les dejo mas historia ...

Recuerden es una adaptacion esta historia no es mia.

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Unos días después, el recuerdo del beso en la fiesta de los Newton todavía torturaba a Bella. No podía dejar de pensar en lord Cullen, en la boca de él sobre la suya, en el modo en que la había aplastado contra su cuerpo. Soñaba con que él volvía a besarla, mientras ella se debatía entre el placer y la vergüenza. Lo peor era que las imágenes de Jacob iban apagándose, hasta el punto que ya casi no podía recordar cómo era. La imagen de los ojos oscuros de Jacob fue reemplazada por los cafés, y las encantadoras agudezas del primero por el recuerdo de cómo Cullen le había besado la mano después que ella lo abofeteara.

Por supuesto, no le había contado a su madre lo sucedido, pues le daba demasiada vergüenza. Las jóvenes correctas nos se comportaban así, no permitían que un hombre que casi no conocían se tomara libertades con ellas. Además, si se lo contaba, alentaría la decisión de Renee de encontrar un buen partido para ella. Su madre ya estaba muy atareada haciendo arreglos para que se fueran a instalar en Londres el resto de la temporada, pese a las objeciones de su hija.

Jacob, llevas demasiado tiempo alejado de mí, pensó Bella, desdichada, apoyando la cabeza sobre el escritorio desordenado. ¿Por qué me pediste que te esperase y luego desapareciste? Tienes que venir pronto a buscarme. En vista de la insistencia de su madre, y de su propia debilidad, no sabía si podría mantenerse fuerte. Se sentía sola y demasiado vulnerable a la tentación.

-¡Bella! -Renee irrumpió en la biblioteca, con el rostro sonrojado y la respiración muy agitada. Alzó una carta apretada en el puño y la señaló con movimiento brusco-. ¡No podrás creerlo... léelo tú misma...!

-¿De qué se trata? -preguntó, preocupada, corriendo hacia ella-, ¿Malas noticias?

-¡No, no, al contrario!

Muy entusiasmada, Renee le puso la carta en las manos.

Bella recibió el papel y se inclinó sobre él, leyendo rápidamente. Después del primer párrafo, se detuvo y miró aturdida a su madre.

-Es de la condesa Cullen.

-Sí, es en respuesta a una que yo le envié la semana pasada. ¡Vamos, sigue leyéndola!

Mí querida Renee:

Me gustaría quitarte la molestia de instalar una casa en Londres. No es necesario, habiendo tanto espacio en la Casa Cullen. Espero que tú y tu hija me hagáis el enorme favor de venir a quedaros con mi familia. Estoy segura de que Alice disfrutará mucho de la compañía de Bella, ¡y espero que a la inversa también será verdad!

Mi familia está compuesta por Carlisle y yo, Alice y Phil, el hermano de Carlisle, que hace ya dos años está con nosotros, desde que murió su esposa. Creo que tanto a él como a todos nosotros nos hará bien tener dos caras nuevas para alegrar la casa. Te confieso que lo pido también por razones egoístas. Me encantaría contar con el consuelo de una amiga querida con la que poder conversar sobre los viejos tiempos, más felices, cuando tu querido esposo y mi adorado hijo Emmett aún vivían. Todavía viven, jóvenes y vibrantes, en nuestro recuerdo, ¿no es cierto? Por favor, di que vendrás, Renee...

Bella dejó de leer, dejó la carta y dijo con voz firme:

-No puedo, mamá. Tú debes hacer lo que te parezca mejor, pero yo no iré.

-Sí, irás -repuso Renee, implacable-. No permitiré que te sepultes aquí, cuando hay una oportunidad de acudir a los mejores bailes y fiestas de la temporada y conocer a todos los hombres disponibles de Londres...

-¿Y qué mejor manera de relacionarme con lord Cullen que quedarme con sus padres y su hermana? -preguntó Bella, sarcástica-. ¡No tengo ningún interés por él, mamá!

-Entonces, elige a otro... quédate con Jacob Black, si alguna vez regresa. Pero, mientras tanto, me acompañarás al hogar de los Cullen y pasarás el resto de la temporada allí.

-¿Quién se ocupará de los asuntos de la propiedad mientras no estemos?

-Puedes hacerlo desde Londres. Encontraremos el modo.

-Mamá, es poco práctico, incómodo...

-Por una vez, quiero que te sientas joven e irresponsable -afirmó Renee, resuelta-. ¡Te han sido arrebatados demasiados años preciosos! Por unos meses, quiero que tengas lo que deberías tener si tu padre no hubiese...

-Por favor, no hables de papá -dijo Bella, sintiendo que su obstinación se debilitaba. Desanimada, se sentó en la silla que estaba ante el escritorio y echó un vistazo a las pilas de trabajo que la esperaban-, No discutamos sobre esto, mamá. ¿No puedes aceptar simplemente que si no tengo a Jacob, no quiero a ninguno?

