AN: ¡Hola! Ya estoy aquí de nuevo! Espero que disfrutéis con el capítulo.
Capítulo 13
Viejas heridas, nuevas preocupaciones.
El ruido que hicieron varios baúles al cerrarse despertó a Harry. Unas voces estaban susurrando, lo que hacía que Harry no pudiera volver a dormirse. ¿Por qué estaban todos levantados tan temprano? Demasiado cansado para preguntar, Harry simplemente se puso el cojín encima de su cabeza para no escuchar el ruido. Estaba a punto e dormirse de nuevo cuando alguien abrió sus cortinas, haciendo que los rayos de sol inundaran el cuerpo de Harry. Inmediatamente Harry quiso maldecir a la persona que lo había molestado. Todo lo que quería era dormir. ¿Era demasiado pedir?
- ¿Harry? - Preguntó Ron. - Eh... ya se están marchando todos. - No hubo respuesta. - Mmm... puedes bajar cuando estés listo. Hermione y yo estaremos en la Sala Común.
Volvió a cerrar las cortinas, pero Harry sabía que ahora no podría volver a dormirse. No podía hacer esperar a Ron y Hermione. Dejando escapar un quejido Harry salió de la cama y se puso unos simples tejanos y una camiseta larga. Se quitó el cansancio de los ojos, se puso las gafas y salió de la habitación.
Cuando llegó al final de las escaleras, Harry vio que Ron estaba sentado delante del fuego comiendo golosinas mientras Hermione tenía sus deberes esparcidos por varias mesas. Dio con voz cansada los buenos días y se sentó en el sofá que había delante del fuego. Este simple acto fue suficiente para que Ron y Hermione dejaran de prestar atención a lo que estaban haciendo.
- Harry, ¿te encuentras bien? - Preguntó Hermione con voz preocupada. - No tienes buena cara. A lo mejor tendrías que ir a ver a la señora Promfey.
- Estoy bien. - Dijo Harry sin darle importancia. Piensa en algo, ¡rápido! - Han sido unos meses muy largos.
Hermione se sentó con Harry en el sofá mientras Ron se sentó en una silla cercana. - Sabes que puedes contarnos cualquier cosa, ¿verdad, Harry? - preguntó amable. - Queremos ayudarte, pero este trimestre estás muy reservado. A lo mejor te ayudaría hablar de lo que te preocupa. No es bueno guardarlo todo.
Harry instintivamente dobló las piernas y las apretó contra su pecho, desesperado por desaparecer. No estaba preparado para esto. No estaba preparado para contárselo. No estaba preparado para arriesgarse y confiarles algo que había intentado enterrar. - No puedo. - Dijo suavemente. - Lo cambiaría todo. Han cambiado demasiadas cosas... no puedo... simplemente no puedo.
Ron y Hermione cruzaron las miradas antes de volver prestar atención a Harry. Esa reacción confirmaba que algo le estaba pasando a Harry. - ¿Qué te ha pasado, amigo mío? - Preguntó Ron. - ¿Tiene algo que ver con lo de Sirius Black en Halloween? La profesora McGonagall dijo que no te había hecho daño. No estaba mintiendo, ¿no?
Harry no sabía qué hacer. No quería contárselo, pero lo necesitaba. Necesitaba su ayuda, pero aún estaba asustado por lo que pudieran pensar. Estaba cansado de tantas mentiras. Echaba de menos la confianza de solía tener con sus mejores amigos. Solía ser lo único de lo que podía depender.
Una mano tocó dulcemente su brazo derecho y le dio un pequeño masaje. - Nada cambiará, Harry. - Dijo Hermione con paciencia. - Eres nuestro amigo, nuestro mejor amigo. Sea lo que sea estoy segura de que saldremos adelante. Siempre lo hacemos.
- Cogerán a Black pronto, Harry. - Añadió Ron. - Podemos hablar con Dumbledore para que no tengas que volver a esconderte, pero aunque eso pasara sería mejor que estar con los Dursleys, ¿verdad?
Harry miró hacia otro lado y dejó escapar un suspiro cansado. Ya no había vuelta atrás. - No volveré a ir con los Durselys. - Dijo Harry.
