Kenshin, un chico en Dificultades

Acto Diez

De sueño a pesadilla.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Kenshin había sido tan lindo y tan gentil que ella no pudo negarle nada durante toda la noche, como siempre. Al despertar de madrugada, sonriendo, Kaoru se dio la vuelta hacia él, para besarlo.

-Te amo.- le dijo ella al oído. Kenshin se levantó repentinamente de la cama y avanzó hacia el ventanal, sin descubrir la ventana.

-Levántate y vete.-

La sangre de Kaoru se congeló en sus venas.

-¿Qué dices?.-

-De ti solo me interesa Nobuko porque me da lo que quiero. Y Kaoru es una chica que dejé de ver y cuyo contacto no me interesa retomar. Ya tuve lo que quise de ti, ahora vete, porque no quiero volver a verte en mi vida, mujer mentirosa.

-Espera, no puedes estar diciéndome eso. Yo… Kenshin, yo intentaba ayudarte.-

-Muchas gracias, ya curaste mi trauma con el sexo. Ahora puedes retirarte, no te necesito más.-

Confundida, Kaoru trató de decir algo.

-Pensé que me habías perdonado y por eso… que me querías.

Kenshin se volvió hacia ella.

-Yo también puedo mentir.

Kaoru se levantó, sintiéndose mareada por los nervios. Se colocó una camiseta enorme que encontró cerca.

-No digas eso, por favor. Ahora estás enojado, pero te puedo explicar y comprenderás el por qué… seremos amigos y... -

-¡No necesito explicaciones!- estalló, moviéndose como un animal enjaulado en torno a ella.- Te disfrazaste de hombre, te acercaste a mi y me espiaste. ¡¿Cómo rayos puede eso ayudarme.?-

-No es tan así como lo dices. Yo… -

-Vete.- dijo el pelirrojo colocándose una bata. Caminó por el cuarto y tomó la maleta de la muchacha que estaba preparada desde la noche anterior.

-No me eches, por favor.- suplicó la joven.- Yo quiero estar contigo… de verdad… he pasado todo este tiempo deseando volver a verte.-

Amanecía cuando Kenshin caminó presuroso hacia ella y contra la pared, una vez más, comenzó a besarla sin detenerse.

-No si me convierto en un monstruo.-

Kaoru no comprendió qué se proponía hasta que recordó sus propias palabras de la noche.

"Pégame, grítame, viólame, ¡haz lo que quieras si te hace sentir mejor! Pero te juro… ¡por Dios Kenshin, que te juro que nunca más me podrás recuperar, porque ya más daño que ese no me podrías hacer! Y yo no podría estar con un monstruo así"

-Espera, espera… ¡no puedes hacer eso! ¡No te lo permitiré!.-

-¿Y qué harás para defenderte? ¿Pegarme? Puede que hace doce años tuviéramos una fuerza similar, pero ahora no hay comparación. La mía está a años luz de la tuya.

Levantándola como si no pesara nada, Kenshin dejó caer a la joven.

-De todos modos contigo eso no funcionaría, porque para ser violada, debes resistirte. Y tú eres… demasiado generosa en lo que respecta a la cama. Me pregunto si has sido así con los demás a quienes has tratado de ayudar.

Ante lo que implicaba ese comentario, Kaoru comprendió que había perdido y pesadamente se levantó. Ya no dijo nada más porque no valdría la pena y sin estar del todo segura del camino a tomar, preparó su salida de ese lugar. Sin embargo, una idea había llegado a la perturbada cabeza de Kenshin.

-Haremos un trato, que nos convendrá a ambos. Tú vivirás a mi lado como quieres y me darás lo que pida. Contigo he conocido algo que no estoy dispuesto a perder aún… ya sabes de qué hablo.-

La joven miró al pelirrojo como si fuera otra persona. ¿Acaso Kenshin, su dulce amigo de infancia se había convertido en ese ser que la miraba como si no valiera nada?

Tomó su maleta por el asa. Lo mejor sería salir de allí. Pero Kenshin la atrapó por una muñeca antes de que alcanzara la puerta. Y le enseñó su celular.

