Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
12.
Esa mujer me sacaba de quicio, sacaba lo peor de mí. ¿Con quién se creía que estaba jugando? Volví al palco donde todos me esperaban expectantes. Al verme todos sonrieron y me dieron palmaditas en la espalda.
_ ¿Qué coño os pasa? - pregunté enfadado.
_ Bueno, Northman – dijo Pam sacando su espejito del bolso y tendiéndomelo-, parece que no te ha ido mal, ¿no?
Mi boca y su contorno estaban llenos del lápiz de labios de Sookie, por eso habían sacado conclusiones. Mala suerte si no se ajustaban a lo que esa mujer cabezona y desquiciada quería.
_ Ah, vaya, y habéis deducido ¿qué, exactamente? Porque la loca de tu hermana no sabe si comerme o dejarme o las dos cosas, mientras su novio la espera en la calle.
_ ¿Te ha vuelto a dejar tirado? - preguntó confundido Alcide.
_ Pues sí, parece ser que me desea pero nada más, que si tuviese más valor se acostaría conmigo siempre que se le presentara la ocasión pero no por eso va a dejar de casarse el sábado.
_ Lo siento, es muy terca – se disculpó Jason, el pobre, como si tuviese la culpa de que la desquiciada de su hermana fuera así.
Pam me ofreció una toallita y me limpié la cara con fuerza a ver si a base de restregármela me quitaba a esa mujer de la cabeza. Cogí la copa que Alcide me tendía y me asomé a mirar a la gente que a mis pies parecía divertirse, ¿por qué no bajar y dejarme llevar por la corriente? Seguro que las mujeres que desde abajo miraban hacia nuestro palco no serían como Sookie y no tendrían ningún problema en estar conmigo. Me terminé la copa y salí sin ni siquiera decir hasta luego. En la planta baja, costaba moverse pero ser tan alto como yo facilitaba mucho las cosas. El camarero siempre me veía y podía pedir, y no sólo se aplicaba al camarero, era visible para todos, y cuando digo todos, me refería a todas y si veía a alguna que me interesa, podía seguirla con la mirada siempre y a la vez que ella lo viera. En esas estaba cuando una mano se posó en mi brazo. Había sido más fácil de lo que esperaba, no habían tardado mucho...
_ Pídeme una cerveza, vikingo – miré a la mujer que me hablaba sonriente.
_ ¿Tara? - le devolví la sonrisa.
_ La misma. ¿Qué haces en Shreveport? - no perdía el tiempo-. Entiéndeme, no es que no me alegre de verte, Dios sabe que sí, pero encontrarte aquí es un poco... desconcertante.
_ Bueno, estoy con unos amigos – lo dejé ahí.
_ Vaya, no dijiste que tuvieses amigos en esta parte de Luisiana.
_ No lo preguntasteis.
Un hombre se acercó hasta ella e intentó que fuese con él a bailar. ¿Estaba mal de la cabeza? Éso no se hacía cuando una mujer hablaba con un tío de mi tamaño. Tara se deshizo de él y le gritó que la dejara en paz, que estaba harta, que ya cogería un taxi para volver a casa.
_ ¿Tu chico? - le pasé la cerveza.
_ No tengo chico – murmuró con voz apagada.
_ Porque quieres – intenté animarla y ella me sonrió con tristeza.
_ No. Porque no puedo tener al que quiero – chocó su cerveza contra la mía reconociendo en mí a un compañero. Sí, éramos hermanos en eso.
