Kenshin, un chico en Dificultades
Acto Ocho
Kaoru contra Kaoru
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Kaoru se estiró, perezosa, y Kenshin maravillado la observó despertar. ¡Era preciosa!
-Eres la mejor Julieta que he tenido la suerte de conocer. Y la más bonita.-
La joven sonrió tranquila. Kenshin tenía otra cara y sus mejillas se veían coloraditas. Atrajo su cara sobre el de ella y le dio un beso.
-¿No nos podemos quedar aquí todo el día?- preguntó. Kenshin sonrió.
-Claro que si. Ya hice todos los arreglos y cociné algo que podría gustarte.-
A Kaoru se le inflamó el corazón de amor.
-Qué lindo eres. Supongo que eso que huele rico es lo que hiciste.-
-No tengo mucho mérito. Hablamos de comida congelada, pero preparé un buen aderezo. Luego regresé, me desvestí y te acaricié hasta que despertaste.-
-Me parece genial.-
Kaoru se acurrucó contra él y pronto lo recibió dentro de su cuerpo.
Kenshin no podía creer que había pasado la noche con una chica que lo hacía sentir el hombre más afortunado del planeta. Algo tenía ella que lo hacía tan feliz que era incapaz de enfadarse por haberla conocido como un chico.
Ella no le había dicho su nombre, pero no le importaba mientras ella le sonriera como lo hacía. Eso lo animaba a tratar de convencerla para poder probarla nuevamente, si antes las mujeres le eran indiferentes, esta lo tenía completamente obsesionado. Ya quería tomarla de nuevo.
-Esta noche regresaremos a la universidad, y trasladarás tus pertenencias a mi departamento. Quiero que vivas aquí conmigo.-
-¿Cómo?-
Kaoru no daba crédito a lo que escuchaba. Hasta el tono de Kenshin había cambiado. Era muy decidido.
-En la universidad no se permite la convivencia entre hombres y mujeres en el mismo cuarto y yo no estoy seguro de poder aguantarme las ganas de besarte estando allá por las noches. Lo mejor será que vivas conmigo. De todos modos, como mi amigo, ya te lo había propuesto. Podremos también ensayar la obra más tranquilos.-
Kaoru sonrió encantada. Le gustaba la idea.
-Está bien, viviré contigo.-
Kenshin se acercó a ella porque disfrutaba mucho abrazarla.
-¿Ahora me dirás tu nombre?-
-Nobuko.- respondió Kaoru tranquilamente.- Kaneda Nobuko.
El pelirrojo sonrió ampliamente.
-Te quiero, Kaneda Nobuko. Me alegro mucho que no seas hombre, me tenías un poco preocupado con eso. Me sentía un poco extraño cuando andabas cerca. ¿Vamos a comer? Necesito reponer fuerzas para lo que tengo en mente.-
Tenshi estaba feliz mirando a esos dos. Eran la mar de tiernos, pero al parecer, Kaoru había optado por seguir con la farsa de ser otra persona. De todas maneras Kaoru no era como Misao que hacía las cosas a lo loco. Posiblemente ella estaba tramando algo y por eso no quería darse a conocer aún.
Muchas horas después, Kaoru y Kenshin acabaron de acomodar las cosas de ella, donde tendieron entre risas una cama para desvestirse y jugar entre las sábanas a las cosas del amor.
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-Necesito información y tú puedes dármela.- dijo Aoshi cuando Sanosuke estuvo sentado frente a él.- Y eres el único que me puede ayudar a desmenuzar esta madeja.-
Sanosuke no comprendía nada y Aoshi ordenó que le trajeran té a su despacho. Se acomodó en su asiento mientras miraba a su empleado, intimidándolo sin saberlo.
-Se trata de Kenshin. Necesito saber qué fue lo que le pasó.-
Miles de imágenes sobre el gordo pelirrojo y bonachón llegaron a la mente de Sanosuke de manera tan nítida que por un momento se mareó.
