Estos personajes han nacido de la imaginación de Charlaine Harris. Gracias por prestárnoslos para jugar con ellos.
26.
La iglesia de Bon Temps era pequeña, con una rectoría adjunta para el reverendo y su familia. Abrimos la puerta y entramos, era la segunda entrada espectacular que hacíamos. Se nos empezaba a dar bien esto de dejar con la boca abierta al personal. Todos nos reconocieron, nos habían visto en Merlotte's y se hizo el silencio entre los invitados. Un hombre muy guapo, quizá demasiado, con pinta de modelo y una sonrisa burlona, salió a nuestro encuentro.
_ Invitados de la novia, ¿verdad? - nos miró a Pam y a mí-. Soy Claude Crane, primo de Sookie – tendió la mano a Alcide sonriendo-. Herveaux, me alegro de verte...
_ Claude – le sonrió con complicidad-, ¿qué tal todo?
_ A punto, como siempre – levantó una ceja con sorna.
_ Bien.
Nos hizo pasar y nos indicó dónde nos teníamos que sentar, especialmente a mí, que me tenía que poner en el pasillo.
_ Queremos que todos te vean bien, ¿no?
_ Con su tamaño lo verían donde lo pusieras – se burló Pam-, pero ahí está perfectamente – miró hacia la puerta por la que tendría que entrar la novia-. Un ángulo perfecto, sí.
_ Este banco es para nosotros, no me gusta estar lejos de la acción – se rió y nos dejó para ir a hablar con una pelirroja guapa y alta, que se le parecía bastante.
Estaba realmente muy nervioso, mi pierna se movía incontroladamente. Pam puso su mano encima atenazándola.
_ Para, me estás desquiciando.
_ No es tan fácil – murmuré-. ¿Cómo lo voy a hacer, Pam, y si no lo consigo?
_ ¿Recuerdas esa parte en la que el reverendo tiene que decir si hay alguien que tenga alguna objección o llevas demasiado tiempo asistiendo a ceremonias católicas?
_ ¿Cómo voy a hacer eso...? - negué con la cabeza imaginándome haciéndole algo así a Sookie.
_ Te levantas y dices que no se puede casar. Simple.
_ ¿Y hacerle pasar esa vergüenza, Pam? - intervino Alcide.
_ Mejor un ratito de vergüenza que toda una vida con ese Bill.
_ No es que no tengas razón, pero Eric no puede hacerle eso, a ella no le gustaría, no estaría bien.
_ Hay que joderse con las señoritas sureñas y sus modales. Perdona, ¿hablamos de la que mandó imágenes de una mamada a otro tío al móvil de su novio? - Alcide la miró con la boca abierta-. Ya, bien, supongo que sí, pues yo me comería a besos al que me rescatara de ese destino - señaló con la cabeza hacia Bill.
_ Tú eres británica, cariño - consiguió decir.
_ ¿Y eso qué significa?
_ Margaret Thatcher nunca se hubiese podido dar aquí.
_ En dos palabras, Maxine Fortenberry – dijo Claude que estaba pendiente de nuestra conversación, riéndose y señaló con la cabeza en su dirección.
La puerta se abrió y dí un respingo. La madre de Sookie asomó la cabeza, me vio y se escondió rápidamente. A los pocos segundos, volvió a salir del brazo de Jason, que nos saludó al pasar por nuestro lado. Ya estaba, los primeros acordes del Canon de Pachelbel comenzaron a oírse. A mi lado Pam murmuró sarcástica "uhm, qué original" y yo empecé a hiperventilar. Pam pasó su brazo por mi hombro y me apretó contra ella. ¿He dicho ya que quiero a Pam?. En unos momentos, les siguieron Tara y Lafayette, impresionante con su traje rosa. Y, al cabo de unos minutos, Sookie del brazo de su padre. ¡Dios!, iba bellísima, no es que no me pudiese creer que lo estuviese, pero no podía dejar de pensar que no se había vestido así para mí. Parecía sacada de una ilustración de un cuento de hadas, etérea y vaporosa avanzando por el pasillo hacia el cabrón que me la estaba quitando. Al llegar a mi altura, se paró levemente y sus ojos encontraron los míos. Fueron unos segundos, mientras la tierra se abría bajo mis pies y me creía morir de angustia, y fantaseaba en una décima de segundo con cogerla de la mano y salir corriendo de la iglesia. Pero no me moví, no dije nada, no hice nada. Y ella siguió avanzando.
