Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.


17.

Era una puta. Según mi prometido, era una puta y de alguna clase muy mala. Me quedé mirándole unos instantes, intentado recordar qué fue lo que vi en semejante hombrecillo. No era más que un pobre hombre aburrido y mezquino, además de un abusador. ¿Cómo podía ser que toda su amabilidad no fuese más que una pose, nada más que simple apariencia? Me miraba con expresión de triunfo, como ya hubiese ganado y sólo estuviese jugando conmigo para testar mis límites ¿Donde coño había estado este capullo los últimos siete años? ¿No sabía nada de mí?

_ Ya, vale – dije al fin-. No voy a discutir eso contigo, supongo que como el buen hijo de puta que eres, debes ser un experto en la materia y sabes reconocerlas. Vaya, mira por donde, empiezo a creer que tu madre es mucho mejor que tú. Va de frente, no se esconde ni finge ser lo que no es. Quién me lo iba a decir...

_ No hables así de...

_ Cállate – le espeté-, aquí ya has dicho todo lo que tenías que decir.

_ ¿Crees que no voy a cumplir mi amenaza y a convertir la vida de tu familia en un infierno?

_ Creo que te crees más importante de lo que eres y con mucho más poder.

_ Lo bueno de que todos me hayáis tomado por tonto es que habéis bajado la guardia ante mí– sonrió con aire de superioridad-. Deberías revisar tu correo. Estaré esperando tu llamada, querida.

Salió de la habitación y se encontró en la puerta con la abuela. Se saludaron cordialmente y Bill se volvió para echarme una última sonrisa triunfal. Mi abuela pasó con una bandeja con mi desayuno, me dio un beso y la dejó sobre el tocador.

_ Buenos días, cielo, ¿cómo te encuentras esta mañana?

_ Buenos días, abuela. Me duele un poco la cabeza del golpe.

_ La doctora Ludwig dijo que te llevásemos esta mañana al hospital para que te miraran y nos aseguráramos de que todo estaba bien – sonrió con cariño-. Jason ha dicho que te llevará él en cuanto estés lista

_ Vale, me doy una ducha y me preparo.

_ Desayuna primero, cariño, y, si no te molesta, me quedaré contigo en el baño, me da miedo que puedas marearte.

Me quedé pensando en lo que mi vida se había convertido. No sólo se había puesto patas arriba en los últimos cinco días por la irrupción de Eric, Bill, el hombre bueno con el que creía que me iba a casar se había revelado como un cabrón de cuidado. La abuela me miraba con tristeza, parecía querer decir algo y no terminaba de sacarlo fuera. No dije nada, no me apetecía. Terminé mi desayuno y me duché. Me estaba terminando de vestir cuando mi abuela se levantó, recogió la bandeja y se dispuso a irse. Cuando ya estaba en la puerta se volvió y me sonrió.

_ Me gustó.

_ ¿Qué, abuela?

_ Quién – puntualizó con una sonrisa cómplice-. Eric. Me gustó mucho. Es un gran hombre, estoy convencida de que te hará feliz.

_ No es tan fácil, abuela.

_ Oh, sí que lo es, cariño. No hagas algo de lo que te puedas arrepentir toda tu vida – por un momento me dio la impresión de que hablábamos de otra cosa-. No le dejes escapar.

Cerró la puerta tras ella sin darme tiempo a replicar. Estaba a punto de echarme otra vez a llorar, no podía ser que mi vida se hubiese ido a la mierda así cuando Jason llamó a la puerta. Le hice pasar, se acercó y me besó en la mejilla.

_ ¿Mejor, hermanita? - intentó sonreír.

_ ¿Mejor de qué? Me duele la cabeza pero nada que ver con lo que me duele el corazón.

_ Me imagino – murmuró.

_ No, no lo haces... - nos miramos en silencio.

_ ¿Estás lista?

_ Sí.

_ Voy a llamar a mamá para que venga con nosotros.

_ No.

_ ¿Qué?

_ No llames a mamá, preferiría que viniese la abuela.

Me miró sin entender porqué decía eso. No quería tener que escuchar a mi madre alabando al cabrón de Bill e insultando a Eric. Se sentó en la cama mientras yo me maquillaba un poco, parecía absorto en sus pensamientos, me miraba como si no supiese cómo abordar una cuestión espinosa. Me imaginaba cuál era...

_ Sook – dijo al fin-, sobre lo de anoche...

_ No sé si quiero hablar de eso, Jase.

_ Lo sé, pero tienes que tomar una decisión. Esta mañana he llamado a Alcide y le he dicho que si se acerca a ti le demandaremos por agresión, pero no estoy conforme, con todas las mentiras que le ha contado a su propio amigo que le ha defendido a capa y espada. Y, además, antes Bill me ha vuelto a explicar lo que pasó, te juro que si por mí fuera, acababa con ese bastardo – hice amago de cortarle-. No, no me interrumpas, me siento tan mal por haber confiado en él. ¡Joder, Sook! Si estaba dispuesto a ayudarle en todo, fui yo quien le dije que estabas en la cocina...

Dudé unos segundos. Quizá debería ver primero el correo que ese canalla me había mandado. Terminé de pasarme el lápiz de labios y miré mi reflejo dándome ánimos.

_ No es mentira – dije a mi reflejo.

_ ¿Qué?

