"Buenos días. ¿Cómo están mis chicos?" La voz suave de Jack despertó a Ianto y las manos del capitán sobre su vienbre le hicieron sonreír. "Espero que no te haya impedido dormir la niña ahora que está dando sus primeras patadas." Ianto abrió los ojos al sentir los labios de Jack sobre los suyos besándole.

"No te preocupes, por el momento no se parece demasiado a su padre, duerme toda la noche de un tirón y me deja descansar al menos ocho horas seguidas."

Sin contestar, Jack se acercó al vientre de su compañero y apoyó el oído. No podía escuchar nada, pero en su cabeza estaba oyendo los latidos del corazón de su hija. Desde que había conocido la noticia de que iba a ser el padre del bebé de Ianto, la alegría le inundó por completo. Antes, la paternidad, era algo que no había tenido la oportunidad de disfrutar al tener a su primera hija, ahora se veía involucrado en todo el proceso de sus dos hijos.

Ianto enredó los dedos entre su pelo y le acarició, cerró los ojos y suspiró con fuerza, pues pese a lo que había oído sobre las complicaciones que podía tener un embarazo; se sentía perfectamente. Algo cansado si, era cierto y tenía que sentarse cada poco rato, la cuestión de ir al baño era algo que le sacaba de quicio, pero todos inconvenientes en los que pudiera pensar, desaparecían al notar alguno de los movimientos de su hija en su interior.

Sin embargo, había un inconveniente que si que lo tenía bastante molesto. La ropa que no le valía, conforme habían pasado los primeros meses de gestación, la ropa que antes le quedaba perfectamente, ahora apenas le entraba y los zapatos, muchas veces le destrozaban los pies hinchados.

"Tengo un regalo para ti." Ianto se incorporó al escuchar de nuevo al escuchar la voz de Jack. Al hacerlo vio que el capitán tenía una bolsa en la mano que le entregó. "Digamos que es ropa prepapá." Ianto sacó la camisa de color pastel y se dio cuenta que era una talla más grande de la que él usaba y después descubrió un pantalón negro, también un poco más grande de los que él llevaba. "Toma, me han dicho que están especialmente preparados para pies sensibles y propensos a hincharse."

Definitivamente, Jack conocía a Ianto mejor que nadie, y aunque el joven agente no se hubiera dado cuenta, el capitán lo observaba continuamente. No solo cuando dormía y de vez en cuando hablaba en sueños, si no todo el tiempo, cuando preparaba el café, cuando se enfadaba por no encontrar algún archivo en el ordenador o cuando sonreía a Jack porque le decía algo al oído. Por mucho que Jack no quisiera demostrarlo, Ianto era casi toda su vida.

Por eso, Ianto se incorporó casi de golpe y se lanzó al cuello de Jack, lo rodeó con ambos brazos y estuvo a punto de dejarlo sin respiración. "No hacía falta todo esto para que te dijera que te quiero. Pero no está mal para demostrarme que sientes lo mismo por mi."

"Tan sólo lo he hecho porque me gusta que lleves ropa adecuada a ti. Ya sabes que me pierde la alta costura." Ianto lo miró a los ojos y los dos sonrieron. Jack no era el mayor experto en expresar sus sentimientos y ya estaba haciendo mucho preocupándose por Ianto y por la niña, durmiendo todas las noches a su lado y preguntándole todos los días a Owen si todo iba bien.

Donde otros verían a alguien demasiado protector, agobiante incluso, Ianto veía a alguien que le quería como nadie, que le decía que estaba enamorado de él cada noche al abrazarlo, que le prometía que estarían toda la vida juntos al besarle en su despacho y que le demostraba su más sincero amor al rozar su mano cuando se bajaban del SUV para empezar alguna cacería.

Posiblemente Jack no diría nunca las palabras exactas, pero sabía como demostrarlo sin ningún problema.

