Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
Gracias por vuestros comentarios. Me alegra saber que os está gustando.
9.
A las siete en punto, Bill llegó a recogerme. Me había apetecido arreglarme tanto como salir con mi novio aquella noche, pero, como siempre, me levanté, me duché, me puse un vestido estampado y me maquillé para mi cena con Bill en la ciudad. En el pasillo me encontré con Lafayette que salía también del dormitorio de Jason.
_ Vaya, qué guapa te has puesto para Bill, que desperdicio, ¿no? - se acercó y me dio dos besos al aire-. Vengo de ver al guaperas, antes con Tara comiéndoselo no he podido hablar con él con propiedad.
_ ¡Laf! Pobre Tara – me quejé entre risas- ¿Y cuándo vas a empezar a respetar a Bill?
_ Cuando se parezca al vikingo.
_ ¡Chiss! - le acallé mirando a los lados con pánico y arrastrándolo a mi habitación-. ¿Se puede saber qué te pasa? ¡Nadie puede saberlo!
_ Jason lo sabe...
_ Jason es Jason.
_ Ya, evidentemente, no es tu abuela, no – le miré muy seria-. A ver, reina, las estrellas se han alineado, todas las señales dicen lo mismo, ¿qué parte de deja ahora que todavía puedes a tu novio no has entendido? Te has acostado con otro a una semana del gran día, y qué otro, dicho sea de paso, y no sólo éso, estás fantaseando con él todo el santo día, que lo sé, te lo veo en la cara y...
_ Y, además, me he chocado con él esta tarde en Merlotte's – le corté. Se llevó la mano a la boca-. Pues sí, me he chocado con él, aunque debería decir que me ha arrollado, y cuando me ha recogido del suelo, después de mirarme las piernas y las tetas con mucha atención, cuando me ha mirado a la cara se ha quedado de piedra. Vaya, qué bien, el vikingo de mis sueños – dije con una mueca de desagrado.
_ Intenta seguir mi razonamiento, a ver si puedes, ¿vale, guapa? El tío que te estuvo mirando toda la noche hasta que te dignaste a hacerle caso, el que estuvo más que encantador, al que te dejaste en su cama después de tirártelo del derecho y del revés, que fue lo que hiciste, cacho perra, te encuentra de repente en un bar a cuatrocientos kilómetros de lugar del delito, ¿qué cara quieres que ponga?
Bueno, podía ser que no andase desencaminado, pero ya no tenía sentido. Me levanté le dí un beso a mi amigo y bajé para reunirme con mi novio que me esperaba para llevarme a cenar.
La cena en Guillaumes' fue estupenda. Era uno de mis restaurantes favoritos y por éso lo había elegido Bill, tan considerado como siempre. Comimos en silencio, porque a Bill no le gustaba hablar mientras comía, así que nuestra conversación se redujo a "qué rico ésto, ¿te apetece lo otro?, ¿un poco más de vino?" y poco más. Cuando durante el postre sonó el teléfono estaba a punto de gritar, nunca me había alegrado tanto de que mi hermano me llamara. Me dijo que estaba en un local de moda que me iba a encantar, Fantasía, que nos esperaba y me dio la dirección. Por una vez, me encantó que no me diera opción a replicar.
_ Mi hermano nos espera en Fantasía en media hora.
_ Pero es entre semana, mañana hay que trabajar... – protestó.
_ No pasa nada, Bill, déjame allí y vuelve a casa.
_ ¿Cómo te voy a dejar sola...? - se ofendió y llamó al camarero que se presentó con la cuenta.
_ No me dejas sola, me dejas con mi hermano.
_ Ya me entiendes...
_ No, no te entiendo, Bill. Jase ha venido para pasar conmigo estos días y yo quiero estar con él. Con su trabajo y el mío apenas si nos hemos visto los últimos meses – hice un puchero ganador-. Le echo de menos.
_ Tienes razón – dijo apesadumbrado y yo sonreí para mí, qué mala era, manipulándole para conseguir lo que quería-. No había pensado en lo que echabas de menos a tu hermano. Venga, vamos.
