Kenshin, un chico en apuros

Acto seis

Tarde de revelaciones


Durmieron hasta tarde, si bien Kenshin se levantó temprano para alcanzar a despedirse de la joven de la noche anterior. Sin embargo, al preguntar por ella, el encargado le dijo que esa mañana había partido una delegación de chicas de una universidad. El pelirrojo obtuvo el nombre de la casa de estudios con el fin de ir a darse una vuelta por allí uno de esos días, y regresó a su cuarto a dormir hasta el mediodía.

Era increíble lo bien que dormía en esos días. Incluso lo hacía profundamente y no a saltos, como muchísimas otras veces.

Se había cansado jugando con Nobuhiro la noche anterior, quizá a eso se debía su fatiga.

Alrededor de la una de la tarde Kenshin iba a pedir que le trajeran el desayuno al cuarto, pero Nobuhiro insistió en bajar al comedor y ver qué tenían de comer. Estaban en eso cuando Kenshin sintió un golpecito en su espalda.

-¡Makimashi!.- dijo un hombre mayor de cabello negro como una noche sin luna y de cuerpo fornido. -¡Qué bien verte por acá!-

Kenshin al reconocerlo, se relajó.

-Maestro Muchida, lo mismo digo.-

-Veo que decidiste bajar de peso. Me alegro, muchacho, ya nadie te molestará más. Y dime, ¿continuaste con el boxeo?-

Kaoru puso atención. ¿Kenshin boxeador?

-No, no, pero le agradezco todo lo que me enseñó. Yo… me decidí por otra rama del deporte defensivo.-

-No me digas que te dejaste llevar por el camino del kendo.-

-Así es.-

-Ahh… - suspiró el maestro.- Lo que hace el animé. ¿Y cómo te fue en eso?-

-Bien, fui a algunos torneos. Últimamente estuve compitiendo por mi actual universidad, pero no he seguido este año porque he debido dedicarme a otras cosas.-

-Ya veo chico. Te veo fuerte. En fin, te veo a la noche.-

-Seguro.- dijo Kenshin despidiéndose, mientras el maestro se reunía con su esposa al otro lado del comedor.

-¿Él era tu maestro?- preguntó Kaoru mientras atacaba su plato.

-Si, se trata de una gran persona. Me ayudó mucho a tolerar la escuela e incluso, contra mi voluntad, me sometió a un arduo entrenamiento para boxear.-

-¿Te gustaba el boxeo?-

-No.- dijo Kenshin.- Puedes formarte la impresión que quieras de mí, pero siempre he odiado cualquier forma de violencia. Por eso… ¿recuerdas que te he dicho que mis compañeros me molestaban? Creo que eso hoy se conoce como Bullyng… pues bien, esos abusivos era hijos de familias influyentes en la escuela, por eso nadie se atrevía a darles sanción alguna con respecto a mí. El maestro Muchida quería ayudarme, pero estaba atado de pies y manos, por eso me enseñó a defenderme. Me obligó a bajar de peso y hacer mucho ejercicio… a veces vomitaba del cansancio, pero él seguía firme junto a mí. Me iba a buscar a mi cuarto si era necesario, y me arrastraba por toda la escuela para llevarme al gimnasio. No sabes cuanto le debo a ese hombre, a veces pienso que me salvó la vida y me alegra mucho verlo aquí aunque en su momento lo odié.-

-Qué bueno que existan maestros como él. Pero dime… ¿pudiste defenderte después de los que te atacaban?-

Kenshin no respondió de inmediato, pues miraba hacia detrás de Kaoru un poco asombrado. Cuando ella estuvo a punto de darse la vuelta, él siguió hablando como si nada.

-Parece mentira, pero si. - respondió Kenshin, acabando en tiempo récord con el contenido de un tazón y su plato y pidiéndole a la mesera un poco más.

-Guau… y, ¿cómo está eso del kendo?-

-Lo comencé a practicar por una niñería en verdad.-

-¿Y cuál sería?- Kaoru asombrada notó que Kenshin acababa nuevamente con el contenido de su tazón y pedía dos más.

-Para parecerme un poco al héroe de una historieta manga. Rurouni Kenshin, ¿la conoces?-

Kaoru fingió hacer memoria, aunque no era difícil para ella recordar a su manga favorito. El dormitorio de su departamento tenía las paredes plagadas con imágenes de esa serie.

-Algo. El tipo se llama Himura Kenshin, es pelirrojo, bajito y delgado, y su novia se llama Kaoru. Sus amigos… -

La joven esperaba que Kenshin sonriera con toda esa información, pero lejos de hacerlo, éste se levantó de la mesa.

