An: ¡Sopresa! Aquí me teneís ya. Espero que os guste el capítulo.

Capítulo 8

Las optativas

La luz del sol en la cara hizo despertar a Harry rápidamente de su sueño. Ni tan solo recordaba quedarse dormido pero no le dio importancia debido a la cantidad de veces que se había quedado dormido sin darse cuenta a lo largo de su estancia en Hogwarts. Alcanzando la mesita inconscientemente, Harry encontró sus gafas, se las puso y se reprimió un grito de frustración.

Estaba en la enfermería. Había pasado la noche entera en la enfermería.

Malfoy tendrá un gran día cuando se entere.

Enojado con él mismo y con la señora Promfey, Harry se vistió rápidamente con la ropa que llevaba ayer y se fue de la enfermería antes de que nadie pudiera pararle, asegurándose que llevaba el libro que estaba leyendo ayer y su varita. Los pasillos estaban desiertos, haciendo que Harry se imaginara que aún era muy temprano. Como esta había sido su casa… castillo, Harry había acabado conociendo los caminos más cortos a varias destinaciones y la torre de Gryffindor no era una excepción.

Le habían dado la contraseña hacía un par de días, por lo que pudo entrar sin llamar la atención. La sala de estar tenía un silencio misterioso. Suprimiendo un temblor, Harry subió las escaleras para dirigirse a su habitación. Entró de la manera más silenciosa que pudo, dirigiéndose hacia su baúl. Los ronquidos de Neville Longbottom y la respiración profunda de Ron, Dean Thomas y Seamos Finnigan le sirvieron como confirmación de que todos dormían. Dirigió su mirada hacía el despertador de Neville y vio que tan solo eran las cinco y media. Normal que nadie esté despierto.

Una vez se hubo cambiado, Harry cogió su libro y se fue antes de que alguien se diera cuenta de que había estado allí. Calculó que podía leer un par de capítulos antes de su primera clase y posiblemente pensar en algo que pudiera decir a Ron y Hermione para que no lo miraran como si se fuera a romper. Harry ya había recibido muchas de estas miradas de la mayoría del cuerpo docente.

Entrando en el Gran Comedor, Harry vio que estaba vacío pero no le dio importancia, se dirigió a la mesa de Gryffindor y se sentó. Los platos y los cubiertos ya estaban puestos pero todavía no había comida servida. Ignorando el gruñido de su estómago, Harry abrió el libro y empezó a leer. Era sorprendente la cantidad de hechizos defensivos que había, y era aún más sorprendente que la gente pudiera recordarlos. Había muchos movimientos de varita para un solo hechizo que especificaban las propiedades del hechizo.

Harry estaba tan concentrado en su lectura que ni se dio cuenta que la comida había aparecido. El olor, por eso, fue imposible de ignorar. Podía oler huevos, salchichas, bacón y magdalenas de un solo golpe. Su estómago gruñó una vez más. Harry gimió molesto y empezó a servirse su plato con comida. Apoyando su libro contra un tazón grande, Harry continuó leyendo mientras comía.

Cuando finalmente acabó el capítulo, Harry apartó su plato y mentalmente revisó lo que había leído. Cerrando los ojos, Harry practicó los movimientos de varita descritos con la mano que utilizaba la varita. Había unos cuantos que no podía recordar claramente, pero la mayoría los recordaba, lo que le hizo sonreír. Finalmente estaba consiguiendo algo de todo ese estudio.

Abriendo los ojos, Harry pegó un bote que casi le hizo caer cuando vio que no estaba solo. Una vez recuperó el equilibrio, Harry cerró el libro rápidamente y miró a la cara preocupada del profesor Dumbledore. – Eh… buenos días, señor. – Dijo Harry intentando romper el silencio. – No le he oído entrar.

El profesor Dumbledore sonrió mientras se acercaba a Harry. – Es lo que acostumbra a suceder cuando uno esta muy metido en sus propios pensamientos. – Dijo amablemente. – Te has levantado muy temprano, Harry. ¿Hay alguna cosa de la que quieras hablar?

Harry sacudió su cabeza. – No señor. – Dijo honestamente. Este había sido el principio de cada conversación que habían tenido durante las últimas semanas. El problema era que Harry no sabía si el profesor Dumbledore estaba siendo serio o amable. La parte seria sería 'sé que pasa algo, cuéntamelo' mientras que la parte amable le estaba diciendo 'si quieres hablar de algo, aquí estoy'.

