Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.

Han tardado, les ha costado llegar hasta ahí pero, ¿qué se le va a hacer?, siguen en la cama y alrededores.


22.

¿Qué me quedaba por hacer? Empujar con todas mis fuerzas dentro de ella intentando que el placer apagara tanta frustración, y rogar, suplicarle que no lo hiciera. eso era todo. Y admitir que era todo lo que podía hacer me mataba. Quizá si pudiese mostrarle todo lo que se perdía si seguía con su empecinamiento, podría convencerla. Si era capaz de quitarme de la cabeza que, en una horas se iba a levantar de mi lado para ir a casarse con ese cretino, si podía vencer la tristeza que eso me provocaba, quizá sí, podría darle un anticipo de lo que le esperaba al otro lado del océano conmigo. Así que salí del cobijo que me ofrecía su cuello con intención de enfrentarme a ese día lo mejor que pudiese. Seguí abrazándola contra la puerta e intenté sonreír, tengo que admitir que con éxito, quién lo hubiese dicho.

_ ¿Tienes hambre, amor? - besé sus labios- ¿Crees que podríamos comer algo?

_ Seguro que Ruby le tiene la nevera llena de tuppers a Laf – sonrió tímidamente.

_ Oh, Dios, estoy en el paraíso. La mujer perfecta y la mejor comida que se pueda degustar... ¿Qué más puede pedir un hombre? - la hice reír y su risa sonaba a música celestial.

_ ¿Ves? Al final he hecho de tí un creyente...

_ Eres un milagro, amante, como para no creer – dije bajando la voz mientras la miraba fijamente a los ojos.

_ No soy un milagro y acabo de recordar que en un arrebato le acabo de mandar un vídeo sexual a mi novio.

_ Lo has hecho, sí - ronroneé junto a su boca.

_ Ya te digo... - musitó mordiéndose el labio inferior.

_ Pero ha funcionado, ha dejado de llamar – me reí.

_ Muy gracioso, a ver si no se presenta aquí... Espero que no haya reconocido la habitación, no ha estado muchas veces en esta casa.

_ ¿Te pondrías mi camisa para abrirle la puerta...? Bueno, mejor no, me pondrías tanto que te follaría delante suya – me mordí el labio y ella se encogió.

Sí, la mujer que me había estado haciendo apenas dos horas antes una de las mejores mamadas de mi vida, y, qué coño, llevaba ya unas cuantas, acababa de ruborizarse y encogerse por mi lenguaje. Lo que había que ver... Suspiró y volvió a entrar en el dormitorio. Al instante salió con las bragas y mi camisa puestas y me tendió mis boxer.

_ Vamos a la cocina – me guiñó un ojo cogiéndome de la mano una vez me los puse-, tengo tanta hambre que podría comerte...

Solté una carcajada murmurando que para eso íbamos en la dirección contraria mientras me dejaba guiar hasta la cocina. Me hizo sentar a la mesa y abrió el frigorífico. Comenzó a sacar tuppers y a verter su contenido en platos. Fue calentándolos en el micro y los puso en la mesa. Yo no podía dejar de mirarla con una sonrisa y cuando hubo puesto el último cubierto en la mesa y se sentó, me miró.

_ ¿Qué? - preguntó sin pestañear siquiera.

_ Podría acostumbrarme a esto – confesé, ¿qué?, de perdidos al río-. A tí preparándonos la cena después de hacer el amor, cosa que pasaría día sí y día también, te advierto...

_ No seas tonto – sonrió pero rápidamente su expresión cambió-. Sabes que no va a poder ser – musitó.

_ Déjame soñar por hoy que esto va a ser nuestra vida. Cierra los ojos e imagina por un momento cómo sería – cerró los ojos y me dispuse a narrarle lo que podría ser su futuro-. Es media tarde, estás leyendo en el jardín, a la sombra del caqui – hizo amago de preguntar-, no, cállate, en mi jardín hay uno muy grande que da mucha sombra – sonrió-. El único sonido es el de los surtidores de agua en el estanque, quizá también, los pájaros, huele a jazmín y madreselvas y cuando caiga la noche, se abrirán las flores del galán de noche. He terminado de corregir algún trabajo y salgo para ver qué haces, te he echado de menos, tanto, que creo que he puesto más nota de la que se merece a mi alumno para poder salir antes a verte. Me quedo uno minutos observándote, adorándote desde el umbral del ventanal, brillas bajo el tibio sol de la tarde, y yo, simplemente te quiero. Me acerco a tí y me sonríes. Abres tus brazos y me acoges entre ellos. Hacemos el amor lentamente, no hay prisa, tenemos toda la tarde, hasta que los últimos rayos del sol se escondan, toda la vida por delante, y después de estar un rato abrazados diciéndonos tonterías, comentando qué vamos a hacer luego o mañana, o elaborando la lista de la compra, no me importa, te levantas y vamos a la cocina, y, como hoy, me pides que me siente mientras tú pones la mesa. Yo, como hoy, no puedo dejar de mirarte, de asombrarme ante tu belleza y el hecho de que seas mía. Y no puedo dejar de sonreír... - de sus ojos cerrados salieron dos lágrimas, me acerqué, los besé y la abracé- No, amor, no llores, no quería hacerte sentir mal.

