Kenshin, un chico en dificultades
Acto once
El corazón de Aoshi
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Kaoru había pasado la navidad y el año nuevo con Kenshin y escapó de él a mediados de enero. Sacando cuentas, había estado con él más de seis meses, un tiempo considerable, en el que además de sufrir la decepción de su vida, había obtenido un importante logro universitario. Gracias a eso, Misao, que intentaba consolidar su pequeño negocio de banquetes, decidió contratarla para que se haga cargo de crear menús interesantes y atractivos para sus clientes según sus necesidades, mientras Kaoru buscaba empleo como Nutricionista.
Poco a poco Kaoru retomaba las riendas de su vida, pero las secuelas de lo vivido no la dejaban en paz. Dormía mal; una parte de su mente seguía alerta, pensando que Kenshin entraría a su cuarto en cualquier momento de la noche a tomarla. Si dormía y soñaba con él, la sensación era de malestar y asco hacia ella misma. La idea de ser una mujerzuela la perseguía y no sabía cuánto tiempo más podría aguantar esa situación.
Las cosas cambiaron una mañana en que extraños síntomas atacaron a la muchacha. Sumado al cansancio, los problemas estomacales y falta de apetito por lo mismo, que Kaoru atribuyó a su depresión, sintió un horrendo dolor en los senos al levantarse, como si cada uno de ellos pesara varios kilos.
Se los tomó con ambas manos para ponerse de pie, amortiguando la molestia, y corrió al baño.
Definitivamente en el espejo se veían diferentes. Las aureolas de los pezones eran marrones y no rosaditas. Sacó rápidas cuentas mentales y cerró los ojos…
Ella tomaba la píldora, pero Kenshin se protegía además usando preservativos, porque le decía que no estaba interesado en tener hijos con ella. Sin embargo, la noche en que fueron al restaurante, él decidió no protegerse. Kaoru había estado demasiado triste como para hacérselo notar. Luego ella huyó, y en el apuro dejó sus píldoras en la casa.
Era una posibilidad loca, pero podía ser que al haber interrumpido el ciclo de las pastillas en un momento en especial la haya dejado sin barreras contra Kenshin…
Minutos después lo comprobó con un test de embarazo casero.
Kaoru miraba sin poder creer el resultado. ¿Positivo?
¿Un bebé?
Se sentó sobre la tapa del WC totalmente sobrepasada por un momento. ¿Un hijo? ¿Y ahora qué haría ella?
Pero de pronto se imaginó un pequeño ser de ojos violeta y cabello rojizo, mirándola con adoración. Cualquier duda que tuviera se disipó con esa imagen y empezó a reír y llorar a la vez sin poder creérselo. ¡Por eso se sentía tan mal!.
Necesitaba decírselo a alguien. Sus padres serían abuelos, y no les importaría que Kaoru estuviera soltera, ¿o si?… como sea, Kaoru necesitaba pensar algo rápido, porque sus padres habían llegado la noche anterior de su viaje y querrían verla.
Se recostó dichosa en su enorme cojín, abrazándose la panza y riendo. Su vientre aún estaba plano y trató de imaginarse a su hijo flotando por ahí. Debía ser muy pequeño aún, pero ella lo protegería con todas sus fuerzas. Estaba pensando pintarse una carita feliz en la barriga cuando tuvo que atender la puerta.
Apenas abrió, Kenshin la asió de la muñeca.
-¡Pero cómo…!-
-Pasé a ver a tus padres, y muy amablemente me dieron tu dirección. Pensaron que te alegrarías de verme.-
Si Kaoru no hubiera estado tan aterrorizada al verlo aparecer, se hubiera fijado en que Kenshin temblaba un poco por los nervios.
-No les dije nada aunque te escapaste, si eso te preocupa. ¿No me invitarás a pasar?.-
La joven pensó en si debía decirle o no lo de su hijo. Y mientras dudó, él se metió a su casa, la atrapó entre sus brazos y con el pie cerró la puerta. La respiración de Kaoru se aceleró en un segundo y trató de soltarse de su abrazo, pero no pudo. Kenshin había tenido razón en decirle que la distancia entre sus fuerzas no tenía comparación.
Dejó de luchar, pensando que eso podía hacerle daño a su bebé.
