"Owen te lo vuelvo a repetir, estoy bien, no hace falta que me hagas pruebas un día si y otro también." El Doctor miró a Rose buscando el apoyo de esta, pero ella no dijo nada. Ya lo había pasado mal al principio del embarazado como para no tomar todas las precauciones necesarias ahora. "Vamos Rose, díselo tu. Estoy bien."

"Si lo estás, pero puede que un día no lo estés. Quiero estar segura de que todo está saliendo bien y que no me vas a dar más sustos." Rose se sentó al lado del Doctor y él rodeó el cuerpo de la chica con su brazo. Rose apoyó la cabeza sobre su hombro a sonrió.

"Te quedarás más tranquila si sigo las instrucciones del doctor Harper ¿verdad?" Rose asintió en silencio, sin separarse un centímetro del Doctor. Le gustaba estar cerca de él, todo lo posible y saber que todo iba bien.

Había sido extraño al principio, ni para ella ni mucho menos para él fue fácil acostumbrarse a su nueva situación. El embarazado estaba siendo duro y pesado. El cuerpo del Doctor iba a acostumbrándose a una situación para la que no había estado preparado en sus novecientos años de edad y Rose observaba lo que le ocurría, con preocupación y cierta curiosidad también.

Ahora que habían pasado casi dos meses, parecía que las cosas se iban normalizando, dentro de la singular situación. Por lo pronto, el Doctor se estaba acostumbrando bien a vivir en un mismo sitio. Lo cierto era que la base de Torchwood no le disgustaba mucho, allí tenía tantos aparatos que investigar, tantas muestras de tecnología de otros planetas, que apenas se aburría un segundo, hasta que el capitán o Rose le decían que era hora de descansar.

Rose por su parte, se lo pasaba bien, había visitado a su madre en un par de ocasiones, aunque todavía no le había dicho el motivo de que la TARDIS estuviera repostando tanto tiempo en la Tierra, estaba segura que Jackie no estaba preparada para comprenderlo.

"Tal vez cuando nazca el niño podamos decirle lo que ha pasado." Le dijo el Doctor durante una comida.

"¿Y que le vamos a decir que tu eres "mamá", que Jack es "papá" y que yo soy la "tita" Rose, estamos hablando de mi madre, que después de veinte años de la muerte de mi padrer sigue enamorada de él, no creo que pueda llegar a comprenderlo."

"Infravaloras a los seres humanos Rose." Le dijo Jack que apareció en la mesa con dos tazas de café, una para él y otra para Ianto. "Con los años que llevo por aquí, he terminado por darme cuenta que los humanos sois mucho más fuertes de lo que queréis dejar ver y aunque no conozco personalmente a tu madre, si le dices que, al fin y al cabo, tu vas a ser la madre de ese niño, estoy seguro que lo aceptara como su abuela natural. Aunque no niego que le pueda costar algo más que una noticia normal de ese tipo."

El capitán se sentó junto a Ianto y tras poner la taza en sus manos le hizo una caricia en la mejilla. Rose, el Doctor y el resto de miembros de Torchwood los miraron en silencio. Parecía difícil de creer que aquellos fueran los verdaderos Jack Harkness y Ianto Jones.

Dos meses antes las únicas expresiones públicas de cariño y verdadero amor eran algún beso robado por parte de Jack antes de irse de caza y alguna palabra bonita hacia Ianto. Ahora que había pasado ya bastante tiempo desde que el Doctor había poseído el cuerpo de Ianto, no había quien los separara, parecían una misma persona, cazaban juntos, dormía todos los días juntos y para sorpresa de todos, Jack había dejado de vivir en la base y se había trasladado al apartamento de Ianto.

Las cosas habían cambiado mucho por ahí, pero si había algo que realmente marcaba la diferencia en Torchwood, era el estado del Doctor. Jamás había habido una sola mujer embarazada trabajando en Torchwood, aunque nadie dudaba que Gwen no tardaría mucho en darles alguna noticia en lo que a ella y Rysh respectaba.

