Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
4.
Desde la ducha podía oír el móvil sonar incesantemente. Alcide, seguro. ¿Qué le iba a decir a mi amigo? A ése al que había traicionado tirándome a su chica. Bueno, técnicamente, no lo era, lo había sido y él esperaba que volviera a serlo, pero en ese momento no lo era y si yo podía hacer algo al respecto, nunca más lo sería. Dejó de atronar la odiosa melodía y corté el agua. Salí del baño secándome y volvió a sonar. Suspiré, no podía esconderme indefinidamente, tenía que ser un hombre y hacerle frente, y si quería partirme la cara o insultarme, dejarle, estaba en todo su derecho a estar cabreado conmigo.
_ Ya era hora, Northman, ¿qué coño estabas haciendo? - dijo la voz al otro lado.
_ ¿Pam...? - me extrañé.
_ No, tu tía la de Svenljunga.
_ ¿Qué pasa? ¿Por qué me llamas? - me alarmé.
_ Te echaba de menos.
El sólo pensamiento de que Pam me echara de menos era, como mínimo, irrisorio. Pam era ese tipo de mujer que nunca echaría de menos a un hombre, ni siquiera a mí, y eso que era su mejor amigo. Nos conocimos una noche fría de otoño de borrachera en Göteborg, cuando acababa de volver de Nueva York, acabé contándole mis penas, mis planes y acostándome con ella para su mayor asombro por la mañana. Pam tenía gustos caros, eclécticos y variados y los hombres no estábamos en los primeros puesto de su top ten. Una noche loca la había llevado desde su Inglaterra natal hasta ese congelador que era mi país y, como yo, estaba dispuesta a emigrar a climas más cálidos. Así que nos unimos en nuestra esfuerzo. Fue ella la que sugirió el lugar y yo, que ya conocía la ciudad, acepté. Fue ella la que buscó mi casa, al lado de la suya, la que me ayudó a decorarla, la que se ocupaba de todo, la que me hizo invertir en un bar de copas y ser su socio, además de su amigo y la buena acción de su vida, que, según ella, se estaba ganando el cielo conmigo. Desde hacía unos meses salía con Amelia, una morena guapa y tan loca como ella o más.
_ No, en serio, ¿qué pasa?
_ Te lo acabo de decir, Northman, ¿te has quedado sordo y tonto de golpe? Te echaba de menos. Estoy aquí, en Nueva Orleans – dijo con fastidio.
_ ¿Amelia? - probé a aventurar.
_ ¿Qué pasa con ella? - se puso a la defensiva.
_ Éso, ¿qué pasa con ella?
_ No quiero hablar de éso ahora, en veinte minutos máximo te quiero en el Palace Café. No me hagas esperar, no estoy de humor con el jet lag.
_ Menuda novedad – murmuré por lo bajo olvidando por un instante que estaba al teléfono- como si necesitaras de diferencia horaria para eso...
_ Te he oído, vikingo. Sabes que puedo convertir tu vida en un infierno, ¿verdad? - añadió con su tono más monótono y colgó.
Como ya he dicho, Pam era mi mejor amiga y, después de la noche pasada, posiblemente, la única que tuviera. Me vestí con rapidez, bajé y dejé la llave en recepción. La chica que me había atendido la noche anterior volvía a estar en el mostrador y miraba buscando la compañía con la que me había registrado unas horas antes. Una sonrisa iluminó su cara al comprobar que no estaba y probó suerte. Empezaba a cansarme éso, de verdad. Ya estaba en la mitad de la treintena y quería algo más, quería una que se quedara. A ser posible la última que había pasado por mi cama... El teléfono me salvó de tener que decirle que no, gracias, le sonreí y me fui con el móvil como excusa hacia la salida.
_ Ya voy de camino, impaciente... – dije sin mirar siquiera quién llamaba.
_ ¿A dónde, si puede saberse? - se rió Alcide al otro lado-. Y lo que es más importante, ¿con quién?
_ ¡Alcide...! – dije con un gallo mientras mis labios dibujaban un "mierda" - Voy hacia el Palace Café, Pam está aquí.
_ ¿Pam? ¿Qué ha pasado para que la señorita Ravenscroft nos honre con su presencia?
_ Me echaba de menos – Alcide soltó una carcajada y yo me aparté el teléfono del oído-. Si, ya, es lo que me ha dicho, por éso voy corriendo a verla.
_ ¿Amelia?
_ Supongo que sí.
_ Ya me dirás en qué puedo ayudar – se calló unos instantes- Sobre lo otro..., ¿qué tal ha ido? – preguntó expectante.
_ Ahora estoy entrando en el café, luego te llamo – le oí decir un "vale" apagado mientras colgaba y los remordimientos hicieron presa en mí. Menudo amigo de mierda estaba hecho.
