pues bien ya les dejo mas historia, gracias a los que leen, los que la agregaron a sus favoritos y a sus alertas.

solo para recordar es una adaptacion de un libro de Lisa Kleypas

...

-Estoy segura de que es lord Edward Cullen. Hace años que no lo veo... ¡pero es la viva imagen de Carlisle, su padre! Y la muchacha que está con él debe de ser su hermana, Alice. -Al ver que la mirada de la hija estaba fija en el recién llegado, Renee se entusiasmó-. Yo mantenía una estrecha relación con los Cullen mientras tu padre vivía. Desde entonces, nos hemos apartado, pero sigo sintiendo gran afecto por ellos. El hijo mayor, Emmett, murió hace poco en un accidente con un caballo... una pena. ¡Pero, caramba, cómo ha madurado Edward! Tengo que encontrar el modo de presentártelo...

-No, mamá -repuso Bella, con firmeza-. No tengo interés en conocer a nadie. Acepté asistir al baile sólo porque tú insististe.

-Pero, querida...

Moviendo la cabeza, Bella se alejó hacia la mesa de los refrescos, siguiendo un camino despejado para atravesar el salón.

Lord Edward Cullen no quitó la mano de la cintura de su hermana mientras la guiaba entre la gente, eludiendo diestramente saludos y preguntas ansiosas. Se abrieron paso hasta la mesa de los refrescos, entre un mar de caras sonrientes. El joven las ignoró a todas, indiferente a las miradas que se dirigían hacia él.

-Dios mío, Edward -exclamó su hermana, agitada-, no tenía idea de que eras tan solicitado. ¡Acabo de oír decir a una mujer que eres la sensación de la temporada!

-No sé por qué será -dijo, cínico, aunque los dos lo sabían.

La familia acababa de recibir una lluvia de títulos que les habían pertenecido desde décadas atrás. Los títulos, y muchas propiedades, habían sido revocados cuando el antecesor de Cullen fuera acusado de traición en la guerra civil inglesa. Ahora un renombrado historiador había demostrado que el acusado era inocente y, entonces, el Parlamento concedió a los Cullen la restitución completa de todo lo que les había sido arrebatado.

El año anterior, habían pasado de ser terratenientes pobres a muy ricos, y todos reaccionaron del mismo modo. El deseo de casarse con un Cullen había llegado a un altísimo grado. Si el hermano mayor, Emmett, aún hubiese vivido, Edward se habría visto libre de continuar con una vida relativamente normal. Pero Emmett había muerto hacía dos años; entonces Edward era el hijo mayor que quedaba vivo, el primero en la línea de herencia del título paterno. Para él, no significaba nada. Habría dado cualquier cosa por tener otra vez a su hermano. Todo el privilegio y la atención deberían haber sido para Emmett... que lo habría manejado con su habitual sabiduría. Edward, en cambio, tuvo que asumir una posición de influencia que jamás esperó ni quiso.

Las madres que en otro tiempo temblaban de pensar que Edward podría interesarse por sus hijas, ahora trataban desesperadas de atraer el interés del joven en ellas. Las damiselas que lo habían rechazado ahora estaban bien dispuestas a coquetear, agitar las pestañas ante él y aceptar cualquier cosa que quisiera. En otro tiempo, se habría sentido halagado por semejante atención, pero ahora la ferviente persecución le daba un cínico placer. Quería a alguien que pudiese olvidar la flamante fortuna de los Cullen y que sólo tuviese ojos para él, y deseaba lo mismo para Alice. Para proteger a su hermana de los cazafortunas, Edward la acompañaba a bailes, veladas y compromisos sociales. La vigilaba atentamente y le brindaba protección y consejo cada vez que ella lo requería.

-Ahora, puedes casarte con cualquier mujer que se te antoje -señaló Alice.

-No deseo casarme -dijo Edward-. Durante mucho tiempo, al menos, no.

Tres jóvenes sitiaron a Alice, haciéndola sonrojarse hasta las raíces del cabello. Luchaban, ansiosos, por atraer su atención, trayéndole vasos de ponche y platos con bocadillos para que los saborease. Mientras Edward se tironeaba del borde de la corbata, que parecía cortarle el cuello, captó la figura de una muchacha que se abría paso hacia la mesa de refrescos. Le clavó la vista, súbitamente interesado.

