Author's Comment: Siento estar tardando en subir algún que otro capítulo, y que cuando lo hago no es que sean precisamente largos. Aun así, espero que os guste este pequeño adelanto que os doy. Si queréis que siga introduciendo más la historia, tan sólo tenéis que dejarme algún review, añadir la historia a favorites o suscribiros. Lo que queráis. :D Sin más preámbulos aquí lo dejo. Y, por cierto, al final de la historia tendréis una nota explicativa acerca de algo.
Disfrutad. :)
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Jace sintió el impulso de alejarse repentinamente de Clary, pero no lo hizo. Su amor no era prohibido como hacía poco más de tres meses, no había ningún motivo por el cual aquello debía ser avergonzante. Tan sólo eran dos jóvenes cazadores de sombras a punto de consumar su amor, ¿qué tenía de malo? Aunque el rubio se vio en la obligación de apartar las manos tan próximas a la intimidad de Clary, quizá por no faltar el respeto a quien les había interrumpido.
Giró el rostro suavemente, todavía sumido en el letargo de lo que había estado a punto de suceder. Y sus facciones se descompusieron al igual que el muro de Berlín había sido derrumbado. Al ver la expresión de alerta de su amante, Clary miró en la misma dirección, algo acongojada. Sus ojos a pocas se salieron de sus órbitas y empezó a sentir cómo sus fuerzas se desvanecían.
Sebastian. O el verdadero Jonathan Cristopher.
"Ha regresado para matarla, para vengar la muerte de su padre", pensó él, pues desde que Valentine había sido asesinado por el Ángel Raziel y tras no haber hallado el cuerpo de su hermano, había temido con toda su alma y existencia que se regocijara en la muerte de Clary, pues había sido ella quien había cambiado el pentagrama de invocación.
Y, mientras tanto, ella, horrorizada, no dejaba de decirse a sí misma que Jonathan había regresado para terminar con Jace lo que habían empezado al lado del río que circulaba cerca del escondite del Señor del Círculo.
– Veo que no habéis perdido el tiempo en mi ausencia. Sabía que teníais cierta tendencia masoquista el caer en la tentación del incesto, pero ahora que sabéis la verdad, parece que no queréis desperdiciar ni un segundo el uno contra el otro. –Sonrió, si es que a eso se le podía llamar sonrisa, mostrando su blanca y perfecta dentadura.– Hacéis bien, nunca se sabe cuándo una vida puede ser sesgada por la guadaña de la Muerte. –Tanto Jace como Clary estaban petrificados; era aquello lo que llevaban temiendo desde la supuesta caída de Jonathan. Éste, quien era bien favorecido por las sombras al ocultar éstas la mayor parte de sus facciones y cuerpo, alzó sin ningún preámbulo la mano derecha, mostrando un largo y ancho cuchillo que perfectamente podría haber sido robado de una carnicería mundana por las dimensiones del mismo. Un relámpago iluminó la escena, y los dos amantes pudieron comprobar, al mismo tiempo, que todo el cuchillo se encontraba cubierto de una densa sangre roja, reciente, que parecía una escorrentía a lo largo del antebrazo del macabro muchacho y goteaba desde su codo hasta el suelo.– Ya me he ocupado de nuestra querida madre, Clary. Nunca me gustó que me abandonara y despreciara de aquel modo. ¿Quién quiere ser el siguiente? –Su arrogante mirada bailaba entre el rostro inexpresivo de Jace (habiendo recuperado ya la compostura) y una Clary atónita.
El primero se separó con brusquedad, y sólo entonces recordó que había salido desarmado de la casa de los Penhallow. Palmeó en vano su cinturón, sin hallar nada. Giró bruscamente hacia Clary, con una mirada apremiante. Ella tan sólo llevaba encima su estela, y con aquello no podía hacer mucho más. De un momento para otro pareció que toda Alacante estaba desierta, ya no había música, ni voces lejanas del bullicio; tan sólo la incipiente lluvia que golpeaba el suelo y a ellos mismos con fiereza.
– ¿Celoso, Jonathan? Deberías pensar quién de los dos desea hacer el incesto. Qué pervertido, por favor. –Hizo un ademán con la mano, uno bastante despectivo. Un músculo en la mejilla del sucesor de Valentine se crispó. Jace sonrió sarcástico.– Exactamente eso era a lo que me refería. –Y sin ningún arma, se abalanzó contra él dispuesto a luchar.