Dumbledore continuó en silencio durante un momento hasta que se enderezó. – Muy bien. – Dijo con un cabeceo. – Sé que ayer fue un día difícil para ti, Harry. El profesor Lupin me ha contado que oíste la voz de tu madre en el tren. Si quieres hablar de esto o tienes alguna pregunta, mi despacho está siempre abierto.

- Gracias, señor. – Dijo Harry amablemente. Hablar de eso era la última cosa que quería hacer, pero no iba a sonar desagradecido rechazando la oferta del profesor Dumbledore. ¿Cómo hablas de algo así? Harry tuvo que admitir que aún sentía que eso de hablar sobre los sentimientos era extraño. Los Dursely nunca se preocuparon, entonces ¿por qué tendría a alguien que importarle?

Harry esperó que Dumbledore se fuera hacia la mesa de profesores y volvió al libro. Se sentía un poco tímido con alguien en el comedor, especialmente con el profesor Dumbledore. Harry no sabía el porqué, pero ya no sabía cómo actuar delante del director. Quizás tenía algo que ver con el nuevo rol de 'paciente abuelo' que el profesor Dumbledore había tomado. Harry no estaba seguro. Todo lo que sabía era que necesitaba hacer que su 'familia' se sintiera orgullosa.

La profesora McGonagall fue la siguiente en entrar, y aunque Harry siguió fijando su mirada en el libro, no pudo evitar darse cuenta de que su 'estricta abuela' cambiaba su recorrido. Se dirigió hacia la mesa de Gryffindor discretamente y entonces fue hacia la mesa de profesores, parando brevemente para poner una mano tranquilizadora en su hombro. Harry miró por encima de su hombro a la profesora de transfiguración y le dirigió una sonrisa suave. Ella la devolvió y se unió a Dumbledore.

El profesor Snape entró después, pero simplemente miró a Harry antes de sentarse en su sitio de siempre, al lado de la profesora McGonagall. Al cabo de unos pocos minutos los estudiantes empezaron a llegar. La mayoría no notaron a Harry, pero los que lo hicieron no fueron lo que se podría llamar discretos. Poco después Harry empezó a preguntarse qué estaban diciendo. ¿Sabían todos cómo le afectaban los dementores o sólo estaban hablando sobre que Sirius Black lo había secuestrado?

A veces Harry deseaba tanto una vida normal que hasta le dolía.

Fred y George llegaron con unos cuantos Gryffindors e inmediatamente se sentaron al lado de Harry, apartándolo juguetonamente para que pudieran sentarse los dos. Se les veía bastante cansados y nada alegres. Harry no podía recordar haber visto nunca a los gemelos Weasley serios, pero poco les faltaba ese día.

- Eh… ¿ha pasado algo? – Preguntó Harry sin estar seguro de si realmente lo quería saber.

Los dos gemelos miraron lentamente a Harry, con condolencia escrita en sus caras. Harry odiaba esa mirada. – Dumbledore contó a todos anoche que los dementores estaban 'protegiendo' el colegio. – Dijo George. – Además mencionó el efecto que tienen en la gente, haciéndolos revivir sus peores recuerdos y eso.

- A Ron… eh… se le escapó que oíste cómo tu madre fue asesinada. – Añadió Fred.

Harry cerró los ojos mientras arqueaba la cabeza. Esta no era la manera que quería empezar su primer día de clases. Ahora todo el mundo se le quedaría mirando y susurraría. Él no quería toda esta atención y claramente no la necesitaba. ¿Por qué no podían tratarle cómo a uno más? - ¿Cuántos lo saben? – Preguntó suavemente.

- Eh… bueno… ya conoces a Ron. – Dijo George. – No piensa antes de hablar, y estaba hablando de esto durante la cena de ayer. Por lo que todos los que estaban a su alrededor lo oyeron…

- … y lo contaron a los que estaban a su alrededor. – Añadió Fred. – Y etcétera…

- … y etcétera. – Dijo George. – Por lo que diría que todos lo saben. – Su cara cambió de simpatía a una sonrisa malvada. – Pero no te preocupes, Harry. Anoche le enseñamos las consecuencias de su error.

Inmediatamente Harry miró a los gemelos con una ceja levantada. No le gustaban las miradas que tenían en sus caras. Definitivamente habían planeando algo. - ¿Qué habéis echo? – Preguntó con precaución y entonces se lo pensó mejor. - ¿O mejor no lo quiero saber?

