Capítulo 1.2 Pasado

El verano había pasado rápidamente. El último mes, tres amigos inseparables estuvieron juntos en la madriguera, donde Hermione tuvo que ayudarles a acabar los deberes.

-¡Siempre igual! -gritaba por el jardín-. ¿Cuándo demonios vais a empezar a hacer las cosas como se tienen que hacer?

-Vamos Hermione no es para tanto… -se disculpaba Ron.

-Eso, además, si tú nos ayudaras, seguro que sacábamos mejor nota.

-Seréis.… -al final se dio por vencida y les ayudó a terminar los trabajos antes de tiempo.

Los últimos días, Ron y Harry, aprovecharon para entrenar a Quiddich, y Hermione, como no, para estudiar, aquel era su mundo, se sentía refugiada, alguien esencial…

Un mundo maravilloso que le mostraba cosas que nadie podría mostrarle… Pero fuera de ellos también había cosas, cosas que los libros jamás podrían llegar a hacerla sentir, vivir…

-Hermione, ven a jugar un rato anda, deja de estudiar que solo queda una semana para empezar el curso. -pedía Ginny en tono suplicante.

-Sí, sí, en un rato voy… -contestaba Hermione distraídamente.

Todos habían cambiado mucho aquel ultimo verano, pero como siempre, a las mujeres se les notaba mucho más, Hermione cada mañana al despertar, se echaba distintas pociones en el pelo para que estuviese liso y sedoso, había crecido mucho en aquellos tres meses, pues ya lo tenía por debajo de la media espalda, pronto alcanzaría su fina cintura.

Su cuerpo se había moldeado, se había desarrollado por completo, unos pechos perfectos y grandes, unas curvas de impresión, y un semblante seductor.

A primera vista, Ron y Harry casi no la reconocieron, se quedaron atónitos, a lo que su amiga, sonrió con timidez, estaba orgullosa de haberse vuelto "un poco más hermosa"

Ron se había vuelto más alto que Harry, sus músculos también se habían formado. Las pecas de su rostro habían disminuido y su sonrisa ladeada se había vuelto una poderosa arma para atraer a las jóvenes con las hormonas alborotadas.

Harry era el que menos había cambiado, su mirada noble permanecía igual, solo que mucho más profunda y atrayente, también había crecido unos centímetros, pero no tanto como Ron. Seguía siendo algo delgado, pero gracias a las cientos de horas que pasaba entrenando a Quiddich, sus músculos tomaban forma y fuerza.

Los últimos días pasaron con rapidez, ya tenían todo el material y el equipaje hecho, sólo quedaba embarcarse en el expreso y coger rumbo a Howarts.

-Rápido niños que perdéis el tren -decía la señoraWeasley delante de toda su tropa de hijos, Harry y Hermione.

-Sí -contestaban todos yendo más rápido.

Cruzaron la barrera hacia su andén, subieron el equipaje al vagón de carga y fueron a buscar un buen compartimiento para pasar las próximas horas de viaje juntos.

-¡Neville! -dijo Hermione-. ¿Qué tal?

-Hola Hermione, muy bien. He pasado el verano en Rusia visitando a unos parientes. -dijo orgulloso el torpe muchacho.

-¡Qué bien! Yo he viajado a Grecia, y el último mes lo pasé en la madriguera con Harry y Ron.

Neville miraba aun impresionado a su compañera, si no se hubiese fijado bien, no la habría reconocido como Hermione Granger.

El viaje se hacía largo, al final, los prefectos fueron llamados, entre ellos Ron y Hermione, Harry les esperaba en el compartimento.

Por el camino se encontraron con Pansy, que recelosa, se quedó mirando a Hermione con un profundo odio.

-¡Ja! –rió burlonamente-. De ser un payaso de circo, pasas a ser un prototipo de mujer, ya estás un poco mas cerca de ser normal, sangre sucia. -espetó la morena.

-¡Cállate Parkinson, si no quieres problemas!-gritó Ron enfurecido.

-¿Qué pasa aquí? -preguntó alguien acercándose a ellos.

Sus ojos, como témpanos de hielo se clavaron como afiladas espadas en Hermione, la recorrieron minuciosamente hasta llegar a su rostro. Los ojos marrones de la muchacha le miraban asustados pero seguros de sí mismos.

-Valla valla Granger, veo que te ha sentado bien el verano. Ahora por lo menos podemos mirarte sin sentir demasiadas arcadas. -rió divertido.

