Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
Me repito, lo sé, pero gracias, anira22.
PinkLilys, gracias por tu mensaje. La verdad es que con Eric me recreo, me divierte mucho escribir sus capítulos, supongo que, en parte, porque en ellos también sale Pam, mi otra debilidad. Tranquila, no hay ningún spoiler y, por cierto, All together dead te va a gustar, seguro ;)
5.
Debían ser las cuatro cuando, por fin, el sueño me venció, así que cuando el despertador comenzó a sonar me quería morir. Alargué la mano a tientas, lo cogí y lo estampé contra la pared. Aún así, luché contra el impulso de darme media vuelta y seguir sintiendo pena por mí y me levanté, me di una ducha y bajé a hacer frente a un nuevo día, uno menos en la cuenta atrás, uno más para mi pesar. En la cocina me encontré con Jason. La noche anterior no le había visto, mi hermano se vendía muy caro, literalmente. Su tiempo valía oro, ¿quién hubiese pensado que el chico ingenuo y algo problemático se iba a convertir en un reputado abogado? Vivir para ver...
_ Hermanita – me saludó levantándose y acercándose para darme un abrazo-. ¿Qué tal te ha ido por la gran ciudad? Te diría que te ha sentado bien, pero estás hecha un asco.
_ Gracias, Jason, está bien contar siempre con tu sinceridad.
_ No es nada, ya sabes que conmigo siempre puedes contar, no voy a mentir en casa también, sería malo para el negocio – se rió mientras me servía una taza de café recién hecho, dibujé un "gracias" con mis labios cogiéndola y me retrepé en mi silla.
_ ¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías hasta el jueves.
_ Bueno, me he tomado unos días. Papá me llamó ayer y me dijo que te vendría bien que tu hermano mayor estuviese a tu lado tus últimos días de soltera.
_ Sí, qué bien – me salió tan poco convincente que me gané una mirada inquisidora de mi hermano.
_ Me parece que tú y yo vamos a tener bastante de qué hablar, Sook – me miró arqueando las cejas-, cualquiera diría que no estás contenta ante la perspectiva de convertirte en la otra señora Compton...
_ No digas tonterías... - murmuré desviando la mirada.
_ Bueno, ya veremos, deja que eso lo decida una buena comida en Merlotte's, ¿a qué hora paso a buscarte? - lo dijo así, sin dar opción a negarse. Mi hermano, el abogado.
_ No sé – suspiré-, a la una está bien, después de todo, soy la jefa, ¿no?
_ Y que no te puedes resistir al gumbo que tiene Sam, que nos conocemos – soltó una carcajada.
La mañana había pasado con sorprendente rapidez. Laf y Tara habían sido especialmente atentos conmigo, era evidente que después de haberme llamado la noche anterior a Lafayette le había faltado tiempo para irle con el cuento a Tara, así que ahí estaban, desviviéndose por hacerme fácil el trabajo. Y éso, que en otro momento me habría parecido estupendo y enternecedor, me había estado desquiciando, pero no les dije nada. No tenía ganas de explicarme, no me apetecía contarles que en mi desesperación y, con toda seguridad, por el pánico ante la inminente boda, me estaba amparando en un hombre al que no conocía, dándole una entidad y una importancia que yo sabía que no tenía. A ver, vale, había sido un polvo, bueno, unos cuantos, que el guaperas se reveló como insaciable, ay, ahí estaba otra vez, ni siquiera cuando trataba de razonar se me iba de la cabeza su cuerpo y todo lo que le había hecho al mío. Recapitulaba una y otra vez. Bien, guapo, dotado, habilidoso y con afición, sí, pero por encima de éso, que ya era mucho, estaba que me planteaba una salida. Algo a lo que agarrarme como a un clavo ardiendo. Había sido una zorra, había engañado a mi novio una semana antes de casarnos y lo había disfrutado hasta el último segundo, no merecía su amor ni su confianza. Se acabó, punto. Era, sin habérselo propuesto, una puerta abierta hacia la libertad. Sí, en eso se me fue toda la mañana, gracias a Dios, que se me pasó volando, y en esas me pilló Jason cuando vino a recogerme. Lo bueno, que el hecho de que Tara hubiese estado toda la vida loca por él me daba un motivo para convertirla en el centro de mis pullas y me daba un respiro de ser el de las suyas. Verla alrededor de él y que se transformara otra vez en una adolescente, no dejaba de tener gracia porque los dos, a su manera, eran tal para cual. Si mi hermano era un pichabrava de pro donde los hubiese, Tara era su equivalente femenino, y verla tan comedida y soltando risitas era, como mínimo, para caerse de culo de la impresión.
Cuando por fin pude apartar a Tara de mi hermano ya eran casi las dos y me moría de hambre. Jason conducía con una sonrisilla en los labios, evidentemente, le hacía gracia que la amiga de su hermanita estuviese loca por él, aún. ¿Por qué los hombres eran así de tontos? Siempre hinchándose como pavos cuando sabían de su efecto en las mujeres de su entorno o interesándose por la que le ignoraba. No sabía cuantos más egos masculinos estaba dispuesta a soportar, con dos en los últimos días había cubierto mi cupo para los próximos diez años. Gracias a Dios por los Bill del mundo.
Sam nos recibió con una sonrisa y un abrazo. Merlotte's había sido como nuestra segunda casa, nadie hacía las hamburguesas o el gumbo como Ruby Jean, la madre de Lafayette. Sam era algo mayor que mi hermano y durante algún tiempo tonteamos pero nunca llegó a nada. Con la perspectiva que daban los años, ahora me preguntaba si no habría sido un error, era dulce, amable, divertido, atractivo y, sobre todo, un buen hombre. Paré ese tren de pensamientos, ¿estaba pensando que debería haber salido con Sam? ¿Pero, qué coño me pasaba? ¿Era la cuenta atrás para pensar en todos los hombres que me debería haber tirado y no lo hice? ¿Para echar de menos otros que ya pasaron por mi vida? El siguiente ¿quién iba a ser, Alcide...? La voz de Sam me sacó de esa pajarera en la que se había convertido mi cabeza.