Pam me esperaba en una mesa bebiendo una copa de vino tinto. Por un momento la imaginé repitiendo una escena que habíamos representado en restaurantes a lo largo y ancho de media Europa, la vi dándole mala vida al sumiller del local, haciéndole ganarse el sueldo con una comensal exigente que sí sabía lo que estaba pidiendo, y sonreí al darme cuenta de que si bien Pam no me echaría nunca de menos, yo a ella sí. Me acerqué a la mesa y me incliné para besar su mejilla. Me devolvió una pequeña sonrisa y eso era para preocuparse. Me senté frente a ella y sonreí mirando su rostro perfectamente maquillado y su aspecto impecable.
_ Estás hecha un asco.
_ Siempre habla quien más tiene que callar... – me reí por lo bajo.
_ ¿Insinúas que no te acostarías conmigo? - levanté las cejas seductoramente-. Tarde.
_ Ni en tus mejores sueños lésbicos, Northman.
_ ¿Qué te pasa?
_ Amelia se ha ido con un motero – dijo sin inflexión, intentando que su voz no denotara su estado de ánimo-. ¿Y a tí?
_ Me he acostado con la ex de Alcide, la misma que quiere que vuelva con él – me levantó una ceja perfectamente depilada.
_ Somos un asco de gente.
_ Sí.
_ Camarero – hizo un gesto seco y el chico apareció como una flecha, como si supiera lo que le esperaría si no-. Una botella de Latour del 2001.
_ ¿Un vino de 500€, Pam? ¿Por qué? ¿Porque nosotros lo valemos? - dije con hastío.
_ No, porque hay que celebrar que, al menos, nos tenemos el uno al otro – sonrió con sinceridad pero se recuperó pronto de ese momento sentimental-, y porque es una pena que te mate Alcide sin que antes lo hayas probado, es fantástico.
_ Muy optimista, Pamela. Menos mal que siempre puedo contar con tu apoyo incondicional.
_ Eres un vikingo tonto, ¿se te ha olvidado que las novias y las ex de los amigos son intocables, Tjure?
_ Oh, cállate, Snorre.
Nos miramos unos instantes sonriendo. Esa era una broma de la que nunca nos cansábamos. Extendió su mano para coger la mía pero el sumiller tuvo que venir en ese preciso instante para arruinar nuestro momento de amistad incondicional. Nos sirvió dos copas ante la mirada impaciente de Pam y se diluyó entre las mesas para no despertar otra vez la ira de esa mujer. Tomé un sorbo de mi copa y lo saboreé, tenía razón, sería una pena que Alcide me hubiese matado sin haberlo probado antes.
_ A ver, Eric, ¿cómo te has metido en ese lío?
_ No lo sé, Alcide me pidió que "ayudase" a su ex a replantearse su próxima boda y se me fue un poco de las manos.
_ Bonita manera de expresarlo – se rió-. Se te fueron las manos pero más bien a su culo, seguro, que nos conocemos, Northman.
_ Muy graciosa, Ravenscroft – me llevé las manos a los ojos con cansancio-. Se supone que sólo tenía que tontear con ella, hacerle ver qué se perdía si se casaba, recordarle a Alcide, de alguna manera.
_ Bueno, no creo que piense que Alcide sea como tú en la cama, no veo cómo le has podido recordar, de alguna manera, a su ex novio.
_ De verdad, Pam, no, bastante mal me siento ya...
_ ¿De verdad? - se rió- Ay, Northman, siempre se te olvida que hablas conmigo, que te conozco como si te hubiese parido. A tí lo que te reconcome es que Alcide se va a poner bueno cuando se entere y que, por la razón que sea, la susodicha ex te ha hecho tilín. Puedo oír las campanas, querido – me miró con intención para ver mi reacción que, ni que decir tiene, consistía en mirarla con la boca abierta-. La cuestión es, ¿ahora qué? ¿Vas a decírselo a Alcide? ¿Vas a buscar a la niña sureña que te ha robado el corazón? ¿Nos vamos a reventar una boda? Mira que tengo mucha ira acumulada y puedo explotar contigo o hacer que otros sean los que las pasen putas. Tú eliges.
_ Pues...
_ Venga, Northman, no tengo todo el día – refunfuñó rellenando las copas-, ¿qué vamos a hacer?
El teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa y los dos nos quedamos mirándolo sin reaccionar. El identificador de llamada brillaba con el nombre de Alcide.
_ Cógelo.
_ No.
_ No seas cobarde, Northman, échale huevos – dijo llevándose el teléfono con rapidez de la mesa y contestando- ¿Si?
_ ¿Hola? ¿Pam? - pude oír a Alcide.
_ Herveaux – ronroneó su nombre para mi asombro y pulsó el manos libres- ¿Cómo está mi lobo feroz?
_ Pues ya ves, mi Caperucita, echándote de menos.
_ Uhmm..., vaya, vaya, qué dientes más grandes tienes – me guiñó un ojo.
_ Para comerte mejor, Pam, siempre... - ¿me estaba perdiendo algo?
_ Todo a su tiempo, Herveaux – se rió-. ¿Quieres hablar con el vikingo?
_ Por favor.
Me tendió el teléfono mientras yo gesticulaba y hacía aspavientos para que no lo hiciera. Al final, no tuve otra opción.