"Voy a ver al Doctor, supongo que ya se habrá levantado y creo que hoy Owen iba a hacerle una revisión." Jack se empezó a levantar, pero se volvió a quedar sentado. "Nunca pensé que ser padre de dos niños al mismo tiempo fuera algo tan duro." Ianto fue a hablar pero Jack no se lo permitió. "Para vosotros puede ser peor, lo se, no ha sido nada considerado." Se acercó a Ianto y le besó. "Creo que el Doctor quiere que le acompañe a comprar no se que para Rose, dice que la tiene muy abandonada últimamente y quiere hacerle un regalo. Nos vemos esta tarde. Y por favor intenta descansar."

"Jack, estoy embarazado, no soy de cristal." Jack mostró su mejor cara de circunstancia. "Vale, descansaré y si esta noche vuelves tarde estaré en la cama desde las nueve."

Satisfecho con lo que acababa de decir su compañero, Jack salió del dormitorio. Ianto lo miró y esperó pacientemente a que Jack estuviera lo suficientemente lejos para no verle y se levantó, no tan rápido como le hubiera gustado, pero lo suficiente, teniendo en cuenta su estado, que le hacía mucho más torpe y lento.

Fue directamente a la mesa de Gwen, donde también estaban Rose y Toshiko hablando. Las tres mujeres se callaron al mismo tiempo cuando llegó Ianto.

"Cuanto secreto, ni que estuvierais preparando una conspiración." Las tres lo miraron, todavía en silencio, si querían parecer poco sospechosas, esa no era la mejor forma de conseguirlo. Se sentó en la mesa y de la forma más discreta posible, intentó averiguar lo que estaban tramando a sus espaldas. "Ah, ya lo pillo, estáis coordinando una misión y Jack os ha pedido que no me entere de nada. ¿Vais a salvar el mundo o vais a evitar una nueva invasión alienígena a la Tierra?"

"Vamos Ianto no te pongas así." Contestó Gwen. "En realidad entiendo a Jack, si fuera Rhys… vale no creo que Rhys y yo vayamos a pasar por nada parecido pero si yo estuviera embarazada, tanto Rhys como el propio Jack, intentarían mantenerle alejada de todo peligro."

"¿Pero no te gustaría poder elegir por ti misma? Rose, el Doctor ha intentado mantenerte fuera del peligro muchas veces ¿Qué has hecho tu? Tosh, ¿te gustaría que cualquiera de nosotros te dijera lo que es o deja de ser peligroso para ti?"

Ninguna de las tres contestó, pues ninguna sabía exactamente que decir ante eso. Gwen suspiró con fuerza y le entregó una carpeta a Ianto. "Se que Jack me matará por esto, pero no quiero te vuelvas un asesino psicópata por estar todo el día aquí encerrado."

"Al menos dos Weevils han sido vistos por la zona del estadium Milenium estos días. Hmm, no parece difícil, vamos los atrapamos y los metemos a las celdas." Las tres chicas lo miraron y Ianto se dio cuenta que las tres estaban pensando exactamente lo mismo. "Jack no tiene por que enterarse, y si lo hace, asumo toda la culpa."

"Vale, pero a la más mínima señal de peligro nos vamos y no dirás nada en contra." Dijo Gwen mientras le ofrecía la mano Ianto para que se la estrechara.

"Palabra de boy scout."

- o -

"¿Cuándo le vas a pedir que se case contigo?" Dijo el Doctor mientras Owen le hacía la ecografía. El joven doctor miró a su jefe, esperando también la respuesta, pues ya se había hecho esa pregunta muchas veces, pero nunca se había atrevido a preguntar a Jack. "Y no me vengas con lo de Rose, porque si te soy sincero había pensando lanzarme cuando termine todo esto del embarazo, no creo que me quede muy bien el traje de novio con un bombo de siete meses."

Jack sonrió y miró el vientre del Doctor. No se podía creer que realmente hubieran pasado siete meses desde que se habían acostado. Cuando lo pensó un día después de que ocurriera, aquello le había parecido una completa locura, una traición por parte de los dos a las personas que querían.

