Capítulo 2 El comienzo del fin
Los siguientes días, esquivo a Draco Malfoy como pudo, incluso se negó a si misma a ir sola a su lugar favorito, la biblioteca, siempre encontraba a alguien que la acompañase.
-¡Oye! ¡Ian, Ian! ¿No necesitabas ayuda con un trabajo de pociones?
-Sí -contestó el castaño de la casa Hufflepuf, hermano de una amiga de Hermione que iba a Gryffindor-. ¿Cómo lo sabes?
-Me lo dijo tu hermana, si quieres te ayudo, tengo que ir a la biblioteca.
-Ahora no puedo, tengo entrenamiento de Quiddich -murmuró con un tono triste en la voz.
-Valla, bueno. Pues entonces nada, ¡nos vemos! -dijo retomando su camino en busca de alguien que la acompañase.
Ya tenía el tobillo bien, pero Madame Ponfrey le había aconsejado tener cuidado, tardaría un tiempo en estar como al principio, y de vez en cuando, le dolería terriblemente.
Hermione maldecía, no encontraba a nadie para ir a la biblioteca, no quería ir sola, saldría tarde, ¿y si se encontraba con Malfoy? No, no podía… pero no tendría mas remedio. Con cuidado y atenta, caminaba con suma rapidez a la biblioteca, estaba desierta, fue hasta el fondo, allí había una mesa muy bien escondida, era en la que siempre se ponía a estudiar tranquila, lejos de Harry y Ron para que no la chantajearan con los deberes, allí estaría segura.
El tiempo pasaba lentamente, pero era agradable el olor de los libros... tanto le gustaban... su concentración era totalmente perfecta, pero como todas, podía romperse con suma facilidad.
-¡Anda! Granger... -dijo una voz junto a una estantería cercana a la escondida mesa de Hermione.
-Zabini... -saludo mirándole un segundo y volviendo a volcarse en su pesada lectura.
-¿No sabes hacer nada más? -preguntó divertido el moreno y atractivo chico de Slytherin.
Ella alzó los ojos pesadamente, no contestó, le miró con indiferencia, y de nuevo, volvió a lo suyo.
-No deberías tratarme así, aun espero que me des las gracias.
Crispada ya, Hermione habló:
-¿Darte las gracias por qué Zabini? - analizo sus recuerdos a toda velocidad, y una imagen se quedó paralizada en el tiempo-. No te referirás a lo de Pansy ¿no? ¡No necesitaba tu ayuda para nada!
-Pues no, se perfectamente que a Pansy la vencerías con el hechizo mas sencillo... -puntualizó- Me refería a lo de aquella noche, en los corredores, cuando estabas con fiebre... encima que te ayudé. ¡Aun no me lo as agradecido! -se quejó en tono teatral
-¿Qué? –ahogó un grito-. ¿Eras tú?
-Pues claro... Ah ¿no lo sabías? –se asombró.
-Creo que es más que evidente... -agregó cerrando el libro fuertemente y dejándolo en su sitio.
Miró al moreno, llena de orgullo... no podía imaginar que estaba apunto de darle las gracias a un Slytherin.
Él la miraba con una sonrisa infantil en la cara, esperando deleitarse con aquellas palabras.
-Gra... gra... gracias... Zabini... -le costó decir
-De nada Granger, por suerte no pesas casi nada, así que no me costo llevarte.
"Oh el gran Blaise Zabini mano derecha del grandísimo idiota Draco Malfoy, ¡a llevado en brazos a la sangre sucia!" Ironizó en sus mas profundos pensamientos.
Hermione se mordió la lengua para no decir aquello en voz alta, aun así, no le hacia la más mínima gracia haber sido salvada por un Slythering, y mucho menos Zabini, el mejor amigo de Malfoy.
-Bueno, es tarde, me voy -dijo Hermione recogiendo sus cosas.
-Yo también, ya es de noche, espera salimos juntos.
Hermione volvió a mirarle incrédula, no se fiaba, estaría alerta, aunque bueno, después de lo de Draco, ya casi no se fiaba de ningún hombre.
A regañadientes salió acompañada de él, unas chicas de Ravenclow se quedaron mirando, ¿Un Slytherin con una Gryffindor, saliendo tranquilamente sin insultos ni gritos? Sí que era extraño.
Caminaba como si se encontrase sola, no le dirigía ninguna palabra, él reía, le parecía una escena graciosa.
Se separaron junto a las escaleras de subida hacia la casa de Gryffindor.
-¡Hasta mañana! –se despidió alegremente y comenzando a caminar hacia el corredor de las mazmorras.
-Sí, hasta mañana-contestó con cierta indiferencia.
Él rió con fuerza y siguió caminando, Hermione pensó que estaba loco... cuando llego, Ginny se acercó, quería saber si había ocurrido algo con Malfoy, para ella se había convertido ya en una telenovela.