Kenshin la miraba, un poco confundido. Venía a pedirle perdón por todo y resulta que apenas la vio no pudo resistir el abrazarla. Su aroma volvió locos sus sentidos y olvidó que decir y cómo debía comportarse.
-Te extrañé mucho.- alcanzó a murmurar antes de besarla ignorando sus protestas. Ella sintió que su piel se encendía ante sus caricias a pesar de que la conciencia le decía que debía salir de allí: así y todo él acabó quitándole la ropa deportiva y sacándose la suya.
Kaoru no podía creer que a pesar de todo lo vivido, lo extrañara tanto. Kenshin sin embargo, actuaba diferente. Había muchos besos, muchas caricias e incluso palabras tiernas. Le dijo cuánto la había extrañado, que no podía vivir sin ella y que no lo abandonara de nuevo. También se detuvo muchas veces para abrazarla y respirar el aroma de su cuello.
No le preguntó si aún se cuidaba, pero tampoco se puso preservativo. La fusión de sus cuerpos fue armoniosa como siempre había sucedido, quisiera ella o no. Finalmente la acomodó cerca de su pecho y no dejó de besarla hasta que se quedó dormido.
Kaoru estaba un poco en shock, sin acabar de creerse las cosas que habían pasado, mientras miraba el rostro varonil con la cicatriz. Confiada, se acomodó mejor y cerró los ojos.
Despertó al rato sobresaltada, al soñar que Kenshin la arrastraba de un brazo tras él, con sus amigos de teatro riéndose de ellos y proponiéndole un trato.
-Tú me das lo que yo quiero y a cambio te dejo ver a tu hijo.-
No importaba cuánto ella suplicara, él no le perdonaría que no le haya contado que sería papá.
Con cuidado, la joven se sentó en la cama para no despertarlo. Como siempre, ella no pudo negarle nada y encima, sólo deseaba regresar junto a él y olvidarse de lo demás. El asco que sintió casi la hizo vomitar, sin embargo, Kaoru sabía que en ese caso no tenía nada que ver con el embarazo, sino con lo que sentía hacia ella misma.
No lo pensó más y muy alterada, decidió salir de allí.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Aoshi tuvo que hacer algunas diligencias y se desvió para ir a ver a Kaoru, porque Misao le pidió que la invitara a comer. Pero poco antes de llegar a su edificio, la vio salir muy apresurada. Tanto, que casi se lleva por delante a una señora.
Le dio alcance y cuando la tuvo en frente, Kaoru lo tomó por la ropa, a la altura del pecho. Entonces Aoshi notó que lloraba.
-Por favor, sáqueme de aquí, señor Aoshi. Ya no aguanto más, si él me toca de nuevo yo no sé que voy a hacer…-
La joven decía cosas que para él no tenían sentido, asi que se la llevó a un café cercano para que pudieran conversar. Cuando Aoshi comprendió lo que había pasado, pensó un poco y se la llevó a su oficina, desde donde hizo un par de llamadas.
-Hace unas semanas te hablé de unas casas que tengo. Actualmente están desocupadas y son tres. Dos las ocupamos con Misao para las vacaciones, porque están ubicadas en lugares tranquilos, donde uno realmente puede aislarse y contemplar la naturaleza, sé que te gustarán. La tercera casa está ubicada en la costa, está debidamente amoblada y tiene agua, luz y gas.-
Aoshi le pasó las direcciones e indicaciones impresas sobre cómo llegar y a dónde ir para que los cuidadores le entreguen las llaves. Números de teléfono, direcciones de hospitales o atractivos turísticos, él había pensado en todo para tenerla contenta.
Luego le pasó su tarjeta de crédito y le dio la clave para usarla.
-Pero señor Aoshi, esto no es necesario. Yo no tengo cómo pagarle todo esto.
-No te estoy pidiendo un pago, lo hago de corazón. Te pasaré a dejar a la estación de trenes ahora y ya cuando llegues a destino te compras ropa y todo lo que necesites, para que no tengas que volver a tu casa.-
-Pero y mis padres… -
-Ya les inventaremos algo. Por lo pronto, quiero que me llames cada semana para saber como estás. No le digas a Misao aún donde te encuentras, porque corres el riesgo de que en un acto de buena fe se lo diga a Kenshin si es que decide ir a verla. Quédate el tiempo que estimes necesario para recuperarte y retomar el control, ¿Está bien?
