Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
Nos vamos de boda...
25.
Me miré al espejo otra vez. Tara y Laf habían salido para dejarme unos minutos de reflexión, a ver si entraba en razón, según ellos. El vestido era bonito, sí, pero... Mi pelo estaba recogido y una pequeña y discreta diadema sujetaba mi velo, pero... El maquillaje acentuaba mis rasgos y hacía más jugosos mis labios, pero... Todo eran peros. ¿Esa era la novia que yo había querido ser? No es que el matrimonio hubiese sido mi meta, al contrario que el de las demás chicas de instituto, pero de haberlo querido, ¿era esta la boda que yo quería? No, empezando porque en el altar no me esperaría el hombre correcto. Jason asomó la cabeza por la puerta.
_ ¿Se puede? - sonrió.
_ Claro – dije débilmente.
Pasó y se puso a mi lado. Durante unos instantes miró nuestro reflejo en el espejo. Sus ojos llegaron a los míos y me miró con pesar.
_ Sook... - comenzó a decir.
_ No, Jason.
_ ¿No, Jason? - se enfadó-. Has pasado tu último día de soltera encerrada con un hombre que no es tu prometido, y sé que no habéis estado jugando al trivial, con un hombre que consigue hacerte brillar, que te hace sentir algo que no sea repulsión, como ese con el que te has empeñado en casarte.
_ ¿Por qué eres así? ¿Crees que me divierte hacerlo? Es lo que hay, Jase, no podemos dejar que Bill haga públicas nuestras miserias, ¿qué es lo que te cuesta tanto asimilar?
_ La parte en la que te ofreces como sacrificio. No lo necesitamos, no nos importa. Mamá sabe lo de la aventura de papá y se ha tratado su problema con la cleptomanía. A nadie le sorprendería si me tiro a una, a dos, a cuatro o si participo en una orgía, ya ves, el semental oficial del pueblo, seguro que me hacen una estatua. Laf está encantado con eso de ser una reinona, ¡por el amor de Dios!, pero, ¿tú le has visto?, y a Tara no le importa lo que digan de ella, sólo lo que yo piense y a mí no me importa lo que haya hecho antes de llegar a su vida. Alcide está muy cabreado por una parte y encantado de que conservaras tu copia durante todos estos años, y dice que para él ha sido un honor haber estado en tu vida. Por otro lado, tu afición por el porno casero no se remonta a hace tanto, estaba muy borracho pero recuerdo haber visto algo ayer, y estoy seguro de que a él tampoco le importa si Bill lo cuelga en su facebook. ¿Por qué si todos estamos dispuestos a hacerle frente, tú te empecinas en seguir adelante?
_ La abuela no merece algo así, merece poder pasear con la frente alta sin que los chismorreos la persigan allá a donde vaya. No somos dignos de ella pero podemos hacer que mientras viva, se sienta orgullosa de nosotros y si eso implica hacer que nunca sepa cómo somos en realidad, sea.
_ ¿Y cómo somos en realidad? ¿Gente normal, con apetitos normales y problemas normales? ¿Acaso crees que nadie en este pueblo ha sido infiel a su pareja? Ah, no, espera, tú sin ir más lejos...
_ No me puedo creer lo que acabas de decir – murmuré apenada.
_ Y yo no me puedo creer que dejes a un hombre como Eric que te puede hacer inmensamente feliz por otro que te va a hacer desgraciada, que te lo está haciendo ya y ni siquiera estáis casados.
_ Eric no es como tú crees...
_ ¿Ah, no?
_ No quiero hablar de eso...
_ Tarde. Deja que te diga lo que yo sé de Eric. Sé que Alcide le pidió que te convenciera para que no te casases, que cuando te tuvo delante se quedó tan impresionado que en vez de convencerte, intentó ganarte para sí. Sé que no ha pensado en otra cosa desde hace una semana, sé que está desesperado por que te des cuenta de lo que siente por tí, y, lo que es más, de lo que tú sientes por él.
