El ruido de una rama golpeando la ventana despertó a Jack. No se había dado cuenta lo agotado que estaba hasta que se había quedado completamente dormido la noche anterior. Se quedó un momento quieto en la cama, con la mirada clavada en el techo, pensando en lo mucho que había cambiado su vida en las últimas semanas sin darse casi ni cuenta.
Siempre había creído que le encantaba ser una persona completamente independiente, que le gustaba vivir el momento, pasar en amante en amante sin plantearse lo que ocurriría al día siguiente. Salvar el mundo era su vida, el universo, dependía de gente como él, por lo que no podía perder el tiempo, como el siempre había dicho, en buscar una pareja, que con el paso del tiempo terminaría muriendo.
Pero las cosas, por si solas y sin que Jack hubiera podido hacer nada por evitarlo, habían cambiado solas, su vida se había dado la vuelta, en el momento en el que el Doctor había vuelto, en el momento en el que se había dado cuenta que necesitaba a Ianto más de lo que él creía. Todo había sido distinto cuando se había dado cuenta que se había vuelto a enamorar. Que por mucho que el Doctor le hubiera roto el corazón al dejarle tirado, lo que ahora sentía por Ianto, era mucho más fuerte de lo que nunca se podía haber imaginado.
Así, sin creer que algo así pudiera ocurrir, habían llegado los niños, Joy, Emily y Tyler, sus hijos. No era los primeros que tenía, pero si los primeros que formarían parte de su vida, los primeros que sabrían siempre que el capitán Jack, con todas sus peculiaridades, era su padre, los primeros a los que podría cuidar, criar, querer y amar por encima de todas las cosas. Los primeros que formarían parte de su vida, al igual que Ianto o el Doctor.
Sonrió, hacía mucho tiempo que no se sentía tan feliz por el simple hecho de estar en una cama con alguien al quien realmente quería, que no sería el polvo de una noche y a quien no volvería a ver nunca más. Ianto era distinto. Lo había sido desde que lo hacía conocido, desde que le había ayudado a atrapar a aquel Weevil en el bosque.
Ianto sin duda, era distinto, como el Doctor, pero de otra forma. Simplemente era su niño, como el gustaba decirle, aunque a Ianto no le hiciera gracia que le llamara así. Porque era cierto, para Jack, Ianto era un niño que estaba descubriendo la vida poco a poco a su lado y Jack tenía muchas cosas que mostrarle, el universo entero si el muchacho así lo quisiera.
Pero ahora, había otras cosas más importantes en las que pensar, dos preciosas niñas formaban parte de su pequeña familia y Tyler, siempre y cuando el Doctor no lo alejara durante mucho tiempo de su lado, su otro hijo, era todo en lo que Jack podía pensar ahora, pues ahora el Capitán Harkness tenía una familia de verdad. De la misma forma que la había tenido en Boeshia, de la misma forma que no dejaba de pensar en sus padres y en Grey, ahora tenía una nueva familia y en este caso, pensaban cuidarlos y protegerlos a cualquier precio.
Entonces se dio cuenta. Tanto pensar en Ianto y acababa de percatarse de que su compañero no estaba con él en la cama, ni siquiera en el dormitorio. Al levantarse, se estremeció, la mañana, cuando todavía era de madrugada, era bastante fría.
Salió del dormitorio y se detuvo en la puerta del cuarto de estar, la habitación estaba oscura, pero entraba la suficiente luz por la ventana como para que Jack pudiera ver la figura tumbada en el sofá.
Se acercó lentamente, sin hacer ruido, sin duda, Ianto estaba dormido y no quería despertarlo. Colocó sobre su cuerpo la manta que había caído al suelo y deposito un beso sobre su frente, al mismo tiempo que una sonrisa tierna se dibujaba en los labios del muchacho.
Ianto se dio la vuelta y bostezó, mientras se desperezaba igual que lo haría un pequeño gatito. Tras restregarse los ojos un momento los abrió por fin y cuando vio a Jack miró su reloj.
"¿Cuánto hace que llevas aquí?"
"Unas horas por lo que se ve, aunque no me he dado cuenta cuando me he quedado dormido. No podía dormir y no quería molestarte, así que me he levantado y he estado trabajando."
Jack se sentó a su lado y miró el ordenador que estaba sobre la mesa de café. Su pantalla estaba llena de datos, tablas y páginas abiertas, que a simple vista no significaban nada para el capitán.