-Mientras dormías eché un vistazo. Olvidaste disfrazar el número de tus padres, con quienes hablé para preguntarles por ti. Están muy orgullosos de su hija universitaria. Me invitaron para ir a visitarte porque en verdad no has dejado de extrañarme.-

El frío que recorrió la espalda de la joven la paralizó.

-Puedo llamarles y contarles en que andaba su pequeña Kaoru, porque al parecer a ellos también les mentiste y no saben que estás por aquí. Supongo que tus padres se sentirían muy avergonzados si supieran que te has acostado sin estar casada, con un hombre. Primero una hija muerta y luego otra inmoral que no podrán casar con nadie.

-Lo que hice contigo fue por amor.- dijo Kaoru entre dientes.- No lo rebajes a algo que no…

-Acepta mi trato e incluso te ayudaré en lo que le inventes a tu padre cuando regreses al hogar. Supongo que aún quieres mi ayuda en tu tesis, ¿no? En mi restaurante puedes probarla para pasar con honores. Pero antes, llama a Misao y Aoshi y diles que está todo bien y que se larguen de aquí. Están abajo haciendo guardia.

Corrían gruesas lágrimas por las mejillas de la joven cuando colgó el teléfono tras hacer lo que Kenshin le pedía, aceptando su trato. No lo hacía por lo que él pudiera contarle a su padre ni por la tesis. Y eso era lo que más le dolía.

Simplemente no quería irse de su lado.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Kenshin decidió mudarse unos días después a otro departamento, porque Misao lo llamaba continuamente y sabía que en cualquier momento se aparecería por ahí. Su hermana no era tonta e intuía que algo malo pasaba con Kaoru.

La muchacha lo siguió y lo ayudó cuando ambos acondicionaron su nuevo hogar.

Ella estudiaba y trataba de esforzarse en concentrarse en lo suyo, mientras Tenshi trataba de subirle el ánimo, pero Kenshin apenas le hablaba. A veces, cuando él estaba de día en casa, ocupado en sus obligaciones, Kaoru lo atendía y le comentaba sobre lo que estaba leyendo, haciendo inteligentes acotaciones que luego él usaba en su proyecto. El pelirrojo comenzó a avanzar más rápido y pronto le dieron la fecha definitiva para defender su tesis frente a los profesores.

-Estamos bien, Misao. De verdad, no te preocupes.- le decía Kaoru a su amiga. La regla de silencio pesaba incluso sobre Tenshi que nada podía comentar, por lo que se fue a dar una vuelta al cielo para algo que tenía que hacer.

-El tiempo que pedí para ayudar a Kenshin se me terminó, y necesito conseguir un poco más. Serán un par de semanas o quizá más lejos, Kaoru bonita, así que aguanta, pequeña. Siempre pensaré en ti.-

Muchas veces Kaoru trató de hablar con Kenshin sobre cosas personales, o las motivaciones que ella tuvo para engañarlo, pero él de inmediato la cortaba. Bajo la amenaza de acusarla a su padre, sus salidas eran muy restringidas, así como las llamadas de teléfono pero al menos tenía una habitación propia para tener sus cosas y realizar su trabajo. El problema es que cuando Kenshin la requería, entraba en el momento que fuera, la tomaba y luego se iba, dejándola sola, desnuda y triste. Nunca más le dijo palabras de amor, ni le dedicó consideración alguna. Kaoru simplemente debía seguirle el ritmo y permitir que la penetrara cuando quisiera. También hacer otras cosas que él le pidiera.

-Ninguna esposa en este país tiene tanto sexo como yo. Sus maridos apenas las tocan. Cómo las envidio.- se dijo una mañana, estando sola, poco después de que Kenshin se hubo vaciado en ella.

"Pensé que lo cambiaría… que podría volver a ser como éramos antes de conocer mi identidad, pero no puedo. Ni mi amabilidad, ni mi ternura… siento que soy yo la que está cambiando, me doy asco por permitirle hacerme esto. Yo no puedo creer que esto me esté pasando" escribió en una libreta.