_ Lo que Eric contó a Alcide no es mentira. Fue Bill quien me hizo daño– la expresión de Jason era difícil de interpretar.

_ No le excuses – replicó al cabo de unos segundos.

_ No lo hago. No entiendo porqué todos estáis tan ansiosos por creerle capaz de hacerlo. Fue Bill, entró en la cocina y se enfadó y empezó a hablarme mal, Eric le dijo que se controlara y entonces intentó sacarme de allí a la fuerza, cuando me opuse forcejeó más fuerte y me caí. Eric le pegó y vino a ayudarme – metí la mano en mi bolsillo y toqué su pañuelo-. Esta mañana, cuando ha venido antes me ha estado insultando y regodeándose por haberos engañado a todos – me levanté y abrí mi portátil. Busqué en mi correo. En la bandeja de entrada había uno de Bill enviado una hora antes-. Me ha amenazado con algo si contaba la verdad, no sé exactamente con qué. Me ha dicho que me ha enviado un correo y con la abuela aquí no lo he querido abrir.

_ ¿Estás hablando en serio? ¿Me estás diciendo que ese cabrón lleva metiendo cizaña y fingiendo todo el día, intentando que demandemos a Eric?

_ Te estoy diciendo que ese cabrón ha estado fingiendo toda su vida – abrí el correo-. Veamos que es lo que ha mandado.

Jason aún no salía de su asombro. Se acercó al tocador y se sentó en la banqueta a mi lado. En la pantalla aparecieron fotos, documentos, vídeos, un baile de fechas, cuentas bancarias, recibos. Toda la vida de los Stackhouse en unos cuantos megabytes. La investigación a la que habíamos sido sometidos por ese hijo de perra, había sido exhaustiva y muy, pero que muy documentada. Todos nuestros pecados al alcance de un doble clic.

_ Hijo de puta... – murmuró horrorizado viéndose en un vídeo que cortó rápidamente.

No era el único que había sido registrado para la posteridad. Mi madre aparecía en la grabación de seguridad de una tienda robando una baratija, mi padre abrazando a una mujer que no era mi madre, Alcide y yo el dichoso día que me dejé convencer para grabarnos... Tenía grabaciones hasta de Tara y Laf y con todos nosotros había hecho un vídeo con nuestros grandes momentos, como si fuese un videoclip. La única que se salvaba era la abuela, claro, y ver lo que su familia hacía, dejar que todo el pueblo se enterase de la clase de gente que éramos, la mataría. Y estaba hablando sólo de las imágenes, que toda la documentación que el muy cabrón había recopilado tenía más páginas que una biblia. Mal ejemplo, la puta que se había dejado grabar haciéndole una felación a su novio de entonces mientras se tocaba como una perra en celo, no debería hablar sobre textos sagrados... Si la situación no fuese tan desagradable, habría soltado una carcajada, una felación era lo que siempre me había negado a hacerle a Bill, siempre le decía que me daba un poco de asco y él decía que lo comprendía porque nunca nunca se acercó a mi vulva a menos de cincuenta centímetros de distancia. Quid pro quo...

Cerré el correo en silencio y miré a Jason que estaba lívido. Podía ver cómo su mente de abogado se ponía en marcha pero, hiciera lo que hiciera contra Bill, nos salpicaría, saldrían a la luz todas nuestras miserias. Nosotros podíamos vivir con eso, la abuela nunca lo superaría.

_ esto no puede ver la luz...

_ Ya pensaré como cargarme a ese cabrón, ahora estoy demasiado sorprendido por lo que ha hecho.

_ No, Jason, no hay manera de que luchemos contra él sin que esto se acabe haciendo público.

_ Sookie, ¿estás loca? - me miró con severidad-. No voy a permitir que ese tío nos extorsione con hacer públicos documentos y vídeos privados...

_ Ya, bueno, nuestros vídeos caseros si son privados, pero ¿cómo de privada es la grabación de seguridad de una tienda y la de la de un hotel? Lo que no me explico es cómo los ha conseguido. Ha tenido que tener ayuda o ha estado hackeando los ordenadores de todos.

_ Bueno, hackear es un delito...

_ Es una suposición, nada más – me llevé la mano a la cabeza, no sabía si era por lo que había visto o por el golpe, pero me estallaba.

_ ¿Te duele? - pasó el brazo por mi hombro y me abrazó.

_ Sí, bastante.

_ Venga – dijo levantándose-, vamos a solucionar esto antes. Nos vamos al hospital.

No quise que dijese nada ni a nuestra madre ni a la abuela. No me veía capaz de mirarlas a la cara en ese momento. Nos pusimos en marcha, cada uno pensando en lo suyo, dándole vueltas a lo que había visto, maldiciendo a Bill en silencio.

_ Sookie... – dijo Jase al cabo de veinte minutos de trayecto-. Voy a consultar con un colega del bufete qué podemos hacer.

_ No, Jason, nadie debe saberlo...

_ Pero Sook, no estás siendo razonable. No podemos dejar que nos haga eso.

_ Lo que no podemos es dejar que nadie lo sepa.

_ ¡Por el amor de Dios, Sook, no es momento para ponerse terca! - se enfadó Jason.

_ ¡No lo soy!

_ Sí lo eres pero no es lo que discutimos ahora. Voy a asesorarme, si tienes una sugerencia mejor para salir de ésta, no te cortes, compártela conmigo.

_ Haré lo que quiere, me casaré con él.