Capítulo 3

Bella PDV

Pero que he hecho yo en esta vida, como para que me castiguen así. Como se le ocurre al Padre Sam semejante tontería. Pedirle al mismísimo Lucifer a profanar la iglesia.

-Padre… están solo de paso. No pueden entretenerse más. ¿Verdad?- mire la cara de ese tipo y… juraría que vi autentica maldad en su expresión.

-Padre, sería un inmenso honor tomar un té con usted.- como se atreve. Esto lo hace aposta, seguro.

-Bien, entonces síganme.- el Padre Sam nos dirigía a una muerte anunciada, aunque sé a ciencia cierta que será la de cierto personaje de pelo Pantene*.

Nos sentamos en la destartalada mesa que tenía el padre Sam en sus aposentos. Siempre me ha hecho gracia como los llamaba así él. Edward estaba situado delante de mí, y Emment estaba entre los dos en un lateral.

El padre Sam trajo una gran bandeja con la tetera y las pastas, junto con sus respectivas tazas. Me disponía a ayudarle, cuando Edward se levantó y le ayudo a llevarlo a la mesa. Bueno, al fin y al cabo no era tan malo el chico como aparenta.

Edward, en ese momento, se volteó, y me sacó la lengua riéndose de mí… a espaldas del padre.

Grrrr, será capullo. Todo lo hace para fastidiarme, el muy…

-Bella, corazón, se me ha olvidado el azúcar, ¿puedes traerlo?- eso no tenía ni que pedirlo. Por él, haría lo que fuese y más.

-Claro, por supuesto. Está donde siempre, ¿no?- este hombre tenía la fea costumbre de dejar las cosas en el peor sitio. La última vez la sal estaba en la nevera y el azúcar en la despensa donde guarda la comida del perro lazarillo.

-Ehh… no recuerdo exactamente donde la dejé la última vez… creo recordar que la use para…para… no recuerdo para que la usé…- ya empezamos otra vez.

Dios, este hombre y su memoria me mata. No tiene ningún problema ni alzhéimer. No recuerda ni donde deja el vino de misa… eso sí, recuerda perfectamente los nombres los feligreses, a sus hijos, las fechas de los próximos bautizos, comuniones y bodas, y por supuesto todos y cada uno de los personajes que aparecen en la Biblia. Pero nunca, absolutamente nunca, recordará donde ha dejado la sal y el azúcar… bueno, ni el rosario tampoco.

-Miraré en la capilla.- ya resignada a tomar un té sin azúcar, cuando de pronto…

-Espera, que te ayudo.- no, no y no. Él no. Por favor.

-No, no te preocupes, tú siéntate y estate quitecito.- él me tiraría desde la torre del campanario.

-No, insisto. Debo ayudar al padre Sam… no ves que con tu gran equilibrio conseguirías caerte de culo y romper todo el suelo.- ¿me acaba de llamar gorda o torpe?

-Haz lo que quieras, pero no me molestes… Quasimodo.- Ja, creo que no llegó a entenderlo, porque no protestó.

No estaba en la capilla, ni en los confesionarios, ni en los cuartos de baño. En ningún sitio extraño. Edward, como buen cotilla, quería saber cosas que no le interesaban en absoluto.

-No es por ser impertinente, pero ¿se puede saber porque estamos buscando en sitios así, tan solo para buscar azúcar? Sabía que estabas como una cabra, pero ya ha tanto no llegaba, la verdad.- dijo el Einstein.

-Idiota, el padre Sam no recuerda ni donde deja su dentadura por la mañana.-es que no sé ni porque le estoy dando explicaciones a esté.

El único sitio que me quedaba era la cocina. Un sitio normal para una persona normal, pero con el padre Sam, nada es normal.

-Eh, tú, mira en los estantes de allí, y yo miraré por los de aquí.- la cara no tenía precio. Era una mueca de incredulidad, mezclada con una incipiente cara de malas pulgas. A mí, ya me daba igual. Estaba donde quería estar.

-Tengo un nombre, por si no te habías dado cuenta, Nessie.- ¿Nessie? ¿Ese no era la bestia del…?

-Bestia será tu madre, engendro de pollo.- no me digáis porque he dicho eso, pero su pelo me recuerda a un pollito recién nacido. Con esos pelos… que cada uno va donde le da la gana.

-¿Engendro de pollo? Tía, nunca me habían llamado así, me gusta, escoba con patas.- si seguíamos así, no pararíamos en la vida.