Los días pasaban lentamente entre clases y trabajos, el Profeta no dejaba de hablar de ataques dirigidos por "él que no debe ser nombrado", las cosas comenzaban a ponerse feas.
Algunos alumnos de 1 y 2 estaban aterrorizados, Dumbeldore avisó que allí estarían seguros, pero él, mas que nadie, sabia que los peores tiempos jamás habidos les azotarían pronto... morirían muchos, otros acabarían locos como los Longbotton, pero no había mas remedio que luchar, y allí en Howarts, había un grupo que volvía a prepararse de nuevo.
-Vamos Hermione, ¡llegaremos tarde a la sala de los menesteres! -avisó Ron corriendo frente a ella.
De nuevo, el ED se juntaba, solo para alumnos de 6 y 7, y algunos de 5 pero solo los mejores de Hufflepuf, Ravenclow y Gryffindor.
Allí; Harry, Ginny, Zacarias, Hanna, Cho, Ian, Sarah, Parvati, Lavender, Padma, Neville, Seamus, Jonh, Andrew, Tom y su mellizo Heran.
No eran muchos, pero en total con Ron y Hermione, dieciocho, un buen número para comenzar.
-Llegáis tarde -regaño Harry cerrando la puerta.
-Lo siento estaba cogiendo unos libros.
-Que raro... -murmuró Hanna.
-Ya vale, estamos aquí para lo qué estamos.
-Tienes razón Ginny. De nuevo se ha juntado el ED, desde nuestra ultima vez, han pasado muchas cosas, algunas buenas... pero otras muchas malas... Ahora que ha vuelto y se esta haciendo cada vez mas fuerte, alguien debe estar preparado...Y somos nosotros -recito Harry seriamente dando pequeños paseos frente a todos.
-Es verdad -agrego Cho-. Si pasara algo y no estuviese Dumbeldore, alguien tendría que proteger la escuela.
-Sí, y ahí entramos nosotros -añadieron Parvati y Padma al unísono.
Estuvieron un rato más hablando, hicieron un programa con lo que practicarían, desde el hechizo mas sencillo y práctico, al mas difícil y doloroso que podían realizar.
Hacían bien en estar preparados, jamás podrían saber a lo que en un futuro se enfrentarían.
Estuvieron casi hasta media noche, lo pasaron genial, por suerte, mañana era sábado, irían a Hogsmeade y estarían juntos por la mañana en Cabeza de puerco, pues allí no había jamás alumnos de Howarts.
-Bien, nos vemos mañana a las 11:30 -se despidió Harry marchando con Hermione y Ron.
Llegaron rápidamente a su sala, estaba desierta, pues todos estaban ya durmiendo, Hermione subió pesadamente a las habitaciones femeninas.
Se cambió de ropa con rapidez y se metió en la cómoda cama... estaba hecha polvo.
En sus sueños se vio atrapada, presa, llena de frustración. Alguien la seguía en la oscuridad, el sudor la inundaba, los nervios la mataban...
Oscuridad... frío, soledad... temor.
No hay marcha atrás... el destino no se puede cambiar...
Es lo que decidisteis...
Se despertó, sus músculos aun estaban en tensión... se sentía aterrada... pero... ¿por qué? no recordaba casi nada.
"Sera mejor que me cambie y baje a desayunar..." pensó mirando el reloj del cuarto, que marcába las 8:30. La gran mayoría de los alumnos estarían durmiendo durante una hora más.
Entró al Gran comedor, estaba completamente vacío, solo se encontraban allí los alumnos más estudiosos y algunos madrugadores.
Se sentó aun adormilada, se sirvió un zumo, no tenia apenas apetito, iría a Hogsmeade sola, quería dar un paseo y entrar en la vieja librería de la señora Prins, con quien se llevaba excelentemente.
El día era nublado y fresco, bajaba poco a poco, absorta en sus pensamientos, tardó casi una hora en llegar al hermoso pueblo de montaña.
-Buenos días Hermione. Querida, pronto viniste hoy -saludo la señora Prins con una amplia sonrisa
-Sí, pasé una mala noche... -explicó la castaña ojeando un grueso libro
Estuvo allí casi una hora. Hablaron acerca de complicados hechizos, elaboradas pociones y extraños escritos.
Caminó hasta la plaza, miro el reloj, que marcaba las 10.30, aun tenia tiempo de sobra ¿qué haría? era la primera vez que bajaba sola a Hogsmeade. Pasó junto a una tienda de moda, se miró reflejada en el escaparate, ella era una de las pocas personas que bajaban al pueblo con la túnica del colegio tal vez debía comprarse algo de ropa, por mirar no perdía nada, así que se decidió y entró.
-Hola, puedo ayu... -comenzó una mujer pero al verla su cara se tornó es frustración-. Sí, sí puedo ayudarte... no hace falta ni que te pregunte.
-¿Perdona? -preguntó ofendida.
-Si... ahora que has entrado no puedo dejar que salgas con esas pintas... -pensó en alto sin hacer caso de las quejas de la joven
-¡Pero bueno!
