Kenshin, un chico en dificultades
Acto catorce
(Larga duración)
Cerrando un ciclo.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Kaoru estaba muy contenta ese día, pues se reuniría con su madre en una tienda para comprarse ropa nueva. En cuanto salió de la escuela, corrió a su encuentro.
Pocas cuadras antes de llegar, un auto negro casi la arrolló. Kaoru se detuvo unos momentos a observarlo, enfadada por la falta de precaución del conductor. Le gritó algo y siguió su camino.
Al acercarse a la tienda de ropa, vio mucha gente reunida sobre la vereda y una ambulancia. La jovencita se tropezó con algo y descubrió un pequeño zapato. Al recogerlo, lo reconoció y con un sentimiento extraño, Kaoru apresurada se coló entre la gente para ver lo que pasaba.
Sayo, su hermana menor, yacía entre los brazos de Tomoe que lloraba desgarradoramente. De inmediato los paramédicos se la quitaron y trataron de reanimarla; la niña parecía dormida, pero había dejado de respirar en cuanto el auto la golpeó, lanzándola varios metros.
Kaoru llegó hasta Tomoe y la madre la abrazó sin dejar de sollozar. Kaoru rogaba que su hermana abriera los ojos, incluso después cuando ya estaba dentro del ataúd. Pero Sayo nunca volvería a jugar con ella, ni a meterse a su pieza ni a revolver sus cosas. La tierra de la tragó con su féretro y el peluche que más le gustaba.
-Kaoru, Kaoru… despierta… -
Kenshin sacudió levemente a Kaoru pero la joven no reaccionaba y seguía llorando. Tuvo que alzar la voz y ponerse más violento para que la joven abriera los ojos.
Despertó sobresaltada y se llevó las manos hacia el cabello, para echarlo hacia atrás varias veces. Finalmente se dio cuenta de que lloraba y se secó las lágrimas, para explicarle a Kenshin qué estaba soñando.
El pelirrojo la tomó de una mano y se la llevó al piso de abajo, con cuidado de no despertar a Misao, Aoshi y sus sobrinos que dormían a las cuatro de la mañana.
-Te prepararé una buena sopa.- dijo Kenshin, poniéndose manos a la obra.- Tú solo siéntate por ahí.
Kaoru hizo caso y apoyó la cabeza sobre las manos, mirando a Kenshin que lucía muy atractivo a pesar de las ojeras que tenía por el desvelo. Y a pesar de la cicatriz. Esa cicatriz horrenda se la hicieron unos muchachos cuando él intentó llamar la atención para que a ella no le hicieran algo más grave, muchos años atrás.
Kenshin frió algunas verduras y luego les puso agua. Sus brazos eran musculosos y bonitos, su espalda ancha, las caderas estrechas. Tenía una buena figura, sin duda… Kaoru se relajó a su lado y comió cuando él le puso un plato en frente.
-Es una hora extraña para comer.- dijo la chica con una sonrisa.
-Pero cuando uno tiene pesadillas, debe hacer algo entremedio para acostarse de nuevo y que no persistan. ¿Sueñas a menudo con tu hermana?-
-Con Sayo si. Pero hacía tiempo que no soñaba con el día de su muerte.-
-Quizá como viste que casi me arrollaron, te vino el recuerdo asociado.-
La joven pensó un poco.
-Puede ser.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Kenshin había aprendido que a veces necesitamos ayuda para hacer las cosas que queremos, así que le pidió ayuda a Aoshi para saber cosas de su madre, ya que él no sabía nada de ella, pero recordaba que alguna vez fue a casa de su cuñado para hacer negocios.
-La señora Sachiko es esposa de uno de mis clientes, el señor Ueda Yuji.- dijo Aoshi mirando por el ventanal.
-Ella no ha dejado de atosigarme, mediante Aburatsubo y Makoto. Bueno, eso ya lo sabes.-
-Por supuesto. Kaoru… nos ayudó.-
Kenshin tomó un poco de agua. La aludida estaba al lado de él y él le tomó la mano. Saber eso ya no le molestaba.
-No sé cómo empezar, Aoshi. Quiero hacer algo para hacerle pagar todo el daño que me ha hecho, el que le ha hecho a Kaoru, a Misao, pero no sé por dónde empezar…-
Kaoru pensó un poco.
-A ustedes no les pasa, pero cuando nosotras nos casamos, le debemos una obediencia y fe ciega a nuestro esposo y él manda plenamente sobre nuestras vidas, por lo menos, eso me dijo mi madre. Tal vez el señor Ueda pueda ayudarte a controlar a Sachiko, porque yo no puedo creer que haya un hombre capaz de apañar cosas que le hacen a otro del que él no tiene idea que existe.-
-¿Puedes ponerme en contacto con el señor Ueda?.-
Aoshi buscó en su base de datos y consiguió el teléfono y dirección. También la página web de su empresa. De inmediato Kenshin se metió al computador y descubrió que la página era vieja.
-Lo último que supe de Ueda era que su empresa no estaba yendo bien.- dijo Aoshi.- Dejó de trabajar conmigo este año porque no era capaz de pagar mis precios.
-Cuéntame cómo es como persona. Necesito averiguar si lo que dice Kaoru puede ser cierto.-
Tras conversar un rato, Kenshin se fue con un plan entre manos. Investigó un poco sobre la empresa de Yuji Ueda y se dio cuenta de que si bien no estaba en la quiebra, sus números no eran de los mejores, siendo que con anterioridad fue una empresa líder de mercado.
Hizo un par de cálculos y dos semanas después, Aoshi le consiguió una cita con el señor Yuji.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Sachiko se preparaba para salir, cuando su esposo la atajó.