-Sí, sí, lo que tú digas. Tú busca y calla.- que calladito estás más guapo… en sentido figurado.

Tras revolver toda la santa cocina, solo me quedaba por mirar encima de la gran nevera. Edward ya se había sentado en la silla que estaba en la mesa del centro. El muy debilucho no aguantaba nada. Seguro que era de los que estaban 2 minutos en la cama. Ja, seguro.

Cogí la silla más apartada de Edward. Me miraba con la ceja izquierda levantada. Se creía que no podía llegar a encima de la nevera. Ja, pues se iba a llevar un buen canto en los dientes.

La condenada silla era demasiado baja y no llegaba a alcanzar el bote de azúcar. Cuando estaba rozándolo con los dedos, me llegó un flash back. Se iba a enterar el chulo playa, aunque el pobre Emment sufriera las consecuencias. Ya le pediría perdón.

Conseguí, después de varios intentos fallidos, y unos cuantos amagos de caída, alcanzar el condenado bote de azúcar.

Edward no se había movido ni un solo palmo para ayudarme.

Eso le iba a costar muy caro dentro de muy, muy poco.

Edward PDV

Era divertido ver como la niñita intentaba coger el bote de encima de la enorme nevera. Por un breve instante… muy muy breve, sentí lástima de ella, pero creo que se fue, cuando al girarse, en sus ojos, vi un brillo malicioso. Debo de estar alerta. No la conozco ni media tarde, y ya se como se las gasta la muchacha.

Pero todavía no sé, porque accedí la petición del cura. Creo que fue por fastidiar a esa cabeza hueca, o por ser amable con el padre Sam.

Tras encontrar el dichoso azúcar, regresamos a la sala. Emment y el padre Sam estaban hablando de béisbol. Alucino. Un cura hablando de deporte. Pensé que era pecado hablar de esas cosas.

-¿Estaba muy escondida, cariño?- se dirigió el cura a la mujer de Bestia.

Nunca podré entender porque es tan cariñoso con un ser tan desagradable. "Tú fuiste igual o peor de desagradable, que no se te olvide zopenco" ¿QUÉ? Hasta mi mente me insulta… esto es todo es culpa suya.

-No se preocupe, ha sido fácil- ¿Fácil? Si casi se mata 3 veces, por lo menos. Esta niña no sabe que no se debe de mentir, y menos a un cura.

-No, te ha costado…- de pronto, Bella me propino un horrible pisotón.- ¿Tú, estas loca?- dije irritado, pero ella, me arrastró otra vez a la cocina.

-Escúchame bien, alcornoque, el padre Sam es una persona mayor que regenta esta iglesia, y por si no te habías dado cuenta, está absolutamente solo. Tan solo me tiene a mí, para que le ayude con las reformas de la iglesia, la compra y demás tareas.- Dijo en voz baja, pero lo entendí todo claramente.

Esta mujer cuidaba a ese viejo, sin ninguna ayuda. Sin ninguna compensación de ningún tipo… o ¿Era un arresto por mala conducta en la carretera? Sí, eso tendría que ser. Seguro.

-No pienso dejar que hagas que el padre Sam se ponga triste por tu culpa. El ya se siente lo suficiente mal, ya que piensa que es una carga para mí.- esta chica me está sorprendiendo.

-No te preocupes. No diré nada más.- realmente lo iba a cumplir.- lo prometo.

-Métete tus promesas por donde te quepan.- como se atreve a decirme una cosa así.- Tan solo hazlo. Las promesas vacías no me sirven.

-Oye, niñata, ¿Cómo se te ocurre…?- pero no pude terminar la frase, ya que tan solo se dio la vuelta y se fue.

Me quedé paralizado. Vi como se alejaba silenciosamente, pero no a la sala donde estaban los demás, sino hacia la calle. Fuera había comenzado a nevar. Según Alice, era muy común que nevara o lloviera prácticamente todos los días.

No sé porque, pero algo pasaba allí. Algo le pasaba a esa chica, ya que se marcho sin mediar palabra ni insulto, y eso era muy raro. Pero algo me decía que debía dejarla tranquila.

Al entrar en la sala, el padre Sam estaba muy apagado. Con la cabeza agachada y los ojos perdidos. Emment, que estaba a su lado, estaba asustado.

-¿Qué pasa, Emment?- le pregunté, pero ya sabía la respuesta.

-No se, Edward. Al iros Bella y tú, agachó la cabeza y se quedó así todo el tiempo.- miraba al cura pero no lo tocaba. Se le veía con intención de zarandearlo para despertarlo de ese letargo, pero no se atrevía. Y yo tampoco.- por cierto, ¿y Bella?