-Señor Aoshi, estoy muy agradecida, pero no entiendo por qué es tan amable conmigo.-
Aoshi miró a la joven honestamente.
-En parte lo hago porque me siento responsable de lo que te ha pasado. Pero además, lo hago por una persona. Tal vez me comprendas mejor si te cuento algo.
-Dígame.
-Mi querida esposa, Misao, vivió algo similar a lo que vives hoy día.-
Kaoru abrió mucho los ojos. ¿Misao?
-Se enamoró de un sujeto a los quince años, pero él sólo la usó para que ella robara y consiguiera dinero para él. Paralelamente, ese hombre tenía una pareja, pero Misao realmente sentía que lo amaba y hacía cualquier cosa, pero cualquier cosa que él le pidiera. Cuando la relación terminó, Misao quedó devastada. Había perdido el respeto por sí misma y cometió muchas tonterías. Finalmente regresó a casa con su hermano y con su padre, pero tardó mucho tiempo en mejorar e incluso hoy vive con esas secuelas, porque no se puede perdonar el haberle fallado a su familia. Ese hombre, como Kenshin hizo ahora contigo, sólo uso su cuerpo y se olvidó de lo demás. Y durante todo este tiempo me he preocupado de restituirle su confianza, pero no ha sido fácil.-
-Pero Misao… Misao es tan hermosa, y sonriente… y tan buena mamá.-
-Soy yo quien ve su otra cara y la abraza cuando siente tristeza o nostalgia o rabia por cosas que pasaron. Te ayudaré a salir de esto como mejor podamos, y tal vez, algún día, encuentres a alguien que te quiera sinceramente, que no cuestione tu pasado ni el modo de tu entrega, porque sólo estará concentrado en darte todo de él.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Cuando Aoshi llegó más tarde a su casa, se encontró con Kenshin conversando con Misao y se le fue la sangre a la cabeza. Lo sacó del cuello de la camisa y le dio un fuerte puñetazo en la mandíbula.
El pelirrojo escupió sobre la alfombra para no ahogarse con la sangre. Aoshi de inmediato se quitó la chaqueta, ignorando los gritos de su esposa.
-¿No que tan machito para tus cosas? ¡Sal y enfréntame, cerdo cobarde!-
Ambos salieron al jardín a darse de puñetazos. Sorprendido, Aoshi comprobó que la fuerza física de Kenshin no tenía comparación con su contextura física, así que a pesar de la diferencia de estaturas, estaban muy equivalentes en lo demás.
-No puedo creer que le hayas hecho eso a ella… ¡¿Qué acaso no tienes corazón?- le gritó antes de darle un golpe en el estómago. Kenshin le respondió con una patada en la pierna, que hizo a Aoshi caer. De inmediato se montó sobre él para romperle la nariz mientras Misao obligaba a sus hijos a meterse en su cuarto.
-Si tengo corazón, yo quiero a Kaoru.- alcanzó a decir Kenshin antes de que Aoshi lo derribara. Un nuevo golpe en la mejilla casi le deja la cabeza vuelta para atrás, pero cuando Aoshi se levantó y avanzó hacia él, Kenshin lo empujó con las piernas.
Terminaron su pelea rato después, sangrientos y cansados, en el hospital a donde los llevaron a constatar lesiones antes de encerrarlos en oscuras celdas.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
-No sabía que el esposo de mi hermana era un rosquero.- dijo Kenshin en su celda. Tenía la mejilla al doble de su tamaño y casi no veía por un ojo de lo hinchado que estaba. Su cuerpo no estaba mejor, machucado y lleno de moretones que acabarían de aparecer al día siguiente. Ahora que lo pensaba, no sentía la mano de tanto estrellarla contra la cara de su cuñado.
Aoshi mantenía su postura firme, en la celda del lado, pero le dolía cada una de las costillas e incluso se estaba preguntando si él no tendría más que el resto por ser más alto.
-Debes reconocer que esta pelea se iba a dar de todas maneras, de un momento a otro. Llevas tiempo teniéndome sangre en el ojo por cosas que pasaron cuando empecé mi relación con Misao. Y yo te tengo rabia por lo que la hiciste sufrir a ella y ahora por lo de Kaoru.-
Kenshin asintió. Aoshi tenía razón. Desde los quince años soñaba darle de trompadas algún día.
Permanecieron en silencio por un rato.