Tanto Fred como George guiñaron un ojo a Harry y después volvieron a sus desayunos. Oh, sí, esto no es nada bueno. Sacudiendo su cabeza, Harry volvió a su desayuno olvidado e intentó no darle muchas vueltas. Juzgando por las miradas que le daban los gemelos, Harry supo que pronto descubriría qué habían echo. Sólo podía esperar que no hubieran transformado a Scabbers en una araña gigante o algo así.

El resto de profesores llegó (todos dando a Harry la misma mirada comprensiva), y los jefes de las casas pudieron repartir los horarios de las clases. Cuando dieron a Harry el suyo, sintió otro apretón tranquilizador en el hombro y miró a la profesora McGonagall. Aún tenía una mirada severa en su cara, pero Harry pudo ver que en sus ojos se reflejaba compasión. Ella se inclinó un poco hacia él para que nadie pudiera escucharla. – Potter, por favor, le espero en el Hall en diez minutos. – Susurró McGonagall.

Parcialmente confuso y parcialmente asustado, Harry solo pudo cabecear cómo respuesta. Por lo que podía recodar no había echo nada malo, así que no iba a reñirlo, ¿no?

Harry fue sacado de sus pensamientos por Hermione entrando en el comedor como un cohete. Parecía totalmente ultrajada mientras se acercaba a Fred y George. - ¿Qué habéis echo vosotros dos? – Preguntó a gritos, consiguiendo la atención de todos. – ¡Ron se niega a salir del dormitorio! ¿Cómo os atrevéis a volverle el pelo de color rosa el primer día de clase? ¿Sabéis lo importante que es hoy?

Fred y George cruzaron miradas antes de dirigirse a Hermione. - ¿De qué estas hablando? – Preguntaron de forma inocente.

Harry aprovechó esta oportunidad para marchar desapercibido. Su entrenamiento con el profesor Lupin le había enseñado cómo moverse silenciosamente y mezclarse entre las muchedumbres. Ciertamente hoy lo necesitaría. Permaneciendo cerca de las paredes, Harry se dirigió hacia la entrada concentrado en no llamar la atención. La profesora McGonagall todavía no había llegado pero Harry pensó que era mejor así. Si Hermione le había visto marchar probablemente le habría seguido, dispuesta a saber qué estaba pasando.

Al cabo de un par de minutos la profesora McGonagall entró. Debió notar el nerviosismo de Harry, porque su cara se ablandó al acercarse. – No te preocupes, Harry. – Dijo suavemente. – No has hecho nada malo. Solamente quería hablar contigo sobre tu primera clase de hoy. Me he dado cuenta de que tienes Adivinación y he pensado que lo mejor sería advertirte que la profesora Trelawney tiene el hábito de predecir la muerte de algún pobre estudiante cada año desde que llegó. Nadie ha muerto todavía. Considerando tu reciente historial, te advierto que no te tomes en serio nada de lo que diga.

Harry cabeceó y sonrió. – Gracias por la advertencia, profesora. – Y entonces pensó sobre lo que la profesora McGonagall había dicho. – No recuerdo haber conocido a la profesora Trelawney este verano.

La profesora McGonagall dejó escapar un suspiro. – Esa mujer raramente sale de su santuario de bolas de cristal y bolsas de te. – Dijo y puso su mano debajo la barbilla de Harry y le subió la cabeza hasta que se miraron a los ojos. – Si te da cualquier tipo de problema ven a verme. Sybill está normalmente demasiado concentrada en ver el futuro como para tener en cuenta el presente y el pasado.

Harry cabeceó otra vez. – Lo haré. – Dijo y rodeó con los brazos a la profesora McGonagall y la abrazó. – Gracias. – Dijo sinceramente. Aún se sentía raro de tener a tanta gente que se preocupaba por él, pero en momentos como ese a Harry le gustaba. La profesora McGonagall le había advertido y estaba contento por eso ya que probablemente se lo hubiera tomado en serio.

Después de un momento McGonagall devolvió el abrazo. – De nada, Harry. – Dijo suavemente. – Bien, creo que ahora podrías servir de ayuda al señor Weasley. Aunque se equivocó al contar lo que había pasado, no se merece asistir a clases el primer día con el pelo rosa.