-Querida, esta noche viene a cenar con nosotros un importante ejecutivo con su esposa. Es el señor Himura, asi que quiero que esté todo impecable, que la cena sea deliciosa. Esmérate, mujer, en atenderlos, porque ese hombre salvará mi empresa.-
Un hombre joven, de negocios. La idea le gustó a Sachiko e hizo cuanto le pidió su esposo para la noche. A la hora prevista llegó el matrimonio Himura.
Kaoru se veía sencilla pero hermosa cuando entró al enorme salón que era más grande que su departamento de soltera. Contrastaba con la opulencia y el sobrecargo en el maquillaje de Sachiko. Más atrás venía un atractivo hombre de anteojos, moreno, de ojos oscuros. Traía una mejilla cubierta.
-Disculpen, pero sufrí un accidente jugando béisbol y mi mejilla sufrió un feo corte.
Se sentaron a la mesa y comieron tranquilamente. Detrás de ellos, aguardando instrucciones, estaban Aburatsubo y Makoto que no paraban de mirar a Kaoru. Sea porque la sintieran conocida o porque la encontraban bonita, no le quitaban los ojos de encima.
Tras la cena pasaron a una salita a relajarse y hablar de negocios. Kenshin le pasó una carpeta al señor Ueda.
-Como convenimos, señor Ueda, acá está el plan completo de acciones que debe implementar su empresa para repuntar. Si lo desea yo puedo supervisar el tiempo que estime conveniente.-
Ueda había implementado con anterioridad dos ideas de Kenshin Himura y en el mes que llevaban ejecutándose, los números ya habían subido.
El señor Ueda era el más agradable de los anfitriones. Sencillo, amable y cortés. Kaoru estaba fascinada con él, no así la señora que intentaba llamar la atención de Kenshin sin siquiera imaginar que se trataba de su hijo. Kaoru pensó que ni siquiera le funcionaba el instinto materno para darse cuenta. Aburatsubo atrás de su espalda no la intimidaba, pero esperaba que no se diera cuenta de que Kenshin Himura y Kenshin Makimashi eran el mismo, con una peluca y otros distractores de por medio.
-Entonces el lunes implementaré este plan, señor Ueda, si no le molesta.
-Por supuesto, muchacho. Ha sido un verdadero milagro que en estos momentos hayas llegado a mi empresa.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
-Buenos días. ¿Se encuentra la señora Ueda?
-Con ella. En qué le puedo ayudar?.- dijo una educada voz femenina.
-Señora Ueda, usted habla con Makimashi Kenshin, su hijo menor. Quisiera verla.- dijo al otro lado de la línea una voz tensa y dura.
La señora Ueda Sachiko se puso pálida por un momento, pero de inmediato retomó la compostura.
-Lo siento, pero eso que pide no es posible.-
-Estoy esperando en las oficinas de la papelera Ueda, a su señor esposo, el cual ya ha aceptado recibirme. Soy el próximo a quien entrevistará para un puesto de confianza en su empresa.
-Maldito…-
-Estará muy interesado en saber cosas de usted.-
-¡Sal de ahí inmediatamente!.-
-No quieres hablar conmigo, no me dejas otra opción.-
Kenshin cortó el teléfono y se lo guardó en la chaqueta. Sachiko de inmediato llamó a su esposo a su línea directa.
-¿Querido?-
-Si, dime.-
-He sabido que un muchacho pelirrojo va a buscar trabajo contigo, pero es el espía de tu competencia. No lo dejes ingresar.-
-¿Pelirrojo? -
Ueda se levantó de su asiento y salió a mirar a recepción. Sólo vio tres cabezas negras esperándolo, entre ellos, su nuevo hombre de confianza.
-Mujer, estás alucinando. No hay ningún pelirrojo aquí. Dile a quien sea que le pagues para que te de información, que lo está haciendo mal.- dijo el señor Ueda antes de colgar dentro de su despacho, y decirle a la secretaria que hiciera pasar al siguiente.
Tranquilo, Kenshin se levantó y pasó con su carpeta llena de papeles, a ver a su jefe.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Por la tarde, Sachiko aceptó ir a hablar con su hijo, a condición que fuera en un lugar que ella determinaría. Por ello, Kenshin llegó puntual a un restaurante desierto cerca de las cuatro.
Traía una rosa negra y se la alcanzó a Sachiko cuando la vio.
-Gracias, mamá, por hacer de mi vida una experiencia miserable.-
La mujer tenía unos increíbles ojos verdes y su melena era más negra que la de Misao. Kenshin intuyó que sería teñida, y pensaba en lo difícil que era odiar a alguien que físicamente, era muy parecida a la persona que más quería: su hermana.
-¿Qué quieres?- dijo ella al sentarse frente a él en la mesa, en un apartado.
-¿Sería mucho pedir una disculpa por todo lo que me has hecho?-
-¡Ja!, ni lo sueñes. ¿Crees que no olvido el modo en que me humillaste años atrás en un sitio como este? Frente a Misao y esa mocosa noviecita tuya.-
-Era mi amiga.-
-Quería que sufrieras toda la humillación que yo sentí.-
-Si te herí, aunque lo dudo, fue con mis palabras. No te golpeé, no te violé, no te obligué a apartarte de las personas que más querías. No fue justo que pusieras la vida de ellas sobre mis hombros.-
A Sachiko no le importó estar en un apartado para no fumadores. Encendió un cigarro y la primera bocanada de humo fue para el pelirrojo.
-No puedes probarme nada.
-Sabes que lo hiciste.-
-¿Y eso qué? Duermo perfectamente con mi conciencia por las noches.
Sachiko observó atentamente a Kenshin por unos momentos. Era sin duda la viva imagen de su padre. Era un hombre joven de buena estatura, de rostro atractivo a pesar de la cicatriz en él. El color de su cabello y sus ojos lo hacían aún más llamativo y guapo. Por un momento recordó su juventud, el día que conoció al padre de sus dos hijos. Era verano…
En realidad lo había amado. Vio su funeral desde lejos, hacía ya mucho tiempo.