-Ustedes se fueron juntos e incluso tú te matriculaste en su misma escuela. Por las cartas que le llegaban a Misao, intuyo que algo pasó durante sus años de instituto. Para ser más precisos, creo que lo que sucedió coincidió con la muerte de la hermana de Kaoru, Sayo. ¿Las recuerdas?
Era imposible no acordarse de Kaoru. Una chiquilla sumamente alegre, que vivía defendiendo a Kenshin y que se transformó en algo parecido a su sombra donde quiera que iban.
-Recuerdo muy bien a Kaoru y su hermana pequeña. Mi padre me contó que había muerto en un accidente de coche.-
-Kenshin escribía seguido a Misao e incluso nos venía a ver. La última vez que habló conmigo por teléfono, dijo que lo esperara en la estación de trenes para que lo llevara donde su amiga, pero jamás llegó. Esto nunca se lo he contado a mi esposa, pero desde entonces sus cartas cambiaron aunque seguían siendo felices, y no regresó a vernos nunca más, a menos que Misao se movilizara.
Sé que Kenshin con el tiempo abrió un restaurante en el que era socio contigo. No sé por qué te separaste de él y regresaste… tampoco sé por qué no quiere ver a Kaoru y creo que tú me puedes dar esas respuestas.-
Sanosuke recordó las veces que con entusiasmo, Misao le hablaba de su hermano y sus logros. Por lo mismo él había optado por no revelarle las cosas que sabía y ahora se le aparecía Aoshi exigiendo saber esas cosas que el juró nunca contar porque así se lo había pedido Kenshin la última vez que se vieron.
-No hay mucho que decir. Era un chico al que molestaban en la escuela.-
-Eso lo sé. Pero sé que hay algo más y quiero que me lo digas. Quiero que me cuentes todo lo que hayas visto, escuchado e incluso pensado sobre ello. Es la única forma en que puedo ayudar a Kenshin: sabiendo lo que le ha pasado para tomar algún tipo de acción. Realmente quiero ayudarlo, porque eso haría muy feliz a mi esposa. Ha estado muy preocupada por él.
Era cierto. No había que ser un genio para darse cuenta de las veces en que Misao se daba vuelta mientras hablaba con él, para que no notara sus lágrimas. Sanosuke meditó un poco.
Misao era una mujer buena, exquisita y todo lo demás. Una mujer por la que bien valdría la pena romper una promesa con tal de verla sonreír.
-Kenshin la pasó mal en la escuela.- comenzó Sanosuke dándole vueltas a su taza de té.- Pero realmente mal a causa de un grupito de dos o tres sujetos. No recuerdo muy bien cuántos eran. El resto de los chicos del salón eran amables o indiferentes hacia él, pero esos chicos de los que te hablo, se ensañaron con el gordito.-
-¿Pero y eso por qué?-
-No lo sé… quizá simplemente porque Kenshin era el mejor de la clase y por alguna razón adelgazó un poco y las chicas empezaron a lloverle; dada su personalidad retraída él se veía muy misterioso y ellas lo adoraban. El problema es que Kenshin les hacía poco caso y encima, la chica de uno de los del grupo empezó a mostrar interés por él.-
Hasta el momento, la historia de Kenshin era la de un triunfador y eso se notaba en las cartas que enviaba a Misao. Pero Aoshi tenía la impresión de que se venía algo realmente malo.
-Continua, por favor.-
-Empezaron a perseguirlo, primero con cosas pequeñas y tontas, luego fueron más allá y se metieron con sus cosas hasta quemar sus pertenencias más queridas. Yo era su compañero de cuarto y me tocó ver eso. Después… -
Un silencio tenso se hizo en el lugar. Sanosuke recordó de golpe cosas que había visto y que habían quedado olvidadas en un rincón de su memoria para que no le hicieran daño.
-Por Dios… fueron de lo más malditos…- murmuró palideciendo.
-¿Te sientes bien?- preguntó Aoshi preocupado. Sanosuke asintió y tomó un trago largo de té. Pero luego pidió algo mucho más fuerte y Aoshi le sirvió un Whisky con harto hielo.
