Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.


6.

La cabeza estaba matándome. La peor resaca de mi vida, y ya llevaba unas cuantas. Mientras me duchaba intenté hacer un repaso de lo que había pasado. Primero, Alcide se lo había tomado sorprendentemente bien. Una vez soltada la bomba, empezaron a salir palabras de mi boca y durante las siguientes horas y no sé cuantas botellas de ni siquiera recuerdo qué, me desahogué con mis amigos. Les conté, todo lo detalladamente que se dejaron y que el momento frágil por el que pasaba mi amistad con Alcide permitía, lo que había pasado con Sookie. No sé quién estaba más sorprendido, si ellos que me miraban de hito en hito o yo por todo lo que les estaba confesando. Alcide siempre había dicho que íbamos de guapos por la vida y que era un trabajo muy duro pero alguien tenía que hacerlo, pero para mí, éso era agotador, que siempre hubiera murmullos cuando pasaba o me señalaran o, en el peor de los casos, se animaran a entrarme, era abrumador. A Pam, mis tribulaciones le hacían mucha gracia y hacía lo imposible por ponerme en situaciones comprometidas para luego regañarme con su tono más mordaz, y decirme, "saca pecho, Northman, que nunca has sido un patito feo, ya va siendo hora de que te hagas a la idea y lo superes". Pero no, era algo a lo que nunca me había habituado. Cuando me insistía en que debía ir al bar porque yo era una de las atracciones principales, me resistía pero desde que para ella el dinero era muy, muy importante, lo decía completamente en serio y éso quería decir, en otras palabras, "Northman, te quiero allí a las diez". Si hubiese querido todo éso, sería actor, no profesor y copropietario en la sombra de un bar de copas. El caso es que les pilló tan de sorpresa como a mí que una mujer que no conocía y que me había ignorado fuese la única que había conseguido remover algo dentro de mí. Para mí, un flechazo era algo que se explicaba con una ley física y no era algo que se aplicara a mi vida. Me había pasado horas explicándoles a ellos dos, de entre todo el mundo, que sus reacciones inmediatas e irracionales ante una mujer determinada no se debía a la "química" entre ellos, sino a física pura y dura, con fórmula y todo. Ahora me tocaba a mí bajar la cabeza y aguantar sus bromas y tener que oír entre sus risas que Weber-Fechner atacaba cuando menos te lo esperabas. Y hasta ahí. No sé cómo acabé en la cama. Una suerte que estuviera Alcide, Pam me hubiese dejado tirado en el restaurante o donde fuese que nos tomáramos la última.

Me arrastré hasta la cocina y me bebí el zumo de naranja con miel que me tendió Alcide. Al poco, apareció Pam, perfectamente sincronizada con un café bien cargado. No me dijo nada antes de dejarnos solos, pero su mirada era tan expresiva y decía tanto que no tampoco hacían falta palabras.

_ ¿Qué tal vas? - se interesó Alcide.

_ Mejor, nada que no sea capaz de superar.

_ Sí, ya, no es nuestra primera borrachera, lo sé, pero no recordaba haberte visto así.

_ Éso va a ser porque también estarías borracho - intenté bromear.

_ Eric...

_ Tranquilo, se pasará... - murmuré terminándome mi café.

_ Eso espero – musitó preocupado-. Bueno, termínate el desayuno que nos vamos. ¡Pam! - le gritó y yo le miré cogiéndome la cabeza con las dos manos- ¿Está todo listo? ¿Nos podemos ir ya?

Llavamos nuestras bolsas al coche, aunque debería decir que yo arrastré la mía y nos subimos, bueno, ellos se subieron con suavidad y elegancia en sus respectivos asientos, yo me tiré en el asiento de atrás, que tampoco podía hacer mucho más en las condiciones en las que iba. Me pareció que intercambiaban una sonrisa y Pam bajó su quitasol para poder mirarse en el espejito.

_ No sé si estoy un poco decepcionada – murmuró retocándose los labios-, esperaba un poco de sangre, quizá que os partieseis la cara. Ya digo, no sé, algo más de acción.

_ Mira que nos quieres bien, Pammy – se rió Alcide.

_ Lobito no me toques la moral, que me puedo poner en plan depredadora asesina y tú no tienes ganas de verme así...