-El problema es que mi padre jamás pudo darte todo lo que querías. Luego no sé dónde conociste al señor Ueda y nos dejaste a todos botados.- dijo el pelirrojo leyéndole los pensamientos.
-No creas que me conoces.-
-Soy tu hijo, ¿no? La mitad de mi carga genética es tuya.-
-No tienes como probarlo. No hay nada tuyo de mi en ti.-
Kenshin recordó las maldades que le hizo a Kaoru. Quizá en le físico no hubiera nada de su madre, pero claramente un lado de su alma era oscuro, algo que él con todas sus fuerzas encerraría en lo más profundo de sí.
Apuró una largo sorbo de te.
-Ya no eres ese gordo panzón y asqueroso.- dijo la madre transcurrido un rato. Kenshin sólo la miró y tomó otro poco de té.
-¿Sabes? Ya me aburrí de esto de las cortesías. Seré claro contigo. No estoy dispuesto a soportar golpizas a medianoche, menos que intentes arrollar tú o tus secuaces a mis seres queridos. Nadie jamás volverá a abusar de mi, ni amenazará sobre la vida de quienes quiero. No vuelvas a enviar a tus secuaces, a Aburatsubo ni a Makoto a seguir haciendo de mi vida una mierda, porque esta vez tengo la fuerza necesaria para hacértela realmente miserable a ti.-
-Qué miedo.- dijo la mujer casi ronroneando.
-Ríete todo lo que quieras
-Y tú no te atrevas a amenazarme. O de lo contrario, Misao, tu dulce hermana sufrirá algo terrible.-
Kenshin la miró un poco aburrido.
-Oye, de verdad que no entiendo algunas cosas. Pasa que alguien no tengas instinto materno. Puede pasar, quizá hasta es parte de la naturaleza, pero de ahí a que quiera hacer la vida de sus hijos una desgracia… ¿no te parece demasiado? Con Misao nada te hicimos. Tú en cambio nos abandonaste y negaste nuestra existencia a tu nuevo novio. Nunca nos acercamos al señor Ueda para descubrirte, e incluso superamos el no tenerte cuando todo nos salió mal. Tampoco entiendo por qué quisiste acabar conmigo de la forma que lo hiciste.
Sachiko terminó su cigarro justo cuando el encargado venía a pedirle cortésmente que lo apagara.
-Mira, nunca soporte a tu hermana ni a ti, ni la pobreza de mi esposo. Punto. Tuve la oportunidad de salir de esa vida de miseria y la aproveché. Sobre el por qué te hice la vida miserable, ya te dije, me humillaste, y yo soy implacable con mis enemigos.-
-Yo nunca fui tu enemigo. Soy tu hijo, aunque ese hecho nos disguste a ambos. Supongo que después de todo, fue bueno que no tuvieras más hijos.-
-No soporto a los mocosos.-
-Quizá tu nuevo esposo los haya querido. Es lo natural.-
-Ajaja, olvídalo. A ese tonto le hice creer que no podía tenerlos y cada vez que me tocaba el tema me ponía a llorar. Dejó de preguntar estupideces tras un tiempo… en alguna ocasión me quedé embarazada, pero ya sabes, hice desaparecer al mocoso antes de que se me notara.
Horrorizado, Kenshin recordó a Kaoru y su sufrimiento por no haber podido ser madre. Como aún, meses después, le contaba a solas que aún no se conformaba y que contaba sin darse cuenta los días para calcular el tiempo que ahora tendría su hijo dentro de ella.
-¡Pero cómo pudiste hacer eso!- dijo el joven levantándose enfurecido.- ¡Cómo tuviste corazón de matar un bebé! ¡Era un hermano mío!-
-No era un bebé.- dijo Sachiko fríamente.- Era un embrión apenas. Y ya sabes en que molesta cosa se pueden convertir con el tiempo.
-Si no lo querías, yo pude haberlo criado.- dijo el pelirrojo a punto de romper algo. Pero se dominó y miró a su madre directamente a los ojos. -¿Sabes qué? Eres una mierda de mujer. Y en verdad no me interesa saber más de ti. Ya sabes: Un nuevo intento de hacerme daño a mí o a las personas que quiero o no te imaginas de lo que soy capaz.-
-Un miserable como tú no puede hacerme nada.- dijo Sachiko levantándose.- Y lo que pienses de mi no me interesa.- Agregó al retirarse. Kenshin suspiró tranquilo. Ya le había dado su oportunidad.
Kaoru salió del apartado del lado con una cámara en sus manos. Retiraron el pequeño micrófono del florero de la mesa y salieron a la calle a tiempo para ver un loco auto negro por la calle. Kaoru se quedó estática, mirándolo.
-Odio los autos que hacen eso.- le dijo a Kenshin.- Porque no me dejan olvidar el horrible día en que mi hermana… -
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Sachiko pasó a comprarse algunas cosas que necesitaba, como un vestido y zapatos para impresionar esa noche a Himura. Yuji se estaba haciendo viejo, encima se estaba quedando pobre y si era cierto que Himura le estaba salvando la empresa y por ende, los caprichos que le gustaba darse a ella, es que era un hombre que a futuro sería una máquina de hacer dinero.
A esa misma hora, Kenshin y Kaoru iban entrando a una tienda de juegos de video.
Había salido un nuevo juego de Rurouni Kenshin, la historieta favorita de Kaoru y él quería regalárselo. Jugarían los dos hasta hartarse para divertirse antes de prepararse para la noche. Compraron el PSP Rurouni Kenshin Saizen y felices, cruzaron la calle.