-Ya sé. Veamos... ¿Qué color te sentará mejor? -comenzó mientras sujetaba una fina camisa de tono marrón- No, este no... Colores oscuros no, mejor claros. Tienes una cara muy dulce... un color oscuro te afea... el blanco... ¿tal vez?
-Oye... no es necesario...
-Déjame trabajar.
Era una mujer tremendamente hermosa, parecía saber mucho acerca de moda, pero aun así se sentía incomoda.
La arrastró hasta los probadores con un montón de ropa en las manos, la obligó entrar para que comenzase a probarse la ropa que había escogido mientras se sentaba cómodamente en una silla frente a ella, esperando ver los resultados.
La primera vez, salió con una camisa blanca de lino, muy ajustada, una falda grisácea y unos botines negros.
-No... Muy infantil. ¡Otro! -ordenó frunciendo el ceño.
"Es una de esas mujeres a las que no se le puede llevar la contraria..." pensó Hermione enfundándose en unos prietos vaqueros y en un niqui rosado.
-Fatal... no, no, no y no !Más!
Estaba sofocada de probarse tana ropa, salió por última vez del vestidor, ya estaba harta.
-¿Qué? -preguntó Hermione de los nervios, no aguantaba mas.
-¡Maravilloso! soy una artista, estas esplendida ¡menudo cambio!
Hermione se miró a un largo espejo, no se veía tan distinta, una falda de largura media con vuelos negra muy a la moda gracias a las brujas de Macbeth, y un niqui Bblanco con un pequeño escote adornado con encaje que dejaba a la vista el comienzo de sus senos.
Sus curvas se mostraban de forma perfecta y natural, sus piernas ligeramente tostadas y simpáticas, estaban cubiertas por unas graciosas botas blancas y negras.
-El pelo lo llevas perfecto, veo que se te dan muy bien las pociones. -comentó sonriente- Te maquillaré un poco.
A regañadientes, la hizo sentarse, no quería maquillarse, y aun que tuviese 17 años, jamás lo había hecho.
Perfilo sus ojos con sumo cuidado, ahora tenían un aire más adulto, más hermoso. Sus labios, de un tono cereza brillante y un poco de suave y fino colorete.
-¡Perfecta!
La mujer, orgullosa de su trabajo no le cobro nada, metió la túnica de la muchacha en una bolsa con la propaganda de la tienda y la hizo marchar, pues Hermione se negaba a irse así como así.
"Esto es increíble... ¿qué demonios hago yo yendo así por la calle?" -se preguntaba mientras el rubor la desbordaba. "Me gustaría que Malfoy me viese... ¿Qué?... ¿qué demonios estoy pensando?"
Como si hubiese sido escuchada, se encontró frente al rubio, que la miró asombrado mientras Hermione no podía evitar sonrojarse levemente.
No, no podía estar pasando, su corazón latía cien veces mas rápido que de costumbre... llevaban muchos días sin verse a solas.
-Valla... veo que te a sentado bien evitarme... -rió mirando las piernas de la muchacha.
-No... no te lo creas... tanto... -dijo nerviosa y apartando la vista de aquellos ojos que se le clavaban como miles de afiladas dagas.
-¿Nerviosa? -jugó él.
-¡No, por dios! –contestó. Pero era mentira, por un momento, su cuerpo se incendió al recordar la última vez en la enfermería-. No seas tan cínico.
Con una sonrisa se aleja todo lo demás... pero no esto...
Ya no hay marcha atrás...
Miró a su alrededor, la pequeña calle en la que se hallaban estaba desierta... apartada y solitaria.
-No me mientas Granger... lo veo en tu cara... –murmuro dando unos pasos.
Se quedó desafiantemente quieta, con el rostro fruncido... no debía dejarse intimidar.
-¿No te apartas Granger? -preguntó sorprendido.
-¿Debería? -ya se había acostumbrado a hacer aquella pregunta.
-No... Mejor que no.
La empujó contra la pared con fuerza, ella dejo caer la bolsa donde iba su uniforme por el susto.
Algo se agitaba en el interior de ambos... Pasión, tristeza, dulzura... un remolino de sentimientos a los que no podían dar cabida... Él la miro fijamente mientras reposaba su musculoso cuerpo sobre ella, bajó su mirada hasta sus labios, carnosos y apetecibles con aquel sabroso color. Estaba seguro de que aun no habían probado la lujuria de los besos... deseaba ser el primero... Ella también lo deseaba... se dejó vencer...
Ni su mente ni sus hormonas eran tan fuertes como ella pensaba.
Increíblemente, fue ella quien alzó los brazos pasándolos sobre el cuello del rubio con una mirada llena de confusión a lo que su cuerpo hacia, Draco la observó incrédulo, casi asustado de aquel impulso de la Gryffindor.
Hermonione, en un acto de debilidad terminó posando sus temblorosos labios sobre los fríos de él.
