Kenshin, un chico en Dificultades
Acto Nueve
Corazón en conflicto
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Nobuhiro fue recibido en la casa de Yukito Niimura. Aquel compañero de Kenshin que le extendió su tarjeta para conversar con él por un puesto en su empresa, pero lo último que tenía Kaoru en mente era ponerse a trabajar.
-Vengo a tratar un tema personal y espero que usted pueda ayudarme.- dijo tras sentarse en un elegante sofá.
-Usted dirá, Kaneda. Los amigos de Kenshin pueden contar conmigo.
Nobuhiro tomó aire.
-Le sonará extraño y le ruego discreción con respecto a este tema, pero estoy recopilando algunos datos sobre un par de compañeros suyos. Aburatsubo y Makoto, es todo lo que sé de ellos, pero necesito sus apellidos.-
Yukito se extrañó de la petición.
-¿Acaso Kenshin no conoce esos datos?
-Mi cuñado… la pasó mal a manos de esos dos. No quiere hablar de ellos.
-¿Y por qué usted si?-
-Mi padre tiene una importante empresa de productos lácteos. Quiero darle esos nombres para que los vete. No deseo ese tipo de individuos en la empresa familiar. Tampoco quiero que se acerquen a mi hermana, menos a mi amigo Kenshin.-
Yukito miró especulativo a Nobuhiro. Pero además, se veía un poco incómodo.
-Para serle sincero… yo también la pasé mal a manos de esos dos. Eran molestosos, siempre buscaban el modo de perjudicarnos y la familia Ueda los protegía. Hicieron muchas maldades, pero nunca les llamaron la atención. A mí me golpearon en varias ocasiones, sin que yo mediara provocación alguna. Ese día de la reunión pensé que lo golpearían a usted. Pero… en realidad nunca comprendí por qué no se metían con nadie más.-
-¿Cómo así?.- preguntó Kaoru intrigada.
-Pues… verá, siempre molestaban a nuestro grupo, pero por sobre todo a Kenshin. Él parecía ser el centro de sus ataques. A veces… me daba la impresión de que lo que nos tocaba era por ser amigos de él.-
Kaoru pensó que eso era muy raro. Los bravucones de la escuela eran malos con muchos estudiantes, a veces cambiando de objetivo.
Yukito le dio los apellidos que necesitaba y otros datos de interés, como el nombre de la familia que los protegía, porque a Kaoru también el nombre se les hizo familiar. Al final, amablemente, el hombre le dijo que trabajaban actualmente para una empresa de papelería en otra ciudad, tras llamar a un amigo que asistió a la fiesta y que conversó con ellos.
Nobuhiro le agradeció los datos, y poco antes de salir, Yukito la detuvo.
-Corría el rumor por la escuela de que esos dos… habían cometido un grave abuso contra un estudiante. Kenshin nunca dijo nada al respecto, pero sabíamos que se trataba de él. Quisimos defenderlo, apoyarlo, pero no nos lo permitió y en cambio nos pidió alejarnos de él. Los abusos hacia mi y los demás amigos pararon enseguida, pero el precio fue que Kenshin… pasó los últimos meses de escuela solitario, sin hablar más que con los maestros por alguna tarea. Él nos ayudó en todo lo que necesitamos pero la condición era que no nos podíamos acercar a él. Yo… yo siempre me pregunté cómo era posible que alguien le tuviera tanta mala al gordito.-
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-¿Ya hablaste con él?.- dijo Aoshi cuando Kaoru lo llamó a su celular.
-No, señor Aoshi, pero creo que averigüé algo… -
-Tú dirás.-
La joven se quitó la peluca de varón y se revolvió el cabello al liberarlo.
-Le mandé un scanneo de las fotos de un anuario que me conseguí, a su mail. Los nombres son: Aburatsubo Fukioka y Makoto Wara. Estudiaron bajo la protección de la familia Ueda y trabajan en una papelera… -
-Oh, por Kami… - dijo Aoshi sentándose y tomándose la frente repentinamente fría.
-¿Señor Aoshi?… ¿Sigue ahí?-
-Si.- dijo cuando pudo sacar el habla.
-Señor Aoshi, estoy asustada… el apellido me suena familiar pero además, trabajan en nuestra ciudad.-
-Lo sé… Kaoru, esto es algo horrible.-
-¿Me puede decir de qué se trata?-
-Pues… es el asunto más cochino que te puedas imaginar. Ueda corresponde a Yuki Ueda, el esposo de Sachiko… -
-La mamá de Kenshin… - completó Kaoru pálida como una hoja de papel.
