Todo había cambiado en la base en menos de un mes. Ahora había tres bebés, todos hijos del capitán y que apenas le dejaban descansar, pues entre eso y el trabajo habitual de Torchwood, Jack apenas tenía tiempo para nada más.

El Doctor y Rose, ya llevaban allí más de ocho meses, desde que le habían dado la noticia y para alegría de Jack, todavía no le habían dicho nada sobre una posible marcha con la TARDIS.

"Ya sabéis que podéis quedaros el tiempo que queráis." Le dijo al Doctor, al que ahora veía más a menudo que nunca por estar con su otro hijo.

Jamie Tyler era todo un encanto, un niño que había sacado los ojos de Jack y la sonrisa del Doctor. Fue una sorpresa para todos, ver que un bebé a su corta edad ya sonreía, pero era cierto, cada vez que uno de sus padres o Rose se acercaban a él, el niño les saludaba con una encantadora sonrisa y alargaba los bracitos hacia ellos para que lo cogieran. Nadie podía resistirse a él.

El niño se dormía en seguida en brazos de Jack y cuando en alguna ocasión lloraba, el capitán lo cogía en brazo lo acunaba pegado su pecho, mientras tarareaba alguna cancioncilla, que pese a no decirlo nunca, todos estaban convencidos que sería proveniente de su planeta de origen y en pocos minutos, el niño se quedaba profundamente dormido en sus brazos como por arte de magia.

"Gracias por la oferta Jack, pero lo cierto es que todavía no he hablado con Rose sobre lo que vamos a hacer ahora que ha nacido Jamie." El Doctor miró a Rose y Jack se dio cuenta que había algo que no le estaban contando, algo que fallaba, algo que no estaba bien y que por los ojos de ambos no le iba a gustar nada.

"Vais a marcharos pronto y os pensáis llevar a Jamie ¿verdad?" El tono de voz del capitán había cambiado radicalmente, hasta convertirse en uno serio, que encajaba perfectamente con su rostro.

"Jack, no es tan simple."

"No vengas con tonterías Doctor, nunca has pensando en quedarte, ni siquiera por unos días. Por mucho que Jamie sea también hijo mío, tu idea siempre ha sido marcharte en cuanto pudieras."

"Jack por favor no te pongas así." Dijo por fin Rose, tratando de poner paz entre los dos.

El bebé se removió en sus brazos, pero no se despertó. Lo acunó con cuidado y le susurró algo al oído que ni Rose ni el Doctor pudieron escuchar, pero sus palabras calmaron al bebé.

"Entiendo que no te guste quedarte en un sitio fijo, que no seas hombre casero y que quedarte en la tierra te agobie. Pero sinceramente Doctor, estamos hablando de que ahora tienes contigo un bebé, tienes a mi hijo y porque no decirlo también, al hijo de Rose. No puedes vivir todas tus aventuras con un recién nacido, ni con un niño pequeño y lo que más importante todavía, no puedes apartarlo de mi el tiempo que te convenga a ti y verlo cuando ya ha crecido un año más o quien sabe como de mayor estará para entonces, no puedes separarlo de sus hermanas así como así."

Jack le dio a Rose el bebé para que esta lo dejara en la cuna, no quería despertarle si levantaba la voz más de la cuenta.

"Entiendo lo que dices Jack, pero las cosas no son tan fáciles, tengo la TARDIS, es mi casa."

"Lo dices como si esta no fuera también tu casa."

"Claro que lo es Jack, pero…"

"Ya lo has decidido ¿verdad? Por mucho que yo diga ahora, no va a haber forma de que tu cambies de opinión." Jack se sentó en el sofá y pensó en Ianto, en como se había sentido él cuando el capitán se había marchado con el Doctor sin pensárselo dos veces, sin imaginar que pudiera hacer daño a alguien.