Ron y Hermione miraron a Harry sorprendidos. Los dos sabían que Harry no tenía más familia y ningún otro sitio dónde ir aparte de los Dursleys. - ¿Qué? - Preguntó Hermione. - ¿Por qué? ¿Por qué Black te encontró allí?
Harry negó con la cabeza mientras se mordía el labio inferior. - Eh... bueno... no puedo volver allí. - Dijo tan bajo que Ron y Hermione tuvieron que hacer un esfuerzo por oírlo. - El profesor Dumbledore y el profesor Lupin no me dejarían.
Hermione se movió para ponerse agachada en el suelo delante de Harry. Con cuidado cogió la barbilla de Harry y dirigió su cara para que sus ojos se encontraran. El dolor que reflejaban los ojos de Harry hacía que a Hermione le costara hablar. - Harry. - Dijo al final. - ¿Qué ha pasado este verano? ¿Qué te han hecho? ¿Te han hecho daño?
Una lágrima escapó de los ojos de Harry. Harry intentó quitársela, pero Hermione se lo impidió. Harry pudo ver que Hermione lo había descubierto. - Tío Vernon estaba furioso… muy furioso. - Dijo Harry al final. - Él... él creía que si me castigaba lo suficiente ya no podría hacer magia. Él... estaba furioso por ciertas cosas que le recordaban lo que soy.
- ¿Castigado? - Preguntó Ron confuso y se dio cuenta de lo que Harry no estaba diciendo.- Quieres decir que te pegó... ¿varias veces?
A Hermione le caían las lágrimas. En un solo gesto tenía cogido a Harry en un fuerte abrazo sin quererlo soltar pronto. - Harry, esto no cambia nada. - Dijo segura. - Somos tus amigos. Esto nunca cambiará. ¿Te había pegado tu tío antes de este verano?
Harry negó con la cabeza. Tenía que admitir que estaba aliviado, pero aún seguía nervioso (especialmente por Ron) de que descubrieran qué lo empezó todo. Sabía que el señor y la señora Weasley lo sabían y se sentían culpables por lo que había pasado, por lo que Harry no quería que a Ron le pasara lo mismo. Después de todo no importaba cómo había empezado. Harry tenía la sensación de que tío Vernon hubiera encontrado cualquier otra excusa.
Ron se incline hacia adelante y enterró su cabeza entre sus manos. – Eso era de lo que estaban hablando. – Dijo básicamente para él. – Creía que mamá y papá estaban hablando sobre Black. Nunca pensé que estuvieran hablando de tu tío, Harry. – Levantó la cabeza y miró a Harry sin creérselo. – Espera un segundo, si tu tío fue el que te pegó eso quiere decir que Black te rescató.
Hermione miró a Ron. – De verdad, Ron. – Dijo como si fuera lo más obvio. – Sirius Black probablemente no sabría que…
-…lo sabía. – Interrumpió Harry. – Dumbledore dijo que Black vio a mi tío… eh… castigándome. Atacó a mi tío y me cogió. Entonces me dejó en el Caldero Chorreante y le dijo a Dumbledore dónde encontrarme. Me quiere muerto, así que… ¿por qué me ayuda? ¿Por qué me advirtió en Halloween? No tiene ningún sentido.
-Bueno, todo el mundo dice que está loco. – Intentó Ron.
Harry negó. – Pero parecía coherente en Halloween. – Contradijo. – Más bien parecía… preocupado. Era como si quisiera protegerme de alguien o de algo que había en la torre de Gryffindor, pero todos estaban en la cena. Podría haberme llevado. Podría haberme matado, pero no lo hizo. En vez de eso, me advirtió que fuera con cuidado.
- Hay muchos tipos de locura, Harry. – Dijo Hermione amablemente. – Tu mismo lo has dicho; no había nadie en la torre esa noche. Es bastante posible que su perspectiva de la realidad esté un poco… ehh… distorsionada. A lo mejor no lo recuerda. Bueno, sabes que esto no quiere decir que no sea peligroso. Ha entrado en Hogwarts, Harry. Ha burlado a los Dementores.