-¿Averiguaste algo más?
Al reponerse, Kaoru le relató a Aoshi todo lo que le contó Yukito.
-¿Usted cree que ellos pudieron haber sido mandados por esa señora? Poco tiempo antes de irse a estudiar lejos, Kenshin y Misao se encontraron con esa señora en un lugar. Pero Kenshin discutió con ella en voz alta, y la humilló delante de muchas personas. Lo sé porque estuve ahí y Kenshin salió muy mal.-
-No sería de extrañar.-
-Kenshin viene, Aoshi. Pronto volveré a llamar.-
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Kenshin sonreía cuando entró al departamento donde Nobuko, como si de una esposa se tratara, había ordenado y limpiado con dedicación. También había algo hirviendo en una olla.
-¿Cómo te fue hoy?.- lo saludó ella, echándole los brazos al cuello.
Kenshin pensó que si el resto de su vida podía pasarla siendo recibido de esa manera, sería una vida muy feliz.
-Muy bien. La corrección de mi tesis fue más que buena. Creo que está lista para preparar la presentación frente a los profesores y hacer las copias. ¿Y tu día que tal estuvo?-
Kaoru no podía decirle lo de Yukito. Bostezó un poco.
-Avancé unos cuantos capítulos en la tesis mía. No quiero ver una pantalla de computador nunca más.-
Apagó el fuego de la comida y sintió que Kenshin la tomaba por la cintura, atrayéndola hacia su cadera, en la que Kaoru pudo percibir su erección.
-La cena puede esperar.- argumentó, metiéndole una mano bajo la camisa y alcanzando sus redondos y suaves senos.
-Kenshin… no… espera… - dijo la joven un poco incómoda del ataque en la cocina. Sin embargo, Kenshin la dobló sobre la mesa, devorando su cuello y orejas desde atrás. Kaoru trató de enderezarse, pero no pudo.
Las manos de Kenshin volaron por su cuerpo y no se dio ni cuenta cuando el pantalón estaba en el suelo, seguido de las bragas. Él no esperó mucho para liberar su miembro, dar vuelta a la muchacha y penetrarla sobre la mesa del comedor.
Desgraciadamente para Kaoru, su preocupación no la dejó entregarse con tanta vehemencia como otras veces, pero permitió que él la tomara e hiciera su voluntad con su cuerpo. Kenshin la besó, tocó y chupó en varias partes antes de dedicarse por completo al coito y acabar en ella.
-Te amo, Nobuko.- dijo feliz al levantarla en brazos y llevarla al dormitorio, ansioso de una vez más.
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Misao sonreía, soñadora, y Sanosuke la admiraba de reojo.
-¿Qué tendrá tan contenta a mi jefa?.- preguntó al aire inocentemente.
-Mi hermano es feliz.- respondió la mujer.- Y eso me hace feliz a mi.-
-Vaya, me alegro por "bolita". Es un buen hombre.- dijo Sanosuke.
-Lo sé.-
Misao observó trabajar por unos momentos a Sanosuke. Llevaba sus brazos al descubierto por el calor del horno mientras batía algo en una fuente. Era quizá tan alto y delgado como Aoshi, pero además sumamente atractivo, de una manera distinta a su esposo, claro está.
-¿Tienes novia, Sano?.-
El joven se sorprendió con la pregunta, en tanto Misao seguía con la sonrisa infantil en su rostro. Echó lo que cocinaba en una fuente y de ahí al horno. Se limpió las manos y enfrentó a la señora.
-No tengo aún. Estoy sumamente soltero.
-Pues me resulta raro. Eres muy guapo, y divertido.-
-Ya ves que no todo el mundo me aprecia como tú.-
Misao amplió su sonrisa.
-Tal vez haya alguna interesada y aún no te hayas dado cuenta.-
En su imaginación, Sanosuke tomaba en ese momento a Misao de la cabeza y le daba un beso de aquellos que hacen que una mujer se de cuenta de que el hombre de su vida es ese que tiene al otro lado de los labios. Entonces, ella le echaría los brazos al cuello.
¿Y si lo intentaba?
Se arrepintió a tiempo, porque al regresar a su cocina, una empleada de Aoshi apareció para reclamar a su esposa.
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Michiru escuchó un rumor con respecto al sexo de la nueva Julieta.
