Kenshin, un chico en dificultades.

Acto doce

El silencio de Kaoru.

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Kaoru consultó su mapa y el horario de salida del tren. Ese día iría a conocer el Salto de la Novia, una bonita cascada que se daba en una zona montañosa. Estaría por el día, comería algo rico y regresaría a dormir a su nueva residencia temporal.

Llevaba cerca de tres semanas durmiendo en la casita que desde lo alto de una colina miraba el mar y ya se sentía mejor y reconciliada con la vida. Llamaba regularmente a sus padres para contarles lo bien que estaba aunque no fuera del todo cierto porque todavía no les decía que tenía un embarazo de cerca de tres meses.

Llamaba siempre desde su celular y cuando le preguntaban dónde andaba, respondía "por ahí, con una amiga que me llevó al sur"; Le habían contado que Kenshin estaba buscándola, que estaba muy guapo y que en una de esas se quería casar con ella, que por qué no se venía todavía. Para no despertar sospechas, Kaoru decía porque la estaba pasando regio.

No quería volver a verlo. No aún. Aunque su bebé fuera suyo. Ya más adelante,

-Esta vez haré las cosas bien y te protegeré.- le dijo una noche a su panza.- Ya lo verás. Viajaré esta última semana y regresaré a casa. Hablaré con tus abuelos, y después que nazcas conseguiré un trabajo. ¿Qué te parece?. Jugarás con tus tías, jeje, se volverán locas contigo, claro, si es que tu abuelo no se enfada ni me prohíbe la entrada a la casa, pero mi papá es muy bueno, ya verás que nos aceptará a los dos.-

El plazo que se había impuesto estaba por vencer. Con un bebé de tres meses ya era bastante probable que el embarazo llegara a buen término. Al menos, eso le dijo el médico que seguía su embarazo en el hospital al que fue para hacerse un chequeo.

-Además, pronto finalizará el invierno.-

-Viene el tren.- Le señaló Tenshi.- Vamos a ver tu cascada.-

Kaoru consiguió un asiento y se dedicó a mirar por la ventanilla distraída. El paisaje era bonito y ya le mostraría a su bebé las muchas fotos que había tomado en esa época. Estaba pensando en su regreso inminente a casa cuando vio algo que la dejó helada.

Un cuarentón, le metía la mano bajo la falda a una chiquilla. Ella trató de moverse, pero al parecer el tipo la sujetó de alguna parte, porque ella no se movió más.

El resto de los pasajeros se hicieron los lesos o desviaron la mirada. Eso estaba bien para los demás, que vivirían vidas mediocres sin hacer nada por demostrar que querían cambiar el asunto. Que a Kaoru no le vinieran con que había que ser discreta si un desgraciado la manoseaba. Ella lo había hecho y se sentía miserable. ¡A la mierda!

Se puso de pie y tomando a la chiquilla que tenía los ojos arrasados en lágrimas, la sacó del lado del hombre.

-Déjala tranquila, esbirro degenerado.- dijo por lo bajo, aprovechando aún su identidad de macho.- No puedes andar manoseando niñas. ¿Qué acaso no tienes hijas?.-

-Métete en tus asuntos.- dijo el sujeto, sintiendo cómo las miradas se dirigían hacia ellos. La niña corrió a sentarse donde Kaoru le indicó.- Las mujeres están para eso, ¿no?.-

-¡No!.- fue la tajante respuesta.- Viejo de mierda.

Repentinamente, el hombre se levantó y empujó a Kaoru, de modo que ella cayó hacia atrás, sentada y al parecer tan mal que un molesto dolor en el bajo vientre le impidió levantarse.

Pálida, buscó a Tenshi, que no podía hacer nada fisicamente para ayudarla. Kaoru miró al resto de los pasajeros buscando que alguien le tendiera una mano para levantarla, pero hasta la muchacha a la que ayudó fingieron no verla.

