Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
16.
Me senté en el asiento trasero del coche y me llevé las manos a la cara. Dios, no podía ser, ¿cómo se había ido todo a la mierda de esa manera? Si todo había ido sobre ruedas toda la noche, había conseguido divertirme con mujeres atractivas e interesantes, pese a su edad, y había conseguido llegar hasta Sookie y hacerle ver que lo nuestro no era flor de un día. Y entonces, todo se fue a la mierda, así, literalmente. Cada vez que cerraba los ojos la veía tirada en el suelo, con la brecha en la frente. Hubiese matado a ese cabrón... Hacerle eso a una mujer, hacérselo a la mía. Se me fue todo el tiempo reviviendo una y otra vez lo que había pasado en la cocina, pensando que si hubiese sido más rápido, más inteligente, más agresivo habría podido protegerla de ese tipejo. Joder, me bullía la sangre, me iba a cobrar hasta la última gota de sangre, cada lágrima que hubiese derramado Sookie esa noche por culpa del cabrón de su novio. Ni siquiera me dí cuenta de que habíamos llegado a casa hasta que oí la voz de Pam.
_ Eric, hemos llegado – dijo con voz preocupada.
_ Oh – musité volviendo a la realidad-, no me había dado cuenta.
_ Venga, Eric – me abrió la puerta Alcide.
Entramos. Pam se quitó los zapatos nada más entrar y se dirigió al salón. Se sentó en el sofá y palmeó el sitio a su lado para que me sentara con ella. Obedecí mansamente, sólo me apetecía acurrucarme junto a ella y dejarme consolar y aconsejar, incluso, dejarme insultar, por ella. Que me diera tal repaso que me hiciera volver a poner los pies en la tierra y me hiciera reaccionar. Alcide sirvió tres copas y se sentó frente a nosotros, esperando como Pam que me viese con ánimo de hablar. Como el momento no llegaba, Pam acabó preguntando.
_ ¿Qué ha pasado?
_ No sé si quiero hablar de eso ahora, Pam.
_ Te creerás que te vas a acostar esta noche sin sacarte todo eso de dentro...
La miré considerando lo que decía y yo tenía ganas de irme a dormir, a ver si por esas daba por finalizado ese puñetero día. Dí un trago al coñac que Alcide me había dado y casi me lo bebí de un sorbo, me pasé la mano por el pelo y los miré.
_ Estaba en la cocina con Sookie cuando ha llegado ese cabrón, se ha puesto a gritar y le ha ladrado con desprecio. No he podido evitarlo, empezó a zarandearla para obligarla a irse de allí y en el forcejeo la ha tirado y se ha dado contra la encimera. Cuando la he visto caer, no me he podido contener, le he pegado.
_ ¿Qué hacías en la cocina? Creí que estabas con su abuela – se extrañó Pam.
_ Ella se había escondido allí y yo tenía que decirle algo.
_ ¿Qué? - me preguntó.
_ Tenía que hacerle ver que esto nuestro va a ser para siempre, que la quiero en mi vida, pero, qué coño, si ni siquiera la he podido mantener a salvo de ese capullo... - musité con desesperación.
_ ¿Y cómo ibas a saber tú que ese imbécil era así? - se encogió Pam de hombros.
_ No lo sé, debería haberla protegido. Punto. Cuando la he visto caer, joder, lo hubiese matado.
_ Vamos, Eric, no puedes culparte, lo sabes. Mañana la llamas y vamos a verla – sonrió Pam pese a todo.
En todo el rato, Alcide no había dicho ni una sola palabra. Vi como Pam llevaba los ojos hacia él y le miraba interrogante. No tenía que decir nada, sabía que dentro de él bullía la misma ira que dentro de mí. Ese cabrón había maltratado a alguien querido para nosotros. No había mucho más que decir, le hubiésemos arrancado los brazos de poder hacerlo.
_ ¿Qué vas a hacer? - dijo al fin.
_ No lo sé – respondí con sinceridad.
