NOTE: Aquí os traigo un poquito más de mi historia. Actualmente tengo mucho más escrito, pero prefiero ir cortando la historia en momentos que podrían ser intrigantes para mantener la atención de los lectores. :) Como siempre, si queréis que siga colgando tan sólo tenéis que añadir la historia a favorites o escribir algún review; estoy dispuesta a leer todo tipo de comentarios constructivos que me ayuden a mejorar mi escritura.
¡Disfrutadlo!
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– Clary, por favor... Ya basta, Clary... Quieta... –Una voz muy familiar se proyectó cerca de su oído, tanto que un dulce y ardiente aliento ascendió por su cuello produciéndole un placentero escalofrío. El tono era comedido, tranquilo, seguramente con la intención de sonar relajado para que Clary se apaciguara.
Y lo consiguió, tan sólo una persona sobre toda la faz de Idris o de la propia Tierra podía tener ese efecto sobre ella. Los músculos de su espalda se destensaron de a poco, y su respiración se ralentizó de forma considerable. Ahora recordaba que en algún momento de su corrida había creído que sería capaz de vomitar los pulmones, los cuales ardían en su pecho ante el esfuerzo.
– Ya está... Respira... –Jace parecía algo agitado también, pero en un porcentaje minúsculo en comparación de ella. No lo había escuchado ir tras ella cuando salió de la casa de los Penhallow, aunque a decir verdad ni aun habiendo estado concentrada lo había hecho. Antes, cuando había estado corriendo, le había parecido que el suave viento veraniego que corría entre los árboles pronunciaban su nombre, pero entonces cayó en la cuenta de que había sido Jace, sólo que su voz le había parecido como si lo escuchara desde las profundidades del océano.
– Quítame tus asquerosas manos de encima. –Clary no creyó que su voz pudiera ser tan firme en un momento como aquél en el que se atragantaba con sus propias lágrimas. Todavía su vista no se había aclarado, pero había mejorado considerablemente por su continuo parpadeo.
Inspiró hondo, esperando calmarse, pero en su interior una apagada ira comenzaba a alimentarse de la escena que había acaecido en la cocina. Sintió arcadas en la boca del estómago; quizá sí que fuera a vomitar los pulmones entonces. Echó la cabeza a un lado, con la intención de que lo que quisiera que hubiera en su interior ascendiera por su esófago, pero tan sólo escupió saliva. Ahora se encontraba mareada, fallida de fuerzas y justificadamente cabreada. Su interior era una mezcla indefinida de sensaciones que se contradecían.
Las manos de Jace se pusieron cada una a cada lado de su rostro, mientras sus pulgares apartaban las lágrimas que discurrían como un río por las facciones de Clary. Ella mordió bruscamente su labio inferior al pensar que, seguramente, aquellas manos habían estado en contacto con la piel de Aline, brindándole un placer que ni siquiera ella había tenido el gusto de paladear... Una terminación nerviosa ardía con intensidad en el final de su mano izquierda, hormigueándole los dedos.
– Clary, por favor, déjame expl... –No tuvo tiempo de finalizar. La mano en la que Clary había sentido aquel ardor febril ascendió con vida propia y abofeteó una de las mejillas de Jace. Éste, estupefacto, retrocedió en paso, liberándola de su prisión entre su cuerpo y la fría pared del callejón. Llevó las yemas de sus dedos a la piel ardiente bajo su ojo, donde podía sentir un calor poco agradable y un picor que, más que doler físicamente, fue psicológicamente. La mejilla estaba sonrojada allá donde Clary le había propinado una bofetada, dejando incluso la marca de sus dedos.
Empezó a llover.