-Tómate uno tú también, porque lo vas a necesitar.- le dijo el joven a su jefe.
-No te preocupes por mí. Prosigue con la historia.-
-Mira, no conozco los detalles y Kenshin jamás quiso hablarme de eso, pero un día había pedido permiso para ir a un funeral, supongo que el de Sayo. Me ofrecí para acompañarlo hasta la puerta, pero él dijo que no había problema… se fue solo y yo partí a un entrenamiento de baseball. Quise ir al baño y alcancé a ver a los dos que andaban tras de él saliendo y acomodándose la ropa. Corrí y lo encontré en el suelo, pantalones en la rodilla y mucha sangre saliendo de su… su…- Sanosuke cerró los ojos.- Ese par lo había violado.-
¿Violado? ¿Era eso?
Aoshi sólo había pensado en bromas pesadas, tal vez alguna mujer que lo había dejado así, pero eso… eso…
-Lo llevé a nuestro cuarto y llamé a un profesor. Quise salir y buscar a ese par y golpearlos hasta matarlos, pero Kenshin dijo que podía perder mi beca si lo hacía. Quienes lo atacaron eran hijos de importantes familias y el colegio jamás les haría nada. Aún en esos momentos Kenshin no pensó en él, sino en que el profesor y yo no fuéramos perjudicados por su culpa.
Aoshi tomó un largo sorbo de su whisky. Eso estaba muy feo.
-Yo me preocupé de Kenshin con celo casi obsesivo para que no le volviera a pasar, pero entonces él comenzó con problemas: No dormía con la luz apagada y tenía continuas pesadillas. Sus calificaciones bajaron, aunque no tanto como para que alguien se preocupara por él y el maestro que nos ayudó lo sometió a un arduo entrenamiento de defensa personal. Dejó de comer casi… a veces, lo vi vomitando en el baño, demasiado seguido como para ser un problema estomacal. Espantó a todas las chicas con su modo de ser huraño y mal educado: ya no dejó que nadie se le acercara. Incluso a mí, con el tiempo, empezó a alejarme poco a poco.
Cuando puso su primer restaurante, lo administrábamos juntos y trabajábamos en él. Nos iba bien, podíamos pagar las cuentas, pero tuvimos una discusión por una tontería, yo tomé mis cosas y me largué de allí, porque él no comprendía que yo quería cuidarlo… decía tonterías como que de eso iba a salir solo, que no necesitaba de nadie y al final, ¿qué quieres que te diga? Me cansé de su actitud y regresé a mi ciudad natal a probar suerte.-
Aoshi meditó un poco en sus palabras, controlando la ira que sentía. Todo era por su culpa. Si Kenshin no lo hubiera visto como una amenaza para la felicidad de Misao si él la abandonaba de nuevo, no se habría ido. Habrían podido convivir, la historia sería muy distinta.
-Ni una palabra de esto a Misao. Te lo recuerdo.
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Un par de días más tarde, Kaoru, disfrazada de hombre, salió con la excusa de tener revisión de su tesis con un profesor, lo que era cierto. Pero en cuanto perdió de su vista a Kenshin, suspirando encendió su celular y llamó a Misao.
Respondió Aoshi.
-¿Y Misao?-
-Está atareada organizando un banquete. ¿Has sabido algo sobre Kenshin?.-
-He averiguado… mucho más de lo que pensaba. Pero… es una suerte que me haya respondido usted, señor Aoshi. No estoy segura de que Misao reaccione bien y usted tiene que jurarme que no le dirá nada.-
Aoshi miró a Misao discutir apasionadamente algo con Sanosuke, asi que discretamente se retiró del lugar.