_ Mañana llamaremos a su casa – anunció Pam-. Joder, es un puñetero héroe, la salvó de ese capullo y la atendió mientra llegaba la ayuda.
_ Y también me echaron de su lado, no lo olvides.
_ Bah, la tensión del momento, Northman, no puedes pararte en esos detalles – le restó importancia, mi Pam.
_ Ya veremos mañana – dijo Alcide que tampoco estaba muy convencido-. Michelle es pro Bill, siempre lo ha sido, incluso cuando estábamos juntos...
_ ¿Cómo puede una madre...? - se extrañó Pam.
_ Si piensa que es lo mejor para su hija, sí que puede – me encogí de hombros.
_ Bueno, vamos a descansar, dejemos este día atrás y mañana empezamos de nuevo. Estoy deseando ver cómo tu Sookie planta a ese hijo de puta y se vuelve con nosotros a Europa.
_ Eh, eh... - la frenó Alcide- Pues no corres tú ni nada. El domingo lo hablamos, además, ¿me vas a dejar aquí solo? – sonrió haciendo un puchero pero podía verle apenado ante la perspectiva.
_ Yo me voy a la cama – me levanté para dejarles intimidad-. Mañana va a ser un día muy largo.
_ Vale, cielo, mamá sube ahora a taparte y darte tu besito de buenas noches – sonrió Pam.
Me levanté tarde, no tenía muchas ganas de salir al mundo, como si supiese que estaba mejor resguardado, escondido entre mis sábanas. Aún así, me duché, me vestí y bajé a enfrentarme a lo que me deparase el día. Alcide paseaba de un lado a otro de su despacho hablando con alguien por teléfono. Levantaba la voz con tono indignado. Desde el otro lado de la entrada, Pam le miraba preocupada.
_ ¿Qué pasa? - empecé a temerme lo peor- ¿Con quién habla?
Me miró consternada y se metió en la cocina sin decir palabra. La seguí porque esa sí que no era una actitud propia de ella. Intenté pararla pero me esquivó y fue hacia la cafetera y sirvió café para los dos. Me senté ante la mesa esperando que hiciera lo mismo. Puso la taza frente a mí y se sentó.
_ Jason. Habla con Jason – me contó.
_ ¿Por qué está tan enfadado?
_ No estoy segura, pero lo que he creído entender es incompresible e inadmisible...
_ Pam, por favor, no te pongas misteriosa conmigo, hoy no – rogué-, ¿no ves que me muero de angustia?
_ Parece ser que te culpan de lo que pasó anoche – soltó.
_ ¿Qué...? No, no, no puede ser... - pero ¿cómo habíamos llegado a eso?
_ A lo mejor no es así – intentó tranquilizarme-. Ya te he dicho que es lo que me ha parecido entender. Vamos a esperar a que Alcide termine antes de montarnos una película – me cogió de la mano y me miró a los ojos intentando restarle importancia.
Al cabo de unos minutos, Alcide entró en la cocina. Venía enfadado, muy enfadado. Se fue hacia la cafetera y se sirvió un café y se sentó con nosotros. Pasaron unos minutos antes de que dijera algo. Decir que estaba acabando con mis nervios hubiese sido demasiado poco ajustado.
_ Era Jason – anunció-. Me ha dicho algo que..., bueno..., ni siquiera sé cómo tomármelo.
_ ¡Herveaux, por el amor de Dios, ve al grano, nos estás matando! – le gritó Pam.
_ Pam... - murmuré-, deja que Alcide se explique, por favor.
_ Dice que si te acercas a su hermana va a emprender acciones legales contra tí. Te acusará de sus lesiones.
_ ¡¿Qué? - rugió Pam indignada- Pero, ¡¿qué les pasa a estos paletos? ¡En vez de estarle agradecidos...!
_ Lo sé, Pam, comparto tu indignación y por más que he intentado hacerle ver que no había pasado así, no me ha escuchado. Me ha dicho que en honor a nuestra amistad de años y a que he sido importante para su hermana, me estaba avisando de lo que pasaría.