_ ¿Y qué sugieres? - esperé-, ¿quieres que deje que la abuela se entere y padezca el escarnio de los que la rodean? ¿Que no pueda ir a la iglesia tranquila ni a las reuniones de los Gloriosos Descendientes?
_ No, Sook – dijo con un tono, de repente, muy cansado-. Lo que digo es que te pares y lo consideres, que las cosas no son blancas o negras y, si bien lo que Alcide le pidió pudo ser reprobable, los sentimientos detrás de su acción no. Te sugiero que pares esta charada porque todos tenemos algo que esconder, que nadie está libre de pecado para tirar la primera piedra y la abuela no va a ser lapidada por el pueblo ni condenada al ostracismo, que hay muchas cosas que tú no sabes...
_ ¿Qué quieres decir...?
Mi madre entró corriendo con mi padre pisándole los talones y me dio el ramo. Nos miró a los dos apremiándonos a terminar nuestra conversación.
_ ¡¿Que pasa con vosotros? ¿No habéis tenido tiempo para charlar en toda la semana?
_ Michelle, déjales – dijo mi padre con un tono de voz que no admitía réplica.
_ Pero, bueno, parece que la única que quiere que se case soy yo...
_ Quizá sea así, ¿no te parece, querida?
_ Estoy muy harta de vosotros, ¿lo sabéis? Mi hija viene con su novio de años y dice que se quiere casar, ¿qué se supone que debo hacer? Apoyarla.
_ Mamá, lo tuyo con Bill va más allá del apoyo – suspiré.
_ Bill es un buen hombre, vale que los hay más agraciados y más divertidos, pero el matrimonio es una carrera de fondo. Tú eres la que decidió ser su novia, la que decidió aceptar su propuesta de matrimonio, ¿por qué iba a dudar de tu criterio? Le conoces mejor que yo...
En eso tenía razón. La culpa era mía. Tara y Laf entraron. Ver a Lafayette vestido de dama de honor era un espectáculo. Resplandecía con su atuendo rosa palo, a juego con el de Tara.
_ ¿Qué hacemos? - Tara me miró esperanzada.
_ Seguimos... - musité para su decepción.
Mi madre abrió la puerta e hizo un movimiento extraño. Se volvió para Jason que la empujaba.
_ Pero que hace...
_ Vamos, mamá – la interrumpió Jase-, acabemos con esto...
Salieron y tras ellos Tara y Laf. La música comenzó a sonar y las piernas apenas si me sostenían cuanto más ordenarles que se pusieran en marcha. Tomé aire y cerré los ojos. Joder, qué asco de vida. Me disponía a dar el primer paso cuando la voz de papá me paró.
_ No tienes que hacerlo.
_ Sí que tengo.
_ No, puedo salir y decirles que no va a haber boda. A la mierda con Bill y su madre. Nadie en el pueblo los quiere...
_ ¡Papá! - le recriminé- ¡que estamos en una iglesia...!
_ Dios sabrá perdonarme eso también, lo que no creo que me pasara sería no haber impedido a mi hija hacer una estupidez por las razones equivocadas.
_ Gracias, papá – me abracé a él-, te quiero. Vamos, tenemos una boda.
Cabezota, sí, lo sé.
Mi padre suspiró y meneó la cabeza dándome por perdida. Me agarré a su brazo y salimos. Lo primero que mis ojos vieron fue al hermoso hombre que sobresalía por encima de todos, con su pelo rubio y sus increíbles ojos azules, fijos en mí. Demasiado para mantener el equilibrio y ser capaz de llegar al altar. Su aspecto, pese a ser impecable, no era muy bueno y denotaba la mala noche que seguramente había pasado. Me miraba como no pudiese creerse lo hermosa que estaba, como si de repente fuese plenamente consciente de que unos metros más allá estaba el final de su sueño, había tanto amor y tanta desesperación en sus ojos que a mí, lo único que me apetecía era irme para él, abrazarle y decirle entre besos que todo estaba bien entre nosotros, que no me importaba cómo había llegado a mi vida sino que siguiera en ella. Al pasar por su lado las piernas me flaquearon y me aferré a mi padre para no caerme. Mis piernas traidoras se negaban a avanzar, habían decidido echar raíces junto a él. No sé cómo lo hice pero conseguí seguir caminado y pasar el banco en el que estaba. Qué tonta, por un momento había esperado que me cogiese de la mano y me sacara de allí, y corriésemos como Dustin Hoffman y Katherine Ross, incluso eché una ojeada para ver si había con lo que poder atrancar la puerta para que no nos siguieran... Menuda estupidez. Los últimos pasos hasta donde me esperaba Bill se me hicieron eternos, era como avanzar en una pesadilla hacia algo que sabías que sería malo, avanzaba inexorablemente pero a cámara lenta. Y ver la sonrisa de triunfo de Bill era la mayor tortura.
