Kenshin, un chico en dificultades.
Acto dieciséis.
Por siempre juntos.
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Misao acababa de llegar de la escuela con sus hijos y contenta, se puso a contemplar las flores de un arreglo que le había obsequiado su suegra. De pronto las flores comenzaron a temblar.
La mujer no se asustó, porque el movimiento fue menor. Pero llamó a sus hijos para que jugaran cerca de ella. Tras prepararles un jugo a cada uno, se dio cuenta de que el televisor se había encendido por el temblor.
Más que por el temblor, por la alerta de terremoto. Se acercó para saber dónde fue el epicentro. Entonces llamó a Aoshi.
-Mi amor, ha habido un terremoto espantoso en Sendai. Dicen que sería 8.5.-
-¿8.5? Pero es imposible… es demasiado.- dijo su esposo preocupado.
-Hay alerta de tsunami. Kenshin y Kaoru viven cerca del mar.-
-Pero ellos viven muy alto, en una montaña. No te preocupes por ellos. Seguro están bien y tomando las medidas.-
Misao le dio la razón, pero se sentía intranquila. Decidió llamarlos a su celular. No recibió respuesta porque las redes de la región se habían caído.
La voz de alarma la dio el señor Yuji, que fue personalmente a verla a su casa.
-Su hermano me avisó el miércoles que estaría de viaje por estos días con su esposa. Dijo que volvería el domingo. Señora Shinomori, su hermano está en Sendai.
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Pernoctaron en el mismo edificio donde se salvaron del tsunami y algún residente del mismo les prestó ropa seca y leche para el bebé. Junto a los demás sobrevivientes, pasaron una noche fría y con sobresaltos, tras las múltiples y poderosas réplicas. Durmieron poco y muy mal, escuchando lamentos de dolor desde afuera, seguramente de algún atrapado. Kaoru quiso salir, pero Kenshin la detuvo.
-No hay luz para ver, y está nublado. No sabemos cómo está afuera o con qué te puedes encontrar.
Al día siguiente salieron al exterior. El paisaje era en extremo desolador. Barro por todas partes, maderas, casas incluso, embarcaciones, autos dados vuelta… personas y animales enterrados. Encontraron vivo al que se quejaba, pero muy débil. Cerca de él, dos muertos.
Kaoru apretó al bebé contra su pecho.
-No sé cómo, pero todo estará bien, pequeño.
A ella misma le costaba creerlo. Le parecía que nada de lo que estaba viviendo era real en ese momento. No podía quitarse esa sensación al ver la destrucción de la ciudad.
Caminaron hacia su hotel con el ánimo de buscar sus cosas. Kenshin declaró que tenían que salir de allí inmediatamente.
-Posiblemente el alimento escaseará o el agua. No sabemos exactamente qué ha pasado, pero debemos regresar a nuestra casa.-
-¿Y el bebé?-
-Lo entregaremos a las autoridades para que se hagan cargo de él y encuentren a su familia.-
La joven miró al pequeño. Dormía como un angelito tras el desayuno.
-Pero no podemos dejarlo solo, Kenshin. Quizá cuanto tiempo pasará antes de que lo encuentren.-
-Si nos lo llevamos jamás se reunirá con su familia.-
El bebé despertó y miró a Kaoru. En un acto reflejo le sonrió, pero ella vio en eso una señal.
-Quedémonos hasta que su familia lo encuentre.-
Kenshin la miró como si le hubiera salido otra nariz y otro brazo en la espalda.
-¿Qué?
-Se sentirá solo si lo dejamos.-
-Kaoru, no podemos. Debemos marchar a Aioi. Mira, acá seremos dos bocas más que alimentar para quienes brinden ayuda, seremos un estorbo. Debemos ver el modo… -
-Pero el bebé está solo, no le puede decir a nadie el nombre de su mamá, ni siquiera traía algo que nos pueda dar luces. ¿Y si su mamá era esa señora que trataste de salvar y se la llevó el agua? Ella decía algo de un bebé. No creo que esté viva.-
-Así y todo, el bebé tendrá parientes, un papá que lo busca y si te lo llevas, aumentarás su dolor.-
Kenshin tenía razón. Pasaría mucho tiempo antes de que pudieran ubicar la familia del pequeño. Y llevarlo con ellos era descabellado, como un robo.
El hotel había aguantado el terremoto, pero el tsunami le dejó terribles los primeros pisos. Al menos ellos estaban ubicados en el quinto y sus cosas estaban limpias y secas.
Kenshin tenía en su bolso su laptop. Afortunadamente la última vez que lo usó quedó cargado de corriente y traía una batería de repuesto. Necesitaba saber exactamente qué había pasado, porque no había electricidad ni nada, aunque el dueño del hotel, que tenía una radio a pilas le comentó lo del epicentro y la magnitud. Tras un nuevo fuerte movimiento, descubrió que por lo menos había señal de internet.
-Kaoru, dice aquí que fue un terremoto de 8.9... Al parecer han ido aumentando la escala. El epicentro fue aquí mismo. Está todo… al parecer hay problemas con la central de Fukushima. Reactores nucleares con problemas. Muy bien, nos vamos.-
El bebé apretó un dedo que Kaoru le prestó. Ella no podía dejarlo solo.
-Pero Kenshin…-
-Kaoru, no hay trenes, el aeropuerto quedó inservible y el de Tokio Naritai está cerrado, ya se habla de problemas con el combustible. Afortunadamente puse dinero en el bolso, porque mi billetera con las tarjetas se la llevó el agua. No resistiremos mucho por aquí. Y no podemos cargar con él. Fin de la discusión.-
Salieron de hotel con rumbo a algún albergue donde dejar al muchacho. Las calles estaban intransitables y tenían que caminar mucho. Por lo menos el frío no lo sentían.
