Kenshin, un chico en dificultades

Acto quince

Siempre te amaré

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Tras abotonarse el corsé del vestido, Kaoru se miró al espejo. Sonrió dichosa y permitió que Misao le pusiera más color en las mejillas.

Por su parte, Tomoe le acomodó un maravilloso peine blanco tallado a mano que había sido de su bisabuela.

-Todas las mujeres de la familia lo usamos, querida. Me siento muy orgullosa de que finalmente lo lleves tú.-

Madre e hija se abrazaron mientras las hermanas menores de Kaoru revoloteaban en torno a ella. Cuando la hermosa novia estuvo lista, todas salieron y la dejaron sola por espacio de unos minutos.

La joven se sentó en la cama, mirando su ramo de flores frescas. Luego se abrazó el vientre, dedicándole un pensamiento dulce y triste al bebé que no llegó a conocer.

-Siempre te llevo. Nunca te has ido de mi.- murmuró.- Espero que de aquí en adelante, todo alga bien.-

Había vendido su departamento y había regresado por unos días a la casa de sus padres con algo de ropa. Todo lo demás estaba en su nueva residencia, en la región de Hyogo, cerca de Aioi. Pasaría el resto de sus días mirando el Pacífico en total calma y nada volvería a perturbarla.

Definitivamente le gustaba mucho la calma.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Había sido Kenshin el que decidió un matrimonio occidental, pues, tras documentarse sobre el tema, se dio cuenta de que en general era muchos miles de yenes más barato. No quería abusar del señor Yuji, su amable jefe que además de ofrecerle la fiesta, hacía esfuerzos sobrehumanos para compensarle con afecto y amabilidad todos los años amargos. A veces Kenshin lo veía como a un padre y se alegraba de haberlo conocido.

-Realmente lamento mucho que tu madre nunca me los haya presentado. Seríamos grandes amigos hoy.- le dijo Yuji una vez.

Otro de los motivos por los que Kenshin eligió la boda occidental, es que se le ocurrió que al ser más alegre y bulliciosa, podría recordarle a Kaoru esas cosas que ella había perdido. Tal vez ella encontrara su sonrisa en medio de la fiesta… tal vez ella volvería a sonreír genuinamente para él.

Se terminó de acomodar la corbata del frac y salió de la habitación. Estaba listo.

-¿Ya llegó Misao? - le preguntó a Tenshi que flotaba cerca de él.

-Le dijo a Aoshi que te vería en la iglesia, y deberías irte, que estamos en la hora.-

Kenshin sonrió.

-Tienes razón.-

Rato después, un poco nervioso, esperaba a Kaoru al pie de un altar.

Era curioso, pero a pesar de haberse casado con ella el día anterior por el civil, los nervios, las mariposas en el estómago y todo eso lo sentía ahora. Pasó saliva con dificultad, temblando levemente con Misao a su lado.

-Tranquilo.- le dijo ella leyendo sus pensamientos.- Este es solo el último paso para tener lo que siempre has querido.-

La música de la marcha nupcial comenzó y Kenshin miró ávido hacia la puerta de la iglesia. Ignoró a amigos, a los familiares de Aoshi e incluso a Hannya que andaba por ahí. Kaoru, vestida de blanco, con una figura de cuento de hadas entró radiante, con el rostro cargado de emoción, de la mano de su padre en silla de ruedas.

Kenshin quería tomarla del talle, darle mil vueltas y besarla hasta cansarse. Desde luego eso no sería bien visto en la iglesia y se controló. La muchacha llegó a su costado con las bendiciones de don Kojiro y se inició la ceremonia en que se juraron amor eterno e hicieron intercambio de anillos.

La fiesta, rato después, fue todo lo que Kenshin se imaginó. Dentro del estilo occidental, se había inclinado por una fiesta con elementos latinos, y que eran guiada por Misao con micrófono en mano. Kaoru tuvo que lanzar el ramo y dejar que Kenshin le quitara la liga de una pierna con los dientes, para asombro y escándalo de algunos. Él lanzó un guante, que sería el equivalente al ramo de la novia e hicieron algunas pruebas entre los invitados como quién le hacía el baile más sexi a su pareja. Aoshi ganó.

Si bien no se hacía en los matrimonios, a Kenshin le gustó una idea de tener una piñata de cartón con la forma de un oso panda rellena con algunos obsequios para los invitados, como pañuelos de colores y dulces. Kaoru fue la encargada de romperla con un palo y los ojos vendados. Tras el tercer golpe recibido por Sanosuke, optaron por hacerlo sin venda, pensando que sólo los mexicanos podían pegarle a la piñata sin mirar.