Los ojos de Hermione brillaron de forma extraña, estaba furiosa, furiosa con aquel muchacho que también había cambiado, su pelo un poco mas largo dejaba caer unos mechones de forma seductora sobre su frente. Su cuerpo, tremendamente musculoso se escondía tras aquella blanca camisa y la corbata verde de Slytherin, estaba hecho para las tibias noches de verano.

-¡No, no, Hermione no! No puede ser. ¡Estoy pensando indecencias de Draco Maloy! No, no, no. Esa imagen fuera. -pensaba Hermione agitándose graciosamente.

-Ja ja ja. -reía Pansy-¡Le ha dado un tembleque!

-¡Callaos, idiotas! ¡Hermione, Hermione! Reacciona -gritaba Ron zarandeando a su estupefacta amiga.

-¿Eh? ¡Ah! sí, sí… Cállate Malfoy, a menos que... ¿quieras ser de nuevo… un Huron? -preguntó pícaramente volviendo a la realidad.

-¿Tú me amenazas Granger? -preguntó sarcástico-. No me das miedo, deberías saberlo ya -dijo riendo como loco.

Un rato después, Hermione y Ron llegaron hasta Harry, Ron le contó el pequeño altercado a su amigo, que se puso serio mientras se levantaba con gran rapidez.

-Maldito Malfoy, ¡Le voy a dar su merecido!-gritó cogiendo su varita.

-Déjalo Harry, no merece la pena. En serio, no malgastes saliva en un hechizo contra él. -dijo Hermione determinada mientras se ponía a leer uno de sus libros.

El viaje pasó sin más problemas, y por fin, llegaron a Howarts, su hogar. Subieron a las ya míticas carrozas que les llevaban ante las gigantescas puertas, por las que pasaron rápidamente para llegar al Gran comedor, se morían de hambre. Pero antes, el más que acostumbrado discurso del director, Albus Dumbeldore.

-Otro año más comienza, oscuro pero lleno de esperanza, por lo que os pido, tengáis los ojos bien abiertos. Como de costumbre, el bosque que está en los terrenos queda prohibido, y las visitas a Hogsmeade, son a partir del 3ºcurso. Y sin nada más que añadir, ¡Qué comience el banquete! -terminó alzando los brazos mientras un montón de comida aparecía en la mesa.

-¿A qué esperas Herm? -preguntó Ron mirando a su amiga que observaba la comida.

-Estoy a dieta Ron, ¡Tengo que tener cuidado! -explicó un poco avergonzada mientras fruncía el ceño.

-¿Tú a dieta? ¿Estás bien Herm? -preguntó Harry riendo.

-Sí, yo a dieta, ¿Algún problema? -se molestó mientras se servía un buen puñado de ensalada.

-Hermione, estás loca -dijo Ginny mirándola con impresión-. Si estás fantástica.

-¡Vale ya! Dejadme, haré lo que quiera ¿vale? -preguntó sonrojada.

Mientras en la mesa de Slytherin, el grupo de siempre hablaba acerca de molestar y vengarse de los Gryffindor, menuda novedad era aquella...

-Esa Granger… se cree divina, me pone enferma -decía Pansy junto a Draco y Blaise.

-Te pondrá enferma y todo lo que quieras -comentaba Blaise con picardía-. ¡Pero cómo se ha puesto! Es la comidilla de todas las casas.

-Sí, sí... -susurró Draco con una extraña sonrisa mientras miraba la mesa de los Gryffyndor.

Hermione seguía peleando con Ron a causa de la comida, ya que su amigo, ahora se había empeñado en que ella había dejado de comer por completo.

-Tú no escuchas tus incoherentes palabras, ¿Cierto Ron? -preguntó molesta la castaña-. ¿Cómo demonios voy a dejar de comer? Simplemente tengo más cuidado al elegir las cosas que me llevo a la boca.

-A esa edad, es normal -rió Angelina dándole la razón a Hermione.

Ron enfurruñado aun, atacó vivamente unos jugosos muslos de pollo, mientras pensaba que él jamás dejaría de comer por una tontería de esas.

La noche terminó con casi todos los alumnos apunto de vomitar todo lo que habían ingerido, por el contrario, Hermione caminaba ligera como una pluma, que andaba sonriente junto a Ginny.

