Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.

Los capítulos de Eric son los que más me divierte escribir, espero que os guste.


10.

A las ocho entramos en el restaurante al que Alcide nos llevaba a comer esa noche. Después de lo críptico que se había puesto con su llamada misteriosa y lo de la caballería, sentía una extraña excitación. Miraba a Pam que me sonreía y sabía que ella también la sentía, tenía la impresión de que esa noche iba a cambiar drásticamente el curso de mi vida. Pasó como si le perteneciera y saludó al maître, que nos acomodó en una de las mejores mesas, nos sirvió un vino estupendo y ordenó nuestros platos. Al cabo de unos minutos de estar acomodados, llegó la persona a quien esperábamos. Alcide se levantó y le dio un abrazo, nos miró y nos presentó.

_ Estos son mis amigos Pamela Ravenscroft y Eric Northman – los ojos del hombre se fueron rápidamente a los de Alcide al oír mi nombre-. Éste es Jason Stackhouse.

La caballería.

_ Así que tú eres Eric – se rió-. No me extraña, hasta a mí me has impresionado... Y Pamela – dijo su nombre como una caricia-, un verdadero placer.

_ Llámame Pam – para nuestra sorpresa, soltó una risita. Mis ojos se fueron inmediatamente a Alcide que se había puesto serio.

_ Para el carro, Jason. Pam, no – le advirtió y los ojos de Pam brillaron con una emoción que rara vez le había visto.

_ Vaya, Alcide... - se rió Stackhouse- No sabía nada, me alegro por tí – se sentó a la mesa y sonrió a la camarera que le llenaba su copa-. Gracias, guapa.

La camarera se derritió, literalmente, y echó un vistazo a la mesa, fijando los ojos en Pam y mirándola con envidia. Cuando por fin de fue, Jason se volvió a mirarme con curiosidad.

_ He oído hablar de tí, Eric – dejó caer y no sabía decir si lo decía con severidad o no-. Se ve que estuviste ocupado en Nueva Orleans...

_ Espero que bien...

_ No te sabría decir. Has causado bastante conmoción, si tenemos en cuenta que se casa el sábado – levanté las cejas, no era cosa que el hermano sospechara de que ya lo sabía antes de conocerla-. El caso es que la confusión no sería mala del todo si sirviera para que se diera cuenta de en dónde se está metiendo.

_ ¿Qué quieres decir? - preguntó Alcide fingiendo inocencia también.

_ Vamos, Alcide, ¿cuánto hace que nos conocemos? ¿Diez años, quizá más? ¿De verdad crees que me voy a tragar que no has tenido nada que ver en ésto?

_ Supongo que no – confesó Alcide.

_ Bien.

Pam le miraba fascinada. A lo largo de los años, había oscilado entre los hombres y las mujeres. Una borrachera y el polvo posterior fue la base sobre la que levantamos nuestra amistad, Alcide, al parecer, había sido su amante más regular a través de los años y yo le había conocido a algún otro en el tiempo que llevábamos siendo inseparables, pero las mujeres habían sido la constante. Alcide y yo éramos los únicos hombres en su vida, los únicos con pene que pasara lo que pasara, siempre estábamos ahí. Amelia tenía la culpa, se había entregado a ella como nunca lo había hecho con nadie y la había dejado. Podía encontrar la lógica en que hubiese cruzado el charco para venir a refugiarse en mis brazos, era su mejor amigo, veía la congruencia en dejarse consolar por Alcide, la otra constante en su vida, pero que mostrara ese interés por Jason era una perturbación en la Fuerza. No lo pude evitar, cogí su mano. Dejó de mirar a Jason y sus ojos se posaron en nuestras manos y luego se levantaron hasta los míos. Una sonrisa llena de ternura se curvó en ellos, comprendiendo lo que pasaba por mi cabeza. Cuando el momento pasó, volvimos la vista a Alcide y Jason que habían dejado de hablar y nos miraban con atención. Jason parecía enfadado.

_ Eric, mira, no tengo tiempo que perder, así que vamos al grano. ¿Te interesa mi hermana? Lo digo porque no me ha parecido después de la demostración de afecto – señaló nuestras manos que aún estaban enlazadas.

_ Pam es mi mejor amiga, lleva dos días escuchándome hablar de tu hermana, diría que pacientemente pero ese es un adjetivo que no cuadra con, aquí, mi chica. Si le cojo de la mano y la miro con cariño es algo que no es de tu incumbencia y con lo que tu hermana, en un momento determinado, va a tener que vivir. Somos amigos, socios y vecinos. Somos familia. ¿Contesta éso tu pregunta?

_ Dí que sí, Northman – Pam puso los ojos en blanco-, haciendo amigos. Al que "no le incumbe" es tu futuro cuñado.

