Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.


13.

Lo primero que oí fue un rumor generalizado seguido de un "guau" de boca de Lafayette. Tara soltó una risita y Jason le dio un codazo, lo que hizo que Laf soltara una carcajada. Primero me quedé helada, luego empecé a sentir pánico. En la puerta de Merlotte's tres personas acaparaban las miradas de todo el pueblo.

_ Pero, ¿qué coño? - oí murmurar a Bill que se volvió hacia mí espetándome- ¿Qué hace ése aquí?

Me encogí de hombros sin saber qué decir. Sam fue a recibirlos, ¿les conocía?, ¿pero qué pasaba con mis amigos...? Se rió con Alcide y con Eric y recibió dos besos de Pam. El contraste entre los vaqueros y la camisa de Sam y los trajes de los recién llegados era más que evidente. Se habían vestido para matar, para marcar la diferencia y vaya si lo estaban haciendo. Sin querer se me fue la vista a Bill y su atuendo. No es que fuese mal, claro, pero no iba como ellos. No iba como Eric. Pam se cogió del brazo de Sam y avanzó con sus dos torres detrás. El efecto era impresionante y consiguió su objetivo, aquella nunca sería recordada como la fiesta de Sookie y Bill sino la fiesta en la que se presentaron aquellos tres. No me quejaba, eran un espectáculo para la vista, incluida Pam con su vestido ceñido y con pinta de ser muy, muy caro.

Bill estaba a punto de explotar. Se iba para ellos cuando le paré.

_ ¿A dónde vas?

_ Quiero que se vayan.

_ ¿No has visto cómo les saludaba Sam? Son sus amigos, no puedes echarles...

_ Puedo intentarlo.

_ Y también puedes hacer el ridículo – le miré enfadada-. ¿Hay alguna razón a parte de que te sientas celoso? No. Pues tómate una copa y haz como si no estuvieran.

Se dio media vuelta y siguió atendiendo a los invitados. Tara me observaba con atención y mis ojos se encontraron con los suyos. No me podía creer que no me hubiese avisado, mi hermano y ella debían saber algo.

_ ¿Por qué no me lo has dicho?

_ No tenía ni idea, Sook – se volvió hacia mi hermano- ¿Tú sabías algo, Jason?

_ No, pero ha sido una buena jugada – se rió.

_ Ya te digo – corroboró Laf.

_ ¿Os alegráis de que mi fiesta se vaya a la mierda? - me enfadé.

_ Tu fiesta no se va a ir a la mierda, Sook, no seas dramática – dijo mi hermano-, sólo se ha puesto interesante.

_ Yo sí que me alegro de ver entre tanto cuadro a un pedazo de hombre con un traje de Armani – se rió Laf-. Y míralo desde este ángulo, cuando le contéis ésta fiesta a vuestros hijos, os reiréis, seguro.

_ Claro, porque a Bill le está encantando.

_ ¿Y quién dice que hablara de Bill...? - se dio la vuelta con sus andares de reinona y se perdió entre los invitados con dirección hacia Eric.

Me quedé mirándole con la boca abierta. Lafayette, mi ex amigo, mi ex socio, mi ex estilista, mi ex todo... Jason me miró con intención de decir algo y le paré.

_ Basta – le corté-. Mantenedles lejos de Bill o ésto va a acabar mal.

Me dí media vuelta y me dirigí hacia donde Bill hablaba con mi madre aunque mi instinto de preservación me gritaba lo contrario, los dos me miraban con el ceño fruncido. Me pasé los siguientes minutos esquivando a mi novio, evitando a mi madre, eludiendo las preguntas de los invitados que podían ver que algo iba mal. Maxine fue especialmente dura de pelar, era como un perro con un hueso; había olido la sangre y allí estaba para averiguar lo que podía sacar en claro. Y, por si todo eso no era suficiente, también me escondía de Eric. Pero no fue necesario, en ningún momento se acercó a mí. Pam y Alcide me saludaron desde lejos y él se limitó a inclinar la cabeza en mi dirección desde detrás de ellos; éso fue todo. Se mezclaron con nuestros invitados y, aparentemente, se dispusieron a pasar un buen rato. Al principio se sentaron con Sam y permanecieron hablando y bebiendo cerveza, ignorándome. Al cabo de un rato, Eric se levantó, el corazón se me aceleró cuando comenzó a acercarse pero pasó de largo, probablemente, con destino al aseo. De vuelta fue abordado por Lorena y ahí fue donde empecé a hiperventilar. Jason siguió la dirección de mis ojos y se alarmó. En realidad, todos estábamos en tensión, los mirábamos intentando no llamar la atención, mirando como conversaban, sin perder ripio, como el resto de invitados. Cuando empezaron a reírse se me cayó la copa de las manos. ¡El muy cabrón estaba tonteando con Lorena!. Bill estaba lívido, luchando contra las ganas de irse para su madre, sacudirla y arrastrarla con él.