Apenas habían hablado del tema, bien por sentirse mal por haberlo hecho cuando había alguien que les quería o simplemente, porque sabían que era algo que no volvería a ocurrir entre ellos nunca.

Pero ahora que había transcurrido el tiempo, las cosas eran muy distintas, los latidos del bebé en la enorme pantalla, la sonrisa de Jack al ver el cuerpo del niño y la mano del capitán cogiendo la suya con complicidad, lo hacían todo mucho más simple.

"¿Y bien?" Preguntó el doctor mientras Owen, terminaba de hacer las últimas comprobaciones.

"Tengo miedo." Contestó el capitán sin levantar la vista del vientre del Doctor. "Se que tu me entiendes en lo que se refiere a las relaciones personales. ¿Acaso no te da miedo pensar que pasará dentro de unos años cuando Rose muera? Vamos a tener un niño y si no es un Time Lord como tu y obviamente no hereda mi habilidad también le perderemos a él. ¿Has pensado en eso? ¿Cómo voy a pedirle a Ianto que se case conmigo si no me puedo quitar de la cabeza que tendré que verlo morir tarde o temprano?"

"Yo estuve prometido." Dijo Owen, los dos hombres lo miraron. "Estuvimos preparando la boda durante casi un año y al final… Jack ya sabes como terminó y porque estoy aquí. ¿Y sabes una cosa? Si alguien me hubiera dicho que todo iba a terminar así, me hubiera casado antes para pasar como marido y mujer los mejores meses de mi vida. Así que por favor, no seas tonto y dile a Ianto cuanto antes que quieres casarte con él, todos sabemos que te dirá que si."

El Doctor tan sólo asintió. "Bueno, ¿ya puedes decirnos lo que es?" Por mucho que ayudar sentimentalmente a Jack le gustara, saber el sexo de su hijo, le interesaba mucho más en ese momento.

"Ahora si."

"Bueno no nos dejes así."

"Es un niño y por lo que veo, está completamente sano, igual que su padre sólo que a ti te conviene descansar un poco más que a él. Por lo demás no veo ninguna complicación, teniendo en cuenta las circunstancias de este embarazado."

"Un niño, vamos a tener un hijo. No está mal, en cuestión de dos meses voy a tener la pareja." Jack sonrió ampliamente y se sentó junto al Doctor, que ya se estaba poniendo la camisa.

"Sobre eso, Jack quiero hablar contigo." El tono de voz de Owen no le gustó nada al capitán. "Ianto y la niña están bien no te preocupes. Es sólo que bueno, ya sabes que su cuerpo no está preparado para dar a luz y no tengo idea de cómo va a ir reaccionando. Pero hay algo que me preocupa."

"Owen como no hables claro que de una vez te aseguro que vas a estar limpiando los excrementos del pterodón durante los meses que le quedan a Ianto de embarazo." El tono de Jack sonó tan alterado como lo estaba él.

"Antes de nada te diré que no he hablado con él, para no ponerle nervioso."

"Te lo agradezco, pero al que estás poniendo cardíaco es a mi."

El Doctor se quedó sentado junto a Jack, escuchado lo que Owen le estaba contando a su amigo, al fin y al cabo ahora les uní algo mucho más grande que una amistad.

"Ianto necesita reposo absoluto, así que evita que salga en cualquier tipo de misión, nada de cenas en restaurantes hasta la madrugada y en lo que se refiere a vuestras relaciones íntimas…"

"Vale, creo que ya lo he pillado, ningún tipo de estrés y mucho menos ir de cacería. Bueno, supongo que podré contenerlo durante los próximos cuatro meses, hasta que nazca el bebé. Ella está bien ¿verdad?"

"Tan sana como tu capitán Harkness."

"Bien, entonces voy a ver a Ianto y en cinco minutos nos vamos. ¿Por cierto que querías comprarle a Rose?" Le preguntó al Doctor.