_ Alcide, vaya, ¿tienes algo que quieras compartir con la clase?
_ Bueno, eh..., ¿no?- respondió con nerviosismo- ¿Y tú?
_ Eh..., ¿tampoco?
_ Vamos, Eric, ¿qué ha pasado? ¿Pudiste hablar con Sookie?
_ Si... - admití mientras Pam me miraba con los ojos muy abiertos.
_ ¿Y bien? - preguntó ansioso.
_ No sé, Alcide... – Pam puso los ojos en blanco mientras se llevaba la mano a la frente.
_ ¿Cómo que no sabes?
_ No parecía estar muy dispuesta a, ya sabes, dejar a su novio – Pam se atragantó con el vino y casi le salió por la nariz. Puestos a aprovechar un Latour, éste estaba dando mucho de sí.
_ ¿No...? - su voz sonó apagada.
_ Bueno, Alcide, quizá deberías pasar página – Pam me dio una patada en la espinilla y yo gesticulé con dolor-. Incluso creyendo que reconsiderara su boda, quizá..., lo mismo tú ya no eres una opción para ella...
_ ¿Qué quieres decir? ¿Qué te ha dicho?
_ Bueno, me pediste que tonteara con ella... - al otro lado de la línea se hizo un silencio sepulcral - ¿Alcide? - titubeé y añadí con un hilo de voz- ¿Sigues ahí...?
_ ¡Hijo de puta! - tronó- ¡Te la has tirado!
_ Oye, que yo no obligo a nadie – intenté defenderme. Pam me pegó un tirón del teléfono y me lo quitó.
_ Herveaux, mon amour, ven, tenemos un Latour del 2001 y un sumiller aterrorizado, te va a venir bien – nada al otro lado- ¡Herveaux, que muevas el culo y vengas!
_ En quince minutos estoy ahí – dijo de mala gana-, pero no me responsabilizo de lo que le haga a tu amigo.
_ Sí, sí, ya, promesas...
Quince minutos exactos después, Alcide se presentó ante nuestra mesa. Su expresión de psicópata de película de serie B me hizo sentir como la rubia tonta que se separa del grupo y a la que se merienda el hombre lobo de turno. Pam levantó la vista hacia el camarero y éste se presentó inmediatamente con una copa más. Era increíble como mi Pam podía llegar a intimidar. Una suerte que hubiese venido, era lo que evitaba que Alcide se merendara al rubio tonto. Ordenamos algo de cena y comimos en silencio. Desde que se había sentado a la mesa, habíamos evitado mirarnos. Absurdo, sí, y más de lo que Pam estaba dispuesta a soportar.
_ Ésto es ridículo. Ya vale. Tú le has pedido algo estúpido – se dirigió a Alcide- y tú – me miró con severidad- te has excedido en tu celo a la hora de hacerlo.
_ Así me gusta, Pam. Tú siempre neutral, nada de alinearte del lado de este cabrón que se ha tirado a mi chica.
_ Error. Él no se ha tirado a tu chica, se ha tirado a la de... - chasqueó los dedos apremiándome a darle un nombre y musité "Bill"- De un Bill. Perdiste tu oportunidad y has sido tan capullo de pedirle a este idiota que tonteara con ella.
_ Gracias, Pam – murmuré sin saber bien si tenía algo que agradecer.
_ Cállate, Northman – me reprendió-, bastante tienes con haberte encaprichado de ella.
_ ¿Qué...? - Alcide salió de su letargo y de su fiesta de autocompasión.
_ Lo que oyes, aquí el vikingo tontorrón está más interesado en tu chica de lo que está dispuesto a admitir.
_ No me jodas, Northman – me miró por fin-. Pensé que sólo te la habías tirado porque no puedes mantener la polla dentro de tu bragueta cerca de una mujer hermosa – miró de reojo a Pam y añadió a toda prisa- que no sea nuestra Pam...
_ Vamos, cuéntale – ordenó Pam y tal y como me miraba no me atreví a rechistar.
_ No sé, Alcide, ha sido algo extraño... No sé cómo explicarlo. Cuando esta tarde me he despertado y no estaba, me he sentido abandonado, rechazado, increíblemente solo...
_ No me jodas, Northman – volvió a repetir.
_ Éso ya lo has dicho, Herveaux, amplía tu vocabulario.
_ No sé qué decir, me ha dejado sin palabras...
_ Di que por fin ha encontrado a una que no tenga que despegarla de su cama con agua caliente, por ejemplo.
_ Muy graciosa, Pamela – le hice una mueca, sí, muy maduro.
_ No, mira la lógica de ésto, no le impresionó tu aspecto, se levantó de tu cama y se fue sin decir adiós...
_ ¿Es ella ?– la interrumpió Alcide negando con la cabeza y esbozando una pequeña sonrisa al fin-. ¿Sookie es la mujer que siempre has soñado y de la que acabábamos hablando tantas noches de borrachera...?
Tjure y Snorre son dos personajes de Vickie el vikingo, uno alto y otro bajito, que se pasan la vida peleándose.
