malo admitirle a su hermana que tenía un nuevo amigo que hacía que su vida se vistiera de colores.

-Iré al encuentro de ex alumnos con mi compañero de cuarto. Es un muchacho agradable… se llama Nobuhiro.-

¿Nobuhiro? ¡Ese era el nombre que iba a usar Kaoru! Misao casi se cayó de la silla al comprender que la idea de Aoshi estaba funcionando.

-No sabes cuánto me alegro de que tengas un amigo.- Le dijo con sinceridad.- Kenshin, es bueno hacerse acompañar por alguien de vez en cuando.-

-Ya lo creo.-

-Por favor, invítalo un día a conocer nuestra casa. Será un agrado tenerlo aquí.-

-Ya verás que lo haré. Pero dime… ¿Cómo están los niños?-

Hacía tiempo Kenshin no se acordaba de sus hijos. Misao se sintió a punto de llorar.

-Muy bien, muy… muy grandes. Tenshi ya me pasa por varios centímetros y Souji… se parece tanto a ti...-

Hablaron durante unos minutos más y Kenshin cortó la comunicación. Había sido bueno llamar a Misao y hablarle de su amigo. Nobuhiro, sin darse por aludido, tendía su cama, pues viajarían esa misma noche para pasar un día en la montaña antes de la reunión de los ex compañeros de Kenshin.


El albergue estilo tradicional era muy cómodo y calentito, ya que si bien su aspecto era antiguo, contaba con tecnología de punta para calefaccionar el lugar. Kenshin había sido precavido en comprarle una chaqueta y en prestarle otras prendas de invierno, porque como había predicho, el lugar estaba lleno de nieve y hacía frío. A Kaoru le costaba creer que no hacía mucho estaba renegando del calor de la ciudad.

-Ya veo…- dijo el señor que los atendió.- Ustedes vienen a la fiesta que se celebra mañana en la Sala de Eventos.-

-Asi es.- respondió Kenshin.- Pero hemos decidido llegar antes para aprovechar sus maravillosas aguas termales durante el día.-

-En este momento está habilitada una poza mixta. Si quieren pueden ir a esta hora. No hay inconveniente alguno.-

Kaoru palideció ante la idea que ya se imaginaba de antemano. Asi como la reacción de Kenshin.

-Sería bueno para antes de dormir. ¿Qué dices, Nobuhiro?-

-Prefiero irme a dormir ya. En verdad me siento muy cansado, pero ve tú. La luna está en creciente y el cielo está casi despejado. Gozarás de una buena vista viendo muchas estrellas.-

Una señora de edad guió a Kaoru al cuarto que compartiría con Kenshin y relajada, la joven puso en orden sus cosas, para seguir con sus pensamientos. En eso entró el pelirrojo a dejar su bolso y a vestirse con una de las batas que les ofrecía el albergue.

-No sabes de lo que te estás perdiendo.- dijo el pelirrojo al retirarse, mientras Kaoru fingió leer el libreto de Julieta.

-Si sé lo que me estoy perdiendo… - musitó.- Y tengo ganas de ir contigo pero no puedo. -

La joven se cruzó de piernas y brazos y en eso su vista fue a parar al bolso de Kenshin. O más específicamente hacia algo brillante que sobresalía de un bolsillo. Con el corazón latiéndole a mil por hora, descubrió que se trataba del marco de fotos que contenía la imagen de ambos.

-Oh, por Kami… - murmuró asombrada. No podía ser posible.

¿Acaso Kenshin llevaba de viaje esa foto a todos lados?

-Pero si es así, entonces no entiendo por qué Tenshi dice que no quiere verme.-

Ninguna respuesta satisfactoria llegó a la mente de la chica y al parecer, esta vez Tenshi no estaba revoloteando a su alrededor. Haciendo una mueca, Kaoru no le vio caso a toda esa jugarreta que estaban gastándole a Kenshin. Además, le habían dicho que él sufría de depresión y fuera de las pesadillas, ella lo había visto muy animado en esos días.

No se lo pensó más. Se quitó la ropa, se puso la yukata del albergue y lanzando la peluca dentro de su maleta, se encaminó al baño termal.


