Author's Comment: Bueeeno, sé que estoy tardando mucho en subir actualizaciones y que, además, éstas son cortas. Pido perdón por las molestias, pero cuando intentaba subirlo me daba error, y también estoy ahora con la temporada de exámenes en la Universidad. Aun así, espero sacar un poco de tiempo cuanto antes. Ya sabéis que si queréis que esto siga, tan sólo tenéis que dejar un review o agregar la historia a favourites, así sabréis de los primeros cuándo he actualizado.
That's it. :)
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Las luces estaban apagadas, o al menos no había incentivo de ellas a través desde las ventanas. Jace subió los peldaños del porche con cuidado, sujetando a Clary todavía entre sus brazos. La observó acurrucada en ellos, como si fuese frágil y buscase cobijo en él. El joven sonrió imperceptible, ahora tenía mucho más de lo que jamás había deseado. Mientras la tuviese a su lado pudiendo respirar su dulce aroma, mientras ella hiciese siempre lo contrario a lo que decían, mientras se dejaba inundar con cada entonación que tenían sus palabras cuando hablaba... Mientras tanto, podía seguir viviendo. No se imaginaba una vida sin ella, ya no.
Clary parpadeó confusa bajo la tenue luz amarillenta del porche. Gimió por lo bajo, desorientada: ya no se acordaba de dónde había estado ni qué había estado haciendo. Jace la sujetó con fueza para que no se cayera y se sentó en uno de los bancos que custodiaban la puerta principal. La acomodó en su regazo con sumo cuidado y le apartó unos rebeldes mechones de pelo rojizo que cubrían sus ojos verdes.
–Estamos en casa, Clary. Duérmete. –La voz de Jace fue suave, como un breve suspiro que acarició la piel de la muchacha.
Clary lo observó como si lo viese por primera vez en su vida. Sus ojos brillaban en la oscuridad por la pasión, por todas las emociones que él hacía que aflorasen en ella. Era perfecto con todas sus imperfecciones, lo cual le dotaba de todavía mayor belleza. Clary se preguntaba cómo Jace se podría haber fijado en alguien como ella. Pero gracias al Ángel, estaban destinados para siempre, hasta que la muerte los separase.
Ella abrió los labios para decir algo, cualquier cosa que derribase aquel dulce silencio. Pero los volvió a cerrar, indecisa, puesto que todavía seguía sumergida en el calor que el cuerpo de Jace desprendía. Jace sonrió al ver que Clary no conseguía reaccionar y lo miraba fijamente. Se inclinó sobre ella, quien tenía su cabeza apoyada en las rodillas de él. Dejó que sus labios se rozasen, incentivándole a algo más.
Clary, descontrolada, alzó las manos que yacían a sus costados sobre el banco de mármol y las llevó al pelo de él, dejando que sus dedos se perdiesen. Tiró de Jace hacia sí hasta que sus labios encajaron perfectamente. Fue consciente de la humedad en la boca del muchacho y dejó que su lengua se bañase en ella. Jace, por su parte, comenzó a escavar dentro de ella, deseoso de encontrar algo que no sabía qué era. Quizá su propio desahogo.
Sus respiraciones comenzaron a agitarse, los corazones de ambos palpitaban al unísono, con fuerza, excitados por el momento. Los dedos de Jace repasaban las líneas de la mandíbula de Clary con mucha suavidad.
–Vamos a mi habitación. –Murmuró él, sin querer despegarse del todo de ella, puesto que cuando la besaba se sentía completo.
Llevaban mucho tiempo retrasando todo, por un motivo u otro. Pero ambos lo deseaban, querían conocer el cuerpo de otro como si fuese suyo. No podían seguir posponiéndolo, pues llevaban mucho tiempo haciéndolo.
Para la sorpresa de Jace, Clary sonrió de lado, con cierto toque perverso. Aquello lo hizo sonreír con picardía y la ayudó a incorporarse. Clary se puso en pie de un salto y tiró de la mano de Jace, obligándolo a levantarse. Éste volvió a tomarla en brazos en un abrir y cerrar de ojos; a veces Clary olvidaba cuán rápido podía ser su amado. Ella levantó sus brazos y rodeó el cuello de él, enterrando su rostro en el hueco entre su cuello y su hombro. Jace sintió un agradable calor en la base de la garganta y se le escapó un ronroneo suave. Clary lo escuchó, satisfecha, y empezó a trazar un sinuoso camino que subía por el cuello de él, depositando cálidos besos allá donde pasaba. Jace se estremeció, quedándose quieto y cerrando los ojos. La boca de Clary llegó hasta la altura de su oreja y mordisqueó suavemente el lóbulo de la misma.
–No te quedes ahí paralizado, estoy esperando. –Susurró ella, segura. La respiración que exhaló chocó contra la piel de Jace, y éste se mordió el labio inferior.
Abrió la puerta empujándola con el hombro derecho y subió las escaleras de dos en dos. Sin pensarlo llegó hasta la puerta entreabierta de su habitación y la empujó con el piel, abriéndola. Dejó a Clary sobre la cama y se giró para cerrar la puerta y tener un poco más de intimidad. Viró de nuevo hacia su amada, que estaba recostada sobre la colcha, alzándose suavemente por los codos. Le guiñó un ojo. Jace, con una sensual sonrisa en los labios, se acercó hasta el lecho con lentitud, dejando que se desesperara. Se plantó frente a ella y despacio se reclinó, apoyando las palmas de las manos contra la cubierta de la cama para mantener el equilibrio. Entonces, pudo escuchar como si fuese suyo el corazón de Clary, que parecía trotar dentro de su pecho con violencia. Estaba bastante nerviosa, aunque intentase aparentar lo contrario.
Finalmente Jace se subió a la cama, sobre Clary, pero sin echar su peso sobre ella. Inclinó hacia delante un poco más la cabeza, hasta que su nariz tocó en la barbilla de ella.
–¿Estás segura? –Murmuró apenas audible, su voz tembló.
No quería obligarla a nada, sólo quería que fuese natural.
No obtuvo respuesta, pero, en cambio, Clary suspiró mirándole fijamente a sus ojos dorados, mientras una de sus manos ascendía por la espalda de él, metiéndose por debajo de la camiseta. Jace fue consciente del cálido tacto recorriendo su columna vertebral y volvió a sentir un escalofrío bastante placentero. Aquella era la respuesta que estaba esperando escuchar. Sonrió travieso, cerrando los ojos, sintiendo cómo la mano de Clary levantaba sutilmente su camiseta por el camino. Jace tomó su mano libre y la puso por encima de su cabeza, apoyada en la cama. Las yemas de sus dedos trazaron un trayecto desde su hombro hasta la palma de su mano, muy suavemente.
–Te amo. Daría todo por ti; mi vida, mi alma, mi sangre. Lo que me pidieses. Soy todo tuyo, Clary. Para siempre. –No había planeado decirlo, pero sus palabras brotaron con tranquilidad de sus labios, rebotando en los de ella, rozándolos.