Harry estuvo de acuerdo y se despidió de su jefa de la casa antes se salir corriendo hacia la torre de Gryffindor. Apresurándose hacia su dormitorio, Harry ignoró las miradas y los susurros que sus compañeros le estaban dando. Abrió la puerta, y los ojos de Harry se abrieron de par en par cuando vio a Ron, quien estaba sentado en la cama con lágrimas en los ojos. Su pelo no solo estaba de color rosa, era de un rosa fucsia. Ho cabía duda de por qué Ron se negaba a salir del dormitorio. A Harry tampoco le gustaría que alguien lo viera en ese estado.

- ¿Ron? – Preguntó Harry dudoso, inseguro de qué decir. – Eh… ¿estás bien?

Ron miró a Harry y después miró hacia otro lado. – No me puedo creer que mis hermanos me hayan echo esto. – Dijo con voz temblorosa. – No quería decir nada, me salió sin querer. Lo siento mucho Harry. Hermione y yo estábamos muy confundidos. No entendíamos porque oíste la voz de tu madre. Cuando Dumbledore nos habló de los dementores… entonces… eso.

- Lo entiendo, Ron. – Dijo Harry mientras entró en la habitación. – Sé que no era tu intención, pero tienes que verlo desde mi punto de vista. No quiero que la gente me trate como lo están haciendo ahora. Odio ser el centro de atención. Oí lo que el 'Periódico Profético' decía sobre el secuestro. No necesito ni quiero que nadie sepa nada de mi vida privada. ¿Puedes imaginarte lo que Malfoy hará ahora que lo sabe? Sólo quiero que me dejen tranquilo, como a todos los demás.

Ron se encogió de hombros mientras miraba sus manos con vergüenza. – Esto es básicamente lo que dijo Hermione anoche. – Murmuró. – Sé que la he liado. Sé que soy un maldito idiota. ¿Cuántas veces puedo decir que lo siento?

Harry pasó por encima de sus cosas y cogió su varita. Girándose, Harry apuntó con su varita a Ron, quien le miró con sorpresa. – No te muevas. – Dijo casualmente. Con un movimiento, murmuró el encantamiento y vio como el pelo de Ron perdía su tono rosa fucsia y volvía a su rojo natural. Satisfecho, Harry guardó su varita y fue a coger los libros que necesitaría para las clases de esa mañana. – Anda, mírate. – Dijo.

Asustado de que Harry hubiera empeorado las cosas, Ron salió del dormitorio y volvió al minuto después poniendo a Harry en un abrazo muy fuerte. – Gracias, gracias, ¡gracias! – Exclamó Ron y entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo y paró. – ¡Ni Hermione pudo descubrir cómo se quitaba! ¿Cómo lo has echo?

Harry se encogió de hombros. – He estado aburrido este último mes, por lo que leí mucho. – Dijo. No era exactamente una mentira. Había leído mucho. El problema era que no podía confiar en Ron para que mantuviera su boca cerrada. Cuando todo falla, mejor cambiar de tema. – Venga, primero tenemos Adivinación, y es en lo alto de la torre Norte.

Ron cogió sus cosas rápidamente y siguió a Harry a la torre Norte, donde se reunieron con Hermione. La cara de sorpresa en la cara de Hermione hizo reír a Ron. Entraron en un aula extraña que parecía más una tienda de café que un sitio para aprender. Harry se dirigió a una mesa redonda que estaba vacía y se sentó con Ron y Hermione.

Estaban a punto de sacar sus libros cuando una voz suave salió de las sombras. – Bienvenidos a Adivinación. – Dijo. – Soy la profesora Trelawney.

Cuando vio a la mujer, Harry pudo entender por qué la profesora McGonagall le había advertido. No parecía estar enteramente allí y por alguna razón le recordó a Harry en un gran insecto. Quizás eran sus grandes gafas las que hacían que sus ojos parecieran demasiado grandes para ser humanos. Harry no estaba seguro. Todo lo que sabía era que debía recordar las palabras de la profesora McGonagall y no tomarse nada que pudiera decir seriamente.

- Adivinación es una de las artes mágicas más difíciles. – Continuó Trelawney. – Esta asignatura no se aprende de los libros. Los que tengáis el Ojo Interior progresareis, mientras que los demás entenderéis lo delicado que es este arte.

Hermione dejó escapar un suspiro mientras Harry y Ron intentaron no reír. En esta clase probablemente Hermione tendría los mismos problemas que ellos.