-Dime.-
-Es horrible, señor Aoshi. Un par de canallas atacaron a Kenshin… - comenzó la joven, contándole cuánto sabía.- Yo no le diría esto si es que no estuviera segura de que usted es bienintencionado con él.-
-Te agradezco tu confianza y en efecto, es mejor que Misao jamás de entere de esto. Lo que me cuentas es muy coherente con lo que he averiguado en mis investigaciones.-
-Pero hay algo más, señor Aoshi… y esto es lo que me tiene más preocupada.-
-¿Qué pasa?.-
-Estos días atrás pude conocer al par que le hicieron a Kenshin esas cosas. Señor Aoshi, a esas personas estoy segura de haberlas visto en su empresa.-
-¡¿Quéeeeeeeeeee?-
-Uno se llama Aburatsubo, el otro Makoto… no estoy segura de sus apellidos, pero puedo averiguarlo en cuanto pueda encontrar el anuario de Kenshin. Yo estoy segura de haberlos visto por el barrio, me he relacionado con ellos. Estoy… realmente no sé qué pensar de todo esto. Tengo un presentimiento muy malo.-
-Ahora que lo mencionas, yo también siento que acá hay algo muy malo. Dime, ¿qué harás ahora?.-
-No sé… necesito que alguien me oriente para poder ayudar mejor a Kenshin.-
-Tengo el número de la psicóloga que lo ha estado tratando. Puedo hablar con ella.-
-¿Pero y si le comenta a Kenshin sobre mi?-
-No lo hará. Los psicólogos tienen un fuerte código de silencio, casi como el secreto de confesión para los curas. Además, ella intuía que lo de Kenshin podría estar relacionado con un abuso. Llámame cuando puedas el día de mañana.-
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-Bella compañía. ¿A dónde han de ir?- dijo Romeo a un criado.
-Arriba.-
-¿A dónde? ¿A una cena?.-
-A nuestra casa.-
-¿A casa de quién?.-
-De mi amo.-
-Tenía que habértelo preguntado antes.- dijo Romeo, dándose un leve golpecito en la frente.
-Os lo diré sin que preguntéis. Mi amo es el grande y rico Capuleto, y si vos no sois de los Montesco, venid a echad un trago de vino. Quedad con Dios.- se despidió cortésmente el criado, saliendo de escena.
El ensayo general se prolongó por más de tres horas, y aunque los muchachos estaban agotados, Kenshin les exigió más.
-¡Ah, egoísta! ¿Te lo bebes todo sin dejarme una gota que me ayude a seguirte? Te besaré: Tal vez quede en tus labios algo de veneno para que pueda morir con ese tónico. Tus labios están calientes.- dijo Julieta sobre el rostro inerte de Romeo. Se escuchó un guardia de fondo, y la joven, decidida, tomó el puñal de la cintura de su amado.- ¿Qué? ¿Ruido? Seré rápida. Puñal afortunado, voy a envainarte. Oxídate en mí y deja que muera.-
La joven se clavó el puñal y sin soltar a Romeo, cayó junto a él. Durante varios segundos nadie entró en escena, no porque así lo requiriera el libreto, sino porque estaban atónitos con la interpretación de Nobuhiro sobre los sentimientos de una mujer triste y enamorada, que no tiene esperanza alguna y elije la muerte. Finalmente concluyeron el ensayo y Nobuhiro se llevó las felicitaciones de todos. Pero por sobretodo Kenshin, que había logrado aprenderse el libreto en poco tiempo y encima, había besado a su pareja como si de verdad estuviera enamorado de ella.
-¡Este será el mejor Romeo y Julieta que hayamos estrenado.- dijo Miyagi.- ¡Qué genial!-
-No lo será, porque esa Julieta no actúa.- dijo una muchacha desde el fondo del salón. Era Michiru, la anterior Julieta.
Kaoru se mantuvo en su puesto, nerviosa. Era cierto, ella no era actriz, pero había hecho el papel antes…
-Claro que es la mejor.- dijo Kenshin fuertemente.- Por lo menos ya es mucho más responsable que tú y sabe lo que es trabajar en equipo.
-Asi es.- dijo Miyagi, el segundo al mando en la obra.- Es amable y trata con respeto a los demás. No se da aires de diva y aceptó ayudarnos a pesar de tener muchas responsabilidades dentro de poco tiempo.-
-Kenshin.- dijo la chiquilla.- Quiero que me restituyas en mi papel.-
El pelirrojo, que se veía muy gracioso con un traje occidental de época, no necesitó decir nada, porque sus compañeros de elenco protestaron.