-¿Desde cuándo anda así Herm? -pregunto Ron.

-No sé, no me había fijado asta hoy…

Hermione movía las caderas de forma vistosa y elegante a cada paso, aquello le daba un aire mucho más dulce y pícaro a la par que elegante y sofisticado.

Ya en la habitación de las chicas, los temas estrella de conversación eran sin duda, las vacaciones de verano, y el impresionante cambio de su amiga Hermione Grager. Y lo mismo ocurría en las habitaciones masculinas.

-Harry, Ron, ¿Le habéis hecho o dicho algo? –quiso saber Seamus aun perplejo.

-¿Nosotros? -pregunto Ron-. ¡Qué va! Cuando llegó a la madriguera ya estaba así ¿Verdad Harry?

-Sí, casi no la reconocemos, yo me quedé alucinado

-¡Cómo para no! -exclamó Colin Creve

La noche pasó rápidamente, y por la mañana, como siempre, Hermione fue una de las primeras en levantarse, se preparó, untó su pelo en las típicas pociones que usaba para dejarlo totalmente liso, y bajó al Gran comedor con unas tremendas ganas de que empezasen las clases, aunque los Lunes tuviesen doble clase de pociones a última hora, no se desanimaba como el resto de sus compañeros de Gryffindor.

-¿Qué clase tenéis ahora? -preguntó Ginny llegando al Gran comedor y sentándose junto a ella.

-Ahora… transformaciones -contestó Hermione mirando el horario.

-Yo tengo Historia… -comentó decepcionada la más joven de los Weasleys.

-¡Qué suerte! -exclamó Hermione, pues aquella clase le gustaba mucho-. Yo hasta mañana no tengo, aunque por suerte, después de transformaciones me toca runas antiguas. -terminó aliviada.

-Por mucho que haya cambiado tu aspecto, sigues igual de estudiosa ¿eh? -rió la pelirroja.

El gran comedor comenzaba a llenarse cuando ella salía camino hacia el aula de transformaciones, le gustaba ser la primera y volver a repasar por 3 o 4 vez el primer tema del curso.

-¡Señorita Grager! -saludó McGonagall- .Como siempre la primera, 10 puntos para Gryffindor por llegar tan pronto -sonrió.

-Gracias profesora. Por cierto, tengo una pregunta sobre…

Y de aquella manera pasaron las dos los 20 minutos que faltaban para comenzar, entre explicaciones. El timbre sonó y el resto de los alumnos entró en clase, aun adormilados y un poco aburridos y cansados.

Aprendieron a transformar un enorme escritorio en una avestruz, y como de costumbre, la única que lo consiguió a la primera y a la perfección fue Hermione Granger.

-¡20 puntos más para Gryffindor! -exclamó orgullosa McGonagall mientras miraba a Hermione sonriente.

La siguiente clase para Harry y Ron, fue adivinación, y para Hermione runas antiguas, aquella clase la fascinaba completamente, era tan emocionante…

-Espero que hayáis estudiado las runas como es debido -Comentó la dura profesora.

Tras tomar los primeros apuntes, la profesora comenzó a mostrarles las primeras runas del curso, "aherwel, el árbol, tarisna, la sabiduría…" Y por ultimo, usaría los huesos de Dragón para ver el incierto futuro de uno de ellos. En cada pequeño hueso, había un dibujo, gracias a ellos, se seguía el destino de la gente.

-Veamos… -susurró la profesora Ángela mirando a sus alumnos.

Era una mujer pelirroja, y tremendamente excéntrica, junto a ella estaba siempre su siniestro perro, Noctum. Negro como la noche más profunda, miraba con dureza con aquellos inquietantes ojos amarillos que parecían saberlo todo. Pues en realidad, aquel extraño perro negro, pertenecía a una raza de hombres capaces de transformarse permanentemente. Extraña donde las hubiera, pues era una raza que conocía el futuro a la perfección, aunque por propia naturaleza les estaba más que prohibido revelarlo, daban acertijos, pistas y consejos a quien ellos pensaban merecedores de saber.

-¡Hermione Granger! -gritó mientras su alumna se acercaba con paso decidido-. ¿Estás preparada para lo qué digan?

-Sí –contestó decidida.