La profesora Trelawney empezó a hablar del Ojo Interior y el arte de la Visión. También pareció asustar a unos cuantos alumnos haciéndolos preguntas extremadamente vagas sobre los 'seres queridos'. El problema era que todos se lo estaban tomando a pecho. Continuó explicando qué harían en clase antes de enseñarlos cómo leer los pozos de te.

Harry y Ron intercambiaron las tazas, y después de pasar unos minutos intentando descubrir qué estaban diciendo los pozos del te, Harry sólo pudo llegar a la conclusión que Ron experimentaría dolor y sufrimiento pero que sería feliz, la cuál cosa no tenía ningún sentido. Ron aún tuvo más problemas con la taza de Harry, haciendo que la profesora Trelawney echara una miradita. Después de un momento, todo el mundo dio un bote ya que Trelawney había gritado y se había hundido en una butaca.

Un largo silencio recorrió la sala. Finalmente, la profesora Trelawney pareció recuperar la compostura. – Lo siento, mi querido muchacho. – Dijo dramáticamente mientras miraba a Harry con una mirada extrema de compasión en sus ojos. – Tie… tienes el Grim en tu taza.

Harry la miró con una ceja levantada. Recordaba que el profesor Lupin le había preguntado si Midnight se parecía a eso. Con todo lo que estaba pasando se había olvidado completamente investigar sobre este tema. - ¿Perdón? – Preguntó confundido.

La profesora Trelawney parecía sorprendida. – El Grim, el gigante perro negro que es un presagio… ¡un terrible presagio de muerte! – Gritó.

Aquí empieza, pensó Harry sarcástico. En vez de demostrar miedo, Harry sonrió. - ¿De verdad? – Preguntó con anticipación. – Ese debe ser Midnight, un perro que conocí durante el verano. Me dijeron que se parecía al Grim. ¡Quizás esto signifique que volverá!

Todos estaban escuchando la conversación asombrados. – Chico, por favor, ¡no hagas bromas sobre el Grim! – Exclamó Trelawney. – ¡Todos los que han visto al Grim han muerto!

Harry se tiró hacia atrás en una falsa confusión. Parecía estar metido profundamente en sus pensamientos, pero no era verdad. Profesora McGonagall, me debe una. – Entonces, ¿cómo lo sabe? – Preguntó inocente. – Si todos los que han visto al Grim han muerto, entonces, ¿cómo sabe que realmente lo han visto? No tiene sentido.

- No todos han muerto inmediatamente. – Aclaró la profesora Trelawney. - ¿Dices que has visto realmente al Grim?

Harry sacudió la cabeza. – No, Midnight era un perro abandonado, un amable perro. – Dijo simplemente mientras volvía a la taza y miraba otra vez el pozo. – Esto se parece a él. ¿Qué quiere decir cuando sale un animal doméstico, Hermione? – Miró a su amiga, quien estaba mirando a Harry con asombro y Harry rápidamente le guiñó un ojo para darle a entender que simplemente se estaba divirtiendo.

Hermione ocultó una sonrisa y miró el libro. – Si las hojas de té se parecen a un animal doméstico que se ha perdido, es que se ha muerto hace poco o que lo volverás a ver otra vez. – Leyó del libro. Entonces miró a Harry encogiendo los hombros. – Creo que lo único que podemos hacer es desear lo mejor.

Trelawney se estaba poniendo enferma. – Creo… creo que deberíamos terminar la clase por hoy. – Dijo rápidamente. – Hasta la próxima.

Todos recogieron sus cosas y salieron de la clase. Todos se mantuvieron en silencio mientras se dirigían a Transfiguración, menos Harry y Hermione que lo estaban pasando mal intentando no reír. Entrando en el aula, Harry miró a los ojos a la profesora McGonagall y cabeceó. Notó que ella soltó un suspiro y le guiñó un ojo. Viendo su mirada confusa interpretó que quería que luego le contara lo que había pasado, la cual cosa ya tenía intención de hacer.

Una vez empezó la clase, la profesora McGonagall empezó a hablarles sobre los Animagos (magos que podían transformarse en animales a voluntad), entonces para demostrar su teoría, se transformó en un gato, ganándose un disperso aplauso. Volviéndose a transformar, la profesora McGonagall miró a la clase y se dio cuenta de que la mitad de los alumnos estaban mirando a Harry. Girando los ojos molesta, McGonagall puso deberes y entonces dio la clase por finalizada.