-Kaoru me contó todo.- dijo Aoshi finalmente.- Hace unos días estaba muy mal. Luego Tenshi me avisó que estuviste con ella. ¿Por qué no la dejaste tranquila? En este mes se había recuperado harto.-
-Necesitaba verla.-
-Pero ella no a ti.-
-Lo sé.- dijo Kenshin agachando la cabeza.- Sólo que yo… necesito ayuda.-
-Vaya, hasta que lo reconoces.-
Cojeando y sujetándose el costado, Kenshin se acercó a la reja que lo separaba de Aoshi.
-Yo sé que he cometido errores. Y que he sido el más estúpido, idiota, cretino y desgraciado de los hombres. Yo no quería que las cosas pasaran así, no sé qué me pasó con ella. Sólo quería que no se fuera… y a la vez quería lastimarla. Soy un loco de patio. Esta tarde quería hablar con ella y pedirle perdón y arrastrarme a sus pies pero… pero no pude. Sólo quería abrazarla, y no soltarla más. Yo… Aoshi, yo de verdad quiero estar con ella y hacerla feliz, pero no entiendo por qué hago todo mal.-
Aoshi recordó las palabras de la psicóloga con respecto a los traumas y daños de Kenshin.
"Incluso el sexo puede aplicarlo de mala manera"
Miró al pelirrojo y recordó todo lo que ahora sabía que él había pasado. Los abusos, la violación, la soledad, las depresiones, la bulimia. Todo el pasado reciente de Kenshin era malvado y retorcido. Lo sometieron, y sometió. De víctima se convirtió en verdugo. Sintió que alguien le había traicionado y como tuvo la oportunidad, se vengó de modo cruel. Kaoru estaba muy desprotegida, porque su corazón no lograba vislumbrar ese lado de su amiguito. Ni siquiera había podido hacerlo él.
-Sométete a un nuevo tratamiento antes de volver a verla.- dijo Aoshi al aire, quitándose con cuidado la corbata.- Las mujeres no son como nosotros. Ellas nos muestran su cariño con cosas sencillas, con gestos, con llevar a nuestro hijos en su vientre nueve meses. Nosotros… somos más brutos, pero tenemos la fuerza para cuidarlas.
Kenshin recordó las galletas en su plato aún cuando él solo usaba a la muchacha. Su cama siempre estaba tendida, y siempre había que comer en su casa. Kaoru gentilmente le ayudó en su tesis… ella no dejó de mostrarle su cariño hasta que un día no lo soportó más.
-La quiero recuperar, de verdad, para hacer eso que dices.- dijo Kenshin cayendo lentamente de rodillas, aferrado a los barrotes. Aoshi lo vio cabizbajo, derrotado y al parecer, sincero, así que pensó en ayudarlo.
No le diría donde estaba Kaoru, pero si Kenshin decidía buscarla o poner un detective o pedirle ayuda para un detective, no se iba a negar. Él simplemente no entorpecería lo que quisiera hacer el pelirrojo.
Se aclaró la garganta, se echó un poco hacia delante y apoyó los brazos en las piernas. Machucado, sangrado y todo, se veía bien varonil. Al menos pensaba eso el homosexual que lo miraba desde la celda del frente.
-Hace 12 años tuve un cuñado que era amable y considerado. Y todos lo queríamos tal cual. Te juro por lo más sagrado que son mis hijos, que yo quería que vivieras con nosotros, en nuestra casa. Si una vez pelee con tu hermana, fue solo ESA vez, algo de pareja en lo que poco tuviste que ver. No sé en que puto momento se te ocurrió irte a esa puta ciudad a tratar de convencernos de que tu vida era un desastre.
Hace doce años mi vida era un desastre. Se murió mi hermano y mi familia se separó. Me hice cargo solo de una empresa que comenzaba a comprender y encima se aparecen tú y Misao, de quienes me tenía que hacer cargo a pesar de que la empresa no partía y los números no me favorecían, porque la enfermedad y funerales de Tenshi se llevaron nuestros recursos, pero tenía mi familia, y por ellos tuve que ver el modo de que el dinero no nos faltara. Por eso siempre estaba estresado, perdido y triste. Y por eso, cuando llegó Misao a mis brazos, prometí no soltarla más y lo hice. Cometí errores, es cierto, por los que nunca dejaste de juzgarme. Seguramente habrás pensado que de estar en mi lugar, hubieras hecho las cosas mejor.-
Kenshin estaba sorprendido con las confesiones de Aoshi. Nunca le había hablado tanto de un episodio que parecía haber olvidado.