Y en menos de media hora estábamos dándole las llaves del coche al valet y nuestros nombres al portero, y entrando en Fantasía. Mi hermano estaba en uno de los palcos privados. ¿He dicho ya que mi hermano era un VIP, y que allá donde iba, recibía este trato? Aún no dejaba de impresionarme. Bill y yo nos abrimos paso entre la multitud y entramos en el palco. Jason estaba de pie al lado de una mujer rubia, distinguida y muy atractiva que se apoyaba en uno de los hombres que estaban sentados ante ellos. Me acerqué a él.
_ Hola Jase, ya estamos aquí – Besé la mejilla y luego miré a sus acompañantes.
Frente a él estaba Alcide, para mi sorpresa, y sonreí como una tonta. Bueno, qué queríais, ya he confesado que era el hombre al que más había querido.
_ ¡Al! - no pude reprimir mi alegría y le abracé-. No esperaba verte aquí.
_ Estaba con unos amigos y me he encontrado con Jason. En cuanto me ha dicho que venías, me he pegado a él – se rió con esa risa que tanto había echado de menos-. Déjame que te presente a mis amigos. Sookie estos son Pam y Eric.
Mi corazón dejó de latir. Así, en seco. Los ojos de Eric se clavaron en los míos y los de la mujer con la que estaba, me revisaron de arriba abajo con media sonrisa.
_ Mucho gusto – dijo ella al fin y miró por encima de mi hombro-. Pamela Ravenscroft – dijo tendiéndole la mano a Bill, mi novio, el hombre con el que me iba a casar.
_ Bill Compton – sonrió un poco sorprendido e intimidado por la mujer y luego se dirigió a Eric y le saludó.
_ Eric Northman. Jason nos ha contado que os casáis el sábado – dijo con su mejor sonrisa. Maldito vikingo.
_ Sí – la sonrisa de satisfacción de Bill me iba a pesar toda la vida sobre mi conciencia-. Soy un hombre afortunado.
_ Ya lo creo – murmuró Eric volviéndose a mirarme.
El corazón que antes se me había parado ahora se me quería salir por la boca. No estaba segura de si sería capaz de disimular mucho más. Noté la mano de Jason en mi hombro y me volví para mirarle. Mi hermano lucía una sonrisa misteriosa y yo lo iba a matar cuando lo pillase en casa.
La siguiente hora fue una pesadilla. Pam, la mujer que, después de cinco minutos, no sabía decir si estaba con Eric o con Alcide, y que casi no podía determinar cuál de las dos opciones me gustaba menos, fue, para mi sorpresa, una aliada. Cada vez que Eric, Alcide o Jason intentaban que la conversación fuera por derroteros que acabarían provocándome un ataque de nervios, se salía por la tangente y cambiaba de tema con una habilidad que para mí la quisiera. Estaba a punto de prometerle mi primogénito en agradecimiento cuando, en uno de sus cambios de conversación, se dirigió a Bill.
_ Ay, qué enternecedor – dijo mirándome con una sonrisa que me pareció ladina-. ¿Y pensáis en ampliar pronto la familia?
_ Oh, por supuesto – sonrió Bill-, ¿verdad, querida?
_ Eh... - intenté decir pero Eric me cortó.
_ Claro que será difícil compaginar la maternidad con tu trabajo, ¿no, Sookie? Jason dice que tu negocio está en auge - ¿qué coño quería decir y a dónde quería llegar?.
_ Bueno, espero que Sookie deje de trabajar para ocuparse de nuestros hijos, al menos los primeros años, son muy importantes en la vida de un niño, espero que se ocupe de ellos como mi madre se ocupó de mí – anunció tan ufano. Así, con todas las letras.
_ Y todavía vives con ella, ¿no? - Pam le levantó una ceja y puso una sonrisa encantadora.
_ También tú podías reducir tu jornada, ¿no, Bill? - sonrió Eric-. En mi país es habitual, hasta un ministro lo ha hecho para poder ocuparse de sus hijos...
_ Oh, sí, el superhéroe – tuve que intervenir-. He leído sobre él – puse los ojos en blanco-. Qué gran hombre tan fantástico e increíble, haciendo lo que millones de mujeres hacen cada día de sus vidas en todo el mundo a jornada completa, pero él, claro, es mucho más importante, no olvidemos que es un hombre...
_ Bueno, no creo que sea así – intentó decir.
