Edward PDV

- Heme aquí, en mitad de la nada. Solos en una carretera sinuosa, fría y desértica. Sin alimento con el que subsistir y con un orangután como única compañía.

- Eh, que te estoy oyendo, imbécil.- dijo mi hermano el hombre mono.

Vamos en dirección al antiguo apartamento de nuestra hermana pequeña Alice. Ese duende maldito nos ha convencido para ir a alquilar allí las habitaciones que antes ocupaban, su ahora novio-futuro marido y ella.

Supuestamente, la otra inquilina estará allí con nosotros, ya que ella sola no puede pagar tal apartamento. Y como Emment y yo iremos a trabajar muy cerca, nuestra "queridísima" hermana (la queremos, pero… pufff...), ya ha hecho el trabajo por nosotros.

Esta niña, siempre metiéndose donde no le llaman. En fin, que se le va ha hacer.

Lo que paso a continuación, fue cosa de muy pocos segundos.

Una furgoneta destartalada, sin piloto (o eso parecía) y por el medio de la carretera, venia directamente hacia nosotros.

Pité y pité para despertar al insensato que se había quedado dormido, y una joven surgió del volante con los ojos como platos, girando el volante y estrellándose directamente contra el árbol más grueso del bosque.

Tal fue mi mala suerte, que mi querido volvo, se manchó de barro al apearnos en el arcén para saber si la joven había salido ilesa.

La chica, salió trastabillando un poco del coche. Miró hacia el motor y gruñó algo. Nunca vi una mirada tan asesina en una mujer. Yo temblé al ver esa mirada, pero el cabeza hueca que tengo por hermano no, y habló.

- Oye chica, ¿estás bien?- dijo preocupado.

- ¿Bien? ¿Dices que si estoy bien? ¿Cómo se te ocurre ir a esa velocidad por esta carretera?- dijo la muy… ¡pero si ella era la que no estaba a la carretera! Puede que fuera un poco rápido, si, pero no pensé que alguien transitara esa vieja carretera.

- Ehh… yo no… conducía. Conducía él.- maldito cobarde, ahora se dio cuenta el muy cabronazo.

- ¿Y bien?- la tía se cruzó de brazos esperando algo de mí. Si, pues lo lleva claro.

- ¿Qué?- dije con mucha altanería.

- ¿Cómo que y qué? Tendrás que pagar el arreglo del coche, o ¿no?- dios, casi me da un ataque de risa.

- ¿Cómo? Mira bonita, no pienso pagarte nada. Esto lo has provocado tu solita.- menuda cara puso cuando le dije eso. Ja.- vamos, Emment, tenemos que irnos.

- Oye, Edward…- dudó mi hermano, pasando su mirada de mí a la loca de la carretera.

- No pensarás dejarme aquí tirada, ¿no?- estaba ya con la mano en la puerta de mi coche, cuando la escuche decir- será imbecil.

- Oye loca, escúchame bien. No tengo por que hacer nada, todo esto es tú culpa. No mía. La que estaba en Babia eras tú. ¿Se puede saber que hacías, para no estar al volante?- ja, ahí la pille. Se puso roja, colorada de la vergüenza… aunque tenía serias dudas de que fuera por eso exactamente.- llama a una grúa y que vengan a arreglar a esa mole de chatarra…aunque, casi mejor que se lo lleven al desguace.

Emment, me miraba con cara de pánico. Yo ya estaba de espaldas a la loca, así que no sabía a ciencia cierta lo que pasaba a mis espaldas.

- Mira, guapito de cara. Yo necesito ir a Port Ángeles ahora mismo, y no pienso, y léeme bien los labios, quedarme aquí esperando a ninguna grúa. Primero, hasta que lleguen aquí, será demasiado tarde. Ya conocen mi coche, sabrán donde tienen que dejarlo. Así que, vayámonos ya.- BASTA. Edward, para esto ahora mismo, esaloca no va a subir en el coche.

- Para el carro guapita. Tu no iras en mi coche… y te callas Emment o te dejo aquí con ella.- mi hermano era todo un poema. No quería quedarse allí, pero tampoco quería dejar a la loca allí sola.

- Bien. Vale. Váyanse. Yo iré caminando si hace falta. Adiós.- y se fue. Andando con la cabeza alta, pero al subir el terraplén para llegar al arcén… se cayó al suelo

- Edward, no podemos dejarla ir. Mira, hace frío y hay niebla, ¿y si la atropellan?- preguntó de camino al coche. Me daba igual lo que le pasase a esa energúmena. El mayor peligro que tenía era ella misma. Menudo mamporro que se dio.