_ No me has hecho sentir mal... – musitó después de unos instantes de sollozar apretada contra mi pecho- Has conseguido que añore algo que nunca he tenido.

_ ¿Una tumbona debajo de un caqui? - me dio un manotazo en el pecho y volvió a sonreír a pesar de las lágrimas.

_ Alguien que me quisiera.

_ Sé que hace unos años hubo alguien que te quiso, y ahora estoy yo.

_ Al menos, hasta mañana...

Se me encogió el corazón. Ya no tenía apetito, pero me obligué a volverme a la mesa y a fingir una normalidad y una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir.

_ Bueno, ya que aún es hoy, ¿por qué no comemos? - me miró sin saber qué decir-. ¿Me pasas la ensalada de pasta, por favor?

Comimos en silencio, ninguno de los dos sabía cómo llenarlo. La pena era tan grande que en ocasiones sentía como me ahogaba y casi me impedía tragar. De vez en cuando levantaba los ojos y me miraba y yo intentaba sonreír, o algo así, que no creo que la mueca que me salía se pudiese tomar por una sonrisa. En cuanto terminamos, se levantó para recoger pero la detuve.

_ No, déjame a mí. Me toca recoger.

_ No me molesta – me cogió la mano.

_ Lo sé, pero estamos representando lo que sería una noche normal en nuestra casa. Yo recojo.

Comencé a quitar la mesa, a guardar los tupper en el frigorífico, puse los platos en el fregadero y me dispuse a lavarlos. Fui hasta Sookie y la cogí de la mano, ahora sí, con una sonrisa.

_ Ven – la llevé al lado del fregadero y la upé sobre la encimera. Besé su nariz y le di su copa de vino-. ¿Qué vamos a hacer por la mañana? ¿Tienes que ir a trabajar? - me puse a fregar los platos.

_ Pues debería – hizo una mueca-, pero desde que soy la jefa, me voy a tomar el día libre, ¿qué te parece? - sabía jugar a las casitas conmigo, sí.

_ ¿Es una pregunta con truco? - sonreí mirándola de reojo con las manos llenas de espuma-. Si por mi fuera te tendría todo el día para mí, entre esa cama, el jardín y cualquier superficie horizontal o vertical, que la puerta nos ha hecho antes un gran servicio, de la casa y alrededores.

_ No digas cosas que no puedas mantener, Northman – se rió.

_ Vaya, ¿me retas? - le devolví la risa-. Tú verás, vas a caminar con dificultad unos cuantos días pero, allá tú...

_ Oh, vaya, mi dios nórdico del sexo – puso los ojos en blanco.

_ No deberías haber dicho eso – le tiré un poco de espuma-, ahora has provocado a la bestia – levanté la ceja y ella soltó una carcajada. Lo dicho, música celestial.

Terminé de fregar y fui hacia ella, me coloqué entre sus piernas y la besé, jugando, nada serio, entre risas, la cogí y la llevé en brazos hasta el dormitorio. Nos sentamos en la cama así, con ella sobre mí, bromeando, riéndonos, besándonos y poco a poco nos fuimos poniendo serios. Decir que eso se nos daba particularmente bien, era una obviedad. Era como si hubiese nacido para estar dentro de ella, era mi casa. Sí, lo sé, me había vuelto cursi, ¿qué pasa?, torres más altas habían caído... Me había enamorado como un adolescente, como se ama por primera vez, quizá ésta era mi primera vez porque no reconocía haber sentido esa clase de amor por nadie. Mientras que no me diera por la poesía...

Hicimos el amor durante horas y cuando casi era ya de día, nos dormimos abrazados, con una sonrisa en los labios, como si no tuviésemos que salir nunca de esa casa ni de la fantasía que nos habíamos creado. Dormimos la mayor parte de la mañana, sobre las doce nos despertó el teléfono.