Pero no fue así. Lo perseguía día tras días al ver la tristeza de su esposa por no ver a su hermano.
-Contra tu voluntad me ayudaste a recuperarla… y conciente del esfuerzo que hacías, me prometí a mí mismo ayudarte si algún día estabas en una situación parecida. Pero yo nunca forcé a Misao… y si alguna vez la golpee, no fue algo en contra de la mujer que era ella, sino del chico que me trataba de mostrar. Nunca más le he levantado la mano, menos la voz.-
Aoshi se paseó nervioso por la celda.
-La idea de disfrazar a Kaoru de hombre fue mía. Y coordiné su llegada a tu universidad e incluso solicité que la ubicaran en tu cuarto. ¿Por qué? Porque tú, si, tú, el hermano que se fue para no hacer sufrir a la hermana, la tenías desesperada con lo que te sucedía. Menudo egoísta que saliste. Misao, yo, mis hijos, Kaoru, todos preguntándonos qué mierda te pasaba. Mi padre murió esperando comer de tu comida… él nunca dejó de creer en ti.-
Kenshin miró a Aoshi.
-Es lo mismo que pasó con Kaoru. Siempre contaste con ella. Ella nunca contigo.- repuso serio su cuñado. -Y eso es lo que me da más rabia. Que la persona que más te ayudó fue a la que más lastimaste.
El pelirrojo estaba conciente de eso. No podía quitarse las imágenes de Kaoru los días previos a su escape. Parecía que las lágrimas siempre asomaban a sus ojos.
Pero tenía que aprender a vivir con ellas, superarlo y recuperarla.
-Como te decía, la idea fue mía y de Misao, y hasta de Tenshi.-dijo Aoshi al cabo de un rato.
-¿Tenshi?-
-Él apareció para que hiciéramos algo por ti. Misao no podía, yo menos. Kaoru aceptó porque quería un tiempo lejos de aquí para su tesis. Kaoru iba a cuidarte mientras averiguaba el modo de ayudarte. Queríamos que fueras feliz. Ella tenía muchas dudas con respecto a tu amistad, porque cuando murió su hermana ni te apersonaste. De todas maneras, sonriendo, se subió al tren mientras Tenshi la ayudaba. Hubieras visto su cara de ilusión al subir a ese tren para verte… no entiendo cómo pudiste dañar a una chica tan adorable.
Cerrando los ojos, Kenshin sintió un nudo en su garganta. Tenshi le había contado lo mismo.
-¿Por qué no pude ver eso como lo hago ahora?- se preguntó en voz alta.
-Me acompañó a tu psicóloga para hablar con ella. La doctora nos recomendó hablar contigo ese mismo día si era posible, advirtiendo lo que podía pasar. Kaoru insistió que la obra de teatro era importante para ti y quiso esperar unos días para no causarte un problema si te enterabas de mala manera. El resto ya lo sabes.- dijo Aoshi.
Un pesado silencio se hizo en el lugar. Kenshin sentía la espalda cansada. ¿Sería la culpa?
-Oye, Kenshin… - dijo una voz del lugar.- Mejor muérete. Eres un desgraciado.
Kenshin se puso de pie, pesadamente.
-Le pedí a Kaoru que averiguara qué te había pasado para ayudarte mejor. entre mis investigaciones y las de ella nos hicimos una idea bien clara de lo sucedido, pero Kaoru se preocupó de hacer las cosas de manera que pudo proteger tu secreto. Y antes de que preguntes, Misao no sabe nada de esto. Kaoru me dijo que la amenazaste con hablar con sus padres. ¿Y si ella hubiera hablado con Misao? Hasta el final ella fue derecha contigo.
Kenshin recordó el anuario de Yukito en la mochila de la joven y la discusión que siguió a ello. Sintió que no podría con el peso de la culpa si ahora Kaoru la pasaba mal.