Hasta el amanecer bailaron harto, comieron un montón, bebieron muchos hasta la embriaguez absoluta y durante los años que siguieron todos hablaron y recordaron aquella fiesta espectacular donde tan bien la habían pasado. Todos los matrimonios que siguieron en las familias fueron comparados con esa y el nivel de diversión no pudo ser superado. Incluso hubo una pelea a los puños por ahí.

Demasiado agotado como para conducir, Kenshin le dijo a Kaoru que descansaran primero y viajaran a su nuevo hogar al día siguiente. Acabaron durmiendo en la casa de Misao, con los pies hinchados de tanto bailar, abrazaditos y felices. Ni hablar de pensar en noche de bodas. Con el agotamiento que se traían, con suerte se dieron un par de besos de buenas noches.

Al día siguiente, cerca de las tres de la tarde, empezaron a revivir todos los habitantes de la casa, incluidos los niños. Y a las cinco, Kenshin y Kaoru se pusieron en viaje.

La joven ya sentía que extrañaría a horrores a sus padres y hermanas. Al mirar a su costado, notó a Kenshin feliz, manejando y tarareando una canción tradicional.

Bueno, para él era más fácil. Vivía solo hacía muchos años. Kaoru se preguntó por un momento si ella hubiera sido tan fuerte como Kenshin de haber vivido lo que le tocó a él. Parecía que desde el abandono de su madre, su vida se había convertido en una sucesión de sinsabores, decepciones, esperas y pérdidas. De abusos, de soledad… y sin embargo, conducía a su lado con una sonrisa en los labios como si la vida valiera la pena.

Él pensaba eso por ella. Porque estaba con él. Kaoru se sintió halagada y muy amada con esa idea. ¿Cómo era posible que una mujer simple como ella pudiera generar eso en él? Kenshin era un héroe porque con el paso de los años nada logró cambiar su esencia dulce. Kenshin era un valiente. Kenshin era su héroe.

Kaoru se acercó a él y se apoyó en su hombro.

Como siempre, el viaje hasta su casa fue bastante largo y llegaron en la madrugada del día siguiente. Estaban listos para irse a la cama cuando Tenshi se les apareció.

-Amigos… - dijo el fantasma con una sonrisa.

Kenshin y Kaoru se acercaron a él.

-Pensé que te habías quedado con Misao.- dijo Kenshin.

-No, ya no.- respondió el fantasma.

-¿Entonces te vienes con nosotros?.- preguntó Kaoru.- Será genial que estés…-

-No, no, nada de eso.-

Tenshi se veía un poco afectado y por instinto, Kaoru se apegó a Kenshin, quien la rodeó con su brazo.

-Tenshi, ¿pasa algo?.-

-Me tengo que ir.- dijo al cabo de un rato.

-Bueno, pero será por unos días.- repuso Kaoru. - Como la otra vez, ¿recuerdas?.-

-No… no será tan fácil. Verán… yo… me voy… y no volveré más.-

El joven matrimonio miró al fantasma con asombro.

-¿Cómo… ?- dijo Kenshin.

-Me… me avisaron hace unos meses. Hay una misión asignada para mí, ni siquiera yo sé de qué se trata y como quería estar en su casamiento, pedí un poco más de plazo, pero este día, cuando salga el sol, yo debo tomar ubicación en mi nuevo puesto.

Tenshi se acercó y besó la frente de cada uno.

-Ya me despedí de Misao y de mi hermano. Yo… fue más fácil morir en mi antiguo cuerpo que hacer esto, ahora. Realmente los quiero… estoy sorprendido de este sentimiento, pero… oh, amigos míos, siempre los amaré.-

Kaoru abrazó a Kenshin, ya que no podía hacerlo con Tenshi. Su esposo tuvo una sensación parecida.

-Bueno.- dijo el fantasma fingiendo una sonrisa.- Ya me tengo que ir, sé que ustedes no pueden verlo, pero a mi lado está mi Guía. Él me llevará a mi nuevo destino.-

-Por favor, cuídelo mucho.- dijo Kaoru al aire. El Guía asintió. Tenshi entonces se atrevió a pedir algo.

-Sólo por esta vez… concédame un poco de materialidad. -

El Guía aceptó y los brazos traslúcidos de Tenshi se tornaron macizos. Se acercó a la pareja y los abrazó para que pudieran sentirlo finalmente.

