Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.


24.

_ ¿Eric...?, Eric, cariño, reacciona... – la voz preocupada de Pam me devolvió a la realidad.

Me había quedado quieto, viendo como Sookie me dedicaba una última mirada antes de desvanecerse en la noche. La había perdido. Miré a Bill que se retorcía en el suelo agarrándose la entrepierna con una sonrisa en los labios y me dejé levantar por Alcide y Pam. Al pasar otra vez por su lado, Pam le dio una patada para apartarle de su camino. Mi Pam... Me subí al coche como un zombi, respondí mecánicamente a lo que Pam o Alcide me preguntaban y cuando llegamos a casa, subí a refugiarme en mi dormitorio. No estaba para nada ni para nadie y me tiré en la cama. esto empezaba a ser una costumbre ya a estas alturas y mira que me fastidiaba. La puerta se abrió pero no me moví, bueno, sí, metí la cabeza debajo de la almohada. Noté como la cama se hundía a mi lado.

_ Eric – levanté un poco la almohada para mirar a Alcide- ¿Estás bien?

_ No.

_ Bien – agitó una botella de Talisker 18 delante de mi ojo.

La puerta volvió a oírse y luego unos zapatos impactando contra algún mueble. Pam. Me dio un cachete en el culo y saltó por encima mío para sentarse entre los dos.

_ Ya veo porqué nos llevamos bien, cariño – se rió.

_ ¿Por que eres mi Caperucita feroz? - ronroneó Alcide.

Oí chocar cristal y levanté la cabeza, Pam también venía con alcohol para ahogar mis penas. Una débil sonrisa, era todo lo que podía esbozar, se asomó a mis labios. Mis amigos.

Durante un rato nos pasamos la botella en silencio. Me imagino que ninguno de los dos sabía cómo afrontar aquello. Hasta que Pam, ¿quién si no?, puso remedio a ese mutismo.

_ Y ahora, ¿qué?

_ Ahora, nada – di un trago largo.

_ Y una mierda, Northman – me quitó la botella y se la pasó a Alcide-. Nunca te había visto así con nadie. Si tú no haces nada, te advierto que lo haré yo.

_ ¿Ah, sí, Pam? ¿Y qué vas a hacer?, ilústrame.

_ No lo sé, como si me tengo que presentar allí mañana y arrastrarla a un sótano y encadenarla hasta que entre en razón. Me importa bien poco.

_ ¿Qué harías tú, Pam?, a ver, razonemos. Pasas un día fantástico – me levantó una de sus cejas perfectamente definidas con una sonrisa guasona que ignoré- con alguien y terminas ese día enterándote de que ese tío te conoce porque eras "su misión"...

_ Vale, sí, primero te mato y después te pediría explicaciones, pero ésa soy yo. No juzguemos a esa pobre por mi posible y más que probable conducta. ¿Desde cuándo soy yo ejemplo de nada ni para nadie?

_ Ahí tiene razón, Eric – me miró Al por encima de ella que palmeó su muslo y volvió a pasarme la botella.

_ Me debería dedicar a las mujeres que son como tú, cariño – sonreí con tristeza-, sois las que sé manejar, años de entrenamiento...

_ ¿Lesbianas? - Alcide se encogió un poco a su lado.

_ Fuertes, inteligentes, mordaces y sádicas. Como tú, Pamela.

_ ¿Soy tu mujer perfecta, Northman? - se rió de mí.

_ ¡No, por Dios!, pero sé manejarte.

_ Ahora estoy demasiado cansada, pero mañana vas a pagar ese comentario, lo sabes, a que sí – se incorporó un poco y me dio un beso en los labios.

_ Sí, yo también te quiero – besé su frente con un ojo puesto en Alcide mientras se acomodaba contra mi pecho.

Me gustaría decir que pude entender lo que los ojos de Al decían, quizá estaba tan sumido en mis penas que se me escapaba lo que mi amigo estaba sintiendo. Desde que habíamos llegado de Nueva Orleans todo había sido Sookie, Sookie y más Sookie, teníamos un objetivo, aparcando todo lo que no fuese lograr nuestro propósito. Ahora que se había ido a la mierda, había recuperado la perspectiva y veía con más claridad lo que estaba pasando a mi alrededor.

No pasó mucho tiempo antes de que Pam estuviese profundamente dormida. Alcide y yo seguimos pasándonos la segunda botella mientras hablábamos naderías.

_ ¿Pam? - la llamé tentativamente. Nada. Bien.

Alcide me miraba extrañado pero se cuidó mucho de decir nada, en cierto modo, se imaginaba qué venía a continuación.

_ Está dormida – dijo con un susurro y acarició su pelo con dulzura.

_ Sabes que es lesbiana, bueno, bisexual a estas alturas, pero que prefiere a las mujeres, ¿verdad? - respondí en el mismo tono de voz. Me levantó las cejas con cara de "no me fastidies, Northman" y tuve que reírme, muy Pam el gesto-. No me malinterpretes, una vez superada la impresión inicial, nada me gustaría más que veros juntos, pero...

_ Eric, no. Esto es lo que es. Es lo que hacemos en vacaciones y ahora la he pillado baja de defensas después de lo de Amelia.

_ ¿Te estás quedando conmigo? He visto cómo la miras y estoy seguro de que si ella se diera cuenta, apreciaría que nunca nadie la ha mirado así – me miró sorprendido, como si le hubiese pillado en una falta-. En la década que hemos pasado juntos, nunca la he visto repetir amantes. Tener relaciones con fecha de caducidad, sí, todas de hecho, incluida la de Amelia. Lo mismo tú no lo sabes, pero yo he estado allí todo el tiempo. Y ahí estás tú, ¿desde cuándo?