-¿Qué haces con esa preciosura?- le dijo Aburatsubo a Kenshin poniéndole una mano en el hombro.- Pensé que con lo que te hicimos, nunca tendrías una muñeca de éstas.
Kenshin no respondió y siguió su camino con Kaoru de la mano.
-Vamos, gordito, hay un callejón por acá que te gustará.-
Kaoru trató de bajar la cabeza un poco, de modo que el cabello le tapara el rostro. Alguien le jaló la bolsa con su compra y finalmente la soltó cuando no pudo hacerle frente a esa fuerza.
-Makoto.- Dijo Kenshin dándose la vuelta con una seriedad que Kaoru sólo le vio la vez que se enteró quien era ella.- Te voy a dar una oportunidad única en la vida y tú verás si la tomas. Quiero que le devuelvas su bolsa a mi novia sin ningún daño, sin ninguna risa irónica ni nada por el estilo. Si lo haces, esta noche me apiadaré de ti.-
Makoto miró a Kenshin como si estuviera diciendo estupideces.
-Sabes que lo que me han hecho ha sido porque alguien los ha mandado. Pues bien, no es necesario que sigan comportándose como imbéciles. Lo mismo corre para ti, Aburatsubo. Esta es la oportunidad que tendrán en sus vidas.
Makoto miró a su compañero y luego a Kaoru, que le daba la espalda. Los hombros de la joven temblaban notoriamente y pensó en una hermana que tenía de la misma estatura. En realidad, golpear a Kenshin era divertido, pero cuando se trató de violarlo, ya no lo fue.
No entendía lo que decía Kenshin, pero le devolvió la bolsa a Kaoru.
-¿Está servido el señorito?- dijo con una risa burlona para no perder su estilo.- Más te vale que esta noche me pase algo realmente bueno, o de lo contrario mañana iré a donde te alojas a hacerte puré.-
-Es que acaso eres idiota?.- dijo Aburatsubo.- La señora dijo que si lo machacábamos hoy nos daría doble paga.
Makoto miró a Kenshin abrazando y tranquilizando a su novia. Era curioso, pero Kenshin era un ser incapaz de defenderse, humillado y golpeado una y otra vez por ellos en años anteriores y sin embargo, de alguna manera un ser así de miserable era capaz de consolar a otro que tenía más miedo, como la chiquilla. De pronto Kenshin le pareció un hombre fuerte a pesar de todo. De pronto, la actitud de Kenshin lo conmovió.
Pero Aburatsubo tomó a Kenshin del cuello de la camisa apartándolo de la chica y le dio un fuerte golpe en el estómago, con la rodilla. Iba a partirle la espalda de una patada cuando Makoto lo empujó hacia atrás.
-Déjalo tranquilo. ¿No te basta todo lo que le hemos hecho?-
-La señora dijo… -
-La señora no está aquí y creerá lo que le digamos.-
Aburatsubo tenía ganas de pelear y le propinó un puñetazo en la nariz a su compañero.
-Pues tú le dirás que ese te lo dio Kenshin defendiéndose.- dijo antes de irse rabiando. Makoto se aguantó las ganas que tenía de aullar de dolor, porque su nariz estaba rota. Además, porque Kenshin nunca se quejó a pesar de las palizas que él le daba y que debían doler mucho más que eso. Un hilillo de sangre se escurrió entre sus dedos y entonces notó que la chica se había movido hacia el pelirrojo.
Lo ayudo a levantarse.
-¿Estás bien?.-
Kenshin asintió, silencioso. Tal como lo hacía cuando ellos le preguntaban si podía llegar solo hasta su dormitorio.
-Gracias por ayudarme.- dijo Kenshin de pronto. Makoto tuvo una de esas revelaciones extrañas que a veces le pasan a uno: No quería hacer más daño, incluso deseaba pedirle disculpas al hombre que tenía frente a él, pero no se atrevía. Se dio la vuelta y se fue, diciendo:
-Más te vale que esta noche me pase algo verdaderamente genial.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Sachiko acabó de ajustarse el corpiño del vaporoso vestido de seda negro y salió a recibir a Himura y su señora.
Se había organizado una cena de gala en honor del cumpleaños de la señora Ueda y Himura y su joven esposa Kamiya eran los invitados de honor. De todos modos, las miradas se volcaron a Kaoru que aunque lucía un vestido prestado de Misao, estaba esplendorosa.
A su lado, su esposo, se veía como todo un galán. Y a ese quería apuntar Sachiko esa noche. Pero al parecer el galán no sabía divertirse, a juzgar por la carpeta que traía bajo el brazo.
Tras la cena, Kaoru observó por el rabillo del ojo que Aburatsubo y Makoto estaban de pie, nuevamente, tras el asiento de Sachiko. Makoto lucía un corte feo en la nariz y unos cuantos puntos.
Kenshin se alejó un momento para buscar más hielo cuando Sachiko se le acercó en plan de conquista. Se acercó sugerentemente a él aprovechando que Ueda bailaba con Kaoru.
Kenshin aguantó estoico las ganas de vomitar.
-Señora Ueda, por favor, no haga esto.-
-Tu mujer y mi esposo están lejos. ¿No te interesa la experiencia de una mujer mayor?-
-Le daré a elegir.- dijo Kenshin cambiando de posición y tomando distancia de ella.- Traigo un regalo que no podrá creer, se lo puedo presentar ante todos o en un ambiente más intimo con su esposo y mi esposa presentes, claro está.
Sachiko amaba los regalos.
-¿Y de qué se trata el obsequio?-
Kenshin sonrió seductoramente.
-Kaoru es prima por parte de madre de la princesa Masako. Consiguió un saludo de la familia real, incluyendo el del emperador Akihito.-
Si un hombre que era capaz de salvar la empresa de su esposo en mes y medio le decía que la princesa de Japón y toda la realeza le daban un saludo en un video, para Sachiko era bien probable. Se llenó de orgullo.