- Lo sé. – Dijo Harry cansado. No sabía por qué estaba empezando a preguntarse cuáles eran los motivos de Sirius Black, pero había demasiadas cosas que no tenían sentido. Black había tenido miles de oportunidades durante una semana cuando estaba haciéndose pasar por Midnight, pero el perro estuvo escuchándole y ayudándole siempre que podía. Era como si se preocupara por él, pero era imposible. ¿Por qué el hombre que traicionó a sus padre estaría preocupado por él?
Pronto llegó la Navidad. Esa mañana Harry fue despertado por dos personas cuando se sentaron en su cama. Soltando un gruñido, Harry cogió sus gafas, se las puso y vio las caras de Ron y Hermione. Sin importarle qué día era, Harry dio media vuelta y puso el cojín encima de su cabeza. No sabía por qué últimamente estaba tan cansado. Levantarse temprano era imposible y normalmente era el primero en irse a dormir.
Ron y Hermione lo habían notado, por lo que decidieron vigilarle. – Harry, es Navidad. – Dijo Hermione amablemente. - ¿No quieres abrir los regalos? Hay muchos.
- No. – Murmuró Harry desde debajo de su almohada. – Déjame dormir. Estoy muy cansado.
- Siempre estás cansado Harry. – Dijo Hermione riendo. – Creo que este trimestre ha sido demasiado para ti. Venga. Abre tus regalos y después podrás relajarte en la sala común hasta la hora de comer. ¿Hecho?
Harry aceptó no muy convencido y se sentó. Ron corrió hacia su cama y rápidamente empezó a abrir sus regalos mientras Harry empezó con los suyos. Recibió un jersey granate de la señora Weasley con un león en medio por la parte de delante, una docena de pasteles de carne picada y un pastel de Navidad. Una funda para la varita de parte del Profesor Lupin, el que Harry tuvo que estrenar inmediatamente. Al principio se sentó incómodo pero rápidamente se acostumbró.
Hermione parecía tener envidia, pero entendía el porque Harry había recibido un regalo. Había contado a sus amigos que el profesor Lupin era su tutor temporal y se alegraban por él. Lupin no era exactamente de la familia, pero era lo más cercano que Harry tenía.
Los profesores Dumbledore, McGonagall, Flitwick, Sprout y Hooch le regalaron a Harry una colección especial de libros de Defensa Contra las Artes Oscuras, lo que fue una sorpresa. Hermione inmediatamente empezó a ojearlos, pareciendo un niño en una tienda de golosinas. Harry no sabía si eso era bueno o malo. Hermione ya sabía más hechizos de los que sabían Ron y él juntos.
El siguiente regalo que Harry vio era delgado y largo. Desenvolviéndolo, los ojos de Harry se abrieron de la sorpresa cuando vio una magnifica escoba. Dudoso, Harry la cogió y pudo sentir cómo vibraba en su mano. La soltó y se sorprendió al ver que se quedaba suspendida en el aire, como diciendo "móntame".
- ¡POR MERLIN! - Gritó Ron mientras se acercaba corriendo a la cama de Harry para verla mejor. - ¡Una Firebolt! ¡La última escoba del mercado! Se supone que llega a 150 km/h en menos de dos segundos. ¡Es una escoba internacional! - Dirigió su atención hacia Harry, con los ojos abiertos de la sorpresa. - ¿Quién te la ha enviado?
Hermione se dirigió al lado de Harry y empezó a observar el envoltorio. - No hay tarjeta. - Dijo con un escalofrío. - Las vimos en el callejón Diagon. Creo que en el precio ponía "pedir precio en el interior".
- Eh... vale. - Dijo Harry incómodo. - Así que es cara. ¿Quién se gastaría tanto dinero en mí? No conocía a mucha gente y menos gente que tuviera tanto dinero como para comprar una escoba. - Bien, ha tenido que ser alguien que supiera que mi Nimbus se rompió, por lo que debe de ser alguien de Hogwarts.
- No tiene por qué. - Corrigió Hermione. - Cualquier estudiante podría haber escrito a sus padres y contar lo que ha pasado. Entonces sus padres podrían haberlo contado a cualquier persona. Pero creo que nadie se gastaría tanto dinero en ti si no te conociera.