_ Yo tengo ganas de verte como tú me dejes, cariño...

¿Era yo, el vino y todo el alcohol ingerido después que aún coleaban o estos dos estaban llevando el tonteo un poco lejos? Los miré desde el asiento de atrás y no me atrevía ni a respirar. Pam me guiñó un ojo desde el espejo.

_ Northman, ¿cómo vas ahí atrás? Menos mal que estábamos contigo que sino te bebes hasta el agua de los floreros, rey. Por cierto, si te vuelvo a oír cantar a McFly te corto los huevos.

_ Fue impresionante, sí – se rió Alcide-. Siempre me deja sin palabras cuando se pone en plan esponja y si encima canta...

_ Hay muchas cosas que te dejan sin palabras, Herveaux – dijo Pam con su tono más monocorde-, deberías hacértelo mirar.

_ Bueno, al menos tú haces que mi vocabulario se enriquezca y se acerque a Dios..., Ravenscroft.

_ Oh, sí... - ronroneó Pam-, me gusta cuando te pones místico.

_ No... - murmuré con espanto.

_ No, ¿qué? - me miró Alcide por el retrovisor.

_ No, no, no, no... - volví a repetir en un susurro.

_ A ver, vikingo, usa la neurona que aún te queda para verbalizar algo más lo que quieres.

_ ¡¿Os habéis acostado? Pero..., pero... - me llevé las manos a la cara- Ésto es una pesadilla...

_ A ver si el único que se puede tirar a alguien vas a ser tú, guapo – dijo Pam poniéndose en jarras-, ¿qué pasa? Sí, lo hemos hecho, hace años que lo hacemos pero tú siempre has estado en la higuera y te vas a dar cuenta hoy, de entre todas las veces que nos has pillado en una situación comprometida. De verdad, Eric... - puso los ojos en blanco.

_ Ya, vale, pero cuando la cosa se complique, os aviso, no quiero que me pilléis en medio. No me vais a usar como munición contra el otro.

_ Déjalo, no le hagas caso al rubio, tiene muy mal beber – le dijo Alcide encogiéndose de hombros-, anda, hijo, echa un sueñecito en el camino. Ya te despertaremos cuando lleguemos.

_ ¿A dónde?

_ ¿Y qué más te da, Northman?

_ Bueno, es una tontería, lo sé, pero me gusta saber a donde voy. Una manía como otra cualquiera, Pammy.

Pam se volvió y me echó una mirada asesina, ya estaba, había despertado a la bestia, y su única contestación fue girarse hacia la radio y poner a Britney Spears a todo volumen.

Estaba en el infierno, ya era oficial. Mi vida era un asco.

No tenía ni idea de por donde íbamos, de donde veníamos y, si me apuraba, con el dolor de cabeza que tenía, ni de cómo me llamaba. Miré la hora en el salpicadero, las dos y veinte, habían pasado ya casi tres horas desde que salimos de Nueva Orleans. Por suerte, a la tercera canción había conseguido dormirme sin que antes me explotaran los tímpanos y la cabeza de paso. Las tripas me crujían de hambre y como el niño repelente en el que una mala resaca me convertía, me puse a quejarme a Pam y Alcide.

_ ¿No tenéis hambre? - lo intenté por la buenas.

_ No – respondieron los dos al unísono.

_ ¿De verdad? - mis tripas volvieron a sonar pero las ignoraron- Podríamos tomar algo, así descansabas un poco, Alcide, llevas toda el rato conduciendo...

_ No estoy cansado – le vi cómo miraba de reojo a Pam con media sonrisa.

_ Bueno, entonces, a mí me gustaría comer algo, si no os importa.

_ Más tarde – intervino Pam que volvía a dirigirme la palabra.

_ Porque no pronto, tengo que ir al baño...

_ ¿Qué tienes, cinco? Deja de ser repelente, Northman, te hemos dicho que más adelante.

_ Por favor, mami... - rezongué haciendo un puchero.

_ Ya has oído a tu mami – se rió Alcide y siguió tratándome como a un niño-, un poco más adelante pararemos. ¿Puedes aguantar hasta entonces?

_ Si...

_ Buen chico.