Ahora lo comprendía. Ahora sabía por todo lo que había pasado Ianto pensando en lo que podría haberle pasado, en que podría estar muerto, en que podría haberle ayudado. Para él esto era lo mismo, sólo que ahora tenía que contar también con que estaba su hijo y eso era mucho más importante, si cabía, que el eterno amor que sentía por el Doctor.

"Mira no voy a decirte lo que debes hacer y tampoco voy a obligarte a quedarte aquí como si fuéramos una familia feliz y todo eso. Pero… es igual, nos conocemos hace mucho tiempo, se lo que tu quieres hacer y lo que vas a hacer."

Jack se dio la vuelta sin esperar la respuesta del Doctor, después de tantos años Jack sabía que no había de convencerle de algo que no quisiera hacer, por mucho que eso significara alejarlo de su propio hijo. Ya le había abandonado a su suerte una vez, que le iba a impedir hacerlo ahora y separarle un poco de su hijo.

"¿Por qué no se lo has dicho?" Dijo Rose mientras acunaba en sus brazo al bebé.

"No me dio tiempo." El Doctor se había quedado ahí quieto, Jack apenas le había dejado decir nada, a pesar que lo que tenía que decirle seguramente le gustaría.

- o -

Tras lo ocurrido el día anterior, aquel día de trabajo había sido intenso, ahora que Ianto, desde que había dado a luz a las mellizas no estaba en el trabajo y todavía le quedaba al menos un mes por delante, todos tenían que esforzarse un poco más. Nadie conocía como Ianto la base y ahora el resto de sus compañeros se estaban empezando a dar cuenta de la importante labor que llevaba a cabo el joven agente.

Jack estaba agotado, ni cuando tenía que salvar al mundo de una amenaza extraterrestre, podría sentir tan agotado. Realmente, ahora era cuando más se daba cuenta que no podría vivir sin Ianto trabajando con él.

Entró en el dormitorio procurando no hacer ningún ruido, pues Ianto estaba dormido. Era casi media noche y con los analgésicos que le daba Owen para evitar los dolores de después de la operación, el muchacho se pasaba gran parte del día dormido. se descalzo, a pesar de lo frío que estaba siempre el suelo metálico de su dormitorio.

Ya había comenzado a hacer las primeras obras en la base para acondicionarla para su nueva familia. Le resultaba todavía algo extraño, hablar de su nueva familia, cuando hacía escasos diez meses, no se atrevía a pensar en Ianto como alguien más que el hombre con el que se acostaba de vez en cuando y ahora se estaba pensando pedirle matrimonio, aunque no se lo había comentado todavía a nadie. Además, por descontado, ahora tenían a las niñas, que pese a estar todavía en las incubadoras, pronto las tendrían con ellos y serían una familia al completo.

Por eso, tan sólo pasarían un par de noches más en el que hasta ese momento había sido su pequeño dormitorio, no sólo porque se les había quedado pequeño a él y a Ianto, sino porque no era un lugar apropiado para las niñas.

"Podríamos comprar una casa más grande, no se algo en el campo. Podríamos pasar por una familia normal." Había propuesto Ianto una noche.

"¿Desde cuando podríamos tener tu y yo una familia normal? Yo no puedo morir y las niñas, bueno no sabemos hasta que punto pero Joy es especial. pienso que sería mejor quedarnos aquí."

"¿Temes que alguien intente hacerles daño a las niñas?"

"No quiero asustarte y menos ahora que todavía te estás recuperando, pero no creo que tarde mucho en que alguien se entere que hemos tenido a las niñas. Seguro que alguien intenta hacernos daño a través de ellas y si encima llegan a saber que Joy tiene algún tipo de poder proveniente del vortex."

Jack besó a Ianto al notar que se ponía tenso, aunque no había querido asustarle, no era fácil no asustarse, pensando que sus enemigos, pudieran llegar algún día hasta sus pequeñas y hacerles daño.

Por eso, los dos habían terminado decidido que lo mejor, hasta que conocieran el potencial de las niñas sería quedarse en la base y para eso, habían decidido hacer un apartamento bajo tierra. El resto del equipo se quedó sorprendido al escuchar lo que Jack había pensado y sobretodo al ver los planos que había diseñado para el nuevo espacio.