-Perfecto, primero has de saber unas cosas, tú y el resto de la clase. Los huesos de Dragón jamás mienten, deberás aceptar lo que dicten con madurez -miraba a Hermione fijamente, cuando su alumna afirmó con la cabeza, los lanzó enérgicamente y se quedo mirándolos.- Tiempos oscuros nos esperan, feroces luchas llevarás a cabo con tus amigos, perderás a alguien muy, muy querido… y encontraras un amor difícil, pero será el amor de tu vida. Aquí hay algo que no queda claro, el guerrero a caído de forma extraña, deja la duda de si será un amor largo o corto… lo que puede decir que él también puede caer en la lucha.

-No son muy buenas noticias… -dijo Hermione pensativa mientras fruncía el ceño-. ¿Perderé alguien muy querido? -preguntó, solo dos imágenes cruzaron de forma fugaz por su mete, Harry y Ron.

-Sí, alguien a quien quieres como un hermano caerá en una victoriosa batalla, no hay forma de cambiar eso. -dijo Noctum casi en un susurro haciendo que todas las miradas se dirigiesen a él, pues era la primera vez que se dirigía a un alumno desde los años que lleva en Howarts con Ángela.

El semblante de Hermione empalideció justo cuando sonaba el timbre. La preocupación la revolvía las entrañas, ¿Perdería a uno de sus amigos sin poder hacer nada? ¿Vería su caída con sus propios ojos? ¿Sin remedio? No podría soportar algo así... no... no podría…

Más cuando eres un impío ángel caído... caes por última vez...

Aquello alejó el tema de aquel amor, ni se le pasó por la mente pensar en aquello, pues lo que más la aturdía era la perdida que sufriría… la batalla… ¿Eso quería decir qué volverían a luchar contra Voldemort? ¿Entonces sería Harry? Pero no, no cuadraba, porque no caería en la batalla final… ¿Ron? No, por dios, no podía elegir a uno de ellos.

-Maldita sea… -susurraba caminando por los fríos corredores-. ¡No puedo dejar que eso pase! -gritaba.

-¿Ahora también hablas sola Granger? -escuchó una fría voz a su espalda.

-Éste no es un buen momento Malfoy, ¡Déjame en paz! -le gritó sin mirarle, pues sus ojos estaban suavemente empañados.

-Oh! Granger, Granger, Granger, ¿Aun no sabes con quien estás hablando? -preguntó agarrándola por el brazo y haciendo que se girase.

Ella le miró con dureza, con ojos cristalinos y semblante triste. Él, por un momento se quedó paralizado con aquella imagen, le recordó a un pajarillo en su jaula. Tan madura, tan inteligente… pero por muy distinta que fuese seguía siendo una sangre sucia-

-Suéltame -pidió con un hilo de voz.

-¿Y si no quiero? –sonrió pícaramente.

Ella se limitó a seguir mirándole, interrogativa, ¿Qué pensaba hacer? ¿Molestarla? ¿Hacer que se sintiese aun peor?

Se acercó unos centímetros a ella, la chica intentó alejarse, pero la dura pared de roca maciza se lo impidió. Él no se alejó, siguió con su propósito, y hasta ella llegaba el suave olor a menta del muchacho, algo de lo que nunca se había percatado.

-¿Qué pretendes? -preguntó confusa.

-Nada… ¿Hablar un rato?

-Déjame ir… ¡Ya!

No hizo caso a las peticiones de la hermosa castaña, su sonrisa era misteriosa… su cuerpo llegaba tibio al tacto de Hermione… jamás habían estado tan cerca el uno del otro.

-Me parece que aun no quiero que te vallas.

-Me da igual lo que tú quieras Malfoy.

-Pues no debería… -susurró cerca del oído de la muchacha.

Hermione notó cómo una mano se deslizaba por su suave y cálido muslo, se quedó petrificada, pues era la primera vez que le ocurría algo así, ¡Ni siquiera había dado aun su primer beso! Y sobretodo, jamás imaginaría que fuese con Malfoy... Sí Harry e incluso el torpe de Ron... ¡Pero no Malfoy!

-¡Para! -pidió entrecortadamente.

-Vamos Granger... ¿Me dirás que acaso no te gusta? –añadió afilando los ojos y clavándolos en los de ella, las mujeres no tenían secretos para el.

-¡N...no! -gritó intentando apartarle.

Tras un rato forcejeando, logró escabullirse del rubio platino, le miro durante un segundo con dureza, él mostraba una amplia y orgullosa sonrisa. Hermione echó a correr como si el diablo la llevase, sólo que fue a él al que dejo atrás, observando su huida, el movimiento de sus torneadas piernas, perfectas hasta en el más mínimo detalle.