-Ha sido un verdadero milagro el que estemos vivos. Pareciera que la ciudad completa fue arrasada.- observó Kenshin.
A su lado, su esposa no decía nada, concentrada en el pequeño.
-He pensado que no nos alcanza para alquilar un auto o ponerle combustible, pero puedo pedirle a Aoshi que venga a buscarnos. Me parece una gran idea.
Se sentaron en un parque y Kenshin envió un mail a su cuñado explicando la situación. Aoshi respondió de inmediato que sí y le contó más o menos lo que él sabía.
-"Tardaré algunos días en llegar, pero voy saliendo en camino".- fue la frase final.-"También llevo mi laptop. No desperdicies batería. Te escribiré cada seis horas para que sepas dónde voy"-
Sonriendo, Kenshin cerró su notebook. Entonces miró a Kaoru.
La joven se había quedado dormida, seguramente de cansancio. Miró al bebé, que iba calladito, acaso también durmiera. Se sorprendió al notar que el bebé no dormía, sino que tenía su vista fija en el rostro de su mujer.
Era una mirada muy intensa para ser de un chiquitito.
-Seguramente sabes que ella irá hasta las últimas contigo, ¿verdad?.- El pelirrojo suspiró.-¿Qué puedo decir? Pareciera que están hechos el uno para el otro. Veremos qué podemos hacer.
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Tras llegar a un albergue en las afueras de la ciudad, dieron aviso del bebé sin familia. Pese a lo que Kenshin quería, Kaoru consiguió que la dejaran quedarse con el pequeño hasta que llegara Aoshi.
Para retribuir la ayuda que recibieron, Kenshin se inscribió como voluntario de los rescatistas mientras permaneciera en Sendai. Al día siguiente, fueron a inspeccionar la playa.´
Kaoru había comprado agua y algunas cosas para comer y tras regresar al albergue, una joven le alargó unas nuevas botellas de agua.
-Muchas gracias.- dijo Kaoru.- Pero he comprado la mía.-
-Pero señora, veo que usted tiene un bebé menor de un año. Es prioridad que ustedes tengan agua.-
Kaoru miró a la jovencita. No podía creer que ella estuviera en calidad de albergada, muy lejos de su hogar.
-Señorita, yo no soy la madre del bebé, lo traigo conmigo porque sus padres se perdieron en el tsunami. Tengo recursos aún para proporcionarme agua y espero a un pariente que me llevará a mi hogar en Aioi. Sé que en mi casa está todo bien y me recuperaré de esto, por eso, por favor, puedo recibirle el agua que corresponda sólo al bebé. El resto repártalo a las personas que realmente perdieron todo. Le aseguro que mi esposo y yo estaremos bien.
La joven contempló a Kaoru y le quitó tres de las cuatro botellas de agua que le había dado agradeciéndole el gesto. Las personas en general eran muy amables a pesar de la tragedia, nadie se quería aprovechar de nadie.
Kaoru se acomodó sobre su colchoneta en el albergue, para mirar la televisión mientras el bebé dormía en su regazo. Las noticias erizaban los pelos, pero ella trataba de convencerse de que todo iría bien.
Kenshin llegó completamente abatido a la noche. Habían encontrado dos mil cuerpos sin vida cuando llegaron a la playa. Ni la policía ni los militares sabían de dónde iban a sacar tantos ataúdes.
-Estaba la mujer del tsunami. Allá fue a parar. Oh, Kaoru, creo que nunca olvidaré ese rostro.- dijo apoyándose en su pecho, completamente superado. Kaoru le acarició el cabello.
-Tranquilo, querido. Tranquilo.-
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Misao había querido ir con Aoshi a rescatar a su hermano. Y los padres de Kaoru tras enterarse de lo sucedido, pero Aoshi tuvo que ponerse firme para insistir que iría él solo.
-La tragedia es muy grande allá y el deber de Misao es quedarse en casa cuidando de ella. No puedo llevar a los padres de Kaoru porque no están en condiciones de hacer el viaje que yo haré. Quédense aquí y confíen en que regresaré con ellos sanos y salvos. Misao, hablaremos por celular. Si no logras comunicarte conmigo, usa internet, que es lo que está funcionando bien en esos lugares.
Aoshi cargó el auto con suficiente agua y bastante gasolina. Cuando se despidió de sus hijos, ellos pensaron que su padre era todo un héroe.
El primer día de viaje no tuvo mayores contratiempos y pudo avanzar bastante. Cargó combustible y siguió la marcha. Durmió por ahí cuando lo agarró el sueño y al despertar leyó el mail que Kaoru le había escrito.
"Hace mucho frío. Trae ropa de abrigo y tu propia comida. Estamos bien, en un albergue."
Aoshi prosiguió el viaje y empezó a notar que la carretera estaba rara. Parecía que la mezcla de ripio que le ponían bajo el asfalto se había movido con el terremoto, y ahora la carretera presentaba ondulaciones que lo obligaban a bajar la velocidad. Cerca de las cuatro de la tarde notó que la carretera estaba trizada en partes. En otros lugares faltaban pedazos de la berma. A las cinco de la tarde encontró su primer obstáculo.
Se había caído el puente y tenía que desviarse varios kilómetros para llegar a la carretera más principal donde podría cruzar al otro lado. Mirando preocupado la marca del estanque de combustible, llegó cerca de las ocho al mencionado puente, después de todo, estuvo atascado en la fila para cruzar más de hora y media. Si bien el puente no se cayó, quedó con daños serios y debían pasar los autos uno por uno, en ambas direcciones.