-Discúlpame.- dijo, y se retiró del lugar, no sin antes pasar por una máquina expendedora y comprar numerosos snacks.

Kaoru se levantó y un poco indecisa, se sentó nuevamente, para terminar su desayuno, cuando sintió unas voces a su espalda.

-Sigue siendo el mismo cobarde de siempre, nada ha cambiado.-

-Pues yo me alegro que haya venido, porque nos divertiremos mucho, ¿no crees?-

-Parece que creció. ¿Notaste que está más alto, Aburatsubo?-

La risa que siguió a continuación llenó a Kaoru de tal asco, que dejó su desayuno a medias.

-¡Kenshin, abre la puerta!- dijo Kaoru por cuarta vez, pero ni caso. Kenshin la tenía atascada con algo.

-¡Déjame solo!- se escuchó.

-Maldita sea… - masculló la joven.- Si no me abres, juro que romperé el papel y tú le pagarás al albergue el destrozo.-

Kenshin no respondió y Kaoru, jurando entre dientes, rompió con la mano uno de los cuadrados de la puerta que le permitió meter la mano y sacar la traba. Cuando entró, lo que vio la dejó impresionada. En el suelo, rodeado de decenas de envoltorios brillantes y vacíos, se encontraba el pelirrojo, completamente abatido, con la camisa llena de migajas.

-Pero… no me demoré más de cinco minutos desde que me dejaste en el comedor… ¿Y te comiste todo eso solo?-

Algo había oído Kaoru alguna vez sobre el tipo de bulimia que derivaba de una depresión o un momento de estrés. Y algo le había dejado entrever Tenshi de que era lo que Kenshin padecía… pero ella no podía imaginar que un hombre delgado como él pudiera comer tanto de un puro atracón.

La joven miró los envoltorios sin poder evitar sentir algo de repulsión. Después de todo, a lo más ella podía comer dos de esas golosinas y luego no podía más.

-Nada ha cambiado.- dijo Kenshin poniéndose de pie lentamente, apoyándose en el muro tras él y sin levantar la mirada.- Nada ha cambiado y yo sigo siendo el mismo cerdo.-

-Qué debo hacer, dime.- dijo Kaoru impactada.- Dime qué debo hacer para ayudarte.-

Kenshin atravesó el cuarto para salir al baño.

-Sólo no te me acerques.- dijo, antes de correr a vomitar.


-¿Hay un sendero apto para trotar?- preguntó Kenshin a una de las jóvenes de servicio. Una, con cierta coquetería, le indicó por dónde podía ir, ya que estaba despejado de nieve. - Muchas gracias.-

Regresó a su cuarto donde encontró a Nobuhiro, que había limpiado los desechos.

-¿Estás mejor?-

Kenshin no respondió. Eso le indicó a Kaoru que no lo estaba.

-Saldré a correr.- declaró el hombre. - No es necesario que me sigas.-

Pero Kaoru, que era una deportista, jamás rechazaba una invitación de esas. Fue así que minutos después se encontraban trotando por el lugar. Llegaron hasta un mirador donde la joven se detuvo y apoyó sus manos en las rodillas, exhausta.

-Creí que eras un gran corredor.- dijo Kenshin irónico. Kaoru quiso preguntarle si acaso él podría trotar en la montaña con un maldito corsé apretándole el busto. Sus músculos le pedían oxigenación y ella era incapaz de brindársela respirando a la mitad de su capacidad. Además, no había desayunado por completo.

-Debe ser la altura.- Concluyó.

-Yo trotaré otro poco.- dijo Kenshin.

-Dame un par de minutos.- imploró Kaoru. - Estoy muy fatigado y… -

-Si no eres capaz de seguirme, no lo hagas.- dijo Kenshin.- No es necesario.-

-Olvídalo.- dijo Kaoru irguiéndose.- Tú no estás bien y yo no te voy a dejar solo.-

-Pero este no es tu problema.-

-Lo es porque eres mi amigo.- dijo la chica moviéndose.- Y si estás así por el par de imbéciles del comedor, no deberías preocuparte. Kenshin.- dijo Kaoru poniéndole las manos en los hombros.- Ya no eres un chico del que ellos se puedan reír. Creciste, eres todo un hombre. ¿Debo recordarte todos tus logros? Eres dueño de un restaurante, estás a punto de recibirte de Administrador de Empresas y sin ser especializado en el tema, estás a cargo de un Taller de Teatro, ¡eres genial, amigo! ¿Por qué no puedes ver tus cualidades? Tienes tantas… ya quisiera yo ser la mitad de lo que eres tú.-

Kenshin pareció no escucharla y echó a trotar. Con esfuerzo, Kaoru le dio alcance.