¿Hombre?
Si sus amigas descubrían que la habían reemplazado por un hombre, sería el hazmerreír de la universidad. No podía permitir eso, debía adelantarse, confirmarlo, y preparar su contraataque.
-Se trata de alguien que no conozco. ¿Podría ser un alumno de intercambio?
La muchacha corrió a ver a la persona que podía ayudarle con eso.
Aki, el secretario de la universidad era un viejo verde de esos de cincuenta años que siempre podía hacer algo poco honesto por alguien que le diera algo que él siempre estaba dispuesto a recibir.
Michiru se repasó el labial antes de entrar a la oficina, segura de lo que quería.
-Quiero el nombre de los estudiantes de intercambio.- dijo la muchacha con una gran sonrisa.
-¿Y eso a cambio de qué? Porque sabes que es información privada.-
-Usted ya sabe.
Disimuladamente, el secretario cerró las persianas de su oficina y puso llave al cerrojo. Luego se bajó el cierre, dejó su pene al aire y Michiru con la boca lo succionó hasta que el vejete quedó y contento.
Luego se quitó la ropa interior, se la dejó en la cabeza y ella se montó sobre él sin permitir que él la penetrara porque por alguna razón, Aki no funcionaba así. Como si nada, le puso las tetas en la cara y que él se entretuviera como se le antojara.
-Se puede quedar con las pantaletas, si quiere.- dijo la muchacha al acomodarse la ropa, rato después. Aki de inmediato buscó en el computador.
-En estos últimos meses no han ingresado hombres de intercambio. Pero sí una muchacha, proveniente de la Universidad de la Frontera. Su nombre es Kamiya Kaoru y acá tienes una foto de ella.-
Michiru se instaló delante de la pantalla, dejando la vista de su precioso trasero al vejete que ya tenía problemas para respirar.
-No es tan bonita.- dijo.- No más que yo, pero se quedó con mi papel. ¿Me imprimirías esta página, Aki?
El hombre no esperó a que la chiquilla se lo dijera dos veces y le extendió un papel con el nombre de su rival, además de algunos datos y su foto.
Cuando la muchacha salió, Aki se guardó la pantaleta en el bolsillo, para olerla a lo largo de la jornada.
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Kenshin puso la comida en una bandeja y se la llevó a Nobuko, que dormía plácidamente.
Se sentó a su lado a observarla. Era tan hermosa, su piel olía y sabía tan bien. Por un momento se le ocurrió que ni los pétalos de rosa eran tan suaves.
Se sentía tan feliz de tenerla a su lado, que ahora estaba seguro de lo que tenía que hacer. En cuanto terminara la obra, iría de regreso donde Misao, al lado de Kaoru, para mostrarle a su pequeña amiga el tremendo logro que había alcanzado.
-Encontré el amor, Kaoru.- murmuró. Luego buscó la copia de su foto de vencedores del Dance Dance Revolution sobre el velador, pero cuando iba a tomarla, Nobuko despertó.
Lo hizo con tanta delicadeza y gracia, que ni a una actriz de televisión le podría salir mejor.
Bostezó con cierto disimulo al notarlo sentado con ella.
-Lamento si me dormí, ¡pero me dejaste muy cansada!-
Incluso, protestando, Nobuko era adorable. Kenshin se sorprendió al sentir que su amigo allí abajo despertaba al mirarla.
-Te traje el guiso que preparaste para que me disculpes.-
-Gracias.-
-He pensado.- dijo Kenshin al mirarla comer tan vehemente.- que si te amarro a la cama y me encierro un mes contigo, pueda quitarme de una vez todas estas ganas que traigo para hacer una vida normal y feliz.-
Kaoru lo miró de reojo. Algo le dijo que Kenshin, con el ritmo que tenía, era bien capaz de hacer eso. Trató de no pensar.
-Tenemos muchas cosas que hacer, amor, como ir a conocer a tu hermana, ¿no?.- dijo ella.
Halagado porque ella sin darse cuenta lo llamó "amor" Kenshin se sentó un poco más cerca de ella.
-La próxima semana ella vendrá, pero estaba pensando… ¿recuerdas a Kaoru?
La joven casi se atragantó con el guiso y tomó un poco de agua.
-La niña de tu fotografía.-
-Ella fue mi primer amor. Ella tenía doce y yo quince. Siempre jugaba conmigo, fue mi mejor amiga, pero yo, que soy egoísta, la quería para mí solo. Me gustaba mucho… -
Kaoru se puso tensa. ¿Qué él entonces ya la quería?