-¿Aceptar que mi única hija no tenga esposo, ni hijos, ni un hogar propio, todo por un sinvergüenza que le hizo falsas promesas? ¡Jamás! -Se acercó a su hija y se quedó mirándola, con amor y decisión-. Ven conmigo a la propiedad de los Cullen. Nunca te pediré otra cosa, querida. Hazlo por mí, para aliviar mi preocupación por ti. Por favor, no me lo niegues, Bella.

La Casa Cullen estaba ubicada en la calle Upper Grosvenor, que bordeaba Hyde Park, con su espesa arboleda. La casa, de diseño clásico, tenía al frente altas columnas dóricas e hileras de ventanas paladianas, gracias a las cuales todas las habitaciones eran luminosas y aireadas. Dentro, en el vestíbulo principal, había una escalera doble que llevaba al segundo y tercer piso. Paredes de color blanco y azul hielo estaban adornadas con molduras y guirnaldas dorado oscuro y suntuosas pinturas en sus marcos decorados. Antes de que Bella pudiese absorber tanta grandeza, apareció la condesa Cullen a recibirlas.

La condesa abrazó primero a Renee, mientras Bella permanecía un tanto retirada, tímida, y las observaba. Esme, como la llamó Renee, era una mujer esbelta y hermosa, como Alice.

-¡Dios mío, Renee! -exclamó la condesa-. ¡No has cambiado nada en estos diez años!

-Oh, claro que he cambiado -replicó Renee, indicando su voluminosa figura-. Pero tú, querida Esme... estás tan esbelta como siempre. ¡No te lo perdono!

Esme rió y se volvió hacia Bella.

-¡Renee, qué belleza es tu hija! Se parece a ti, pero también veo algo de Charlie en ella. -Se adelantó, rodeó a Bella con los brazos y la envolvió en un floreo de seda y perfume delicado-. Estoy muy contenta de que hayas venido a quedarte con nosotros, querida -murmuró-. Mis dos hijos se han encariñado mucho contigo.

Bella se sonrojó y no supo qué contestar.

-¡Bella! -De súbito, apareció Alice en un revuelo de rizos negros, con el rostro resplandeciente-. ¡Por fin has llegado! Ven, te mostraré la casa mientras las doncellas desempacan tus cosas.

En ese preciso momento, apareció otra persona, un hombre alto, de cabello oscuro, que aparentaba unos cuarenta y cinco años. Vino desde el pasillo del primer piso e interrumpió su trayecto hasta la escalinata cuando las vio. Había generosas pinceladas de plata en sus sienes, y su rostro delgado estaba ceñudo. Habría sido un hombre apuesto si no hubiese sido por las líneas alrededor de la boca, que delataban un agudo cinismo y desilusión.

-¿Quiénes diablos son ustedes? -musitó, al ver a las recién llegadas.

Sonrojándose de vergüenza, Esme se precipitó a suavizar la torpeza.

-Phil -dijo, con aparente ligereza-, estas son las invitadas de las que te hablé antes: mí querida amiga, lady Swan, y su hija Bella.

La mirada del individuo se posó en ellas sin mucho interés, deteniéndose un poco más en Renee. Después gruñó un saludo poco amable y siguió su camino.

Esme se crispó un tanto.

-Tendrán que perdonar a mi cuñado, Phil -comentó, cuando el aludido ya no podía oírla-. Por lo general, es más educado.

-Eso espero-dijo Renee, molesta, moviendo la cabeza en gesto de desaprobación.

Alice rió y condujo a Bella al piso de arriba, mientras Esme llevaba a Renee al recibidor.

-Debo disculparme en nombre de Phil -le confió, al tiempo que se sentaban en sillas francesas, de patas curvas-. Hasta hace dos años, cuando murió su esposa Audrey, de una fiebre súbita, era siempre encantador y agradable. La amaba con desesperación, y perderla lo dejó destrozado. Después del funeral, Carlisle y yo lo invitamos a quedarse con nosotros todo el tiempo que quisiera. Tengo la impresión de que no representa demasiado consuelo para él estar con la familia, porque es un hombre muy apegado a su intimidad. La mayor parte del tiempo casi no advertimos su presencia aquí. -No creo que vuelva a casarse. Desde la muerte de Audrey, no ha manifestado interés por las mujeres... me refiero a las respetables.

-¿Tuvieron hijos?

Esme negó con la cabeza.

-Lamento decirte que no gozaron de la bendición de los hijos. Pero, al parecer, Phil no lo lamentó mientras tuvo a Audrey. Ahora no tiene a nadie.

Renee sintió un poco más de simpatía por el hombre, pese a su falta de amabilidad.

-Es difícil envejecer sin el compañero de toda la vida -comentó-. Yo, por lo menos, tengo el consuelo de mi hija.