Llevaba el cabello negro peinado hacia atrás, apartado del rostro, que parecía de una pureza y una tersura imposibles. Tenía una figura delgada y hombros medio desnudos que relucían, tentadores, a la luz de los candelabros. Era una pena que tuviese una expresión tan vacía, un semblante sin vida, como una máscara. Siendo tan bella, ningún hombre se acercaría a una muchacha que parecía tan poco interesada en el ambiente que la rodeaba. Ya había conocido mujeres así, cascaras vacías, sin nada dentro. Pero esta era tan deslumbrante, con su piel de porcelana y su reluciente cabello negro, que le costó convencerse de que era como las otras.

-¡Cullen! -oyó la voz de su viejo amigo Seth Clearwater, un hombre bajo, de rizos cobrizos cortos y. Seth había sido compañero de escuela de Edward. Siguiendo la mirada de Edward, vio a la muchacha de cabello oscuro y sacudió la cabeza-. Esa es la señorita Isabella Swan -dijo-. Hija del difunto sir Charlie Swan. No pierdas tiempo con ella, Cullen.

-¿Por qué no?

-Está comprometida con alguien. AI parecer, lo está hace mucho tiempo. Dicen los rumores que está enamorada de un inútil llamado Jacob Black, y que no tiene interés por ningún otro hombre. Además, no tiene dote que valga la pena. Desde que murió el padre, los cofres de la familia están exhaustos.

Edward no reaccionó visiblemente ante esa última afirmación, salvo esbozar una irónica sonrisa. Dos años antes, lo mismo se decía de él mismo. Era el segundo hijo, y sólo tenía perspectivas modestas. No sería él quien rechazara a una mujer basándose en la cuantía de la dote. Volvió la mirada a la señorita Isabella Swan y se preguntó que se ocultaría tras ese rostro bello y misterioso.

En el mismo momento en que Bella llegó a la mesa donde estaban servidas las vituallas, registró disturbios, cerca de allí. Una mujer delgada, lady Cullen, si no se equivocaba, acababa de recibir un empujón mientras sostenía el ponche en la mano. El líquido del color de las fresas le había salpicado el vestido de seda blanca. A punto de llorar, la muchacha miró, impotente, la mancha, mientras los tres jóvenes que la rodeaban rompían en efusivas disculpas.

De inmediato, Bella pasó entre los atribulados hombres y llevó a la muchacha a un rincón, lejos de las miradas. Secó la mancha con una servilleta limpia.

-No es más que una pequeña salpicadura -dijo, en tono alegre, sonriendo a la afligida muchacha-. No te preocupes, la cubriremos con algo. Nadie lo notará.

La muchacha estaba encarnada de vergüenza.

-Estaban tan cerca... yo tenía el codo apretado...

-Nos pasa a todas -repuso Bella, consolándola-. Lo he visto infinidad de veces. Una vez se me cayó un trozo de tarta azucarada sobre la delantera y me dejó una mancha justo en... bueno, ya te imaginas. -Sacó la orquídea rosada que llevaba prendida al corpiño, y que era el único adorno que podía permitirse. La prendió con cuidado en la cintura de la otra muchacha, ocultando la mancha de ponche-. Ya está, la flor queda perfecta.

-Pero tú vestido queda demasiado despojado sin ella -exclamó la chica, y se sonrojó más aún-. Oh, no quisiera...

-No hay problema -dijo Bella, conteniendo la risa-. En serio. A propósito, me llamo Bella. Lady Isabella Swan.

La muchacha se señaló a sí misma.

-Lady Alice Cullen. Pero tienes que llamarme Alice, como lo hacen mi familia y mis amigos. -Recuperándose de su intensa incomodidad. Alice le sonrió-: Eres muy buena.

-En absoluto... -empezó a decir, pero las palabras se le quedaron en la garganta cuando un hombre se les aproximó.

Edward Cullen, que de lejos era sencillamente apuesto, de cerca era impactante. Salvo por una pequeña cicatriz en el costado del mentón, sus rasgos eran perfectos. A Bella la extasiaron los ojos, de color café caramelo. Los iris estaban bordeados de negro, destacándose aun más el color caramelo. Esa mirada la incomodó. Apartó la vista con gran esfuerzo, sintiendo que le subía un sonrojo desde el cuello.

Edward contempló a la circunspecta joven que tenía delante. La máscara había ocultado otra vez el rostro... pero ya era tarde. Había visto cómo le sonrió a Alice, con una sonrisa que era como un relámpago de inesperada y hechicera calidez. Había cedido su único adorno para ahorrarle la vergüenza a la hermana de Edward... y casi no podía permitirse el lujo de perderlo. Sin la orquídea, nada distraía la atención del hecho de que el vestido era de bajo costo, y un poco amarillento por el tiempo. Lo intrigaba como ninguna mujer lo había hecho en mucho tiempo. Quería verla sonreír otra vez... quería abrazarla y soltar las hebillas que sujetaban ese cabello negro.