_ ¿Sí...? - contesté sin pensar, ni siquiera era el mío.

_ Hola, rubio – sonó la voz risueña de Lafayette al otro lado-, ¿molesto?

_ Tú nunca molestas, todo lo contrario, llamaremos a nuestro primogénito Laf en tu honor – me reí.

_ Por favor, dime que es verdad, no por lo del nombre que, qué te voy a decir, Lafayette Northman, qué gran nombre... - soltó una carcajada- ¿Hay posibilidades...?

_ Ninguna que yo sepa – mi tono se ensombreció.

_ Mira que es cabezona...

_ Mucho.

_ Pásamela – suspiró.

Me volví hacia ella y la llamé con dulzura.

_ Sook – le aparté el pelo-, amor – besé su hombro-, teléfono – me apreté contra su espalda-. Es Lafayette – le pasé el teléfono no sin antes acariciar sus pechos.

_ Laf... - gimió cuando pellizqué su pezón- ¡Eric! - me reprendió. Mala idea, adoraba cuando decía mi nombre, y empecé a moverme contra ella desde atrás-. Oh... - sí, oh-. Espera - ¿qué?.

Pulsó el manos libres y me dio un manotazo cuando mi mano se perdía entre sus piernas.

_ Dí, Laf, te escuchamos.

_ Bien, espero que hayáis tenido una buena noche porque vaya con la nuestra – se rió-. ¿Una mamada, perraca, en serio? - Sookie se puso tensa-. Menuda polla, guapo, por cierto, guau – volvió a reírse.

_ Gracias, Laf – Sookie me dio un codazo en el costado y yo gesticulé con dolor pero con una sonrisa de oreja a oreja.

_ Tienes bueno a tu novio..., nos persiguió por todo Bon Temps hasta que nos encontró, no podía localizarte – se rió-, acababa de llamarte por enésima vez cuando le llegó el vídeo. Nunca he visto a nadie más lívido en mi vida. Ya te vale, hacerle a tu vikingo lo que te has negado a hacerle a él siempre...

Otra razón más para quererla.

_ Laf, ¿para qué me llamas? Ya me imagino que estará tirándose de los pelos, lo hice para eso.

_ Pues para saber si necesitas algo. Os hemos dejado ropa limpia en la entrada, en el garaje está tu coche, no fuese a ser que ese loco se pasara por ahí y lo viera y decidiera haceros una visita..., la nevera estaba llena. Mamá lo cocinó todo para tu rubio, que lo sepas – hizo una pausa-. El caso es que tenéis de todo y, sobre todo, os tenéis el uno al otro, llamo sólo por si acaso y por cotillear un poco.

_ ¿Algo más?

_ Sí, pero puede esperar – soltó una carcajada-. Nos vemos a las siete en Copeland's.

Sookie se había quedado pensativa, no se dio cuenta de mi movimiento, con lo que la impresión fue aún mayor. Tenía que agradecerle que me diferenciara de su futuro ex haciéndome especial frente a él, ¿por qué no devolverle el favor? En un abrir y cerrar de ojos estaba entre sus piernas devorando su clítoris, haciendo que se retorciera con mi boca y con mis manos, saboreándola, fabricando memorias para el futuro, recuerdos de los que nos reiríamos cuando fuésemos viejos mientras nos abrazábamos al sol de una cálida tarde de otoño en el jardín.

El día se nos fue entre hacer el amor, comer y reírnos, hacer el amor, reírnos, hablar, toquetearnos y juguetear más, ducharnos, hacer el amor y empezar otra vez.

A las siete en punto entramos sonriendo, y de la mano, en el restaurante donde nuestros amigos nos esperaban sin poder dar crédito a lo que veían. Sus sonrisas lo decían todo, y menos mal, que no creo que hubiesen podido expresar nada con palabras. Seguimos con el espejismo durante unas horas más. Comimos, hablamos y nos reímos, tomamos unas copas, nos metimos mano, incluso, lo hicimos rápido en el lavabo del club... Hasta que a las doce, como una Cenicienta cualquiera, tuve que volver a la realidad y marcharme después de que la carroza se convirtiese en calabaza y mis esperanzas se hiciera añicos.


Muchos besos para mis Vikingas del hilo de TB que estén echándole un ojo, y si hay alguna de nuestras Sureñas camuflada, si ha conseguido llegar hasta aquí, por supuesto que también ;)

¡Hasta mañana!