Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
Gracias por vuestros ánimos anira22, PinkLilys y Vikinglover
8.
¿"Oh, vaya, Eric, qué sorpresa, ¿qué haces aquí?"? ¿En serio? ¿Horas derrochando encanto y después empleándome a fondo en la cama para escuchar "Oh, vaya, Eric, qué sorpresa, ¿qué haces aquí? Me alegra haberte visto. Me están esperando, tengo que irme"? Me quedé unos instantes sin moverme del sitio, la sorpresa volvió a dejar paso a la rabia, ¿pero qué pasaba con esa mujer? Debí bufar porque una cabeza, que asomaba de la cocina, soltó una carcajada. Recuperé la compostura y seguí hacia el aseo. Al cabo de unos minutos, después de atender a mi vejiga y de mirarme en el espejo mientras lavaba mis manos sin llegar a creerme lo que había pasado, me dirigí a la mesa en la que Pam y Alcide me esperaban.
_ Vaya, Northman, ya íbamos a mandar a una expedición en tu búsqueda – anunció Pam pero se detuvo al verme- ¿Qué ha pasado? - me senté sin contestar frente a ellos.
_ ¿Por qué hemos venido aquí, Alcide? - fue lo único que pude decir.
_ Se come bien, ya te lo he dicho.
_ Ya, ¿algo más?
_ Conozco al dueño.
_ ¿Y algo más?
_ Pues... - dudó.
_ ¿Sí?
_ Pues... - se detuvo, dándose cuenta de lo que quería decir- No jodas...
_ ¿Sí, Alcide?
_ ¿Qué pasa? - se enfadó Pam mirando del uno al otro.
_ Tu lo que sea a estas alturas – hice un gesto con la mano señalando a Alcide-, ha omitido un pequeño detalle sobre este bar. Nunca adivinarías con quién me he chocado de camino al aseo – informé a Pam.
_ No... - murmuró llevándose una mano a la boca.
_ Ya te digo – Pam se volvió y dio una colleja a Alcide.
_ ¡Ay...! - se quejó-. Bien, vale, viene a este bar, sí, pero no sabía que estaría hoy. No es normal que venga entre semana y a comer, menos, todavía a cenar, desde que la cocinera es la madre de Laf.
_ ¡Alcide! - le gritó Pam.
_ Te mereces un poco de mala vida por haberte tirado a mi chica, ahora bien, si ella piensa como tú de la otra noche, estoy dispuesto a dejarlo pasar y a ayudarte. Lo importante es que no se case con ese capullo. Cueste lo que cueste.
_ Pues te informo de que no le ha importado mucho encontrarse conmigo, vamos, que me ha saludado con frialdad y se ha ido porque la esperaban. Así que tú dirás lo que vas a hacer para impedir esa boda.
_ ¿Éso ha hecho? - preguntó Pam levantando la ceja.
_ ¿Ha sido fría contigo? - sonrió Alcide e intercambió una mirada con Pam.
_ Me tenéis frito, lo sabéis, ¿verdad? - suspiré- Sí, éso es lo que ha hecho.
_ Bueno, Herveaux, parece que aún tenemos caso – sonrió dándole otra colleja.
_ ¿Y ésta a qué se debe, Pamela? - se quejó Alcide.
_ No seas bebé, pecho lobo, como si no supiera lo que te gusta... – le tiró un beso.
_ ¡Oh, por favor, Pam! – grité-. Éso es mucho más de lo que estoy dispuesto a saber de vosotros dos.
_ Te aguantas que yo me tuve que tragar la versión sin censurar de tu noche loca – Alcide espurreó el sorbo de cerveza que acaba de beber.
_ Y éso, Pamela, también ha sido demasiada información – la miré limpiándome la cerveza en mi mano.
En ese momento, un hombre de pelo rojizo se acercó a nosotros con una sonrisa y saludó efusivamente a Alcide, que se levantó para darle un abrazo y nos presentó a Pam y a mí como sus amigos europeos. El hombre, Sam, dijo que se llamaba, nos miró con interés y nos preguntó si nos estaba gustando Luisiana, asumiendo que los dos éramos pareja. Pam había alargado la mano por la mesa y acariciaba mi brazo para no sacarle de su error. Era algo que solía hacer, así ningún hombre intentaba nada con ella, y ya lo hacía inconscientemente. Nos preguntó si nos gustaba la comida criolla y pidió a la camarera que nos trajese gumbo, pollo criollo y jambalaya.
_ ¿Has venido a la boda? - se interesó. Alcide sonrió sin ganas.
_ Supongo...
_ Sé cómo te sientes - ¡¿qué?-, que se case con Bill es... - se detuvo reconsiderando lo que iba a decir- No hay palabras para expresar lo que me hace sentir.
_ ¿Y éso? - Alcide se puso serio y yo apretaba la mandíbula mientras Pam me apretaba el brazo para contenerme-. No sabía que había salido contigo.
_ Oh, no, Sookie y yo sólo somos amigos, tonteamos algo cuando trabajó aquí un verano después del instituto, pero no pasó de ahí. Lo que pasa es que me mata que se ate a ese idiota que no ve más allá de las narices de mami.
_ ¡No me la recuerdes!, ¡qué reforma nos ha dado...! Cuando no estaba exigiendo lo imposible o gritando a mis trabajadores, estaba devorándolos con la mirada.
_ No jodas – se rió-, bueno, a mí me ha agarrado el culo en más de una ocasión, hay que andarse con ojo cuando se pasa por su lado, sobre todo si se lleva la bandeja llena.