-Esto se pone interesante... -murmuro girándose y comenzando a caminar de forma despreocupada.

Mientras, Hermione corría a toda velocidad dirección a su sala común... Resbaló, que casualidad, pues un charco en medio de su camino halló.

-¡Maldita sea! -gritó agarrando su tobillo- ¿Por qué demonios me tiene que pasar todo a mi? -preguntó a la oscuridad de la noche

El tobillo dolía horrores, intentó levantarse, apoyó todo su peso en la pared de piedra, estaba furiosa con sigo misma, con todo el mundo...

Hermione escuchó unos pasos, ¿Sería Malfoy? ¿Habría escuchado sus gritos? un fuerte rubor la invadió.

-Con que también hablas sola Granger -dijo mordazmente.

-¡Déjame! -gritó ella, pues no reconocía aquella voz.

No veía más que sus pies, ya que una gruesa capa nocturna le cubría toda la parte superior...

-No está bien gritarle a la gente... -avisó divertido.

Ella se limitó a mirarle con furia, estaba débil incluso para hablar... sentía sofocos, un gran calor la invadía, vencida, se dejó caer al suelo inconsciente.

Vosotros no podéis más que caer y caer... sin retorno al cielo por siempre estaréis...

-¿La… Enfermería? -preguntó desperezándose.

-¡Oh! Señorita Granger, ¿ya se despertó? –escuchó hablar a una dulce voz que se acercó a ella. Madame Pomfrey, la enfermera de Howarts.

-Cómo…

-Nada de preguntas. Descansa pequeña, has pasado una noche horrible, tenias una fiebre altísima -ordenó-. Y ese tobillo no tenía buena pinta, tendrás que usar un buen apoyo durante una semana entera.

-¿Apoyo? ¿Muletas? –se asombró.

-Sí, lo más seguro. Me gusta ese invento muggle, nos vino muy bien en la comunidad mágica -rió por lo bajo.

-Está bien...

Se quedó tumbada, preguntándose cómo había llegado hasta allí, recordaba la escena de Draco y más tarde la otra, cuando fue vencida por la horrorosa fiebre. ¿Quien era aquel muchacho? Parecía reírse de ella, y la trato mal, pero fue él quien la llevó allí, tenía curiosidad, pero más aun, deseaba agradecérselo.

La sacaron de sus pensamientos, Harry, Ron y Ginny fueron a verla, entraron con una sonrisa, pero sus miradas eran de preocupación. Hermione nunca se había puesto enferma, solo había estado un par de veces en la enfermería, y a causa de los hechizos.

-¿Qué tal estas? -preguntó Harry sentándose junto a ella con una sonrisa dulce -. Estábamos preocupados al ver que no venias a la sala común anoche.

-Menos mal que vino McGonagall y nos dijo lo que había pasado -añadió Ginny.

-¡Ya te vale Herm! -exclamó Ron divertido.

-Lo siento mucho, no era mi intención preocuparos -se disculpó la castaña mirándoles sonriente.

Un rato después se tuvieron que ir, comenzaban las clases, y Madame Pomfrey no dejaría salir a Hermione hasta la tarde, le prohibió terminantemente estudiar, debía descansar. Los nervios de Hermione se crisparon, ¿qué demonios haría todo el día? ¿No podía estudiar? ¡Durante un día entero! Jamás había estado un día entero sin tocar un libro, ya fuese para el estudio o para la diversión.

-Maldita sea… cómo me aburro… -susurraba mirando el techo.

Hermione crispó los nervios de sus amigos, pues se pasó media hora acribillándoles a preguntas acerca de las clases de aquella mañana, a las que ninguno respondió.

-Hermione, ¡Tómate un solo día en tu vida de descanso! -pidió Ron a punto de volverse loco.

-¿Qué? No, no, no, ¡Necesito saber los temas que habéis dado para estudiarlos! -dijo enfurecida.

-¡No! -grito Harry levantándose de la cama de su amiga- No, Hermione, esta vez nada de estudio… -terminó con dulzura.

Ella les miró enfurruñada y se recostó de golpe, sólo pensaba en las clases, por lo menos, había conseguido sacarse de la cabeza el pequeño tropiezo con Draco y aquel misterioso muchacho que la había llevado a la enfermería, a quien le gustaría agradecérselo.