-Maldita sea… - dijo tratando de incorporarse con trabajo.- ¡Maldita sea!.- apoyando la espalda contra la pared se puso de pie finalmente.-Se merecen su porquería de sociedad en que nadie hace nada por ayudar al otro… y sé que no soy yo quien está mal por ver las cosas así: Son ustedes por permitir que lo malo pase y sufrirlo como si las cosas nunca tuvieran que cambiar. Yo no sé quién les dijo que teníamos que sufrir a degenerados como ese que va ahí.-

-Si no te gusta, cámbiate de país.- Dijo alguien desde el anonimato. El tren comenzó a frenar al llegar a una estación.

-Tienes razón.- concedió Kaoru tomando su bolso para bajar. La panza se le había puesto dura y mejor buscaría un doctor.- No quiero que mi bebé nazca entre personas como ustedes.-

Más de algún pasajero la miró de reojo y repentinamente un estudiante de secundario bajó con ella.

-¿Está usted embarazada?.-

Estaban en la puerta del tren. El resto de los pasajeros podía escuchar.

-Sí. Pero por el empujón que me dio ese gorila me siento muy mal. ¿Dónde hay un hospital, por aquí?.-

-Yo la ayudaré.-

El estudiante le prestó el apoyo de su hombro a Kaoru para poder avanzar y así el tren siguió su camino tras cerrar la puerta.

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Al lado de Misao, el semblante de Kenshin había mejorado. Pero no sólo por ella, también por Tenshi y Soujiro, sus sobrinos. Eran inteligentes y adorables y a veces, envidiaba un poco a su hermana por la familia que había logrado.

Jugaba con ellos en el jardín, cuando llegó Misao muy tensa para hablar con él a solas. Ya dentro de la casa, estaba Aoshi un poco tieso.

-Díselo.- dijo Misao de brazos cruzados. Kenshin no entendió por qué su hermana estaba tan enojada. Aoshi se puso de pie.

-Kaoru está en un hospital llamado Doctor Saotome Aritomo.-

¿En un hospital? Kenshin miró a su hermana, pero por su gesto, había más. Miró ahora a su cuñado.

-Lo supe porque ella misma me ha pedido que vaya a buscarla, porque le dan de alta mañana.-

Un pesado silencio se hizo en la habitación.

-¿Por qué Kaoru está internada en el hospital donde Kenshin y yo nacimos, Aoshi?

Kenshin se puso alerta, por alguna razón Aoshi no se atrevía a mirarlo a la cara, pero finalmente lo enfrentó.

-Ignoro por qué Kaoru está hospitalizada, no me dijo nada más. Ahora… hem… debes saber que al morir Tenshi, me dejó como cláusula del testamento una obligación además de cuidarlos: mantener la casa en la que ustedes vivieron para que no la perdieran. Kaoru está escondida allí, con mi ayuda. Yo sé que Misao jamás quiso volver a su casa por nostalgia y tú Kenshin tampoco te apareciste. La mandé reparar y hermosear, la he alquilado y ese dinero ha ido a parar a vuestras cuentas de banco, pero Kaoru no sabe nada de eso. Yo se la ofrecí para que se escondiera, porque estaba muy alterada tras su último encuentro con Kenshin.-

-Y no nos dijiste nada.- dijo entre dientes Misao.- Se supone que somos un matrimonio, que me tienes confianza.

-Misao, siempre has contado con toda mi confianza, pero Kaoru estaba muy mal y... -

-¡No pudiste decírselo a Kenshin para que no malgastara su dinero en el detective!-

-Lo lamento mucho, pero hice un compromiso con Kaoru de no revelar... -

-¡Y mi hermano qué! Es tu familia, estaba desesperado buscándola, no te costaba nada hablar antes y... -

Kenshin se acercó a Aoshi y lo miró fijamente.

-Aoshi, durante este tiempo, Kaoru, ¿sabes cómo ha estado?-

-Pasea mucho, se escuchó mejor con los días. Tenshi la ha estado apoyando y se sentía contenta en la casa. Yo realmente la mandé reconstruir, asi que ha estado muy bien protegida del frío y la lluvia. También se llevó mi tarjeta para sus gastos, por eso tu detective no pudo rastrear sus movimientos bancarios.-

Los ojos del pelirrojo se humedecieron. Entonces, lo abrazó fuertemente, descolocando al alto.

