Kenshin, un chico en Dificultades

Acto Siete

Él y Ella.

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Sanosuke comprendió que estaba en un lío tremendo cuando despertó esa tarde con la respiración agitada y una erección tal que se preguntó cómo haría para bajar su "entusiasmo". Había soñado toda la noche con Misao, con miles de imágenes en que la hacía suya y vivían la más apasionada noche de amor en su cuarto. Pero lo cierto es que en ese momento se encontraba solo.

Misao era buena y amable con él, siempre sonreía y siempre olía bien. Era enérgica, era inteligente y graciosa. ¿Qué tenía dos hijos? ¡Ni se le notaba! Tenía unas piernas maravillosas que lo tenían completamente al borde de sufrir una deshidratación severa por exceso de baba.

El único problema que tenía era que cada vez que aparecía Aoshi en escena, Misao dejaba a un lado lo que hacía, incluso su conversación con él, y luego se entregaba por completo a su esposo.

-Esto está mal, pésimo.- se dijo restregándose la cara con las manos.- Es la mujer de mi jefe, del sujeto que me paga un excelente sueldo. Y yo no sé cómo quitármela de la cabeza.

Se levantó de la cama y caminó a la ventana.

-¿Y si renuncio al empleo? Sería algo bien ético. Pero necesito el dinero para mantenerme.-

Suspirando, dejó pasar el tiempo. Era su día libre. Sin embargo, el ruido del teléfono lo sobresaltó.

-¿Diga?-

-Sanosuke, necesito que vengas mañana mi oficina a verme. Tengo un importante asunto que tratar contigo.-

A Sano se le erizaron los pelos de la nuca al escuchar la voz grave de Aoshi. Seguramente ya se había dado cuenta que quería con su esposa y lo iba a despedir tras darle un bofetón de aquellos. En una de esas mandaba a sus guarulas a que lo desaparecieran.

-Merecido me lo tendría.- reflexionó antes de salir.

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Si Tenshi hubiera podido evitar que Kenshin entrara al cuarto, lo habría hecho, pero Kaoru le había pedido que dejara las cosas así.

Ella lo esperaba sentada sobre el futón, con la cabeza gacha y la yukata levemente entreabierta, aunque no era conciente de ello. Sólo pensaba en el tremendo regaño que se iba a llevar. ¿Qué debía hacer? ¿Bajar la cabeza y aceptar todas sus culpas? ¿Decir que esa idea había sido de Misao, Aoshi y Tenshi? ¿Negar hasta el fin que los conocía e inventarse otro nombre? Temblaba notoriamente cuando Kenshin entró.

-¿Nobuhiro?-

La joven volvió la cabeza hacia él, con sus enormes ojos oscuros y la tez pálida por su malestar.

Kenshin no daba crédito a sus ojos. ¿Una chica? Alrededor de ella había algunas vendas, y toda su ropa de macho. Se sintió mareado por la sorpresa.

-¿Pero por qué… ?

El pelirrojo se acercó a su amigo y se sentó junto a él para examinar su rostro. ¡Era el de Nobuhiro!

-Maldición… - murmuró.- No es posible.

Tocó el cabello de la joven sin que ella pusiera resistencia, mientras cerraba los ojos ante la inesperada caricia.

-¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué te vistes de hombre?-

La joven se quitó la peluca lentamente. Debajo, dentro de una malla que también retiró, estaba su largo cabello negro aprisionado.

-¡Pero tú…!- Kenshin la miró bien y exaltado, exclamó:- ¡Eres la chica de la poza!.-

-Lo lamento. Perdóname por no decírtelo antes… yo no podía… yo no sabía que esto pasaría pero de verdad que sería tu amigo por siempre, en eso no te mentí… -

Kenshin apenas la escuchaba y la miraba sin podérselo creer. Recordó esa noche y su conversación con la dulce muchacha que estalló en llanto entre sus brazos, a la que consoló y quien le consoló a él. Le pasó una mano por la mejilla y hechizado, se la acarició con el pulgar. Siguió con el cabello real.