Draco los mordisqueo, obligándola ha abrir la boca, mezclo su lengua con la de ella, un beso lleno de pasión, que hizo que el estomago de Hermione diese un vuelco, le encantaba, notaba la tibieza del cuerpo que se estrechaba al suyo, sus anchos brazos rodeándola.
-Me has sorprendido Granger... -susurró.
Avergonzada, ni contesto ni le miró, pero tampoco retiró sus finos brazos del ancho cuello de Draco.
Draco sonrió, jamás había sonreído de aquella manera ni siquiera él se percató. Una sonrisa única, solo para ella y es que realmente, desde hacia un año y medio, Draco había buscado la forma de llegar a aquel punto con la castaña... pero jamás lo intento, pues el odio que se tenían el uno al otro era mucho mayor que cualquier sentimiento de calidez que pudiese albergar sus corazones.
Pero por fin... por fin su momento había llegado. Tal vez ella pudiese disipar la oscuridad de su corazón... una sonrisa bastaría... alguien que le amase de verdad... lo había buscado en tantas otras chicas... pero ninguna le amó... ninguna lloró por él, ninguna le abrazó con calidez en una noche de tormenta, en la que él se sintiese morir.
Nadie jamás le había dado su corazón, y tal vez, solo tal vez, ella fuese su salvación.
Los dos últimos años le habían cambiado ya no tenía las mismas aspiraciones que su padre, pero no tenia salida alguna, temía por ella, una sangre sucia. Si llegaba a oídos de su padre la mataría, no podía dejar que nadie se enterase, pero ¿cómo?
Tenia claro que no se alejaría de ella, aun se odiaban mutuamente, pero ambos pensaban una cosa.
¿Por qué no intentarlo?
Cierto que se odiaban, pero aquello ya era algo que tenían en común. Aunque se les hacia imposible pensar en tener algo. Para Hermione seria su primer "novio" y su mayor enemigo. Para él, lo que siempre había odiado, y odiaba. Y lo que podía llegar a amor por encima de todo.
Aun así, tal vez no perderían nada, ¿o sí? de todas formas, querían, deseaban con todas sus fuerzas... pero había un problema, la gente.
-Gren... Hermione... -susurró, era la primera vez que la llamaba por su nombre.
Hizo que el corazón de ella latiese a mayor velocidad, jamás habría imaginado escuchar su nombre salir de aquellos labios.
-¿Qué?...
-Esto... no te ofendas... pero creo que deberíamos mantenerlo esto en secreto.
-Yo pienso lo mismo... -contestó, pues sabía que era lo mejor para ambos.
Todo había ocurrido de manera tan rápida y espontanea que resultaba totalmente una locura,, pensar que ahora tenían algo más que una relación de odio. Hermione se fijó en la hora, solo quedaban diez minutos para la quedada con el ED, no quería soltar los brazos del cuello del rubio, sentía que si los apartaba, jamás volvería a rodearle, le asombraba su forma de pensar.
Quien iba a decirle años atrás que acabarían así y que ese mismo muchacho le robaría su primer beso.
No, no quería marcharse, pero debía.
-¿Qué ocurre? -preguntó el viendo la cara de preocupación que había puesto.
-Nada... solo que he quedado en diez minutos con Harry y Ron.
-¿El cara rajada y Weasley el pobretón? -preguntó mientras su semblante de asco.
-No...
-Vale vale. Perdona...
"Malfoy disculpándose por haber insultado a Harry y Ron... no me lo puedo creer... parece ser que al final no es tan malo como creíamos..."-pensó mirándole con confusión.
-Bueno... si tienes que irte, vete, ya nos veremos, pero recuerda, no les digas nada... Ni a ellos ni a nadie.
-Tranquilo... si Harry y Ron se enteran, intentaran matarte por todos los medios -rió ella.
-Que lo intenten -contestó desafiante.
Hermione admitía que se sentía culpable por llegar a aquella situación, eran enemigos y tanto a ella como a sus amigos les había hecho daño, pero estaba segura de que su padre estaba detrás de aquel carácter.
-¿No puedes ponerte la túnica? -preguntó arrastrando las palabras.
-¿Qué?
-No me hace gracia que todos te vean así. -gruñó mirándola de arriba abajo.
-N... No tengo tiempo, no pasa nada. Dudo que ninguno se fije en mi -respondió riendo inocentemente.
-Me parece que no vas a resultar tan inteligente como todos pensábamos.
-¡¿Cómo? –fingió ofenderse mientras le daba un pequeño empujón.
Le dedicó una última mirada y comenzó a caminar lentamente. Draco, al mismo tiempo, miró a su espalda, su forma de caminar, el contorno de su cuerpo... cómo la deseaba... era una mujer maravillosa... se acercó rápidamente y la cogió del brazo fieramente haciendo que Hermione diese un fuerte giro asustada.