-Kaneda nos ha ayudado mucho a comprender nuestros personajes, porque como sabrás, varios tuvieron que cambiar de personaje por tu causa.- dijo Asumi, la nodriza.- Superior Makimashi, si usted deja que Michiru regrese, yo me retiro.-
-Yo también.- dijeron tres a coro.
-Eso lo conversamos desde el comienzo de este problema y Michiru, tu reinserción no es aceptable. Estrenamos ya la próxima semana y ha habido cambios en la planta de movimientos. Además, Kaneda lo hace muy bien. No te necesitamos.- dijo Kenshin, dándole la espalda a la hermosa joven y concentrando su atención en Nobuko.- Tendremos ensayo el próximo jueves a esta hora, el viernes y el sábado por la mañana. Los ensayos serán con vestuario completo para que acabemos de acostumbrarnos a él, y… bueno, recuerden que mañana es el desfile del Departamento de Diseño de Vestuario, asi que tenemos que estar temprano. Por comida no se preocupen, porque los diseñadores han organizado un pequeño banquete.- Kenshin frunció un poco los labios tratando de recordar qué más.- Ese sábado, después de la obra y si no están muy cansados, los espero en mi restaurante para comer, beber y festejar.-
Los muchachos ovacionaron a Kenshin y el alegre grupo de teatreros se fueron en medio de canciones y carcajadas de regreso a sus dormitorios o casas.
Michiru se los quedó mirando. Ella esperaba que al menos le pidieran volver. Acababa de perder la apuesta que había hecho con una amiga: Le había asegurado que era tal su importancia dentro de la obra, que el superior Makimashi iría a verla de rodillas para que se quedara. Y ahora ponía a una tipa de apellido Kaneda en su reemplazo.
Estaba enojada y herida en su orgullo. Quería vengarse, pero ¿cómo?. Como el taller de teatro había impuesto una norma de silencio, nadie sabría hasta el estreno que Nobuhiro era un hombre. Y Michiru no tenía ni cómo sospecharlo. Pero si quería vengarse de esa intrusa, tal vez sería bueno observarla un poco.
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-¿Ahora me dirás por qué te vistes de muchacho?- preguntó Kenshin mientras caminaban a casa bebiendo un refresco.
Kaoru ya había previsto una respuesta para ello. Por el momento, le convenía seguir disfrazada de hombre porque el director la seguiría tratando como Nobuhiro Kaneda frente a los demás, por lo menos, mientras convencía a Kenshin de regresar a casa con su familia. Ya vería la manera de decirle que ella era Kaoru.
-Pues… es una historia un poco complicada, pero yo tenía un querido hermano mellizo que falleció. No me pude resistir a su pérdida y comencé a ponerme su ropa hace varios años. Así me imagino que veo su cara cuando me miro el espejo. Sé que es loco y tonto… -
-No lo es.- dijo Kenshin mirándola con ternura.- Tengo una hermana a la que adoro, que hacía lo mismo con mi ropa. El motivo era diferente del tuyo, pero puedo entender que uses la ropa de hombre porque tengo el referente de ella. Si así te sientes más cómoda, es tu opción personal. Pero si no es mucho pedir, me gustaría verte alguna vez con vestido, aunque sea dentro de la casa.-
Nobuko le aseguró que así lo haría y suspiró tranquila. Si Kenshin no la había interrogado antes, era precisamente… ¡Por Misao!.
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-¿Kaoru?-
La joven se encontraba en la terraza del departamento mientras Kenshin tomaba una ducha. Vestida con una camisa de él, se sentía genial, pero debía hablar con Aoshi.
-Viajaré esta noche para encontrarme mañana temprano con la psicóloga de Kenshin. Si me quieres acompañar sería genial, pero además… quiero que llames a Misao, le digas que Kenshin está mejorando… y no le comentes nada de la psicóloga. Ella piensa que me voy por trabajo.-
-Está bien.- dijo la muchacha antes de cortar. De inmediato llamó a Misao.