-Gracias por cuidar de ella. Eres un amigo sincero, me alegro que Kaoru al menos pueda contar contigo.-

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El viaje a Kenshin se le hizo eterno y llegaron de madrugada. Al acercarse a recepción, les dijeron que las visitas se hacían por la mañana.

Durmieron en el auto y a las nueve reintentaron con la entrada.

-La señorita Kamiya está en el área de maternidad del hospital. -

Kenshin estaba desesperado. Mientras la buscaban, parecía que se la había tragado la tierra y ahora aparecía en esas condiciones.

-¿Me podría decir qué le pasó?.-

-Se le hizo ayer un procedimiento de legrado.- dijo la recepcionista leyendo de la pantalla del computador.- ¿Ustedes vienen a buscarla? ¿Son familiares?. Está en el cuarto 1025, segundo piso en el área gineco-obstreta.

Kenshin y Aoshi no esperaron a que les dijeran más y preguntando y preguntando, llegaron al dichoso cuarto.

A Kenshin le sudaban las manos y se asomó a la habitación blanca de tres camas donde sólo una estaba ocupada y un pequeño bulto sobre ella miraba hacia el ventanal. Una enfermera se les acercó.

-¿Son familiares de la señorita Kamiya?-

-Sí.- se presuró a decir Kenshin.- ¿Qué le pasó?-

-Qué bueno que vinieron a buscarla. Está tan triste… al parecer un sujeto la agredió en un tren y cayó mal, hace cerca de una semana. Aunque se le recomendó reposo y medicación especial, perdió a su bebé, asi que ayer se le hizo un legrado.-

-Pero ¿qué es eso?.- preguntó Aoshi, porque Kenshin estaba atónito.

-Un procedimiento para sacar el feto muerto y todo lo que lo rodea. Se le dará de alta y… -

Intuyendo lo que Kenshin pensaba, Aoshi le habló, muy pálido.

-Yo no sabía que estaba embarazada. Nunca me lo dijo.-

Aoshi decidió hacerse cargo de los trámites. A paso lento, el pelirrojo llegó hasta ella.

Con la mirada vacía , recostada de lado y mirando la ventana, Kaoru se quería morir. Se sentía devastada por completo, arrasada, destruida. Su cuerpo había sido profanado por segunda vez, esta vez para arrancarle a su bebito.

Aunque no tuviera latidos en la ecografía, ella sentía que si se quedaba dentro suyo, podría revivir. Pero la convencieron de que eventualmente se podriría dentro de ella y aceptó internarse.

Sintió que alguien venía y no se molestó en voltear. Por eso, cuando Kenshin dio vuelta a la cama hasta ponerse en su campo visual, la joven por un momento dejó de respirar.

-Lo lamento.- dijo Kenshin conteniendo sus inmensas ganas de abrazarla. Kaoru se recostó de espalda y evaluó sus vías de escape mirando en torno. Pero no podía salir corriendo.

Se tapó la cara con las manos y se largó a llorar con desesperación.

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Instalados en el asiento de atrás del auto de Kenshin, Aoshi manejaba mientras Kaoru, recostada sobre el pelirrojo, se dejaba llevar y abrazar. Pero Kenshin no iba contento con este hecho: Sabía que Kaoru no lo había perdonado ni mucho menos, sino que simplemente ya no tenía fuerzas para luchar.

Y eso era mucho peor que su enojo.

A medida que Kaoru daba las indicaciones de dónde estaba su residencia, Kenshin encontraba el entorno cada vez más familiar para él. Finalmente estacionaron frente a una casa.

-¿Quieres pasar unos días más acá? .- preguntó Aoshi. La joven asintió. Tenshi, que viajaba con ellos, habló por primera vez.

-Ella encontró esta casa bonita y mejoró mucho descansando aquí... hasta hace unos días que la empujó ese imbécil.-

-Pero Kaoru.- dijo Kenshin gentilmente.- Esta fue mi casa. Acá vivimos con Misao.-

Tenshi sorprendido los miró.