"Trabajando en…"
"En una base de datos para las niñas, bueno para los tres niños." Jack miró a Ianto sorprendido, pues por más que lo intentaba no tenía ni la más remota idea de lo que estaba hablando.
"Vale, no tengo ni idea de lo que estás hablando. Pero te recuerdo que deberías estar descansado, que Owen todavía no te ha dado el alta y te puedo asegurar que yo tampoco te la he dado para que vuelvas al trabajo."
Ianto suspiró. Sabía que Jack le iba a decir algo así, pero también sabía que el capitán no iba a comprender porque estaba haciendo todo aquello. Al fin y al cabo, Jack no era como él, o Ianto no era como el capitán, no lo tenía del todo claro. Lo único en lo que no tenía ninguna duda, era en que sus circunstancias no eran las mismas.
"¿Qué ocurre? Ianto, con todo lo que ha pasado, esperaba que ya no tuvieras secretos conmigo." Jack se sentó a su lado y rodeó sus hombros para hacer que se acercara a él. "¿Te encuentras bien? Puedo llamar a Owen o al Doctor…"
"No, estoy bien, no eso, es que…" Durante un buen rato, le había dado vueltas en la cama al tema y al final no había conseguido averiguar como decirle a Jack lo que sentía, pues ni siquiera él mismo estaba seguro de cuales eran sus propios sentimientos sobre el tema.
Todo había cambiado para él, desde el momento en que había descubierto que estaba esperando a las niñas. Obviamente eso era algo que nunca hubiera esperado, ni en sus sueños más raros. Pero había ocurrido, había tenido dos hijas preciosas y que al mismo tiempo eran especiales, además de por su nacimiento en si, por ser hijas de Jack, pues de alguna forma que Ianto no era capaz de explicarse, las dos tenían parte del vortex, igual que su padre.
Jack le acarició la mejilla y esperó, tenía todo el tiempo del mundo, pero a la vez, necesitaba saber que era lo que le ocurría a su compañero, que era lo que no le dejaba dormir, que era lo que le hacía trabajar en algo que ni siquiera Jack sabía lo que era, por el simple hecho de estar preocupado.
"Jack, las niñas son especiales, ya lo sabes, tu eres especial, el Doctor es especial y vosotros habéis hecho cosas con las que ninguno del resto de nosotros podría siquiera imaginar nunca. No soy más que un simple ser humano y necesito sentirme útil por las niñas, saber que puedo hacer algo más que verlas crecer. Tu puedes protegerlas mejor de lo que yo lo haré nunca."
"Ianto, no digas eso. ¿Cuántos hombres humanos normales y corrientes conoces que hayan tenido dos bebés como los nuestros? Llevaste a Joy y Emily en tu interior durante todos esos meses y arriesgaste tu propia vida por ellas, se que hubieras muerto por ellas, incluso antes de verlas nacer. Creo que eso te diferencia bastante de un simple humano."
"Lo se, pero dime que es lo que puedo hacer ahora por protegerlas, no puedo quedarme en casa, escondiéndolas, porque un vampiro, demonio, alienígena o lo que sea esa cosa, quiere hacerles daño. ¿Lo ves Jack? Quiere hacerles daño y lo único que pudo hacer es quedarme en la madriguera con ellas." Jack sonrió, pues aquella reacción por parte de Ianto demostraba que no podría ser mejor padre para las niñas.
"Vale, y esa base de datos es…"
"Contiene toda la información que tenemos sobre las niñas y sobre Tyler hasta el momento. Su crecimiento y desarrollo, lo que van aprendiendo hasta ahora, cuanto tardaron en hacer lo que otros niños."
"¿Has dicho lo que van aprendiendo?" Preguntó un más que descolocado Jack.
Ianton sonrió discretamente. Jack había pasado los últimos días en la base, trabajando para encontrar al vampiro que quería lastimar a sus hijas, pero el muchacho había estado permanentemente con ellas. Pasaba horas contemplando a los bebés, hablando con ellos y descubriendo que las dos eran mucho más especiales de lo que ninguno de ellos podría haber llegado a pensar hasta el momento.
"Ianto ¿Qué es lo que sabes y no me has dicho todavía?" La sonrisa pícara de Ianto, había dejado descolocado a Jack, su compañero le estaba ocultando algo.
"Las niñas son muy especiales."
Jack acercó el cuerpo de Ianto todavía más al suyo y le besó en los labios, esperando a que continuara hablando.