-Una noche se quedó en mi casa, hubo una tormenta de nieve y hacía frío. Durmió conmigo… acurrucada como un pollito contra su mamá. Ese día pensé que querría hacerla mi esposa. Cuando me fui a estudiar, estuve mucho tiempo desconsolado por no tenerla conmigo, pero era un niño, después de todo. ¿Qué podía hacer?.-
-¿Y por qué me cuentas esto?.- Kaoru terminó su cena y dejó la bandeja en el velador de su lado.
-Porque ahora estoy enamorado de ti. Porque es a ti a quien quiero tener conmigo siempre durmiendo a mi lado y despertar sólo para mirarte. ¿Puedes comprenderlo?-
-Creo… que si.
-Si esto que tenemos resulta… si por un milagro de esos que a veces pasan tú quisieras vivir conmigo siempre, yo prometo hacerte la mujer más feliz. Te cuidaría celosamente y tendrías todo de mí. Viviríamos donde quisieras… pero antes, quisiera presentarte a Kaoru.
Kaoru suspiró, tranquila. Había una coartada que explicaría su ausencia en el caso de que Kenshin hiciera un viaje relámpago a su casa. Pero eso le decía que el tiempo para hablar con Kenshin se le estaba agotando.
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Al día siguiente, Kenshin trató de contactar al celular de Nobuko para pedirle prestado su notebook un momento, pero ella no respondió.
Había salido temprano a corregir su tesis con el profesor, con una carpeta de hojas impresas. Quizá estaba en eso.
Encendió el notebook para buscar por internet donde comprar un cable de alimentación para el suyo, que estaba dañado, y se sintió con suerte cuando vio que la joven no usaba contraseña. Pero el fondo de pantalla, de Rurouni Kenshin que apareció, lo puso a pensar en los gustos que Kaoru y Nobuko compartían.
Había una carpeta abierta, al parecer Nobuko había dejado el notebook en modo de hibernación. Kenshin no la hubiera tomado en cuenta hasta que leyó "Aburatsubo" como nombre de un archivo y "Makoto" en el otro.
Rápido, los abrió. Eran las fotos de las personas que más odiaba en el mundo.
Cuando Kaoru llegó, unas horas más tarde, contando lo bien que le fue en la revisión, Kenshin la esperaba con un anuario en las manos.
-¿Por qué tienes uno de estos?-
Kaoru por la sorpresa no supo qué responder. Kenshin se movió rápido por la habitación, llegando hasta ella.
-¿Por qué tienes las fotos del par de miserables escaneadas de este anuario?… ¿Por qué tienes el anuario de Yukito?
A Kaoru no se le ocurrió pensar que Kenshin pudiera encontrar el anuario en su mochila. ¿Por qué tendría que meterse en sus cosas?
-Yo… quería… -
-¿Qué querías hacer con éstos? Nobuko, no sé que pueda estar pasándote por esa loca cabecita tuya, pero olvídate de hacer algo contra esos dos.-
-Pero Kenshin, tú debes denunciar de alguna manera… -
-¿A quién? ¿A los papás de esos dos? ¿A la rica familia que los defiende? Supongo que ya que fuiste a ver a Yukito, él te habrá contado cosas que yo no, ¿verdad?.-
Kenshin se estaba enfadando y Kaoru no lo vio positivo.
-Cálmate y hablamos, si?.-
-¡No me puedo calmar si tú estúpidamente quieres poner en riesgo lo que estoy tratando de proteger. Han sido años… - Kenshin se calló repentinamente. No quería dar demasiada información.
-¿A qué te refieres?.-
El pelirrojo le dio la espalda tratando de calmarse. Respiró profundo.
-Sólo no indagues más y deja las cosas hasta aquí.-
-Pero ellos merecen un castigo… -
-¡Olvídate del castigo! Nobuko, aléjate de este asunto. Respeta mi intimidad. ¿Te he preguntado yo cosas de tu pasado? No, porque espero que nazca de ti contármelas. Con respecto a mi violación, hablé mucho y no quiero decir nada más. Quiero que dejemos atrás ese episodio y que nunca más se vuelva a mencionar. Menos en frente de mi hermana Misao.-
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Kaoru decidió salir un momento para que Kenshin se calmara. Estaba muy alterado y no le pareció buena idea discutir con él, menos cuando faltaba tan poco para revelarle quien era ella en verdad.