-En ese caso quiero que todos mis invitados vean que me ha saludado la familia imperial.-
Kenshin no estaba tan seguro de llevar su idea tan lejos.
-Tal vez sea mejor ver el contenido en un lugar más privado, sólo cercanos.
-¿Es mi regalo, no? Exijo verlo delante de todos.
Makoto custodiaba el salón de baile y sin querer puso sus ojos en Kaoru. La mujer de ese Himura no tenía comparación, aunque le recordara a alguien. Su marido se acercó a ella, y ambos, junto al señor Ueda salieron de la habitación un par de minutos.
-Señor Ueda, debo decirle que en la carpeta que he dejado sobre su escritorio he dejado los planes que terminarán de mejorar su empresa a plazo de un año, de modo que vuelva a posicionarse como la primera del mercado. Sin embargo, la información está incompleta.
-¿Cómo dices?- dijo Ueda que ya hojeaba el documento.
-La otra mitad de mi trabajo está en un lugar a salvo y se lo entregaré a cambio de que usted cumpla una condición. Como sabe, mi contrato de prueba terminó el día de hoy y yo no lo he renovado porque por una cuestión de principios, ya no trabajaré más para usted.-
-Pero Himura.- Ueda ya no entendía nada.- ¡Explícate, muchacho!.-
-Señor Ueda.- dijo Kaoru.- Usted debe saber que Kenshin ha llegado a trabajar para usted con la sincera intención de ayudarle y se lo ha demostrado. Pero quiere algo a cambio. Algo que no es dinero y que usted puede hacer perfectamente.-
-¿Qué quieres, muchacho?- dijo Ueda un poco asustado.
-Quiero que usted controle a su esposa, mi madre para que deje de hacerme la vida imposible a mí y a los seres que amo. Tiene dos secuaces que la secundan en todo, que usted tiene aquí como sus guardaespaldas.-
El señor Ueda miró a Kenshin como si estuviera loco.
-Mi esposa no tiene hijos. No puede tenerlos. Usted está loco, señor Himura. Por favor, retírese en este momento de mi casa.-
-Las hojas finales de la carpeta que le he puesto muestran certificados, partidas de nacimiento y todo lo que pueda llegar a necesitar para creer en mis palabras. Si usted quiere un examen de ADN, con gusto se lo daré. Si usted quiere una prueba más fuerte, pase directamente a la última hoja, que corresponde a una foto impresa de mi hermana Misao, tomada el día de ayer. Como verá, el parecido con Sachiko es impresionante.-
Ueda se sentó tras ver la fotografía de Misao. No lo podía creer.
-Pero cómo… -
-Al conocerlo se hizo pasar por soltera, nos abandonó a mi hermana, mi padre y a mí. Por azar del destino, con mi hermana nos establecimos en este lugar y Sachiko dio con nosotros. Desde entonces ha hecho de mi vida un calvario, mediante sus guardaespaldas, que en la época en que yo estudiaba, eran becados por su empresa.-
-Pero, ¿Por qué ella te haría daño?-
-Para que no tuviera esta conversación que hoy tengo con usted.- dijo Kenshin muy tranquilo.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
En quince minutos, Kenshin le contó a Ueda todo lo que él requirió saber. Su violación no fue tema fácil, incluso en partes Kaoru siguió relatando la historia, pero Ueda estaba decidido con lo que sabía a que el cumpleaños de su mujer fuera algo inolvidable para todos.
Kenshin se acercó un rato después a Makoto y le pasó un dispositivo para ver videos.
-Por favor, conecte esto al televisor.
Makoto miró de reojo al moreno y se detuvo para observarlo mejor. No tardó mucho en darse cuenta de que era Kenshin Makimashi disfrazado al que tenía en frente. También notó el dispositivo de video e intuyó de qué iba la cosa.
Se iba a negar, pero si Kenshin le estaba dando esa oportunidad era por algo. No era necesario pedirle una disculpa si a cambio, podía encender el enorme televisor y conectar el aparato.
-Tienes razón. Hoy te toca tu revancha.- dijo mirándolo fijo, cuando pulsó play.
De inmediato aparecieron Kenshin y Misao en la pantalla, sentados y mirando a la cámara. Algunos asistentes a la fiesta pensaron que se trataba de Sachiko, pero lo que vendría a continuación los sacó de su error.
-Feliz cumpleaños, mamá.- dijeron los hermanos al unísono, extendiendo hermosas rosas negras. Sachiko estaba desencajada cuando Ueda la miró.
-Gracias por hacer de nuestras vidas una experiencia miserable.- siguieron a coro, extendiendo las rosas. Sachiko alcanzó a distinguir a Kenshin quitándose la peluca en un rincón.
-Gracias mamá por abandonarnos y no querernos.- dijo Misao.- Aprendí tu lección, tengo una familia y soy feliz porque no quiero ser como tú.
-Gracias mamá.- siguió Kenshin.- Porque gracias a todas las golpizas que mandaste darme para que jamás revelara que era tu hijo, descubrí la increíble capacidad del hombre de sobrevivir a cualquier cosa. -
-Dejándonos de ironías, no queremos que te acerques a nosotros en tu vida.- dijo Misao.
-Realmente no nos dejaste alternativa.- dijo Kenshin. Entonces la escena terminó y siguió la conversación que tuvieron Sachiko y Kenshin en el restaurante.
Yuji Ueda sostuvo por la mano a su esposa cuando ésta hizo ademán de salir del salón. Horrorizados, los presentes dijeron un "Ohh!" cuando Sachiko habló del aborto del hijo de Ueda.