Cansado, tras cruzar decidió pernoctar por ahí.
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Afortunadamente para Kaoru, su experiencia con sus hermanas menores le sirvió mucho para mudar al bebé o darle el biberón, que eran los cuidados principales. La señorita del día anterior le consiguió una leche especial que reemplazaba la leche materna, y Kaoru se lo agradeció mucho. Estaba preocupada de que él no obtuviera los nutrientes que necesitara.
Le gustaba mimarlo y hacerlo reír cuando estaba despierto. Eso le quitaba un poco la angustia de saber que su esposo estaba afuera, rescatando personas o cadáveres, bajo el inclemente frío. Se había puesto a nevar y ni ella ni Kenshin habían traído ropa pensando en eso. En el albergue ella estaba calentita con el pequeño, pero le preocupaba que su esposo se pudiera enfermar.
Kenshin llegó tan preocupado y triste como la noche anterior, pero al menos tenía esperanza. Habían encontrado a un hombre navegando sobre su casa en el mar y él lo recibió en tierra. También encontraron una familia bajo lo que quedó de casa. Kaoru lo escuchaba atentamente.
-Me gustaría ir a ayudarte.- dijo la mujer de corazón.- Pero no puedo dejar solo al bebé.-
Kenshin miró al pequeño que hizo un ruidito con la boca, y le acarició la carita suave con el pulgar.
-No te preocupes. Tu labor es muy importante. Yo veo si se puede rescatar algo. En cambio tú estás preservando la vida del chiquito. No lo descuides, él depende totalmente de ti.-
Luego de acariciar al bebé, Kenshin siguió con la cara de Kaoru. Ella se apegó a él y permanecieron un rato abrazados, hasta que el pelirrojo rompió el silencio.
-Escuché que buena parte del país está con problemas de electricidad, por lo mismo, en Fukushima, hay unos reactores que están dañados y que sin corriente es muy difícil hacer que se enfríen para no colapsar. Kaoru, existe la posibilidad de que Aoshi no llegue tan pronto a sacarnos de aquí y que tengamos que evacuar este lugar.
-Pero no estamos tan cerca… -
-Si hay una fuga, el agua y los alimentos serán contaminados.-
-Yo también escuché lo de la planta nuclear, pero no parece tan terrible.-
Kenshin negó con la cabeza.
-No sé exactamente qué está pasando, pero las autoridades dicen que está todo bajo control, sin embargo, si visitas páginas de diarios internacionales, ya se está hablando de un desastre como el Chernobyl. Yo quiero creer que todo está bien, pero mi deber es cuidar de ti y no puedo evitar… -
-Tranquilo, mi amor. No pienses en eso. Nuestra autoridades trabajan para ayudarnos lo más posible con este desastre. Quizá, la gente desde afuera lo ve peor.
-Como sea, mañana nos moveremos hacia el oeste. -
-Pero Kenshin, ¿y el bebé?.-
Kenshin suspiró.
-Lo llevaremos con nosotros.-
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Luego de muchos rodeos y pérdida de tiempo, Aoshi se alegró sinceramente de no haber traído a Misao. Las noticias en la radio no eran alentadoras y era cada vez más difícil encontrar un lugar donde le quisieran llenar el estanque. Podía poner solo un poco, lo suficiente para llegar a otra estación de servicio. Había refinerías de petróleo que se habían incendiado tras el terremoto, por lo tanto, el combustible que había en ese lado del país debía ser cuidado lo más posible.
Se alegró también de llevar su propia agua y alimentos. No quería molestar a nadie y según se iba acercando al lugar del epicentro, la devastación aumentaba al punto que tuvo que detenerse en algunos lugares para tomar aire, dominarse y seguir su camino.
Llevó a un par de personas que iban en busca de parientes en Sendai. Al menos, el viaje estuvo lleno de historias y anécdotas notables que él atesoró en su corazón para contar a sus hijos.
No pensó que fuera a demorar tanto en su viaje. Llegaría al día siguiente a Sendai, por la noche. Tras anunciarlo vía mail a Kenshin, buscó donde dormir él y sus acompañantes.
Kaoru y Kenshin salieron con sus bolsos y el bebé a enfrentar el crudo clima de invierno. Caminaron mucho rato y eso sólo los hizo gastar su energía.
-Le anuncié a Aoshi que nos encontraríamos en la zona oeste de la ciudad, de modo que debemos llegar hasta allí. En ese lugar debería estar el camino lo suficientemente despejado como para transitar con el auto, por lo menos eso me dijo uno de los rescatistas ayer.-
Pero nevaba y hacía frío, quiso decir Kaoru. Llevaba al bebé bajo su abrigo, contra su pecho, bien calentito. Que no se enterara de nada más que eso.
Se acercaba el momento de despedirse definitivamente de él. No podía llevárselo, debía entregarlo a alguna autoridad. Crecería en una casa de acogida infantil del gobierno, tal vez su familia nunca diera con él, era tan pequeño. Ella en cambio contaba con un cuarto que podría ser sólo suyo en su casa.
Kenshin había preparado el cuarto de su padre y el de Misao para eventuales huéspedes o hijos. Tenían donde acogerlo.
-Te llevaría a la escuela de la mano… te enseñaría a contar con los dedos… - iba diciendo Kaoru con la cabeza gacha, a medida que se habría paso entre escombros, nieve y barro, sin darse cuenta.- Serías muy feliz en mi casa… yo te amaría mucho, Kenshin te adoraría… -
Kenshin la escuchó muy despacio, pero el mensaje llegó claro a su cerebro.