-¿Por qué no me lo dijiste?- murmuró, apreciando cada hebra que se deslizaba entre sus dedos.

Era una gran pregunta, misma para la que Kaoru no tenía respuesta. Ya sabía que era una mujer, pero lo que no sabía es que se trataba de su amiga de la infancia y ella no estaba segura de cómo manejar el modo de darle esa información.

Sorpresivamente, Kenshin la abrazó.

-Me asusté mucho cuando te vi caer, te traje lo más rápido que pude… yo no sabía… yo… -

Kaoru estaba asombrada, con la mejilla pegada al pecho del joven.

-¿No estás enojado conmigo?-

-No podría enfadarme con la persona que es mi mejor amigo. No importa si eres hombre o mujer, has sido amable siempre.

El corazón de Kaoru dio un vuelco al escucharlo tan conmovido.

-Pero estoy confundido porque… tú… yo te consideraba mi amigo, Nobuhiro y ahora… tú sabes mucho sobre mí y yo no sé nada de ti. Me siento en desventaja.

No había que ser un genio para darse cuenta de que Kenshin, de algún modo, estaba encantado con la idea de Nobuhiro mujer. No dejaba de mirarla y acariciarla, como si tuviera delante de él el objeto más maravilloso del mundo sólo para él. Para Tenshi esto era evidente.

-¿Cómo te llamas?- preguntó Kenshin sentado muy cerca de ella. Kaoru abrió la boca para decir algo, pero un leve toque en la puerta les indicó que había llegado la comida. Un plato de sopa caliente, pan cocido al vapor y carne de res y un pastel dulce y lleno de calorías. Kenshin agradeció a la señorita de servicio y llevó él mismo la bandeja hasta las piernas de Kaoru. Luego, viendo que a ella le temblaba un poco la mano todavía, le dio de comer en la boca pacientemente.

-No te preocupes por nada, yo te cuidaré.- dijo gentil.- Ya hablaremos más tarde en mi casa.

Kaoru sintió que su corazón se derretía y luego, que se aceleraba a mil.

-Realmente no me equivoqué contigo al pensar que eras el chico guapo del onzen.-

Kenshin sonrió mientras le metía la cuchara con sopa en la boca.

- Y tú la chica más linda que he tenido la suerte de conocer.-

Mientras la reunión de ex alumnos comenzaba en el salón, Kenshin acababa de vestirse para asistir.

-Te acompañaré.- dijo Kaoru poniéndose de pie.- Ya me siento mejor y a eso vine.

-No. Tú te quedarás aquí, haciendo tu maleta porque nos iremos de aquí en cuanto haya acabado la reunión.- dijo Kenshin enérgico.

-¿Estás loco? Soy tu amigo y te lo prometí.-

-¿Hablas en serio?.- dijo Kenshin mirándola fijamente, tanto que la hizo retroceder.- ¿Mi amigo? Pues que raro, porque esta mañana yo hablaba con un muchacho y ahora tengo frente a mi a una chica que aún no me dice su nombre. Tú te quedarás y punto.-

-Pues voy a ir, quieras o no, porque digas lo que digas es lo que acordamos al hacer este viaje. Tú me necesitas para acompañarte y enfrentar a los idiotas… Bueno, a esos idiotas.- dijo Koaru bajando la voz, temiendo incomodarlo con lo que sabía de él.- Si no me quieres llevar, iré yo sola.-

Kenshin la miró por unos segundos, extrañamente complacido. Le gustaba que esa chica aparecida de la nada quisiera acompañarle. Le gustaba pensar que como amigo se habían llevado bien, tal vez porque genuinamente se había ganado su aprecio.