El video terminó con Kenshin y Misao nuevamente, deseándole un feliz cumpleaños a su mamá.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Sachiko miró a Kenshin con los ojos inyectados en rabia.
-¡Maldito gordo asqueroso!-
Kenshin aguantó estoico todo lo que la mujer dijo en medio de gritos y lágrimas, reflejando el profundo odio que sentía hacia él. Desprovisto de los lentes de contacto y los anteojos, incluso de la venda, la miraba sin reflejar ninguna emoción en su rostro.
-¡Me destruiste la vida, miserable animal!-
Sus chillidos resonaban por el salón principal que ahora se encontraba vacío. Aburatsubo, Kaoru, Makoto y tres guardaespaldas de confianza del señor Ueda además de él los acompañaban.
Kaoru sentía deseos de hablar con Sachiko y restregarle en su cara lo mala e injusta que había sido, pero sintió cómo resonaban rápidos unos pasos en el salón, dirigiéndose hacia ese cuarto. Tardó unos segundos en reconocer su ritmo y su fuerza.
Misao traspasó el umbral apresuradamente y se dirigió directo a su madre. Le dio una bofetada tal que casi le da vuelta la cabeza. Sachiko se incorporó horrorizada, con una mirada de víctima, pero Misao no estaba para andarse conmoviendo con esas cosas.
-Tócale un solo pelo más a mi hermano Kenshin, dile sólo una cosa más de esas que le estabas diciendo, y te vas a enterar en un rato de todo lo que él ha pasado por años.- dijo furiosa. Tras eso Aoshi llegó junto a ellos.
Ueda por su parte estaba impresionado mirando a Misao. Era la viva imagen de Sachiko el día que la conoció. Era preciosa, era… era increíble lo mucho que se parecía a su madre, realmente. Carraspeó un poco.
-Señor y señora Shinomori, los he citado a estas horas con el fin de que podamos resolver una situación en la que todos los presentes nos vemos involucrados. Le pido a mi guardia personal que por favor nos esperen afuera de la puerta, ya los llamaré yo si llegamos a necesitarlos.
La guaria hizo caso y todos se sentaron, sumamente tensos, en especial, Aburatsubo y Makoto, a quienes Sachiko no dirigió ninguna mirada.
-Quiero dejar en claro, señor Ueda.- comenzó Kenshin.- y señora Ueda, que esto en ningún caso se ha tratado de una venganza, porque si así fuera el caso, podría haber recurrido a la policía. Debo admitir que tengo mucha rabia por ella, pero entiendo que es mi madre después de todo y me dio la vida. Señor Ueda, yo sólo quiero que se acaben los ataques a mi persona. Señora Ueda, le di a escoger varias veces y todo lo que usted decidió la llevó a este punto. Señor Ueda, créame que no tengo nada en contra de usted, aún cuando en una época usted fue el amante por el que ella nos dejó. Hoy me queda más que claro que usted jamás tuvo idea de que había una familia detrás de su señora.-
Kaoru miró a Kenshin de reojo y se remontó catorce años atrás, cuando le gritó a Sachiko delante de todo un restaurante. Supo que él se estaba controlando apenas para no saltarle encima, así que con discreción le tomó una mano.
-Sachiko, ¿algo que decir a tu favor?.- dijo Ueda. La mujer, con el maquillaje corrido por las lágrimas, lo miró suplicante.
-¿Es que no puedes ver, mi amor, que esto es todo un montaje para perjudicarme?
Ueda se dirigió a sus empleados.
-¿Es cierto que ustedes trabajaban para mi esposa como matones?
Aburatsubo iba a negar hasta morir, pero Makoto se le adelantó.
-La señora nos becó a cambio de hacer algo por ella.-
-Los becó con dinero de mi empresa. Era un beneficio que yo quería dar para buenos estudiantes… El señor Makimashi me ha informado de malos tratos hacia él por parte de ustedes. ¿Mi esposa les dio esa orden, acaso?-
-Era la condición para mantener la beca.- dijo Makoto muy firme.
-Pero la beca duró lo que ustedes estuvieron en la escuela. Él asegura que ha habido hostigamientos a lo largo del tiempo e incluso un intento de atropello hace cerca de dos meses.-
-Es cierto. Esta vez la amenaza iba sobre nuestros puestos de trabajo.-
-¿Sabías que Kenshin era hijo de mi esposa, Makoto?.-
-No tenía cómo saberlo, señor. Como ve, él es muy diferente a ella.-
-Heredé las características físicas de mi padre.- dijo Kenshin sin dejar de ver a Sachiko a los ojos.
Ueda observó a Kenshin un rato. Pensó por un momento que él era su hijo. Pensó por un momento en lo que le hizo su esposa. Luego pensó en el hijo que ella abortó.
Hablaron todos y finalmente Ueda tomó una decisión.
-M e siento muy avergonzado. Tanto, que creo que mis palabras no llegan a expresar del todo el cómo me siento. Por eso, señor Makimashi, tenga por seguro que tomaré una determinación con respecto a mi mujer. Desde ya le doy mi palabra de honor de que ella jamás lo volverá a molestar. Con respecto a Aburatsubo y Makoto, tendrán especiales medidas para ellos.-
Kenshin pidió la palabra.
-Señor Ueda, si fuera posible, le pido que no deje a Makoto sin trabajo ni demasiado perjudicado. Creo que en verdad él fue manipulado por Sachiko. En verdad creo que él puede mejorar.-
Makoto pensó en la familia que acababa de formar. Agradeció de corazón a Kenshin esa ayuda.
-Muy bien, Makoto. Dejarás de ser guardia de mi mujer y serás guardia mío. Kenshin, ¿Algo que decir sobre Aburatsubo?-
Kenshin pasó saliva y apretó los puños. No importaba que supiera Kendo, boxeo u alguna otra disciplina para defenderse. Aburatsubo siempre sería el rostro en sus pesadillas. El hombre a su espalda causándole el máximo dolor y humillación. Miró hacia otro lado.