Alice los presentó con la soltura que da la práctica, y Edward hizo una cortés reverencia.

-Parece que ha venido usted a salvar a mi hermana, señorita Swan.

La joven comenzó a retroceder, dejando claro que no quería conversar con él.

-No me ha causado ningún problema, milord. Si me disculpa...

Edward hizo un gesto hacia la atestada pista de baile.

-¿Tiene concedido este baile, señorita Swan?

Bella vaciló e hizo ademán de consultar su carnet de baile, abriendo las delgadas tapas de plata para observar las páginas de color marfil: estaban todas en blanco.

-En realidad, no, pero no...

-Por favor, hágame el honor.

Extendió el brazo en un gesto demasiado insistente para rechazarlo.

Sonriendo encantada, Alice quitó la servilleta manchada de la mano de Bella.

-Ve -la instó-. Disfrutarás de bailar con mi hermano... lo hace muy bien. -Le lanzó un guiño a Cullen-. Iré a conversar con las matronas que están en el rincón.

Ante la gentil provocación, Bella no encontró modo de negarse con desgana, apoyó los dedos enguantados en el brazo fuerte y sólido de Cullen, y él la guió al remolino de parejas que danzaban. Sus manos le transmitieron autoridad, una de ellas en la parte baja de la cintura, la otra, rodeándole delicadamente los dedos. La llevó en un vals tan ligero y fluido que se sintió como si sus pies casi no tocaran el suelo.

La voz de Cullen era profunda y serena, con un agradable matiz ronco.

-No tiene por qué sentirse tímida.

Al comprender que estaba rígida como una tabla, Bella ordenó a sus músculos que se relajaran. Mientras bailaban, muchos de los presentes los observaban con atención. Las mujeres abrían los abanicos de seda y murmuraban tras ellos. Con intensa conciencia de la atención que despertaban, Bella frunció el entrecejo, molesta.

-¿No le gusta bailar, señorita Swan? -le preguntó Cullen.

-Hubiese hecho mejor en invitar a cualquier otra -le respondió ella sin rodeos.

La miró interrogante, alzando una ceja.

-¿Por qué?

-Porque estoy prometida a otro.

-¿Está formalmente comprometida?

-No. Pero le entregué mi corazón a él. -Lo miró en los ojos, y añadió, con aire significativo-: Es mi verdadero amor.

En lugar de mostrarse apenado, Cullen pareció divertido.

-¿Y dónde está ese verdadero amor suyo, señorita Swan?

-En estos momentos, está viajando por el continente. Pero pronto vendrá a buscarme.

-Claro -dijo, en tono condescendiente-. Entretanto...

-Entretanto, lo esperaré.

-¿Cuánto tiempo?

-Para siempre, si es necesario.

-Debe de ser un hombre fuera de lo común para merecer semejante devoción.

-Sí, es...

Contemplando aquellos ojos café, Bella olvidó lo que iba a decir. Tenía un efecto singular sobre ella: la hacía sentirse un poco fuera de equilibrio. Nunca se habría imaginado que la conmoviese alguien tan diferente de Jacob. Cullen no tenía ni pizca del encanto juvenil de Jacob, nada de su aire canallesco. Este hombre, en cambio, era seguro y la intimidaba. Intentó imaginarse cómo sería Cullen si estuviera enamorado. Debía de ser abrumador. Debía de ser capaz de hacer sufrir a una mujer, si se le ocurría. Al pensarlo, un escalofrío le recorrió la espalda. ¡Gracias al cielo, no tenía semejante poder sobre ella!

-Hábleme de él -le dijo Cullen.

Bella frunció la frente, como si buscara las palabras exactas para describir a Jacob.

-Es apuesto... lleno de vida... huidizo. No le gusta quedarse mucho tiempo en un solo sitio. Anhela la excitación y la aventura, y arrastra a todo el mundo con él.

A Edward lo fascinó el modo en que la timidez de Bella se disipó por un momento, permitiéndole atisbar el alma romántica que ocultaba. No tenía experiencia con los hombres... cosa evidente en el precio que pagaba por su equivocada lealtad al amor errante.