-Haz lo que quieras.- dijo por lo bajo, disimulando una sonrisa. Kaoru corrió a su maleta y desempacó el traje que había traído. -¿Te disfrazarás de nuevo?-

-Bueno, puede que si.- dijo ella repentinamente insegura.- Yo… sólo tengo ropa de varón.-

-Es una verdadera lástima que te escondas tras ella. Eres muy bonita.-

Con las mejillas ruborizadas al máximo, Kaoru rápidamente se dio la vuelta. ¿Era cierto que él la consideraba bonita? Trató de mirarlo a hurtadillas, y vio que él sonreía.

-Parece que además de bonita, eres tímida.-

Kaoru quiso decirle que no es que fuera tímida, era simplemente que nadie le decía bonita porque su mamá y sus hermanas menores eran unas bellezas y ella… ella era la marimacho del barrio, a la que le gustaba jugar baseball en la cancha de tierra y defender a quien fuera atacado por un bravucón. La que siempre tenía venditas adhesivas en las rodillas… la que creció esperando que un chico, y sólo ese, regresara un día, porque para él se pondría cintas en el pelo y color en los labios con la esperanza de que le dijera que era bonita.

Pero no podía decirle eso.

-No importa. Me vestiré rápido y saldré contigo.-

La joven se travistió en poco tiempo y al mirarla, parecía un joven en extremo guapo. Rápidamente fueron al salón.

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El maestro Muchida se adelantó a recibirlos, además de un par que simpatizaban con el pelirrojo.

-¡Qué alegría verte!.- dijeron algunos hombres jóvenes al saludar a Kenshin. Rápidamente iniciaron una animada conversación sobre lo que habían hecho esos años.

-Yo trabajo para una empresa de snacks, y llevo casado tres años. Tengo un hijo… -

-Me acabo de comprometer y me han ascendido a jefe de personal… -

Cada historia tenía su gracia y Kaoru los escuchaba atentamente. Entonces tocó el turno de Kenshin.

-Este año estoy preparando mi tesis como Administrador de Empresas, para complementar lo que sé sobre restaurantes. Me gustaría abrir una cadena de buena comida. Este joven de aquí es mi nuevo socio.-

Las miradas se dirigieron a Kaoru. Ella tosió un poco y les explicó sobre lo que estaba investigando para su tesis sobre comida sana para chicos.

-La idea es crear menús divertidos, sabrosos y adecuados para niños.-

-Es una gran idea.- dijo el hombre que trabajaba para los snacks.- Es la nueva tendencia, incluso mi empresa está contratando dietistas para mejorar nuestros productos. Kaneda, si quieres, puedo enviarte los datos para que trabajes con nosotros.

-Muchas gracias. Aprecio su interés, pero de momento, me he comprometido con Makimashi.

-Me alegra mucho que Kenshin quiera ayudar a los más chicos. La obesidad infantil conlleva problemas de salud y psicológicos y me parece que tu iniciativa de ser consecuente con lo que piensas o has vivido es sumamente positivo. La empresa en la que trabajo te puede apoyar con insumos. Por favor, llámame si me necesitas.- dijo un joven delgado y de enormes anteojos.

Kenshin estaba muy contento. Todos los amigos pretendían ayudarse en alcanzar sus sueños. Muchos conservaban aún el espíritu joven e idealista con el que salieron de la escuela de gastronomía, tal vez no tan explosivo como en la juventud, pero si lo suficiente para hacer de ellos personas especiales.

Entonces sintió una mano sobre su hombro y su tensión fue notoria para Kaoru.

-Hola, bolita.- dijo un sujeto que estaba tras la joven, pero cuya voz ella reconoció de inmediato.- Pensé que no vendrías.-

-Y tú, ¿Quién eres?.- preguntó inocente Kaoru al voltear para mirar al intruso. Lo hizo fijamente, sin acobardarse, hasta que la mano sobre Kenshin se retiró.- Mi nombre es Kaneda Nobuhiro.-

Kenshin apuró su vaso de licor y sacó otro de la bandeja de un mozo que pasó por ahí.