-¿Cómo está mi hermano?.-
-Llámalo dentro de cinco minutos.- dijo la muchacha. - No vas a creer lo que ha pasado.-
-¿Te descubrió?.-
-Si y no. Sabe que soy mujer, pero… mejor que te lo diga él. No le menciones que ando por aquí, no sabe que soy Kaoru.-
-Perfecto.- dijo Misao.
Como Kaoru vería a Aoshi al día siguiente, le contaría de lo sucedido entre ella y Kenshin, con bastante censura, por lo demás.
Apagó el celular y guardándolo, se acercó a Kenshin que venía saliendo con una toalla en torno a la cintura.
-Yo también sé cocinar. Te preparé algo.- dijo la muchacha, radiante de felicidad.
-¿Sí?.- inquirió Kenshin. Se acercó a la mesa y se encontró con unos pan queques llenos de manjar, con dibujos de caritas felices sobre ellos. -Eres maravillosa, Nobuko. Eres fuerte, eres… eres muchas cosas que yo no soy.-
-Tú también eres muchas cosas que yo no soy. Tu memoria es privilegiada, a pesar de tus penas y problemas para dormir. En verdad no pensé que pudieras aprenderte el papel de Romeo, pero lo hiciste. ¿Lo ves? Tú también eres un hombre maravilloso.-
El pelirrojo rió. Sólo una niña una vez le había encontrado tantas cualidades. Y ahora daba con Nobuko. Tal vez fuera un hombre afortunado.
El celular sonó y Kenshin, con una sonrisa, contestó.
-¡Misao, hermana! Justo me acordaba de ti.-
Al otro lado de la línea, Misao, que se encontraba sola, sonrió ampliamente al escuchar ese tono de voz que creyó perdido.
-¿Cómo estás?.-
-Muy bien, Misao. No me vas a creer… tengo, tengo…. Hem, espera un poco.-
El pelirrojo se dirigió a Nobuko.
-¿Serías mi novia?.-
Las cosas se precipitaban en el corazón de Kenshin. Kaoru tuvo un ataque de miedo repentino de echarlo a perder, pero se obligó a reponerse y contestar, por el bien de su pelirrojo.
-Claro que sí.-
-Misao, hem, tengo una novia y es la mujer más encantadora del mundo. Es un poco estrafalaria, como tú, y me prepara panqueques con sonrisas y soles. Y es hermosa, hermanita. Quisiera tanto que la conocieras.-
Misao no entendía nada.
-Pero… y tu amigo Nobuhiro, ¿está contigo también?.-
-Jajaja, Misao, yo siempre pensé que Aoshi era un despistado por… oye, ¿por qué no vienes? El sábado de la próxima semana estrenamos la obra y será la finalización del año escolar. Tal vez… no sé… si estuvieras aquí mi felicidad sería completa.-
La joven madre se miró el reloj de pulsera. Aoshi a esa hora debía ir en el tren bala a alguna parte a resolver un negocio. Prometió llegar para el almuerzo del día siguiente.
-Creo que puedo viajar mañana en la noche. Pero tengo que ver antes dónde dejar a los niños. -
-¿Y ellos están ahí?.-
-No, quisieron pasar esta noche con mi suegra.-
-Ya veo. ¿Cómo estás tú?-
Misao le contó por espacio de diez minutos como le iba con su pequeña empresa de banquetería. Se le daba muy bien y la mantenía contenta y realizada.
-Es mucho trabajo, y es emocionante. Nunca sé si las cosas estarán listas a tiempo y hay que prepararse para los problemas inesperados.
Cuando Kenshin cortó, Kaoru estaba atacando un panqueque sin piedad alguna y él la ayudó. Cuando quedaron llenitos y felices se fueron a la cama donde él le hizo el amor con la máxima ternura, saboreando su cuerpo por completo y guardando en su tacto la memoria de éste. Esta vez duró mas tiempo dentro de ella y sólo cuando la joven imploró piedad, la dejó tranquila, acostándose a su lado y atrayéndola sobre él.