Una tarde Kenshin, dichoso, le comentó que la defensa de su tesis fue un éxito y sacó la máxima calificación. No le dio las gracias por su ayuda ni su preocupación, menos por las galletas que ella le dejaba cuando se desvelaba con él viéndolo avanzar en su tarea, haciéndole compañía. No le agradeció tenerle un hogar agradable al que regresar, ni respetar el acuerdo al que habían llegado. Kaoru lo felicitó, pero la sonrisa que esbozó no llegó a su mirada.

Cuando él llegó a su cuarto, por la noche, y cogió sus senos desde su espalda, Kaoru cerró los ojos.

-Podrías… sólo por hoy no… Kenshin, no me siento muy bien.-

-Hicimos un trato.- fue la respuesta mientras saboreó su cuello.

-Pero de verdad no me siento bien. ¿Por favor?-

-¿Estás enferma? ¿Te duele algo?.-

Kaoru hubiera querido responder "el alma", pero no se atrevió.

-Anímicamente.-

Kenshin la miró con atención. Los ojos resaltaban en su rostro delgado, así como sus gruesos labios. Era hermosa, pero no quiso decírselo.

Simplemente la dio vuelta y le dio un beso.

-No cuentes con eso.-

Rato después, como siempre hacía, al terminar, se retiró a su propia cama.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Al finalizar el otoño, Kaoru defendió su tesis sobre alimentación equilibrada para niños, con el aval de un restaurante que había puesto en marcha el proyecto con buenos resultados. Pero la única persona que la acompañó ese día fue Kenshin.

No sacó la nota máxima, pero si una muy buena con la que de todos modos obtuvo la aprobación y muchas felicitaciones.

Ella siempre pensó que ese día tan especial estarían sus padres junto a ella, pero al verse en el espejo y notar que había perdido peso, supo que no podría inventarles una mentira que explicara eso y decidió dejarles fuera.

Cenaron en el restaurante de Kenshin, donde a solas, él le preparó lo que ella quiso comer con un exquisito resultado.

-Debiste invitarlos.- le dijo al cabo de un rato.- Yo no iba a decirles nada porque te has portado muy bien. Incluso te pensaba apoyar en lo que les dijeras, no sé, stress de estudiante, cosas así siempre funcionan.-

Kaoru nada dijo. Miró la carpeta que contenía su licencia. La ceremonia de titulación sería dentro de unos meses y le darían su diploma.

-Los invitaré entonces.- le dijo al pelirrojo que atacaba un rico pescado.- Les diré que no los invité a la defensa de mi tesis porque me sentí nerviosa.-

Tras acabar de cenar, Kenshin apagó las luces para irse a casa. Cuando iban saliendo, Kaoru le tomó una mano antes de salir a la calle. Su última oportunidad.

-Gracias por permitirme probar aquí mi idea. En verdad, fuiste muy amable.-

-Te lo ganaste.- fue la respuesta.

-Yo… prefiero pensar que eso nació de mi amigo.-

Kenshin retiró la mano de entre las suyas y se las metió en los bolsillos del pantalón.

-Vámonos.-

Esa noche, Kenshin fue más apasionado y considerado que en otras ocasiones, pero definitivamente, Kaoru estaba en otro mundo. Cuando él terminó, ella se dio la vuelta sin poder reprimir sus lágrimas.

Kenshin la miró unos momentos y le besó un hombro.

-Tranquila. Calma.

Se pegó por completo a su espalda y la abrazó por la cintura, sin dejar de besarla. No le preguntó nada, ni dijo nada más, pero estuvo ahí cuando ella se quedó dormida entre sus brazos, como antes.

Fue por eso tal vez, que despertó rato después cuando ella empezó a gimotear.

-¿Una pesadilla?.- murmuró antes de despertarla. -¿Cuánto tiempo llevas así?- preguntó al cabo de un rato, mientras Kaoru tomaba un poco de leche tibia.

-Un par de semanas.- respondió sin mirarlo a la cara.-Vete a tu cama. Estaré bien. Gracias.-

Descolocado, porque Kaoru por lo general le pedía que se quedara, Kenshin no hizo caso.

-Es mi casa, mi cama, dormiré donde me plazca.-

-Está bien. Es sólo que pensé que no me tolerabas.- comentó Kaoru al dormir.