Nuevamente, quedaron fundidos en un salvaje beso, se separaron, sonrió, la dejaría ir... no se preocuparía, ya era suya... pero no dejaría que nadie la tocase, nadie. Pues un Slytherin puede ser muy posesivo con lo que él cree de su propiedad... aun que no lo valorase al cien por ciento.
La mañana siguiente, Hermione se encontraba en su amplia cama, en el cuarto del premio anual, comenzando un diario que Ginny le había regalado en su ultimo cumpleaños, era la primera vez que escribía uno.
"Aun no me puedo creer lo que a ocurrido, y mucho menos lo que mi cuerpo y mi corazón experimentan, una sensación que hasta ahora desconocía, una sensación que me hace temer... temer la perdida, la separación... no a pasado más que un día... pero, no sé, estoy confusa...
Mucho tiempo asta ahora, caminando y yo no se por qué, ahora tú me vendes el cielo con promesas, y yo te creo. No quiero ser una más... Pero sé que lo soy.
Alguien como él no puede amar, no esta hecho para amar, lo que hemos hecho, esta prohibido, o debería estarlo. Somos enemigos naturales. Tal vez eso sea lo que nos atraiga... pero en el fondo de mi corazón aunque sepa que valla a sufrir, existe un sueño, un atisbo de tenue luz que me da esperanza."
Con una sonrisa se aleja todo lo demás...pero no esto...
No hay marcha atrás...
Mientras escribía en su diario, una lechuza llegó a su ventana picoteando el cristal, llevaba un trozo pequeño de pergamino:
"Estáte en la biblioteca a las 10:30, tenemos que hablar."
Draco Malfoy
Con el corazón en la mano, la releyó dos veces, quedaba hora y media. Aun así, con los nervios a flor de piel bajó a desayunar, sorprendentemente se encontró con sus dos amigos los domingos solían dormir hasta el medio día.
-Pronto os despertasteis hoy -dijo sorprendida.
-Vamos a jugar un partido contra Ravenclow -dijo Ron bostezando.
-Sí, de entrenamiento, ¿Vendrás a vernos? -preguntó Harry terminando su zumo.
-No, no puedo, tengo que ir a la biblioteca.
-Pero si hoy esta desierta, no esta ni la vieja gruñona -comentó el pelirrojo.
-Ya sabes que Hermione suele ir todos los domingos.
-Exácto.
Terminó de desayunar y acompaño a sus amigos hasta el campo de Quiddich, eran las diez menos cuarto. Se encamino hacia la biblioteca, quería echarle una ojeada a un libro mientras esperaba. Entró en silencio, mientras se adelantaba, escuchó un ruido, tal vez sería él, Draco sabía perfectamente lo puntual que era, Hermione siempre llegaba a las clases unos quince o veinte minutos antes...
Aun tenía muy reciente lo del día anterior. Apretó fuertemente los libros que llevaba en la mano poniéndose a cada paso más y más nerviosa.
Su corazón se partió en mil pedazos en menos de cinco segundos. La imagen que se encontró no podía ser cierta. Draco estaba sobre Pansy, en plena lujuria. Dejó caer los pesados libros, empalideció, deseo morir en aquel mismo instante.
La muchacha, tumbada sobre la mesa, miró enfurecida.
-¡Maldita sea Sangre-sucia!
Draco la miró serio, tragó saliva y dejó caer levemente su cuerpo.
-¿Te diviertes Granger? -preguntó apoyando su cabeza contra el pecho de Pansy mientras la mirándola de reojo.
Aquella pregunta terminó de destrozarla por dentro, ¿por qué demonios tuvo que hacerse ilusiones? con un Slytherin, con ¡Draco Malfoy! De quién se conocían sus romances por todo el colégio, que no eran pocos.
Hermione salió corriendo despavorida, su mayor temor se hizo realidad en menos de veinte cuatro horas. La había engañado, engatusado con bonitas palabras, se encerró en su cuarto que ya no compartía con nadie gracias a haber sido premio anual, por fin tenía su espacio, un rinconcito de soledad en el que nadie la molestara. No quería ver a nadie, no quería hablar con nadie... solo necesitaba la soledad de sus pensamientos, con rostro lloroso, volvió a coger el diario, regalo de Ginny, leyó lo que había escrito la noche anterior, le parecía una sarta de tonterías dignas de una niña de trece años.
"Todo daría por no mirar atrás, me siento perdida, sola, abandonada... mi mundo se vuelve más oscuro, ahora que pensaba que la tenue luz lo comenzaba a cubrir. ¿Cómo fui tan estúpida de creer aquellas sucias palabras...? no deseaba mas que utilizarme... y siendo tan reciente ahora que comenzaba a conocer tantas nuevas sensaciones... Él, él me engaño, me utilizó... ¿tanto me odia? si yo jamás le hice nada a nadie... ¿Es por mi sangre? ¿Qué tiene de malo tener padres muggles?... no entiendo nada... pero debí suponerlo. Con Pansy... él siempre ha estado con ella, es su amiga. ¿Cómo fui capad de creer sus mentiras? ¿Cómo fui tan tonta? El premio anual de una de las mejores casas... no me lo merezco, si caí en una trampa tan tonta... me siento desecha por dentro, me tiemblan las manos mientras escribo esto... no puede ser... ¿por qué? ¿por qué me siento así? jamás... me había llegado a sentir así... no quiero hacer nada mas que llorar... me odio a mi, le odio a él, odio al mundo y odio al destino por haberme deparado tal encontronazo..."