Recogiendo las cosas lentamente, Harry insistió a Ron y a Hermione que los vería para el almuerzo. Esperó a que todos salieran de la clase y entonces se acerco al escritorio de la profesora. – Gracias otra vez por la advertencia, profesora. – Dijo con una sonrisa. – Tenía razón. La profesora Trelawney es realmente excéntrica.

La profesora McGonagall intentó disimular una sonrisa, pero falló. - ¿Puedo preguntarte qué ha pasado, Harry? – Dijo.

Harry se encogió de hombros. – Dijo que veía al Grim en mi taza de té. – Dijo simplemente. – Intenté usar la lógica y… ehh… bueno, no estuvo de acuerdo conmigo. Le dije que estaba viendo a Midnight en lugar del Grim.

McGonagall dejó escapar una risa que asustó a Harry. – Oh, señor Potter. – Dijo feliz. – Debo decirle que eso es lo peor que pudo hacerle. Ella se toma sus 'predicciones' y sus 'presagios' muy seriamente. Cinco puntos para Gryffindor por su buena idea. Bien, mejor que ahora se apresure hacia el almuerzo.

Harry no necesitó que se lo dijeran dos veces y se apresuró al Gran Comedor. Cuando llegó, se dio cuenta de que Ron y Hermione se estaban echando malas miradas. Sacudió la cabeza lentamente y se sentó al lado de Ron. Algunas cosas nunca cambian. Lo único que cambiaba era el tema de la discusión. A Harry le sorprendía la cantidad de temas que Ron y Hermione podían encontrar para discutir.

Después de un almuerzo callado, Harry se dirigió a Crianza de criaturas mágicas con Ron y Hermione. Debido a las nuevas normas de Dumbledore, solo iban al patio, pero al menos estaba fuera del castillo. Lo único que quedaba de la lluvia de ayer era el césped mojado por el que tenían que caminar. Llegaron pronto, y Harry, Ron y Hermione se sentaron en un banco a esperar. Ron se sentó a la izquierda de Harry mientras que Hermione se sentó a su derecha. Estaba claro que no iban a resolver sus diferencias pronto.

- ¿Le importaría a alguno de los dos contarme porqué no os habláis? – Preguntó al final Harry.

Al principio ninguno de los dos dijo nada. Los dos miraron hacia otro lado, lo que hizo que Harry gimiera molesto. Finalmente, Hermione rompió el silencio. – Ron cree en todo esto de que el Grim causa la muerte. – Dijo rápidamente. – Adivinación no parece ser nada creíble. Todo es interpretar. Ron, si creías que lo que había en la taza de Harry era una oveja.

- ¿Crees que es una coincidencia? – Preguntó Ron rápidamente. - ¡Sirius Black anda suelto! No estoy diciendo que me lo crea todo, pero… - Parecía que no supiera qué decir hasta que miró a Harry mordiéndose su labio inferior. – No quiero que mueras, Harry. No tienes ni idea de cómo lo pasamos cuando desapareciste. Creíamos que no te volveríamos a ver.

Harry bajó la mirada. Sabía que habían de hablar de esto, pero ¿tenía que ser ahora? Frotándose los ojos por debajo de sus gafas, Harry suspiró. ¿Qué podía decirles para asegurarles que no le pasaría nada cuando ni él mismo se lo creía? – Ron, dudo que Sirius Black pueda cogerme aquí. – Dijo al final. – Me están observando todo el rato. No se me permite salir del castillo excepto para esta clase y para Quidditch. Además hay dementores patrullando el colegio.

El sonido de gente acercándose dio la conversación por finalizada de momento. Parecía haber una tregua temporal entre Ron y Hermione. Era como si estuvieran de acuerdo en discrepar hasta que pudieran encontrar otro tema para discutir.

Pronto Hagrid llegó con unas criaturas extrañas. La mitad de su cuerpo de cintura para bajo parecía un caballo mientras que la otra mitad (incluyendo las alas) se parecía a un águila. Tenían los ojos y el pico anaranjados. Solo había dos de esas criaturas, pero aún así intimidaban. Hagrid introdujo a las criaturas, a las que se refirió como hippogrifos y explicó sus rasgos y personalidades. Permitió que los estudiantes las acariciaran únicamente si iban a ser respetuosos ya que los hippogrifos eran unas criaturas muy orgullosas.