Había preparado dos enormes dormitorios, uno para ellos y otro para las niñas, una sala donde las pequeñas pudieran jugar cuando fueran más mayores y una sala de relax para ellos, como un cuarto de estar, pero a lo grande. La cocina, especialmente elegida al gusto de Ianto, era enorme, aquella era una verdadera mansión pegada a la base, a la que se accedía a través de la sala de reuniones y en caso de ocurrir algo, también se podía entrar a través de las celdas.

Mientras recordaba aquellos intensos días de trabajo, Jack llegó hasta la cama. Todavía no había mostrado a Ianto la nueva casa, quería que fuera un sorpresa para su compañero y así de paso apenas se movía de la cama en al que Owen le había recomendado que se quedara.

Ianto estaba dormido, acurrucado en la cama, pero en cuento escuchó en poco ruido que estaba haciendo Jack, se despertó y lo miró.

"¿Todavía estabas trabajando a estas horas? Creo que aunque no puedas morir, todavía puedes caer enfermo por sobreesfuerzo."

"Mira que te preocupas por mi."

Ianto estiró la mano hasta alcanzar la del capitán. "Espera no te tumbes todavía, llévame a ver a las niñas, desde ayer no las he visto y ya las echo de menos." Jack quería decirle que no debía moverse, que era lo mejor para su recuperación, que tenía que descansar, pero no había forma de decir que no a esa mirada de cachorrillo abandonado con la que siempre le atacaba su compañero. "Por favor Jack."

"Muy bien pero vas a usar la silla de ruedas."

"Lo que quieras."

Ni siquiera le dejó levantarse a él solo, pues casi lo tomó en brazos. Ianto se rió a gusto a ver lo mucho que lo cuidaba Jack. besó al capitán en agradecimiento y esperó a que comenzara el paseo diario hasta la enfermería en la que estaba las incubadoras de las niñas.

Salieron de la habitación y de repente, Ianto notó un viento frío que le rodeaba, miró a Jack, pero obviamente este no había notado nada, por lo que decidió no decir nada. cada momento el frío era más intenso y sin darse cuenta empezó a tiritar.

"La niña, la criatura será mía."

Sobresaltado Ianto pidió a Jack que parara y se detuvo a escuchar con atención.

"¿Qué ocurre?"

"¿Has oído eso?"

"¿El que?"

"Nada es igual, seguramente habrán sido las cañerías." Ianto estaba asustado, pero con todo lo que estaba haciendo Jack por él esos días, no quería preocuparlo más y trató de apartar esa voz de su cabeza.

La enfermería estaba vacía, a excepción de las dos incubadoras. Nada más entrar se olvidó de todo miedo, de todo problema y toda posibilidad de que ocurriera nada malo en su vida, porque aquellas dos preciosidades, Joy y Emily los miraban como si los estuvieran esperando.

"Son preciosas."

"Y dentro de dos semanas podremos llevarla a la nueva casa y todos la conoceréis." Ianto se dio la vuelta hacia Jack y le besó apasionadamente. Tenía tantas ganas de ver la que se iba a convertir en pocos días en el hogar de su familia que apenas podía esperar.

"Entonces, la niña sería mía. Sus poderes, serán míos."

"¡Jack!" Ianto no pudo reprimir el grito, pero por la forma en la que había sobresaltado a Jack estaba claro que el capitán no había escuchado nada. "La voz otra vez."

"¿Qué voz?"

"Jack aquí hay algo que quiere a las niñas."

"La niña es poderosa y ella me despertara por fin."

"Rectifico aquí hay algo que quiere a Joy." Jack tomó su mano y agachándose junto a Ianto le besó con delicadeza. Su compañero estaba aterrado y él se sentía intranquilo, si había algo en la base que pudiera poner en peligro a su familia, tenía que encontrarlo y acabar con ello.