Al día siguiente, la muchacha llamó a su madre para contarle de lo de su tesis y cómo le había ido, pero Tomoe, emocionada le contó que iba saliendo al aeropuerto con Kojiro, porque se iban de gira a promocionar un libro.

-Estaremos un mes fuera.- dijo la señora feliz.- Tus hermanas se quedarán al cuidado de mi hermana, Haruko.

Al cortar, Kaoru le devolvió su celular a Kenshin, que leía un periódico porque había decidido tomarse ese día libre. Decidió no contarle que sus padres se iban de gira y en eso él la tomó de la muñeca, haciéndola caer sentada sobre él.

-Leamos juntos.- dijo al acomodar el periódico y no la soltó en todo el resto del día, tratándola con respeto y ternura. Pero Kaoru ya había perdido por completo la fe en que las cosas pudieran cambiar y sólo pensaba en el modo de salir de allí.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Sanosuke Sagara estaba decidido. O se lo decía a Misao, o se iría al infierno con ese sentimiento por ella. La citó a una reunión ficticia para discutir el precio de sus servicios de banquetero.

Misao llegó puntual y con una sonrisa en los labios al verlo sentado con un terno de buen corte. Sano estaba de comérselo.

-"Apuesto que está enamorado y después de esto, tiene una cita"- pensó.

Se sentó frente al joven en un concurrido café y tras instalar sus cosas, sonó su celular. Misao de inmediato contestó.

-Discúlpame un momento, Sanosuke.-dijo al reconocer en la pantalla el nombre de Kaoru.- ¿Dime?-

-Sácame de aquí, por favor.- dijo la chica al otro lado, suplicante.- Por favor, ayúdame, yo no puedo más.-

Misao miró con espanto a Sanosuke, porque lo tenía más cerca. La voz de Kaoru sonaba muy ahogada.

-Pero dime cómo lo hago. Ese hermano mío se mudó de casa y no he podido rastrearlo, ni los detectives de Aoshi.

Kaoru rápidamente le dio la dirección del departamento.

-Cuando esté contigo te contaré todo, pero ahora no tengo tiempo.-

-¿Kenshin está contigo?.-

-Se está bañando. Misao, necesito irme cuanto antes.-

La aludida trató de pensar con rapidez.

-Iré con Aoshi a buscarte. Tomaremos el tren que es mucho más rápido. Al estar debajo de tu casa, llamaré a este celular tres veces, me respondas o no, así sabrás que te espero.-

Escuchó a Kaoru soltar el aire al otro lado del teléfono.

-Kenshin viene. Te espero.- Y cortó.

-Oh, Sanosuke.- dijo Misao mirándolo fijamente.- ¿Podríamos dejar esto para otro día? Necesito atender un asunto de vida o muerte.-

-¿Puedo ayudarte en algo?.-

-Créeme que te avisaré si fuera el caso. Hasta pronto.-

Misao se giró tan rápidamente, que no notó las flores que Sanosuke tenía apoyadas en una silla.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Salía el sol cuando Kaoru alcanzó la calle con su maleta, donde Aoshi y Misao la esperaban en un taxi.

Durante el trayecto hasta el departamento de soltera de Kaoru, la pareja no paró de pedirle disculpas y de decirles lo arrepentidos que estaban. Kaoru no les dijo nada sobre lo que pasó con Kenshin, pero claramente su actitud había cambiado y la tristeza que emanaba de ella era bien notoria. Finalmente, Misao se sentó con ella en el tren, para abrazarla hasta que llegaron a destino, donde Kaoru ya no pudo reprimir sus lágrimas.

La dejaron instalada en su casa y durante los días que siguieron pasaron seguido a verla. Kaoru les había pedido que no dijeran a nadie que había regresado a la ciudad, menos a sus padres, porque no tenía valor de enfrentarles ni contarles lo que había pasado si le preguntaban por qué tenía los ojos tan hinchados.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Kenshin se levantó feliz por la sorpresa que le tenía a Kaoru. Irían a la playa un par de días, de paseo. Sería genial.