-¿Es cierto eso?. Con razón me parecía familiar el emplazamiento, pero se ve distinta.-

-Las reparaciones de Aoshi la dejaron muy cambiada, pero puedo enseñarles mi cuarto y el hoyo que había en la pared. Cuando me fui, quedaron unos chocolates escondidos ahí. Bueno, tal vez lo taparon.-

Cuando entraron, pudieron comprobar lo que decía Kenshin.

-Mi padre tenía el taller mecánico por el lado de allá. Kaoru, ¿Realmente encontrabas linda esta casa? Si quieres nos podemos quedar acá para que reposes como te indicaron. Yo te cuidaría.-

La joven no dijo nada. Aoshi asintió.

- Kaoru, no puedo quedarme mucho tiempo con ustedes y Kenshin... creo que se merece una oportunidad y ya no te hará daño. Acabemos de arreglar aquí para que se instalen. Me iré esta noche.-

Kaoru había lavado la ropa de cama del cuarto que había ocupado, y el comedor y cocina lucían impecables. Hubo un par de habitaciones que no tocó y en ellas había un poco de polvo.

-Kenshin, regresaré a la ciudad para traerte ropa. Cuida de Kaoru, mientras. Confío en ti.- dijo su cuñado al marcharse por la tarde. Kaoru quedó acostada en la cama si ánimo de hablar y Kenshin se metió a la cocina.

Una deliciosa sopa se puso frente a Kaoru para que tomara. La joven la miró y tomó dos cucharadas.

-Muchas gracias.- dijo en voz baja y no siguió comiendo. Aguantándose sus ganas de presionarla para que coma, Kenshin se sentó a su lado y le tomó una mano.

-Lamento profundamente el daño que te hice.- dijo.

-Lo sé.- respondió Kaoru quedamente.- Te conozco mejor que nadie.-

Esas palabras sorprendieron a Kenshin. Pensó que Kaoru lo odiaría para siempre. Sin embargo, su felicidad se vino al suelo con lo que siguió.

-¡Pero tengo mucho miedo de pasar de nuevo por todo esto!.- dijo al comenzar a llorar de nuevo.- Yo no puedo… - dijo contra su hombro.- No puedo… perdí a mi bebé por mi culpa, perdí nuestra relación por mentirte y esa cosa horrible que pasó… -

Kenshin sostuvo a Kaoru por cerca de dos horas en que ella dejó fluír toda la tristeza que llevaba. Por más que la buscaba, él no pudo vislumbrar a la antigua Kaoru en sus palabras.

-Se me acabó la valentía.- dijo en un momento dado.- Ya no puedo más… no puedo…

Las luces del día escaparon de ese cuarto y ambos jóvenes quedaron abrazados, sumidos en la oscuridad.

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Si no fuera por Tenshi, Kenshin no hubiera tenido con quien hablar. Pasaron los días y las habilidades comunicativas de Kaoru se redujeron a "gracias" después de comer.

-Dale tiempo.- le había dicho Misao a su hermano tras visitarlo.- Además, tienen muy bonito este lugar. Estoy segura de que Kaoru mejorará en algún momento.

-¿Pero cuándo lo hará?.- se preguntaba Kenshin cuando la miraba deambular por el jardín seco con la mirada perdida. Había bajado mucho de peso y lloraba constantemente por su hijo. Una doctora le había asegurado que eso era normal, porque las hormonas luego de un aborto se alteraban de tal modo el ánimo que se podía hablar derechamente de depresión.

Un día la tomó de la mano para ir al mercado a comprar. Kaoru como siempre, no se opuso y Kenshin compró frutas, pescado y otras cosas. Notó que Kaoru ponía atención en algunas flores y se le ocurrió hacer un jardín para ella.

No tenía idea de esas cosas, pero compró semillas y un pequeño manual, además de un par de herramientas.

Estudió el manual a conciencia y tomándola de la mano, la guió al patio delantero, donde sólo crecía la enredadera sobre la casa que tanto le había gustado.

Tenshi los animaba a construir lo que el tiempo había secado.