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-Aoshi está en la entrada de la ciudad.- dijo Kenshin, leyendo el mail que le acababa de llegar.- Le envié el mapa con nuestra nueva ubicación y él está ingresando la dirección al GPS del auto.-
Miró nuevamente la pantalla del computador y Aoshi había respondido que en una hora más o menos, según el estado de las calles, llegaría hasta ellos. Kenshin suspiró, aliviado. Finalmente saldrían de ese infierno.
-Debemos buscar una estación de policía donde dejar al crío. O un albergue.-
Ante la idea, las lágrimas se agolparon notoriamente en los ojos de Kaoru. Ella intentó disimularlo, pero Kenshin la tomó de la mano para avanzar. Pesadamente lo siguió, apretando con la otra mano, a su bebé contra ella.
Llegaron a un albergue. Una amable mujer de edad los atendió.
-Mi esposa rescató a este chico del tsunami, tras la primera ola. Pensamos que su madre ha muerto, pero pensamos que puede tener más familia que lo pueda reclamar.-
La mujer llamó a una señorita oficial de policía, encargada de esos casos. La señorita tomó algunos datos, como el lugar exacto donde encontraron al pequeño, y recibió la ropita que traía ese día. Entonces llegó el turno de entregarle al pequeño.
Kaoru miró a Kenshin buscando compasión, y no la encontró.
-Noo… - dijo con la voz ahogada. No había llorado para el terremoto, ni el tsunami, ni cuando el gorila la empujó el día que perdió su bebé, porque no podía hacerlo en público, pero gruesos lagrimones cayeron por sus mejillas cuando estiró los brazos, dejándole el bebé a la policía.
Trató de tomar aire para abrir su garganta, pero no podía. La señora de edad, lejos de molestarse con ese "gesto de debilidad", trató de consolarla.
-Tranquila, muchacha. ¿Tienes más hijos?
Kaoru negó con la cabeza.
-Perdí un hijo hace un año.-
La mujer, que había pasado por esa experiencia, se conmovió aún más con Kaoru.
-¿Lo querías mucho?-
Kaoru asintió esta vez.
-Quería tenerlo, pero un hombre me empujó en el tren y caí mal.-
-Este bebé no puede sustituir al que perdiste. No es tuyo y tiene una familia que lo debe buscar.-
-Lo sé.-
-Debes pensar que él estará mejor aquí.-
-Lo sé.-
-Si lo quieres tanto, debes dejarlo.-
-Pero… pero es que me duele aquí… - dijo Kaoru señalándose el pecho.- Yo sé bien todo lo que usted me dice, pero no puedo…-
No pudo seguir hablando, y se apoyó en Kenshin. Éste preguntó si podían quedarse en ese albergue hasta que llegaran a buscarlos. Afuera el frío mataba. Guió a Kaoru hasta donde la señora les señaló.
Tras muchas caricias, la mujer se calmó, pero no mucho. De vez en cuando sollozaba mirando la televisión. En eso sintió un llanto de bebé y luego apareció la policía frente a ellos.
-No ha dejado de llorar.- dijo la mujer un poco avergonzada. Kaoru de inmediato tomó al bebé en brazos y se tranquilizó automáticamente. Ambos.
La policía miró la escena asombrada. De tanto llorar, el bebé se había puesto morado, pero ahora recobrara su color rosadito. Le pasó una mamadera a Kaoru y ella pronto lo alimentó. La oficial se acuclilló junto a ella.
-He buscado en la base de datos y no hay ningún reclamo de un recién nacido en el sector donde lo encontraron, ni alrededores. Existe la posibilidad de que sus padres y otros familiares hayan fallecido, aunque también es cierto que es muy pronto para saber eso. Ustedes… ¿están casados realmente?-
Kenshin mostró la alianza que llevaba en el dedo. Kaoru hizo lo mismo.
-Perdí mi identificación en el tsunami, pero si usted busca por mi nombre, verá que estoy casado con ella.
La policía asintió.
-Ustedes no son de acá.-
-No. Ella vino por estudios y yo la seguí. Somos de Aioi.-
-Eso es muy lejos de aquí.- dijo la policía.- Según supe, allá el terremoto no se sintió tan fuerte.-
La risa del bebé los interrumpió. Jugaba con el cabello de Kaoru.
-Mire, lo que podemos hacer por ahora es que ustedes me dejen todos sus datos y dirección. Pueden llevarse al bebé, yo seguiré la búsqueda de sus familiares desde aquí. En cuanto aparezca algo, contactaré con ustedes. Los albergues de niños están llenos de pequeños que esperan a sus padres y las condiciones no son las mejores si son tan chiquititos como éste. Ustedes pueden tenerlo sin problemas, ¿verdad?
-Así es.- dijo Kenshin mirando a Kaoru.
-Su esposa debe saber que si encontramos a la familia, deberá despedirse de él definitivamente.-
-Lo sabe.-
-En caso de que no haya aparecido su familia en un plazo de dos años, contactaremos para que puedan adoptarlo si es su deseo, aunque es muy pronto para hablar de eso.
Kenshin asintió.
-Le tomaremos una muestra de ADN y usted debe comprometerse a enviarnos una foto de él según vaya creciendo. Me contactaré por mail con usted. Por favor, déjeme todos sus datos aquí y un fono para corroborarlos.