Kenshin estaba disfrutando realmente de la naturaleza, la belleza del lugar y de los cuarenta grados del agua dentro de su poza. Fue en eso que vio a una figura acercarse hacia donde él se encontraba. No podía ver bien quien era porque venía pasando bajo la sombra de unos árboles, pero por lo menudo, bien podría tratarse de Nobuhiro que se había arrepentido. Sonrió hacia quien se acercaba y al notar que se trataba de una chica envuelta en una yukata, la sonrisa desapareció de su rostro.

Y repentinamente, se puso muy nervioso.

Para Kenshin no era un problema estar en una poza mixta, pero por la forma abrupta en que la chica se detuvo al verlo, quizá si lo era para ella.

Lo que Kenshin no tenía como saber es que Kaoru iba decidida a contarle todo, cuando Tenshi se cruzó con ella antes de que alcanzara a meter los pies en el agua.

-¡Ni se te ocurra, chiquilla loca!.- le gritó.- ¡Echarás a perder todo!

Kaoru seguía mirando a Kenshin desde donde estaba, sin atreverse a abrir la boca, pues no traía el manos libre y no podía lidiar con el fantasma sin parecer una loca por hablar sola.

-¿No te he dicho que él no quiere ver a Kaoru Kamiya? Kaoru, si le dices la verdad, perderás todo el trabajo que has hecho hasta ahora.-

Respirando trabajosamente, Kaoru apretaba los puños. ¡Kenshin estaba ahí, acaso a cuatro metros de ella, mirándola tal cual era y ella no podía decirle nada!

-Regresa a tu cuarto y ponte la peluca, Kaoru.- pidió el fantasma. - No es posible que me descuide un segundo y tú… -

Iba a seguir reclamándole cuando ambos notaron que Kenshin se ponía de pie y rápidamente se envolvía en la yukata que tenía sobre una roca, con el fin de salir. Entonces se dirigió a Kaoru.

-Señorita, lamentaría mucho que usted no pudiera disfrutar de su baño por mi causa. Me retiro.-

Dicho esto, caminó hacia ella.

-Por Kami… - dijo Tenshi al ver al pelirrojo avanzar.- ¿Hacia dónde crees que irá ahora? ¡Al cuarto que están ocupando! ¡Mismo en el cual dejaste tu peluca! ¡Mejor corre hacia allí!-

Kaoru por su parte notó que Kenshin ya estaba al lado de ella y en un impulso, le tomó la mano. Cuando él se detuvo, asombrado, ella lo soltó, como si la quemara.

-Lo… lo… siento.- dijo, sin atreverse a mirarlo a la cara, e ignorando las protestas de Tenshi en sus oídos.- Pero… disculpe… - tomó aire.- Lo que pasa es que usted me recordó mucho a alguien y… por favor, no se retire por mi causa. No tengo problema en compartir el agua con usted.

Cautivado, Kenshin no pudo evitar dejarse hechizar por esa voz tan dulce.

-¿No se siente intimidada con la idea?-

-He ido muchas veces a las termas con familiares y amigos. A veces nos ha tocado en pozas mixtas como éstas. Y usted… parece un hombre confiable.-

Por alguna razón desconocida para él, Kenshin se enterneció con aquella señorita. Se metió el primero a la poza y luego le dio la espalda, dándole tiempo a Kaoru de desvestirse y meterse tranquila, si bien quedaron alejados unos cuantos metros. A pesar de eso, Kaoru no dejaba de temblar de los nervios dentro del agua y es que una muy fuerte parte de ella deseaba hablar sinceramente con su amigo. Estaban ambos desnudos, pero ella debía mantener su careta y llevarla puesta hasta las últimas consecuencias.

-Sal dentro de cinco minutos y vete al cuarto, chiquilla.- le dijo Tenshi al oído.

La joven lo ignoró. Y miraba a Kenshin. Podía ver su espalda brillando a la luz de la luna y el cabello mojado tapándole las orejas. Lo llevaba un poco largo… quizá pronto debiera pasar por una peluquería o usar coleta. "Quiero hablarle", pensó, "quiero decirle quien soy y preguntarle tantas cosas." Pero no podía y aunque Tenshi ya no le reclamaba, la miraba ceñudo desde la orilla del onsen.