Fue hasta una parque cercana donde jugaban unos niños. Sintió la presencia de Tenshi y se sentó en una banca a observar.
-¿Por qué estás triste?.- le preguntó una chiquilla de unos seis años. A Kaoru se le encogió el corazón al verla, porque era muy parecida a Sayo, su hermana menor.
-No pasa nada. Sólo tuve un problema que pronto voy a solucionar.- respondió Kaoru con una sonrisa. Una muchacha mayor se apareció tras la pequeña.
-Hermanita, debemos ir a casa. Despídete de la señora. Por favor, disculpe si mi hermana la ha molestado.-
-Pierde cuidado.- dijo Kaoru sintiendo una oleada de nostalgia tal, que los ojos se le llenaron de lágrimas al verlas alejarse y recordar su propia infancia. -Ese accidente nunca tuvo que haber pasado. Sayo debería estar conmigo… tendría como diecisiete años. La pasaríamos tan bien.
Tenshi prestó atención a lo que decía Kaoru, aunque no comprendió del todo a qué se refería.
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Cerca de las tres de la mañana Tenshi flotó sobre Kenshin y Kaoru que dormían plácidamente, y se puso cerca del oído de la chica.
-Vamos, levántate. Me pediste que te despertara para avanzar en tu tesis porque como en la mañana te fuiste a juntar con Aoshi para hablar con el maestro Muchida..-
La joven se dio la media vuelta para seguir durmiendo. Al lado del pelirrojo siempre se dormía bien aún cuando estaban enfadados.
-Tengo mucho sueño.- musitó.
-Pero tienes que levantarte. Esa tesis es muy importante… -
-Tenshi, llevo una semana sin dormir… Kenshin no me deja tranquila, quiere sexo a cada rato…-
-No te puedes rendir, Kaoru. Piensa que todo esto lo haces por él. Es por su bien.-
-No sé si se lo merezca.- dijo la joven bostezando rato después frente a un libro y algunos apuntes en un cuarto del departamento.- Después de todo Kenshin no quiso estar conmigo. No estuvo ahí para mí cuando más lo necesité.-
Tenshi detectó cierto resentimiento en las palabras de Kaoru, que antes no había aparecido.
-¿Por qué lo dices?-
Kaoru recordó la discusión con el pelirrojo y el encuentro de la tarde. Apoyó los brazos sobre el libro que estaba leyendo y sobre éstos, su cabeza. Luego hizo una mueca con la boca, ladeándola.
-Vaya… y yo que pensaba que en el cielo lo sabían todo.-
-Bueno, hay una persona allá, pero no siempre nos enteramos… yo no estaba asignado a ti, por eso no sé… ni siquiera soy un Ángel de la Guarda… -Tenshi recordó su reacción de la tarde con las muchachas.- ¿Hay algo que yo debiera saber sobre ti? ¿O que quieras contarme?-
La joven suspiró. Necesitaba decírselo a alguien.
-Fue mi hermana menor en esos años. Entonces yo tenía quince años cuando murió.-
-¿Sayo?- Tenshi recordó a la pequeña que acompañaba a Kaoru.
Kaoru asintió. Recordaba claramente ese momento, cuando regresó de la escuela y vio la ambulancia en una intersección. El modo en que golpeteó su corazón y corrió a ver qué pasaba.
-Fue un atropello. Se soltó de la mano de mi madre que estaba en una tienda y un auto pasó sobre la vereda. Muchas veces sentí que tal vez mis padres no hubiesen estado tan tristes de haber muerto yo. Se volvieron locos de la pena y buscaron tener más hijos, de ahí mis dos hermanas menores, pero incluso mi padre, de quien fui la preferida hasta ese momento, pareció olvidarse de mi. Si no hubiera sido por Misao y la familia de Aoshi… yo… - A Kaoru se le hizo un nudo en la garganta, como cada vez que recordaba esos años. -… Yo no sé en qué habría terminado. Y por eso escribía, cada semana, una carta a Kenshin. Y le contaba las cosas que me pasaban, le imploraba que viniera a verme, aunque fuera un día, una hora para no sentirme tan sola y tan mal. Yo no entiendo por qué… - la voz de Kaoru se quebró.- … no quiso hacerlo. Yo sabía que mis cartas le llegaban, que las leía y sin embargo nunca… -Kaoru se secó los ojos.- Ni siquiera entiendo por qué lo hacía. Tampoco entiendo por qué estoy aquí. Ni por qué me acuesto con él.-
La joven cerró el libro y decidida, se fue a su cuarto.