-Mi cuñado está por llegar. Puede acompañarme a recibirlo y corroborar mis datos de inmediato.-
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Aoshi estaba destruido cuando llegó y el frío era más intenso de lo que pensó. Una amable policía le hizo miles de preguntas sobre Kenshin y Kaoru que él contestó sin entender mucho de qué iba la cosa. Declaró que si me metía de nuevo en el auto se volvería loco y esa noche durmió en el albergue con los demás. Se sorprendió mucho con el bebé y su historia. Más cuando le dijeron que se lo llevaban. No podía creerlo.
Al día siguiente partieron temprano, junto a un muchacho que le pidió de favor un aventón. Aunque Kenshin se ofreció para conducir, recordó que hasta su licencia se había ido en la billetera. Estoicamente, Aoshi se metió en el auto para conducir nuevamente bajo condiciones extremas, carreteras desniveladas, puentes mecano y muchos desvíos, además del racionamiento de combustible. Atrás, Kaoru y Kenshin miraban al bebé.
-No podemos llamarlo "bebé" siempre.- dijo Kenshin.- Deberíamos pensar en un nombre para él.-
-Antes de que Kaoru diga algo… - dijo Aoshi atento a la calle.- … No le pueden poner Tenshi porque así se llama mi hijo mayor. Así que vayan pensando en otra cosa.-
-Bueno…- dijo Kenshin.- "Tenshi" significa literalmente "Enviado del Cielo"-
-Pero el bebé es todo eso.- dijo Kaoru.- Nos cayó del cielo. Es como un ángel…-
-Pues les prohíbo ponerle Tenshi o Ten… sean originales y búsquenle un nombre acorde. No sé… como Moisés, "salvado de las aguas"-
La idea les pareció buena, pero el bebé no tenía cara de Moisés.
-Cuando lleguen a casa podrían elegir los kanjis que compondrán su nombre. Así lo hicimos con Misao para nombrar a nuestros hijos.-
-Pues ya lo decidí.- dijo Kaoru alzando al bebé, con mucha convicción.- No me importa que después me lo quiten, no me importa no ser su madre biológica. Tú, bebé, eres mi primer hijo, por eso te llamaré Taro. Si algún día regresas con tu familia, quiero que sepas que una mujer te amó tanto que te dio ese nombre porque te consideró parte de ella.
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Misao acababa de cerrar una caja llena de ropa de sus hijos en buen estado. La donaría junto a otra caja con ropa suya y de Aoshi, de modo que la pudieran tener las personas que lo habían perdido todo con el terremoto, tuvieran con qué abrigarse. Incluyó algunos abrigos que compró por ahí.
En eso, apareció Aoshi, cansado y ojeroso por la puerta de la habitación. Misao saltó para recibirlo entre sus brazos cuando se inclinó para besarla hasta el cansancio.
Había visto tanta tragedia que tenía una necesidad tremenda de abrazarla, sentirla, amarla y besarla para siempre. Había llevado a un joven hasta Tokio, que había perdido a su madre, padre y hermanos. Iba a ver si uno tío lo recibía en casa. Iba con lo puesto a verlo.
Tras unos minutos, corrió piso abajo para ver a Kenshin y Kaoru. No se esperaba lo de Taro, pero de inmediato lo tomó en brazos y le dio la bienvenida oficial a la familia, presentándoselo a sus hijos. Kenshin sonrió preocupado al verlas tan felices con el lactante. Si aparecía su familia, se lo quitarían a Kaoru y ningún argumento que ella diera les iba a bastar. Si Taro se iba, sólo Dios sabía cómo haría él para levantar a su esposa.
Los meses que siguieron no fueron fáciles para la pareja. Taro realmente era muy pequeño y Kaoru pasó muchos desvelos cuidando de su salud. Le consiguió una nodriza para que lo amamantara y poco a poco decoró su habitación para otorgarle un lugar propio, pero se ponía nerviosa cuando llamaba un número desconocido a casa, o pasaba una patrulla por el barrio. Tenía un miedo horrible a que le quitaran a su hijo. Lo abrazaba por las noches antes de dejarlo en su cunita y hacía planes con él sobre la escuela y esas cosas.
El terremoto trajo consigo muchos problemas para el país. Entre otros, problemas con los alimentos y las aguas que fueron contaminados en torno a Fukushima. Durante meses continuó la búsqueda de desaparecidos y miles de personas tuvieron que empezar de nuevo, desde cero. La parte del país que permaneció de pie trabajó afanosamente para sacar a la mitad que estaba en ruinas, y no fue fácil. No es fácil reponerse a la tragedia del siglo. Al sismo magnitud 9, al arrasador tsunami. Muchas personas no volvieron a ver a sus seres queridos, ni recuperaron sus cuerpos para poder darle un funeral digno. Muchas volvieron a las costas para honrar a sus parientes cerrando los ojos y pensando en ellos.
La economía se vio fuertemente afectada. Los precios de los alimentos se elevaron al tener que importar hasta el agua para beber y el gobierno se vio en problemas porque tenía que reparar carreteras, construir primero viviendas de emergencia y luego definitivas para su gente, levantar puentes, despejar y limpiar calles, juntar a personas, reubicar a los huérfanos y apoyar a quienes perdieron todo y querían trabajar en algo.
Pero no se detuvieron. Las consecuencias del mega terremoto se sintieron por años, pero la gente poco a poco se levantó. No hay otra opción cuando las ganas de vivir son más fuertes y cuando se quiere tanto a la tierra, que no se puede pensar en salir de allí. La personas rehicieron sus vidas dentro de sus posibilidades y muchos descubrieron traumas con el tiempo con los que tuvieron que vivir. Kenshin y Kaoru tampoco estuvieron ajenos a estas cosas. Muchas veces el pelirrojo soñó con las personas tiradas en la playa, con los labios morados, la carne hinchada y la boca y fosas nasales llenos de arena de mar. Con los ojos abiertos y la mueca de espanto, de no poder creerse que el mar les había saltado encima.