_ No, claro, está haciendo uso de su derecho a la igualdad, en un mundo donde las mujeres cobramos menos por el mismo trabajo, ocupamos peores puestos y en condiciones mucho más precarias, y después de una larga jornada laboral, tenemos que volver a casa a ocuparnos de nuestro hogar y nuestros hijos, pero, hey, si un hombre, con la décima parte de ese trabajo, en condiciones mucho mejores y recibiendo mejor sueldo, decide que quiere ejercer su derecho a la paternidad responsable, le levantamos una estatua, le componemos una oda y le hacemos la ola, porque él lo vale.
Durante unos segundos se quedó mirándome con una sonrisa mientras los demás se recuperaban de mi exabrupto. Sus ojos desprendían tanto fuego que estaba empezando a quemarme.
_ Bill, tienes suerte – dijo al fin sin dejar de mirarme y era como si me acariciara-. Una mujer bella y reivindicativa.
Por primera vez en la noche, no, por primera vez en el tiempo que nos conocíamos, Bill no sonrió ni fue amable con el "cumplido" que el amigo europeo de Alcide acababa de hacerme. Por primera vez desde que estábamos juntos se abrazó a mi cintura en un gesto inequívoco de posesión, le faltó decir Sookeh es mía con ese acento sureño que arrastraba y abría las vocales y que haría que alguien con un acento tan británico como Pam e, incluso, Eric se partieran de la risa. Estaba celoso. Los ojos de Eric resbalaron por mi cuerpo hasta su mano en mi cadera y volvió a subirlos hasta su cara sin dejar de sonreír.
_ Sí que tengo suerte, me voy a casar con una mujer bella e inteligente que me quiere – cogió mi cara y me besó, no como habitualmente hacía, con dulzura y suavidad, sino marcando territorio.
Por el rabillo del ojo pude ver cómo Eric se le congelaba la sonrisa en los labios, apretaba la mandíbula y echaba mirada asesina a mi novio. Ni que decir tiene que éso era muy interesante, vaya, ¿estaba poniéndose celoso? ¡No podía ser...! E hice lo que tenía que hacer para cerciorarme, devolví el beso. Cuando terminamos nos encontramos ocho ojos que nos miraban censurándonos. Bueno, a mí. Mi hermano, mi ex, mi amante y..., bueno, no sabría decir lo que era Pam pero su mirada era la que más miedo daba. Quizá ése era el momento para salir discretamente antes de que la sangre llegara al río.
_ ¿Nos vamos, cariño? – dije con voz de gatita en celo. ¿Qué? Me gustaba ese Eric pelusón.
_ Claro, cielo – la sonrisa de triunfo de Bill iluminaba el bar-. Ha sido un placer conoceros – hizo un gesto con la cabeza dirigido a Pam y Eric, y se volvió a mirar a mi hermano con mirada seria-. Jason, nos vemos mañana.
Mientras nos íbamos sentía dos ojos clavados en mi espalda, siguiendo el contoneo de mis caderas al andar. Hice de tripas corazón pero no me volví, conseguí salir del bar sin dedicarle una última mirada. Ya estábamos con el valet cuando me dí cuenta de que me faltaba algo.
_ Joder, me he olvidado el bolso – me volví hacia Bill-, ve recogiendo el coche, nos vemos en la entrada.
Volví sobre mis pasos y entré de nuevo en el local, todo mi esfuerzo para hacer una salida digna y dejarme a Eric completamente dominado, a la porra. Giré a la izquierda para subir al palco donde estaban todos cuando un cuerpo enorme se interpuso en mi camino.
_ ¿Buscas ésto?
_ Eric... - me sorprendí y luego miré lo que colgaba de su mano- Oh, un truco muy barato, Northman.
_ No, nada de trucos, te lo has dejado. Quizá una mala jugada de tu subconsciente, ¿no te parece? – me dedicó una sonrisa de esas que son las responsables del deshielo en los polos-. Pero esperaba que volvieras y aquí estás.
_ Bueno, entonces dámelo que tengo prisa, Bill me espera...
Le quité el bolso y me dí media vuelta. Demasiado fácil, debería haberlo pensado antes. Eric me cogió por el brazo y me paró, me giró y me fui contra su pecho. En un pispas una mano estaba mi espalda y me apretaba contra él, la otra en mi nuca y su boca contra la mía. Y ahí estaba yo, en vez de rechazarle y darle un guantazo, restregándome contra él y agarrándome a su cuello como si no hubiese un mañana.
Vergüenza de mis futuros hijos...