_ ¿Qué tal todos los preparativos? - me miró extrañado ante la mirada de incomprensión que le dedicaba.
_ Bien, bien..., eh..., todo controlado – respondí atropelladamente.
_ Sook, organizas eventos, qué menos que tu boda este bien organizada – Jason puso los ojos en blanco-. Sería una publicidad espantosa para vuestro negocio...
_ Sí, claro, Tara y Laf se están encargando de la mayor parte, así que todo será perfecto, seguro.
_ Seguro que sí... - murmuró Sam quizá pensando lo mismo que yo unos minutos antes.
Durante los siguientes minutos hablamos de la boda, para mi vergüenza, les expliqué sin mucho entusiasmo cómo era el vestido, dónde se iba a celebrar, cuál era el menú, no sé, les informé lo mismo que si se tratara de la boda de alguien que no sólo no me importara sino que, además, me cayera mal. Los dos se miraron extrañados pero no dijeron nada. Se limitaron a bromear para quitar un poco de tensión a una situación tan chocante. Cuando Arlene vino con los platos, Sam se levantó y se disculpó para dejarnos comer tranquilos.
_ Bien – dijo Jason cuando Sam estuvo lo suficientemente lejos-, ahora estamos solos, ¿me lo vas a contar?
_ ¿Qué? - intenté disimular.
_ Venga, Sook, que soy tu hermano, te conozco.
_ No me apetece hablar de éso, Jase.
_ No dejes que se te enquiste, sé que no lleva a nada bueno – hizo una pequeña pausa y añadió con una amargura que me sorprendió-, por propia experiencia.
_ Algún día tendrás que contarme lo de Crystal – susurré cogiéndole la mano.
_ Pero no hoy. Es demasiado..., aún duele – me sonrió con tristeza-. Ahora, ya puedes estar largando todo lo que te pasa, no te vayas a creer que no me he dado cuenta de que intentas cambiar de conversación.
_ Había que probar – sonreí.
_ ¿Qué ha pasado en Nueva Orleans?
_ No me apetece hablar de eso, de verdad – protesté.
_ Vamos, Sookie, desembucha, no tenemos todo el día – me reprendió con impaciencia aunque sonriendo. Le miré y suspiré.
_ Estuve con alguien – me rendí.
_ Oh...
_ Sí, oh, y estuvo tan bien que, por un momento, ha hecho que me replantee mi vida futura. Y, claro, también está Lorena, que es otro punto en contra...
_ Me imagino – se rió-, qué mujer, pone los pelos de punta. ¿Sabías que una vez me tiró los tejos a lo bestia?
_ ¡¿Qué?
_ Sí, y todavía vivía el capitán Compton.
_ No fastidies, Jase, ¿cómo no me lo habías contado? Con lo mal que me lo ha estado haciendo pasar la muy zorra...
_ Sigues cambiando de conversación, ¿a quién le interesa esa mala pécora? Quiero saber de ese "alguien".
_ No hay mucho que contar, y, en cualquier caso, nada que me apetezca compartir contigo, espero que lo entiendas... - fijé la vista en el mantel mientras quitaba las miguitas.
_ Claro, a mí tampoco me gustaría que compartieses "esa" parte – se estremeció-, me refería a aquella que hace que te plantees dejar a Bill el sábado en el altar.
_ Éso no va a pasar, Jase, es un buen hombre no se merece algo así – dije con un hilo de voz.
_ ¿Y tú si te mereces una vida que no quieres hasta que te divorcies?
_ Pero, qué coño, Jase, ¿todavía no me he casado y ya me estás divorciando?
_ Sook, te puedes engañar todo lo que quieras, es más, puedes ir aún más allá y creer que Lorena será la suegra perfecta, pero estás levantando vuestra vida común desde premisas equivocadas. No te casas con alguien porque sea buena persona, éso es sólo una parte. Te casas porque no concibes que esté lejos de tí, porque quieres que sea lo primero y lo último que veas cada día, porque quieres que sea quien te caliente las manos cuando se te quedan frías, porque es el único cuerpo contra el que te apetece acurrucarte cuando no te encuentras bien, porque es la única persona en la que piensas cuando te ocurre algo, bueno o malo, bueno, para compartirlo, y malo para que alivie el dolor. ¿Bill es el nombre que se te viene a la cabeza cuando piensas en todo eso?
_ No.
_ ¿Se te viene alguno? - musitó con una pequeña sonrisa.
_ Sí...
Nos quedamos unos segundos mirándonos, cogidos de la mano, como cuando éramos pequeños y los niños del colegio eran malos conmigo y me hacían llorar. Jase siempre me defendía. Primero pegaba y luego preguntaba, lo que le acarreó muchos problemas y visitas al despacho del director. Por un momento desee volver a ser niña, poder refugiarme en la protección que mi hermano mayor me brindaba y escudarme tras él.
_ Bueno, deja que pague la comida y nos vamos a casa, ya se nos ocurrirá algo...
_ No hay nada que pensar, Jason. Me caso, el sábado.
Clavó sus ojos en los míos y, Dios, cómo odiaba eso, Jason siempre había podido ver dentro de mí.
_ Ya, claro – se levantó para ir a la barra.
Mientras me dirigía a la cocina a despedirme de Ruby Jean, le oí murmurar, "ya veremos, aún falta mucho para el sábado..."