-Mi querido Kenshin, no sabes cómo me alegro de que hayas conseguido ese amor que es sólo para ti y que ganaste por ser tú mismo. Mi admirada y amada Kaoru, fuiste la sorpresa, la revelación de esta etapa de mi ser. Te conocí siendo una niña y jamás te presté atención. Si yo hubiera vivido, y no hubiera podido quedarme con Misao, seguramente hubiera puesto mis ojos en ti. Estoy seguro. Lo único que lamento, querida mía, es no haber podido ver, una vez más, esa sonrisa tuya de aquella vez en el tren, cuando ibas a encontrarte con tu amigo. ¿Lo recuerdas? Kenshin, si tu hubieras visto esa sonrisa, la amarías veinte veces más de lo que lo haces ahora, asi que por favor, no desistas de buscar ese gesto en ella. Hazla muy feliz y te acordarás de mí cuando la veas sonriendo. Cuídense mutuamente, quiéranse, respétense… yo no podré cuidarlos más porque ya no tendré esa atribución, pero siempre estarán en mis pensamientos.-

El calor del abrazo de Tenshi desapareció y el fantasma volvió a ser traslúcido. Entonces, haciendo un gesto, atravesó la puerta con su Guía.

A punto de salir el sol, Tenshi y el Guía caminaron hacia una estela que sólo para ellos aparecía sobre el mar y que los llevaría a su nuevo destino. El Guía rara vez había visto a un alma tan apenada por una despedida, y ese no era un sentimiento bueno para hacer lo que el fantasma tenía que hacer. Por eso decidió contarle de qué se trataba su nueva misión.

-Vas a nacer de nuevo. Esta tarde serás implantado.-

-Lo sé-

El Guía sonrió.

-Qué bien.

-¿Será en un lugar muy lejos de aquí?-

-Puede ser.-

Tenshi no pudo evitar mirar hacia atrás. La casa de Kenshin con vista a mar y sus tres ramas que florecían era un paisaje digno de recordar.

-Estoy seguro de que serás muy feliz con tus nuevos padres, aunque habrá cosas difíciles que deberás afrontar desde muy joven. Pero si sobrevives a eso, tendrás una vida más larga de la que tuviste siendo Tenshi.-

El fantasma sonrió a medida que caminaba sobre las olas. No se sentía muy entusiasmado aún.

-¿Sabes, Tenshi? Nada está hecho al azar. El amor que sientes por ellos no es extraño.-

A Tenshi nada lo podía consolar. El Guía suspiró.

-Está bien. Te lo diré de una vez. Ellos van a ser tus papás.-

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

El verano de 2010 fue muy divertido. Kenshin y Kaoru visitaron varias playas para su luna de miel, que se tomaron en el mes de Agosto. Habían reanudado sus relaciones sexuales con mucho amor y ternura por parte de él, y bastante sumisión por parte de ella. Pero Kenshin se ocupaba de tenerla contenta con los encuentros, tomándose su tiempo en las caricias y demases. Él le demostraba cada noche y cada día cuánto había cambiado, y estaba empeñado en verla feliz. A veces, por unos segundos, creía ver un destello de genuina felicidad en los ojos de ella. Le parecía ver a la niña que conoció danzando en su mirada, pero luego esta ilusión se esfumaba y Kenshin redoblaba sus esfuerzos.

Kaoru lo quería, pero ni ella podía entender el por qué se cohibía al mostrar sus emociones.

Los meses pasaron y el joven matrimonio acabó de asentarse. Kenshin construyó su pequeña oficina con vista al mar como lo había pensado y trabajaba para Yuji a la distancia. Nunca tuvieron un problema en ese aspecto y la papelera iba en claro ascenso con las ideas de Kenshin. Yuji venía a visitarlo semana por medio, al igual que Misao. Kenshin y Kaoru también viajaban bastante a Kyoto.

Normalmente, el pelirrojo acababa su labor a las seis y se iba a casa, atravesando el precioso jardín que Kaoru estaba haciendo. Cuando no estaba demasiado cansado, se ocupaba de picar algunas verduras, carne o pescado, y preparaba deliciosos guisos para la noche.

-Si te gusta tanto cocinar, no entiendo por qué acabaste estudiando administración de empresas.- le dijo una tarde Kaoru mientras lo veía hacer.- Pensé que esto era tu vida.-

Kenshin acabó de trozar una zanahoria de manera perfecta sobre la tabla y la puso en la olla.

-Pues… a mí me gusta mucho cocinar cuando tengo a quien cocinarle. Me di cuenta en la escuela y después, al tener un restaurante, lo acabé de comprobar. No me sentía motivado a llegar a cocinarle a un montón de extraños… pensaba mucho en ti, en el señor Kenjiro, en Misao, pero ustedes no estaban entre los comensales y finalmente entendí que no era lo mío. Por eso entré a la universidad, estudié y luego… bueno, me tienes feliz cocinando para ti. Después lo haré para nuestros hijos.-

Kaoru sonrió y pensó en eso de los hijos. En el fondo, le daba un poco de miedo embarazarse al pensar en vivir de nuevo un aborto, una experiencia devastadora. Quería que pasara un poco más de tiempo y Kenshin la entendía y no la obligaba a dejar los anticonceptivos. Kaoru estaba segura que sería cuestión de tiempo para que su seguridad regresara.