-¿Por qué no me respondes? ¿Por qué no me dices nada? Kenshin, por favor, estoy aquí.-

-Tú no sabes por lo que he pasado. No tienes una puta idea de lo que he pasado.-

-No lo sé porque no me has dicho nada, y aunque así fuera, tú quisiste venir, a sabiendas de lo que ibas a encontrarte.-

-Pero no pensé que volvería a sentirme tan pequeño.- confesó Kenshin.

-¡No te sientas así, no eres pequeño, ni gordo, ni bajo, ni nada! ¿Sabes qué? Si te sientes tan mal, vámonos.-

Kaoru sentía que ya no podía seguir hablando. Le dolía enormemente la boca del estómago y su vista se estaba nublando. Pero Kenshin seguía adelante sin tomarla en cuenta, embutido en su propio dolor.

-Vámonos, Kenshin, regresemos a la ciudad.-

-No.- dijo el pelirrojo.

-Pero esto te hace pésimo.-

-No me importa.-

-No te entiendo. ¡Maldición!… si ese par de imbéciles te molestaron, ya supéralo, fue hace muchos años… - Kaoru estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano y sentía que el aire simplemente ya no estaba llegando a sus pulmones. De pronto sintió las manos de Kenshin como garras sobre sus hombros, empujándola hacia el tronco de un árbol donde golpeó fuertemente con su espalda.

-No lo vas a entender, ¡nunca lo vas a entender, porque no te ha pasado!-

-¡Pero qué… !-

-Me violaron.- dijo Kenshin bajando la cabeza.- Abusaron de todas las formas posibles de ese gordo que fui.- continuó con la voz quebrada, cayendo de rodillas y apoyando la cabeza en las piernas de Nobuhiro, abrazándolas.- Yo no les hice nada, nunca los molesté, pero ellos se ensañaron conmigo y todavía… todavía no entiendo el por qué.

La impresión fue lo que en un primer momento mantuvo a Kaoru de pie. ¿Que qué? ¿Violación?

-Siempre me decían gordo afeminado… - continuó Kenshin.- Yo no les rebatía porque sabía que no era cierto. El recuerdo de una niña me daba ánimos para tolerarlos y terminar mi educación, pero no fue suficiente. A veces, cuando el maestro tenía que salir, dos compañeros me molestaban, incluso me agredían. Cuando yo me descuidaba se metían a mi cuarto, ya que yo estaba internado, y se metían en mis cosas. No sabes cuánto los odié el día en que encontré sobre mi cama las cenizas de lo que fueron las cartas que me escribía Kaoru, la niña de la fotografía sobre mi velador.-

Kaoru apretó los puños. Hubiera dado lo que fuera en ese momento por tener su bate de béisbol con ella para romperle cada uno de sus huesos a ese par de psicópatas.

-El día en que lo hicieron yo había pedido permiso para salir. Iba a ir al funeral de una niña, pero, al enterarse, ellos me interceptaron camino a la puerta. Me golpearon en el estómago y me llevaron a las duchas. Allí uno me bajó la ropa, me penetró mientras el otro me tapaba la boca para que no gritara y me sostenía mientras yo sentía como un cuchillo entraba en mí, desgarrándome. Luego cambiaron de lugares y al terminar me gritaron marica. Me quedé tirado en el piso y no sé cómo llegué a mi habitación. Al ver que tenía el pantalón lleno de sangre, mi compañero de cuarto llamó al maestro y éste, que de inmediato supo de qué iba la cosa me llevó al hospital. Yo sólo quería morirme, Nobuhiro, no daba más de la vergüenza.-

-Malditos… -

Kaoru apretó los puños tanto que poco faltó para que empezaran a sangrar. A sus pies, destruido, Kenshin cambiaba de posición y se abrazaba las piernas.

-Soy un cobarde…- murmuró, pero Kaoru, atenta, se arrodilló frente a él, enfurecida y con ganas de matar.

-Escúchame, Kenshin: Tú no eres un cobarde. Los cobardes son ellos que te atacaron de a varios y se aprovecharon de que estabas solos. Ahora verán esos hijos de la gran puta. Los voy a hacer picadillo con mis propias manos. ¡Nadie le hace eso a mi amigo!-

A través de las lágrimas, Kenshin distinguió a Nobuhiro ponerse de pie y caminar decidido sendero abajo. Seguramente Kaoru habría corrido de no ser porque su cuerpo exhausto le pedía alimentos. A poco avanzar, Kaoru se topó con Tenshi, que tenía una mirada glacial.