-Y eso a mí qué me importa.- contestó el sujeto, insolente. Su amigo se rió.

Kaoru los siguió observando y de pronto, algo hizo click en su cabeza. A esos sujetos que habían abusado de Kenshin… ¡Ella los conocía!

No solo eso… estaba segura de que si no fuera por su disfraz, ellos también podrían reconocerla a ella.

Su corazón se aceleró a mil, pero ella no permitiría que ellos notaran su estado de nervios.

-Tienes razón.- le concedió al hombrote mirándolo como si fuera poca cosa, y regresó su atención a la conversa que había quedado interrumpida.

-Deberían venir un día de estos a visitar el restaurante. Seguramente les agradará traer a sus familias. Cierto, Kenshin?.-

El pelirrojo ni se había movido a mirar al par que le había desgraciado su juventud, pero su mente estaba en otra parte. Kaoru disimuladamente lo trajo a vuelta con una suave insistencia.

-Desde luego, vengan, por favor. Les atenderé personalmente.- dijo Kenshin.

-Eres muy exitoso, amigo.- dijo Yuri.- Yo quiero ir a probar las delicias que debes cocinar allí.

-Bueno, yo cocino de vez en cuando, porque la mayor parte del tiempo está un chef buenísimo que sigue mis indicaciones. Yo me he dedicado a los estudios.

Kaoru esta vez sintió la mano sobre su hombro y se la quitó molesta. La tercera vez que la sintió sobre ella se volvió notablemente irritada, de una manera tan violenta que de inmediato la conversación de los demás se apagó.

-¿Te pasa algo?- preguntó sin rodeos al quien por lo menos le sacaba una cabeza y media de altura.

Kenshin palideció, así como el maestro Muchida y los amigos. Aburatsubo rió burlonamente, pero Kaoru no se dio por enterada.

-El problema ha de ser que tu amigo y tú son el típico par a los que nadie toma en cuenta, y mientras todos los demás están en grupo entretenidos, tú buscas el modo de hacerte notar. Eso está bien para un chico de dieciocho, pero en un hombre de casi treinta… yo me preocuparía.-

Kaoru tomó un poco de sake, regresando su atención al grupo.

-¿Saben qué? Vamos a sentarnos a esa mesa de allá. Hay buena comida y tengo hambre.-

La joven caminó bien derecha con Kenshin y el resto de comitiva siguiéndola, admirados. Luego comentó:

-En mi escuela tenía que lidiar con idiotas como esos todo el tiempo. Al final aprendí que si no le plantas cara y le demuestras temor, ellos siempre te molestarán, a donde quiera que vayas. Es el tipo de persona que me asquea, porque sobresalen humillando a los demás.

Aburatsubo y su amigo no se volvieron a meter con ellos esa noche. Sobre Kenshin, su maestro Muchida le preguntó si seguía soltero.

-No lo será por mucho tiempo.- se adelantó Kaoru, al notar que el par de molestosos estaban cerca de ellos.- Kenshin y yo somos cuñados. Él está comprometido con mi hermana.-

Todos felicitaron a Kenshin y él, orgulloso, se daba cuenta del magnetismo que ejercía Nobuhiro sobre el resto. Si supieran que era la única mujer infiltrada en esa fiesta, posiblemente se sorprenderían un montón. La joven tenía un amplio conocimiento sobre deportes y jugadores. El pelirrojo recordó que además, era jugador de baseball. Por un momento se le pasó la idea por la cabeza de que ella era lesbiana.

-Realmente me divertí.- dijo Kaoru cuando se fueron al dormitorio.- Tus amigos son muy graciosos.-

Relajado, con las manos en los bolsillos y la corbata colgando de un hombro, Kenshin se dirigió al armario.