Pero todo llega, mi padre me miró una vez más para ver si me decidía a huir de allí, me besó la frente soltando un suspiro de derrota, y yo acabé ante el altar, delante del reverendo Newlin, al lado de Bill que me cogió de la mano e hizo un ligero amago de besarme pero se detuvo al ver mi mirada. Sus ojos se perdieron por encima de mi hombro hacia Laf y Tara y luego se fueron al lugar que ocupaba Eric. El muy cabrón le sonrió y luego me besó. Le hubiera matado si no hubiese estado ya muerta a esas alturas. Me deshice de su mano y me volví para mirar al reverendo que nos miraba de hito en hito. Carraspeó aclarándose la garganta y comenzó a dirigirse a la congregación.
_ Queridos amigos, estamos hoy aquí con motivo de celebrar el amor. Nuestros amigos, Sookie y Bill han decidido mostrar al mundo y ante Dios su amor, comprometiéndose en un viaje común para el resto de sus días – la sonrisa beatífica de Steve me tenía de los nervios, ¿acaso quería que cambiase de opinión recordándome que ese disparate iba a durar tanto tiempo?-. El amor es imprescindible en nuestras vidas, ¿cómo de oscura sería la travesía del desierto en nuestras vidas sin contar con alguien en quien apoyarse? Sin alguien que nos la haga leve y nos alegre el corazón. Compartir lo más preciado que tenemos, nuestra alma, con otro espíritu afín que nos haga reír y nos muestre que en sus brazos está el camino hacia la felicidad. Estamos demasiado acostumbrados a frivolizar el amor con corazones y fiestas comerciales, así que, querida – se volvió hacia Sarah que estaba ante el órgano-, no esperes regalo para San Valentín – se rió-. El amor está en las pequeñas cosas, una sonrisa, una mirada, compartir un atardecer, hacer la lista de la compra o calentarle las manos, y está en vuestras manos hacer que crezca día a día.
No lo pude evitar, al decir eso recordé lo que Eric me había dicho sólo unas horas antes, y le miré por encima de mi hombro. Sus ojos se clavaban en los míos con expresión angustiada. Empezaba a sentir que me asfixiaba, el pánico se empezaba a adueñar de mí. Fantaseaba con la idea de desmayarme, eso me proporcionaría una salida, ¿no? Me compraría un poco de tiempo. O por lo menos, me sacaría de esa iglesia. El reverendo Newlin seguía desvariando sobre lo profano y lo divino, con su disertación sobre el amor y cómo nos acercaba a Dios. Solté una risita y me miraron cuestionándome. Sí, claro, como para explicarles cómo me acercaba a mí a Dios el amor de Eric...
_ Bueno, llegados a este punto tenemos que pasar este trámite, qué incertidumbre – se rió Steve-, como si fuese a pasar – volvió a soltar una risita-, pero hay que decirlo - aclaró la voz y arqueó las cejas mirándonos con una sonrisa-. Si hay alguien que se interponga en la unión de esta pareja en sagrado matrimonio, que hable ahora o guarde silencio para siempre...
Estaba a punto de gritar cuando oí.
_ Yo me opongo.
Y yo. Casi me da pena Bill, casi...
Gracias por vuestros comentarios, se agradecen mucho
Estoy escribiendo otra historia que empezaré a poner en un par de días y, siempre y cuando, claro, sepa cómo llamarla ¬¬ , que, bueno, no es tan fácil...