-Yo no entiendo qué me pasó, de verdad no quería que todo esto pasara… no puedo… estoy viviendo un infierno. Todos ustedes tenían razón, no pude solo con mis problemas y me aislé de tal forma que puedo entender vuestra desesperación, y la de Kaoru que vino a verme. No puedo creer que yo, que crecí añorándola, que la tenía en un altar… - Kenshin se limpió la cara.- Yo le prometí cuidarla… yo le dije que quería vivir la vida con ella. Yo… ¿cómo puedo hacer para que me perdone?-
-Arrancándote el corazón y entregándoselo.- dijo Aoshi con sencillez.- No es fácil de hacer, porque realmente tienes que amarla con todo lo que tengas.-
-No puedo, jamás me perdonará… soy un miserable… -
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Kaoru le dijo a sus padres que se encontraba bien, en casa de una amiga que se casaba y que la había invitado una semana antes de su boda a su casa para estar con ella. Don Kojiro lamentó no poder ver a su hija mayor y Tomoe la extrañaba, asi que le pidieron que se cuidara y los llamara de vez en cuando.
Cobijada esa noche y en paz, Kaoru encontró descanso en una bonita casa de la costa. Se arropó hasta el mentón, y llegó hasta ella el aroma de la tela nueva de su pijama de algodón.
-Todo está saliendo bien.- pensó.
Compró lo básico que necesitaba para no cargar demasiado la tarjeta de Aoshi. También compró una libreta para anotar todo lo que gastara para pagarle más tarde, cuando las cosas se calmaran.
A lo lejos, escuchó el sonido del mar estrellándose contra unos acantilados.
-Huir una vez está bien, dos veces, pasa. Pero por favor, Kaoru, no hagas de eso un hábito. Tú siempre enfrentabas los problemas.-
Kaoru se encontró con Tenshi que le sonreía.
-Me alegro mucho de verte. Pensé que pasaría estos días sola.-
-No te preocupes, no te abandonaré todavía.-
El colchón de Kaoru era tan blandito, que se le ocurrió que podría hundir los pies en él. Estaba muy contenta, y no era tan solo por el colchón.
-Asi que ahora serás mamá y no le has querido decir a nadie. -
-Hasta ayer pensaba que en mi cielo no había estrellas, pero ahora una muy luminosa será mi guía. Tenshi, debo recuperarme por mi bebé, lejos de Kenshin, y volver a ser yo. Entonces volveré a casa, lo enfrentaré y resolveré mis problemas. Pero por ahora, quiero estar tranquila.-
-Me alegro que ahora pienses así. Ya me estaba preocupando que no pudieras manejar tu depresión.
-Sé lo que es una depresión. Yo también tuve una vez. Cuando murió mi hermana y mis padres se encerraron en su dolor, no me permitieron acercarme a ellos. Y me sentí tan impotente porque los quería ayudar y abrazar y decirles que de alguna manera todo estaría bien. Después pasó lo de Kenshin… -Kaoru suspiró.-Tenshi, ¿por qué las personas no me quieren cerca?-
La pregunta sorprendió por completo al fantasma. Miró a Kaoru que se arropaba hasta la nariz.
-No creo que sea así, Kaoru. Tal vez, simplemente, todos esperan salir solos de sus problemas.-
- Yo lo he intentado, pero no me funciona. ¿Resultará hacerlo así?-
-No lo sé.-
-Incluso tú te alejaste de todos antes de morir. Misao me lo dijo.-
-Eso era diferente, Kaoru. Yo tenía un tumor cerebral, iba a morir y quería conocer lugares bonitos antes de irme. Cuando se acercaba el final, a pesar de mis síntomas, me sentía más vivo a medida que veía nuevas puestas de sol, noches y amaneceres en lugares tan bellos que te dejan sin respiración.-
Kaoru pareció reflexionar en esas palabras.
-¿Realmente te sentiste mejor?
-Claro que si. Nunca me quise morir, pero tras mi viaje, cambió mi visión del mundo y me fui en paz.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Misao decidió acoger a Kenshin en su casa para ayudarlo en lo que pudiera con Kaoru, tras sacarlo de la cárcel junto con su esposo que no puso reparos a su decisión. Al parecer, la noche juntos tras las rejas les había venido bien y hasta se habían reconciliado.
Kenshin había llegado la tarde anterior totalmente descolocado y triste. Necesitaba hablar con alguien y lo hizo con su hermana, sobre Kaoru y las cosas malas que había hecho. Estaba sumamente arrepentido, y estaba en exceso triste, porque se veía a sí mismo como un enfermo, ya que había ido a hablar con la joven y en vez de eso se dejó llevar por la pasión. Al despertar descubrió que nuevamente se había ido para no volver, porque la esperó toda la tarde y no la vio más.