Después de hacer las labores del hogar, Kaoru salía a dar una vuelta por el barrio, para conocer a sus vecinos. Otras veces se iba al mirador. Tenía su vida tranquila, pero no se sentía satisfecha como debía serlo.

A veces se preguntaba si había hecho bien casándose con Kenshin. Él siempre le decía que la amaba desde que se conocieron, siendo niños. Para ella no había sido así. Ella le tuvo mucho cariño, incluso admiración. Al encontrarse con él de adultos la sorprendió su porte y su nueva figura, su forma de ser, educada y varonil y se conmovió con su historia, pero luego se convirtieron en pareja. Antes de saber si realmente lo quería, se había metido en su cama y confundía amor con lealtad hacia un amigo. Al saber la verdad, él la castigó duramente y Kaoru se sintió violada cada vez que él tomó su cuerpo, durante varios meses.

El embarazo la reconcilió con él. Kenshin sería padre, tendría su familia propia, finalmente. Pero perdió el bebé, y acabó de perderse ella misma. Dejó de preguntarse qué quería hacer ella, Kaoru Kamiya. Antes lo tenía claro: Ayudaría a los niños gorditos con nutrición apropiada. Kenshin apareció a su rescate y desde entonces no dejó de ser encantador, adorable y todas las cosas buenas que un hombre puede ser para una mujer. Pero ella lo siguió, porque era más fácil que pelear con él. Lo siguió porque era incapaz de negarse… lo cuidaría porque era la misión que una vez le dio Misao y Tenshi. Lo haría feliz… lo llevaría de vuelta a casa.

Él una vez le salvó la vida, dejándose marcar la cara por ella. Le pareció justo devolverle la mano.

-No sé realmente si esto que siento por él es amor. Como sea, ya me he casado con él. No debo pensar en estas cosas, debo ser una buena esposa y darle pronto ese hijo que él desea.

Kaoru estaba muy confundida, y con los días no mejoraba. Extrañaba mucho a Tenshi, él podría orientarla con sus dudas guardando discreción para no dañar a Kenshin.

Pero para el mes de Diciembre, él ya se estaba dando cuenta de que algo no andaba bien.

-Kaoru, ¿eres feliz conmigo?-

La pregunta la tomó de sorpresa, cuando iban en el auto viajando a Kyoto para pasar allí el Año Nuevo.

-Claro que si.- fue la respuesta.

Kenshin la miró de reojo y se concentró en el camino. Esa noche se divirtieron y regresaron una semana después a casa. Un día, el pelirrojo compró una alfombra de DDR y la llevó a su casa. La puso en el suelo y llamó a Kaoru, que preparaba el almuerzo.

-Mira, he traído esto para que juguemos.-

A la joven no le llamó la atención.

-Debo acabar la comida.-

-Espera, Kaoru, podemos dejar la olla en fuego bajo y probarlo.-

-No.-

Kenshin suspiró.

-Está bien. Lo instalaré ahora y jugaremos después de almuerzo.- dijo animado.

-Haz lo que quieras.- fue la respuesta. Kenshin la miró un poco y se puso a conectar un cable al aparato de juego principal.

-Lo traje porque pensé que te gustaría.-

Kaoru se volvió a mirarlo.

-Kenshin, tengo 26 años, ya no soy una niña.-

-Lo sé.-

-Pues parece que no lo sabes, porque vives tratándome como tal. Incluso tienes nuestra foto de niños en la mesa del velador, pero míranos, crecimos, cambiamos. No esperes que siempre me guste jugar al Dance Dance Revolution.

-No te pongas así.- dijo Kenshin cuando Kaoru alzó el tono de voz.

-Si tú quieres seguir en el pasado, es cosa tuya.- remató la chica antes de meterse en la cocina de vuelta. Kenshin se quedó sin saber qué pensar y tras almorzar se levantó de la mesa.

-¿A dónde vas?.- dijo Kaoru.

-A trabajar. Ya no me apetece tomarme el día libre.-

Kaoru tomó la alfombra, la dobló con cuidado, y la guardó en su caja.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

En el matrimonio de Kenshin y Kaoru, Sanosuke se reencontró con una persona de la que francamente, ni se acordaba. La hermana de Aoshi, Megumi, que vivía en Milán y era una reconocida diseñadora de Italia, se había presentado, deslumbrándolo apenas cruzaron un par de palabras. Durante la semana que ella permaneció en Japón, lo acabó de conquistar con su personalidad fuerte y deslenguada, claramente latina, seguramente por la influencia italiana. Cuando ella le propuso ser amantes e irse con ella, él e inmediato aceptó y habiendo arreglado sus papeles para salir del país, se embarcó a la aventura.