-El mérito es tuyo, Nobuhiro. Fuiste muy ameno. Y valiente. Realmente nos ayudaste a todos esta noche. Claro que por lo mismo, nos iremos ahora a casa.-

-¿Qué? No puedes! Bebiste, no estás en condiciones de manejar.-

-Aburatsubo y Makoto te echaron el ojo. Lo mejor será sacarte de aquí antes que decidan visitarnos por la noche.-

-Pero no creo que…-

-Lo harán.- dijo Kenshin tajante, acabando de guardar sus cosas y las de Kaoru.- Esta tarde di aviso de nuestra partida y cancelé la cuenta. También pedí reserva con respecto a esto. Pero tenemos poco tiempo.-

Kaoru siguió a Kenshin hasta su auto y rato después bajaban por un camino lleno de curvas y angosto a baja velocidad y mucho cuidado.

Pararon una vez para tomar café y comer algo. Kaoru estaba cansada, pero no se permitía dormir para hacerle compañía a su pelirrojo, y asi fue como llegaron al departamento cerca de las cinco de la mañana. Kenshin la guió por el lugar indicándole dónde estaba cada cosa que ella pudiera necesitar.

-Acá está el baño, acá hay toallas para las manos… por acá la cocina, toma lo que gustes y… hem… bueno, por acá el dormitorio.

Kenshin lucía cansado y ojeroso tras las horas de conducción. Kaoru se quitó la peluca y la corbata, y luego la chaqueta, distraída, sentándose en la cama. Su amigo la miró un poco, sin entender cómo era posible que una mujer, vestida de traje oscuro de varón, se viera repentinamente tan sexy con la camisa entreabierta, a pesar de que no se veía nada.

-Nobuhiro… tenemos que arreglar una cama para ti. Como no he venido en varios días, no tuve cómo prepararla.

-Estoy muy cansada. ¿No podemos hacer eso después de dormir?-

-Sólo hay una cama.-

-Es enorme. Cabemos bien los dos aquí.- dijo Kaoru desplomándose sobre la colcha blanca.

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-Esto no está bien. Algo está mal… Cuando Aoshi supo que Misao era mujer, casi la mató. Y ahora Kenshin se toma esta noticia tan filosóficamente.-

-Pues prefiero el estilo de Kenshin que el de Aoshi.- respondió Kaoru colocándose su pijama de macho con pantalón corto.

Estaba sola en la habitación, ya que Kenshin había ido a la cocina y después al baño.

-Kenshin es tan lindo, Tenshi. No merece lo que le hicieron. Lo que nos hicieron.- se corrigió.- porque ese hecho afectó la vida de todos, aunque no hayamos tenido conciencia de ello.-

-En Kenshin todo ha partido mal, entre el abandono de su mamá, lo de su padre, lo de Misao y el esfuerzo que hizo para alejarse de lo que más quería… no sé, pero siento Kaoru que si quieres retirarte en este momento, yo lo entendería.-

-¿Qué dices?

-El daño, Kaoru. El daño que tiene ese hombre es tan grande que dudo que aún tú puedas repararlo. Su confianza es frágil, ya lo viste ayer con ese ataque bulímico. Se necesita un corazón fuerte y…-

-¿Y crees que voy a abandonarlo por eso? ¡Jamás! Primero meto los dedos en el enchufe.-

-Kaoru, he visto casos como estos desde allá arriba. Este tipo de personas, a la larga o a la corta, siempre se alejan de sus seres queridos o los alejan de ellos voluntariamente. Si Kenshin llega a sentir que interfiere en tu vida o algo así, tomará sus maletas y se marchará porque siente en el fondo que no es lo suficientemente importante para nadie.

-¡Pues para mí lo es, ya lo verás! Se lo demostraré día y noche y jamás dejaré de decirle lo importante que es para mí.-

-Creo que eres demasiado optimista. Mejor haz tu maleta.

Kaoru se enfureció rotundamente.