Bill, por su parte, estaba en su puesto, sonriendo con su triunfo, lo había conseguido, ahí estábamos todos sometidos. Sookie de camino hacia el altar y yo mirando cómo lo hacía. Cuando llegó hasta él, intentó besarla pero no se dejó. Le hubiese matado cuando se aprovechó de un descuido y, después de mirarme y sonreírme, lo acabó haciendo.
_ Hijo de puta... - siseó Alcide.
_ Northman, déjamelo a mí – masculló Pam entre dientes-. En cuanto salgan de aquí, la dejo viuda y ya, todo solucionado – se volvió para mirar a Alcide y puso voz de gatita-. ¿Te dejarán hacerme visitas conyugales, cariñito?
El reverendo era joven y parecía agradable pero no parecía que se le diese muy bien su cometido. Pero, pese a todo, acabó recordándole a Sookie mis palabras del día anterior y ella se volvió a mirarme. ¡Dios! Me sentía tan inútil, era tan frustrante lo que estaba pasando, me sentía morir. El reverendo siguió con su sermón y, por fin, le oí decir que si había alguien que se opusiera a esa boda lo dijese o callase para siempre. Notaba como Pam estaba a punto de levantarse, yo mismo estaba a punto de hacerlo, cuando oí una voz que decía.
_ Yo me opongo – busqué la voz que lo decía. No daba crédito a mis ojos, ¿Lorena?
_ Yo también me opongo – Adele.
_ Y yo – su padre.
_ Y nosotros, ¿por qué no? - se rieron Laf y Tara cogidos de la mano.
_ Pero... - el reverendo estaba cada vez más confundido.
_ Déjelo, reverendo, siga – le apremió Bill.
_ No puedo, tengo que escuchar si son razones legítimas – le respondió y se volvió a mirar a Lorena- ¿Por qué se oponen?
_ No quiero que se case con mi hijo, no le ama y él sólo está obsesionado con ella, siempre lo ha estado.
_ Señora Compton, no me parece... - intentó decir el reverendo.
_ Steve, cállese – le conmino Adele-, haga caso a Lorena. Sookie no le ama.
_ Pero, señora Stackhouse, está ante Dios intentando hacer unos votos sagrados, ¿cómo no va a quererle?
_ Porque quiere a otro – muy hábil Lorena, sí, levantando un murmullo general.
_ Me parece excesivo decir eso, ya sé que la relación suegra-nuera es un poco complicada...
_ Está ahí sentado, que lo diga él – dijo señalándome.
_ Deja al chico en paz, Lorena – Dios bendijera a Adele-, bastante tiene con estar siendo testigo de este disparate.
_ Bien – el reverendo tragó saliva y se volvió al padre de Sookie-. ¿Y usted?
_ Quiero que mi hija sea feliz y todos sabemos que no lo será con Bill, incluida ella – Sookie le miraba con la boca abierta.
_ Me gusta este pueblo, Northman – me susurró Pam al oído- están todos como una puta cabra.
_ Entonces... - el reverendo no sabía qué hacer.
_ Entonces, nada, Steve, lo dejamos aquí – se exasperó Lorena.
_ ¡Madre, no! - Bill estaba a punto de saltarle a la yugular a su madre.
_ Lo siento, hijo, esta obsesión tuya tiene que acabar. Es por tu bien.
_ Pero la quiero – juro que hizo un puchero.
_ ¿Y ella? - intervino Jason- ¿Por qué le haces esto? La estás obligando a estar contigo.
_ ¿Estás haciendo eso, hijo? - un hombre pequeño y enjuto se levantó.
Me volví a mirar a Alcide que no me supo decir quién era. Una mano se posó en mi hombro y alguien susurró un nombre.
_ El sheriff Dearborne – me volví y vi a Sam.
_ Contesta, Bill, éste es un buen lugar para confesar.
Bill mantuvo los labios apretados en una fina línea, rehusando contestar, pero sus vecinos ya estaban desatados. Una mujer fornida, en dos palabras, como diría Claude, Maxine Fortenberry, tomó la palabra.
_ Ya veo que el clima que se ha creado es propicio – dijo la señora Fortenberry- y la confesión es buena para el alma... Yo he estado planeando el asesinato perfecto – todos la miramos espantados-, bueno, ¿qué pasa?, últimamente he bebido un poco más de la cuenta. Me sieto sola y mi hijo ya sólo tiene ojos y tiempo para esa pelirroja...
