Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
11.
Las últimas palabras que Eric me había dicho seguían martilleando en mi cerebro. Cuando se dio media vuelta y subió las escaleras me quedé mirando cómo lo hacía. Paralizada, observando como sus piernas largas y musculadas le alejaban de mí, mientras mis dedos rozaban mis labios. Bill. Me sacudí a Eric de mi retina y me forcé a salir de allí, me obligué a sentarme en su coche y a escuchar durante la hora de trayecto hasta casa, su diatriba contra esos dos malditos europeos que se creían tan superiores. ¿Quién coño se pensaba que era, atreviéndose a coquetear con su novia delante de sus narices simplemente porque podía? En eso tenía razón, lo hacía porque podía, porque yo se lo permitía, porque yo lo quería. Intenté tranquilizarle sin mucha convicción, diciéndole que para ellos era diferente, que no veían las cosas como nosotros, cuando lo que debería haberle dicho era que sí, que tenía más razón que un santo, que ese maldito europeo tenía más derecho sobre mi cuerpo de lo que él nunca tuvo, pero ¿cómo se le dice algo así a tu prometido?
Me despedí de él con un beso apresurado y desganado, y entré en mi casa.
Dormí poco y mal y me levanté de muy mal humor. Mi madre no hacía más que protestar y quejarse de lo poco que parecía interesarme los preparativos de mi propia boda. Si ella supiese... La abuela me miraba con pesar y mi padre, como siempre, guardaba silencio ante los sermones de mi madre. Estaba convencida de que, a lo largo de los años, mi padre había desarrollado un sistema de audición selectiva que se le encendía en cuanto mi madre pasaba de cierto número de decibelios o de cierto número de palabras por minuto, tendía a hablar muy deprisa cuando se enfadaba. Y allí estaba yo, sentada a la mesa de la cocina, rodeada por mi familia casi al completo, que el cobarde de Jason ni siquiera había venido a dormir a casa, intentando desayunar y probando el método de mi padre con nulos resultados.
_ Bueno, ya me tengo que ir. No me esperéis a comer, tengo mucho trabajo.
_ ¿Has oído algo de lo que te he dicho? - preguntó mi madre muy enfadada.
_ La verdad, no, mamá – me acerqué y besé su mejilla. Vi a mi padre sonreír con el rabillo del ojo con los ojos pegados al periódico-. Qué pases un buen día.
Llegué a la oficina antes de lo que tenía pensado, era lo que tenía salir huyendo de casa a primera hora, pero Laf ya estaba allí.
_ ¿Qué tal tu cita con tu chico? - dijo sin levantar la vista de lo que hacía e intentando no ser desagradable pero le salió un "tu chico" demasiado mordaz para no serlo.
_ ¿Cuál de ellos?
Eso despertó su atención pero yo me dí media vuelta y me metí en mi despacho. Laf vino detrás mía y cerró la puerta detrás de sí.
_ ¿Crees que puedes decir algo así y esconderte en tu cubil, cariño? Estás muy equivocada, suelta por esa boquita, pendón, habla con Laf, sabes que lo estás deseando.
_ Anoche pasé una bonita velada cenando con mi novio y después tomándome una copa con él y con mi amante. Y con mi ex novio y con mi hermano y con una mujer que no te sabría decir que es ni que relación tiene o va a tener conmigo.
_ Y yo pensando que lo de montarme un trío había sido una gran noche. Me has superado, perraca.
_ No creas, lo único excitante de la noche fue cuando Eric me besó y yo a él y si no me llega a estar esperando Bill en la puerta, me lo hubiese tirado en esas escaleras – Laf se llevó la mano a la boca.
_ ¿Qué...? - dijo con un hilo de voz-. Sookie, en serio, no sigas con la boda, aún estás a tiempo.
_ ¿A tiempo de qué? No – suspiré con resignación-, ya no hay salida. La cuenta atrás está en marcha.
_ La cuenta atrás se puede detener, lo importante es que no llegue al cero.
Tara eligió ese momento para llegar, una sonrisa bobalicona curvaba sus labios y se sentó en el sofá mirándonos sin vernos.
_ ¿Y a tí qué te pasa? - preguntó Laf, levantó la vista y negó con la cabeza-. Estoy rodeado de locas...
_ Menos mal que tú mismo también eres una, ¿no? - le saqué la lengua.
_ Muy graciosa, Stackhouse. Calla que tienes mucho de lo que avergonzarte esta mañana y sobre lo que recapacitar – le miré molesta, eso había sido un golpe bajo.
_ ¿Tara? ¿Estás ahí, cariño? - le dije y ella me miró.
_ Ajá – se limitó a decir.
_ Bueno, está claro que esta noche ha triunfado – su sonrisa se amplió-. Vamos bien – me miró Laf- ¿Alguien que conozcamos? - Tara asintió y nosotros volvimos a mirarnos.
_ Anoche estuve en Fantasía con JB – volvió a sonreír-. Me encontré con tu rubio, encantador y mucho más guapo de lo que recordaba, se ve que en Nueva Orleans los margaritas me nublaron la visión – soltó una risita-. Ay, qué guapo que es el jodío – mi expresión debió cambiar completamente porque se rió y se apresuró a tranquilizarme-. Cálmate, que no ha sido él, aunque desde que te casas el sábado, técnicamente, es libre de hacer lo que quiera. También estaba Alcide... De verdad, Sook, habiendo estado con esos dos, ¿cómo has caído tan bajo? - Lafayette soltó una carcajada.
_ ¡Tara! - me enfadé- Estás a ésto – hice un gesto con la mano- de no ser mi dama de honor.
_ ¿Significa eso que no te casas? Porque si es así, nada me haría más feliz, aunque implicara no ver a tu hermano con chaqué y vislumbrar la posibilidad de quitárselo después...