La joven suspiró, y sin darse cuenta, atrajo la atención de Kenshin que se volvió a mirarla. El pelirrojo pudo asi notar que la chica estaba llorando, lo que lejos de serle indiferente, le afectó profundamente. Kenshin, que sabía mejor que nadie lo que era padecer de una depresión y de llorar sin encontrar consuelo alguno, sintió la necesidad de ayudar de alguna manera a la joven.

-¿Señorita?.-

Kaoru levantó la vista hacia él, que se encontraba a medio metro suyo. Trató de controlar el temblor de su labio inferior pero no pudo. Simplemente no podía entender que él no quisiera verla, que habiendo pasado los años no le hubiera escrito y que la hubiera dejado completamente a la deriva cuando más lo necesitó. Ni tampoco comprendía el que Kenshin llevara la foto de ambos de viaje.

Kenshin iba a ofrecer a la joven traerle un vaso con agua helada, sin embargo ella rompió a llorar, dejándolo muy desconcertado. ¿Qué hacía?… ¿Qué debía hacer en esa situación. Era ridículo pensar en extenderle un pañuelo, si ambos no traían nada encima, salvo una toalla mojada en agua fría sobre la cabeza para regular su temperatura corporal.

-Te ordeno que te retires inmediatamente de aquí, Kaoru.- dijo Tenshi. Pero la joven no pensaba con claridad y lo único que sabía era que quería desahogarse de la pena que le había causado toda esa situación. Se tapó la cara y de pronto, sin mediar aviso siquiera, sintió los brazos de Kenshin sentado a su lado, rodearla.

No era un abrazo lascivo, pero si era un abrazo de consuelo. Kaoru, que había puesto sus manos entre ambos, sobre el pecho de él, se dejó llevar por la ternura de ese gesto y apoyo la cara en el hombro de su querido amigo, desahogándose hasta que se quedó sin más lágrimas para llorar. Entonces, lejos de soltarse, decidió quedarse un momento más manteniendo esa cercanía.

Fue unos minutos después que Kenshin, que le había acariciado el cabello, le preguntó si ya se sentía mejor. Kaoru entonces se dio cuenta de lo que había hecho y miró hacia donde estaba Tenshi.

El fantasma le dirigió una dura mirada.

-Haz lo que quieras.- le dijo.

Y desapareció.


-Ya veo. Entonces perdiste a esa persona.-

-Sí.- respondió Kaoru, un poco cohibida por lo que había pasado, evitando mirarlo directamente a la cara para que no la reconociera.- Me siento avergonzada contigo.- confesó.

-No deberías.- Dijo Kenshin mirando hacia las estrellas.- Después de todo… no ha pasado nada grave. Y ya te sientes mejor.-

Ese era el Kenshin que ella recordaba. Sensible y cálido.

-Muchas gracias por contenerme.- dijo Kaoru. -Haz sido un gran apoyo, en verdad… -

-Aun las personas fuertes necesitan de alguien que cuide de ellas.- Kenshin la miró.- No busques estar sola. Eso sólo te hace más vulnerable, no más fuerte, te lo aseguro.-

-¿Lo dices por experiencia propia?- preguntó la joven. Kenshin sonrió.

-Hace unos días conocí a un amigo. Me siento feliz con él. Quizá yo necesitaba un compañero en este momento de mi vida, no lo sé. Pero creo que es más fácil para mí seguir adelante, aún con mis problemas.-

Sentados uno al lado del otro, Kaoru miró de reojo a Kenshin.

-¿Problemas? Tú no tienes cara de tener problemas.- dijo sonriéndole. Pero Kenshin negó con la cabeza

-Si los tengo.-

-Ah… ya veo…- La joven no sabía si preguntarle o no qué tipo de problemas.

-Tú me has contado el tuyo, quizá sea lo justo que yo te hable de lo mío. - Kenshin se sentía asombrado de la facilidad con la que le hablaba a esa chica.- Yo… entre otras cosas sufro de depresión y estoy en constante tratamiento psicológico por cosas que aún no he podido resolver.-

-¿Dices que tienes algo así como traumas?-

Kenshin asintió.

-Toda mi vida he sentido que no importa cuanto me esfuerce, de alguna manera las personas no logran apreciarme y me cuesta hacerme querer.-

-No te creo.- dijo Kaoru sinceramente.- Eres muy guapo y amable. Debe haber alguien en el mundo para quien tú seas especial.-

Kenshin sonrió.