Y por Dios que no se arrepintió.

El día 27 de Febrero, Sanosuke abrió su primer restaurante de comida japonesa en el lejano país. Sabía que sus queridos amigos no podrían estar con él por la distancia, pero les pidió que ese día rezaran para que todo le saliera bien.

Kenshin y Kaoru salieron a dar una vuelta al mirador y ya que estaban solos, pidieron por su amigo. Tras unos minutos, Kenshin quiso marcharse, pero Kaoru se quedó, un poco preocupada.

-Kenshin… hoy leí en internet que Chile celebra un año del mega terremoto que tuvo.-

-Así es.- dijo el pelirrojo.- Fue un 8.8, dicen. ¿Sabías que el terremoto más fuerte medido en la época moderna también está allí? Fue 9.5.

Kaoru apoyó las manos en el barandal del mirador.

-Pero… Kenshin, eso es muy fuerte. Ese país se parece al nuestro. ¿Has visto el mapa? Es delgadito, y largo. Tiembla tanto como aquí y el mar lo azota cuando el sismo es fuerte y arranca los hogares y la vida de las personas.

Kenshin la abrazó al verla preocupada.

-Mi amor, ellos no son tan avanzados como nosotros, pero aunque el terremoto fue gigante y el tsunami, no murió tanta gente como en otros lugares. Cariño, no pienses en eso.-

-Pero… Kenshin, si algo así pasara acá… y una ola gigante… -

-Estamos muy por sobre el nivel del mar. Kaoru, debería ser un mega terremoto gigantísimo para que la ola saltara por encima de nuestra montaña.-

-Pero y si pasara…-

-Nuestra casa resistiría. Tenemos la bolsa de supervivencia con lo que necesitamos… -

-Kenshin, en Nueva Zelanda pasó lo mismo y la gente robaba las tiendas… -

-Acá no pasará. Mi amor, nosotros somos diferentes, estamos entrenados para una emergencia como esa.-

-¿Y el combustible?.-

Las olas azotaban suavemente el acantilado cercano.

-Kaoru, siempre ha temblado y siempre temblará. Debemos vivir con eso, así como nuestros amigos peruanos, chilenos, colombianos, estadounidenses, mexicanos… y tantos otros lo hacen a diario. -

A pesar de la calma que le transmitía su marido, Kaoru no estaba tranquila.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Kaoru había escuchado sobre un seminario de Nutrición infantil en una universidad del norte, en Sendai. Pensó que aunque quedaba lejos, sería bueno asistir y aumentar su conocimiento sobre el tema, asi que rápidamente se inscribió a través de Internet y pagó el curso con su número de tarjeta. Sólo que no estaba segura de cómo se lo tomaría Kenshin. Atravesó el patio para comunicárselo en su oficina.

-Vaya, Sendai queda muy lejos. Me quedaré a trabajar hasta más tarde en estos días y así adelantaré trabajo para acompañarte.-

-No es necesario que vayas, Kenshin. Puedo yo sola.

-Claro que no. Eres mi mujer y debo acompañarte.

-De verdad, no te preocupes. Serán unos días.-

-No me molesta, mi amor. Además, mientras estás en tu seminario, aprovecho de visitar Tokyo y conseguir de primera fuente una información para mi jefe.

Kaoru miró un poco enfadada a su marido.

-¿Por qué no entiendes que quiero ir sola?-

Kenshin no supo que decir, aunque pensó que después de estar tanto tiempo solo, pensar en volver a eso por unos días lo afectaba.

-No, no puedo entenderlo. Explícame tú por qué quieres ese tiempo a solas.-

Kaoru se tomó el asunto un poco mal.

-Quiero cambiar de ambiente y pensar. No porque nos hayamos casado debes estar sobre mí todo el día.-

-De eso se trata el matrimonio, ¿no? "Hasta que la muerte nos separe".-

-¿Sabes qué? Haz lo que quieras. Pero no esperes que disfrute de mi viaje en tu compañía.-

La joven iba a salir del cuarto cuando Kenshin la tomó de un brazo.

-Dime qué te pasa conmigo. ¿Tanto te desagrado? ¿Hice algo que te molestó?-

Suspirando, Kaoru respondió.

-No es eso. Es que… desde que nos encontramos todo tiene que ver contigo y con hacer las cosas que te hagan sentir mejor… y no sé… sólo sé que por primera vez en mucho tiempo hay algo que quiero hacer por mí, yo sola. Eso es todo. No es nada personal contra ti.-

Kenshin pensó en esas palabras y la soltó.