_ Tranquilo – le cogí por el brazo-. ¿Ves? Es una cosa europea, no está tonteando con ella como tampoco lo hacía conmigo...

¿Qué? Había que probar, ¿y si se lo tragaba?

_ No. Está coqueteando con ella.

_ Bill, por Dios, no seas ridículo. Podría ser su madre. Está siento amable – me miró poco convencido pero se apaciguó.

Empezó a sonar una canción y Lorena le sacó a bailar. La muy zorra, intentando ligar con mi Eric..., eh..., con Eric. Al principio se veía un poco patoso, el country no era lo suyo pero, poco a poco y, ¿cómo de raro suena esto?, con la ayuda de mi suegra mi amante comenzó a moverse con mucha más soltura y acabaron arrancando aplausos. Lo nunca visto. Estaban tan absorta mirándolos que no vi a mi abuela que se acercó y me abrazó.

_ ¿Quién es?

_ Eric Northman - respondí-, un amigo de Alcide.

_ Y tan guapo como él – se rió.

_ ¡Abuela!

_ ¿Qué, hija? Soy vieja pero aún no estoy ciega.

_ Ya, bueno, no quería... - balbucí.

_ Procura que no se te note tanto, cariño – me sonrió-, no dejas de mirarle.

Y me dejó allí, con la boca abierta viendo como se dirigía hacia Ginger y Fred. Saludó a Lorena y luego se presentó a Eric que cogió su mano entre las suyas y se la llevó a los labios con una pequeña inclinación y una sonrisa encantadora. Ya estaba, mi abuela también en el bote. Jodido seductor. Se sentó en la silla que él le ofreció y bebió la bebida que caballerosamente le pidió, permaneció unos minutos hablando animadamente y soltando risitas como Lorena, como dos colegialas.

No era justo, había sido una buena chica toda mi vida y ahora un sólo error me había arrastrado al infierno, había desatado el armagedón y ya no había quién lo parara.

_ Voy a ir – volvió a refunfuñar Bill.

_ ¿Qué, Bill? ¿También coquetea con mi abuela? Anda, ven aquí – le dí un beso y resultó bastante más torpe de lo que pretendía por lo que quedó un poco raro.

Abracé a Bill en mi intento de huir hacia delante, miré por encima de su hombro y le ví con los ojos clavados en mí. En toda la noche no me había dirigido ni una sóla mirada y fue a escoger ese momento. ¿Cómo era posible que llevara toda la noche luchando conmigo misma por no acercarme, celosa de las atenciones que deparaba a las demás, mientras estaba al lado de mi novio, y sólo había sentido que estaba actuando mal cuando me había pillado abrazando a mi prometido? ¿Qué pasaba conmigo? Mi abuela había seguido la dirección de su mirada y se le dijo algo que le devolvió a la realidad, sonrió y se levantó. Le retiró la silla y le ofreció su brazo, mi abuela se veía feliz, sonreí, y comenzaron a deslizarse por la pista con los acordes de Sway.

Para cuando terminaron de bailar, el team Eric había aumentado considerablemente. Mi padre le sonreía complacido y agradecido por el buen rato que estaba haciendo pasar a la abuela. Toda mujer en "nuestra" fiesta, excepto mi madre, alineada del lado de Bill, estaba rendida a sus pies; no sólo era guapo sino que había sido amable y divertido y, encima, sabía bailar y no se avergonzaba de ello. Por favor, si Maxine Fortenberry le miraba como si fuese el último pastelito de crema. Por no contar a mi hermano, Sam, Tara, Laf y Alcide. Y a Lorena, no debía olvidar a mi querida futura suegra... Joder, si hasta yo estaba de su lado y eso era lo que más miedo y rabia me daba.

Me escabullí y me dirigí a la cocina. Allí, Ruby Jean apremiaba a Terry a darse prisa con los platos.