Se despertaba desesperado, entonces Kaoru lo tranquilizaba con palabras dulces y lo atraía sobre su pecho para seguir durmiendo. Otras veces eran las caras de sus agresores los que lo atormentaban. Kaoru sólo podía abrazarlo y prometerle que ella siempre lo cuidaría, que también era su deber hacerlo. Kenshin era un hombre fuerte, porque luchó contra todas secuelas que puede dejar un abuso sexual sobre una persona y respetó y amó a Kaoru de una manera sana, como se lo había prometido.
Un día Kenshin despertó sobresaltado en medio de la noche y no la encontró a su lado. Fue a buscarla al cuarto de Taro, que ya contaba con cinco años. A su lado, Amaya, su hermanita de tres dormía plácidamente y ahora Kaoru le contaba un cuento al pequeño que contaba con un impresionante par de ojos azules.
-Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Ahora dormirás bien y no habrá más sueños malos, ¿está bien?-
-Si, mamá.-
Kaoru le dio un beso y al dirigirse a la puerta se encontró con su esposo, que la miraba soñoliento, pero con admiración.
-Lamento haberte despertado, no era mi intención, Kenshin.
-No importa. Tú siempre nos cuidas a todos.- le dijo al volver a la cama.
La abrazó con ternura y le dio de besos.
-Los ojos de Taro me recuerdan a alguien.- dijo Kaoru.
-¿Si?… pues son iguales a los de Aoshi.- dijo Kenshin con sencillez.- Es poco común ver eso en nuestra raza, quizá uno de los padres de Taro sean extranjeros.
Finalmente, después de varios meses, la policía dio con la familia del pequeño. Habían muerto todos en el tsunami y al iniciarse su reubicación, Kenshin y Kaoru ganaron su custodia y finalmente lo adoptaron. Poco después, Kaoru dio a luz una niña, que tenía los cabellos rojos de su padre, pero el carácter era calcadito al de su mamá.
Por eso Kenshin adoraba a la pequeña. Kaoru en cambio, sentía una gran afinidad con Taro, de modo que los cuatro estaban muy bien, viviendo felices en su casa de Kyoto. Ni Taro ni Kenshin soportaban mucho estar cerca de la playa. Uno se ponía a llorar y el otro revivía imágenes de las que prefería no acordarse, asi que al cabo de tres años dejaron Aioi. De todos modos, Misao, Aoshi, Tenshi y Soujiro eran los más felices con esto. Ni hablar del señor Ueda que de inmediato les regaló una casa.
Aburatsubo acabó limpiando todos los baños de las empresas de Ueda. Makoto la pasó mejor, al convertirse en el chofer de Ueda, que siendo daltónico no podía conducir. Nunca lo perdonó Kenshin ni se hicieron amigos, y Makoto lo entendía, porque era imposible para el pelirrojo tal cosa, de modo que Makoto siempre estaba dispuesto a ayudarlo de la manera que sea, para expiar su culpa de alguna manera. Ueda lo observaba hacer en secreto y le daba con el tiempo más responsabilidades, porque sabía que en el fondo podía llegar a ser una persona leal. Sobre Sachiko, ella murió sola en su cuarto, cuando cayó mal, se rompió la cadera y no pudo volver a levantarse. Para su desgracia, fue en la semana que a su suegra se le ocurrió ir a visitar a uno de sus hijos junto a su cuidadora, de modo que no tuvo ayuda y durante los días que siguieron, mientras pedía ayuda a gritos y su voz se apagaba, tuvo mucho tiempo para pensar en Misao y Kenshin. Primero los odió, echándoles la culpa de su situación. Después recordó sus primeros años como infantes. No alcanzó a arrepentirse cuando la sed y el hambre la mataron, pero por lo menos llegó a la conclusión de que estaba en esa situación por su propia culpa.
Yuji Ueda se tomó mal la noticia. Pero no todo fue tan malo. Al año siguiente hizo amistad con la señora de Shinomori, la madre de Aoshi, que finalmente se convirtió en su segunda esposa. Y todos quedaron muy felices.
Un día llegó la época de los cerezos en flor. Toda la familia se reunió para celebrarlo en grande, en uno de los lindos parques de la ciudad.
Taro sonrió cuando Aoshi se inclinó sobre él.
-Yo te conozco, niño. Eres igual a alguien que conozco.-
Taro sonrió, mostrando que ya se le había caído el primer diente. El tío Aoshi le caía muy bien porque siempre le decía lo mismo.
-¿También me conoces a mi?- preguntó Amaya inocente. Ella no tenía cómo saber que Aoshi reconocería los ojos de su hermano en cualquier lugar. Pero que entendía que en esta vida nueva, de nuevas oportunidades, sólo había que dejarlo ser y ver hacia dónde encaminaba sus pasos.
-Claro que te conozco, pequeña. Eres mi sobrina preferida.-
Amaya corrió a jugar con su primo Souji, que era muy grande. Tenshi, de dieciocho años, traía a su novia con él. De alguna manera todos se sentaron a comer delicias.
Al terminar, Misao guardó todo. Kaoru suspiró y se apoyó en su esposo.
-Hemos crecido, Kenshin, y tenemos una familia. Nunca creí que las cosas fueran así, cuando nos conocimos. Fue hace mucho tiempo, pero parece que fuera ayer.