-Lamento si esta relación ha sido una carga para ti. Está bien. Vete a tu seminario, no te molestaré más. Y lleva buena ropa de abrigo, porque en el norte es mucho más helado que acá.-

El cansancio en su voz causó en Kaoru un tremendo agobio que ella no quiso revelar. Entró corriendo a su casa y se encerró en el baño a calmarse.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Kenshin sintió el beso suave de Kaoru en su mejilla y después escuchó que se subía en el taxi que la llevaría a iniciar su viaje. Al encender el televisor, escuchó algo sobre unos sismos. Tomándolo como algo normal, no prestó mayor atención. Estaba más concentrado en lo que pasaba con su relación con Kaoru. Desde que ella le comunicó que se iba, casi no se hablaban.

Deambuló por la casa toda la mañana. ¿Acaso ella ya no lo quería? Tal vez simplemente se trataba de hacer cosas por ella. Después de todo Kaoru no se iba ni de vacaciones ni de compras, si no para instruirse sobre un tema que le gustaba. Kaoru no era una mujer común y él la trataba como tal. Ella tendría aspiraciones, metas… barrer la casa sin duda no era algo a la altura de ella. Después de pensarlo, decidió que si ella quería ejercer su profesión, Kenshin le ayudaría a encontrar un buen empleo.

Al día siguiente la echó mucho de menos.

Kaoru lo llamaba por la tarde luego de las charlas para contarle cómo le había ido, pero el 9 de Marzo lo llamó más temprano, muy preocupada.

-Hubo un sismo muy fuerte, Kenshin. Nos están evacuando de la costa, creen que habría tsunami.

-¿Pero estás en un lugar seguro?

-Si, desde luego.-

-¿No puedes tomar el próximo vuelo y regresar aquí?

Kaoru pensó un poco.

-El viernes es la última clase y en verdad no ha pasado nada grave. Pero…-

-¿Estás muy asustada, verdad?-

Escuchar la voz de Kenshin era muy tranquilizador.

-Sí. Pero me quiero quedar hasta la última clase. Es muy importante para mí.-

Tras cortar, Kenshin no lo pensó más, dejó su trabajo en stand by y se fue al aeropuerto.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Kaoru regresaba de un paseo que dio por la tarde por un lindo jardín y se dirigía caminando hasta su hotel, pensando en su esposo.

Esposo. Aún le parecía extraña esa palabra. Ella siempre pensó en Kenshin como su amiguito pelirrojo.

Debía reconocer que lo extrañaba, pero el sábado tomaría avión y regresaría a su casa, lejos de la bulla de las grandes ciudades. Se disculparía con Kenshin y le diría que lo había echado de menos.

-Él no cambió, pero yo si lo hice. Es natural en las personas después de todo.- pensó.

Al llegar a la recepción del hotel, lo vio esperándola en la puerta, bastante cansado con un pequeño bolso. Asombrada, sin medir sus emociones, corrió hacia él y lo abrazó fuertemente.

Lo besó efusiva, de modo que el recepcionista carraspeó con discreción para llamarlos al orden.

Sorprendido, Kenshin la sostuvo por la cintura. El rostro de la joven estaba radiante. ¿Acaso esa sonrisa que esbozó al verlo, era de la que hablaba Tenshi y Aoshi y todos? Ella brillaba, era un ángel, una belleza. Lo más maravilloso que habían visto sus ojos.

-Te extrañé mucho.- le confesó Kenshin al oído. Se acercaron a recepción para inscribirlo como inquilino y que los reubicaran en un cuarto para matrimonio.

Rato después, estaban abrazados sobre la cama, con ropa y todo a pesar de la calefacción. Con gusto, Kenshin comprobó que Kaoru realmente lo había echado en falta, y tuvo que escuchar varias veces sus disculpas.

-Ya no te preocupes por eso.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

El día jueves Kenshin partió a Tokio por negocios y Kaoru se fue a su seminario. Se reencontraron cansados, durante la noche en el cuarto de hotel, pero no les importó, porque se dedicaron a las caricias y a las palabras dulces. Era como una nueva luna de miel.

Como el viernes Kaoru tenía la última charla muy temprano, acordaron almorzar en el puerto y pasear por allí. Luego visitarían los maravillosos jardines de Sendai y sus templos. Quizá permanecerían en la Ciudad de los Árboles hasta el domingo.

Tras visitar la costa, regresaban caminando por una calle principal, bromeando sobre algunas cosas. Entonces Kaoru le tomó una mano.

-Siempre te amaré, Kenshin Makimashi.

El pelirrojo se quedó mirando a su esposa tras esas palabras y le enmarcó el rostro con las manos. Iba a responderle cuando empezó a vibrar su celular. Kaoru también sacó el propio.

Kaoru se puso pálida mientras lo examinaba, y miró a Kenshin.