Estuvimos un rato ahí, hablando, después consiguió arrastrarme hasta la pista de baile y me arrancó unos cuantos. No era que no supiera bailar o lo hiciera mal, para un hombre de mi altura me movía con gracia y ritmo. Puestos a confesar, a estas alturas no me iba a poner remilgado con las cosas que llevaba dos días admitiendo, lo admito, mi madre me hizo ir a clases de baile de salón. Ya está, lo he dicho. Durante cuatro años, aprendí a bailar todo lo bailable, mambos, cha-cha-chas, valses, pasodobles, rumbas..., y mis favoritos, tangos y lambadas. ¿Qué? Era un adolescente, cualquier cosa que me permitiera arrimarme a una mujer, me venía bien. El caso es que dos canciones después y mientras rezaba para que desde arriba Pam no me estuviese viendo volver a cantar a McFly, me dejé llevar y empecé a pasármelo bien. Tara era divertida, guapa e inteligente. Al haberme centrado tanto en Sookie y con la personalidad brillante, cegadoramente brillante, de Lafayette, ella me había pasado totalmente desapercibida. Salimos de la pista de baile y nos dirigimos a las escaleras. Nos sentamos allí un momento y seguimos hablando un rato más. Le conté por encima que había visto a su amiga. Intenté entender porqué lo hacía, porqué si tanto me deseaba no estaba ahí conmigo, que era donde yo quería que estuviese. Tara no sabía si tenía una respuesta que darme, simplemente se encogió de hombros y dijo que a Sookie le costaba moverse. Se acomodaba en una situación y cambiar le aterraba, no poder controlar su vida y que sus sentimientos tomaran el control. Y éso era yo, un terremoto, alguien que venía a cargarse los cimientos sobre los que había levantado su castillo de naipes. Volvió a chocar su cerveza con la mía y me deseó buena suerte si pensaba que podía hacer cambiar de opinión a la persona más obstinada del hemisferio norte.
_ ¿Y tú, Tara? - cambié de tema- ¿Ese hombre también es tan obstinado o aquí la cobarde eres tú?
_ Ese hombre, cariño – me dijo con tristeza-, también es un Stackhouse.
_ ¿Jason? - me miró extrañada.
_ ¿Le conoces?
_ He venido con él – me levanté y la cogí de la mano-. Vamos, ésta va a ser tu noche.
_ No, Eric, por favor – me miró con pánico y me paró-. No estoy del todo segura de lo que tú sientes por Sookie, pero para mí Jason es mucho más de lo que crees, siempre he estado enamorada de él – me hizo sentar otra vez en las escaleras-. Desde niña, cuando venían desde el norte para ver a su abuela, siendo adolescente, cuando se mudaron con ella y Sook se convirtió en mi mejor amiga. Él era ese chico brillante e inaccesible, un poco como tú, que todas miramos desde la distancia porque no nos creemos que pueda interesarse en alguien como nosotras.
_ ¿Cuándo fue la última vez que te miraste al espejo, Tara? - me reí-. Eres guapa e interesante, eres divertida e inteligente. Si a Jason no le gustas peor para él, además, que eso sería sintomático de que estos Stackhouse tienen un problema mental, los dos. Si teniendo a su alcance a alguien como tú, no se agarra como a un clavo ardiendo a la posibilidad de tenerte para siempre con él, es que es idiota y no te merece. Tú, por otro lado, mereces saber si es así, necesitas tener esa respuesta para poder avanzar – me levanté y le tendí la mano, y esa vez la cogió y entró conmigo en el palco.
No sé si fue la sorpresa de vernos entrar así, de la mano, pero Jason, se planto inmediatamente a mi lado y la saludó. Tara me miró y yo le guiñé un ojo antes de besar su mejilla. Saludó a Alcide, le presenté a Pam y se centró en su Stackhouse mientras yo no dejaba de pensar en la mía. Y al cabo del rato, se fue con él.
Si Jason le hacía daño se las iba a ver conmigo.
OoOoO
Me levanté con dificultad, ya tenía una edad para andar por ahí hasta las tantas, bailando y bebiendo como si fuera un universitario. El maravilloso olor a comida me llevó hasta la cocina, Pam había hecho el desayuno y servía una taza de café a Alcide mientras él le untaba la tostada. Les miré un rato antes de entrar, hacían buena pareja. El pro de que mis dos mejores amigos acabaran juntos y felices tenía el gran contra de que si la cosa funcionaba, Pam se quedaría aquí. ¿Cómo iba yo a sobrevivir sin mi Pam? La idea de mudarme también planeó por mi cabeza pero la deseché. Me gustaba mi trabajo al otro lado del charco, me gustaba mi país de adopción, me gustaba la vida tal y como la vivía allí. Y, sobre todo, me apetecía enseñárselo a Sookie, compartir con ella las cosas que me gustaba hacer en casa.