Decidió salir para despejarse, alerta para no encontrarse con nadie, tenia los ojos hinchados y dolidos, paseaba por el vacío pasillo del tercer piso, unas voces llegaron a sus oídos eran Pansy y Draco.
-Esa maldita sangre-sucia.
-Tranquila, ya lo terminaremos esta noche en mi cuarto. -contestó mientras la besaba.
-Sí, suerte que eres premio anual y tienes uno para ti solo, el final de la torre nada mas y nada menos, es enorme.
-Si, bueno... si quieres podemos ir ya.
-Por mi encantada. Me revienta que esa sangre-sucia también sea premio anual... como la odio.
-Eso es porque es una sábelo-todo, no hace mas que estudiar... no tiene vida ni personalidad. Se la puede engañar con mucha facilidad. -terminó en un murmullo que aun así llego hasta ella partiéndola en dos una vez más.
Apuñalada nuevamente, corrió fuera, como loca. Llegó al lago, caminó torpemente entre los árboles, hasta llegar a su "lugar secreto" en el que los pesados y calurosos días de verano se tumbaba dejando que el sol y la suave brisa la acariciasen, nadie más iba allí, era su santuario, donde poder llorar, quejarse en silencio sin ser descubierta.
Su rostro estaba hinchado, se recostó sobre un árbol, el mismo árbol de siempre, frente a ella, el hermoso e imponente lago se abría como un abanico azulado, le gustaba aquel solitario lugar porque en ocasiones, se podían ver a las fieras y horrendas sirenas jugar en la superficie, lejos de miradas, solo una, la de Hermione y que ellas desconocían.
El día seguía claro, pero a lo lejos, un torrente de oscuras nubes revelaban la tormenta que se avecinaba. Las miró, le dio igual, aun no quería marcharse de allí, se imaginaba lo que estarían haciendo Draco y Pansy. Cada torre tenía una habitación individual en el "ático" para cada premio anual de las casas, no era de extrañar que Hermione fuera la de Gryffindor, pues era la más inteligente de todo Howarts.
Estarían subiendo las escaleras lentamente, entre millones de apasionados besos y mientras, ella lloraría recostada en aquel viejo árbol. No podía desahogarse con nadie, sus únicos amigos, Harry y Ron no podían enterarse, primero, la echarían la regañina del año, y segundo, intentarían matarlo por todos los medios, costase lo que costase. Aquel pensamiento le provocó una fina y tímida sonrisa infantil.
Las oscuras y terribles nubes llegaron hasta estar sobre ella, la lluvia caía con suavidad, no se movió mientras el agua resbalaba por su piel delicada, se sentía revivir, como si la pura lluvia la limpiase. Dejaba de sentirse sucia, pero aun así, deseaba llorar, llorar con todas su fuerzas, llorar mas de lo que jamás lo hubiese hecho, así, soltó un grito de rabia, odio y frustración, y sus saladas lagrimas se mezclaron con el agua virgen.
Alguien oyó el doloroso grito, y con curiosidad de acercó encontrándose una bella imagen, Hermione estaba totalmente calada, con la cabeza alta, mirando fijamente el oscuro cielo, sus lagrimas resaltaban con claridad. Se notaba el peso del dolor que la aplastaba con lentitud.
Se acercó con cautela, no quería asustarla, la miro un par de minutos más y se dio a conocer.
-Sí que vas a acabar estando loca ¿eh Granger? –intentó bromear- Ahora no solo hablas sola si no que gritas.
Le miró con tanto con odio que apretó los dientes tan fuerte que sintió un fuerte pinchazo. En aquel momento odiaba a todos los hombres del mundo
-Qué quieres... ¿Zabini?
-Nada, escuché un grito y me he acercado a ver lo que pasaba... Es... ¿estas bien? -preguntó con cierto tono de timidez.
-Sí... lo estoy -respondió bajando la cabeza.
Aquella era una de las ultimas personas con las que quería desahogarse, otro Slytherin, no tenia bastante con ellos, y para colmo uno de los mejores amigos de Draco Malfoy, lo que le faltaba por vivir aquel horrible día de principio de otoño.
-Pues no lo parece -agregó acercándose y sentándose, ella seguía de pies, se dejó vencer por su debilidad y se sentó junto a él.