-Kaoru, tú sabes que él no estaba en condiciones de ayudarte. Desgraciadamente él no la estaba pasando mejor que tú.- dijo Tenshi conciliador.
-Si podía escribirle cartas a Misao… si por lo menos él me hubiera mentido un poco y me hubiera escrito contándome cosas, lo que fuera. Hubo un momento en que pensé… oh, Tenshi… todos me decían que debía ser el pilar de mis padres porque habían perdido una hija, ¡pero nadie me consoló porque perdí a mi querida hermana y con ella a mis papás!.-
Tenshi acarició el cabello de la muchacha mientras sollozaba, y ella pudo al menos percibir un leve calor en la cabeza.
-Pasa lo mismo con Kenshin… él no quiso verme ni hablarme nunca más por el motivo que sea, pero vine para ser su pilar, como ustedes querían. No los culpo, yo también quería verlo pero estoy cansada de no poder decirle aún que soy Kaoru, y de que él haya querido seguir su vida sin incluirme. Hizo lo mismo que me hicieron mis padres…. No tiene caso que siga aquí. La psicóloga lo dijo. Lo mejor será acabar con esta farsa mañana y regresar a mi casa… - dijo al aire, sabiendo que el fantasma la escucharía.
-No lo hagas. Kaoru, él ahora necesita mucho de ti.-
-No, no me necesita. Nunca necesitó de mí, aunque yo sí necesité de él. -
-Misao te lo pidió, al menos a ella no puedes fallarle… -
-Misao entenderá, siempre lo ha hecho conmigo… -
Cuando entró de puntillas al cuarto, Kenshin aún dormía, con una lamparita encendida. Kaoru recordó que al salir, ella lo hizo a oscuras. ¿La habría dejado encendida para ella?
De todos modos no estaba para pensar en esos detalles. Ese hombre la había dejado en el más absoluto de los abandonos a pesar de sus promesas de amistad. Lo miró por unos momentos, con los ojos arrasados en lágrimas tratando de imaginar qué habría hecho ella de estar en su lugar. De todos modos, ya no tenía caso pensar en eso, porque sacó la maleta de arriba del armario y con cuidado empezó a meterle sus cosas dentro porque sabía que al día siguiente todo acabaría.
-Kaoru, él está enfermo del alma. Tú sabes lo que es pasar por eso…- dijo Tenshi a su lado.
-Pero ya no estoy segura de querer sostenerlo. No si él no está dispuesto a salvarme a mi, a Kaoru.
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Nerviosa, por lo que ocurriría después del estreno, Kaoru se colocó la peluca frondosa y castaña de Julieta. Tomó aire e hizo ejercicios de respiración con sus compañeros detrás del telón, pocos minutos antes de iniciar la obra y luego se tomaron todos de las manos, deseándose suerte y haciendo cábalas propias de los actores.
La obra transcurrió sin contratiempos, acaso algún olvido de parlamento del que el público ni se enteró. Todos suspiraron con las escenas románticas, como la del baile, el balcón, en el dormitorio o donde sea que salieran Kenshin y Kaoru, que apenas aparecían ya el público se ponía a suspirar.
Aoshi y Misao, entre medio del gentío, aplaudían sin cesar cada vez que se podía. Sus hijos habían quedado en casa con su abuela.
-Estoy seguro que mi padre en este momento, está con Kenshin.- decía Aoshi. -Y de Tenshi ni hablar. Escucho claramente sus risotadas.-
A la muerte de Romeo y Julieta, varias personas lloraban a mares.
Tras salir de escena, Kaoru abrazó a Kenshin. Lo que él interpretó como la emoción de haber hecho un buen trabajo, era en realidad la despedida de la chica. Hablaría con él llegando a casa y si todo lo que le advirtió la doctora era verdad, entonces sería mejor aprovechar esa cercanía con él ahora.
-Te quiero.- murmuró Kaoru escondiendo la cabeza.- ¿Me harías el favor de no olvidarlo?-
Kenshin, que la tenía abrazada mientras miraba tras bambalinas hacia el escenario, respondió distraídamente.
-Claro que si, mi dulce Julieta.