Ya estábamos más cerca de Forks, cuando me gire a ver a mi hermano. No debí hacerlo.

- Emment, olvídala. Esa loca sabrá cuidarse sola. Si le atacan los lobos, ella sabrá defenderse con sus rugidos.- pero no fue buena idea mencionarle los lobos. Se estremeció y lloriqueo.

- Edward… por favor. No perdemos nada. Alice dijo que la chica no llegaba hasta las diez de la noche, y son las cuatro de la tarde, no perdemos nada por llevarla.- me suplicó y porque no podía ponerse de rodillas que sino… en fin, daba igual, él y Alice han sacado un maldito gen que usaban muy frecuentemente contra mí… los ojitos de cordero degollado.

- Dios, que paciencia. Vale, iremos a por ella, pero no pienso dirigirle ni una sola palabra. ¿queda claro?- advertí a Emment con mi mejor cara de mala leche, aunque ya daba igual. Estaba saltando de alegría y pasando de asiento de atrás al del copiloto.

- Bien, vayámonos rápido. Jeje.- Dios, casi podía oírle tararear una estupida canción de victoria en su mente.

Ay, señor señor… que paciencia hay que tener.

Bella PDV

- Como se le ocurre. Grrr, estoy que hecho humo. El muy… el muy… ughhh, no tiene nombre en el universo para tan zopenco, cenutrio, mentecato, torcuato, tarugo… tuerce botas. Ufff..., que a gusto me he quedado.

Tras caminar y caminar, y no divisé nada más que niebla blanca infinita. Pero... diviso a lo lejos una luz. Y cada vez se iba acercando más y más deprisa. Pero, no consigo ver que es. Tan solo oigo un pito, incesante. Y me recuerda a algo, pero no se que es.

El coche o lo que fuese eso, venia pitando como un descosido. No se si quería que me apartara de la carretera para dejarle más espacio.

Enfadada, me salgo un poco de la calzada, con tan buena suerte (notase la ironía) que me escurro por el terraplén, cayendo de bruces contra el suelo embarrado.

Alguien bajó del vehículo (hombre, por lo menos es considerado y me ayudará), y ya me estaba preparando para una buena reprimenda, cuando de pronto, escucho esa maldita voz.

- Vaya. ¿no sabes andar dos pasos sin que caigas al suelo?- el muy capullo estaba riéndose en mi cara.

- ¿Te encuentras bien?- vaya, el hermano pequeño era mejor persona que el zopenco. Debe de haber cogido todos los genes buenos.

- Sí, no te preocupes…esto… Emment, ¿verdad?- dios, que cara puso de felicidad. Que mono.

- Pero… si estas empapada y sucia. Ven, cámbiate. Te daré ropa mía.- y inmediatamente se quito la camiseta ahí mismo. Y madre mía, que cuerpo. Nunca había visto tanto músculo junto.

El capullo, estaba que echaba humo. Miraba a su hermano como si le hubiera crecido una nueva cabeza.

- ¡Emment! ¿Se puede saber que haces? Tienes el maletero lleno de ropa, ¿por que leches te tienes que desnudar delante de ella?- ja, parecía un novio celoso. Uhh, ¿pueden no ser hermanos y ser pareja? El tarado tenía toda la pinta, pero el buenorro… imposible.

- No sé… pensé que tendría frío y si le doy mi camiseta calentita… no tendrá frío.- odiaba a ese energúmeno. Como podía quitar la sonrisa a un ser tan bueno.- lo siento mucho…esto...señorita…- es verdad, no le dije mi nombre.

- Bella. Mi nombre es Bella.

Edward PDV

Wooh, se llama Bella… ¿pero de que nombre será eso? ¿Será la Bella de bella y la bestia?

- Ese nombre…Bella… te viene muy bien, eh?- dijo el pelota de mi hermano. Parece que le había gustado mucho esa niña tonta.

- Gracias. En realidad me llamo Isabella, pero prefiero Bella.- JA. Se iba a enterar de lo que vale un peine.

- Ah, Isabella… ¿a dónde exactamente te tenemos que llevar?- dios, esa mirada acobardaría hasta al mismísimo diablo…pero yo soy peor que él, y no me intimida.