_ Dime que no lo has hecho – murmuró Laf-. ¡Tara! - le recriminó- ¿Cuántas veces hay que sacarte del pozo en el que te deja Jason?
_ No sé de qué me hablas, Laf...
_ Y una mierda que no, ¿otra vez...? Te has pasado toda la vida loca por él y emocionándote en el momento que te hacía algo de caso para luego hundirte cuando pasaba de tí.
_ Tara, estamos hablando de mi hermano, pero Laf tiene razón.
_ Bueno, ahora es diferente. Nunca antes..., ya sabes... - se sonrojó.
_ Voy a matar a mi hermano, del todo, lentamente y disfrutándolo – cogí el móvil y marqué su número- ¿Dónde estás?
_ ¿Sook...? - preguntó con voz desorientada y somnolienta.
_ Sí, contesta.
_ En mi casa, pero...
_ Ve preparando café, voy para allá – y le colgué haciéndole lo mismo que él siempre a mí. ¡Ja!.
En algo más de veinte minutos estaba llamando a la puerta de Jason. Me abrió en pijama y medio dormido.
_ Hablabas en serio...
_ ¿Esperabas que estuviese de coña después de lo de anoche?
_ No, pero esperaba que estuvieses de mejor humor después de besar al vikingo – dijo con ironía. Así que lo sabía, ¿eh?, pero qué cotillas eran estos hombres, por Dios.
_ Vaya, tu amiguito Eric te fue con el cuento... - me sirvió un café y se sentó frente a mí.
_ No hizo falta, le dejaste media barra de labios en la boca – cerré los ojos al recordar su boca contra la mía.
_ Bueno, sí, le besé y me gustó, pero no cambia nada – dije seria zanjando el tema-. No estoy aquí por éso. ¿Te has acostado con Tara? - le pilló por sorpresa- ¡Jason, por el amor de Dios! ¿En qué estabas pensando? Aunque, claramente, no pensabas, al menos no con la cabeza que tienes sobre los hombros...
_ Podría echarle la culpa a todo lo que bebí, pero no sería cierto... No lo sé, Sook, estaba ahí y siempre me mira con arrobamiento..., no lo pude evitar.
_ ¿Estaba ahí? ¿No lo pudiste evitar? Es la peor excusa que he oído en mi vida. Sabes que a Tara siempre le has gustado, no juegues con ella. Cada vez que te has acercado un poco a ella para luego dejarla, la hundes. Y ahora has subido de nivel de golpe, una cosa es quedar con ella y darle plantón y otra muy diferente pasar juntos la noche para luego no llamarla, ¿no lo entiendes? Te quiere...
_ Lo siento, Sook, yo no pensé...
_ No, no pensaste – le corté-. Ahora, arréglalo y no le hagas daño.
_ Vale, no es como si ella no me gustara, no creas. Cuando me acercaba era por éso y cuando me iba también, porque erais amigas y si la cagaba ¿qué?, fastidiaría vuestra amistad.
_ ¿Y no has pensado que ella ya es mayorcita? Puede afrontar una relación de verdad, de las que empiezan y pueden acabarse, pero no este ahora sí pero no, y hasta dentro de unos años.
_ Muy bien, la llamaré, Tara siempre ha merecido mi atención – sonrió levantando la ceja-. Pero, volviendo a lo de antes, ¿qué pasa con el sueco y contigo? Anoche creí que acabaríais sobre una mesa – le miré con los ojos como platos-. Ah, vaya, sí, hazte la inocente ahora. Conseguiste lo nunca visto, que Bill se pusiera celoso o crees que fue porque sí y no porque los dos os estuvieseis devorando con la mirada.
_ No, no te creo – dije con hilo de voz- ¿Fue para tanto? - me miró y asintió- Ay, Dios mío, ésto no puede estar pasándome, ¿por qué yo? Maldita la hora en la que acepté el regalo de Tara y Laf...
_ ¿Ellos te empujaron y te caíste accidentalmente en la cama de Eric? No eches la culpa a tus pobres amigos, tomaste una decisión, y debo decir que la entiendo, que sería la que cualquier mujer en su sano juicio habría tomado.
_ Cualquier mujer libre.
_ Pues eso, como tú, ¿o te has casado en secreto? - se levantó y me sirvió otro café- Sook, estás a tiempo. Eric es un gran tío, va a encajar perfectamente en nuestra familia y seguro que te va a encantar vivir en Europa – por un momento me vi viviendo con él en otro país, un océano más allá.
_ Jason, deja de desvariar – me sacudí la imagen-, eso nunca va a pasar. No me lo pongas difícil, por favor...
Se mordió el labio y se concentró en su taza. Podía ver cómo se desataba la lucha dentro de él, por un lado quería hacer todo lo que estuviese a su alcance para impedir mi boda, por el otro tenía que atender mi súplica, era su hermana y me estaba viendo sufrir, aunque fuera porque no tenía valor para romper con mi vida, cómoda y segura, donde el amor ya no formaba parte de la ecuación.
_ Eres consciente de que no se va a rendir, ¿verdad?
_ Pues haz que se rinda, sólo me tiene en el punto de mira porque no me puede conseguir. Si dejara a Bill y me fuera con él, ¿cuánto crees que tardaría en dejarme?
_ ¿Es por éso, Sook? ¿Tienes miedo de que si dejas a Bill por él, te abandone rápidamente?
_ No... - negué débilmente.
_ Dale el beneficio de la duda.
_ No va a hacer falta, Jase, no sigas, por favor.
Se me quedó mirando por encima de su taza en silencio, viendo cómo me replegaba y me resignaba a la vida que a partir del sábado viviría.
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