-"Salid y hablaremos de vuestras desgracias. Perdón verán unos; otros, el castigo, pues nunca hubo historia de más desconsuelo, que la que vivieron Julieta y Romeo".-
Tras los dichos del Príncipe, todos los actores salieron de escena. De inmediato se cerró el telón, aunque luego fue abierto nuevamente para presentar al elenco.
Kenshin, como tutor del grupo, presentó por orden de menor a mayor importancia a los actores, de modo que Kaoru quedó al final. Como Nobuhiro, caminó al centro del escenario e hizo una reverencia.
-En el papel de la querida Julieta, Kaneda Nobuhiro, alumno de intercambio que debuta en nuestras tablas.
Las personas quedaron atónitas cuando, como lo había convenido con el grupo, Kaoru se quitó la peluca de Julieta, dejando ver su cabello corto de varón.
-¿Julieta era un hombre?
-¡Pero ni se le notó!-
El teatro casi se vino abajo con los aplausos hacia el más joven exponente del teatro kabuki. Kenshin, que sabía que Nobuko era en verdad una chica, no pudo desmentirla porque no quería enfadar al director haciéndole notar que se trataba de una chica pasando por un muchacho. No quería sanciones para ella.
-¡Un momento!-
Nadie supo cómo Michiru, la primera Julieta, se hizo de un micrófono al subir al escenario.
-Ese muchacho no es hombre y este grupo de teatro los quiere engañar. ¡Vamos, Kaoru Kamiya, diles quién eres!.-
¿Kaoru Kamiya?
Los aplausos cesaron mientras Kenshin buscaba afanoso entre la gente. ¿Kaoru estaba ahí?
-¿No les quieres decir que eres una mujer que se viste de hombre? ¡Dile a tus compañeros!.-
Cuando Kenshin se dio cuenta de que Michiru le hablaba a Nobuko, la sangre se le paralizó en las venas.
-Tenemos que sacar a Kaoru de ahí.- dijo Tenshi a su hermano que ya se abría paso entre la gente con Misao de la mano.
La actriz le pasó un papel a Kenshin. Una rápida ojeada a los datos y la foto lo marearon. ¿Era acaso una broma de mal gusto? Pero Michiru no tenía forma de conocer a Kaoru Kamiya a menos que Nobuko…
-Viene de la Universidad de la Frontera, de la ciudad de Kyoto. Le gusta jugar baseball… -
Kenshin le quitó inesperadamente el micrófono a la chiquilla. Sus compañeros de elenco atrás, estaban atónitos y Kaoru… deseaba que se la tragara la tierra.
-Las palabras de la señorita Michiru sólo ponen de manifiesto la calidad actoral de la señorita Kaoru Kamiya. Ella ha podido engañarnos a todos y además, hacer un papel notable esta noche. Pido un fuerte aplauso para ella y para mí, Kenshin Makimashi, en el papel de Romeo.
El teatro, antes sumido en el silencio, aplaudió a rabiar a la pareja protagónica. No había nada más romántico que pensar en un galán engañado que pensaba besaba a un hombre y en realidad lo hacía con una dama.
Mucha gente ya quería ver la obra de nuevo y no faltó el computín que la grabó y estaba ofreciendo el video.
Cuando Aoshi logró llegar a bambalinas cinco minutos después, notó que el ánimo no era de los mejores.
-Soy el cuñado de Kenshin y ella su hermana.- le dijo a Asumi.- ¿Le puedes decir que estoy aquí?-
La joven, que se había quitado el sombrero de nodriza, contestó:
-No sé que le pasó a nuestro superior. Tomó a Nobuhiro… hem… Kaoru, como se llame, y a la rastra se la llevó de aquí.-
-Yo nunca lo había visto tan enojado.- dijo el joven que interpretó a Teobaldo.- No sabemos que está pasando, pero antes de sacarla de aquí la gritó.-
-Tenemos miedo de que le haga daño.- dijo una muchacha.- Por favor, ayude a Nobuhiro… lo queremos mucho y no entendemos.
-No se preocupen, nada malo pasará.- dijo Aoshi al salir con Misao, que no podía creer lo que pasaba.
-Cuando tú supiste que yo era mujer, casi me mataste.- dijo la mujer dentro del auto.
-Esperemos que Kenshin no reaccione así.-
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Recordando cada minuto de lo vivido las últimas semanas, Kenshin se sentía el más tonto de los tontos. Claro, no sólo la afición por los deportes, también lo eran el espíritu de solidaridad, el sacarlo siempre de sus problemas. Nobuhiro había actuado en la obra sólo para ayudarlo, le había plantado cara a los matones para defenderlo… y así y todo él no fue capaz de reconocer en ella a Kaoru.