-Cuando era niño mi madre nos abandonó a mi hermana y a mi. Mi padre se esforzó mucho con nosotros, pero mi querida hermana vivía metida en líos y mi padre siempre estaba tras ella intentando ayudarla. A veces iba llegando a la escuela a ver mis presentaciones y debía retirarse abruptamente por algo que había hecho ella. Aprendí a cocinar porque me quedaba mucho tiempo solo en casa… pero era incapaz de reclamar por esa falta de atención. En la escuela los chicos me molestaban y… y bueno, cuando comprendí que los puños no eran lo mío dejé de defenderme.-

-Pero tu padre y tu hermana son unos tontos por no considerarte.- dijo Kaoru un poco enfadada. Ella no se imaginaba esa parte de vida en la historia de su amigo.

Sin embargo, la expresión de Kenshin se suavizó.

-No lo eran. Simplemente el mundo no era un lugar sencillo para ellos tampoco. Mi hermana llevaba su propio calvario y mi padre confiaba mucho en mí. Sentía que yo era capaz de resolver mis propios problemas. Tal vez… no lo sé, pero murió hace muchos años y en verdad que no siento rencor hacia él. Hizo lo mejor que pudo con lo que le tocó. Era un hombre muy amable.-

-Ya veo.-

-Al quedarnos huérfanos con mi hermana fuimos acogidos por una familia. Y yo me hice de una amiguita. Era muy feliz con ella.-

-¿Pero… y qué pasó? ¿Dejó de ser tu amiga?-

Kaoru sintió una brisa helada sobre los hombros y se sumergió hasta la barbilla. Parece que a Kenshin le pasó lo mismo.

-No fue eso. Lo que pasa es que mi hermana conoció al mejor hombre del mundo para ella, y él empezó a tener problemas debido a que Misao, que así se llama mi hermana, ponía demasiada atención en mí. Ella sentía que debía retribuirme en cierta forma el abandono de nuestros padres y era muy amorosa conmigo. Esa época ha sido la mejor de mi vida, sabes, porque tenía el apoyo incondicional de Misao y el cariño de mi amiguita, pero… la relación de Misao estaba poniéndose mal y ella sufría mucho por eso. Encima quedó embarazada y por eso yo… tomé una decisión.-

-Pero entonces… - Kaoru se atajó a tiempo. Iba a preguntar si acaso no se había ido porque quisiera estudiar en otra escuela, que es lo que le había dicho a ella y a todos.- Entonces… ¿Qué pasó?-

-Oye… ¿acaso eres algún tipo de Warashi? Ni siquiera a la psicóloga le he hablado tanto de mí.-

Kaoru sonrió.

-Quizá sea bueno que hables estas cosas con alguien, después de todo.-

-Pues… tal vez tengas razón. Como te contaba, pensé que lo mejor sería poner distancia entre mi hermana y yo. De esa manera ella podría dedicarse a su familia tranquilamente. Y yo me fui a estudiar a otra ciudad, muy distante. Creo que fue bueno, porque ahora está muy bien.- concluyó el pelirrojo optimista.

-Pero… ¿y tú?- inquirió Kaoru. - ¿Y qué pasó con tu amiguita?-

La sonrisa de Kenshin desapareció.

-Es agradable charlar contigo porque me dejas hablar y no juzgas mis decisiones. Kaoru… ella es lo mejor que me ha pasado en la vida, es ese amor que siempre soñé, porque lo gané por ser yo mismo. No era el más guapo de la clase, incluso era gordo y torpe, sin personalidad, pero esa niña me quería y yo la amaba. ¿Ves esta horrible marca? - Kenshin se trazó la cicatriz en la mejilla.- Me la hicieron por defenderla a ella. Por ella hubiera dejado que me hicieran veinte más de éstas donde quisieran.-

Kaoru, que pensó que no tenía más lágrimas, sintió un nuevo torrente aflorar a los ojos de ella.

-Pero así y todo, tuve que dejarla atrás. Me consolé pensando que este tiempo lejos de ella yo crecería, maduraría y me haría más fuerte. Sería un hombre perfecto para esa niña y regresaría algún día a buscarla. Los primeros dos años en mi nueva escuela fueron buenos para mí y pensé que lograría mis objetivos, pero después… - Kenshin de pronto se quedó callado.