-Oh, por Dios.-

Era la alarma de terremoto. Otra vez.

De inmediato, Kenshin inspeccionó el cielo, buscando algo que se les pudiera caer encima y alcanzó a ponerse a salvo con ella cuando el sacudón más fuerte les impidió seguir avanzando.

-Ya va a pasar, no te preocupes, mi amor. Va a pasar.- le dijo el pelirrojo abrazándola de modo de protegerla de cualquier cosa que les pudiera caer.

Pero el movimiento no pasaba y era cada vez más fuerte. Muchísimo más fuerte que cualquier otro sismo que ellos hubieran podido vivir. No pudieron mantenerse en pie y cayeron al suelo, de rodillas. La calle se ondulaba frente a ellos como una gran serpiente, en general todo se veía borroso y el ruido subterráneo era ensordecedor. Kaoru gimió y hundió más la cara en el pecho de él.

-No te preocupes.- le dijo Kenshin bastante asustado ya.- Va a pasar.-

Los postes del tendido eléctrico se movían como si fueran las perillas de algún video juego y algunos cables empezaron a cortarse cuando no pudieron más con la tensión que por momentos recibían. Un par de autos cerca de ellos acabó en la vereda al no poder controlar la dirección. Kaoru abrazó más fuerte a Kenshin, pensando que si ese era el final de todo, al menos moriría con el hombre que siempre había amado, aunque a veces dudó de ese sentimiento y que en ese momento, tenía sumamente claro.

Las sirenas sonaban ensordecedoramente cuando la pareja descubrió que había pasado el sacudón más fuerte del terremoto. Respirando agitadamente, se pusieron de pie. Entonces Kenshin tomó de la mano a Kaoru.

-No pudimos mantenernos en pie. Kaoru, ¡Corramos! Estamos a tan solo unas cuadras del mar. No tenemos tiempo que perder antes del tsunami.

Mucha gente tuvo la misma idea de Kenshin y se alejaron lo más posible de la costa. Sin embargo, no era tan fácil porque a pie no era mucha la distancia que se podía recorrer en el tiempo del que disponían. Siguieron las señalizaciones de las calles y estaban llegando a la zona segura cuando escucharon un rugido espantoso que los hizo detenerse y voltear.

Como salida de las peores pesadillas de Kaoru, una ola gigante, con barcos y todo, se salía del mar arrastrando todo a su paso, incluyendo casas y autos. Se olvidó de respirar, de pensar, de sentir. Una muralla de agua…

-¡CORRE!.- Le gritó Kenshin jalándola fuertemente del brazo. El tiempo volvió a tener sentido y Kaoru obedeció a su esposo.

La ola era más grande de lo que cualquiera pudiera esperar, ingresando sin mayor dificultad a la zona de seguridad. Kenshin y Kaoru fueron arrastrados unos metros por el agua que a esas alturas ya no tenía tanta fuerza ni era tan alta pero que los cubrió por completo y en un intento desesperado, Kenshin logró agarrarse a un poste del tendido eléctrico sin soltar a Kaoru, trepando con dificultad para sacar la cabeza al aire, consiguiéndolo ambos. En ese punto, con toda su fuerza, el agua empezó a retroceder golpeándolos sin piedad con las cosas que se llevaba.

Incluyendo personas.

-Kaoru, sujétate, por Dios, no te sueltes de mí.- decía el hombre abrazado como un koala al poste de luz. Una mujer pasó cerca de ellos agitando los brazos y gritando algo sobre su hijo. Kenshin estiró un brazo para sujetarla e hicieron contacto, pero un letrero publicitario de alguna parte la golpeó, obligándola a soltarlo tras quedar inconsciente, siendo llevada por el torrente.

Al bajar el agua, atemorizados e incrédulos, con cuidado bajaron del poste, descubriendo que estaban a cerca de dos metros de altura. Al tocar el suelo, iniciaron de nuevo el escape, porque sabían que un tsunami nunca lleva una sola ola, si no una seguidilla de ellas. Y nuevamente tenían minutos para ponerse a salvo, porque también sabían que normalmente la primera ola nunca era tan grande cómo las que venían después.

Estaban en eso cuando Kaoru escuchó un llanto de bebé. Atenta, se puso a buscar la fuente del sonido.

Enganchado, en el balcón de un segundo piso, descubrió un coche de bebé.

-Kaoru, vámonos.- le dijo Kenshin.- La segunda ola.. -

Respirando agitadamente, Kaoru negó.

-No podemos dejar ese bebé ahí… ni siquiera sabemos si su familia vive.-

-El agua lo tuvo que haber arrastrado hasta allí. Pero Kaoru, la ola…

-La ola lo matará si lo dejamos aquí.-

Kaoru se deshizo de su pesado abrigo y como pudo, trepó hasta el segundo piso, de donde pudo sacar al bebé que flotaba en agua dentro del coche.