Kaoru, sofocada, aprovechó cuando se quedó dormido de apartarse un poco buscando refresco, pero un fuerte brazo del pelirrojo la tomó por la cintura y la apegó hacia él.
-Tienes el sueño muy ligero.- comentó ella divertida.
Kenshin quiso responder que con los años de depresión que llevaba, su cuerpo se había acostumbrado a eso, pero no quería acordarse de lo triste ahora. La soltó un poco cuando ella le dijo que tenía calor.
-Nobuko, lo siento. Quizá con los días me acostumbre a esta sensación de tenerte, pero por ahora, tengo miedo de que desaparezcas.
-No lo haré. Siempre, pero siempre estaré contigo.- dijo ella con sinceridad, poniendo una mano sobre su corazón.- Te aseguro que conmigo nunca tendrás una queja.
-¿Estás segura? Es mucha responsabilidad lo que dices.
-Claro que si. ¿No ves que por ti estoy metida en el papel de Julieta? Yo… yo te vi y me enamoré sin poder defenderme de eso. -
El cuerpo de la joven acabó de enfriarse y buscó el calor de Kenshin.
-Mañana es el desfile y debemos estar descansados para eso. Buenas noches, Nobuko.-
La joven recordó lo de la hora con la psicóloga.
-Hem, Kenshin, no me lo tomes a mal, pero mañana tengo que ir al psicólogo.-
-¿Al psicólogo, tú? Pero… -
-Lo lamento. Aún no supero lo de mi… lo de mi hermano.- dijo la muchacha.
-Está bien. ¿Quieres que te acompañe?.-
-Me encantaría.- repuso dándole un beso en la nariz.- pero eres el jefe del grupo de teatro y tienes que estar al mando en la organización de mañana. Yo te apoyaré en cuanto termine y les de alcance. Será solo un rato.-
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La psicóloga de Kenshin estaba encantada con lo que le contaba la muchacha que acompañaba al señor Shinomori.
-Ya veo. Está enamorado y contento, ¿no?-
-Al menos duerme tranquilo por la noche, tenga la luz encendida o no.- Repuso Kaoru.
La mujer tomó un poco de te y miró al par que tenía enfrente.
-Me gustaría compartir su entusiasmo por sus avances, pero si bien es loable lo que han hecho por él, sobre todo esta señorita, me temo que Kenshin se lo pueda tomar mal.-
-No la entendemos, señora.- dijo Aoshi. Ella se enderezó en su asiento.
-Kenshin está obsesionado con la idea de salir solo de sus problemas. Tiene metida en la cabeza eso de ser un hombre protector, que pueda regresar a ver a una niña a la que tiene muy idealizada, para que ella vea que él ha triunfado en la tarea que se autoimpuso. Kenshin ha sufrido una y otra vez frustraciones cada vez que ha tenido un cuadro depresivo, ha sido muy duro consigo mismo por ser incapaz de reponerse "solo" como tanto quería y no me extrañaría que en este momento, parte de su felicidad esté basada en la idea de que ha conseguido por mérito propio, el amor de esta señorita. Lo que me preocupa es que en algún momento, él tendrá que enterarse de que Kaoru ha venido a su rescate como cuando eran niños. Eso lo derrumbaría y sería muy grave.-
Aoshi y Kaoru palidecieron, coincidiendo en una mirada. Estaban metidos en un tremendo problema.
-Pero acaso… ¿Kenshin podría volver a la bulimia, a la depresión?-
-Creo que la frustración podría ser muy fuerte. Pero además su violencia. Creo que Kenshin podría ser peligroso en un caso así.-
-¿Usted dice que puede atentar contra él mismo?-
La psicóloga sorbió su taza de te.
-No. Contra ella.- dijo tranquila, señalando a Kaoru. La joven comenzó a temblar.