-Me obligan a vestirme de muchacho, se inventan toda una historia con respecto a mi origen e involucran en esto al director de una universidad y luego, cuando finalmente descubro que Kenshin me necesita más que nunca, a ti te da con que debo huir. ¿Es que eres idiota o qué? Ándate tú si quieres, pero yo me quedo al lado de Kenshin hasta las últimas consecuencias, pase lo que pase. Él me dijo que por mí se dejaría hacer miles de marcas más en la cara por defenderme, y por eso yo estoy dispuesta a lo mismo por él.

-¿Hablas en serio?-

-Por supuesto.-

-¿Y cuánto lo quieres?-

-Muchísimo, claro está.-

-Pues no será suficiente. No te sirve un cariño infantil para salvarlo. Necesitas algo más fuerte que eso.

-¿Qué? ¿De qué hablas?-

-Dime… ¿Tú amas a Kenshin?-

Kaoru se quedó en blanco. ¿Amar?… no estaba segura de eso, pero de que le gustaba por dentro y por fuera, eso si lo tenía claro.

-Es muy pronto para hablar de amor. Nos reencontramos no hace mucho.-

Tenshi sintió pasos por el pasillo.

-Pues medita en eso. Adiós.-

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Kenshin había bebido un poco. Pero muy poco para calmar sus nervios por todo lo acontecido esa noche. Se sentía levemente mareado, pero sabía perfectamente lo que hacía, aunque la pasta dental no logró disimular su olor. Regresó con el pijama encima y antes de acostarse, miró a Kaoru y dudó un poco.

-Ahora que sé que Nobuhiro es mujer… pienso… ¿en verdad no te molesta que durmamos en la mismo cama? Acabo de recordar que tengo un colchón inflable.-

Los trinos de las aves ya se escuchaban y Kaoru había echado una enorme cobija sobre la ventana para que les tapara la luz del sol.

-No te preocupes por mí, tonto. Yo no tengo problemas con eso, porque hemos dormido uno cerca del otro por varias noches. Sé que eres un hombre bueno y no me harías daño.- dijo Kaoru ligeramente. Pero Kenshin se puso serio.

-Ya sabes parte de mi pasado. Comprenderás que… aunque me esforzara, no soy un peligro en la cama de nadie. Yo no puedo… - Kenshin recordó un par de ocasiones totlamente desastrozas con compañeras de universidad.

Asombrada, Kaoru se dio cuenta de que al parecer, el alcohol le había soltado un poco la lengua a Kenshin. No estaba filtrando.

-Oye, eso no es cierto. No tienes por qué sentir que eres incapaz a la hora de tener sexo por el daño que te hicieron. Posiblemente te cueste más que a los demás, pero estoy segura de que en tal caso funcionarías muy bien. Seguramente serás un hombre cariñoso y tierno que necesita de una mujer comprensiva.

-No lo creo. No puedo. Jamás me he excitado con ninguna mujer.- declaró el pelirrojo sentándose pesadamente en la cama junto a la joven.- Pareciera que a mí esas cosas no me pasan, así que prefiero no pensar en ello.- dijo con sinceridad. Sólo había una persona en la que pensaba y era su pequeña Kaoru y el inocente amor que le inspiraba.

La joven Nobuhiro se acostó y atrajo a Kenshin sobre su brazo, para arrullarlo. Él se dejó.

-Ya no pienses en esas cosas. Cuando menos lo esperes, alguien vendrá y te hará ver que el mundo es un lugar mucho más amable. Y que el sexo puede ser la manera de decirle a esa persona lo importante que es para ti cada noche, sin palabras.-

-¿Acaso tú lo has tenido?.-

-¿Qué pregunta es esa para una dama?.- dijo Kaoru con fingida molestia.- Aún no, pero sé que cuando llegue, será maravilloso.

Le hizo cariños en el pelo y se acomodó mejor para dormir. No quería soltarlo.