-Muy bien, Kaoru, yo haré los agujeros y tu meterás las semillas, ¿está bien?.-

El fantasma le comentó a Kenshin que el inicio de la primavera era una buena estación para plantar árboles.

-Los protegerán del viento y les darán sombra.- argumentó, asi que a Kenshin le gustó la idea y plantó tres frente a la casa.

-Algún día crecerán y pondremos un columpio para nosotros.- le dijo a Kaoru que lo observaba sin entender que un trio de ramas en el suelo pudieran llegar a ser algo.

Algunas flores crecieron con las semanas y feliz, Kenshin le comentó a Kaoru que habían especies de invierno y que habían de verano, así tendrían flores todo el año para alegrarles y por primera vez desde hacía semanas, Kenshin la observó esbozar una leve sonrisa. Entonces, él también se emocionó.

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-Me gustaría regresar con mis padres.- dijo Kaoru un día, tras desayunar. Kenshin, que no se esperaba escuchar de nuevo su voz se sobresaltó, dejando caer el arroz que llevaba en los palillos hacia su boca.

-¿Estás segura?.-

-Sí.

Kenshin quería quedarse los dos solos en esa casa viviendo para siempre, pero era una idea en extremo egoísta.

-Prepararemos esta noche las maletas y partiremos mañana. Yo aprovecharé de ir a ver a Misao y Aoshi.-

Esa noche en particular hizo frío y encima llovió fuertemente. La mar se azotaba contra los acantilados cercanos y la habitación donde dormía Kenshin, además de la cocina y el cuarto de baño se anegaron por una odiosa gotera. Llegó con su ropa de cama, humildemente, a pedirle a Kaoru que lo dejara pernoctar ahí.

Ella nunca le había prohibido la entrada a su dormitorio, pero él no había querido entrar para demostrarle que verdaderamente en esos días él estaba para cuidarla.

-Este es el único cuarto que no se moja.- le explicó al pasar y extender la ropa en el suelo. Kaoru no dijo nada y se dio la vuelta para seguir durmiendo.

Cerca de las tres de la mañana Kaoru despertó sobresaltada. El viento remecía un poco el techo y cuando se calmó un poco, ella pudo escuchar claramente la respiración acompasada de Kenshin.

La joven se sentó en la cama y se abrazó las rodillas. El viento siempre le había dado miedo, no entendía por qué.

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La tormenta había cesado, aunque posiblemente sería por un rato, porque seguía nublado. Cuando Kenshin despertó, supo que la hora de la verdad había llegado, y que Kaoru le contaría a sus padres todo lo que sucedió. Tal vez tendría que prepararse para salir de su vida si es que ella así lo requería o don Kojiro se lo exigía.

Sorprendido, notó que la chica se encontraba acurrucada, durmiendo a su lado. Su respiración se detuvo por unos segundos al pensar que quizá, si tomaba aire, ella pudiera despertar y desaparecer. Debía tratarse de un sueño y acarició suavemente una de sus mejillas, notando que era muy real.

La joven dio un respingo, pero siguió dormida.

Kenshin se acomodó de lado para mirar su contorno tranquilo. ¿Se habría asustado por la lluvia que buscó su abrigo? Kaoru levantó la cabeza para cambiar de postura y sin perder tiempo, Kenshin puso su brazo bajo el cuello de la niña, para tenerla más pegada.

Le gustaba tenerla así antes, después de tener sexo. Su cuerpo pequeño y delgado junto al suyo era como un premio por llevar esa miserable vida que había tenido. Kaoru tenía las pestañas inmensas, extendidas sobre sus mejillas como alas de mariposa. Su boca se le antojaba como las buenas fresas y pensaba que había nacido para ser suya.

La magia se rompió y Kaoru despertó. Rápidamente, asustada, se incorporó, mirando en rededor.

-No pasa nada. tranquila, Kaoru. Te estoy cuidando.- le dijo Kenshin. -Las tormentas cerca del mar siempre parecen más terribles de lo que son.-

Kaoru se puso de pie y le extendió una mano tras dudarlo unos momentos.