"Por eso mismo quiero que vengas conmigo. Lo mío no son los regalos románticos de la Tierra, le podría dar una nanoestrella de la montaña roja o podría llevarla a cualquiera de las bases que los escarabajos acuáticos tendrán dentro de mil años en Venus, pero no se lo que a una chica humana de la tierra del siglo XXI, le gustaría que le regalaran, creo que no conozco tan bien a Rose."

Jack se echó a reír, mientras ayudaba al Doctor, con su abultado tamaño a bajarse de la camilla.

"Las mujeres de la Tierra no son unas criaturas tan complicadas, quieren cariño, que las cuiden, que les digan que les quieran y algún detalla por sorpresa de vez en cuando. No quieren joyas costosas, simplemente algo que les demuestre que son queridas y que no tienes ojos para otra persona."

"Entonces no parece tan difícil."

- o -

Jack y el Doctor regresaron algo más de una hora más tarde. El Doctor, pues estaba contento con lo que había encontrado. "Estoy seguro que le encantará, con lo preocupada que está por no ser la madre del bebé, creo que tu diploma a la mejor mamá del mundo le hará mucha ilusión."

Todo parecía vacío cuando volvieron. El Doctor estaba agotado y sobretodo necesitaba ir al baño, por lo que sin despedirse de Jack se fue directamente a la TARDIS, donde además esperaba encontrar a Rose, pero la chica no estaba allí.

Jack por su parte fue a su despacho, donde le estaban esperando Gwen y Rose. Aquello no le gustó nada y pensó que algo había ocurrido para que las dos estuvieran allí.

"Supongo que no vendréis a darme un regalo por ser el mejor jefe del mundo, así que supondré que ha pasado algo y sabéis como decírmelo. También voy a suponer que el mundo no está acabando porque si no me habríais llamado al teléfono. Así, voy a empezar a preocuparme, porque voy a apostar a que es algo relacionado con Ianto. ¿Estoy en lo cierto o sigo especulando?"

"Jack lo siento, no pensamos que fuera a terminar así y por mucho que Ianto quería llevarse toda la culpa, nosotras teníamos que haberlo evitado." Jack las miró serio, esperando que alguna de sus amigas le dijera lo que había pasado con Ianto.

"Ianto está bien, bueno Owen dice que en un par de días estará como nuevo, pero que por si acaso es mejor que no se levante hasta…"

"Por si no os habéis dado cuenta estáis dando un rodeo demasiado grande y aunque me gustan los preliminares extensos y concienzudos cuando estoy en plena relación sexual, ahora mismo me gustaría que fuerais más concisas."

Gwen y Rose miraron y con la mirada se preguntaron mutuamente quien iba a decírselo. Gwen lo conocía bien sabía como tratarle y aunque estaba convencida de que aquello no le iba a gustar nada y que estaría durante unos días enfadado con ella, cuando estuvieran con Ianto y viera que estaba casi bien, se volvería más receptivo, por eso decidió ser ella la que lo dijera.

"Intentamos disuadirle de venir a la cacería, pero ya sabes como es, no pudimos lograrlo. No le quité el ojo de encima, pero tuvimos que salir del SUV y le dije que se quedara. ¿Quién iba a pensar que los dos Weevils iban a ir a por él al coche? En realidad es como si supieran que estaba allí.

"¿Estás diciendo que Ianto ha ido de cacería con vosotras, que le habéis dejado sólo y que ha sido herido por dos Weevils? Si esto fuera una oficina normal, las dos estaríais despedidas ahora mismo."

Sin decir nada más, Jack salió corriendo del despacho hacia el dormitorio, con el corazón latiéndole a cien por hora y con sus pensamientos puestos en Ianto. Mientras corría tomó una decisión. En los meses que quedaban para que naciera la niña, no iba a dejar a su compañero solo ni un momento, la sola idea de perderlo, le hacía sentir que se moría.