_ Te veo muy segura de éso – sonrió Jason, por fin.

_ Bueno, le conozco – se encogió de hombros-. No hay nadie como él.

_ Ah, vale, gracias – se molestó Alcide.

_ Ni como tú, cariño – ronroneó.

_ No, déjalo – Alcide hizo un puchero-, no lo arregles.

_ Cualquiera diría que no me conoces, Herveaux – puso su tono de dominatrix-, a él tengo que vendérselo a Stackhouse, tú eres mío.

Suspiré, vaya un día de confesiones...

_ Ya vale – me quejé-. Ni Jason ni yo necesitamos tanta sinceridad.

_ No me puedo creer lo bien que encajaréis en nuestras vidas – soltó una carcajada-. No me extraña que Lafayette también esté tan impresionado contigo... - le miramos con atención- Bueno, no creerías que te iba a dar a mi hermana sin investigar un poco, ¿verdad? Tara y Laf hablan maravillas de tí, Alcide te avala y mi hermana...

_ Tu hermana, ¿qué...? - murmuré nervioso como un adolescente.

_ Mi hermana es una mujer dulce y muy buena, fiel a su palabra y ya se la ha dado a Compton. Va a ser difícil – me miró y se apiadó de mí que estaba retorciéndome a su lado de incertidumbre-, pero no imposible.

Me sonrió y se volvió a hablar con Alcide. Durante la cena, no volvimos a hablar de ella. Ni una sola alusión. Habló de su trabajo, se interesó por cómo le iban las cosas a Alcide, nos preguntó a Pam y a mí sobre nuestras vidas en Europa, si nuestro bar era un éxito, se rió cuando le dije que se llamaba Valhalla, diciendo que muy apropiado. Nos dijo que nos iba a llevar a un club que acababan de abrir, de uno de sus clientes, y que estaba resultando un éxito, por si nos daba ideas para el nuestro. Se disculpó y salió unos instantes y cuando volvió lo hizo sonriente.

_ Todo preparado. He llamado para que nos pongan en la lista VIP, estaremos más tranquilos en un palco.

Pam y yo nos miramos, ¿un palco? Definitivamente, no iba a ser un sitio del que sacáramos ideas. El nuestro era un bar de copas para bailar y poder escuchar música en directo, nada más, por más de moda que estuviésemos y saliésemos en las revistas de tendencias de media Europa. Al entrar, todas mis sospechas se confirmaron, era un mega club de diseño un poco pretencioso para mi gusto, pero que funcionaba. La entrada y la subida al palco tuvo su gracia, la gente, las chicas debería decir, se abría a nuestro paso como el mar Rojo y miraban a una Pam que avanzaba con paso firme subida a sus impresionantes sandalias rojas de Louboutin, mi último regalo de cumpleaños, de ahí que, por una vez, supiera de qué diseñador eran, con más envidia que nunca. Jason iba a la cabeza y Alcide y yo, ocupábamos nuestro lugar servil, a ambos lados de nuestra chica, un paso por detrás, escoltándola, mostrándole al mundo lo importante que era para nosotros. Si esa noche no superaba cualquier problema de autoestima y de ego que pudiese haber tenido a raíz de lo de Amelia, no lo haría nunca. Entramos en el palco privado, el camarero se nos acercó y pedimos nuestras copas. Estábamos teniendo una conversación animada cuando una mujer con un vestido veraniego de flores que se ajustaba a todas sus curvas, y eran muchas y espectaculares, se acercó a saludar a un Jason que me dedicaba una media sonrisa. Cabrón.

Sookie besó a su hermano en la mejilla, saludó con un abrazo y demasiado entusiasmo para mi gusto a Alcide y luego se volvió hacia Pam y hacia mí. Evidentemente, no esperaba verme allí con su hermano, con su ex novio y con lo que estaba seguro que le afectó más, una rubia impresionante apoyada en mí. Mi Pam. Tras ella estaba ese "buen hombre", su Bill. Le examiné con detalle. Físicamente no era rival y después de un rato de conversación comprobé que intelectualmente, tampoco. ¿Qué era lo que le había llevado hasta él? ¿Cómo un hombre tan insignificante había conseguido a mi Sookie? Si, mi Sookie, ya iba siendo hora que hablara de ella con propiedad. ¿Quizá habían sido amigos durante tiempo y la ruptura con Alcide hizo el resto? ¿Se podían pasar años con un novio rebote? No, tenía que haber algo más. No quería ni pensar en que fuese el sexo, me negaba a imaginar siquiera que le rozara un brazo, cuanto más alguna porción de su piel donde yo ya había puesto mis manos y, a estas alturas, estaba reclamado como mía.