-Mi cama es blanda. Vamos ahí.-

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El espacio junto a Kenshin estaba vacío por la mañana. Tras llamar a Kaoru por la casa, descubrió la puerta de entrada abierta.

Miró en torno, pero no la vio. ¿No debería estar preparando el viaje para ver a sus padres? El auto había quedado cargado la noche anterior, pero Kaoru tampoco estaba cerca del auto. Avanzó un poco por el camino, preguntándose a dónde podría ir la chiquilla. El viento estaba demasiado fresco y un vecino regresaba con algunas compras a su casa. Le preguntó por Kaoru.

-Vi a una señorita cerca del mirador. Me llamó la atención que fuera en camisa y pantuflas.-

Kenshin corrió con toda su fuerza al lugar, pero estaba vacío. Más allá, hacia el acantilado, divisó una conocida figura.

Con la sangre congelada en las venas, se apresuró en llegar hasta ella. La tomó por la cintura y juntos cayeron hacia atrás. Pronto comenzó a llover nuevamente.

-¡Qué ibas a hacer! ¡¿Qué mierda ibas a hacer?.- gritó el pelirrojo para hacerse oír, mientras enmarcaba el rostro de la chica en sus manos, que esquivaba su mirada.-¿Acaso te querías lanzar? ¿Acaso no soportas la vida?.-

Asustada, Kaoru trató de escapar, pero él cerró más su abrazo. La levantó y enfurecido, la llevó de regreso a casa ignorando sus protestas. Así mojada como estaba, le sacó la camisola y la lanzó desnuda a la cama.

-¡No!.- gritó la muchacha aterrorizada y rompiendo a llorar.- ¡No me lastimes de nuevo, por favor, no lo hagas… has sido tan bueno estos días conmigo… yo no lo soportaría. Yo sólo quería sentir el viento y mirar el mar, nada más, lo prometo. Quería quitarme un miedo que tengo.-

Kenshin, al escuchar esas palabras, se detuvo en seco.

-No me vayas a lastimar… preferiría morirme antes que eso.- sollozó la chica tapándose la cara. Kenshin rápidamente sacó una toalla y se acercó a ella para envolverla y secarla. Luego la abrazó.

-Nunca más sucederá. Lo prometí. Kaoru… si supieras lo arrepentido que me siento por haberte hecho eso. Pensé que como ya habías sido mi mujer, tenía todo el derecho a tomarte de esa manera. Por favor, perdóname. Una vez me dijiste que tú tenías la culpa de eso por engañarme y no es cierto: La culpa fue mía que quería rebajarte, quitarte todo lo que tú eras y yo no sería jamás. Yo siempre te quise, pero creo que con el tiempo ese cariño se deformó, ¡no sé! Podría inventar miles de teorías que expiaran mi culpa pero lo único que quiero es que sepas que yo… quiero estar a tu lado, para pedirte perdón día con día y hacer lo posible para que vuelvas a sonreír.

Poco a poco Kaoru dejó de temblar y lo miró a la cara.

-Te extrañé mucho cuando te fuiste. Pedía todos los días que regresaras para jugar contigo.- dijo quedamente.- Quisiera volver el tiempo atrás a esos días en que todo estaba bien… -

-Yo también.- dijo Kenshin.- Lo he deseado con toda mi alma. Pero ya ves.- sonrió tristemente.- Hay cosas que son imposibles. Tenemos que ver el modo de estar bien como somos y con lo que hemos hecho en el ahora.-

Kaoru se apoyó contra el cuerpo de Kenshin y éste se acomodó mejor para sostenerla.

-Me gustaría ser mamá algún día. - dijo la chica al cabo de un rato.