Las horas se hacían interminables para la castaña, no podía levantarse, cada vez que lo intentaba, un agudo dolor se apoderaba de su pequeño y frágil pie.

-Hermione querida, me voy un momento al despacho del director, que no se que le ha pasado.

-Vale… Madame Pomfrey, ¿Podría darme ya la muleta? -preguntó esperanzada.

-No, aun no. Nos conocemos Hermione, sé lo que harás.

-Pero…

-Nada de peros… antes de irme abriré la ventana, un poco de aire fresco y sol te vendrán de maravilla, hoy hace un día precioso.

La suave brisa la envolvía, los fugaces rayos de sol caían sobre su rostro. Le entraba morriña… estaba tan a gusto… poco a poco se durmió plácidamente, llena de tranquilidad y paz.

-Hoy es mi día de suerte -dijo alguien cerrando la puerta con suma suavidad sin querer despertarla.

Se acercó hasta quedar junto a la cama de la castaña, rozó su mejilla y sonrió con malicia... Hermione frunció el ceño comenzando a despertar.

-Qué suerte la mía ¿Eh Granger? –preguntó en tono sarcástico.

Provocó que Hermione se despertara del todo, abrió los ojos de par en par, y se encontró con unos ojos grises como témpanos de hielo, buscó alguna señal de Madame Pomfrey... pero no había vuelto.

-¿A quién buscas Granger? ¿A la petarda de la enfermera? No está, por suerte estamos solos.

-Igual no te has dado cuenta Malfoy... pero no quiero estar a solas contigo.

-¿No? Me rompes el corazón -agregó sentándose en la cama amenazadoramente.

-¿Qué demonios te piensas que haces? ¡Largo! -ordenó intentando empujarle.

Pero su fuerza no era suficiente, él la agarró con una fuerza sobre-humana de las muñecas y la tumbo bajo él.

-¡Suéltame! –pidiócon voz temblorosa.

-¿Nerviosa Granger?

-¿Debería?

-Sí... evidente, dada la situación -siseó con una sonrisa de medio lado.

Ella se quedo sin palabras, no pensaba que fuese a darle esa respuesta. ¿A qué demonios estaba jugando? ¿Qué demonios se pensaba ese maldito Malfoy?

De nuevo, el suave aroma a menta la envolvió por completo. Draco bajó sinuosamente hacia ella, no podía huir, estaba tumbada e indefensa... ¿Qué podía hacer? ¿Qué pretendía hacer? estaba hecha un lío.

-Déjame... -pidió con los nervios a flor de piel.

-Uhm... Me parece que no... -susurró junto a su oído.

Clavó sus dientes en el cuello de Hermione, con suavidad, pero apasionadamente, aquello no entraba en la perspicacia de Hermione, no, aquello no podía estar pasando. ¡Se odiaban! Y sin embargo no podía negar por mucho más tiempo que no le gustara... Era normal, ya tenía 17 años y ni siquiera había dado su primer beso, su cuerpo lo pedía... lo necesitaba.

Un gemido escapó de la fina boca de Hermione, Draco se apartó con cara de triunfo y la miró. Un minuto después la soltó con suavidad y se acercó a la puerta.

-Por hoy es suficiente... seguiremos otro día... -y se marchó con una amplia y misteriosa sonrisa en la cara.

-¿Qué? -grito Hermione sin poder creerselo- ¡¿Qué?

Pasó el resto de la tarde pensando en lo ocurrido, no lo comprendía. Draco Malfoy, El Gran Draco Malfoy... no, no era normal.. .¿Qué mosca le había picado para actuar así?

-No... Se ha dado un golpe en la cabeza. Seguro... no puede ser... -murmuraba mientras iba poco a poco hacia el Gran comedor-. No, no es razonable... no se puede discutir... sin duda alguna no es normal. ¡Por dios! ¡Me voy a volver loca!

-¿Hablando sola Granger? -preguntó una voz a su espalda.

Hermione miró con rapidez, se encontró con las miradas de Blaise Zabini y Pansy Parkinson, pasó de ellos y comenzó a caminar con su muleta.

-¿Lisiada Granger? -grtió Pansy reteniendo la risa chillona de la que era dueña-. Tan inteligente y tan torpe al mismo tiempo

-Por fortuna Parkinson, la inteligencia es algo que te han negado, ¿verdad? -rió Hermione traicioneramente.