Me recosté aún más en el asiento y me perdí en mis pensamientos mientras miraba el paisaje. Era tan distinto al que estaba acostumbrado..., no se parecía en nada al de mi país y, por descontado, nada que ver con donde vivía. Tenía que empezar a poner orden en mi vida, no era que no fuera ordenada, pero era evidente que no cumplía con lo que yo esperaba de ella. En cuanto volviésemos iban a cambiar muchas cosas, tenía que empezar a llenar el vacío que había en mi interior, con lo que fuese. Encapricharme con una mujer, no sólo desconocida sino completamente fuera de los límites, era un síntoma de todo lo que adolecía mi vida. Sookie era bella, pequeña y voluptuosa, nada a lo que no estuviese acostumbrado, menos por el color del pelo, tan rubio como el mío, se ajustaba al tipo de mujer del que habitualmente me rodeaba. Era divertida, dulce e inteligente, y tampoco se alejaba del perfil de mis víctimas. Incluso Pam, por más que se empeñara en sacar las uñas y ponerse borde, se ajustaba perfectamente porque, para su desgracia, yo conocía su lado dulce. Tampoco había sido la primera en ignorarme, no era muy normal pero a veces pasaba. No tenía sentido, pues, que me hubiese dejado impresionar tanto. ¿Me sentía solo? ¿Tenía alguna especie de reloj biológico que me estaba gritando, búscate una mujer y procrea? Porque, de un tiempo a esta parte, la posibilidad de ser padre estaba empezando a formar parte de la ecuación. Ver como mis amigos y colegas tenían pareja, se estabilizaban y pasaban al siguiente nivel mientras yo me quedaba estancando mirando, empezaba a ser un motivo de preocupación. Pam y yo ya habíamos hablado que si llegados a cierto punto en nuestras vidas no tuviésemos una relación estable, tendríamos un hijo juntos, y era de prever, viendo como se sonreían, que ahora Alcide fuese el primer candidato también para éso.

Iba tan absorto en mis cosas que ni siquiera me había dado cuenta de que habíamos parado.

_ Eric, mueve el culo, ¿no tenías tanta hambre? - dijo Pam.

_ ¿Dónde estamos? - miré a Alcide desorientado.

_ Cerca de casa, pero es hora de comer y aquí se come muy bien.

Dejamos salir a varios clientes que ya habían terminado y salían con aspecto satisfecho, lo que era un buen augurio, y entramos en el restaurante. Era acogedor y olía a gloria o a lo mejor no y el hambre hacía que sí me lo pareciese.

_ Hola, ¿dónde está el aseo, por favor? - pregunté a la primera camarera que vi y me señaló la dirección. Le sonreí y le di las gracias – Pídeme una cerveza mientras – guiñé un ojo a Pam que me tiró un beso.

Bordeé la barra y me dirigí al aseo a toda velocidad, mi vejiga no daba mucho más de sí, tan rápido que al doblar la esquina no vi que había alguien y lo arrollé.

_ Lo siento, lo siento, no la había visto – me disculpé a toda prisa, ayudando a la pobre mujer a levantarse del suelo.

Lo primero que vi fueron sus piernas, bonitas y doradas por el sol. Debería haber dicho, si a estas alturas no ha quedado claro, que cuando veía a una mujer hermosa se me encendía el piloto automático, no lo podía evitar. Era como ejecutar una composición aprendida y perfeccionada a lo largo de los años, me salía solo lo de tontear. Y, sí, con sólo mirarle las piernas. Seguí subiendo poco a poco recreándome en sus curvas más de lo que el decoro y una desconocida estaría dispuesta a aceptar, viendo como su pecho, generoso, se agitaba y subía y bajaba con fuerza. Hasta que llegué a su cara. Ahí estaba, mirándome con espanto, con la boca entreabierta y sin poder articular palabra. Clavando sus preciosos ojos azules en los míos. Había perdido toda capacidad para expresarme con palabras y lo único en lo que podía pensar era en besarla. Aún no sé como hablé.

_ ¿Sookie...?


La canción de McFly que canta Eric en plena borrachera es Shine a light. La letra me pareció apropiada [Where can I find her/ She took the light and left me in the dark, eh/ She left me with a broken heart, eh/ Now I'm on my own/ If anybody sees her (eh, eh, eh)/ Shine a light on her (eh, eh, eh)]