Me gustaba ese tío, no tanto lo de haber tonteado con mi Sookie, ésto..., Sookie, pero si que parecía un buen hombre y estaba de acuerdo con Alcide en que ella no se debería casar. Aunque éso no le acabara de alinear de mi lado, desde que no me conocía, hacía que tuviésemos una causa común, sacar al tal Bill de la foto. Era increíble cómo ese hombre, que a mí me parecía bastante anodino por lo que contaban todos, levantaba tanta animadversión. Bill, ese hombrecillo gris, definido por todos como buena persona, y era lo único bueno que podían decir de él, había conseguido a la mujer perfecta, al menos para mí. No sería tan gris ni tan tonto, ¿no? Me sumergí en la deliciosa comida que la madre de Lafayette había preparado y la degusté, o mejor dicho, la engullí, que las resacas me daban mucha hambre. Al cabo de un rato, Sam volvió con café y pastel de pacanas y se sentó con nosotros. Se quedó mirando un momento a Alcide con una media sonrisa.
_ Bueno, ¿ahora me vas a decir qué haces aquí?
_ No sé de qué me hablas, Sam – Alcide soltó una carcajada.
_ Venga, Al, los dos sabemos que no quieres que Bill se case con ella.
_ Tú tampoco – intervine.
_ ¡Qué coño! - se carcajeó- Nadie quiere, es lo que me ha parecido entenderle a Jason antes de que llegarais.
_ Vaya, ¿Jason? - Alcide se rió Pam y yo le miramos sin entender-. El futuro cuñado – nos aclaró.
_ Se han ido justo antes de que llegaseis, no sé cómo no os habéis chocado con ellos – Al y Pam me miraron sonriendo con complicidad mientras yo me atragantaba con el pastel. Sam me miró- ¿Te encuentras bien?
_ Si..., no es nada... - bebí del agua que Pam me tendía- Gracias.
_ Mañana por la noche van a venir a cenar aquí todos, va a ser una especie de despedida de solteros colectiva – dejó caer Sam. Alcide no respondió, sólo le miró sonriendo-. ¿Te interesa?
_ Puede...
_ Bueno, vete a casa y piénsatelo, y si no tenéis nada que hacer, mañana por la noche, os pasáis por aquí y os tomáis algo conmigo. Supongo que, a estas alturas, tus amigos tienen que tener curiosidad por saber quién es Sookie.
_ No te haces ni idea – sonrió Pam-, pero casi que me está apeteciendo más conocer al pobre de Bill.
Una hora más tarde, llegamos a la casa de Alcide en Shreveport. Su casa era, sorprendentemente, convencional y enorme para un hombre solo. En un barrio residencial, con verja con código para acceder a la propiedad, jardines y piscina, y más habitaciones de las que una familia numerosa podría ocupar. En unos minutos estábamos instalados en nuestras respectivas habitaciones, claro, que el hecho de que Pam también tuviese una habitación, me dio la impresión de que era sólo para mi beneficio. Se sentaron en mi cama riéndose. Cerré los ojos para evitar futuras visualizaciones, que iba a tener que dormir ahí. Alcide me guiñó y palmeó el sitio libre a su lado.
_ Ya va siendo hora de que empecemos a jugar fuerte – me miró con una sonrisa-. Primero voy a averiguar algo y después vamos a actuar en consecuencia. Prepárate, Eric, tenemos una boda que impedir y pocos días por delante.
_ ¿Qué...? - murmuré- ¿Estás de coña?
_ No. Estás seguro de que es éso lo que quieres, ¿no?, que destrozar dos vidas porque sí no me parece de recibo.
_ ¿Hablas en serio?
_ A ver si me entero, ¿te tiraste a mi ex porque te gustaba? - asentí lentamente-, ¿llevas hablando de ella dos días porque te interesa y querrías conocerla más y mejor? - volví a asentir-. Entonces, ¿dónde está el problema? Si ella está interesada en tí, reventamos la boda y ya.
_ ¿Así de fácil? - seguía sin creerme la conversación que estábamos teniendo.
_ ¿Por qué te complicas tanto, Northman? El ex, que es tu amigo, te está dando el nihil obstat, ¿qué problema tienes? - preguntó Pam.
_ Bueno, Pam, ¿de verdad te parece bien?
_ ¿Te lo parece a tí estar así, echo un asco y lloriqueando por una mujer que apenas si conoces?
_ ¡Eh! – protesté-. Yo no lloriqueo.
_ Sí lo haces – se rió Alcide-, pero no has contestado aún.
_ No..., digo sí..., es que..., ¿de verdad vamos a hacerlo?
_ Depende de tí, ¿sigues interesado?
_ Claro, pero ¿por qué?
_ Porque ya que no voy a ser yo, si puedo elegir, mejor tú que Compton.
_ ¿Y ya está? ¿Nos cargamos una boda porque a mí me gustó ella y tú me prefieres a su novio?
_ Básicamente, sí – respondió.
_ ¿Y no te parece mal?
_ ¿Te ha crecido una conciencia? - se rió-. Pero contestándote, me parece mal que personas a las que quiero se vean abocadas un futuro miserable, o lo que es lo mismo, me parece mal que alguien tan lleno de vida como ella no esté con alguien que le haga justicia.
_ ¿Y crees que ese alguien soy yo?
_ Vas a tener que serlo porque si le haces daño – sonrió inocentemente-, te mato – cogió su móvil y marcó- ¡Hola, sorpresa!, ¿qué tal estás?.
Al cabo de unos minutos volvió a entrar con una sonrisa triunfal.
_ Lo dicho, prepárate, Eric, vamos a apostar fuerte, tenemos a la caballería de nuestro lado...