-¡Te arrepentirás, Sangre-sucia! -grito ofendida.

-Ya, ya... -dijo Zabini haciendo que la joven bajara su varita.

-¿La defiendes Blaise?

-No, pero no quiero que nos quiten puntos... -añadió señalando a la profesora McGonagall, que se aproximaba a ellos.

-Vale vale... tú y yo nos veremos las caras sangre-sucia... -advirtió Pansy caminando hacia las puertas del Gran comedor.

-Granger... -se despidió el moreno Zabini con un pequeño movimiento de cabeza.

-¿Qué demonios les pasa a todos? -se preguntó Hermione mientras se dirigía de nuevo al gran comedor-. ¿Desde cuando Zabini me trata así?

Hermione entró en el Gran comedor torpemente, muchas miradas se quedaron pendientes de la molesta muchacha, unas de admiración, otras de rencor.

Se sentó pesadamente entre Harry, Ron y Ginny, que sonrieron contentos por su regreso.

-Habernos avisado, e íbamos a buscarte Herm –la regaño Ginny.

-Ya, ¿y qué me ibais, a traer en brazos? -preguntó sarcástica pero sonriente.

-Bueno, como estas a "Dieta" no creo que peses mucho… -agregó Ron con rintintín.

-Bueno, ¡No discutáis! -pidió Harry crispado- ¿Qué tal Hermione?

-Mejor, pero me molesta mucho el pie, me aburría tanto... -se quejó mientras se servía la cena.

Hermione levanto la vista, sus ojos chocaron contra los de Draco, que sonreía con complicidad, con superioridad, ella le fulminó con la mirada y el rió divertido.

-Me crispa los nervios… -dijo ella por lo bajo

-¿Qué? -pregunto Ginny mirándola.

-¡Nada! -exclamó Hermione, pues no quería decirles nada, Harry y Ron lo matarían.

-¿Qué es eso? -pregunto Ginny entrecerrando los ojos y acercándose lentamente.

-¿El qué?

-Eso Herm… en tu cue… ¡Por Merlín! -gritó- Es un chup…. - Hermione le tapo la boca totalmente aterrorizada.

Ron y Harry miraban confusos, por suerte no se habían enterado de nada. Hermione y Ginny cenaron a toda velocidad y se fueron juntas a la sala común de Gryffindor, ya que la había descubierto… Además, Ginny no se contentaría sin saber todo, no tenía remedio.

-¡¿Qué? -gritó levantándose y poniéndose rígida.

-Sí… no me pidas que te lo explique porque aun estoy buscando algo coherente para todo esto.

-Pero… pero… esto es… alucinante.

-¿Sí? ¡Tú estás loca de atar! ¡Es Draco Malfoy! el enemigo de los nacidos de muggles, ¡Yo! -se crispó.

-Hombre… mirándolo por ese lado es sospechoso… pero… ¡Es muy sexy! ¿Le has visto?

-Mas de lo que me gustaría… por desgracia -añadió ruborizada.

-Ah, que suerte, todas las chicas sueñan con él…

Discutieron un rato más, pero comenzaba a llegar gente a la sala común y se volvía peligroso hablar de más, decidieron dejarlo para otro momento, Ginny le dijo que si ocurría algo se lo dijese sin falta.

-Por las barbas de Merlín, ¡No me gafes Ginny Weasley! -gritó subiendo a su cuarto y cerrando con un fuerte portazo.

-Esta loca, ¿cómo puede querer que le ocurra también algo así? -preguntaba Hermione mientras se cambiaba de ropa-. De todas formas, no es época de pensar en eso… las cosas están revueltas, tanto fuera como dentro de Howarts… y con las revelaciones de la clase de runas antiguas… algo feo se acerca. La batalla final será pronto… muy pronto.

Aquellos pensamientos la agotaban, la dejaban hecha polvo… se acostó con suavidad en su mullida cama, sentía como si hubiese pasado una eternidad desde la ultima vez, recién había comenzado el curso y todo había cambiado mucho, demasiado, ¡Malfoy se había vuelto loco! Blaise Zabini la trataba mejor, Pansy la odiaba más, no dejaba de sentirse observada por todos, tampoco había cambiado tanto ¿no? O tal vez ¿sí?

Ésta vez sin retorno os quedareis, de aquí no os moveréis...

Jamas...