Pudo esquivar la afilada hoja haciendo un brusco movimiento hacia la derecha, aferrando en el camino la mano derecha de Jonathan para retorcerla y que el cuchillo cayera al suelo. Había sido rápido, mucho más de lo que ninguno de los dos podría haber creído, y el cuchillo se resbaló de la mano de su contrincante al estar enguantado en un color escarlata. Jace consiguió empujarlo varios metros hacia atrás y se envalentonó contra él de nuevo, dispuesto a deformarle la cara de inocencia que tenía. Asestó un duro puñetazo en su mandíbula, y Jonathan contraatacó alzando ambas manos para sujetarlo del cuello e impedir que respirara. Lo consiguió. Los roles cambiaron y fue el hermano de Clary quien se situó sobre Jace, aprisionando a éste contra el empedrado del callejón, cortándole cualquier vía por la que pudiera obtener oxígeno. No dejaron en ningún momento de luchar por tomar el control, aunque estaba claro que Jonathan se encontraba en ventaja.
Jace quedó tendido en el suelo, sin resuello y los ojos cerrados, la clara decadencia del movimiento de su pecho era, de lejos, alarmante. Jonathan apartó las manos victorioso y comenzó a incorporarse dándose media vuelta, dispuesto a liquidar a su hermana sin compasión.
Clary fue mucho más rápida. No había huido, aunque sabía que eso era lo que Jace querría. No lo iba a dejar solo contra su hermano. Sujetaba el cuchillo por el mango con ambas manos, como si su vida dependiera de ello. No supo de dónde brotó aquella valentía, sabiendo que era sangre de su sangre... Pero ese motivo no bastó para desatar la ira contenida, la cual era mucho mayor a cualquier ligamiento de familia. Antes de que Jonathan terminara de levantarse, asestó una puñalada al pecho del muchacho, justo en el centro del corazón.
– Con razón... eres una Morgenstern. –Fue todo lo que dijo su hermano. Se sintió herida, irascible, cegada por la rabia. Y no satisfecha con lo que había hecho, desinsertó la arma blanca de su pecho y la volvió a hundir con furia, repitiendo el mismo proceso varias veces. La sangre brotaba abundante, en un segundo pensó que no creía que tanto elixir vital pudiera ser contenido en las venas.
Una mano pálida, pero férrea, detuvo el último movimiento en forma de semicírculo con el que pensaba, definitivamente, ponerle fin a la vida de su hermano. Vio los ojos coléricos, pero orgullosos, de Jace frente a ella y se detuvo en seco, yéndosele el cuchillo de las manos para rebotar en el suelo con u tintineo. Lo miró, confundida. Su imponente cuerpo le impedía observar a su fallecido hermano, y lo agradeció. Jace se mantenía de espaldas a la sangrienta escena, esperando apaciguarla con su presencia.
– Yo crecía que... cuando te estaba...
– Shh. Era una farsa; prentedía hacerme el desfallecido para atacarle con la guardia baja. Pero te me has adelantado. –Acarició una de las mejillas de ella, reconfortándose con su calidez. La sonrisa vacilante de Clary terminó brotando, con un matiz triste que Jace no pudo soportar, así que la atrajo contra sí, dejando que enterrara su rostro en su propio pecho. Sintió cómo los hombros de ella temblaban, en un amago por controlar los sollozos, pero no emitió sonido alguno.– Ya pasó, todo está bien. Vayamos a casa. –No obtuvo respuesta, así que la apartó suavemente, comprobando que se había desmayado.
La cogió en brazos con cuidado y la acunó contra su tórax, emprendiendo una ligera caminata hacia la casa de los Lightwood, sin mirar atrás.
Había cometido un error.
Author's Note: Clary no ha matado al verdadero Sebastian (y ni siquiera se sabe si está realmente mureto :_]). Una cosa es que ella creyese que era él, y otra muy diferente que en verdad lo fuese. Entonces, os preguntaréis: ¿Quién era? Es algo que no tengo pensado revelar, prefiero dejarlo a vuestra imaginación aunque hay una explicación bastante lógica (aunque algo descabellada ;D). Podéis dejar vuestras suposiciones en un review si queréis.
¡Un beso!