-Serías la mejor.-

-Cuando esperaba a mi bebé, me sentía muy bien pensando en los planes y en las cosas que haríamos los dos. Pensaba que tal vez podríamos arreglar las cosas tú y yo… pensaba que tú serías un buen papá y… estarías feliz cuidando de ambos. Después que pasó "eso", yo no quería volver a verte, pero cuando supe que estaba embarazada, no sé, me imaginé que mi bebé tendría tu pelo y no me importó… pensé que podría perdonarte ese tiempo sólo porque el bebé vendría conmigo. Y eso era algo tan bueno, tan bueno… yo podría decirte: "Kenshin, lograste tu sueño y tienes una familia" Pero luego defendí a una chica de un degenerado que me empujó… - Kaoru empezó a sollozar de nuevo.- Y nadie me defendió a mí y después perdí a mi bebé y no dejaba de decirme que no era justo lo que pasaba y que tal vez si yo no hubiera defendido a esa muchacha mi bebé estaría conmigo y yo ahora… ¡Me miro y me miro mi panza que debería ser redonda y no puedo conformarme con lo plana que está!-

Kenshin no sabía si dejar a Kaoru hablar de esas cosas que la lastimaban o no. De todas maneras, tomó aire y le acarició la cabeza. Llevaban cerca de dos meses y ella sin hablar. En un impulso le besó la frente.

-Cuando te vi llegar a buscarme al hospital me asusté… me dije: "se va a enojar conmigo por perder a nuestro bebé" "¿Cómo podré decirle que su hijito está muerto? ¿Me dirá que fue por culpa de mi manía de ayudar a los demás?" Pero tú simplemente me tomaste en tus brazos y no me recriminaste y sólo me has cuidado aún cuando yo quería morirme.-

Sonriendo quedo, Kenshin cambió de posición. Kaoru pasó a estar entre sus brazos y piernas.

-Yo no soy tan bueno como dices. Hice algo horrible contigo.-

-Estabas muy enfadado.- dijo Kaoru.- y loco. Pero desde que te encontré en la universidad, vivimos días buenos y aventuras. Sólo que… me da miedo que te vuelvas a en enfadar, como ahora.-

-Kaoru, no estaba enfadado, sino que asustado. Pensé que… no sé, que te ibas a arrojar.-

-No me quería arrojar.-

-Lo sé. Ya me lo dijiste.-

Kenshin la abrazó fuertemente y ella se acurrucó contra su cuerpo, escondiendo la cara en el hombro del joven.

-Quiero estar contigo siempre, Kaoru. ¿puedo?.-

-¿De verdad?.-

-Me empecé a enamorar de ti como Nobuhiro, luego como Nobuko… como Julieta y desde antes, como Kaoru.-

-¿Pero ahora que has visto otra faz de mi?.-

-Kaoru, yo viví con esa faz. No podría recriminártela. En cambio sí agradecerte por ir a buscar a tu amigo desagradecido.-

-Sólo… consideré que era lo justo.-

La espalda de Kaoru se veía acariciable desde donde Kenshin la miraba. Pero pasó saliva mientras pensaba en otra cosa.

-Kaoru… quiero empezar de nuevo contigo. Ni como amigo ni como novio… ya hemos visto que así no funciono mucho. Tal vez no te merezca y me tenga que marchar.-

-No digas eso… no digas que te vas a ir de nuevo. Kenshin, ¡Por favor, no!-

-Claro que me voy a ir, no sé dónde, aunque lo haré algún día, supongo. Como sea, vendrás conmigo. Quiero que seas mi esposa. ¿Aceptas?.-

-Kenshin… -

-Regálame ese sueño que siempre he tenido y formemos una familia. Hazme papá, Kaoru… yo no podría ser más feliz si la mamá eres tú.-

-Está bien. Sólo si no dejas de sonreírme como ahora.-

Kenshin sonrió.

-Como si yo pudiera evitarlo estando al lado tuyo.-

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Fin acto doce

El silencio de Kaoru

Febrero 14, 2011

Notas de autor:

Hola!

Mi computador revivió tras el cambio de cargador, lo que me hace feliz.

Este es un capítulo bipolar, aunque el trasfondo es triste. Pero al menos, Kenshin y Kaoru están juntos de nuevo y se vienen los capítulos lindos, de esos que nos gustan a todas. No se enojen conmigo, y sigamos adelante.

Un beso gigante y gracias a todas las que me escribieron, ¡son de lo mejor!

Blankiss.