-Disponga usted. Yo solo deseo no verlo ni saber de él nunca más, a partir de hoy.
Ueda llamó a su guardia. Les dio la orden de sacar a Aburatsubo del cuarto. Pero antes, les dijo que lo sujetaran. De inmediato sacó un palo de golf de alguna parte y se lo extendió al pelirrojo.
-Te concedo un golpe, con toda tu fuerza, donde quieras a este malnacido.-
Kenshin ni lo pensó y le devolvió el palo.
-Gracias, pero no.-
Una sombra pasó la lado de Kenshin. Era Kaoru que tomó el palo como si fuera un bate de béisbol.
-Yo si quiero ajustar cuentas con este. No soy como Kenshin.-
Kaoru pensó que ya que le obsequiaron un golpe, debí aprovecharlo bien. Tomó aire y le partió los testículos trazando un arco perfecto hacia la entrepierna del indeseable. Aburatsubo aulló de dolor. Luego tomó el palo Misao.
-¿Puedo yo también, señor Ueda?-
-Adelante.-
El golpe de Misao no fue tan perfecto como el de Kaoru, pero de alguna forma además de darle en la entepierna, le quebró a Aburatsubo la nariz. Satisfecha, regresó al lado de Aoshi.
Aburatsubo quedó en el suelo, encogido, cuando recibió una patada en las costillas del señor Ueda.
-Perro bastardo. Así se siente cuando no te puedes defender. Llévenselo.-
Miró a su mujer por unos segundos.
-Ahora estás callada, atemorizada del castigo que te daré y que será implacable. Así debió sufrir tu hijo todo este tiempo y no apenas unos minutos como tú. Mala mujer… ¿Acaso seguías casada cuando te casaste conmigo? ¿Sabes que puedo anular ese matrimonio? Fuiste una bígama.
Sachiko miraba con rabia a Misao y a Kenshin. Ueda, violento, la obligó a mirarlo a la cara.
-Quiero que sepas que no voy a anular nuestro matrimonio y no porque te quiera demasiado. Eso murió hace un rato cuando supe que habías abortado a nuestro bebé. Seguiremos casados, mi amor, porque seguirás perteneciéndome y haciendo lo que te imponga. Desde este momento lo que yo diga se hará. ¿Y sabes qué digo? Espero que recuerdes que mi querida cuñada Minako falleció hace un par de meses y salvo la sirvienta de la casa, nadie cuida a mamá. Soy el hermano segundo de mi familia, y te protegí para que no tuvieras que irte a cuidar de ella, pero pensándolo bien, mañana mismo te marcharás a su casa. Mi madre goza de perfecta salud y estoy seguro que estarás muy bien en su compañía.-
Sachiko negó con la cabeza. No podía ser. Ella y la madre de su esposo se llevaban pésimo, pero por una cuestión de protocolo y tradición, la madre mandaba sobre la nuera. La vieja tenía un carácter fuerte, escuchaba perfectamente… la humillaría, la… -
-No pienso ir donde esa vieja.-
-No te estoy dando a elegir como antes, mi amor. Ya he visto lo víbora que puedes llegar a ser. Vas a ir y punto. Se cancelaron tus tarjetas de crédito y todo demás. ¿Abandonaste a tu familia por pobre? Pues no verás ni un yen nunca más. -
Sachiko se levantó. No tenía opciones más que obedecer. Por un momento pensó en saltar sobre su esposo para matarlo, pero supo que sería mala idea. Pero aún podía hacer un poco de daño.
-A ti y a tu hermano debí haberlos abortado.- dijo la mujer a Misao, sabiendo que el que renegara de ella era un tema sensible para la mujer.- Debí matarte ese día que paseabas por la calle con tu maldito engendro, pero se me atravesó una mocosa estúpida que salía de una tienda… -
El corazón de Misao al oír eso empezó a latir. Muchos años atrás, caminando, sintió un barullo tras de ella. Iba con Souji, el menor… Su vecina Tomoe había entrado a una tienda…
-¿Acaso tú…? ¿Tú, mamá… ?- dijo Misao sin atreverse a completar la frase. Notó a Kaoru pálida, mirando a la mujer con los ojos muy abiertos.
-¡No era una mocosa estúpida, era mi hermana!.- gritó la muchacha antes de caerle encima a la mujer.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
El asunto del atropello había prescrito y nada se podía hacer, pero Ueda le prometió a Kaoru que eso no quedaría impune.
La sirvienta de la familia Ueda era una de esas mujeres grandotas, tipo ropero de tres cuerpos. Había quienes decían que era mitad alemana con portuguesa, y quizá así fuera, pero lo importante es que era joven, adoraba a la señora y tenía una fuerza de caballo.
Las órdenes que le llegaron de Kyoto eran fáciles de seguir. La mujer del hijo segundo de su patrona debía vivir en una casuchita cerca de la casa. Debía levantarse a las siete de la mañana todos los días para llevarle la bandeja con el desayuno a la señora, luego barrer el patio y luego comer ella. Debía ayudar en algo el almuerzo, debía jugar naipes con la señora por lo menos dos horas diarias porque ella amaba ese juego, y si no, podía jugar dominó o ajedrez.
No podía salir de la casa, ni podía hablar con ningún hombre. Si intentaba hacerle daño a la madre de los señores Ueda, debía ser apaleada sin piedad. Si le ofrecía dinero para hacer algo, el señor Ueda le ofrecía el doble de la cantidad a cambio que averiguara el plan completo. Y luego le permitiría apalear nuevamente sin piedad a su mujer.