-Es muy pequeño… acaso tenga dos meses.- se dijo. Al mirar hacia la costa, notó que ya entraba la segunda ola, mucho más monstruosa que la primera. A tres cuadras de allí había un edificio de por lo menos seis pisos. Bajó con dificultad y le pasó el bulto a Kenshin que se veía muy nervioso. Corrieron al edificio y cuando alcanzaron las escaleras, el agua ya estaba entrando con fuerza, rompiendo incluso las ventanas que no pudo destruir el terremoto o la primera ola.

Llegaron a la azotea totalmente extenuados, mojados, sucios… cerca de cincuenta personas como ellos, habían encontrado refugio allá. Dos grababan con sus cámaras la espantosa entrada del agua barriendo todo a su paso.

Kenshin se sentó, agotado, con el bebé en sus brazos. Había dejado de llorar cuando lo cogieron y examinó su cara. Tenía sus ojos de un color indeterminado. Realmente era muy pequeño.

-¿Alguien me puede prestar algo seco para abrigar a este bebé?.- preguntó. De inmediato una mujer le extendió un abrigo. Desnudaron al pequeño y lo envolvieron en la ropa. El chico pronto se quedó dormido.

Temblando ahora de frío, de miedo e incertidumbre, Kenshin, Kaoru y el bebé se acurrucaron entre ellos, esperando despertar en algún momento de la pesadilla. Esperando que mágicamente las cosas volvieran a la normalidad. Con el pasar de las horas descubrirían que todo eso era sólo el comienzo de algo tremendo.

oooOooo…oooOooo…oooOooo…

Fin acto quince

Siempre te amaré.

Marzo 18, 2011

Notas de autora.

Hola!

No sé cómo empezar las notas de autora del día. Pero bueno, ahí voy.

Ya muchas de ustedes sabrán del terremoto y posterior tsunami que azotó mi país y al que hace mención Kaoru. El 8.8 que cambió nuestras vidas. Sin esa experiencia, no me hubiera atrevido a escribir lo sucedido en este episodio. Aunque desde luego, yo sólo sentí el terremoto y bueno, tengo algunos problemas de sueño por eso, debo admitirlo. Así que me imagino las secuelas que presentarán los japoneses a largo plazo. Una cosa es saber que se vive en un país sísmico y vivir con el movimiento y otra es sentir EL megasismo.

Lo sucedido en Japón creo que a afectado a muchas personas de este calcetín de tierra porque saben de manera aproximada lo que ellos están sintiendo. (Además que ellos también viven en un calcetín de tierra, un poco más chico) Y lo que se les vendrá en los próximos días. Admiramos su forma de comportarse y de cómo aún en crisis respetan a los demás. Les deseamos de todo corazón una pronta recuperación y que todo este tema nuclear termine de la mejor forma.

Como notarán, Kenshin, un Chico en Dificultades inicia sus aventuras en Mayo del 2009. En ese sentido, y siendo que Kenshin y Kaoru se han casado, pensé ponerlos en un aprieto que finalmente los uniría más como pareja. Sin embargo, tras el mega sismo decidí cambiar el modo porque es algo importante que ha pasado y que le da si acaso, un poco más de realismo a la historia. Muchas de ustedes se habrán dado cuenta que rara vez mis historias terminan cuando los protagonistas se casan, porque es precisamente ahí cuando comienza una vida nueva interesante de abordar, como las dudas que tiene Kaoru y que afortunadamente logra disipar antes del desastre. Sobre Kenshin y Kaoru agarrados a un poste… no sé si haya gente que se haya salvado el pellejo así. Pero sé de una mujer en el sur que sobrevivió tras aferrarse a un árbol y claro, cuando se retiró el agua se dio cuenta de que no podía bajar porque estaba a cerca de seis metros de altura. Esperó en la copa a que la rescataran durante dos días.

La otra curiosidad es que esto del tsunami me obligó a definir dónde es que vive exactamente Kenshin. Es decir, que no llegara una ola en el futuro que le barra la casa… de todos modos quedaron muy lejos del epicentro, los reactores y eso es bueno. El Google Earth ayuda mucho en eso. Aunque sabíamos desde antes que vivían relativamente cerca de Kyoto, en la costa y en una montaña con vista al mar. Cerca de Aioi hay un lugar con esas características.

Finalmente, el próximo es, sin lugar a dudas y sin epílogos ni nada más, el último episodio.

Les quiero agradecer muchísimo a las personas que me han escrito. Me pusieron muy contenta sus reviews. De veras, gracias por todo.

Deseándoles lo mejor, se despide:

Blankaoru.