02-Lluvia
Crews ya se había dado cuenta de que ese día Reese estaba de mal humor.
De echo supo que lo estaría incluso antes de poner un pie en la oficina esa mañana.
Por alguna razón Reese siempre se pone de mal humor cuando llueve.
Y para colmo, el jefe los mandó a patrullar cosa que puso a Reese de mas mal humor todavía.
–No me creo que no haya ni un puñetero cadáver en Los Angeles –murmuró cabreada constatando que su tercer café se había terminado.
–Supongo que en nuestra zona no han encontrado ninguno–le respondió su compañero concentrado en pelar una manzana.
Reese emitió un gruñido y miró hacia fuera, donde seguía diluviando. No parecía que fuese a parar de llover. Al menos no en un futuro inmediato.
–¿Porque no te gusta la lluvia?–le preguntó de repente el pelirrojo sin mirarla aun concentrado en su dichosa manzana.
Ella tardó unos segundos en asimilar la pregunta.
–A mi la lluvia me da igual–respondió secamente.
–Si te diera igual estarías indiferente. Pero tu estas de mal humor.
Reese no respondió, tan solo se limitó a mirar por la ventanilla de nuevo.
Crews se encogió de hombros. Llevaba el tiempo suficiente trabajando con ella como para saber que a Reese no le gusta que le insistan. Así que en vez de insistir, se terminó su manzana.
–Pues ¿sabes?–le dijo a la silenciosa chica- A mi si me gusta la lluvia. Es relajante.
Dicho esto salió del coche y se alejó unos metros caminando sobre la hierba mojada del parque. Cerró los ojos y levantó la cara dejando que el chaparrón le cayese encima, sintiendo cada gota caer sobre su rostro casi como una caricia.
Reese lo miró perpleja y suspiró.
"A estas alturas ya no se de que me sorprendo" pensó.
Miró a su compañero con cierto cariño recordando que estaba en esa misma posición cuando lo vio por primera vez.
Crews notó la presencia de Reese a su lado bajo la lluvia y la miró sorprendido.
Sus miradas se cruzaron un instante antes de que ella cerrase los ojos e imitase la postura que el tenia antes.
Ninguno de los dos dijo nada.
Se limitaron a estar allí quietos notando la lluvia caer y atentos, sin demostrarlo, a la presencia del otro a su lado.
Y durante unos minutos solo existieron ellos dos.
Bueno, ellos dos y la lluvia.