-Kaoru se está escondiendo de mí, porque soy un maldito asqueroso… - le había dicho a Misao cuando llegó Aoshi a ofrecerle espontáneamente combos, puñetes y patadas.
-Toma esto.- le dijo a su hermano pasándole una enorme bolsa de basura negra.- Acá tienes material que te puede ayudar a que puedas volver a ser ese niño tierno que estaba dispuesto a dejarse destrozar la cara por una niña. Hermano, lucha por ese Kenshin, no lo pierdas. Él es la clave para que puedas recuperar a Kaoru.-
Kenshin miró dentro y decidió vaciar la bolsa sobre su cama en la habitación de invitados. Cartas, fotos, el trofeo que ganaron y hasta regalos. Estaban las últimas cartas que él envió, muchos años atrás, y retratos que no sabía que existían de él. Apretó las cosas contra su pecho y se dispuso a leerlas todas, mientras Misao discretamente salía de la pieza.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
-Cuando una persona se está ahogando y llega otra a rescatarla, comúnmente el que se ahoga trata de hundir con él a su rescatista. Es una de esas cosas de la naturaleza humana que no logro comprender, sin embargo, yo lo hice con Kaoru.- se dijo Kenshin dos días después, cuando hubo terminado de leer y mirar todo.
Se sorprendió con una libreta reciente sobre los pensamientos de la joven donde plasmaba todo lo que sentía hacia él. Pero lo que más sorprendió a Kenshin de todo, fue averiguar que la muerte de Sayo había causado una herida profunda en el corazón de la muchacha, porque de un momento a otro se quedó sola en el mundo. Si bien sus padres nunca dejaron de atenderla o cubrir sus gastos básicos, Kaoru resintió la falta de contención emocional que tuvo en aquellos años y aún después, porque con el nacimiento de sus hermanas menores, la poca o nula atención que le daban los padres se perdió para siempre en pos de las más pequeñas. Aún se querían, pero Sayo se había llevado algo que Kaoru daba a manos llenas y que él, en su mente retorcida, intuyó que ella quería de vuelta por lo que, para castigarla, deliberadamente se lo quitó.
-Ella es muy de piel, es cariñosa por naturaleza, es amorosa, es atenta. Yo sólo me ocupe de su cuerpo, porque a propósito dejé de lado su corazón.-
-Si quiero recuperarla, de partida no debo tocarla más.- se convenció. Salió a buscar a Misao para hablar sobre eso que pensaba, y su hermana le contó, un poco pálida, que Kaoru no estaba en la ciudad, y que sus padres decían que estaba lejos, con una amiga.
-Pero estoy segura de que ha abandonado la ciudad por otro motivo.-
Kenshin suspiró, mirando hacia el cielo. Ahora que él quería desesperadamente volver a verla, ella no aparecía. Los papeles se invertían.
-Contrataré un detective para que la rastree.-
-¿Qué?… ¿Cómo?… Kenshin, no puedes hacer eso. No tienes dinero.-
-Claro que tengo. ¿Por qué piensas que me demoré tanto en venir a buscar a mi chica? Porque vendí mi casa, mi restaurante para establecerme donde ella quisiera. El dinero en este momento no es problema para mí.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Fin acto once
El corazón de Aoshi
Febrero 8, 2011
Notas de autora.
Hola!
El cargador de mi notebook murió, asi que estoy destruida, intentando reponerlo con uno original de Toshiba. Afortunadamente había guardado este episodio y el que le sigue en la página, asi que no hay problema con las actualizaciones, pero si con la edición final del... hem, final.
Creo que he sido malvada con Kaoru y de hecho... bueno, chicas, junten fuerzas para seguir el episodio que sigue. De todas maneras, las cosas empiezan a mejorar de forma considerable y se viene una sorpresa bonita, de esas que a uno lo dejan sonriendo. Kenshin no es tan malo, de hecho, creo que en el fondo los dos son victimas de alguien más, de mente retorcida y malvada. Lo importante es superar esas cosas y seguir adelante, con amor y fe.
Les dejo cariños y nanáis. Sean felices y nos leemos el próximo jueves.
Blankiss.