Se hizo un silencio sepulcral en la capilla. A mi lado Pam acababa de soltar una risita.
_ ¿Cómo no nos había invitado antes a venir a visitarte, Herveaux? - le dijo a Alcide y me cogió la mano-. Están peor que nosotros, que ya es decir... - apreté su mano con una sonrisa y seguimos pendientes del espectáculo.
_ Yo me acosté una vez con una mujer – se adelantó y confesó Laf-. Hala, ya lo he dicho.
_ ¡Lafayette! - gritó asombrada Tara llevándose la mano a la boca y soltó una carcajada-. ¿Cómo es que nunca me lo habías dicho, zorra?
_ Pues yo ahora me estoy acostando con un hombre – dijo Pam levantando la mano y saludando. Aportando su granito de arena, mi Pam.
_ ¿Y qué tal? ¿diferente? - se interesó Laf.
_ Divertido, creo que me voy a quedar con ese sexo un tiempo... - Alcide la miraba con la boca abierta mientras ella le cogía la mano sin mirarle.
_ A mi no me importaría volver a tener sexo, echo de menos tener un novio o un amante o un amigo con derecho a roce, lo que sea – anunció Ruby-. Sabéis dónde encontrarme.
_ Yo – levantó la voz Jason- he empezado a salir con Tara, lo digo por aquellos que habíais hecho una porra sobre la fecha en la que acabaríamos juntos. Por lo demás, soy un caballero, nadie tiene nada que temer que vaya a contar ninguna intimidad aquí ni en ningún sitio...
_ Dios mío... – murmuró el reverendo con espanto.
_ No debería interrumpir el momento de catarsis colectiva, reverendo Newlin, déjeles que se desahoguen – le conmino el sheriff Dearborne-. A ver, terminemos con esto. A mano alzada y mirando hacia delante, nada de mirar a la pareja. ¿Quién ha sido infiel alguna vez?
Prácticamente todos los feligreses levantaron la mano. Para el asombro del reverendo, ¡y de Jason!, la señora Newlin, también. Incluso Adele levantó la suya con una sonrisa y casi con orgullo. Y Sookie, que me miró sonriendo, también la levantó. Bill, por el contrario, no lo hizo. Craso error. Al lado de Alcide se había sentado Claude con unas chicas y un travesti de espectaculares ojos verdes. Le oí decir "¡sí!", como si hubiese estado esperando que algo así pasara. Pam y yo nos miramos mientras Alcide mantenía la mirada hacia delante, con la mano de Pam entre las suyas y una sonrisa divertida en los labios.
_ ¡No me lo puedo creer...! - gritó el travesti sentado en nuestra fila-. No puede ser que reniegues de mí, Bill. Después de todo lo que te dejé hacerme ayer mismo...
Un grito de sorpresa recorrió la iglesia. Dos de las chicas se levantaron también y le miraron con indignación.
_ Que nos hiciste ayer mismo. Estás en una iglesia, debería darte vergüenza mentir así. No puedes ignorarnos sólo porque nos pagaras, somos personas...
Claude y Alcide chocaron las manos sin mirarse mientras intentaban aguantar la risa.
_ ¿Estuviste de putas? – le espetó Sookie que se volvió hacia ellas haciendo un gesto conciliador- Con perdón.
_ No pasa nada, guapa – respondió una de las chicas.
_ Bueno... - murmuró algo confundido-, tú te estabas tirando a ése – me señaló y todos se volvieron a mirarme-, ¿no?
_ No es lo mismo.
_ ¿Porque no le pagas? - la cogió por la muñeca.
_ Porque le quiero – se soltó de su garra y se dispuso a salir. Se paró y se dirigió a sus vecinos -. Parece obvio que hoy no va a haber boda, pero ya que tenemos comida y bebida, es una tontería desperdiciarla. Además, hay baile...
Cogió a Tara y a Laf de la mano y corrió por el pasillo. El corazón se me salía por la boca, ¿venía hacia mí? Pero pasó de largo y entró en la habitación de la que había salido del brazo de su padre. Al cabo de unos minutos salió con un bonito vestido de flores y sus amigos sin sus trajes rosas. Volvió a hacer el recorrido por el pasillo y esa vez, sí, se paró a mi lado. Me cogió de la mano y me sonrió.
Un poquito desquiciados en este pueblo, sí.
Ay, qué poquito le queda ya...