Las gruesas ramas del árbol les cubrían en cierto modo de la fresca lluvia, miraban el lago, en silencio. Pareció que él estuviese allí para que no se sintiese sola, pareció que él quisiese ayudarla, pero no, era un Slytherin una serpiente inmunda, la engañaría también, pero no tenia a nadie mas al lado.
En silencio durante unos minutos mas, le miró un sólo segundo, él no cambió su vista de dirección, con rostro calmado, la ayudo a hablar, ella comenzó a contarle lo ocurrido, incluso lo que había comenzado a sentir hacia Draco. Blaise Zabini la escuchaba en silencio, realmente aquel moreno era de Slytherin, pero no solía meterse con la gente, se limitaba a observar como Draco, Pansy y el resto del grupo lo hacían por él, aquel pensamiento le dio cierto valor para hablar.
Tras contarle todo, el muchacho la miró con pena, conocía muy bien a su amigo, sabía perfectamente como actuaba, normalmente lo hacia con las mas prepotentes, como Cho Chang, Pansy Parkinsom y chicas como ellas, pero aquella vez se había confundido de persona. Él también era sangre sucia, al menos en parte, y desde su nacimiento le habían inculcado los valores de los Mortifagos y el señor oscuro, pero su corazón no llegaba a ser tan oscuro como el de Draco. Aun así, seguía siéndolo de algún modo. Algo le impulsó a rodearla, ella se dejó caer sobre el mojado pecho de Blaise llorando como nunca, se sentía bien, alguien la había escuchado aunque hubiese sido él.
-Lo hayas dicho en serio o no, gracias por escucharme, ha sido de gran ayuda -dijo ella con serenidad.
-¿A qué te refieres Granger? -preguntó molesto-. Soy un Slytherin no lo niego, y estoy orgulloso de serlo sí, pero no soy como Draco, te entiendo porque a mi me paso algo parecido -confesó cabizbajo.
Hermione se separó de él, hacía rato que no llovía y ella había dejado de llorar. Le miró con los ojos abiertos de par en par. ¿Qué a él le había pasado algo parecido?, ¿Quién podría ser tan cínico, prepotente y odioso como Malfoy? -se preguntaba para sus adentros.
-¿Puedo preguntar... ¿quién fue? -habló tímidamente.
-Pansy Parkinsom -contestó un tiempo sin hablarnos, pero ya lo arreglamos. Siempre he pensado que son tal para cual -confesó mirando el cielo que comenzaba a despejarse.
-Lo tenía que haber supuesto, son dos... son odiosos –terminó, pues no quería ofender al moreno con la frase de "serpientes..." ya que al fin y al cabo él también lo era.
La noche caía como un velo sobre ellos, llevaban allí todo el día, ni siquiera habían ido a comer, horas y horas conversando sobre ellos, sus amigos, su pasado y su presente. Jamás hubieran imaginado llegar a conocerse tanto, Hermione le consultó cosas que ni siquiera le consultaba a sus mejores amigos, sus hermanos.
-Tal vez deberíamos ir entrando, es tarde y comenzará a hacer frío-comento Zabini.
-Es cierto, ¡llevamos todo el día aquí!-se dio cuenta repentinamente-. ¡Harry y Ron me mataran!
-Tienes razón, ni hemos comido -rió el.
-Aunque a mí no creo que me digan nada.
-Me parece... que estaban demasiado ocupados -añadió Hermione cerrando los ojos en un gesto de dolor, luego le miró y sonrió mientras suspiraba-. No me importa si se lo cuentas a... Malfoy, aun así, quiero que sepas que me has ayudado mucho –se levantó con una sonrisa de agradecimiento.
-Puedes estar tranquila, no tengo por qué decirle nada -contestó ofendido.
Se levantaron pesadamente y comenzaron a caminar hacia el castillo, el día había finalizado, sus estómagos se quejaban, y Hermione ya estaba mas tranquila. De hecho, jamás se había sentido tan bien, era la primera vez que se desahogaba de aquella manera, siempre había sido sola, que alguien la hubiera mecido en sus brazos mientras la escuchaba fue maravilloso, nunca estaría lo suficientemente agradecida a aquel muchacho.
Entraron sonriendo, se despidieron ante las miradas de todos, tanto Slythering como Gryffindor miraban con recelo. ¿Desde cuándo se sonreían entre sí las serpientes y los leones?
Blaise se sentó en su lugar como de costumbre, el rubio le miró con aspereza.
-¿A qué juegas Blaise?
-No sé a que te refieres -contestó con indiferencia mal disimulada.
-A lo de Granger.
-No te importa.
Era la primera vez que su amigo le hablaba así, y decidió que en la sala común tendrían unas palabras.
-Hermione, ¿que hacías con el sucio Zabibi? –grito Ron fuera de sí.
-Nada, hablar.
-¿Hablar? Hablar con Blaise Zabini, ¿el amiguete de Draco Malfoy? ¡Vamos Hermione! -añadió Harry enfurecido.
-¡Ya basta, dejadme! -se enfadó la castaña cogiendo su cena y saliendo a toda prisa.