Ahora sin embargo, las nauseas matutinas, la necesidad de descansar a media tarde y ciertos antojos que casi nadie lograba comprender, eran el día a día en la vida del Doctor y por descontado de Rose también.

"Dijiste que no te gustaban las nueces." Le dijo Rose cuando aquella misma noche alrededor de las tres de la madrugada el Doctor le dijo que quería comerlas.

"Pero ahora me muero por unas nueces, ¿Crees que Jack tendrá por aquí algunas nueces? Ni siquiera he visto si tienen una cocina o algo parecido, a lo mejor no tienen nada de comer y lo piden todo por encargo."

Rose hizo un ruido de molestia, por lo que el Doctor dejó de hablar. "Lo siento, no pretendía…" El Doctor se acercó a ella y le besó en la frente. Rose cerró los ojos, no recordaba la última vez que el Doctor le había besado. Se acurrucó contra él. "Lo siento no te mereces que me comporte así contigo."

"Ya lo se, soy un pesado. Pero no lo puedo evitar, es como si ahora que estoy esperando un hijo, no pudiera dejar de pedir cosas. ¿Y plátano, crees que Jack tendrá plátanos por algún lado?"

Rose se incorporó y se recostó sobre el Doctor y le cerró la boca con un beso, pues era la única forma de mantenerlo callado durante un buen rato. Apretó sus labios contra los de él y sintió sus manos rodeando su pequeña cintura. La apretó contra su cuerpo, tanto, que de repente se quejó y ella se separó rápidamente.

"¿Qué pasa?"

Al menos la sonrisa en el rostro del Doctor le hizo sentirse mejor. "Nos hemos dejado llevar demasiado y hemos apretado al bebé." Rose se ruborizó en silencio, aunque intentó ocultarse tras la oscuridad del dormitorio. "Siempre podemos hacer otras cosas, ya sabes, menos peligrosas para el bebé." Rose se tumbó en la cama sonriendo coquetamente, palpó el pecho del Doctor y le quitó la parte de arriba del pijama.

"Ahora que lo dices se me ocurren un par de posibilidades que podríamos probar." El Doctor fue quien la besó en esa ocasión y se inclinó sobre el cuerpo de Rose asegurándose no aplastarla y no aplastar al bebé. La risa de ella inundó el cuerpo y seguida por la de él, compuso una armonía de sonidos que hacía días que no disfrutaban ninguno de los dos.

- o -

Ianto se despertó de golpe. Desde que el Doctor había dejado su cuerpo, tenía sueños muy reales, aunque no estaba seguro lo que eran. Tal vez visiones de su futuro, el pasado del Doctor o simplemente eso, sueños y nada más.

Jack como siempre no estaba durmiendo y lo contemplaba en silencio, de medio lado en al cama, apoyado sobre su brazo. "¿Qué has visto esta vez?" Enredó sus dedos entre el pelo de Ianto mientras esperaba la respuesta.

"No lo se, nunca es algo claro, no son imágenes más bien se trata de sensaciones, a veces son voces y en ocasiones hay nombres que aparecen en mi mente. ¿Te dice algo Joy?"

"No que yo recuerde ¿Por qué?" Sin él mismo darse cuenta, Ianto sonrió ampliamente, con la mirada clavada en el techo, sus ojos azules parecían estar viendo algo que le parecía maravilloso. "¿Ianto, Ianto, sigues aquí conmigo?"

"Lo siento, ha vuelto a pasar. En cuanto he dicho ese nombres es como si supiera quien es ella y me siento feliz al pensarlo, orgulloso y noto que un tremendo calor crece en mi interior. Dios Jack, creo que me estoy volviendo loco."