Se dirigió a su habitación y al destaparla se encontró con varias almohadas y su armario vacío. Corrió a la estación de trenes más cercana pero no pudo encontrarla entre el mar de gente que salía a esas horas. Arrastrando los pies, Kenshin volvió a su casa y fue cuando encontró la nota sobre la mesa. Se fue hasta su cama para leerla.

"Si aún respetas en algo el recuerdo de nuestra amistad, no me busques. Cuéntale lo que quieras a mis padres, ya no me puede importar. Ya no me puedes hacer más daño del que te permití hacerme.

Kaoru."

-¡Eres un idiota!.-

Kenshin se quedó un rato mirando la pared de su cuarto procesando la nota. Detrás de él, completamente desesperado tras regresar del cielo, Tenshi trataba de hacerse oír, pero nada le resultaba aunque gritaba con todas sus fuerzas.

-¡IDIOTA, IDIOTA, IDIOTA! ¡CÓMO SE TE OCURRE HACERLE ESO Y DEJARLA IR! ¡REACCIONA!

El rostro de Kenshin lucía inexpresivo, era evidente que no lo escuchaba. Sin embargo, su reflejo en el cristal de un marco de reloj era completamente distinto. Lloraba con desespero y Tenshi recordó que alguna vez, hacía mucho tiempo, él pudo romper un espejo y llamar la atención de su hermano.

Pero no había espejos en ese cuarto. De inmediato probó con el vidrio del marco y funcionó en parte. Se trizó, pero Kenshin apenas se dio cuenta.

-Necesito algo mejor que eso.- se dijo. Pronto notó que por ahí estaba la foto que Kenshin conservaba de una competencia que ganó con Kaoru.

Se preparó, y lanzó el grito más terrorífico a la par que dirigía el puño hacia la pareja de niños sonrientes.

-¡ERES UN IMBÉCIL!.-

El ruido del cristal al romperse fue tan sonoro, que Kenshin se sobresaltó y miró hacia su velador. Boca abajo estaba su portarretrato roto y luego, cada vez más roto. El pelirrojo no tuvo necesidad de botarlo porque sintió que una fuerza desconocida se lo arrebataba de las manos y lo lanzaba al otro lado de la habitación.

-Imbécil… - escuchó como si de un murmullo se tratara. Se levantó asustado de la cama y miró en rededor, pero estaba solo.

-¿Cómo pudiste hacerle eso?.- escuchó un poco más claramente y la voz le pareció familiar. Forzó su memoria a identificar ese timbre de voz, tan parecido al de Aoshi.

Parecido al de Aoshi…

-¿Tenshi?.- murmuró el joven buscando su sombra en todas partes. A veces los murmullos eran más audibles hasta que finalmente se decidió y fue a buscar la foto que arrugada, se encontraba entre trozos de vidrio filosos. Tanto así que se cortó un dedo.

Kaoru le sonreía desde la foto con una inocencia en la mirada que se había quedado en alguna parte de esa casa, porque hacía tiempo que no la tenía con ella.

-No puedo creer que precisamente tú la lastimaras de esa manera.- escuchó con claridad.

-Tenshi.- llamó esta vez más seguro.

-Hasta que lograste oírme, aunque me parece que ya es tarde.- dijo el fantasma cansado. -¿Por qué simplemente no podías darle la oportunidad de defenderse y hablar como la gente civilizada?-

-¿Ahora defiendes lo que me hizo?-

-Yo estuve detrás de lo que según tú, "te hizo". Y Aoshi e incluso Misao, tu hermana. Necesitábamos que nos dieras señales de vida. Kaoru nunca estuvo de acuerdo con el plan, pero accedió porque tenía muchas ganas de ver a su amigo de infancia, ese que desapareció de su vida tras la muerte de su hermana pequeña.-

-Estaba demasiado dañado como para ir a verla. Ella ahora sabe esa parte de mi historia.-

-¿Y acaso tú te has interesado en saber la de ella? Tal vez a Kaoru no la violaron, pero su vida no ha sido miel sobre hojuelas. No eres el único que sufre ni el que tiene la historia más triste. Kaoru vino con la misión de entregarte su amistad y su sonrisa y tú… tú se lo arrebataste el día en que le ofreciste ese estúpido trato.-

Kenshin avanzó hacia su comedor, donde guardaba algunas botellas de licor. Se mandó un vaso de lo más fuerte que encontró como si fuera agua.