Misao, que la escuchó, sonrió.
-Hemos vivido muchas cosas juntos. Me alegro de que aún en estos días nuestra familia siga unida. Con Kenshin siempre soñamos con tener una familia grande, estable. ¿Cierto hermano?-
-Yo sólo soñaba con un amor que fuera sólo para mí, pero ahora tengo tres… ¡no puedo creerlo!.- dijo sonriendo mientras Amaya y Taro lo abrazaban y le llenaban el rostro de besos.
Kaoru no soñó nada en especial. Sólo el regreso de su amigo de infancia para verlo al menos una vez. Ahora lo tenía a su lado, sano, contento, feliz. Ella también lo estaba. Ambos se cuidaban mutuamente y su relación se basaba en el respeto y la admiración secreta que sentían el uno por el otro.
Kenshin la rodeó con su brazo y la atrajo hacia él.
-Tenshi tenía razón. Mi esposa tiene un corazón capaz de hacer milagros.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
El primer día de clases de Amaya fue algo traumatizante y se aferró a las piernas de su mamá. Kaoru la miró con ternura y un nudo en la garganta, pero Taro le tomó una mano.
-Vamos, hermanita. Yo cuidaré de ti.-
Los dos pequeños se encaminaron a sus salas de clases y Kaoru, con un nudo en el corazón, se encaminó a casa.
Atravesó el jardín pensando que después de todo esas cosas era normales. Los niños crecían y debían ser independientes e ir a la escuela. Al abrir la puerta, se encontró con Kenshin que la esperaba y le cayó encima. Ella gritó de la sorpresa.
-Te hacía en el trabajo.-
El pelirrojo pronto descubrió pequeños brillantes en torno a sus ojos. Los limpió con cuidado.
-¿Y no estar aquí para ti? ¿Le costó mucho a Amaya entrar?-
Kaoru sonrió, un poco avergonzada de sus lágrimas.
-No… Taro la ayudó. Se quieren mucho.-
-¿Y entonces? ¿Por qué estás asi?-
-Porque yo hice lo mismo con mi hermana Sayo, muchos años atrás, en su primer día de clases.-
Kenshin la abrazó, la besó e impunemente la guió al dormitorio.
-Yo digo que de todos modos, uno siempre tiene que ver el lado bueno de la situación. Los niños no están y nosotros podemos dedicarnos a nuestros asuntos.-
La mujer lo miró boquiabierta mientras él le desabotonaba el abrigo.
-Pero Kenshin… -
-Pero Kenshin nada.- dijo el pelirrojo, acallando cualquier protesta con un beso, y perdiendo el equilibrio adrede para caer sobre la cama. Riendo, se dieron cuenta de que a pesar de las penas que pudieran sentir, o los malos ratos, tenían todo para ser felices. Se amaron tranquilamente sin temer que entrara un chico al cuarto. Se prometieron miles de cosas aunque la mayoría de ellas ya estaba cumplida. Sin saberlo, ese día estaban concibiendo a Nobuhiro, su tercer hijo.
Mientras tanto, en la escuela, la maestra preguntó a los niños qué era lo que los hacía felices. Un chocolate, un osito, un paseo fueron algunas respuestas. Cuando llegó el turno de Taro, este se paró y respondió muy seguro.
-Ver la sonrisa de mis padres.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Fin acto dieciséis
Fin Kenshin, un chico en dificultades
Marzo 25, 2011
Notas de autora.
Hola!
Les agradezco mucho mucho sus reviews, como siempre, y paso a contestarlos aquí antes de seguir con más explicaciones.
Hope Li: Muchas gracias por tus palabras, ya sabes que a veces los que escribimos nos nutrimos un poco del reconocimiento. Como dices, el tiempo pasa y cambiamos. Yo dentro de poco cumplo 30 años y los temas de mis fics, el modo y otras cosas han cambiado también en ellos. Espero que las próximas actualizaciones sigan siendo de tu agrado. Un abrazo.
Mirialia Paolini: La idea del terremoto y tsunami se me ocurrió cuando lo sufrimos acá, pensando que estadísticamente era probable que hubiera uno en Japón para Kenshin y Kaoru, pero no me atreví a escribirlo en su momento por temor a tentar la mala suerte. Bueno, sucedió y quise tocar el tema. Ojalá este final haya estado a la altura de lo que esperabas.
Sands: Dicen que los japoneses son muy organizados, respetuosos del prójimo y capaces de hacer sacrificios individuales por el bien común, como los kamikazes de Fukushima. En ese sentido, no sería de extrañar que sorprendieran al mundo como siempre lo hacen, con una pronta recuperación, dentro de las posibilidades, claro está. Sobre lo de hacer otra historia con Tenshi crecido (Taro), por ahora sería un poco complicado por tiempo y porque quiero terminar uno o dos fics más dentro de este año. Pero queda abierta la idea si no de un fic completo, al menos si de un one-shot.
Lauri-chan: Lo de los terremotos es terrorífico, y yo no quisiera volver a vivir otro en mi vida, aunque es muy probable que me queden dos o tres más (Llevo dos muy grandes en el cuerpo) Como ves, el final creo que se ha dado de la mejor forma posible. Un besito y nos leemos.
Gata de la Luna: Como dices, poner lo del terremoto fue con mucho respeto y dolor de guata también. Más que morbo, la idea era poner a Kenshin y Kaoru en esa situación. Ella quería salvar al bebé y él salvar el pellejo. Con Kaoru haciendo algo por salvar a otro nos damos cuenta de que ella ha vuelto a ser un poco, la de antes. El bebé si era Tenshi, pero como reencarnación, no recordará nada, lo que no importa, porque amará a sus padres y tendrá una vida buena con ellos, cerca de las personas que siempre amó.