Solo algunos estudiantes (Harry, Ron y Hermione incluidos) encontraron el valor de acariciar las criaturas. Malfoy lo intentó, pero empezó a soltar insultos, que dieron lugar a cinco puntos menos para Slytherin y un castigo con Madam Promfey. Hagrid los había dicho que insultar aun hippogrifo podría ser la última cosa que hicieran.

Una vez finalizó la clase, Harry, Ron y Hermione se quedaron y felicitaron a un Hagrid aliviado por el éxito de su primera clase. Querían ayudar a Hagrid con los hippogrifos pero siendo el 'hermano mayor' que era, Hagrid insistió en que volvieran al castillo lo más pronto posible. Entendiendo su razonamiento, Harry, Ron y Hermione obedecieron.

Esa noche después de la cena, Harry finalmente consiguió estar un rato sin Ron y Hermione (quienes raramente se alejaban de su lado). Casi estaba anocheciendo, pero Harry tenía una idea fija. Necesitaba hablar con la única persona que podría ayudarle con los pensamientos que no le dejaban tranquilo, la única persona que podía entender por lo que estaba pasando.

Tan silenciosamente como le fue posible, Harry llamó a la puerta del profesor Lupin, pero no obtuvo respuesta. Lo volvió a intentar, pero no pasó nada. Deduciendo que el profesor estaba ocupado, Harry decidió irse justo cuando la puerta finalmente se abrió. Dio un paso atrás como precaución y entonces se relajó al ver la cara preocupada de Lupin.

- ¿Harry? – Preguntó el profesor Lupin mientras abría la puerta del todo y se apartaba. – Por favor, entra. Siento haber tardado tanto, pero estaba preparando tu clase del jueves.

Harry dudó. Hubo un silencio incómodo entre ellos. Harry no sabía el porqué, pero ahora que había empezado el colegio no sabía cómo comportarse delante de su tutor temporal. – Bueno, no quiero interrumpir. – Dijo nervioso. – De todas formas no es nada importante.

El profesor Lupin salió de su despacho y puso una mano en el hombro de Harry. – No digas tonterías. – Dijo con una sonrisa. – Me irá bien distraerme. Entra y cuéntame qué es lo que te pasa por la cabeza. – Entonces hizo entrar a Harry y le pidió que se sentara. - ¿Cómo ha ido tu primer día de clase?

Harry se encogió de hombros. No sabía cómo responder a eso. Si Ron o Hermione se lo hubieran preguntado probablemente se hubiera quejado de que todos se le habían quedado mirando fijamente, pero no quería molestar al profesor Lupin con cosas sobre las cuáles no tenía ningún control. El problema era que Lupin era sincero. Realmente quería saber qué había pasado. – He tenido Adivinación hoy. – Dijo Harry como si eso lo explicara todo.

El profesor Lupin escondió una sonrisa pero no dijo nada. Simplemente negaba con la cabeza lentamente como si estuviera recordando algo agradable. – Ah sí, Sybill Trelawney. – Dijo al final. – Nunca tuve el… eh… placer de estar en su clase pero por lo que me dijo tu padre es una persona bastante única. – Viendo que los ojos de Harry se agrandaban con sorpresa, Lupin decidió explicar más. – Sí, tu padre tomó Adivinación. Creía que era una de las optativas más fáciles, lo que le dejaba mucho tiempo para dedicarse a las bromas.

Harry dio una sonrisa forzada al profesor Lupin, pero desapareció rápidamente. Dirigió su mirada al suelo. Aunque disfrutaba escuchando cosas sobre su padre, ahora solo parecía un triste intento de distraerlo. – Supongo que sabes que a Ron se le escapó que oí a mi madre cuando el dementor entró en el tren. – Dijo suavemente.

Lupin instantáneamente cogió una silla y se sentó al lado de Harry. – Sí, lo sé. – Dijo honestamente. - ¿Quieres hablar de esto?

Harry se encogió de hombros otra vez aunque rápidamente se rindió. – Es solo que… bueno… ahora tiene una voz, pero no es así como quiero recordarla. – Dijo con voz dudosa. – Sonaba tan aterrada. Puedo oírla en mi cabeza, suplicando a Voldemort que la mate a ella en vez de a mi. Ojala ella hubiera dejado que me matara.