-Veo que ahora eres amigo de ella.-

-Veo que tú nunca lo fuiste. Sólo te concentraste en lo bien que te hacía sentir y en nada más. ¿Y sabes qué? Ya ni me interesa hablar contigo. Sólo quería decirte que eres un idiota, él más grande del mundo y puede que del universo. Una vez te quise mucho, tanto que volví por ti cuando vi que no eras feliz. Y estoy muy arrepentido porque por mi culpa, Kaoru, que estaba bien, ahora está pasando un momento tan malo. Y ella no se lo merecía. ¿Qué acaso no estabas durmiendo bien? ¿Qué acaso no sentías que tenías un sol metido aquí en tu casa cuando ella te sonreía? ¿Qué acaso no habías conseguido lo que siempre quisiste: un amor sólo para ti? Tuviste hasta anoche lo que cualquier mortal soñaría pero lo estropeaste.

El segundo vaso quemó un poco la garganta del pelirrojo.

-Kaoru pudo escucharme porque nunca dejó de pensar en ti. Mejor iré con ella. Claramente me necesita más que tú. Pero antes de irme, un consejo: Investiga un poco de Kaoru. Y no tomes tanto, que realmente no ayuda.-

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

No mejoró al alejarse de Kenshin como esperaba.

Habían pasado unos días cuando Aoshi pasó a visitarla.

-Kenshin me llamó ayer para preguntar por ti. Incluso me gritó cuando le dije que aunque supiera no se lo diría y no pude resistir la tentación de decirle que te tenía escondida en la región de Kansai. Mira, no sé en detalle qué pasó contigo y no es necesario que me lo digas si no quieres, pero al menos dime… ¿él te pegó?-

Kaoru negó con la cabeza.

-No, pero… no quiero que me encuentre. Aunque es probable que no me busque.

-Me imaginé que eso podía pasar. Kaoru, tengo varias propiedades, las que alquilo y en este momento estoy seguro de que hay dos o tres que están sin moradores, pero para arreglar todo eso, necesito por lo menos un día más. ¿Crees que estés segura aquí?.-

Kaoru pensó en la posibilidad de viajar, pero ahora sólo quería estar en su casa a solas unos días.

-No hay problema. Estoy en mi casa, en mi ciudad.-

-Está bien. Llámame si cambias de opinión.-

-Tenlo por seguro, Aoshi.

La amabilidad que le mostró el hombre no mejoró el ánimo de Kaoru. Menos cuando rato después vino Misao con un trozo de pastel. Kaoru le preguntó si sabía algo de sus padres.

-Siguen de viaje, promocionando un libro de tu papá, y tus hermanas están bien. Quédate tranquila, que Kenshin no podrá hablar con ellos como te dijo.

Kaoru le había contado toda su historia una tarde y Misao se había espantado al escucharla. El corazón de Misao también estaba roto por el actuar de su hermano.

-Algo que está trizado puede aún mantenerse entero. Y algo que se rompe se puede reparar. Me pregunto… ¿Cómo se encuentra mi corazón? Quizá está pulverizado, porque ya no lo siento.- se dijo por la noche, antes de intentar dormir, pero tuvo la sensación de que Kenshin entraría a su cuarto y la tomaría nuevamente. El recuerdo nítido de sus senos siendo contenidos por esas manos y su cuerpo siendo "acariciado" por él la hicieron levantarse de su cama de un salto y llegar hasta un tremendo cojín sobre el que se sentaba en el recibidor. Pero ni ahí encontró su calma. Se preguntó si podría volver a conciliar el sueño.

A veces sentía ganas de gritar y gritar muy fuerte, porque no podía ser que la persona a la que idealizó durante años le hubiera hecho eso a ella. De pronto pensaba que tal vez ella era la culpable de todo, que debió hacer las cosas de otra manera para obtener el resultado deseado. Llegó a pensar que ella estaba de sobra en todas partes. Para quitarse esas ideas, salía a pasear por la ciudad que la vio crecer, pero los colores de la misma habían cambiado y el gris le parecía que estaba en todas partes.