-¿Cuándo fue la última vez que estuvo con él? -le preguntó. Al ver que apartaba la mirada y no le respondía, insistió-: ¿Hace un año? ¿Más?

-Un año -respondió, rígida.

-¿Le ha escrito?

Bella contuvo todo signo de irritación, y su semblante se volvió tan cerrado y carente de expresión como antes.

-No quiero hablar de él.

-Por supuesto, señorita Swan.

Pese a que su tono era cortés, Bella supo lo que él estaba pensando: que ella era una tonta y que Jacob nunca volvería a buscarla. Esperó, impaciente, que terminara el vals. ¡Hombre arrogante! No sabía nada de Jacob. No entendía la magia que ligaba a Jacob con ella, y a ella con él. Lo que compartían estaba muy lejos de lo común: los besos dulces y embriagadores, el modo en que Jacob la provocaba, cómo ella no dejaba de sonreír cuando estaba con él. Tenía la impresión de que Jacob había salido de las páginas de una de esas novelas románticas que leía con tanta avidez, o de esos poemas de anhelos y amores apasionados. No quería nada menos que eso.

La música acabó con un floreo, y lord Cullen la escoltó a un lado del salón, donde la esperaba su madre. Renee se mostró serena mientras intercambiaba unas palabras con Cullen, pero Bella veía que, por debajo, su madre estaba desbordando de excitación.

-Milord -dijo Renee, sonriendo-. Estoy segura de que no me recuerda. La última vez que lo vi, era usted un niño pequeño.

-Recuerdo un poco, lady Swan -dijo Cullen-. Usted solía visitarnos y pintaba acuarelas junto con mi madre.

-¡Sí, así es! Por favor, dígale a la duquesa que la recuerdo con mucho cariño.

-Espero que nos hará el honor de adornar otra vez nuestro salón, lady Swan. Transmitiré a mi madre sus saludos. -Se inclinó sobre la mano de Renee y la besó con respeto y luego se volvió hacia Bella, con un brillo provocativo en sus ojos-. Gracias por el baile, señorita Swan.

Bella le dedicó una rápida reverencia, todavía exasperada por sus preguntas indiscretas y su actitud condescendiente. Cuando se alejó, ella le dio la espalda y suspiró, aliviada de que el episodio hubiese terminado.

Para su congoja, vio que los ojos de la madre estaban llenos de la expresión ansiosa de las casamenteras.

-Es tan encantador como apuesto -exclamó Renee -. Y cuando bailaban, se os veía maravillosos a los dos juntos.

-Mamá, de esto no resultará nada -dijo Bella, cortante-. Está acosado por mujeres esperanzadas. Y yo le he dicho que no tenía interés en el matrimonio.

-¿Qué le has dicho? -El entusiasmo de Renee se desinfló rápidamente-. Bella, dime que estás bromeando...

-En serio. Le he explicado que estaba esperando a otro hombre.

-Oh. -La frente de Renee se crispó de decepción-. Sólo puedo decirte que espero que sepas lo que estás haciendo, Bella. ¡Mira que alejar a un hombre como Cullen y fijar tus esperanzas en ese tunante de Jacob Black...! -Sacudió la cabeza y apretó las mandíbulas-. He estado pensando en comunicarte una decisión que he tomado hace poco.

Bella lanzó una mirada cautelosa a su madre, esperando que continuara.

-El otro día vi el anuncio de una casa pequeña que quedará libre durante la temporada... está muy bien situada: está un poco al Sur de St. James. Nos vendrá bastante bien.

-No tenemos ninguna necesidad de alquilar una casa en Londres -dijo Bella, agitada-. Casi no podemos pagar un techo que nos cubra las cabezas, así como estamos. ¡Mamá, es imposible que pretendas desperdiciar dinero por quedarnos en Londres, para conseguir un marido para mí!

-No es un desperdicio -replicó Renee, terca-. Es una inversión en tu futuro. Estás convencida de que amas a Jacob porque nunca te has relacionado, realmente, con ningún otro hombre. Después de cierto roce en la ciudad, verás cuánta vida tiene para ofrecerte.

-Mamá, es la idea más ridícula que hayas...

-Estoy decidida.

-¡Nos arruinaremos!

-Puede ser. Pero al menos tendrás una oportunidad decente de conseguir un marido. Y si Charlie estuviese vivo, sé que estaría totalmente de acuerdo conmigo.

Se encaminó hacia una silla desocupada, bajo la mirada ceñuda de su hija.

...

espero les este gustando si es asi dejen un RR al menos para saber si les esta gustando

saluditos