A su lado, la joven guardaba silencio mientras corrían y corrían sus lágrimas. Había intentado hablar con él y explicarle, pero él la acalló gritándole frente a los actores y la había jalado de tal modo que casi le arrancó el brazo.
-No quiero ningún tipo de visitas y si alguien trata de entrar a verme, llame a seguridad.- le dijo al conserje del edificio donde vivía. Acto seguido metió a Kaoru al ascensor y pronto llegaron a su departamento.
Kaoru vio su oportunidad de hablar con él cuando le dio la espalda y tomó aire. Pareció más calmado.
-Kenshin… escucha… todo esto fue por ti… -
-Creíste que yo seguía siendo el mismo gordo estúpido, que no se da cuenta de nada e incapaz de defenderse, ¿verdad?. Pensaste que si no era contigo, no lograría nada bueno nunca, ¿cierto?-
-No, no es cierto… - dijo la joven con la voz temblorosa por las lágrimas.- Yo vine… yo nunca estuve de acuerdo con venir travestida, pero por otra parte tú no respondías mis cartas y… -
-Y decidiste venir. Ya lo sé. Santa Kaoru… ¡Mierda! ¡Cómo no me di cuenta!.-
-Por favor, cálmate y escúchame. Yo te extrañé mucho cuando… -
Tomándola por los hombros, Kenshin la empujó contra la pared. Kaoru hubiera caído de no ser porque él acabó sosteniéndola con su cuerpo antes de intentar rasgar la camisola que llevaba bajo el vestido de Julieta que alcanzó a quitarse antes de salir.
-¿Le contaste a tu papá que te acostaste conmigo? ¿Le dijiste a alguien que te di pena y que por eso el sexo? Muy bien, pues apiádate de mi esta noche, porque en lo que a mí respecta, ¡es por lo único que me puedes interesar!
El primer rasgón de su ropa no alcanzó a romperla del todo, porque Kaoru con sus manos detuvo a las de Kenshin.
-Si me vas a castigar por venir a ayudarte, hacerte compañía y brindarte el amor que nos tuvimos de niños, adelante. Pégame, grítame, viólame, ¡haz lo que quieras si te hace sentir mejor! Pero te juro… ¡por Dios Kenshin, que te juro que nunca más me podrás recuperar, porque ya más daño que ese no me podrías hacer! Y yo no podría estar con un monstruo así.
A pesar de lo tensa de la situación, Kenshin no dudó en besar salvajemente a la muchacha, sacándole un poco de sangre de los labios. Quería castigarla y causarle un enorme daño, pero ella no oponía resistencia a pesar de la violencia que él le mostraba. Acabó de rasgar su ropa para lastimarla y entonces se detuvo, abrazándola tan fuertemente que la dejó sin aire por espacio de unos segundos cuando se dio cuenta de lo que hacía.
-No puedo hacerlo.- se dijo a sí mismo aunque ella lo escuchó claramente.- Nobuko…
Kaoru sintió sus propias lágrimas retomar su camino por sus mejillas cuando el modo de tratarla de Kenshin volvió a ser suave y gentil como en noches anteriores. Y ella no pudo resistirse cuando con besos y caricias la dejó sobre la alfombra para quitarse la ropa y regresar a ella, diciéndole cuanto la quería, y cuanto la amaba.
La joven le respondió de igual forma y de alguna manera alcanzaron el clímax juntos. Ella pensó, que tal vez, la psicóloga se había equivocado y escapar no era necesario. Comprendió que a pesar de sus dudas del día anterior, ella no quería irse del lado de Kenshin y que realmente lo amaba. Que su sueño de niña y ahora de adulta eran el mismo: Estar con él por siempre.
Cuando Kenshin salió de ella, se arrodilló y contempló su obra. La joven de espaldas en el suelo, respirando fatigada, los ojos arrasados en lágrimas, la mirada brillante hacia él, llena de ilusión.
Con sus sentimientos revueltos, Kenshin, desnudo, se sentó cerca de la joven y se puso una mano en la cabeza al mirarla.
-Aún no puedo terminar contigo.- murmuró, poniéndose de pie, y llevándola a su habitación.
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Fin acto nueve
Corazón en conflicto
Febrero 5, 2011