Más de una vez se quedó sentada por horas mirando las sombras que se proyectaban en su cuarto y que la luz del sol obligaba a moverse. También miraba su propia sombra atentamente y el tiempo dejaba de tener sentido para ella. Se sentía enferma, se miraba en el espejo y no se reconocía.

-Tal vez, sólo debo hacer aseo.- pensó. Dentro de una enorme bolsa metió viejas fotos, cartas, cartas que rebotaron y borradores de cartas. Incluso un cuaderno de cartas o diario de vida cuyas epístolas siempre comenzaban con un "Querido Kenshin". Puso incluso regalos que le había hecho o comprado, que seguían en su papel de regalo. Lloró cuando dejó todo eso en el bote de basura de la calle, pero le pareció lo correcto y regresó a su departamento haciendo uso de toda su valentía.

Misao llegó un rato después, con un enorme trozo de pastel para que compartieran.

-Es lo menos que puedo hacer, Kaoru. Pasaste por cosas similares a las que pasé yo… creo que siento más afinidad contigo hoy que conoces el mundo de los pantalones.-

Pasaron una tarde agradable, pero Misao intuyó que faltaba algo en esa casa. Al salir, una foto de Kenshin jovencito llegó a sus pies traída por el viento. No tardó mucho tiempo en descubrir la bolsa en el tacho y llevársela con ella.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

-" ¿Qué cosa tan mala te hice yo para que me castigaras de esa manera?"- le había dicho Kaoru con los hombros caídos cuando él hizo caso omiso de su pedido de dejarla por una noche en paz. Ni sus ojos enrojecidos lo habían conmovido entonces.

-"No quiero volver a verte"- le había dicho, pero la verdad es que aún en ese momento, había sentido deseos de besarla.-"Pero tampoco quiero que lo mío pueda ser de otro. Así que voy a tomarlo hasta que me aburra."

Kenshin pensó que la calentura por la muchacha se iría en unos días, pero se prolongó más de lo que imaginó. Y ahora, que traía su sabor en la boca y no podía quitarse su aroma de encima, se estaba volviendo loco tras su abandono.

Habían pasado dos semanas desde aquello y aún Kenshin no entendía por qué Kaoru se había hecho pasar por otra persona y menos lograba vislumbrar el motivo que tuvo para meterse de vuelta en su vida y de paso en su cama aunque Tenshi trató de explicárselo. Pero de alguna forma comprendía que su reacción al engaño había sido totalmente desproporcionada hacia ella. Si Kaoru lo engañó, fue por algún motivo noble. Además, le dio amor, le dio cariño, se dejaba abrazar y le subía el ánimo. Y por sobre todo… fue la persona con la que soñó durante años.

Las pesadillas se habían ido a poco después de aparecer ella. Los atracones de comida se redujeron sólo a uno el día de la reunión. Kaoru, Kaoru, tenía una cara preciosa el día que la tomó por primera vez… o cuando él llegaba y ella estaba esperándolo en casa. Pero ahora no estaba y su sueño se había desordenado y sus hábitos alimenticios daban pena. Había conseguido comerse diez hot dogs de un carrito y cuatro vasos gigantes de gaseosa, además de un pote de helado. De más está decir que todo lo vomitó minutos después.

-Ella es valiente. Buena y noble. Superará nuestro encuentro y me olvidará.- dijo un día en voz alta para aligerar su conciencia. Pero alguien lo estaba escuchando.

-Cuando mi hermano supo que Misao era mujer y todo eso, midió su ira contra ella. Pero tú… tú lo pensaste y resolviste amenazarla, humillarla de todas las formas posibles, la torturaste y le quitaste su dignidad, su valentía. Yo acompañé a una muchacha llena de ilusión en el tren hasta aquí, con un rostro tan adorable que daban ganas de volver a estar vivo sólo para besarlo y lo que acabo de ver hace un rato me dejó helado.- le dijo Tenshi sentado sobre un mueble de ropa.- No pensaba volver por aquí, pero ya que de nuevo me escuchas, no podía perder la oportunidad de restregarte en tu cara la culpa que tienes ahora. Porque esta vez, la causa de tu infelicidad y la de alguien más, eres tú.-

El labio inferior de Kenshin tembló al ver a su amigo. Más al escuchar lo que decía.