- ¿Por qué no Dumbledore? - Propuso Ron. - Quizás se siente mal sobre lo que pasó ya que fue culpa de los Dementores
- No se gastaría tanto dinero en un estudiante, Ron. - Discutió Hermione mientras miraba a Harry silenciosamente pidiéndole que estuviera de acuerdo con ella. - No puede mostrar tanto favoritismo. Quizás deberíamos contar esto al profesor Dumbledore o a la profesora McGonagall. Es muy extraño. Alguien que este dispuesto a gastarse tanto dinero al menos enviaría una tarjeta.
Harry se mordió y volvió a mirar la escoba. Ya conocía el tono de Hermione como para saber que se quería investigar. Ella no creía que ese regalo era realmente un regalo. - Crees que está hechizada, ¿no? - Afirmó más que preguntó. - Crees que quienquiera que sea que me la haya enviado quiere herirme.
Hermione suspiró. - ¿Quién sospecharía? - Preguntó. - Solo creo que con todo lo que ha pasado este año deberíamos llevarla a revisar antes de que la pruebes, Harry. ¿No estás de acuerdo?
- ¿Estás loca? - Preguntó Ron sin creérselo. - ¿Quién en su sano juicio hechizaría una escoba tan cara como esta?
Hermione miró a Ron. - Oh, no lo sé. - Dijo sarcásticamente. - Alguien que no esté en su sano juicio como ¿Sirius Black, quizás?
Ron puso los ojos en blanco. - Oh, por favor. - Dijo. - ¿De verdad crees que Sirius Black podría entrar en una tienda de Quidditch y comprar una escoba? Todo el mundo lo reconocería y todos lo están buscando. Además, ¿de dónde habría sacado el dinero? ¡Es un fugitivo!
Harry se tumbó en la cama. Sabía que podían estar discutiendo durante horas si él no los paraba. El problema era que estaba de acuerdo con los dos. Era extraño no hubiera una targeta pero, ¿quién se gastaría tanto dinero cuando con una escoba más barata cumpliría el mismo propósito? ¿Para que comprar la escoba más cara del mercado?
Quizás para que la tentación sea tan grande que no me pueda resistir.
Harry siguió a Ron y a Hermione al Gran Comedor para comer. De nuevo, Ron y Hermione no se hablaban y Harry estaba en medio. Los dos querían que Harry les diera la razón, lo que hizo que Harry simplemente saliera de la habitación. Odiaba ponerse de parte de alguien, ya que alguien siempre resultaba herido. Los dos tenían parte de razón, ¿por qué no podían aceptar eso?
Entrando en el Gran Comedor, Harry vio que todas las mesas estaban puestas al lado de la pared y tan solo una mesa estaba en el medio, preparada para doce. Los profesores Dumbledore, McGonagall, Snape, Sprou y Flitwitck, además de Filch, dos estudiantes nerviosos de primero, y uno de quinto de Slytherin ya estaban sentados. Había tres sillas vacías al final de la mesa, en las que se sentaron Harry, Ron y Hermione. Obviamente Harry se sentó en medio de sus dos cabezotas amigos.
Harry fijó su mirada en el plato, inclinado hacia delante. No tenía ni idea de qué hacer. Si contaba lo de la Firebolt quizás no la volvería a ver, pero si no lo hacia corría el riesgo de resultar herido o muerto cuando la montara. ¡No es justo! Sabía lo que debía hacer, pero eso no quería decir que fuera lo que él quería.
- ¡Un brindis! – Dijo el profesor Dumbledore entusiasmado.
Cuando todos se estaban sirviendo, las puertas se abrieron y entró la profesora Trelawney que se dirigía hacia ellos. Harry suprimió un gemido. Justo cuando creía que el día no podía ir peor.
- Sibyll. – Dijo Dumbledore levantándose. – Por favor, acompáñanos. Vaya sorpresa. – Con un movimiento de varita Dumbledore hizo aparecer una silla en el aire y la colocó entre el profesor Snape y la profesora McGonagall.
La profesora Trelawney se quedó donde estaba. – Temo que no puedo, director. – Dijo casi con miedo. - ¡Trae mala suerte que trece personas coman juntas! ¡El primero en levantarse es el primero en morir!