_ Pero, pero... - no podía creérmelo-, ¿cómo han llegado a esa conclusión? ¿Sookie? No, no..., dime que no ha sido ella – estaba a punto de llorar como una niña ante la sola idea de que ella me hubiese acusado de algo así.
_ No te lo vas a creer. Compton – dijo con repugnancia.
_ ¡¿Qué? - grité.
_ Les ha dicho que fuiste tú, que te propasaste con ella, ella te rechazó y cuando fue a defenderla, en el forcejeo, la empujaste y luego le pegaste a él.
No era capaz de reaccionar, le estaba escuchando pero no entendía sus palabras, era como si hablara un idioma completamente desconocido, uno que sólo hablaran aquí, en Paletoburgo. Era, era como entrar en la Dimensión Desconocida... No, definitivamente, no, era imposible. eso no estaba pasando. No. Jamás nadie me habría podido acusar de propasarme con una mujer y mucho menos de hacerle daño, más aún, nunca nadie que me conociera lo habría podido creer.
_ ¿Y le han creído...? - Pam se llevó la mano a la boca espantada.
_ A pie juntillas.
_¡No me jodas, Herveaux! - explotó Pam- Dame tu teléfono – se lo quitó de las manos.
_ ¡Pam!, ¿qué haces? - los dedos de Pam volaban sobre el móvil y pulsó para hacer una llamada.
_ Hola – dijo esquivando a Alcide-, soy Pamela – esperó unos segundos-, tenemos que hablar – su interlocutor dijo algo más-. Muy bien, nos vemos allí.
Se levantó y se fue a su habitación a arreglarse. Alcide se volvió hacia mí, que seguía sin reaccionar, y me hizo un gesto para que la siguiéramos. Pam se sacó un vestido del armario y le devolvió el teléfono y dijo en su mejor tono de negocios.
_ Pídeme un taxi, me esperan – ordenó.
_ Pam... - intentó decir Alcide.
_ ¡Pídeme un taxi, Herveaux!- volvió a decir- . Voy a arrancar cabezas aunque sea lo último que haga. No saben que me han tocado la moral metiéndose con mi Northman.
Alcide miró el último número al que se había llamado y me lo mostró, Lafayette.
_ Te llevo, ¿dónde te espera?
_ En el mercado de antigüedades de River City, pero no os quiero cerca, no quiero que se asuste.
_ Vale – puso la mano en mi hombro con afecto-. Vamos, Eric.
Media hora después Pam se bajaba del coche y nosotros nos dirigíamos a la oficina de Alcide que había insistido en llamar a su abogado para saber exactamente dónde estábamos y quedamos en un restaurante para comer mientras nos asesoraba. Una hora más tarde, lo único que había sacado en claro era que estaba jodido, siendo extranjero no tenía mucho que hacer, las leyes estaban pensadas para protegerles de indeseables como yo, aunque se tuvieran que pasar la justicia por el forro. Todo esto había empezado con una gran noche que terminó con una epifanía sólo cinco días antes, ¿cómo coño había degenerado tanto?
Después de que el señor Norris se fuera, Alcide y yo terminamos nuestra comida en silencio. Me miraba y no sabía qué decir, como si se sintiera responsable de lo que había pasado y no supiera cómo disculparse. Recibió una llamada de Pam preguntándonos dónde estábamos. Se lo dijo y en unos minutos entró sonriendo del brazo de Lafayette.
_ Oh, qué caras más largas – frunció el ceño pero aún conservaba la sonrisa-, ¿y eso?
_ Hemos consultado un abogado y no ha sido muy optimista.
_ ¿Quién necesita un abogado teniendo un estilista? - se sentó a mi lado e hizo un gesto para que Laf se sentara junto a Alcide-. ¿Verdad, Laf?
Se miraron e intercambiaron una sonrisa conspiratoria. Pam se volvió hacia mí y me sonrió, puso su mano en mi muslo y lo apretó con afecto. Y, por primera vez en todo el día, me pareció ver luz al final del túnel.