-¿Y tú, volverás a casarte alguna vez, Renee?

-¡Por Dios, no! -La idea hizo sonreír a Renee -. Charlie es irreemplazable. Si pudiese ver a Bella

Felizmente casada, estaría feliz de pasar el resto de mi vida con mis nietos alrededor.

-¡Pero todavía eres joven y atractiva! -exclamó Esme-. No te sería difícil encontrar otro esposo. Conozco algunos hombres distinguidos de edad apropiada y en situaciones,..

-No, no -dijo Renee, riendo-. Lo único que quiero es hallar un marido para Bella. No tengo intenciones de buscar pretendientes para mí.

-¡Me pareces tan obstinada como Phil! Creo que tendré que concentrar mis esfuerzos casamenteros en tu hija.

Mientras Bella y Alice subían la escalera, la primera miraba alrededor con cierta inquietud, temerosa de que Edward Cullen pudiese aparecer de pronto.

-Alice -dijo, precavida-, ¿tu hermano vive aquí, con la familia?

-¿Edward? No, él vive en una casa en la ciudad, cerca de Pall Malí, -respondió, con sonrisa socarrona, y agregó-: Pero ahora que te quedas con nosotros, sospecho que vendrá más a menudo.

Bella frunció el entrecejo.

-Oh.

Alice le lanzó una mirada perpleja.

-Pareces afligida. ¡Yo pensaba que todas las mujeres del mundo aspiraban a atrapar a mi hermano!

-Tu hermano es atractivo -reconoció Bella, con el tono más objetivo que pudo-. Pero yo ya estoy enamorada de otro.

-¿En serio? -Alice hizo una mueca-. Qué lástima. Me gustaría que algún día Edward se casara con una chica como tú. Una que sea buena, natural, y que no sea chapada a la antigua. Casi todas las mujeres se dan aires delante de mi hermano. -Alice hizo una pausa y agregó, orgullosa-: Es la sensación de la temporada, ¿sabes?

Después de una prolongada y amena charla con Esme, Renee fue a cambiarse la ropa de viaje por un vestido azul, sencillo. Era un alivio quedarse en la casa de una antigua amiga y tener un breve respiro de las preocupaciones cotidianas que solían afrontar ella y Bella. Y esta visita sería buena para su hija, aunque sólo fuese por ensanchar su experiencia y mostrarle algunas de las posibilidades que la vida podía ofrecerle.

Renee fue hacia la escalinata que llevaba al piso de abajo, pero se detuvo ante un gran espejo con marco dorado que adornaba el extremo del pasillo. Vio que algunos mechones habían escapado de las hebillas y alzó la mano para acomodarlos. Le gustaba que su aspecto fuese pulcro y controlado, y que no hubiese un cabello fuera de su sitio, ni una mancha en la ropa. La alfombra Aubusson amortiguó unos pasos que se acercaban y no oyó al hombre hasta que estuvo casi a su lado.

Incómoda por haber sido sorprendida arreglándose, Renee giró, con una sonrisa culpable. Pero la sonrisa se esfumó al ver que se trataba de Phil Cullen. Los ojos negros hervían de descontento, y la boca tenía un gesto duro, enfurruñado. Se lo veía desarreglado, como si acabara de levantarse de la cama y se hubiese vestido de prisa. Le notó olor a coñac... ¡y estaban en la mitad de la jornada!

-Lord Cullen -dijo, tensa, irguiéndose en toda su estatura, que era de un metro sesenta.

- Lady Swan -dijo el hombre, con voz espesa-. Si hay que tolerar a los invitados, supongo que podré tolerarla a usted.

-¿Cómo dice? -dijo Renee, atónita.

Habría simpatizado con cualquier otro hombre en la situación de este, pero esta criatura insolente no merecía tanta consideración.

La respuesta consistió en un desvergonzado escrutinio del cuerpo de Renee.

-Tan rolliza y pulcra como una pequeña gallina. Viuda en la flor de la edad... un verdadero desperdicio. Podría ir a visitarme en mis aposentos, en el ala este, si necesita compañía.

-¡Qué grosero! -exclamó Renee, ruborizándose sorprendida- ¡Nadie se ha dirigido a mí con tal falta de respeto, jamás! Y viniendo del hermano de Carlisle...

-Carlisle y yo no nos parecemos, gracias a Dios. El está abrumado por las normas y pautas de corrección que yo nunca me he molestado en seguir.

-Haría usted bien en imitarlo -le respondió ella, en tono helado, y siguió su camino hacia la escalera.

-¿Le parece? -preguntó Phil, riendo con malicia mientras la mujer se alejaba de él-. El ala este, señora, no lo olvide.

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que tal ?, ya tambien aparecio Phil asi que tambien habra una historia ahi que creen?

saludos si pueden dejen un RR para saber que opinan y si les gusta la historia

Pekelittrell