¿Y ahora que le digo? ¿Qué Bella esta fuera triste y sola?

-Bella esta…fuera. Estaba mirando las vidrieras.- ¿las vidrieras? Si no quedaban.

-Ah, iré a decirle lo del padre. Me esta preocupando realmente.- miró con recelo al hombre.- porque se nota que respira que sino…

-Estoy bien, Emment. Tan solo estoy un poco traspuesto. Tan solo eso.- Juro que mi hermano dio un pequeño chillido, que bien parecía el de un mono.- y no molestéis a Bella, por favor. Bastante tiene ya con cuidarme como si fuera un bebe.

Se le notaba al pobre hombre muy abatido. Tal como me había comentado Bella, el hombre se sentía mal por todo lo que hacia Bella por él. Puede que en su tiempo, cuando era mucho más joven, hiciera todas esas tareas él solo, o tuviera más ayuda.

-¿Qué es lo que le pasa a Bella?- Emment, como buen cotilla, quería enterarse de todo…aunque normalmente era el último en enterarse de algo.

-No soy yo el quien tiene que contar esas cosas.- ¿Por qué nos metía el gusanito de la curiosidad y luego nos lo quitaba?-Eso solo incumbe a Bella y a su padre.

- ¿A su padre?- esta vez pregunte yo.- ¿Por eso estaba bajo la nieve hace un rato, con esa expresión tan rara?

-Bueno, eso pasó hace ya mucho tiempo, cuando Bella tenía 12 años. A esa edad llegó a mí. Estaba muy mal. Desnutrida, sucia y muy enferma.- ¿podría ser que su padre la abandonara? Emment estaba con la boca abierta. Yo lo expresaba más disimuladamente, pero estaba muy impactado.

-Bella vivió aquí en la iglesia hasta que se gradúo en el instituto. Pero desde entonces, viene cada día a ayudarme con las tareas.- Por eso estaba tan nerviosa, quería llegar cuanto antes por si le había ocurrido algo a este hombre.- Me gustaría que alguien la ayudará, no en las tareas domesticas, sino en las de bricolaje. La semana pasada estuvo arreglando el agujero que estaba encima del altar. Nunca, en mi carrera como sacerdote, había pedido a Dios un milagro.

-Bueno, parece haber funcionado, ¿no?-Emment se lo tomaba a gracia. Pero con el terrible equilibrio que tenia esa mujer, probablemente moriría ahogada en un charco.- Esta viva y coleado.

-No, ella…-pero no terminó la frase.

En la puerta estaba Bella, con el pelo empapado de nieve, y con el tarro de azúcar en la mano. Miraba al cura con un odio terrible. Pero el cura, tan solo sonreía. Era un hombre muy valiente. Emment tragó saliva. Hasta él se daba cuenta del odio de esa mirada.

-¿Se puede saber que pasa aquí?- Preguntó, y dirigió su mirada asesina hacia mí.- ¿Tengo monos en la cara o qué?

-Vaya, parece que estamos de mal humor. No te sulfures, guapita.- me encantaba ver como se crispaba su mirada.

-Oh, venga, tomaros el maldito té y largaos ya de una vez.- vaya, parece ser que estaba ya desesperada porque nos fuésemos.

-Bella, por favor, se amable.- ja, no tiene fe ni nada.

Bella sirvió el té en cada una de las tazas. Nos paso a cada uno el azúcar. Siempre me ha gustado el té con mucho azúcar, así que, eché más que el resto.

-Y dime padre Sam, ¿Cómo van las clases de los enanos?- Bah, no me importaba lo que hablaran esos dos. Me tomaré el té y nos iremos de…

Continuará…

Siento dejarlo ahí, pero necesario para la historia.
Muchas gracias a mi super Beta Etnie-Chan... una todo terreno, que saca tiempo de donde sea para mís paranoias.

Muchas gracias a Etnie (tiene que ser la primera, BEforever (mi primer review realmente), Lunita Black27, andrea.58.83, Cullen Vigo y MaxiPau. GRACIAS! son pocas... pero las mejores!

ah,y tambien gracia a todas las que estan en alerta.

un besazo en definitiva para todas.

"Be water, my friend".

Edit: perdon, perdón, perdón. se me coló una cosa. Lo siento.

*Pelo Pantene: es una conocida marca de Champú de pelo, en donde aquí en España se suele usar como sinónimo de pelo bonito.