-¿Después qué?- preguntó Kaoru, notando que el rostro de Kenshin, que hasta hace poco brillaba, ahora cambiaba su expresión. -¿Qué te pasó?-

-Yo… no puedo hablar de eso.-

-¿Fue muy triste para ti?- dijo Kaoru, acariciándole el cabello con una mano que desafiaba el frío de la noche.

-Digamos que por culpa de eso no pude regresar nunca más a ver a mi querida niña, que era lo que más quería en el mundo.-

Kaoru estaba decidida a decir algo, pero no pudo. El temblor en la voz de Kenshin durante la última frase la dejó helada. Él mismo se veía desencajado e incapaz de seguir hablando. Kaoru entonces lo abrazó como pudo. Kenshin dócilmente se acomodó en su hombro.

-Sin ánimo de juzgarte, dime… ¿no crees que debe ser esa niña la que decida si eres apto para ella o no? Si ha sido la única en apreciarte, como dices, tal como eres… tal vez ella aún esté esperando por ti.-

-Yo sé que ella ha esperado por mi, pero no puedo acercármele… ni puedo dejar entrever que es la persona que más quiero. Kaoru me ha escrito durante todos estos años una carta tras otra… incluso murió su hermana y yo no estuve en condiciones de ir a acompañarla… - a esas alturas la voz de Kenshin sonaba completamente ahogada.- Y no la culparía si ella ya no deseara verme nunca más. Después de todo… para ella yo era su amigo y lo tengo muy claro. Pero para mí, durante estos años ella ha sido ese sueño que no logro alcanzar.-

Kaoru tuvo que preguntar.

-Pero… ¿Y tu hermana Misao está al tanto de las cosas que te han pasado?- La joven recordó cómo las cartas de Kenshin estaban llenas de noticias optimistas.

-No pude decirle nada.-

-Entonces… ¿has cargado con este peso sobre tus hombros solo?-

Kenshin no respondió, pero la respuesta estuvo muy clara para la joven.

-No tienes que hacerlo todo solo. Al principio me contabas de un amigo… tal vez él te pueda ayudar.- dijo Kaoru.-Tal vez… -

El pelirrojo se separó lentamente de la joven.

-Tienes razón. Ahora cuento con un amigo que me aprecia por lo que soy. Me esforzaré por ser un buen amigo para él también. Como su hermano.- Se prometió con convicción.

-Me alegro mucho entonces, de que al menos ya no estés solo.-

Siguieron sentados un rato, gozando del calor del agua, hasta que Kaoru decidió que ya era hora de salir y regresar a ponerse la peluca.

-Debo irme. Gracias por quedarte y hacerme compañía.-

-Gracias a ti. Temo haberme visto un poco patético.- dijo humildemente.

-No te preocupes. Al menos no te pusiste a llorar apenas metiste los pies en el agua. Eso si es extremadamente patético y nada lo puede igualar.-

Kaoru sonrió sin esconder la cabeza esta vez, y algo hizo click en la cabeza del joven que repentinamente se acordó de una niña.

-¿Puedo saber tu nombre?-

La chica negó con la cabeza.

-Dejémoslo así. Para mí serás siempre el chico guapo de la poza. Es mejor. Después de todo… parto temprano por la mañana a la capital.-

Kenshin sonrió.

-Está bien.-

Kaoru entonces salió de la poza y luego, al sentir la brisa helada del lugar, se apresuró en vestirse y correr al hotel.

Mientras, con una sonrisa, Kenshin la veía hacer. Se quedó por espacio de una hora más en el agua, ordenando sus pensamientos, hasta que unos copos de nieve lo obligaron a buscar refugio en el albergue.


-Este clima de montaña es impredecible. En verdad que no me esperaba que nevara de esa forma en esta época del año. Ni siquiera vi venir las nubes.- dijo Kenshin al entrar al cuarto. Nobuhiro, que leía una revista deportiva, se levantó de un salto.