-Las mujeres son muy sensibles a las insinuaciones de connotación sexual, eso las hiere mucho.- comentó Tenshi.- En ese sentido hiciste un gran trabajo con ella. Está devastada.

-¿La has visto?-

El fantasma evaluó al pelirrojo. No se veía muy bien.

-He hablado con ella en estos días y es todo lo que te diré. Si quieres saber de Kaoru, puedes llamar a tu hermana o mejor aún: ir a verla. Yo sé donde vive actualmente y te puedo indicar… -

-No puedo.- dijo Kenshin volviéndose a su ventanal.- Yo… debo cambiar antes, debo… -

-Por pensar así dejaste de verla y las cosas no te salieron como esperabas. Kenshin, ¿Qué no lo has entendido aún? Las personas no cambian, son como son siempre y si cambian, puede ser de aspecto, pero no de corazón. Y si Kaoru te amaba tal como eras, ¿por qué se te ocurre que debes cambiar para estar a su lado?

-Pero nadie puede querer a este que soy… - dijo Kenshin.

-Ella lo hacía, hoy y siempre. Y Misao, incluso Aoshi y su padre y mucha gente. Yo también te quiero.-

Kenshin se sentó en su cama.

-¿Por qué simplemente no intentas pidiéndole una disculpa?-

-No sé cómo empezar.-

-Habla con tu hermana y averigua bien como fueron las cosas. Luego habla con Kaoru. Kenshin, a veces las cosas difíciles son simples de hacer. Pero debes ser valiente para llegar hasta el final.-

-Tenshi, nunca he sido valiente, tú lo sabes… -

-Si llegas hasta Kaoru, es que habrás tenido ese cambio que querías. Matarás dos pájaros de un tiro. Vamos, Kenshin, no pierdes nada.-

Tras mirar unos minutos a Tenshi, Kenshin tomó su celular. En un impulso, llamó a Misao, que le contestó de inmediato.

-¿Está Kaoru contigo?-

-No.- dijo escuetamente la mujer.- Acabo de irme de su casa.-

Kenshin escuchó de fondo que Aoshi pedía el teléfono.

-Escúchame bien, maldito estúpido, ni sueñes que te acercarás de nuevo a esa niña, incluso a mi familia. ¿Querías estar solo? Lo lograste. ¡Quédate en tu ciudad de mierda y no vuelvas por acá!-

La comunicación de inmediato se cortó.

Kenshin trató de pensar. Si Kaoru estuviera ahí… ¿qué le diría?

Sólo fue capaz de recordar sus palabras de la noche de la obra de teatro, cuando su sueño se derrumbó.

-"Te quiero. ¿Me harías el favor de no olvidarlo?.-

-Claro que sí.- respondió Kenshin en voz alta.- Es la única garantía que tengo en este momento para buscarte y luchar por tu perdón.

Tenshi sonrió. Con un poco de fe, las cosas podrán empezar a salir bien.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Fin Acto Diez

De sueño a pesadilla.

Febrero 7, 2011

Notas de autora.

Hola!

Decidí publicar dos capítulos juntos ya que me fui de vacaciones y acabo de llegar. Por ende, no actualicé aunque mi trabajo estaba terminado. De todos modos fue para mejor esta demora, porque pude cambiar algunos aspectos de la trama que no acababan de convencerme. Pero con el cambio, la historia se alargó un poco, asi que nuevamente faltan tres capítulos para terminarlo, a menos que pueda condensar todo en dos, cosa poco probable.

Próxima actualización: Este jueves, o sea... hem... ¿tres días más?

Un beso enorme a todas, ojalá, bueno, no espero que les haya gustado el actuar de Kenshin, pero espero que al menos se hayan entretenido con la historia.

En fin, abrazos, abrazos... gracias por seguirme.

Blankiss.