-No es posible. No lo creo… -
-Kaoru, Kenshin ha crecido queriendo ser… no como su padre, o algún otro hombre que haya conocido. Él quiere ser como tú. Quiere tu fortaleza, tu valentía… quiere ser amado por sí mismo en cuanto haya logrado esas virtudes importantísimas para él. Los hombres compiten contra la imagen paterna, él lo hace contra ti. Y si no manejas de forma apropiada la manera de decirle que eres Kaoru, él se volverá de manera brutal contra ti.-
-¿Hay algo que podamos hacer?.- dijo Aoshi muy preocupado, sosteniendo la mano fría y húmeda de Kaoru.- Nosotros pensamos que esta era la única forma de ayudarlo… si se nos hubiera ocurrido otro modo..-
-Señor Shinomori, lo que ustedes hayan hecho, hecho está. Y es innegable que Kenshin está pasando por un periodo que yo, que lo trato hace cinco años, no le había visto antes. Vino a verme la semana pasada y está mucho mejor, pareciera que los padecimientos jamás los tuvo. Ahora Kaoru me dice que estuvo en una cena con sus agresores y pudo controlar su miedo porque ella estaba cerca apoyándolo. No puedo dejar de reconocer que esto ha sido positivo, pero desgraciadamente ustedes usaron el engaño. Si Kenshin se va a enterar de que esta señorita es Kaoru, debe ser de boca de ella, en un ambiente íntimo. Que esté calmado para que ella le pueda explicar la situación. Si usted, señor Aoshi, puede acompañarles, sería mucho mejor. Que él sepa que esta iniciativa vino de usted porque estaban desesperados por ayudarlo. Que sepa que esta señorita lo quiere y que los sentimientos que le mostró como Nobuko son sinceros. No se lo va a tomar bien, quizá Kaoru deba tomar distancia, pero ustedes no permitan que él se aísle. Hagan esto luego, va a ser difícil, pero si dejan pasar el tiempo no podrán controlar su reacción.
Kaoru, bajo ningún motivo dejes pasar más tiempo. Kenshin siempre te ha descrito como una mujer fuerte, asi que ahora debes demostrarlo. Si él se entera por otro lado de quién eres, no lo dudes y vete de su lado. Pase lo que pase, contacten conmigo.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Cuando el desfile de modas terminó, con grandes resultados, Kenshin encontró a Nobuko sentada en la escalera, mirándose los pies.
Kaoru no podía creer que su pelirrojo pudiera volverse contra ella y se sentía triste.
-Nobuko, a veces, simplemente debes aprender a convivir con el dolor. Nunca se va la añoranza de los seres que perdemos.- dijo Kenshin, pensando que sufría por su supuesto hermano e invitándola a pararse.- Vamos a casa.
-¿Escuchaste, Tenshi? .- dijo Kaoru cuando Kenshin se quedó más atrás con unos muchachos.- La doctora dijo que le dijera la verdad cuanto antes y que me preocupara de escapar.-
-Kaoru, lamento tanto lo que está pasando, pero tal vez eso no pase y prime el amor que el siente por ti.-
-¿Y si no alcanza?.- preguntó la joven con una lágrima desbordando hacia su mejilla.- ¿Qué puedo hacer?-
-Habla con él esta noche.-
-No puedo. Si esto es tan terrible como dijo la doctora, lo mejor será hacerlo la semana que viene, después del estreno de la obra.-
-Trata de hacerlo hoy.- dijo Tenshi realmente preocupado.- tú… una semana con ese estrés puede acabar contigo. Los malos tragos hay que pasarlos pronto.-
-Misao y Aoshi vendrán la próxima semana a ver a Kenshin por lo de la obra y estarán aquí. Podrán acompañarnos.-
Tenshi la miró atentamente y finalmente le sonrió conciliador.
-Está bien, preciosa.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Fin acto ocho
Kaoru contra Kaoru
Enero 7, 2011
Notas de autor
Hola!
Lamento no haber subido el jueves como tenía presupuestado, de todos modos les puedo adelantar un par de cositas:
-La historia está terminada y quedan un par de retoques.
-Quedan tres capítulos más.
Espero que les haya gustado y les agradezco muchísmo que me hayan escrito.
Les mando un beso grande, me voy, que me toca cocinar.
Blankaoru.