"Lo se, al fin cabo son nuestras hijas."
"Si pero nunca me habías dicho que de niño hubieras sido realmente rápido a la hora de aprender las cosas."
"¡Hey!" Protestó Jack, para luego empezar a hacer cosquillas a Ianto. No es que le hubiera ofendido de verdad, pero notaba lo tenso que se encontraba su compañero, quería hacer que se relajara entre sus brazos. "¿Estás diciendo que las niñas son más inteligentes que yo?" Forzó una mueca de orgullo, que pronto convirtió en una verdadera sonrisa y el tono final de su voz estaba lleno de ansias por saber. "¿Qué es lo que has descubierto?"
"Creo, no estoy seguro todavía, pero estoy casi convencido de que tanto Joy como Emily comprenden mis palabras." Jack abrió la boca para decir algo pero no encontró las palabras apropiadas para expresar su sorpresa. "Cuando hablo con ellas, no es sólo que como cualquier otro bebé, me miren y simplemente parezcan atentas a lo que digo. No es fácil de explicar, pero…" Después de todas las horas que había pasado trabajando y lo poco que había descansado, Ianto sentía que la cabeza estaba a punto de estallarle.
"¿Qué tal si duermes un poco y luego me lo demuestras?" Ianto asintió en silencio, no quería demostrar que estaba agotado, pero apenas podía mantener los ojos abiertos, por lo que supuso que habría podido dormir mucho rato en el sofá. Empezó a acomodarse, pero Jack le detuvo. "No quiero que estés aquí. Cuando me refiero a descansar, quiero decir en la cama."
Ianto empezó a remugar, pero sin escuchar una sola palabra de las que estaba diciendo, Jack tiró de él y lo abrazó una vez que lo consiguió levantar. Le besó, mientras lo arrastraba hasta el dormitorio y antes de llegar a la cama, Ianto apoyó la cabeza sobre su hombro y suspiró.
Ahora que Jack se estaba haciendo cargo de él, Ianto se dio cuenta de lo realmente agotado que estaba.
"Eres el ser humano más especial que haya conocido nunca." Susurró Jack en el oído de Ianto y este sonrió mientras le sentaba en la cama. Ianto se estremeció entre sus brazos y tiró del capitán para poder abrazarle. "¿Qué ocurre?"
"¿No lo sientes?"
Ianto se separó de Jack y tocó su muñeca herida, allí donde el vampiro le había mordido hacía unos días.
"¿El qué? ¿De que estás hablando?" Jack rodeó su cuerpo, que no dejaba de temblar y le besó en la cabeza, intentando calmar a su compañero. "¿Ianto?"
"Está aquí. Viene a por Joy, sólo me atacó para acercarse más a ella, pero lo que realmente quiere es a Joy. Está tan cerca." Por más que Jack trataba de evitarlo, Ianto no dejaba de temblar entre sus brazos. "No fui más su método para llegar a ella. Tienes que sacarlas de aquí, tienes que llevarte a las niñas antes de que las alcance."
"No voy a dejarte aquí."
"No me quiere a mi."
"Me da igual, no voy a dejarte aquí, puede hacerte daño otra vez, puede matarte incluso." Ianto tiró de Jack y le besó en los labios, mientras dos lágrimas se derramaban por sus mejillas.
"Por favor Jack, piensa en las niñas, ellas están indefensas frente a esa cosa."
"No voy a dejarte aquí a su merced. Hace mucho tiempo te dije que cuidaría de ti y no voy a romper esa promesa ahora."
Jack levantó a Ianto de la cama, pero su compañero apenas podía moverse. Sentía como si de repente todo su cuerpo hubiera caído en un estado febril.
"No puedo hacerlo Jack, creo que ese vampiro me drogó o algo parecido y está haciendo efecto ahora. Llévate a las niñas por favor." Le volvió a suplicar Ianto de nuevo.
"He dicho que no voy a dejarte, ni a ti ni a las niñas. Si esa cosa quiere intentar hacerle daño a mi familia, tendrá que vérselas conmigo."
Ianto apenas podía escucharle, aquel veneno estaba haciendo efecto de una forma muy veloz, lo suficiente como para que el muchacho apenas fuera consciente de lo que ocurría cuando Jack cargó con él y lo sacó de la habitación o cuando Jack vio por primera vez la sombra de la criatura en el apartamento.