- Con que me dejéis en la plaza principal, ya allí me muevo bien, gracias.- la dejaremos allí, y nos iremos rápido para terminar con esta tortura.

- No, no, te dejamos en la puerta. Ya es muy tarde, y que una señorita ande por la calle no es seguro.- ya está el caballero andante de mi hermano salvando a damiselas en apuros (aunque esta de damisela tenga más bien poco).

- Emment. Tenemos prisa. No podemos hacer de chofer. La dejaremos donde nos ha dicho y nos vamos cagando leches, que tu hermana, por si no lo recuerdas, es muy, muy impaciente. Y debe de estar llamando al móvil como loca.- menos mal que apague el móvil que sino…

- No te preocupes, alcornoque, tengo las mismas ganas de estar contigo en el mismo habitáculo. Tengo muchas ganas de perderte de vista.- será engreída y arpía….- eso sí… tendrás noticias mías. No pienses que te libraras tan fácilmente de mí. ¿Mi camioneta necesita una reparación.- ¿su camioneta? Ese trasto lo que necesitaba es una muerte digna.

- Haya paz, por favor. Edward, mamá nos educó bien. Nos educó para que tratáramos bien a las señoritas. No pienso dejarla allí. La llevaremos donde necesite… y si tiene que esperar el duendecillo que espere. Bastante nos hace esperar cuando va de compras.- dios, es verdad. Que suplicio.

- Jolín, habláis de vuestra hermana y me recuerda a mi mejor amiga.- no nos importa querida.

Ya llegábamos a Port Ángeles. Si fuese por mí, la dejaba en la cuneta, pero no, está el caballero con armadura de Emment y tiene que cargar con la burra a cuestas.

- Bien. Ya hemos llegado a Port Ángeles… ¿dónde vas exactamente? ¿a la casa de caperucita roja, a comerte a su abuelita o a el castillo de blanca nieves?- esta vez la mirada fue de diversión…casi juraría que tramaba algo.

- No, pero juraría que tu cara me suena de algo… puede ser que fueses el verdadero jorobado de Notre Damme? Ups, pues el de la película es mucho más guapo, la verdad.- vale, me lo he ganado. Esa ha sido buena…pero nunca se lo reconocería. Antes muerto.

- Muy graciosa. Dime antes de que te apee aquí junto con el perro fiel que tengo por hermano.

- ¡Edward! ¿No era un mono?- dios que tontín.

- Bien, todo recto, y cuatro calles a mano derecha, luego dos calle y a la izquierda.

Tras pasar todas esas calles estrechas, llegamos al lugar que quería la bruja. Era una pequeña iglesia destartalada. Tenía los cristales rotos, aunque alguno estaba en pie. La pared estaba muy sucia, pero había indicios de que estaba siendo limpiada.

El cura, se acerco al demonio en la tierra.

-Bella, hija mía. ¿Qué te ha pasado? Has tardado mucho. ¿Ha ocurrido algo grave? ¿Y tu camioneta?- cuantas preguntas, que agobio.

- Padre. No se preocupe. Estos caballeros me han traído amablemente hasta aquí. He tenido un pequeño percance, nada sin importancia.- ¿COMO? ¿CABALLEROS? ¿En plural? ¿Pero qué mosca le ha picado? ¿Donde estaban esos modales antes?

- Gracias señores, por traer a este ángel.- ¿ángel? Ángel caído mejor dicho.

- De nada señor cura, ha sido culpa nuestra. Lo sentimos.- Emment me miraba, con intenciones de que dijera algo. Pero yo no tenía por qué sentir nada. No fue mi culpa.

- Gracias Emment por traerme, has sido muy amable.- ¿y yo? He sido el que la he conducido hasta aquí. Será desagradecida.

- Bueno, ya está. Nos vamos Emment. Adiós señor, ha sido un placer conocerle. ¿Por qué no se quedan a tomar un poco de té con nosotros? Es una pequeña muestra de agradecimiento por traer a la pequeña Bella sana y salva.- ¿pequeña? Ja, de esta también me iba a vengar.

Hello, hay alguien ahí? Perdón por actualizar ahora, mi excusa es las vacaciones (Londres, playa…descanso.. o más bien vagerismo). He estado todo el mes de vacas, pero he estado haciendo los deberes… jejeje.

Espero que os guste esta excentricidad que ha salido de mi perturbada cabeza.

Be water, my friend.