Ni que decir tiene que tanto su hermano como Alcide y yo queríamos llevarla a nuestro terreno para poner en evidencia a su novio y muy, muy nerviosa a ella, quizá lo justo para que acabara admitiendo, si no de viva voz, al menos sí para ella misma, lo que yo estaba empezando a significar en su vida. Y una y otra vez, Pam salía al rescate, eludiendo todas las conversaciones comprometidas, ¿de entre todo el mundo, mi Pam? Pero, de repente, lo hizo, Pam lo consiguió. Sacó un tema espinoso, los hijos y Bill se metió en un jardín él solito. Cuando Sookie se puso guerrera y feminista conmigo, durante unos segundo dudé en abrazarla y darle el beso de su vida delante de todos, ¡Dios, cómo me estaba poniendo sólo con su retórica!, pero cuando recordé a Bill lo afortunado que era, la reacción del novio, no por esperada, fue menos sorprendente. Había conseguido ponerle celoso y la besó. Lo hubiese matado, le hubiese arrancado los brazos por la osadía de rodear el cuerpo de una mujer que ya era mía, le hubiese arrancado los labios y cortado la lengua... La hubiese arrancado de él, la hubiese arrastrado hasta un sótano y la habría encadenado para que no le devolviese el beso. Pero lo hizo. Los cuatro, que nos las habíamos prometido tan felices unos minutos antes, nos quedamos mirándoles serios y Sookie se dio cuenta de que era el momento de irse.

Nos dejaron cabizbajos y enfurruñados, Jason, Alcide y yo estábamos en plena ebullición. A ellos le había gustado tan poco como a mí la demostración de fuerza. Sólo Pam nos miraba con una sonrisa.

_ ¿Te ha parecido divertido, Pamela? - rezongué.

_ No, ha sido un poco lamentable y desagradable, si me apuras. Ese Bill es un poco baboso – Alcide levantó la cejas con incredulidad-, bueno, muy baboso.

_ Te dije que no iba a ser fácil – Jason me miró con simpatía-, vamos a tener que organizarnos y planear una buena acción de ataque.

_ Sí, claro, vamos a montar estrategias, que tenemos tiempo – dijo Pam con impaciencia-. Pero qué inútiles sois, menos mal que estoy yo aquí...

Nos volvimos a mirarla sin entender lo que decía y entonces lo ví. Una sonrisa se dibujó en mis labios. Mi Pam, qué grande era...

_ Te quiero, rubia.

_ Sí, vale, ya, espero un regalo que lo demuestre – sonrió dándome el bolso de Sookie.

Salí del palco y bajé corriendo, me aposté en la esquina para que chocara contra mí cuando volviese a por su bolso. Estaba nervioso, joder, no me podía creer como me latía el corazón en el pecho con la anticipación. De repente pensé, ¿y si el que viene es el capullo de su novio? No, tenía que ser optimista, y ahí estaba, Sookie estrellándose contra mi pecho. Me reí cuando me reprochó que era un truco barato y le dije que quizá su subconsciente la había traicionado. No me dio opción a más, se iba, tenía que hacer algo y la besé, agarrándola del pelo, apretándola contra mi cuerpo, para que aprendiera, para que pudiese comparar mejor ahora que tenía el otro beso fresco y se enterara de quién la hacía vibrar, para borrar los besos que había recibido hasta esa noche y que no se los había dado yo. Me sorprendió devolviéndomelo y resultó ser un beso lleno de desesperación, de deseo, de fuego, de angustia por si era el último y, sorprendentemente, de amor. Cuando respirar se convirtió en una necesidad mayor que la de estar pegados el uno al otro, apoyé mi cabeza contra la suya con los ojos cerrados, no quería abrirlos para encontrarme que sólo era yo quien estaba sintiendo todo éso, quería prolongarlo un poco más, forzar una reacción en ella.

_ Tenemos que hablar – dije tras recuperar un poco el aliento.

_ No hay nada de qué hablar, Eric – jadeó contra mi boca y casi volvió a besarme.

_ Sí que lo hay, ¿no te das cuenta?

_ No hay nada de lo que darse cuenta, sólo de que soy una zorra sin corazón que está restregándose con otro mientras su novio, con el que se casa el sábado, la espera fuera – dijo con tristeza.

_ Sookie, tú no le quieres...

_ ¿No? - su voz era increíblemente fría- ¿Y a tí sí?

_ A mí, al menos, me deseas – dije intentando fingir la misma frialdad pero se me quedó en amargura.

_ ¿Y qué? Él es mi pareja, me caso con él, no contigo – dijo dándose media vuelta pero se lo impedí.

Volví a besarla, esta vez con toda la rabia y toda la frustración acumulada durante las últimas horas. Dejándole claro que no iba a terminar así. La solté y la dejé ir, no sin antes dedicarle una mirada dura unas últimas palabras.

_ Éso está por ver...