-¿Nieve?… ¡Genial!-

-Vaya, veo que te gusta el invierno, Nobuhiro.-

-Es mi estación favorita.- respondió Kaoru apresurándose en ponerse la chaqueta y guantes. La ropa de hombre era muy cómoda y pensó que era una ventaja tener un fantasma guía con tan buen gusto para ayudarle a escoger sus ropas de varón, porque esa chaqueta en especial ahora le gustaba mucho. No tenía que aplastarse el busto para disimularlo.

-Yo pensé que te gustaba más el verano. No sé, eres tan alegre… -

-Antes me gustaba, cuando era un niño.- respondió Kaoru poniéndose un gorro azul marino.- Pero cuando cumplí doce años algo pasó… y decidí que era el invierno lo que más me gustaba. Es… es una estación en la que tú puedes… - la joven pasó saliva, un poco nerviosa al mirar a Kenshin, porque las nevadas siempre le traían recuerdos de aquellos días que pasó con él jugando y planificando nuevas travesuras.- … en la que tú puedes abrigar a la persona que más quieres. En verano se muestra más piel. En invierno es más sentimiento.-

Finalmente Kaoru estuvo lista y salió al exterior al encuentro con la nieve. Kenshin se quedó dentro del cuarto, mirando a su amigo por la ventana. En realidad que Nobuhiro era muy sentimental, casi tanto como podía serlo cualquier chica. Pero de todos modos le agradaba que fuera así, porque era como oír de otro joven las cosas que él pensaba.

Recordó una tormenta de nieve, muchos años atrás, que obligaron a cierta jovencita a pernoctar en su casa. Y como una taza de te derramada sobre una cama les hizo pasar la noche durmiendo juntos. Recordó claramente el aroma del pelo de la niña que dormía entre sus brazos y el modo en que ella se acurrucaba contra él buscando calor. Y cómo él, preocupado, la cubría con las frazadas pacientemente cuando ella se destapaba.

Por su parte Kaoru cerró los ojos al sentir los fríos copos caer sobre su rostro, evocando aquella mañana en que despertó acomodada sobre algo tibio y suave. Kenshin la había acunado durante la noche y ella había pensado que despertar con alguien así durante el resto de su vida sería algo grato de lo que nunca se cansaría.

Le hizo señas cuando lo divisó en la ventana, mirándola, y haciendo una bola de nieve, lo invitó a bajar.

Kenshin por su parte hizo una mímica de reloj y otra en la que él bostezaba, aparentando sueño. Kaoru no se dio por aludida. Luego de la conversación que habían tenido, ¡ella se sentía incapaz de conciliar el sueño! Miró nuevamente hacia Kenshin que al parecer, se estaba colocando un abrigo para salir. Ese hombre le había dicho que cuando ella era una niña, él ya la amaba…

¿Y ella a él?

Ella siempre lo vio como un héroe, como un amigo, como su compañero de aventuras. No estaba segura de denominar "amor" al sentimiento que tenía por él en esos días, pero lo que si podía afirmar es que sintió que le arrancaban una parte de ella cuando él se fue lejos a estudiar.

Sintió remordimientos. Ella le hizo la vida imposible cuando supo que se iba. ¡Ni se imaginaba el trasfondo de esa decisión!

Y si Kenshin decía que la había amado… bueno, ahora que lo pensaba no había dicho que hubiera dejado de hacerlo pero, si era así, ella… ¿Ella sería capaz de retribuirle ese sentimiento?

¿Y qué sería eso tan terrible que le pasó años atrás?

Kaoru lo vio aparecer por la puerta del albergue con las manos en los bolsillos e infinita calma.

-Jugaré un rato contigo, pero luego nos vamos a dormir.- le dijo sonriente.

La joven asintió. Lo mejor sería dejar sus pensamientos para el siguiente día. Y con esa idea en la cabeza, hizo una bola de nieve para hacer un monito.


*Onsen es el nombre que dan los japoneses a sus pozas de agua termal.

Fin acto cinco.

Un chico guapo

Febrero 27, 2010

Notas de autora.

El sábado 27, cerca de la 1 de la mañana terminé de corregir este capitulo. Mi idea era subirlo esa misma tarde con otro capi de Prisionera que escribiría a lo largo del día, asi que apagué el notebook, besé a mi esposo que dormía y me acomodé a su lado.