-Hoy noté que a pesar de la tensión, no te diste un atracón de comida y aunque bebiste, lo hiciste con moderación. Pienso que has podido controlar tus nervios y me siento orgullosa de ti.-

Hacía muchos años que nadie le decía a Kenshin que estaban orgullosos de él por algo. Se sintió bien y abrazó por la cintura a Nobuhiro. Se sintió tan bien y tranquilo, que de inmediato se durmió.

Cerca de la una de la tarde, Kenshin se levantó para tomar un poco de agua. Había dormido espectacular y regresó a la cama para seguir otro rato. Se tendió junto a Nobuhiro y la observó.

Sonriendo, le acarició una mejilla y se acostó a dormir, pero ella despertó.

-Oh, Kenshin… qué lindo sueño.- murmuró medio adormilada. Entonces, ella le echó los brazos al cuello, se recostó sobre él y posó sus labios encima de su boca.

-Despierta… yo no puedo.- dijo Kenshin tratando de moverla un poco nervioso.-Esto no es gracioso.-

Los labios de Kaoru finalmente se movieron sobre los suyos y todas sus protestas se apagaron cuando su dulce aroma lo embargó. Como si tuviera gasolina en las venas, el fuego ardió por ellas y recorrió su cuerpo por completo, abrasándolo de tal modo que no le quedó otra opción que ver el modo de compartir eso con ella. Y no pensó en nada más.

Como en un sueño de otra época, Kenshin tomó a la joven por la cintura y el instinto lo guió en lo demás. Cuando Kaoru despertó, la lengua masculina había encontrado la suya y se asustó. Débilmente trató de apartarlo, pero no pudo. No comprendía lo que pasaba y recordó vagamente que soñaba mientras en su estómago sentía un nudo.

¿Qué hacía? ¿Se detenía? Ella no estaba segura de que ese fuera el modo correcto de estar con el pelirrojo pero… tal vez si paraba podía herirlo. ¿Y si llegaban hasta el final en esa relación?

Kenshin la dejó tranquila y con la punta de la nariz rozó su mejilla. La mantuvo fuertemente abrazada, con cada centímetro de su cuerpo pegado a ella, respirando trabajosamente.

-Lo siento… - se disculpó.- Quizá si sea mejor que me vaya al sofá.

El corazón de Kaoru iba a mil por hora, pero no solo el suyo. Escuchaba claramente el de Kenshin, que la abrazaba como si quisiera protegerla de sí mismo.

"Si le entrego mi cuerpo… ¿será mejor para él?" se preguntó. Existía la posibilidad que el trauma que él tenía en verdad lo hubiera dejado con un problema de impotencia. Tal vez se detuvo por eso.

Sólo había una forma de saberlo, ya que además, ella repentinamente también tenía ganas.

Se soltó de él y se quitó la parte de arriba del pijama, quedando en una camiseta blanca, minúscula y un poco transparente. Regresó a los brazos del pelirrojo que la miraba sin poder quitar la vista de sus senos.

-Espero que en tu sofá haya espacio para mi también si decides irte.- dijo ella alzando la cabeza y pasando una pierna sobre sus muslos.

Besó a Kenshin con una pasión que desconocía en ella y no protestó cuando él, nervioso, le quitó el resto de la ropa. Buscó su cuello con su boca, su pecho y no paró de besarlo hasta que él se despojó del pijama y la tendió, para apoderarse de sus senos y trazar un camino hasta su vientre.

-Te quiero.- murmuró él sin pensarlo al volver a su boca.

-Y yo a tí.- dijo Kaoru como respuesta de modo que se sorprendió al tomar conciencia de sus palabras, pero no dejó de repetirlas.