_ Desde el principio...

_ ¡No me lo puedo creer! - subí el tono de voz y Alcide me hizo callar- ¿Y no me he dado cuenta? ¿Dónde estaba yo...? - nos miramos y parafraseamos al unísono a nuestra chica con una sonrisa- En la higuera...

Nos sonreímos y nos quedamos mirándola unos instantes.

_ Entonces, ahora, ¿qué? - pregunté.

_ Ahora, nada.

_ ¿Cómo que ahora nada...? - protesté.

_ Bueno, eso es lo que tú has dicho.

_ Supongo que vamos a tener que hacer algo, los dos – suspiré.

_ Supongo que sí.

Me despertó un manotazo. Abrí los ojos y el sol ya se colaba en la habitación. A mi lado, Pam se abrazaba a Alcide que la sujetaba como si se fuese a escapar. Sonreí. Iba a ser necesaria una conversación muy seria con Pam al respecto, no estaba seguro de si era consciente de lo frágiles que somos los hombres. Miré la hora y me senté de un salto. ¡Las diez!

_ ¡Joder! - Pam protestó y se apretó más contra Alcide- ¡Pam, despierta!

_ Northman, cállate... - murmuró.

_ ¡Son las diez!

_ ¿Y...? - se despertó de golpe- ¡Alcide, las diez! ¡Hay que joderse, vaya un día para dormirse...!

_ Cinco minutos más... - gruñó suavemente.

_ No llegamos – susurré mirándola asustado.

_ Tranquilo, Eric, que hay tiempo. ¡Alcide, arriba!

_ Vale..., ya va... - balbuceó Alcide intentando despejarse.

Salté de la cama y corrí hacia el baño. Tenía que ducharme, me miré en el espejo, ya no me daba tiempo a afeitarme. Vestirme, sí, y todo sin echar el hígado por la boca. ¿A quién se le ocurrió la brillante idea de ahogar las penas en whisky de malta? Café, necesitaba cafeína, con mucho azúcar, en vena. Como si me estuviese leyendo el pensamiento, Pam se levantó y fue hacia el armario.

_ Dúchate y ponte esto – me sacó un traje- y yo voy poniendo la cafetera y preparándolo todo. ¡Herveaux – gritó saliendo del dormitorio-, mueve el culo, vamos, a ducharse!

_ ¿Juntos...? No tenemos tiempo para eso, Pammy – se rió saliendo detrás de ella.

_ Eso lo decido yo, si lo hacemos juntos, ducharnos digo, terminamos antes. Ni sueñes con ponerme un dedo encima, no me hagas arrancarte algo que después nos pueda hacer falta y acabemos echándolo de menos...

En media hora estábamos todos en la cocina tomando café y aspirinas. Y en cinco minutos más, subidos en el coche rumbo a Bon Temps.

Me preguntaba qué iba a hacer cuando llegáramos. El caso era que no había planeado nada, desde que la noche anterior todo se hubiese ido a la mierda gracias al cabrón de Bill, y hubiese perdido toda esperanza de estar con Sookie. Sólo quería verla, si pudiese explicarme, si ella me dejara... Mirándolo fríamente, eso era lo que parecía más difícil de conseguir. Pero lo iba a conseguir, como si tenía que hacerlo en mitad de la ceremonia. Quizá debería empezar por explicarme con sus amigos y rezar para que ellos, en lugar de partirme la cara, me ayudaran. El teléfono de Alcide comenzó a sonar.

_ Dime.

_ ¿Dónde coño estás, Al? - la voz de Jason resonó en el coche.

_ Llegando. Nos hemos dormido, ha sido una noche muy larga, tío.

_ Sí, lo sé. Ya me lo ha contado Tara. Lo siento..., no sé como fui tan estúpido...

_ Ya no tiene remedio, Jase – dije con tono resignado.

_ Lo sé, pero de verdad que lo siento, Eric – volvió a repetir-. Me daría de bofetadas, se me escapó y el muy cabrón dedujo lo demás. Si vuelvo a ver una botella de vodka me muero.

_ Tranquilo, si te veo cerca de una te mato yo, no vayas a seguir largando por esa boquita – dijo Pam.

_ Gracias, Pam, es un alivio saber que, al menos, podría contar contigo – soltó una carcajada-. Volviendo a lo nuestro. ¿Plan B?

_ Plan B – respondió Alcide. No quise preguntar, no estaba seguro de si quería saber...

_ Vale, lo tengo todo preparado. Claude ha traído a Jesús y a las chicas, se muere por liarla.

_ Ya somos dos – rugió Alcide y Pam le acarició el brazo y sonrió.

_ ¿Os esperamos en la iglesia?

_ Estamos llegando al pueblo, en diez, quince minutos a lo sumo – le informó Alcide.

_ Entonces sí, pero ni un minuto más. Nos vemos allí – dijo y colgó.

En diez minutos más estábamos en Bon Temps, saliendo del coche, listos para una boda y en pie de guerra. No la iba a entregar sin peleársela hasta el "sí, quiero" y más allá, que no estaba seguro de dejarlo ahí. Saqué las gafas de sol del bolsillo y me las puse con chulería y sonreí a mis amigos.

_ ¿Preparados para el baile?