Desperté segundos antes del terremoto. Debe ser intuición o algo, porque siempre que ha temblado acá me pasa lo mismo. Cuando empezó todo abracé al Roberto con un pánico que jamás antes había sentido. Me dijo que no pasaba nada y que pronto se pasaría, pero el terremoto subía en su potencia y no se detenía. Nuestra cama se movía como si entre varias personas la movieran, la madera crujía. Cerré los ojos y escondí la cabeza en el hombro de mi marido. No podíamos escapar porque a esas alturas el movimiento era tal que no nos permitiría bajar la escalera sin caernos.

Estoy más que acostumbrada a los sismos, a los grado 5-6, pero en ese momento pensé que nuestra casa se nos vendría abajo. Pensé en mis hermanas. Pensé que iba a morir. Jamás en mi vida había tenido ese sentimiento de indefensión.

Un mueble cayó frente a la puerta y finalmente la Tierra nos dio tregua. Sacamos el mueble y escapamos. Nuestros vecinos hicieron lo mismo y a pesar del grado 7 que hubo en Santiago, estábamos todos vivos luego de esos largos casi tres minutos, en pie y con nuestras casas sin mayor problema. Las construcciones aguantaron. Esa noche había luna, asi que pudimos percatarnos de ello a pesar de que no había electricidad. Sin saber qué había pasado, y con miedo, sintonizamos la radio del camión de Roberto y nos empezamos a dar cuenta que el horror que habíamos experimentado no era nada en comparación a lo que estaba sucediendo en el sur.

No he sufrido de bajas en mi familia, pero es demasiado triste, demasiado terrible… cuando piensas que ya pasó lo peor, surge otra cosa aún más mala para mis compatriotas.

Este verano, durante mis vacaciones recorrí las playas de Constitución hasta Cobquecura. Le dije a mi esposo que eran lugares hermosos como no había, y que tal vez no volveríamos a ver, refiriéndome a lo accidentado del camino para llegar. No creí que esos lugares hermosos y su gente fueran a ser arrasados, devastados por un maremoto. Mi corazón está en un puño y se ha mantenido así desde ya tres semanas. Las personas perdieron absolutamente todo, incluidos seres queridos. Niños a sus madres, otros a sus amigos, cónyuges. La ayuda ha llegado y estoy profundamente agradecida de los pueblos que han enviado colaboraciones a mi país. Para que se hagan una idea, el terremoto 8.8 afectó a cerca del 80 % de la población chilena, a algunos más, a otros mucho menos. En lo personal, solo he debido reponer un muro que cercaba mi propiedad y que daba a la calle, porque quedó en peligro de derrumbarse.

Queridas amigas y amigos, todo esto que ha sucedido es terrible. No le hecho la culpa a Dios, ni al calentamiento global, ni me lo tomo como que lo merezcamos por algo. Chile es un país tremendamente sísmico, y cada año lidiamos con una catástrofe nueva. Hace unos años fue el terremoto en el Norte Grande, no hace mucho tiempo un volcán hizo erupción y desapareció Chaitén. Este pasado invierno fue un aluvión… nuestro pueblo sufre, pero se levanta. Tenemos a los mejores bomberos del mundo, porque acá para ser bombero hay que ser un Superman. Acá los bomberos no reciben salario, te salvan la vida y arriesgan sus vidas sin pedir nada a cambio. Un oficinista puede estar trabajando y si es llamado, deja todo, se transforma en bombero y corre a la ayuda. Les decimos de cariño "Bomberos, chicos buenos" y nuestros carabineros no se quedan atrás, o nuestros militares.

Yo estoy bien. Muy bien. Al momento que escribo esto siento que acá todo sigue normal. Debemos trabajar para reactivar la economía y generar lo recursos para ir en ayuda de quienes lo necesitan. En realidad no necesito palabras de consuelo porque lo tengo todo. Puedo abrazar a mi marido y besarlo, y el techo nos cobija y si me da hambre puedo sacar algo de la despensa. Incluso si me viniera la regla tendría toallas que usar. Y si tomo el teléfono, lo más probable es que pueda hablar con mis padres o hermanas. La vida no se ha detenido. Pero como chilena, debo hacer lo que esté a mi alcance para que la vida de los más afectados pueda continuar.

Un beso enorme. Nos leemos pronto.

Blankiss.