Le acarició el rojo cabello y la cara cuando él se acomodó sobre ella. Tocó su abdomen plano, sus brazos duros por el arduo entrenamiento al que los sometió y la espalda que se ensanchaba hacia los hombros. Trató de no ponerse nerviosa… dudó si tenía que parar o recordarle a Kenshin que aunque no lo pareciera por su osadía, esa era su primera vez. Pero no podía asustarse, porque su querido pelirrojo la necesitaba hoy para saber si él podía ser un hombre completo.

Enloquecido por el fuego de sus besos y su exquisito aroma, Kenshin la besó nuevamente poco antes de alinearse para penetrarla. Como pudo, Kaoru se acurrucó contra él, dándole a entender que estaba completamente abandonada a sus deseos y mientras él la abrazaba como podía, entró en ella, notando que algo le dificultaba el paso. Nervioso, embistió con fuerza, arrancando un quejido de la garganta femenina. De inmediato se detuvo. El rostro de la muchacha demostraba cierto dolor y un par de lágrimas.

-¡No!… lo lamento, lo siento… - se disculpó el hombre. Trató de salir de Kaoru, pero ella lo abrazó tratando de detenerlo.

-Estoy bien, no te preocupes. Estoy aquí para ti. No pasa nada. Ya no duele, lo prometo.-

Genuinamente Kenshin quería salir de allí, pero el modo en que lo decía esa niña, en que lo abrazaba y consolaba a pesar de que él la acababa de desgarrar lo tenía emocionado más allá de lo que él pudiera expresar con palabras. No dijo nada, pero la besó una vez más y con un cuidado extremo se unió con ella, moviéndose sin parar, acariciándola y adorándola. Fue así como tras varios minutos, Kenshin estalló dentro de ella y aunque Kaoru estaba exhausta y él también, no se detuvo. La abrazó, la besó, la arrulló contra su pecho. La joven estaba encantada y se dejó querer, pero sintió sobre su nariz una lágrima de él.

-¿Por qué eres así?- preguntó el joven buscando su mirada.- ¿Por qué me haces esto? Ni siquiera sé si Nobuhiro es tu nombre verdadero y ya tienes todo de mí. -

Kaoru lo besó por toda respuesta.

-Sólo confía en mí, Kenshin. Yo nunca, nunca te haría daño. Además, tú tienes mi corazón en tus manos. Y eso te puedo decir, que nunca nadie lo ha tenido. Para mi también esta fue la primera.-

-¿Y por qué me escogiste? Podrías tener mejores… no te habrían lastimado.-

Kaoru se acomodó encontrando reposo entre sus brazos y lo miró con una sonrisa genuina y feliz.

-Yo te quiero a ti. Y solo a ti.-

Mirándola de esa manera, algo muy tierno nació desde Kenshin hacia ella. Deseaba apretarla tanto que su cuerpo se fundiera con ella, pero sabía que así, solo la lastimaría. La besó nuevamente descubriendo que se sentía completo al hacerlo. Después de todo, más perfecto que su amigo Nobuhiro, era esa dama que le sonreía.

-Te quiero, te quiero.- murmuró riendo.

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Fin acto siete

Él y Ella

Enero 5, 2011

Notas de Autora:

Hola!

Les quiero agradecer a todas sus palabras de apoyo, pero como lo justo es justo, debo contarles que perdí a mi bebé hace un par de semanas.

Por favor, no se disculpen por los cariños que me enviaron. Aún cuando algunos llegaron a destiempo, me hicieron sentir bien. La peor parte del aborto ha pasado y ahora sólo me ocuparé de recuperarme bien para ser mamá algún día.

Sobre este episodio, me costó sacarlo adelante, pero al menos gran parte de él estaba escrito. Espero que les guste mucho. Como un adelanten el próximo episodio, sabremos qué es lo que quiere decirle Aoshi a Sanosuke, veremos algún adelanto de la obra de teatro, y desde luego, "el día después de" entre Kenshin y Kaoru, además de perfilar un misterio cuya pista se dio aquí y que pronto será revelado.

Blankaoru