El profesor Lupin dio a Harry un abrazo y lo sostuvo fuertemente. – No digas eso Harry. – Dijo. – Sé que es duro, pero tienes que recordar que tu madre te quería más que a la vida. Recuerda que tu madre era una mujer valiente y cariñosa que se enfrentó a Voldemort. ¿Cuántas brujas o magos pueden decir que han hecho eso?

Con su cara enterrada en la ropa de Lupin todo lo que Harry pudo hacer fue encogerse de hombros. Recordando por lo que había venido originariamente Harry salió del abrazo y miró al profesor Lupin. Harry podía sentir como sus ojos empezaban a arder y luchó para que no salieran las lágrimas. – Necesito aprender a combatirlos. – Dijo sonando más confiado de lo que se sentía. – Hay una manera, ¿no?

- Hay maneras de defenderse que se pueden aprender. – Dijo Lupin cautelosamente. – Son difíciles, pero no imposibles.

Harry no pudo evitar sentirse esperanzado. No quería desmayarse cada vez que un dementor se le acercaba. No quería quedarse indefenso, especialmente con Sirius Black aún suelto. - ¿Puedes enseñarme? – Preguntó Harry rápidamente. Notó que el profesor Lupin estaba dudoso. – Te prometo que no lo usaré para escaparme a Hogsmeade. – Clarificó. – No iré contra las normas del profesor Dumbledore. Es solo que necesito hacer esto. – sus hombros cayeron mientras que bajaba la mirada. – No puedo volver a ser su víctima. – Dijo suavemente.

Lupin suspiró y puso una mano en el hombro de Harry, dándole una suave sacudida. – Lo comprendo, Harry. – Dijo. – No puedo prometerte nada pero haré lo que pueda. Es un encantamiento muy difícil, hasta para los adultos. – Se levantó y se dirigió hacia su escritorio. Cogió un trozo de papel, escribió algo rápido y se lo dio a Harry. – Este es el título de un libro de encantamientos avanzados que hay en la biblioteca. Míratelo y lee lo del encantamiento Patronus. Una vez lo hayas echo ven a verme.

Harry miró a Lupin y sonrió. – Gracias, profesor. – dijo agradecido.

El profesor Lupin le devolvió la sonrisa. – Aún no me lo agradezcas. – Dijo sinceramente mientras se miraba el reloj. – Esto llevará mucho trabajo y paciencia, Harry. Bien, ya casi esta anocheciendo, así que te sugiero que te apresures. Oh, y sería mejor no decir nada de esto a tu amiga Hermione. Estoy dispuesto a enseñarte a ti porque tú lo necesitas.

Harry cabeceó, volvió a agradecérselo al profesor y se apresuró a la torre de Gryffindor. No podía evitar sonreír al pensar en ser capaz de ahuyentar a los dementores. No le importaba si tenía que trabajar mucho. Después del verano, ya estaba acostumbrado.


No me lo puedo creer; 50 reviews!! xDD. Muchas gracias a todos, de verdad.

mundi: esta vez he actualizado rápido. Jejeje. Pero no os acostumbreis que este capítulo ha sido muy largo y difícil ;). Iré subiendo lo más rápido posible. Quería aprobechar ahora que tenía tiempo porque os lo mereceis. Muchas gracias.

Llaelien: Muchas gracias. Pues sí, tienen muy buena relación estos dos. Ya veremos como avanza la historia. Cuidate! Saludos.

ross snape: Hola de nuevo. Aquí estamos... xDDD. Gracias! Espero que también te guste este capítulo. Nos vemos.

Laditomi: Pues ya ves... ya ha empezado el curso, aunque queda todo el año por delante. No te quejarás, has pedido la semana siguiente y aquí lo tienes xDD. Muchas gracias.

merodeadores4ever: Me encanta tu nik . Hermione siempre se pone celosa con este tipo de cosas, ya la conoces XDD. Gracias!

ALEJAMOTO DIETHEL: Pues aún no se sabe nada más de él... ¿dónde se ha metido? xDD. A mi también me da pena Sirius... Muchas gracias y nos vemos .

Ginebra: Vas a hacer que me sonroja... Muchísimas gracias! Pues voy actualizando lo más rápido que puedo. Espero que te haya gustado este capítulo también.

Anaelisa: Muchas gracias. Harry tiene ahora a su gran 'família' ;). Hago lo que puedo... Nos vemos!

Kaito Seishiro: Muchas gracias. ¡A comer! xDDD