El capitán abrazó a Ianto con fuerza y le besó en la cabeza. Su compañero estaba temblando, estaba tremendamente asustado y no era para menos. Hacía días, casi dos meses ya que tenía aquellas extrañas sensaciones. No les habían dicho nada a los demás, pues preferían mantener aquello en secreto hasta que supieran de lo que se trataba.

"¿Estás mejor?" Ianto asintió sin separarse de Jack.

No sabía lo que era, ni lo que hacía el capitán, pero cuando estaba con él, cuando lo tenía cerca y sobretodo cuando le tocaba, volvía ser el mismo con normalidad, su cabeza se despejaba y su corazón dejaba de latir con fuerza, aunque un instante volvía hacerlo, pero ahora sabía porque era, pues Jack estaba con él y eso le enloquecía.

"Pero ese nombre, Joy, es como si la conociera y se que tu también la conoces… o tal vez todavía no la conocemos. Ahg, necesito hablar con el Doctor, tal vez él sepa porque me está ocurriendo esto.

"Muy bien pero ahora tienes que dormir e intentar hacerlo sin tener uno de estos sueños, porque sobretodo necesitas descansar." Jack se quedó tumbado junto a él y no parecía tener mucha intención de levantarse en toda la noche."

"Jack, no hace falta que hagas todo esto por mi."

"¿Qué quieres decir? Tan sólo trato de ayudarte." Le abrazó con más fuerza, como si así quisiera demostrárselo."

"Lo se y me encanta como me tratas, como me cuidas y como te preocupas por mi, pero sigo siendo el mismo Jack." El capitán acarició la mejilla de Ianto en silencio y sonrió.

"¿Tanto se me nota?"

"Sólo cuando no te separas de mi en todo el día."

"Lo siento, pero después de lo que paso, por primera vez me pregunté lo que sentiría yo si estuviera a punto de perderte. Veía a Rose tan destrozada mientras veía al Doctor apagarse, que me di cuenta que no podía pasar por lo mismo. Supongo que me volví excesivamente protector."

"¿No lo dirás por haber sedado a aquel Weevil que yo ya tenía esposado con la excusa de que me estaba amenazando con la mirada?" El tono sarcástico de Ianto hizo reír a Jack, aunque también miró a su compañero con una mirada molesta fingida.

"Muy gracioso… Yo sólo quiero estar seguro que estás seguro en todo momento."

"Entonces nunca lo estarás, porque pueden ocurrir mil cosas y sobretodo contando con el trabajo que tenemos. ¿Qué pasará cuando tengas que elegir entre salvar al mundo o salvarme a mi?"

"No digas eso."

"No es imposible."

"No digas eso." Repitió el capitán más alto.

"Jack no seas crío." Era la primera vez que Ianto le decía algo así, por lo que el capitán se quedó cortado. "Lo siento no quise decir eso." Sin dejarle seguir hablando, Jack se abalanzó sobre Ianto y lo sujetó de ambos brazos sobre su cabeza en la cama. "Jack…"

"Cállate, no quiero pensar lo que haría si el mundo estuviera en peligro y tu vida estuviera en el otro plato de la balanza. Ya he tenido bastante sufrimiento en mi vida, ahora quiero disfrutar un poco."

"Joy." Susurró Ianto de nuevo. "Ella se acerca." El capitán lo contempló en silencio para no romper el momento y ver si así conseguían sacar algo más en claro. "Está cerca y necesita de nuestra ayuda." Ianto exhaló aire con fuerza y miró al capitán.

"Bienvenido."

"No se…" El beso que le cerró la boca le hizo suspirar, el cuerpo de Jack sobre el suyo le hizo arquear la espalda y las manos del capitán recorriendo su cuerpo le hicieron olvidar todos aquellos pensamientos.

Se sentía bien arropado entre los brazos de Jack, devorado por sus labios y agitado por las emociones que le provocaba, pero si había algo que tenía muy claro desde hacía tiempo era que Joy iba a cambiar sus vidas para siempre