_ Hola, Ruby Jean.

_ ¡Mi niña! - me ofreció la cara mostrándome las manos llenas de masa - ¿Qué tal va tu fiesta? ¿Ya estás huyendo?

_ Sí – me reí-. ¿Puedo esconderme aquí un rato?

_ Claro, pero sólo si te traes al rubio – me guiñó un ojo.

_ ¿Qué...? - no podía ser, ¿lo habían publicado en el periódico local?

_ Bueno, no es como si hubiese tenido una visión ni nada – se rió al ver mi cara-. Os ví el otro día y Arlene ha comentado que estaba aquí.

Me senté en un taburete, frente a la encimera, como cuando era adolescente y venía con Laf y Tara, y me llevé las manos a la cabeza.

_ Estoy tan confundida, Ruby... Y ya sabes cómo odio éso.

_ Me imagino que para una maniática del control como tú, ese pedazo de hombre debe ser lo peor que te podía pasar a tres días de su boda. Claro, que no sé que te piensas tanto, cógele de la mano y sal corriendo.

_ No puedo, lo sabes.

_ Lo que no puedes es ser infeliz, hazme caso – me puso un plato de alitas delante y pidió a Arlene que acababa de asomar la cabeza que me trajese una cerveza.

Me quedé pensativa, mordisqueando una alita, luchando contra las ganas de hacer lo que Ruby Jean sugería. La miré y sonreía de oreja a oreja, casi como si supiese en qué pensaba.

_ ¿Puedo robarte una? – me sobresalté al oírle a mi espalda -. Tranquila – se rió-, sólo será una.

Se apoyó en la encimera, con su cerveza en la mano, esperando que dijera algo pero las palabras no salían, así que empujé el plato un poco en su dirección y sonreí. Cogió una y la degustó con deleite.

_ Uhm, qué delicia – sonrió a Ruby Jean que ya estaba entregada-. Es usted una cocinera fantástica. La comida del otro día estaba buenísima y estas alitas casi la superan.

_ Gracias, guapo. Soy Ruby Jean, la madre de Lafayette.

_ Por supuesto, ¿de quién si no iba a haber heredado ese encanto y tanta belleza? - le dedicó una sonrisa encantadora.

_ Vaya, Sookie – se rió-, si no te lo quedas tú, me lo pido yo. Te has ganado otro plato, guapo, tú pide por esa boquita – le había cogido por la barbilla, como si fuera un niño y él se dejaba querer, el muy...

Ruby Jean fue a por otro plato y se lo puso delante, y se retiró para seguir preparando pedidos junto a Terry y Tommy al otro lado de la cocina.

_ ¿Qué haces aquí? - por fin había recuperado la voz.

_ ¿A parte de comer? – sonrió iluminándolo todo- Te he visto y he pensado que era el único sitio en el que podría saludarte sin que tu novio – torció el gesto- se pusiera histérico.

_ ¿Le culpas? No será por falta de razones, ¿verdad?

_ Está en todo su derecho, quiero quitarle a su prometida.

_ No... - me quejé débilmente.

_ No, ¿qué? Es cierto, te quiero para mí, te quiero en mi cama y en mi vida, te quiero en mis brazos y en mi casa para siempre. Con lo que sí, yo diría que quiero quitarle a su chica.

Mientras decía todo ésto se había ido acercando lentamente a mí. Para cuando quise darme cuenta, su cara estaba al nivel de la mía, su mano jugueteaba con mi pelo y sus labios casi rozaban los míos.

_ Eric... – musité.

_ No, nada de Eric – dijo poniéndose serio-. ¿Sabes lo que es verle a tu lado, ver como te rodea con sus brazos y te besa? ¿Entiendes la clase de suplicio que es saber que tiene derecho a estar ahí aunque seas mía?

_ No soy tuya – conseguí protestar con un hilo de voz.

_ Oh, sí que lo eres – esta vez sus labios sí rozaron los míos que, traicioneros se abrían invitándole a más-. Tu cuerpo, tus deseos más profundos, tu futuro, todo mío...

Se separó de mí y me miró fijamente mientras yo le imaginaba a mi lado, abrazándome y besándome, adorando mi cuerpo en un hermoso jardín en una tarde de primavera. Y entonces el carraspeo de Ruby Jean le llevó lejos de mí y la voz de Bill me sacó de mi sueño.


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