La sirvienta miró a la mujer llegando con apenas un bolso de mano a su estrecha habitación, y notó de inmediato sus labios hinchados y la cara llena de arañones. Con una humilde coleta, Sachiko traspasó el umbral de la puerta de su habitación, y la sirvienta le habló en un mal japonés.
-Tener cinco minutos antes de hora comer.-
La dejo sola y el cuarto se llenó de sombras.
Sachiko se lanzó sobre la cama y se largó a llorar.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Tenshi estuvo presente cuando Kenshin le pidió a Kaoru matrimonio. Cuando le puso el anillo de compromiso e iniciaron las planificaciones.
Aconsejó al pelirrojo sobre el frac y a Kaoru sobre qué vestido le quedaba mejor. Elegir todo lo anterior fue fácil, pero decidir sobre la casa fue más complejo.
El departamento de soltera de Kaoru era muy pequeño y Kenshin había vendido el suyo. Sin embargo, el señor Ueda, les dijo que si se lo permitían, él podía obsequiarles una casa. Sólo tenían que elegirla.
Por otra parte, Misao y Aoshi no querían que ellos quedaran demasiado lejos, asi que les pidieron que si se buscaban casa, que fuera por ahí, cerca del barrio.
Tenshi los veía complicados. Ninguna casa parecía gustarles. Tampoco departamentos. Todas las parecían o muy chicas, o muy grandes, o sin jardín, o cerca de algún barrio indeseable, etc. Asi que para ayudarlos, el fantasma les dijo que anotara en un papel las características que ellos querían en sus casas.
-Quiero que mi casa tenga muchas ventanas, que entre mucho aire fresco, que tenga un enorme jardín… - empezó Kaoru, y luego siguió Kenshin. Sonriendo, el fantasma los miró.
-Creo que conozco un lugar así. Kenshin, es la casa que te dejó tu papá.
El pelirrojo miró a la chica.
-Kaoru, ¿en verdad te gusta esa casa?.-
Habían pasado cosas buenas en esa casa. Por ejemplo, Kaoru se reencontró con el chico al que pensó nunca volvería a ver.
-Yo pasaría m vida allí, pero Misao y Aoshi dicen… -
La voz de la joven se apagó y bajó la mirada.
-Kaoru, podemos hacer lo que queramos. También me gusta mucho ese lugar. Me pasé la vida tratando de no volver y ahora, si tu quieres… -
Kaoru no estaba muy segura de dar su opinión.
-El señor Ueda también quiere que vivamos aquí. Para que estés cerca y le ayudes.-
Kenshin abrazó a Kaoru. Habían pasado ya cerca de un año desde que se encontraron y ella aún no recuperaba esa sonrisa que la caracterizaba. A veces Kenshin se preguntaba si la volvería a ver algún día. A veces Kenshin sentía ganas de retroceder el tiempo y no haberle hecho nunca daño a la mujer que más amaba en el mundo.
-Pienso que tal vez… puedas arreglar el taller de tu papá y poner un negocio ahí, de comida, no sé, tú sabes de eso. Tal vez pueda ser tu oficina y desde allí ayudes al señor Ueda.- dijo Kaoru bajito, cerca de su oído.- Pero… no sé si resulte.
La antigua Kaoru diría: "Hagámoslo", pero esa chica ya no estaba y Kenshin debía tener el valor por los dos. Tras hablar con Ueda sobre su decisión, el hombre optó por apoyarlo y el dinero para la casa, se lo dio para reconstruir lo que necesitara.
El taller de su padre se convirtió en una enorme oficina de planta libre, de modo que Kaoru pudiera poner sus cosas allí también y trabajar si quería. Estarían pegados a su casa, mirando el mar todo el día. Kaoru se dio cuenta de que las ramas que plantó Kenshin tenían algunas hojas, e incluso un vecino le comentó que los tres arbolitos habían dado flores, incluso un par de cerezos cada uno, que los niños de la calle se comieron.
Definitivamente, le pareció a Kaoru mirando la casa, ese era el lugar ideal para un nuevo comienzo.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Fin Acto catorce
Marzo 9, 2011
Cerrando un ciclo.
Notas de autora.
Hola!
Lamento no haber actualizado el jueves. Querida Pauli, especialmente te pido la disculpa. Simplemente borré sin querer todo lo relacionado a esta parte y tuve que escribir todo de nuevo.
El próximo es el último capítulo. De todos modos no estoy decidida si habrá epílogo o no, depende de cuanto alcance a desarrollar en el espacio que me otorgo. De todos modos, mi idea es terminar de atar algunos cabos, por ejemplo, todos le ocultaron a Misao sobre los abusos de Kenshin, pero al parecer ella ahora lo sabe. ¿Cómo se enteró? Lo sabremos en el quince. También nos enteraremos de la nueva misión de Tenshi en el cielo.
Aunque no lo crean, también Sanosuke tiene un final. O Sachiko, Aburatsubo o Makoto.
Tal vez se preguntarán por qué a la hora de la venganza Kenshin no destruyó a los dos que le hicieron la vida de cuadritos aunque sea genial para las patadas. El problema es que se me ocurrió leer sobre el código civil de los japoneses y resulta que allá no existe la legitima defensa. Si te asaltan y le pegas al asaltante y le rompes la nariz, te vas preso tú.
Como ya mandé a Kenshin a pasar la noche con Aoshi a prisión, no me quise arriesgar a que lo dejaran más tiempo por reincidente.
La otra razón, es que si peleaba con esos dos a puño limpio, no creo que haya tenido la claridad mental para ganarles, o tal vez si, pero para acabar matándolos. Sin embargo, al final Kenshin los venció al enfrentarlos. Pero ya saben, siempre se vienen sorpresas.
Las dejo. espero que estén bien, se viene el gran final y bueno, amor y paz para todas :D
Blankaoru