¿Qué demonios les importaba a ellos si se hablaba con Zabini? Ella jamás les decía que no hablasen con Cho, Padma, Parvati, Lavender, o Angelina... no tenía motivos para decir nada, ellos eran dueños de sus vidas, pero en ocasiones, parecía que querían controlar la de ella. Pero no, esta vez no les dejaría, si quería hablar con Zabini lo haria.
Harry y Ron terminaron de cenar y fueron rápidamente a la sala común, querían hablar con Hermione, decirle simplemente que se preocupaban de ella, y que no estaba bien relacionarse con las serpientes.
-Me da igual, ¡si me habla le hablaré! -dictó la castaña tajantemente.
-Vale vale... no te diremos nada mas -dijo Harry serio-, pero si te hace algo o lo intenta, nos lo tendrás que decir ¿entendido jovenzuela?-preguntó cariños amente.
-¡Sí, papá! -rió ella.
Dejando las cosas mas o menos arregladas, se fue al último cuarto de la gigantesca torre, se cambió de ropa y se metió en la tibia cama comenzando a leer un grueso libro, no para todos las cosas eran tan fáciles, en la torre de Slytherin estaba por comenzar una difícil conversación.
-Díme a qué juegas Blaise.
-¿De qué hablas Draco?
-Lo sabes perfectamente... me refiero a la sangre sucia.
-¡Eso! ¿Qué demonios hacías hablando con ella? -le reprochó Pansy-. Encima, ¿dónde demonios te has metido todo el día?
-¿Qué mas te da lo que haga? -preguntó enfurecido-. Si quiero hablar con Granger, hablo con ella, vosotros sois los menos indicados para decirme nada... y por saber... ¿qué habéis estado haciendo vosotros? -agregó sonriente, pues conocía la respuesta perfectamente.
-¿A qué viene eso? –quiso saber Pansy inocentemente.
-¿Qué te ha contado la sangre sucia? -preguntó Draco con perspicacia.
-"Todo" –terminó Blaise diciendo y dando fin así a la conversación.
-Sera...
-Tranquilo.
-¡Ahora no tengo ganas Pansy! -gritó quitándosela de encima.
-Pues deberías... porque... -no terminó la frase pues el rubio le dio un apasionado beso mientras la subía hacia su cuarto.
Subieron las escaleras poco a poco mientras desabrochaban las camisas reglamentarias, Blaise estaba aun despierto, escuchaba todo, le dolía el corazón, pues aun quedaba un pequeño atisbo de amor hacia aquella hermosa y malévola morena... pero todas siempre preferían a Draco, ahora tenia la prueba definitiva, Hermione Granger, enemiga del rubio desde hacia años. Él jamás se había metido con ella... incluso la que todos creían la mujer de hielo había caído en las oscuras redes de Draco Malfoy. El moreno no dejaba de darle vueltas, lo que le esperaba a aquella muchacha sería muy duro. Aun así, se arrepentía de no haber hablado antes con ella, era una buena persona con el corazón tan partido como él.
-Esa Pansy... -pensaba recostándose cómodamente en su cama-. Draco y ella son tal para cual... pobre Granger. Seguro que será peor que lo que yo tuve que aguantar.
La noche fue tibia, eran las seis de la mañana cuando Hermione abrió su ventana de par en par... por primera vez en su vida, no le apetecía ir a clase, le tocaba herbología con Slytherin.
A las siete ya estaba en el Gran comedor, adormecida y sin ganas, pero desayunando un fresco zumo de calabaza. Aun quedaba una hora para la clase, pero dejando allí a Ron dormido y a Harry intentando desayunar sin mucho éxito, Hermione se encamino hacia el 4º invernadero, allí ya se encontraba la profesora Sprout colocando un montón de plantas.
-Muchas gracias señorita Granger, siempre tan amable, 5 puntos para Griffindor.
-Muchas gracias profesora.
El tiempo restante, lo pasaron saciando ciertas dudas que tenia la castaña acerca de cierta planta acuática que sonriente la profesora disipó mientras comenzaban a llegar los demás estudiantes, Harry y Ron los últimos como de costumbre.
Tres Slytherin entraron por la puerta clavando sus miradas en la solitaria Hermione, que intentó aparentar que nada ocurría. Blaise se acercó sonriente pese a las advertenciasias de sus dos amigos.
-Buenos días Granger -saludó cortesmente.
-Hola Zabini.
-Oye, ¿hoy vamos a dar las Tempanus reolis? -preguntó confuso.
-Sí, sirven para curar heridas graves, en San Mungo las usan mucho.
-Como siempre, la sangre sucia tiene la respuesta.
-Callate Parkinson.
-No deberías hablarle así a tus superiores sabelotodo -agregó Draco con indiferencia.
-¿Superiores? ¿Vosotros? -pregunto riendo.
Justo cuando el rubio iba a contestar, Harry, Ron y la profesora estaban en clase.