Las dudas, creo y estoy convencida de que son muy válidas tenerlas. Las mujeres sobretodo nos ahogamos a veces en un vaso de agua hasta que lo contamos a otra persona y nos damos cuenta de que ¡no era tan terrible! En este caso, a Kaoru le bastó poner distancia entre ella y el pelirrojo, pasar una situación de peligro, verlo inesperadamente y darse cuenta de que la emoción que él le causaba no lo hacía cualquier persona. Que era el hombre que siempre esperó… Dicen los solteros que los matrimonios no tienen sorpresas, pero un día cualquiera te das cuenta de que la sonrisa de tu marido aún te da vueltas la cabeza y que tranquilamente puedes ponerte bajo su brazo y quedarte ahí el tiempo que gustes.
Besos, nos leemos pronto.
Okanami Jose: Hola, amigo. Tanto, tanto tiempo. Me alegro de tus progresos en la vida.
Es difícil poner atención en un terremoto, porque cuando pasas el grado 7, el ojo humano ve muy poco si el espacio es reducido como el interior de una casa, todo se mueve rápido, pareciera que se te nubla la vista.
Tienes razón, quizá con uno o dos días más de revisión el capítulo hubiera quedado súper guau, pero ya sabes, escribo cuando tengo tiempo y por estos días tengo compromisos. Por otro lado, en mi país tenemos la cordillera de la costa, asi que normalmente en varias partes te encuentras con ascensos y cerros a dos o tres cuadras del mar. Creí que sería lo mismo en Japón y de ahí mi idea de la casita en el cerro de Kenshin (Pensé en un lugar como el puerto de San Antonio, o como La Boca.). Cuando dicen en la tele que allá la costa era más o menos pareja y que por eso entró tanto el mar, decidí documentarme y me costó encontrar un lugar en los mapas que revisé, incluso se me ocurrió retractarme y decir que vivían cerca de un lago que me apareció en la región de Kyoto.
Tampoco estoy segura de que los cerezos se den a la orilla del mar. Acá solo he visto especies de pinos, pero bueno, soñar es gratis.
Querido Onashiru, espero que estés muy bien. Ya sabes, pronto nos leemos.
Gabyhiatt: Ya te estaba extrañando, que bueno que aparecieras. Creo que tus dudas han sido aclaradas en este episodio. Un beso.
Pauli: Por suerte los sismos se detuvieron, aunque nunca sabemos qué podrá pasar. Yo tengo algunas linternas a dínamo por toda la casa, botellas de agua en el refri, duermo con pijama… todos los platos viven cerca del suelo en un mueble y anclé a full un cajoncito en el baño para que no me caiga en la cabeza. ¿Paranoia? Siiiii… el 27/F me pilló indefensa y con tal movimiento que no pudimos salir de la cama. (Un camión de mi marido saltó hacia atrás y destruyó nuestra reja al chocarla) y eso que en Santiago no fue taaaaaaaan terrible.
Bueno, también le tengo miedo al mar, como tú. Y amo Santiago porque con sus cerritos y todo el agua no llegará… espero.
Sobre Prisionera… hum… hem… ejem… Algún día será terminada. Claro que para hacer algo digno con ella tengo que releerla entera para recordar de qué iba exactamente la cosa. Puede que la próxima semana haya sorpresas.
En el matrimonio, como bien dices, no todo es miel sobre hojuelas y en realidad, lo de Kaoru es un problema menor. Hay que ponerse de acuerdo sobre el manejo del dinero, ver si sobra, si falta. El dinero es un gran tema que no he tocado porque me gusta más el romance. En un buen matrimonio, tendrás a quien te cuide, te mime y a veces te regañe y a veces te busque la pelea. Como sea, la idea es saber que tienes un hombro para apoyarte y que el mundo se puede desmoronar, que, como en mi caso, puedes perder un bebé y será esa persona la única que no te juzgue, te deje llorar a tus anchas y te obligue a comer si no quieres. Puedes decirle a todos que ya estás bien pero solo a él no podrás engañar. La vida puede parece monótona, pero de pronto, te das cuenta de que súperman vive contigo.
Si encuentras un hombre así… ráptalo y le das poción del amor hasta que te lo puedas quedar.
Querida, un beso y nos leemos pronto… en Prisionera.
Setsuna 17: Espero que te haya gustado este fin de fanfic. Gracias por escribirme.
Prettypoison483: Hola, los hijos propios de la pareja estaban contemplados desde el principio, pero antes Kaoru debía recuperar algo de lo que ella como persona había perdido, y eso lo hizo con Taro (Tenshi), de todos modos, gracias por la observación.
Para el resto de la clase, investigando un poco, encontré que uno de los significados de "Taro" es precisamente "hijo primero". Se me ocurrió ponerle Takeshi o Kazuo, pero Taro era tan simple, que me pareció más idóneo. Tenshi, ya saben, el nombre estaba ocupado por el hijo de Aoshi, me pareció majadero repetirlo de nuevo en el fic.
Y bueno, llegamos al final, muchas gracias por haber llegado hasta aquí, les dejo un beso gigante a cada una y uno y nos leemos en la próxima actualización que ya no será en esta historia. Pero les puedo prometer que la próxima, será uno de esos fics inconclusos que quedaron por ahí.
Abrazos, y suerte.
Blankiss.