-Así que eso fue lo que le pasó… si Misao se entera…-

-Kenshin no quiere que lo sepa y creo comprender sus razones. Mantengámoslo en reserva.-

-Pero Kaoru, deberías quedarte con él… consolarlo…-

-¿Un hombre consolando a otro hombre? Creo que Kenshin no necesita eso. Él necesita de alguien real, de Kaoru, pero antes, esos desgraciados y maricas se la van a ver conmigo.-

-¿No lo escuchaste? Él se considera un cobarde básicamente porque jamás pudo plantarles cara. Si tú lo defiendes, como Kaoru o Nobuhiro, no le vas a resolver su problema.-

Kaoru se detuvo abruptamente.

-¿Y qué propones?.-

-Debemos ver el modo de que sea él quien se defienda. Conoce disciplinas, ¿no? Boxeo y kendo? Mirándolo bien, está en plena forma. Creo que deberías guiarlo de manera que él pueda plantarles cara a sus agresores.

La joven meditó un poco en esas palabras. Kenshin necesitaba desquitarse en persona de esos bandidos. Ella sabía que no borraría nada de su pasado, quizá no aplacaría el dolor, pero tal vez, acaso por un milagro, Kenshin podría mejorar en algo el concepto que tenía de su persona.

-Tienes razón, debo contenerlo.- le dijo a Tenshi, e inició el ascenso por el sendero hasta donde estaba su amigo.-

-Kenshin… ¿Me disculpas por irme de esa manera? No es nada contra ti, sino contra esos idiotas. Yo adoraría masacrarlos, pero eso no resolverá tu problema.-

El pelirrojo se puso de pie con los ojos aún anegados y a Kaoru se le encogió el corazón. Hubiera deseado tanto abrazarlo en ese momento y darle consuelo de alguna forma. De todas maneras, lo abrazó fuertemente, como lo hacen los hombres.

-Te prometo que vamos a salir de este problema. No será hoy ni mañana, pero te juro que de alguna manera, te sentirás mejor y podrás ser el hombre más feliz del planeta.-

Ya más calmados, iniciaron el descenso. Kaoru no había tomado conciencia de cuanto habían subido hasta que nuevamente su cuerpo empezó a reclamar.

La fatiga de las piernas era insostenible y comenzaron a temblarle. Sus pasos se hicieron más lentos y empezó a quedarse atrás.

-Nobuhiro, ¿pasa algo?-

Kaoru quiso decirle algo sobre las muchas calorías que uno quema cuando está en el frío y esas cosas científicas, pero lo cierto es que no alcanzó a decir palabras y cayó pesadamente sobre el fondo blanco de la nieve.


-Fue una baja de azúcar, posiblemente. Me contó que había comido muy poco esta mañana, antes de salir.-

La enfermera del albergue estaba hablando con Kenshin que preocupado, esperaba fuera de la habitación.

-Dígale a su novia que no es necesario que se aprete tanto las vendas en el pecho. También recuérdele que es importante ingerir los alimentos necesarios. La señorita necesita un poco de reposo y ya ordené un menú especial para que reciba los nutrientes que necesita, que llegará dentro de unos minutos. Fuera de eso está todo bien.-

La joven mujer se retiró por el pasillo dejando a Kenshin con la pregunta en la boca.

-¿Mi novia?- murmuró. Y de inmediato se metió a la pieza.


Fin acto seis

Tarde de revelaciones

Diciembre 16, 2010

Notas de autora:

Hola!

Originalmente esta historia iba a tener cerca de quince episodios, pero convengamos que soy incapaz de hacer tal cosa, no porque no me interese escribir, sino porque me cuesta más. Encima, dentro de unos meses seré madre, asi que lo mejor es aprovechar de avanzar ya.

Decidí adelantar algunos hechos dentro de la historia para finalizarla más prontamente. El episodio ocho está muy avanzado y siguen las sorpresas para nuestra querida pareja. Sólo para captar clientes, les puedo adelantar que se viene un lemon.

Es un poco dificil a veces tomar decisiones cuando los personajes tienen tantos problemas y dramas como este Kenshin en particular, porque la idea es que su recuperación sea más o menos creíble. Dentro de ese contexto, quince episodios me parecían bien, pero como ven, en pos de la imaginación, la felicidad y el acabar un fic... en fin, veamos mejor como queda, ya ustedes juzgarán.

Les dejo mil besos y cariños.

Blankaoru.