Entré y me senté después de besar a Pam en el pelo. Me dedicó una sonrisa y un me sirvió mi café.
_ ¿Cómo te has levantado esta mañana? - preguntó tendiéndome la taza.
_ Bien, gracias, Pam, ¿vosotros habéis dormido bien? - me interesé educadamente- ¿Habéis dormido, a secas?
_ Vaya, Northman, ¿nos das tu bendición?
_ No tientes a tu suerte, Ravenscroft, que aún me estoy haciendo a la idea – me reí-. Este capullo te hace feliz, entonces, a mí, también.
_ Bueno, y cambiando de tema, ¿qué vas a hacer con la mula Sookie?
_ Pam... - la amonestó Alcide con una sonrisa.
_ ¿Qué, acaso no es terca como una?
_ No voy a hacer nada. Si no me quiere, peor para ella; si lo que quiere es casarse, porque la razón que sea, no voy a entrar en éso; allá ella, es su vida – los dos intercambiaron una mirada.
_ Vale, como quieras – dijo Alcide volviendo a su bacon.
_ Hay muchas por ahí que te merecen, ¿por qué quedarnos con ésta? - corroboró Pam.
Los miré extrañado, ¿qué pasaba? ¿Nada más? ¿Ni un sólo reproche, ni un "no te rindas, Northman"?
_ ¿Por qué me da la impresión de que hay algo que no me contáis?
_ Hay muchas cosas que no te contamos, Eric – sonrió Alcide inocentemente llevándose la servilleta a los labios-, no tienes más que recordar tu descubrimiento de ayer...
_ Ya, vale – sonreí con condescendencia-, ¿cuál es el plan?
A las ocho de la noche, estábamos arreglados y subidos al coche. Pam canturreaba en el asiento delantero, sonriendo con anticipación ante la noche que nos esperaba, ¿excuse me I don't mean to be rude but tonight I'm fucking you?, ¿en serio, Pam?. Alcide la miró pensando que nadie le veía y la cara se le iluminó unos segundos antes de recordar que yo estaba detrás sin perder detalle. Me reí de los dos en silencio. Tardamos algo menos de una hora en llegar a nuestro destino. El aparcamiento estaba lleno de coches, la noche iba a estar concurrida y a ser, como mínimo, movida. Salimos del coche y nos dirigimos a la puerta y entramos. Allí nos paramos un poco y la clientela se volvió para mirarnos. Pam había puesto toda su elegancia y su buen gusto a nuestro servicio para elegirnos lo que debíamos ponernos y, quedaba mal que yo lo dijera, pero estábamos espectaculares. ¿Dos hombres altos y guapos, uno rubio y otro moreno a cada lado de un pedazo de rubia, vestidos los tres con ropa asquerosamente cara? ¿En un pueblucho de Luisiana? Para no estarlo... Sam se acercó a nosotros entre el murmullo de sorpresa y admiración que se podía oír en el salón y nos saludó.
_ Vaya, si queríais llamar la atención, lo habéis conseguido – dijo en voz baja aguantando la risa.
_ Es una fiesta, ¿no? - se encogió Pam de hombros y se acercó para darle dos besos a modo de saludo-. No tenemos camisas de cuadros. Bueno, éste sí – me señaló con la cabeza- pero no le iba dejar ponérsela con el traje de Armani...
_ No es que no me apetezca descubrirlo poco a poco pero, ¿qué tenéis preparado para esta noche? - miró con picardía a Alcide-. No te hagas el tonto conmigo, que soy un perro viejo, huelo problemas cuando los veo y vosotros tres venís en pie de guerra.
Le regalamos nuestra sonrisa más beatífica y con su beneplácito y una carcajada nos colamos en la fiesta de despedida de solteros de Sookie y Bill.