La profesora McGonagall suspiró molesta. – Creo que podemos arriesgarnos, Sibyll. – Dijo. – Por favor, siéntese antes de que se enfríe la comida.
Trelawney se sentó, con lo ojos cerrados como si estuviera rezando. Cuando volvió a abrir los ojos miró a su alrededor y dijo. - ¿Pero dónde está el profesor Lupin?
Ron y Hermione miraron a Harry, quien finalmente levantó su cabeza y miró directamente a su profesora de Adivinación. Su frustración hacia la profesora Trelawney y el instinto de protección que tenía hacia el profesor Lupin hizo que fuera imposible mantenerse callado. - ¿No lo sabe? – preguntó Harry con curiosidad. – Creía que lo habría predecido.
La profesora McGonagal tosió para ocultar su risa, lo que hizo que se ganara una palmadita en la espalda del profesor Dumbledore. Los profesores Flitwick y Sprout intentaban ocultar sus sonrisas, y la mirada del profesor Snape era un poco menos dura que de costumbre. Hermione rápidamente se tapó la boca con la mano y se giró mientras Ron no paraba de toser ya que las patatas que tenía en la boca se le habían ido por el otro lado.
La profesora Trelawney miró a directamente a Harry. – Por supuesto que lo sabía, señor Potter. – Dijo decidida. – Tengo que actuar como si no supiera lo que va a suceder para que los demás no se sientan incómodos con mi presencia.
Harry cabeceó lentamente como si lo entendiera y empezó a hacer una montaña con sus patatas. – Pareces de Slytherin. – Murmuró.
Ron escupió la bebida que tenía en la boca y empezó a toser. La profesora McGonagall esta vez no pudo contener su risa, igual que los profesores Sprout y Flitwick. Los ojos del profesor Dumbledore centellearon al ver la discusión entre el estudiante y la profesora. Los dos estudiantes de primer año y el de Slytherin miraban a Harry sorprendidos. Nunca habían visto a un estudiante hablar de esta manera a una profesora y que salir inmune.
A la profesora Trelawney, sin embargo, no le pareció divertido y se levantó. – No me gusta nada su tono, señor Potter. – Dijo. – Usted más que nadie debería de entender qué es ser diferente.
Harry dejó caer su tenedor, se tiró hacia atrás en su silla y miró la cara encolerizada de Trelawney. – Oh, oh. – Dijo con tono de preocupación. – El primero en levantarse será el primero en morir. ¿No es lo que dijo, profesora? – Una sonrisa apareció en sus labios. – Bienvenida a mi mundo.
Trelawney miró a Harry sorprendida, con su cara completamente pálida. Sin soltar palabra salió corriendo del comedor, consiguiendo que todos los de la mesa empezaran a reírse a carcajadas. Las únicas personas que no reían eran el profesor Snape, Filch y Harry, que le desapareció la sonrisa en el momento que la profesora Trelawney abandonó el comedor. Simplemente siguió amontonando sus patatas.
Una vez se acabaron las risas, todos notaron el cambio de actitud de Harry. Los profesores se miraron los unos a los otros preocupados y Ron y Hermione se miraron el uno al otro y bajaron la cabeza avergonzados. Finalmente se habían dado cuenta lo que había causado en Harry su disputa. Era una decisión suya y ellos no lo habían ayudado mucho.
Harry, Ron, Hermione, ¿ha pasado algo que deberíamos saber? - Preguntó Dumbledore con curiosidad.
Ron y Hermione miraron a Harry nerviosos, ninguno de los dos sin saber qué decir. Tiró los hombros hacia delante como señal de rendimiento y miró al profesor Dumbledore. - Eh... bueno... he recibido un regalo de Navidad esta mañana. - Dijo incómodo. - No llevaba tarjeta.
Todos los profesores se giraron hacia Harry, preocupados. - ¿Qué ha pasado Harry? - Preguntó el profesor Dumbledore con voz firme.
Harry se agarró a su silla. - Eh... nada... todavía. - Dijo. - Es solo que no conozco a nadie que se gastaría tanto dinero en mí y no decirme quién es, así que nos preguntábamos si habría alguna manera de averiguar quién lo ha enviado.
Dumbledore miró a McGonagall antes de volver a mirar a Harry. - Harry, ¿qué has recibido? - Preguntó con curiosidad.
- Una Firebolt, señor. - Dijo Harry suavemente.
Todos los profesores y los tres estudiantes que no eran de Gryffindor miraron a Harry en silencio sorprendidos. Sin gustarle esa atención, Harry empezó a encogerse en la silla y evitó mirar a nadie a la cara. De repente quiso esconderse y empezó a mirar a izquierda y derecha buscando una salida rápida. ¿Por qué nadie decía nada? ¿Por qué ha tenido que abrir la boca? ¿Por qué ha escuchado a Hermione?
La profesora McGonagall se levantó lentamente. - Señor Potter. - Dijo firmemente. - Por favor, venga conmigo.
Indeciso, Harry siguió a la profesora McGonagall fuera del Gran Comedor. Sabía que probablemente le quitarían la escoba, lo que haría que estuviera otra vez sin escoba para jugar a Quidditch. Cuando se cerraron las puertas esperó a Harry estuviera a su lado y entonces volvió a andar. Ninguno de los dos dijo nada hasta que llegaron al retrato de la Dama Gorda, y aún así fue lo justo para decir la contraseña.
La profesora McGonagall siguió a Harry por la Sala Común, por las escaleras y por el dormitorio. Harry entonces fue hacia su cama y abrió las cortinas para dejar ver la escoba. Le rompía el corazón hacer esto. Cerró los ojos e intentó controlar todas las partes de su cuerpo que le decían que no permitiera que se llevaran su escoba. Tenía miedo de no volver a verla.
Con las manos temblorosas Harry cogió la escoba, ignorando la vibración que sentía de este mágico instrumento. En el fondo Harry sabía que no estaba embrujada pero, ¿quién le creería? Nadie. Después de todo, ¿qué pruebas tenía? Ninguna. Quitándose sus pensamientos de la cabeza, Harry se la dio a McGonagall.
La profesora McGonagall dio a Harry una mirada de compasión mientras le cogía la escoba. - Haré que el profesor Flitwick y Madam Hooch la revisen inmediatamente, Harry. - Dijo amablemente. - A lo mejor tardará un par de semanas, pero tan pronto como estemos seguros de que no hay ningún hechizo te la devolveremos. ¿Comprendes por qué lo tengo que hacer?
Harry afirmó con la cabeza, pero no la miró. - Sí, profesora. - Dijo automáticamente. - Em... si no hay ningún problema... ya no tengo más hambre.
McGonagall dejó la escoba en el suelo y abrazó a Harry. - Sé que es difícil, Harry. - Dijo suavemente. - Si esto es un complot para hacerte daño, es uno muy cruel. Quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti por decirlo. No muchos estudiantes hubieran hecho lo mismo.
Harry se quedó allí cuando la profesora McGonagall se fue protegiendo la escoba con sus manos. En el momento que se cerró la puerta todo lo que Harry se había obligado a no sentir salió a la superficie. Este era uno de esos momento que odiaba ser Harry Potter, el-niño-que-vivió. Nada era fácil para Harry Potter, al menos lo correcto no.
AN: ¡Hola! ¿Os ha gustado? ¡Muchísimas gracias por seguir aquí apoyándome! Como siempre aquí están los reviews. Recordad que los que estáis registrados los encontrareis en el mail.
laditomi: Si... ya tocaba! Lo siento! Pero he intentado compensarlo un poco subiendo este bastante rápido. Pienso continuarlo... tarde lo que tarde y cueste lo que cueste. Es un fic muy bueno como para dejarlo a medias! Tendras que esperar un poco más para ver el reencuentro... ¡lo siento! jejeje. ¡Muchas gracias!
Sayuri: si que hacía tiempo si... ¡lo siento! Dale un poco de tiempo a Harry... tiene que asimilar las cosas jejeje. Pues no se si conseguirá hacer el Patronus ni si lo consigue que forma tendrá! bueno si lo sé, pero no lo dire jaja. ¡¡Cuidate tu también y muchas gracias por seguir!!
Kaito Seishiro: ¡muchas gracias! Me alegro de verte por aquí a ti también. ¡Cuidate y nos vemos pronto en el siguiente capitulo!
